»Porque ellos con virtud que es sobrehumana

los campos les quitaron abundosos

del rico Tajo y fresco Guadiana

con hechos memorables y famosos:

no contentos con esto, en la africana

parte, cortando mares procelosos,

no nos quieren dejar vivir seguros

ganando las ciudades y altos muros.

[Ilustración: Kostka, pintó

A. Schulthei’s

Por lo que ve pregunta; mas el Gama

le rogaba primero que se asiente

y aquel sumo deleite que tanto ama

la secta epicurea experimente.

_Canto VII, Estr. 75._

]

»No menos han mostrado esfuerzo y maña

en cualquier otra guerra que han tenido,

o con gentes guerreras de su España,

o con las que de Francia han descendido:

así que nunca, en fin, con lanza extraña

se encontró, do victorias no haya habido,

y no se halla, no, ningún Marcelo

para estos Aníbales en el suelo.

»Y si esta información no fuere entera

cuanto conviene, de ellos tú pretende

informarte, que es gente verdadera

a quien la falsedad pequeña ofende.

Ve su flota, sus armas, su manera,

su fundido metal, de do se entiende

su valor, su denuedo y policía

en guerra, en paz, en juegos y en porfía.»

Ya con deseos Catual ardía

de ver esto que el moro le contaba:

manda equipar bateles, que quería

ver la flota do el Luso navegaba:

ambos van de la playa, a quien seguía

la Neira gente que la mar cuajaba:

la capitana suben, fuerte y bella,

do Paulo los recibe al bordo de ella.

Rojos eran los toldos, las banderas

de seda fina que el gusano cría;

pintadas campeaban las guerreras

obras que el brazo fuerte hecho había:

las campales batallas ventureras,

las guerras de la ardiente Berbería,

lo cual, como al gentil se representa,

en ello vista y ojos apacienta.

Por lo que ve pregunta; mas el Gama

le rogaba primero que se asiente

y aquel sumo deleite que tanto ama

la secta epicurea experimente:

de vasos espumantes se derrama

el licor que Noé mostró a la gente;

mas el gentil probar nada pretende,

que la secta que sigue lo defiende.

La trompeta que en paz al pensamiento

le muestra guerra, mueve a los millares

pintados, y el diabólico instrumento

en el fondón resuena de los mares.

Todo lo ve el gentil, y el fijo intento

tiene siempre en los hechos singulares

de los que en el retrato puestos veía

con descripción de muda poesía.

Álzase en pie, con él los Gamas junto,

y de otra parte Coello, el mauritano,

por ser mejor un bélico trasunto

de un viejo de un aspecto soberano,

cuyo nombre no puede ser difunto

en cuanto el mundo viere trato humano:

la ropa está a la usanza griega hecha,

un ramo por insignia en la derecha.

Con un ramo en la mano. Mas, oh ciego,

¿qué es lo que emprendo, insano y temerario,

sin vos, ninfas del Tajo y del Mondego,

por camino tan arduo, largo y vario?

Vuestro favor invoco, que navego

por alto mar con viento tan contrario,

que, si no me ayudáis, tengo recelo

que mi flaco batel aniegue el cielo.

Mirad que ha tanto tiempo que, cantando

el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos,

la fortuna me trae peregrinando,

nuevos trabajos viendo entre paganos;

ahora el mar, ahora exprimentando

los peligros mavorcios inhumanos,

cual Cánace, a la muerte condenada,

la pluma en una mano, en otra espada.

Ahora con pobreza aborrecida,

por hospicios ajenos desterrado,

de la esperanza ahora ya adquirida

de nuevo más que nunca derribado,

escapando en las costas ya la vida

que de un hilo colgaba muy delgado,

que no menos milagro fué salvarse

que para el rey judío acrecentarse.

Y sobre todo, ninfas, no bastaba

que tan grandes miserias me cercasen,

sino que los que yo cantando andaba

tal premio de mis versos me pagasen:

en cambio del descanso que esperaba,

que con ricas guirnaldas me adornasen,

trabajos nunca usados me inventaron,

con que en tan duro estado me dejaron.

¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores

el vuestro Tajo cría valerosos,

que así precian y pagan con favores

al que en rima los hace gloriosos!

¡Qué ejemplo a los futuros escritores

para avivar ingenios curiosos,

para poner las cosas en memoria

que merezcan tener eterna gloria!

Pues luego en tantos males es forzado

que vuestro favor sólo no fallezca,

principalmente aquí que soy llegado

donde diversos hechos engrandezca:

vuestra ayuda me dad, pues he jurado

de no emplearla en quien no la merezca,

ni alabar por lisonja algún subido,

so pena de no ser agradecido.

No creáis que daré a ninguno fama

de los que el bien común y rey pospone

a su propio interese, con que infama

la ley que Dios y el rey al reino pone:

codicioso ninguno no me llama

por más que con sus cargos se me entone,

por poder con sus torpes ejercicios

usar más largamente de sus vicios.

Ni el que de su poder usa bastante

para servir mejor a su deseo,

y que por complacer al vulgo errante

se muda en más figuras que Proteo;

ni tampoco temáis que aquel yo cante,

que con hábito honesto y grave veo,

por contentar al rey con nuevo oficio,

robar, sacar al pueblo de su quicio.

Ni al que halla que es justo, que es derecho

que se guarde la ley severamente,

y no halla ser justo y ser provecho

pagarle su trabajo al que es sirviente;

y el que siempre con poco experto pecho

quiere venderse al pueblo por prudente,

tasando con su mano, torpe, escasa,

los trabajos ajenos que él no pasa.

Aquellos cantaré que aventuraron

por su Dios y su rey la amada vida,

do perdiéndola, en fama la ganaron,

con gloria de sus obras merecida.

Apolo y Musas que me acompañaron

me doblarán la furia concedida

en cuanto tomo aliento, descansado,

por tornar al trabajo más holgado.

[Ilustración]

[Ilustración]

CANTO OCTAVO

EN aquella figura se detiene

el Catual, al vivo dibujada,

que en la mano en divisa el ramo tiene,

con barba blanca, larga y bien peinada:

quién era, y por qué causa le conviene

el ramo, preguntó; mas fuéle dada

por Paulo la respuesta muy discreta,

que el arábigo sabio la interpreta.

«Estas figuras todas que parecen

en vista bravas fieras, en aspectos

más bravas y más fieras, resplandecen

con fama de sus ínclitos efectos:

antiguos son, mas nunca desfallecen

sus nombres entre ingenios más perfectos:

aqueste viejo es Luso, por quien fama

a nuestra tierra Lusitania llama.

»Fué hijo o compañero del Tebano

que el mundo conquistó con maña y arte,

y viniendo a parar al nido hispano,

siguiendo su conquista y duro Marte,

viendo el campo con Duero tan ufano,

llamado Elisio, quiso en esta parte

dar sepulcro a sus huesos tan cansados,

y que los nuestros fuesen de él llamados.

»El ramo que le ves para divisa,

el verde tirso, fué de Baco usado,

el cual a nuestra edad muestra y avisa

que o fué su compañero, o hijo amado.

¿Esotro que de Tajo el campo pisa,

después de haber el largo mar pasado,

y allí muros perpetuos edifica

y templo a Palas, con memoria rica?

»Ulises es que hizo aquella casa,

a la que le otorgó lengua fecunda,

que si en Asia la Troya insigne abrasa,

en Europa la gran Lisboa funda.»

«¿Quién será estotro acá, que el campo arrasa

de muertos con presencia furibunda?

Tiene batallas mil desbaratadas,

de banderas con águilas pintadas.»

Preguntó Catual. Responde el Gama:

«Este que ves, pastor fué de ganado,

Viriato sabemos que se llama,

más diestro por la lanza que cayado.

Corrida está de Roma la gran fama

con este vencedor tan señalado:

no tuvieron romanos, ni pudieron,

el primor que con Pirro ya tuvieron.

»No con fuerza, mas maña vergonzosa,

cortan la vida que a la Roma espanta,

que en aprieto la gente valerosa

las leyes del valor pasa y quebranta.

Otro está aquí que contra su enojosa

tierra con nuestra gente se levanta:

escogió bien con quien se levantase

para que eternamente se ilustrase.

»Ved cómo también vence las banderas

de esas aves de Júpiter validas,

que las vieron en breve las guerreras

gentes, a nuestra gente ser rendidas:

ve las sutiles artes y maneras

para adquirir las tierras tan fingidas;

la fatídica cierva que lo avisa:

Sertorio es él, y es ella su divisa.

»Mira estotra bandera do estampado

está el progenitor de los primeros

reyes, que húngaro hizo el dulce hado

y Lotaringo hacen extranjeros:

después de haber los moros sujetado,

gallegos y leoneses caballeros,

pasa a la santa Casa el santo Enrique

porque el tronco real se santifique.»

«Dime, ¿quién es estotro que me espanta,

pregunta el malabar maravillado,

que tantos escuadrones, gente tanta,

con tan poca, la ha roto y destrozado;

tantos muros aspérrimos quebranta,

tantas batallas da sin ser cansado,

tantas coronas tiene en tantas partes

a sus pies derribadas, y estandartes?»

«El primer rey Alfonso, dijo el Gama,

que todo Portugal al moro toma,

por quien juró, y lo cumple bien la fama,

de más no celebrar hombre de Roma:

éste es aquel celoso a quien Dios ama,

con cuyo brazo al moro vence y doma,

abate de su reino el fuerte muro,

no reservando nada a lo futuro.

»Si César, si Alejandro rey tuvieran

tan pequeño poder, tan poca gente,

contra tantos contrarios cuantos eran

los que desbarataba este excelente,

no creáis que sus nombres se supieran

con gloria, voz y fama tan potente:

mas sus hechos dejemos no explicables,

que los de sus vasallos son notables.

»Este que ves mirar con gesto airado

para el rompido alumno, mal sufrido

diciéndole que el campo destrozado

recoja y torne al puesto defendido:

vuelve el mozo del viejo acompañado,

que vencedor lo hace de vencido:

Egas Muñiz se llama el fuerte viejo,

de vasallos leales claro espejo.

»Veslo acá: con sus hijos va a entregarse,

la soga al cuello y la espada en la mano,

porque no quiso el mozo sujetarse

como él lo aprometiera al castellano:

con la promesa hizo el cerco alzarse

que en aprieto tenía al rey Lozano:

los hijos y mujer lleva a la pena,

que a todos, por salvar su rey, condena.

»No hizo el cónsul tanto, que cercado

fué en las horcas caudinas de ignorante,

cuando pasar por bajo fué forzado

del samnítico yugo triunfante:

él solo por su pueblo injuriado,

a sí se entrega firme y muy constante:

estotro a sí, mujer, hijos entrega:

mirad el fiel amor dónde más llega.

»¿Ves este que, dejada la celada,

da sobre el rey que cerca a Villafuerte,

al cual ya tiene preso, y descercada

la villa con un hecho de alta suerte?

Míralo acá pintado en esta armada

del mar, dando a los moros cruda muerte,

ganándoles galeras con la gloria

de la primer marítima victoria.

»Es don Fuas Ropiño, que en la tierra

y en el mar resplandece juntamente

con fuego que encendió en Abila sierra

en las galeras de la mora gente:

mira cómo en tan justa y santa guerra

el morir peleando no lo siente,

y de entre moras manos vuela el alma

a los cielos, llevando justa palma.

»¿Ves el ayuntamiento, de extranjero

traje salir de aquella armada nueva,

que ayuda a combatir al rey primero,

a Lisboa haciendo de sí prueba?

Mira a Enrique, famoso caballero,

la palma que nació junto a su cueva:

por ella muestra Dios milagro visto:

germanos son los mártires de Cristo.

»El sacerdote ve blandir la espada

contra Arronches, que toma por venganza

de Leiria, que antes fué tomada

del que con falsa secta enristra lanza.

Es el prior Teutonio; mas cercada

verás a Santarén, y la esperanza

de gente que en el muro la primera

levantó de las quinas la bandera.

»Ves acá donde Sancho desbarata

los moros de Vandalia en dura guerra,

rompiendo el campo, al diestro alférez mata

y el pendón sevillano arrastra en tierra:

Men Moñiz, que el valor en sí retrata,

que el paterno sepulcro cubre y cierra,

digno de estas banderas, pues sin falta

la adversa abate, mas la suya exalta.

»Mira el que va bajando por la lanza

con las cabezas dos de centinelas,

do la emboscada esconde, con que alcanza

la ciudad por sus mañas y cautelas,

cuya figura con tan gran pujanza

por armas le sirvió (no de novelas)

a la ciudad: ¡oh hecho nunca hecho,

digno del gran Giraldo y de su pecho!

»¿No ves el caballero que agraviado

del nono Alfonso, siendo a Lara amigo,

por odio con los moros se ha juntado,

de Portugal haciéndose enemigo?

Abrantes gana, yendo acompañado

de moros que a la guerra trae consigo;

y cómo un Portugués, con poca gente,

lo desbarata y prende osadamente.

»Martín López se llama el caballero

que al castellano causa eterno lloro;

mas ve un eclesiástico guerrero,

que trueca en lanza el báculo que es de oro,

estar entre dudosos más entero,

no negando batalla al bravo moro;

qué señal en el cielo le aparece,

con que a sus pocos la virtud les crece.

»Mira cuál van de Córdoba y Sevilla

los reyes y otros dos huyendo el lazo,

rotos, vencidos, muertos: maravilla

hecha de Dios, que no de humano brazo.

¿Alcacere no ves cómo se humilla,

sin valerle defensa ni embarazo,

a don Mateo de Lisboa, prelado

de mitra, mirto y lauro coronado?

»Ve venir de Castilla rica y bella

el Maestre portugués a la conquista

de la tierra de Algarbes, sin que en ella

pueda hallar varón que le resista:

con maña, esfuerzo y con benigna estrella,

villas, castillos entra a escala vista:

ganó a Tavila de sus moradores,

en venganza de siete cazadores.

»Del moro gana con astucia y saña

a Silves, que él ganó con fuerza urgente,

el buen Payo Correa, cuya maña

y grande esfuerzo envidia mucha gente;

y no dejes los tres que en Francia, España,

se hacen conocer públicamente

en desafíos, justas y torneos,

dejando en ellas puestos sus trofeos.

»Con títulos venían de ventureros

a Castilla, do el prez solos llevaron

en juegos de Belona verdaderos

que allí por mal de algunos se inventaron:

ve muertos los soberbios caballeros

que al mayor de los tres desafiaron:

Gonzalo de Ribeiro se llamaba,

a quien la misma muerte respetaba.

»Mira uno que la fama así lo extiende,

que de ningún pasado se contenta,

la patria que de un hilo flaco pende

como sobre sus hombros la sustenta.

¿No lo ves enojado, que reprende

la vil desconfianza, floja y lenta,

del pueblo a quien sujeta al dulce freno

de su rey natural, no del ajeno?

»Mira: por su consejo y osadía,

guiada de la fuerza soberana,

pudo, lo que imposible parecía,

vencer la mucha gente castellana:

veis por su industria, esfuerzo y valentía

otro estrago y victoria más que humana,

en gente así feroz como infinita

que entre el Tarteso y Guadiana habita.

»¿Mas no ves el poder desbaratado

de nuestra gente por la dura ausencia

del capitán devoto que apartado

orando está a la trina y una Esencia?

Mira cómo de algunos fué hallado,

que le dicen faltar ya resistencia

contra tanto poder que se viniese

y esfuerzo con su vista al pueblo diese.

»Mas mira con qué santa confianza

que aun no era tiempo de eso respondía,

como quien tiene en Dios cierta esperanza

que a su tiempo victoria les daría:

así Pompilio oyendo la pujanza

de gente que su tierra le corría,

a quien la triste nueva le está dando:

«Pues yo, responde, estoy sacrificando.»

»Si el que con tanto esfuerzo a Dios se atreve

saber quisieres cuál su nombre sea,

Portugués capitán llamarse debe,

aunque de don Nuño Álvarez se arrea:

gloria la patria con tal hijo lleve,

mas padre, pues que en cuanto el Sol rodea

este globo de Ceres y Neptuno

siempre suspirará por tal aluno.

»Mira qué presas gana en esta guerra

esotro capitán de poca gente:

comendadores vence, y les encierra

el robado ganado osadamente:

otra vez baña en sangre lanza y tierra

de éstos, por libertar con pecho ardiente

un preso amigo; preso, y por leal,

Pedro Rodríguez es de Landroal.

»Al falsario verás cómo le paga

el perjurio que hizo y vil engaño:

Gil Fernández es de Elvas quien lo estraga

y trujo a pagadero de su daño:

de Jerez roba el campo y no se apaga

el fuego con la sangre del rebaño:

Rui Pereira del rostro hace escudo

a las galeras y al furor más crudo.

»Mira qué diecisiete lusitanos

en un monte subidos se defienden

de más de cuatrocientos castellanos

que al derredor por los coger se extienden:

retiráronse presto y no muy sanos,

que más que se defienden los ofenden,

digno hecho de ser al mundo eterno,

grande al antiguo tiempo y al moderno.

»Sábese antiguamente que trescientos

bien contra mil romanos pelearon,

en tiempo que el valor y atrevimientos

de Viriato tanto se ilustraron;

y de ellos alcanzando vencimientos

notables, por herencia nos dejaron

que a los muchos por pocos no temamos,

lo que después acá siempre probamos.

»Mira a Pedro y Enrique, dos infantes,

del rey don Juan progenie generosa;

aquél dejó con hechos muy pujantes

en Germania su fama milagrosa:

estotro rompió el mar, do ninguno antes

llegara con empresa muy famosa:

a Ceuta hace caer de su esperanza

abriéndole sus puertas con la lanza.

»¿Ves el conde don Pedro, que sustenta

dos cercos contra toda Berbería?

Otro conde allí está, que representa

a Marte con esfuerzo y osadía:

de poder defenderse no contenta

Alcacere de tanta compañía,

defiende de su rey la cara vida,

siendo muro la suya hasta perdida.

[Ilustración: F. Gerard, dibujó

Forster, sc.

¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,

con locura tan grande y desmedida,

que mande acometer con naos y flotas

tan inciertas provincias y remotas?

_Canto VIII, Estr. 61._

]

»Otros muchos verías que pintores

aquí como estos otros pintarían,

mas fáltales pincel, faltan colores,

honra, paga, favor que al arte crían:

culpa de los viciosos sucesores,

que degeneran siempre y se desvían

del lustre y del valor de sus pasados,

en sus gustos y vicios enfrascados.

»Los claros padres que principio dieron

a la casa que de ellos cuelga y pende,

por la virtud hazañas mil hicieron

y por dejar la línea que desciende.

¡Ciegos! Que si del hecho que emprendieron

su ilustre fama y el valor se extiende,

obscuros dejan siempre a sus menores,

haciéndolos las gentes más peores.

»Otros hay también grandes y ensalzados

sin tener tronco o casta de do vengan,

por culpa de los reyes, que a privados

dan más que a mil que esfuerzo y saber tengan:

no querrán ver los suyos dibujados

éstos, pues no hay colores que convengan:

aborrecen pincel, dibujo y tabla,

porque en ella lo muerto al vivo habla.

»No niego haber, con todo, descendientes

de generoso tronco y casa rica,

en quien con las empresas excelentes

la heredada nobleza multiplica.

Y si en ellos la luz de sus parientes

con nuevo esfuerzo no se clarifica,

no falta al menos, ni se hace obscura;

mas de éstos halla pocos la pintura.»

Así el Gama declara aquellos hechos

que el pincel representa al ojo y tinta,

por la artífice mano tan bien hechos,

que no color, mas vida, da el que pinta.

Los ojos tiene fijos y derechos

el Catual en la historia distinta:

mil veces preguntaba, y mil oía

las gustosas batallas que allí veía.

Ya la luz se mostraba muy dudosa,

que la lámpara grande se escondía

debajo el horizonte, y luminosa

llevaba a los antípodas el día,

cuando el gentil y gente generosa

de Naires de la armada se partía

a buscar el reposo que descansa

los lasos miembros en la noche mansa.

En esto los arúspices famosos

de opinión falsa, que con sacrificios

previenen a los casos más dudosos

por señales diabólicas e indicios,

mandados del rey propio, estudiosos

ejercitan sus artes y ejercicios

sobre aquesta venida nueva, extraña,

de la apartada gente de la España.

El demonio dió señas descubiertas

de cómo aquesta gente les sería

perpetuo yugo, y que al abrir las puertas

el reino se perdía y monarquía:

uno le lleva al rey las nuevas ciertas,

según lo que de vuelos entendía,

descubriendo el peligro que notara

en las aves que allí desentrañara.

Ajúntase con esto que a un devoto

alfaquí de la ley de su Mahoma,

del odio concebido no remoto

contra la santa fe que su fe doma,

Baco le apareció con traje ignoto,

que el hábito de moro y forma toma,

al tiempo que ya el sueño le adormece,

y su envidia en el pecho más recrece.

«Guardaos, le dice, gente mía querida,

del peligro que está casi en la puerta,

que corta el agua ya a vela tendida,

por quien vuestra ruina será cierta.»

Despierta la memoria espavorida

del sueño que lo tuvo un rato alerta,

mas creyendo ser sueño y ya pasado,

a dormir se tornó muy sosegado.

Tornó Baco: «¡Qué es esto! ¿No conoces

al gran legislador de tus pasados,

que su ley predicó con grandes voces,

sin la cual fueran todos bautizados?

¿Es justo que yo llore y tú te goces?

Pues sabe que a tu puerta son llegados

los que serán al reino extraño daño

si con tiempo no ve su desengaño.

»Mientras la fuerza es flaca de esta gente,

ordena cómo el reino les resista,

porque al salir del sol muy fácilmente

se puede en él fijar la aguda vista;

mas cuando está en el medio más ardiente

no hay vista que se atenga a su conquista:

así serán aquestos muy felices

si les dejáis echar hondas raíces.»

Con esto el sueño y él se les despide

y atónito se queda el agareno:

deja la cama, lumbre al punto pide,

obrando por las venas el veneno:

luego que la tiniebla no lo impide,

al salir de la luz del sol sereno,

los de su secta todos ha juntado

y sueño y sueños cuenta alborotado.

Diversos pareceres y contrarios

allí se dan, según lo que entendían:

traiciones varias con engaños varios

unos inventan, y otros las tejían;

mas dejando consejos temerarios,

la muerte de esta gente pretendían

con mañas más sutiles y mejores,

sobornando los falsos regidores.

Allegan a su parte, con secretas

dádivas, a los que eran principales;

con razones notables y discretas

alborotan las gentes naturales:

dicen que estas naciones inquietas,

de los mares huyendo occidentales,

viven de solo robo y ladronicio,

sin ley, sin rey, sin virtud y con vicio.

¡Oh, cuánto debe el rey que bien gobierna

ver que sus consejeros y privados

sean de ciencia y de virtud interna

y de sincero amor y fe dotados!

Que como está en la silla más superna,

mal puede de negocios apartados

tener noticia cierta, o más entera,

que la que da la lengua consejera.

Ni me parece justo que el rey tanto

se pague de conciencia limpia y cierta,

que ande a buscar el pobre humilde manto

do la ambición acaso está encubierta:

que el que está en su rincón con pecho santo,

en negocios del mundo poco acierta,

que no puede tener cuenta enlazada

la conciencia en su Dios siempre ocupada.

Mas aquellos avaros Catuales

que el gentílico pueblo gobernaban,

inducidos de gentes infernales,

el Portugués despacho dilataban,

mas el Gama, que entiende por señales

lo que contra él los moros maquinaban,

una señal pretende llevar cierta

al rey de aquesta tierra descubierta.

Procura aquesto, porque bien sabía

que después de llegar con la certeza,

armas, gentes y naos despacharía

Manuel a esta tierra con presteza,

con que a su yugo y ley sujetaría

de las tierras y mar la amplia grandeza,

que él es descubridor tan solamente

de las remotas partes del Oriente.

Hablar al rey gentil se determina,

porque con su despacho se tornase,

pues sabe que esta gente cruel, malina,

le tiene de impedir cuanto intentase:

el rey, que de la nueva falsa, indina,

no era de espantar si se espantase,

crédito y fe les dió a los agoreros,

siendo en ello los moros los terceros.

Este nuevo temor resfría su pecho,

aunque por otra parte la codicia

deshace lo que el miedo tiene hecho,

y entre dos aguas anda la malicia;

conoce el interés y gran provecho

que tendrá si el contrato con justicia

establece, con tratos limpios, sanos,

entre él y el fuerte rey de Lusitanos.

Sobre esto en los consejos que tomaba

había muy contrarios pareceres,

que en aquellos con quien se aconsejaba

ejecuta el dinero sus poderes:

a nuestro capitán llamar mandaba,

a quien, llegado, dice: «Si quisieres

confesar con verdad tu yerro y culpa,

perdón alcanzarás dando disculpa.

»Bien informado soy que la embajada

que de tu rey me diste era fingida,

porque ni tienes rey, ni patria amada,

mas vagabundo pasas triste vida.

¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,

con locura tan grande y desmedida,

que mande acometer con naos y flotas

tan inciertas provincias y remotas?

»Y si de grandes reinos poderosos

tiene tu rey el mando y suma alteza,

¿qué presentes me traes tan costosos

por do conozca yo su gran riqueza?

Con preseas y dones suntuosos

los reyes en su amor ponen firmeza,

que no es señal ni prenda algo bastante

la plática de un vago navegante.

»Si venís por ventura desterrados,

como lo fueron hombres de alta suerte,

en mi reino seréis bien hospedados,

que cualquier tierra es patria al varón fuerte;

y si piratas sois al mar usados,

decidlo sin temor de infamia o muerte,

que a la ilustre nobleza la enemiga

necesidad a más que esto la obliga.»

Dicho esto, el fuerte Gama, que ya tiene

sospechas del engaño que ordenaba

el mauritano bando, de do viene

aquello que tan mal el rey pensaba,

con alta confianza, cual conviene,

con que seguro crédito alcanzaba,

que Venus Acidalia le influía,

al rey su sano pecho descubría:

«Si el primer yerro que la gran malicia

humana acometió en la edad primera

no causara que el vaso de nequicia,

azote cruel de gente verdadera,

sembrara una perpetua inimicicia

en la casta de Adán por pena fiera,

oh grande rey de aquesta secta mora,

no hubiera en ti el recelo que ahora mora.

Los Lusíadas: Poema épico en diez cantos · 第 9 / 13 段