General de este reino, inteligenciado de la juiciosa conducta del
Coronel D. Joaquin, y del mérito que sobre este particular tenia
contraido, puso al cargo y mando de este oficial las operaciones
referidas, y le ordenó en carta de 20 de Agosto de 1779, que para
formalizar las correspondientes instrucciones, con total arreglo á las
soberanas intenciones de S.M., y al religioso espíritu que manifiesta la
misma real órden de 29 de Diciembre, le previno, que con la posible
anticipacion y reserva le expusiese cuanto considerase preciso y
necesario para habilitar dichas expediciones, de modo que, por falta de
víveres, bagages, armas, municiones y pertrechos no tengan que padecer
necesidades, peligros, ni atraso en las marchas á su destino: lo que
podria facilitarse de estos auxilios y provisiones en la plaza de
Valdivia y su jurisdiccion; y lo que habia de llevarse en el navío del
situado, así de esta capital como de la de Lima. En el concepto de que
habian de ser dos las expediciones: las que, á un tiempo determinado,
debian salir una por Chiloé, y otra por Valdivia. Le previno tambien que
le informase si le ocurria reparo, en que de las cuatro compañías que
habian de venir del Callao, se remitiesen dos á Chiloé, para que á su
abrigo puedan venir las milicias que destinare el Gobernador de aquella
provincia á reunirse con las que saliesen de esta otra plaza, y la tropa
que las habia de acompañar; y así mismo, si habria caballerías
bastantes, para las remontas que se consideran precisas, haciendo
atencion al número de que se hubiese de componer la expedicion.
26. Previno S.E. igualmente al coronel D. Joaquin, le informase, qué
tiempo le parecia el mas, á propósito para la salida, á efecto de
adelantar las órdenes correspondientes al mas breve apronto de las
provisiones de boca y guerra, y de todos los útiles que comprendiese
necesitarse, como el de los agasajos que mas apetézcan los naturales del
tránsito, dándole razon de unos y otros. Y considerando lo que importa
conferir tambien la materia con el Gobernador de Chiloé, antes de
ocurrir al Exmo. Sr. Virey del Perú, por los auxilios de tropa y demas
que fuese preciso, le dirigió un pliego rotulado á dicho Gobernador,
para que lo remitiese á Chiloé, en alguna piragua, ó embarcacion de
particulares; con órden de que la comprase de cuenta de Su Magestad, si
fuese capaz de poderse continuar en ella la correspondencia con aquella
provincia, y en él de que no la hubiese, que dispusiese la construccion
de una, adecuada al fin enunciado: haciéndole otras prevenciones
conducentes á procurar la mayor seguridad de la expedicion, y el acierto
de la ruta que se ha de elegir, y á facilitar el debido cumplimiento de
la real órden de Su Magestad, con la prontitud deseada. Y sin embargo de
ser necesarísima la decision de estos puntos, no se encuentra en los
autos razon ni carta alguna del coronel D. Joaquin, en que explique su
dictámen en cuanto á ellos; ni tampoco la respuesta que debió dar el
Gobernador de esta provincia de Chiloé, en consecuencia del pliego que
se le dirigió por la via de Valdivia.
27. En las cartas de fojas 83 y 84 del 7.° cuaderno, fechas á 12 de
Junio de 1780, expresa el Exmo. Sr. D. Agustin de Jauregui, siendo aun
Presidente de esta Real Audiencia, quedar en su poder la que en
contestacion de la suya de 14 de Febrero escribió al coronel D. Joaquin
el Gobernador de Chiloé D. Antonio Martinez y la Espada, con fecha de 27
de Marzo, la misma que con otra de 15 de Abril le dirigió dicho Coronel,
consultándole los medios que le ocurrian para facilitar la expedicion
por la parte sola de Valdivia, atendida la imposibilidad que ponia el
mencionado Gobernador, de no ser factible se hiciese salida de aquella
provincia para Osorno, por los motivos que expuso: añadiendo en la de
fojas 84, quedaba tambien en su poder la razon que con la citada carta
de 15 de Abril se incluyó, de lo que á D. Joaquin le habia parecido
añadir á la anterior, remitida para la expedicion proyectada, y que todo
se agregaria al expediente de la materia para tenerlo presente cuando
hubiesen de darse las últimas providencias, con arreglo á lo resuelto
por Su Magestad. Y segun lo que estas dos cartas ministran, se
comprende, que _de facto_ el coronel D. Joaquin de Espinosa evacuó el
informe de aquellos puntas que se le previnieron en la de 20 de Agosto
de 79, ó á lo menos que expuso su dictámen sobre algunos de ellos: y
pues conducen en gran manera para que V.S. pueda tomar sus medidas en
este grave y delicado asunto, parece corresponde se sirva mandar, que
así en la Secretaría de cámara de esta Capitanía General, como en la
escribanía de este Superior Gobierno, se busquen y soliciten esos
documentos, para que se agreguen á los autos de la materia. Y en el caso
de que no se encuentren, que se escriba una carta órden al teniente D.
Marcelo de Arteaga, albacea del coronel D. Joaquin, previniéndole
solicite entre los papeles de este oficial el borrador de la carta de
15 de Abril de 780, escrita á esta Capitanía General, y el de la razon
con que la acompañó; y sacando copia puntual de uno y otro, la remita á
manos de V.S., para los fines que convengan al real servicio.
28. Bien es que el capitan D. Manuel de Orejuela tiene absueltos todos
esos puntos en sus enunciadas representaciones, en que ha expuesto
parecerle conveniente, que se haga una sola salida por Chiloé con mil
hombres de tropa arreglada, y quinientos mas para allanar los caminos, y
conducir los bagages, pertrechos de guerra, y demas que ocurra en tan
vasta empresa: refiriendo el número y clase de armas, y los otros
preparativos de guerra y boca que conceptua indispensables. Y por el
mismo caso de estar opuestos los dictámenes, pues el coronel D. Joaquin
en su citada carta de fojas 149 del quinto cuaderno, propuso que era
suficiente el número de cuatrocientos hombres de armas, así para allanar
el antiguo camino de Osorno á Chiloé, como para verificar los
descubrimientos que se apetecen, haciéndose á un mismo tiempo dos
entradas por Valdivia y por Chiloé, es forzoso que V.S. reconozca todos
los papeles y cartas, que sobre esto hubiese escrito el coronel D.
Joaquin, mayormente estando tambien opuesto el dictámen del Gobernador
de Chiloé D. Antonio Martinez y la Espada, segun se enuncia en la citada
carta de fojas 83 del cuaderno septimo.
29. Entre los muchos y buenos arbitrios que propone D. Manuel Orejuela,
parece al Fiscal muy oportunos y convenientes dos. El primero, él de
llevar la expedicion las canoas de viento, necesarias para el tránsito
de los rios y lagunas que se ofrecen en el camino, fabricándose de
pieles de lobos marinos, á poca costa, en que pueden cargarse de 15 á 18
quintales, y conducirse cuatro hombres, á mas del que fuere á
regresarla. Y el segundo, el que se traslade toda la gente y guarnicion
que hoy existe en la isla de Juan Fernandez, y se reuna en la plaza de
Valdivia: pues siendo esta la llave de todo el reyno, á ella se debe
aplicar todo el cuidado, y la mayor fuerza, siendo escusada la del
presidio de Juan Fernandez, porque esta isla estará bastantemente
guardada, siempre que se dé órden á los navios de la carrera que la
reconozcan en los viages que hicieren de Valparaiso al Callao, y tengan
cuidado de avisar, lo que en ella notasen, á este Superior Gobierno y al
de Lima. Cuyo pensamiento, apoyado con el ejemplar de la traslacion
hecha de la poblacion que habia en las Islas Malvinas á la bahia de San
Julian, es un argumento eficaz de la conveniencia, y aun necesidad que
hay de que se verifique la traslacion que propone D. Manuel de Orejuela.
Sobre que V.S. con sus superiores luces resolverá lo que le parezca mas
acertado y conveniente al real servicio, graduando los demas arbitrios
que insinúa, segun lo exigieren las actuales circunstancias, y las que
puedan ocurrir, para el mejor acierto de las expediciones proyectadas.
30. Ya que con haber fallecido el coronel D. Joaquin Espinosa, no han
podido tener efecto todas las diligencias prevenidas por el Exmo. Sr. D.
Agustin de Jauregui, en su carta de 20 de Agosto de 1779, concernientes
no solo á conservar la amistad contraida con los caciques de
Quinlchilca, Ranco y Rio Bueno, sino á adelantarla, y adelantar tambien,
si fuere posible, las noticias de la verdadera situacion de los
establecimientos que se pretenden descubrir, y la de los caminos mas
cómodos para llegar á sus poblaciones, seria desde luego muy conveniente
que el notorio celo de V.S. confiriese esta comision al sargento mayor,
D. Lucas de Molina, ó á otro oficial de honor de la plaza de Valdivia,
que hubiere manifestado deseo positivo de lograr el hallazgo de tales
poblaciones: ordenando al Gobernador de la plaza, que lejos de poner
embarazo en la práctica de estas diligencias, tan interesantes al
estado, contribuya por su parte, cuanto le sea posible, dando al
comisionado los auxilios que pidiere y necesitare para el desempeño de
su comision.
31. En esta virtud puede V.S., siendo servido, mandar que el comisionado
haga presente á los caciques amigos, por medio de Francisco Agurto,
Baltazar Ramirez, ú otros emisarios de su confianza, el deseo de verles
y manifestarles el agrado que han causado al Rey, á V.S., y al
Gobernador de la plaza, las expresiones y operaciones, con que en el
tiempo del Gobierno de D. Joaquin de Espinosa, dieron pruebas de su
lealtad y verdadera amistad con los españoles; y que con este motivo
procuren adelantar las noticias de los parages en que realmente existen
los establecimientos de españoles y extrangeros, si los hubiere, y la de
los caminos mas cómodos para llegar á sus poblaciones: aprovechando las
ocasiones que se les presenten de contraer nuevas amistades, y de
ponerlos en estado de que ellos mismos rueguen por el descubrimiento de
dichas poblaciones, y ofreciéndoles que, mediante su generosidad, serán
bien regalados ellos, sus mugeres é hijos. Que persuadan tambien á los
caciques amigos que procuren convidar á los caciques vecinos, á que
hagan el mismo allanamiento y propuesta, y de este modo consigan irse
internando hasta donde puedan, y purificar las noticias que vayan
adquiriendo, haciéndose al propio tiempo capaces de los caminos y
parages por donde pueda seguir la expedicion con mayor comodidad y
seguridad, y arreglarle los alojamientos, encargando para ello á estos
emisarios que demarquen con cautela los sitios y distancias, y que se
informen por donde se iba antes á Chiloé, con respecto á ser uno de los
principales objetos de las expediciones proyectadas, franquear la
comunicacion con aquella provincia; y que importa muchísimo saber con
fijeza cual sea el antiguo camino, ó el parage por donde sea mas pronto
y seguro el tránsito á ella.
32. Del propio modo puede V.S. prevenir al comisionado, que en atencion
á haber declarado Domingo Monte-Alegre, natural de Chiloé, que el
cacique Tanarailla, distante tres leguas del fuerte de Rio Bueno, le
comunicó que un chilate se hallaba cautivo abajo de Osorno en los
Juncos, en un parage nombrado Poyigué, que este sabe donde están los
españoles, y que el cacique le ofreció lo llevaria, sí quisiese, á que
hablase con él, á cuya propuesta asintió, pero que no lo ha vuelto á
ver; proponga al mismo Monte-Alegre si se allana á reconvenir al
cacique, para que lo lleve á hablar con su paisano, procurando se
verifique la entrada de este español, si es que no se encuentra en ello
riesgo de su vida, pues si es cierta la relacion del cacique, no hay
duda que el cautivo, no solo dará razon del sitio en que existen los
españoles y extrangeros, sino tambien del camino de Chiloé, y si le
cautivaron los mismos indios Juncos, ó los de otras naciones mas
avanzadas á aquella provincia, como de lo demas que tenga visto ó
sabido, con motivo de haber vivido entre aquellos bárbaros.
33. Así mismo será conducente, qué él comisionado haga que Francisco
Agurto procure que el cacique Manquemilla le cumpla la oferta que le
hizo, de que haria llamar á su sobrino Antuala, que vive en las
inmediaciones de la laguna de Puraylla, para que hablase con él, segun
se expresa en las actuaciones remitidas por el coronel D. Joaquin de
Espinosa, de resultas de la expedicion que hizo á su costa, y corren
desde fojas 125, hasta fojas 140 del cuaderno 5.° Pues cuando no se
adelante la adquisicion de mas claras luces de la ubicacion de los
establecimientos que se buscan, se consiguirá que la expedicion pueda
seguir sin mayor riesgo, y por caminos rectos ó menos ásperos, hasta la
citada laguna de Puraylla, ó hasta donde alcance la correspondencia de
Antuala con los caciques é indios de mas adentro. Advirtiéndoles tambien
que tengan particular cuidado de averiguar, si los indios intermedios
son muchos ó no, para que V.S. en esa inteligencia, pueda determinar la
fuerza que parezca suficiente: y en fin, que el comisionado empeñe su
celo y capacidad, en que los emisarios ó exploradores, bien instruidos
de sus prevenciones, adelanten cuanto sea posible en esta importancia.
34. Las mismas reales órdenes están respirando la suavidad con qué S.M.
quiere se verifiquen estas expediciones, y por eso el principal cuidado
qué en ellas se ha de tener, es y debe ser, evitar el recelo y
desagrado de los indios, y de todo punto el uso de las armas, á menos
que no haya otro recurso para defender las vidas, repeliendo la fuerza
con una defensa natural; y conseguir por medios suaves la internacion,
hasta que no quede duda de sí hay ó no los establecimientos que se
solicita descubrir: asegurándoles de la buena fé con que se camina, y
captándoles la voluntad, para que espontáneamente se reduzcan á nuestra
amistad y pidan el establecimiento de misiones en sus tierras; y lograr
con este antecedente la oportunidad de proponerles, ser para ello
preciso que queden españoles que acompañen á los misioneros, y los
defiendan de los rebeldes ó enemigos de los mismos indios.
Para consolidar la amistad con ellos, se les puede hacer presente la que
los de la frontera de la Concepcion tienen trababa con nosotros: el amor
y caridad con que les mira nuestro Soberano, la misma que profesa á
todos los indios en general. Que no quiere, ni apetece otra cosa que el
bien espiritual y temporal de todos ellos; que á este fin ha destinado
en esta capital un hermoso colegio, en que sus hijos sean doctrinados y
enseñados, costeando la real hacienda los maestros necesarios, para que
se hagan tan sábios é instruidos como los mismos españoles; y que en esa
atencion se les proponga deliberen enviar los suyos á este colegio,
asegurándoles que serán bien tratados, queridos y regalados; cuyas
insinuaciones no solo convendrá que las expresen á los caciques de
aquella jurisdiccion los emisarios ó exploradores sobredichos, sino
tambien el comisionado, el Gobernador de plaza, y aun el oficial ú
oficiales á quienes se hubiere de encomendar el mando de las
expediciones, el tiempo y cuando hubiese de llegar y pasar por sus
terrenos.
35. Y ya que ha llegado el caso de hablar del modo y arbitrios que
pueden presentarse para el logro de que estos naturales, abdicando de sí
aquella ferocidad que les acompaña, y aquel odio y rencor implacable que
han concebido contra la nacion española, no dejara el Fiscal de apuntar
uno que le ocurre, y le parece concerniente y oportuno. Las mismas
actuaciones, que comprenden estos autos, estan acreditando que los
indios de la jurisdiccion de Valdivia, y todos los de esta nacion en
general, lo que aborrecen entrañablemente es considerar que puede llegar
el caso de que los españoles los reduzcan á servidumbre, ó sugeten á
encomiendas, como lo practicaban y practicaron luego que fundaron las
ciudades de Osorno, Imperial, Villa Rica, Angól, Valdivia, Infantas y
Loyola, cuya total destruccion provino del deseo que asistia á los
subyugados de verse libres de esta especie de esclavitud. En las propias
actuaciones habrá notado V.S. que aun subsiste en el ánimo de los
indios, muy vivo el recelo de caer en ese infortunio, y que por eso han
soltado una que otra expresion relativa á estos puntos, ya diciendo que
los españoles son muy temerarios y tiranos, y ya que los han de hacer
esclavos, ó sugetarlos á encomiendas, si se juntan con los Aucahuincas
que se salvaron del asedio de la ciudad de Osorno.
36. No es este tema nuevo en los indios de Chile, sino muy antiguo, y
viene de muy atras. Prueba de ello son los pasages ocurridos al Padre
Luis de Valdivia, el año de 1613, con los caciques é indios de la
frontera de la Concepcion. Viendo la Magestad de nuestro Católico Rey D.
Felipe III., lo poco que aprovechaban los medios de la fuerza y del
rigor para sugetar á los indios chilenos, que tan soberbios é insolentes
se hallaban con las victorias que habian tenido, y con la toma y ruina
de las ciudades que nos destruyeron, se dignó resolver, que totalmente
se mudase de estilo en esta conquista, y que dejando del todo la guerra
ofensiva, se redujese solo á la ofensiva: considerando que por este
medio se reducirian los indios mas facilmente á la Fé, y la recibirian
con mas amor y aplicacion, viéndose libres del tumulto, y ruido de las
armas, para lo cual se valió de la prudencia, celo y eficacia del citado
Padre Luis de Valdivia, religioso de la extinguida compañia de Jesus,
eligiendo por Gobernador á D. Alonso de Rivera, que á la sazón lo era
del Tucuman, y antes lo habia sido de Chile. Luego que este religioso
llegó á la Concepcion, empezó á tratar con los indios de guerra, de los
medios de la paz que de parte del Rey les ofrecia, dando principio por
las naciones cercanas, que eran las de Arauco, Tucapel y Catiray, á
quienes envió los mensageros que tuvo por convenientes. Noticiosos los
indios de esta novedad, resolvieron se hiciese una junta con el Padre
Luis en Nancú, lugar que está en medio de todo Catiray, para que allí se
tratase del negocio propuesto, y de los conciertos de paz y amistad que
deseaban; á cuyo fin se habian congregado diez parcialidades.
37. Habiendo el Padre resuelto su salida, y llegado al lugar en que le
esperaban los caciques, se echaron sobre sus brazos, mostrando gran
contento de su llegada á aquellas tierras, y tomándole de la mano
Guayquimilla, que era el mas principal de ellos, se la besó en nombre de
todos los demas, y le hizo un elegante razonamiento, diciendo que "de su
alegre venida no solamente estaba regocijada la gente á quien llevaba
tan grande bien, pero que los mismos brutos animales, las yerbas, las
flores, las fuentes y los arroyos saltaban de placer y contento."
Despues de estas primeras cortesias, se sentaron á razonar y discurrir
sobre las materias de las paces; y entre otras razones, dijo uno de los
tres caciques:--Padre, todos los indios principales desean la paz,
aunque el pueblo y los soldados no se pueden persuadir de que los
españoles la quieren y la desean. A que replicándole el Padre: como
podia ser eso, cuando el Rey lo habia enviado solo á ese fin, por el
cual se habia arrojado á los peligros de tantos males, hasta llegar á
sus tierras; y que eso mismo, y no otra cosa, pretendian el Sr.
Gobernador, los Maestres de campo y capitanes? Respondió el
cacique:--"No dudo de eso que dices; lo que se duda es que los españoles
quieran paz, que sea paz. Bien sabemos que gustarán de la que llaman
ellos paz, y yo no la tengo por tal, que es que nosotros nos rindamos, y
nos sugetemos á ellos, y les sirvamos como á nuestros amos y señores; y
esto no es paz, sino ocasion de las inquietudes, perturbaciones y
guerras, que hemos tenido hasta aquí. Paz es la que tienen los españoles
entre si, y la que tienen los indios entre nosotros, gozando cada uno de
su libertad, y de lo que tiene, sin que ninguno se lo quite, ni quiera
mandarle, ni tenerlo debajo. Esto llamamos paz, y esta la abrazarémos
muy de corazon. Pero si no tratas de esta paz, y quieres la que los
españoles llaman paz, no verás que la admitamos mientras el sol gire por
el cielo."
38. Vea ahora V.S. si es nuevo en los indios el sistema de resistir toda
especie de servidumbre y sugecion al español. Ninguna otra cosa
aborrecen mas, que el hecho de privarles de la natural libertad con que
todos nacemos, y así quieren gozar de la misma que disfrutan los
españoles entre sí, y los mismos indios unos con otros. Por lo que
parece al Fiscal que el remedio eficaz, de que los naturales de la
jurisdiccion de Valdivia, y demas que residen tierra adentro hasta el
estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos, se reduzcan, será proponerles
que gozarán de una total libertad, sin que jamas llegue el caso de que
se les reduzca á esclavitud ó encomiendas; y que tampoco se les
pensionará con tributos, ni otros pechos, aunque sea dispensado la
disposicion de la ley 9, tít. 4, lib. 4 de las Recopiladas de estos
reynos: previniéndoseles que serán tratados como los mismos españoles,
sin diferencia alguna, pues son vasallos de un propio soberano, cuya
real benignidad ha tenido á bien adoptarlos por tales, y recibirlos bajo
de su poderosa proteccion y amparo.
39. Ni este pensamiento puede oponerse en manera alguna á la política
que hasta aquí se ha observado con esta nacion, porque atendiendo á que
los del reyno del Perú reconocian á los Incas por sus soberanos y reyes,
y les pagaban sus contribuciones en prueba del vasallage que les
rendian, como no ha sucedido esto así con los del reyno de Chile que
residen tierra adentro, no parece disconforme que, aunque á aquellos se
le pensionase con el tributo que señala la ley, se dispense con esta
semejante contribucion, una vez que, segun nos cuentan las historias,
los emperadores peruanos, no llegaron, ni pudieron pasar con su
conquista, de la tierra de los Promocaes, y rio caudaloso de Maule, que
divide la provincia de este nombre de la de Cauquenes, por la ferocidad
y braveza de los que habitan en esa parte hácia el sur; quedando el rio
señalado por términos del imperio, de órden de Yupanqui, décimo Inca de
aquella dinastía. Con que, si es constante que los indios no reducidos,
que son los que hay desde el caudaloso rio Bio-bio, para el sur, hasta
el estrecho y costas patagónicas, no reconocen otro soberano ni rey (á
excepcion de algunos amigos de la frontera), que á sus caciques
particulares, sin retribuirles pension alguna en señal de vasallage, no
sería desde luego extraño que se les tratase de la paz y amistad con los
españoles, con el pacto de las insinuadas excepciones; practicándose lo
mismo con los de la frontera de este reyno, á fin de que se vayan
domesticando, y viendo que nuestras ofertas son ciertas, y nuestra
amistad sincera, se procuren españolizar, casándose indios con
españolas, y españoles con indias, á cuyo propósito sería oportuno
autorizar á los de una y otra nacion.
40. Los felices principios, que por efecto de la Providencia,
facilitaron la adquisicion del terreno en que hoy se halla situado el
fuerte de Rio Bueno, y establecida la mision que con instancia pidieron
sus caciques, en la cual se han percibido ya los frutos que manifiesta
el plano de fojas 47 del octavo cuaderno, dan sin duda fundada esperanza
de que no acaso se han logrado estas ventajas en cerca de siglo y medio
que no se oia la voz del evangelio en aquellas tierras, y de que el
Altísimo quiere ya dispensar los arbitrios de que nuestra sagrada
religion se plantifique en un terreno, cuyos habitadores se han mostrado
hasta aquí contrarios nuestros; y prometen al mismo tiempo unos
agigantados progresos en la importante empresa de descubrir las
poblaciones que han motivado la resolucion de las expediciones de que se
trata; y así seria desde luego reprensible delante de Dios y del mundo,
sacar del seno de la barbarie la semilla de la verdadera doctrina que
acaba de sembrarse con arreglo á los dogmas de la religion, y á las
soberanas y muy piadosas intenciones de nuestros Católicos Monarcas, que
solo han anhelado con religioso celo las conquistas espirituales; lo que
forzosamente sucederia si se adhiriese á las repetidas instancias que ha
hecho el actual Gobernador D. Pedro Gregorio de Echenique, sobre que se
quite y destruya el mencionado fuerte, sin mas fundamento que los
recelos y desconfianzas que le asisten de la infidelidad de los indios
que le pidieron, haciendo con esto retroceder el estandarte de la fé,
cuando todos estamos constituidos en la gloriosa obligacion de llevarlo,
y propender á que se conduzca hasta las extremidades de la tierra. Por
estas justas consideraciones que trascienden á las utilidades del
estado, no debe mirarse con indiferencia lo que se ha ganado sin
violencia, por lo que es indispensable aplicar el hombro á mantener
aquel puesto, y sin perjuicio de una prudente economia, sostener, aunque
sea á mas costa, la guarnicion que en él se halla, y aun aumentarla,
segun se reconozca por los informes del comandante y del Padre
Misionero, de la disposicion de ánimo de los caciques; previniéndoseles
con anticipacion y sagacidad, que en prueba del aprecio que ha hecho Su
Magestad de la voluntaria oblacion que le hicieron de aquel terreno, se
ha dispuesto remitir algun número mas de hombres que los defiendan de
sus contrarios.