25. El Exmo. Sr. D. Agustin de Jauregui, siendo Gobernador y Capitan

General de este reino, inteligenciado de la juiciosa conducta del

Coronel D. Joaquin, y del mérito que sobre este particular tenia

contraido, puso al cargo y mando de este oficial las operaciones

referidas, y le ordenó en carta de 20 de Agosto de 1779, que para

formalizar las correspondientes instrucciones, con total arreglo á las

soberanas intenciones de S.M., y al religioso espíritu que manifiesta la

misma real órden de 29 de Diciembre, le previno, que con la posible

anticipacion y reserva le expusiese cuanto considerase preciso y

necesario para habilitar dichas expediciones, de modo que, por falta de

víveres, bagages, armas, municiones y pertrechos no tengan que padecer

necesidades, peligros, ni atraso en las marchas á su destino: lo que

podria facilitarse de estos auxilios y provisiones en la plaza de

Valdivia y su jurisdiccion; y lo que habia de llevarse en el navío del

situado, así de esta capital como de la de Lima. En el concepto de que

habian de ser dos las expediciones: las que, á un tiempo determinado,

debian salir una por Chiloé, y otra por Valdivia. Le previno tambien que

le informase si le ocurria reparo, en que de las cuatro compañías que

habian de venir del Callao, se remitiesen dos á Chiloé, para que á su

abrigo puedan venir las milicias que destinare el Gobernador de aquella

provincia á reunirse con las que saliesen de esta otra plaza, y la tropa

que las habia de acompañar; y así mismo, si habria caballerías

bastantes, para las remontas que se consideran precisas, haciendo

atencion al número de que se hubiese de componer la expedicion.

26. Previno S.E. igualmente al coronel D. Joaquin, le informase, qué

tiempo le parecia el mas, á propósito para la salida, á efecto de

adelantar las órdenes correspondientes al mas breve apronto de las

provisiones de boca y guerra, y de todos los útiles que comprendiese

necesitarse, como el de los agasajos que mas apetézcan los naturales del

tránsito, dándole razon de unos y otros. Y considerando lo que importa

conferir tambien la materia con el Gobernador de Chiloé, antes de

ocurrir al Exmo. Sr. Virey del Perú, por los auxilios de tropa y demas

que fuese preciso, le dirigió un pliego rotulado á dicho Gobernador,

para que lo remitiese á Chiloé, en alguna piragua, ó embarcacion de

particulares; con órden de que la comprase de cuenta de Su Magestad, si

fuese capaz de poderse continuar en ella la correspondencia con aquella

provincia, y en él de que no la hubiese, que dispusiese la construccion

de una, adecuada al fin enunciado: haciéndole otras prevenciones

conducentes á procurar la mayor seguridad de la expedicion, y el acierto

de la ruta que se ha de elegir, y á facilitar el debido cumplimiento de

la real órden de Su Magestad, con la prontitud deseada. Y sin embargo de

ser necesarísima la decision de estos puntos, no se encuentra en los

autos razon ni carta alguna del coronel D. Joaquin, en que explique su

dictámen en cuanto á ellos; ni tampoco la respuesta que debió dar el

Gobernador de esta provincia de Chiloé, en consecuencia del pliego que

se le dirigió por la via de Valdivia.

27. En las cartas de fojas 83 y 84 del 7.° cuaderno, fechas á 12 de

Junio de 1780, expresa el Exmo. Sr. D. Agustin de Jauregui, siendo aun

Presidente de esta Real Audiencia, quedar en su poder la que en

contestacion de la suya de 14 de Febrero escribió al coronel D. Joaquin

el Gobernador de Chiloé D. Antonio Martinez y la Espada, con fecha de 27

de Marzo, la misma que con otra de 15 de Abril le dirigió dicho Coronel,

consultándole los medios que le ocurrian para facilitar la expedicion

por la parte sola de Valdivia, atendida la imposibilidad que ponia el

mencionado Gobernador, de no ser factible se hiciese salida de aquella

provincia para Osorno, por los motivos que expuso: añadiendo en la de

fojas 84, quedaba tambien en su poder la razon que con la citada carta

de 15 de Abril se incluyó, de lo que á D. Joaquin le habia parecido

añadir á la anterior, remitida para la expedicion proyectada, y que todo

se agregaria al expediente de la materia para tenerlo presente cuando

hubiesen de darse las últimas providencias, con arreglo á lo resuelto

por Su Magestad. Y segun lo que estas dos cartas ministran, se

comprende, que _de facto_ el coronel D. Joaquin de Espinosa evacuó el

informe de aquellos puntas que se le previnieron en la de 20 de Agosto

de 79, ó á lo menos que expuso su dictámen sobre algunos de ellos: y

pues conducen en gran manera para que V.S. pueda tomar sus medidas en

este grave y delicado asunto, parece corresponde se sirva mandar, que

así en la Secretaría de cámara de esta Capitanía General, como en la

escribanía de este Superior Gobierno, se busquen y soliciten esos

documentos, para que se agreguen á los autos de la materia. Y en el caso

de que no se encuentren, que se escriba una carta órden al teniente D.

Marcelo de Arteaga, albacea del coronel D. Joaquin, previniéndole

solicite entre los papeles de este oficial el borrador de la carta de

15 de Abril de 780, escrita á esta Capitanía General, y el de la razon

con que la acompañó; y sacando copia puntual de uno y otro, la remita á

manos de V.S., para los fines que convengan al real servicio.

28. Bien es que el capitan D. Manuel de Orejuela tiene absueltos todos

esos puntos en sus enunciadas representaciones, en que ha expuesto

parecerle conveniente, que se haga una sola salida por Chiloé con mil

hombres de tropa arreglada, y quinientos mas para allanar los caminos, y

conducir los bagages, pertrechos de guerra, y demas que ocurra en tan

vasta empresa: refiriendo el número y clase de armas, y los otros

preparativos de guerra y boca que conceptua indispensables. Y por el

mismo caso de estar opuestos los dictámenes, pues el coronel D. Joaquin

en su citada carta de fojas 149 del quinto cuaderno, propuso que era

suficiente el número de cuatrocientos hombres de armas, así para allanar

el antiguo camino de Osorno á Chiloé, como para verificar los

descubrimientos que se apetecen, haciéndose á un mismo tiempo dos

entradas por Valdivia y por Chiloé, es forzoso que V.S. reconozca todos

los papeles y cartas, que sobre esto hubiese escrito el coronel D.

Joaquin, mayormente estando tambien opuesto el dictámen del Gobernador

de Chiloé D. Antonio Martinez y la Espada, segun se enuncia en la citada

carta de fojas 83 del cuaderno septimo.

29. Entre los muchos y buenos arbitrios que propone D. Manuel Orejuela,

parece al Fiscal muy oportunos y convenientes dos. El primero, él de

llevar la expedicion las canoas de viento, necesarias para el tránsito

de los rios y lagunas que se ofrecen en el camino, fabricándose de

pieles de lobos marinos, á poca costa, en que pueden cargarse de 15 á 18

quintales, y conducirse cuatro hombres, á mas del que fuere á

regresarla. Y el segundo, el que se traslade toda la gente y guarnicion

que hoy existe en la isla de Juan Fernandez, y se reuna en la plaza de

Valdivia: pues siendo esta la llave de todo el reyno, á ella se debe

aplicar todo el cuidado, y la mayor fuerza, siendo escusada la del

presidio de Juan Fernandez, porque esta isla estará bastantemente

guardada, siempre que se dé órden á los navios de la carrera que la

reconozcan en los viages que hicieren de Valparaiso al Callao, y tengan

cuidado de avisar, lo que en ella notasen, á este Superior Gobierno y al

de Lima. Cuyo pensamiento, apoyado con el ejemplar de la traslacion

hecha de la poblacion que habia en las Islas Malvinas á la bahia de San

Julian, es un argumento eficaz de la conveniencia, y aun necesidad que

hay de que se verifique la traslacion que propone D. Manuel de Orejuela.

Sobre que V.S. con sus superiores luces resolverá lo que le parezca mas

acertado y conveniente al real servicio, graduando los demas arbitrios

que insinúa, segun lo exigieren las actuales circunstancias, y las que

puedan ocurrir, para el mejor acierto de las expediciones proyectadas.

30. Ya que con haber fallecido el coronel D. Joaquin Espinosa, no han

podido tener efecto todas las diligencias prevenidas por el Exmo. Sr. D.

Agustin de Jauregui, en su carta de 20 de Agosto de 1779, concernientes

no solo á conservar la amistad contraida con los caciques de

Quinlchilca, Ranco y Rio Bueno, sino á adelantarla, y adelantar tambien,

si fuere posible, las noticias de la verdadera situacion de los

establecimientos que se pretenden descubrir, y la de los caminos mas

cómodos para llegar á sus poblaciones, seria desde luego muy conveniente

que el notorio celo de V.S. confiriese esta comision al sargento mayor,

D. Lucas de Molina, ó á otro oficial de honor de la plaza de Valdivia,

que hubiere manifestado deseo positivo de lograr el hallazgo de tales

poblaciones: ordenando al Gobernador de la plaza, que lejos de poner

embarazo en la práctica de estas diligencias, tan interesantes al

estado, contribuya por su parte, cuanto le sea posible, dando al

comisionado los auxilios que pidiere y necesitare para el desempeño de

su comision.

31. En esta virtud puede V.S., siendo servido, mandar que el comisionado

haga presente á los caciques amigos, por medio de Francisco Agurto,

Baltazar Ramirez, ú otros emisarios de su confianza, el deseo de verles

y manifestarles el agrado que han causado al Rey, á V.S., y al

Gobernador de la plaza, las expresiones y operaciones, con que en el

tiempo del Gobierno de D. Joaquin de Espinosa, dieron pruebas de su

lealtad y verdadera amistad con los españoles; y que con este motivo

procuren adelantar las noticias de los parages en que realmente existen

los establecimientos de españoles y extrangeros, si los hubiere, y la de

los caminos mas cómodos para llegar á sus poblaciones: aprovechando las

ocasiones que se les presenten de contraer nuevas amistades, y de

ponerlos en estado de que ellos mismos rueguen por el descubrimiento de

dichas poblaciones, y ofreciéndoles que, mediante su generosidad, serán

bien regalados ellos, sus mugeres é hijos. Que persuadan tambien á los

caciques amigos que procuren convidar á los caciques vecinos, á que

hagan el mismo allanamiento y propuesta, y de este modo consigan irse

internando hasta donde puedan, y purificar las noticias que vayan

adquiriendo, haciéndose al propio tiempo capaces de los caminos y

parages por donde pueda seguir la expedicion con mayor comodidad y

seguridad, y arreglarle los alojamientos, encargando para ello á estos

emisarios que demarquen con cautela los sitios y distancias, y que se

informen por donde se iba antes á Chiloé, con respecto á ser uno de los

principales objetos de las expediciones proyectadas, franquear la

comunicacion con aquella provincia; y que importa muchísimo saber con

fijeza cual sea el antiguo camino, ó el parage por donde sea mas pronto

y seguro el tránsito á ella.

32. Del propio modo puede V.S. prevenir al comisionado, que en atencion

á haber declarado Domingo Monte-Alegre, natural de Chiloé, que el

cacique Tanarailla, distante tres leguas del fuerte de Rio Bueno, le

comunicó que un chilate se hallaba cautivo abajo de Osorno en los

Juncos, en un parage nombrado Poyigué, que este sabe donde están los

españoles, y que el cacique le ofreció lo llevaria, sí quisiese, á que

hablase con él, á cuya propuesta asintió, pero que no lo ha vuelto á

ver; proponga al mismo Monte-Alegre si se allana á reconvenir al

cacique, para que lo lleve á hablar con su paisano, procurando se

verifique la entrada de este español, si es que no se encuentra en ello

riesgo de su vida, pues si es cierta la relacion del cacique, no hay

duda que el cautivo, no solo dará razon del sitio en que existen los

españoles y extrangeros, sino tambien del camino de Chiloé, y si le

cautivaron los mismos indios Juncos, ó los de otras naciones mas

avanzadas á aquella provincia, como de lo demas que tenga visto ó

sabido, con motivo de haber vivido entre aquellos bárbaros.

33. Así mismo será conducente, qué él comisionado haga que Francisco

Agurto procure que el cacique Manquemilla le cumpla la oferta que le

hizo, de que haria llamar á su sobrino Antuala, que vive en las

inmediaciones de la laguna de Puraylla, para que hablase con él, segun

se expresa en las actuaciones remitidas por el coronel D. Joaquin de

Espinosa, de resultas de la expedicion que hizo á su costa, y corren

desde fojas 125, hasta fojas 140 del cuaderno 5.° Pues cuando no se

adelante la adquisicion de mas claras luces de la ubicacion de los

establecimientos que se buscan, se consiguirá que la expedicion pueda

seguir sin mayor riesgo, y por caminos rectos ó menos ásperos, hasta la

citada laguna de Puraylla, ó hasta donde alcance la correspondencia de

Antuala con los caciques é indios de mas adentro. Advirtiéndoles tambien

que tengan particular cuidado de averiguar, si los indios intermedios

son muchos ó no, para que V.S. en esa inteligencia, pueda determinar la

fuerza que parezca suficiente: y en fin, que el comisionado empeñe su

celo y capacidad, en que los emisarios ó exploradores, bien instruidos

de sus prevenciones, adelanten cuanto sea posible en esta importancia.

34. Las mismas reales órdenes están respirando la suavidad con qué S.M.

quiere se verifiquen estas expediciones, y por eso el principal cuidado

qué en ellas se ha de tener, es y debe ser, evitar el recelo y

desagrado de los indios, y de todo punto el uso de las armas, á menos

que no haya otro recurso para defender las vidas, repeliendo la fuerza

con una defensa natural; y conseguir por medios suaves la internacion,

hasta que no quede duda de sí hay ó no los establecimientos que se

solicita descubrir: asegurándoles de la buena fé con que se camina, y

captándoles la voluntad, para que espontáneamente se reduzcan á nuestra

amistad y pidan el establecimiento de misiones en sus tierras; y lograr

con este antecedente la oportunidad de proponerles, ser para ello

preciso que queden españoles que acompañen á los misioneros, y los

defiendan de los rebeldes ó enemigos de los mismos indios.

Para consolidar la amistad con ellos, se les puede hacer presente la que

los de la frontera de la Concepcion tienen trababa con nosotros: el amor

y caridad con que les mira nuestro Soberano, la misma que profesa á

todos los indios en general. Que no quiere, ni apetece otra cosa que el

bien espiritual y temporal de todos ellos; que á este fin ha destinado

en esta capital un hermoso colegio, en que sus hijos sean doctrinados y

enseñados, costeando la real hacienda los maestros necesarios, para que

se hagan tan sábios é instruidos como los mismos españoles; y que en esa

atencion se les proponga deliberen enviar los suyos á este colegio,

asegurándoles que serán bien tratados, queridos y regalados; cuyas

insinuaciones no solo convendrá que las expresen á los caciques de

aquella jurisdiccion los emisarios ó exploradores sobredichos, sino

tambien el comisionado, el Gobernador de plaza, y aun el oficial ú

oficiales á quienes se hubiere de encomendar el mando de las

expediciones, el tiempo y cuando hubiese de llegar y pasar por sus

terrenos.

35. Y ya que ha llegado el caso de hablar del modo y arbitrios que

pueden presentarse para el logro de que estos naturales, abdicando de sí

aquella ferocidad que les acompaña, y aquel odio y rencor implacable que

han concebido contra la nacion española, no dejara el Fiscal de apuntar

uno que le ocurre, y le parece concerniente y oportuno. Las mismas

actuaciones, que comprenden estos autos, estan acreditando que los

indios de la jurisdiccion de Valdivia, y todos los de esta nacion en

general, lo que aborrecen entrañablemente es considerar que puede llegar

el caso de que los españoles los reduzcan á servidumbre, ó sugeten á

encomiendas, como lo practicaban y practicaron luego que fundaron las

ciudades de Osorno, Imperial, Villa Rica, Angól, Valdivia, Infantas y

Loyola, cuya total destruccion provino del deseo que asistia á los

subyugados de verse libres de esta especie de esclavitud. En las propias

actuaciones habrá notado V.S. que aun subsiste en el ánimo de los

indios, muy vivo el recelo de caer en ese infortunio, y que por eso han

soltado una que otra expresion relativa á estos puntos, ya diciendo que

los españoles son muy temerarios y tiranos, y ya que los han de hacer

esclavos, ó sugetarlos á encomiendas, si se juntan con los Aucahuincas

que se salvaron del asedio de la ciudad de Osorno.

36. No es este tema nuevo en los indios de Chile, sino muy antiguo, y

viene de muy atras. Prueba de ello son los pasages ocurridos al Padre

Luis de Valdivia, el año de 1613, con los caciques é indios de la

frontera de la Concepcion. Viendo la Magestad de nuestro Católico Rey D.

Felipe III., lo poco que aprovechaban los medios de la fuerza y del

rigor para sugetar á los indios chilenos, que tan soberbios é insolentes

se hallaban con las victorias que habian tenido, y con la toma y ruina

de las ciudades que nos destruyeron, se dignó resolver, que totalmente

se mudase de estilo en esta conquista, y que dejando del todo la guerra

ofensiva, se redujese solo á la ofensiva: considerando que por este

medio se reducirian los indios mas facilmente á la Fé, y la recibirian

con mas amor y aplicacion, viéndose libres del tumulto, y ruido de las

armas, para lo cual se valió de la prudencia, celo y eficacia del citado

Padre Luis de Valdivia, religioso de la extinguida compañia de Jesus,

eligiendo por Gobernador á D. Alonso de Rivera, que á la sazón lo era

del Tucuman, y antes lo habia sido de Chile. Luego que este religioso

llegó á la Concepcion, empezó á tratar con los indios de guerra, de los

medios de la paz que de parte del Rey les ofrecia, dando principio por

las naciones cercanas, que eran las de Arauco, Tucapel y Catiray, á

quienes envió los mensageros que tuvo por convenientes. Noticiosos los

indios de esta novedad, resolvieron se hiciese una junta con el Padre

Luis en Nancú, lugar que está en medio de todo Catiray, para que allí se

tratase del negocio propuesto, y de los conciertos de paz y amistad que

deseaban; á cuyo fin se habian congregado diez parcialidades.

37. Habiendo el Padre resuelto su salida, y llegado al lugar en que le

esperaban los caciques, se echaron sobre sus brazos, mostrando gran

contento de su llegada á aquellas tierras, y tomándole de la mano

Guayquimilla, que era el mas principal de ellos, se la besó en nombre de

todos los demas, y le hizo un elegante razonamiento, diciendo que "de su

alegre venida no solamente estaba regocijada la gente á quien llevaba

tan grande bien, pero que los mismos brutos animales, las yerbas, las

flores, las fuentes y los arroyos saltaban de placer y contento."

Despues de estas primeras cortesias, se sentaron á razonar y discurrir

sobre las materias de las paces; y entre otras razones, dijo uno de los

tres caciques:--Padre, todos los indios principales desean la paz,

aunque el pueblo y los soldados no se pueden persuadir de que los

españoles la quieren y la desean. A que replicándole el Padre: como

podia ser eso, cuando el Rey lo habia enviado solo á ese fin, por el

cual se habia arrojado á los peligros de tantos males, hasta llegar á

sus tierras; y que eso mismo, y no otra cosa, pretendian el Sr.

Gobernador, los Maestres de campo y capitanes? Respondió el

cacique:--"No dudo de eso que dices; lo que se duda es que los españoles

quieran paz, que sea paz. Bien sabemos que gustarán de la que llaman

ellos paz, y yo no la tengo por tal, que es que nosotros nos rindamos, y

nos sugetemos á ellos, y les sirvamos como á nuestros amos y señores; y

esto no es paz, sino ocasion de las inquietudes, perturbaciones y

guerras, que hemos tenido hasta aquí. Paz es la que tienen los españoles

entre si, y la que tienen los indios entre nosotros, gozando cada uno de

su libertad, y de lo que tiene, sin que ninguno se lo quite, ni quiera

mandarle, ni tenerlo debajo. Esto llamamos paz, y esta la abrazarémos

muy de corazon. Pero si no tratas de esta paz, y quieres la que los

españoles llaman paz, no verás que la admitamos mientras el sol gire por

el cielo."

38. Vea ahora V.S. si es nuevo en los indios el sistema de resistir toda

especie de servidumbre y sugecion al español. Ninguna otra cosa

aborrecen mas, que el hecho de privarles de la natural libertad con que

todos nacemos, y así quieren gozar de la misma que disfrutan los

españoles entre sí, y los mismos indios unos con otros. Por lo que

parece al Fiscal que el remedio eficaz, de que los naturales de la

jurisdiccion de Valdivia, y demas que residen tierra adentro hasta el

estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos, se reduzcan, será proponerles

que gozarán de una total libertad, sin que jamas llegue el caso de que

se les reduzca á esclavitud ó encomiendas; y que tampoco se les

pensionará con tributos, ni otros pechos, aunque sea dispensado la

disposicion de la ley 9, tít. 4, lib. 4 de las Recopiladas de estos

reynos: previniéndoseles que serán tratados como los mismos españoles,

sin diferencia alguna, pues son vasallos de un propio soberano, cuya

real benignidad ha tenido á bien adoptarlos por tales, y recibirlos bajo

de su poderosa proteccion y amparo.

39. Ni este pensamiento puede oponerse en manera alguna á la política

que hasta aquí se ha observado con esta nacion, porque atendiendo á que

los del reyno del Perú reconocian á los Incas por sus soberanos y reyes,

y les pagaban sus contribuciones en prueba del vasallage que les

rendian, como no ha sucedido esto así con los del reyno de Chile que

residen tierra adentro, no parece disconforme que, aunque á aquellos se

le pensionase con el tributo que señala la ley, se dispense con esta

semejante contribucion, una vez que, segun nos cuentan las historias,

los emperadores peruanos, no llegaron, ni pudieron pasar con su

conquista, de la tierra de los Promocaes, y rio caudaloso de Maule, que

divide la provincia de este nombre de la de Cauquenes, por la ferocidad

y braveza de los que habitan en esa parte hácia el sur; quedando el rio

señalado por términos del imperio, de órden de Yupanqui, décimo Inca de

aquella dinastía. Con que, si es constante que los indios no reducidos,

que son los que hay desde el caudaloso rio Bio-bio, para el sur, hasta

el estrecho y costas patagónicas, no reconocen otro soberano ni rey (á

excepcion de algunos amigos de la frontera), que á sus caciques

particulares, sin retribuirles pension alguna en señal de vasallage, no

sería desde luego extraño que se les tratase de la paz y amistad con los

españoles, con el pacto de las insinuadas excepciones; practicándose lo

mismo con los de la frontera de este reyno, á fin de que se vayan

domesticando, y viendo que nuestras ofertas son ciertas, y nuestra

amistad sincera, se procuren españolizar, casándose indios con

españolas, y españoles con indias, á cuyo propósito sería oportuno

autorizar á los de una y otra nacion.

40. Los felices principios, que por efecto de la Providencia,

facilitaron la adquisicion del terreno en que hoy se halla situado el

fuerte de Rio Bueno, y establecida la mision que con instancia pidieron

sus caciques, en la cual se han percibido ya los frutos que manifiesta

el plano de fojas 47 del octavo cuaderno, dan sin duda fundada esperanza

de que no acaso se han logrado estas ventajas en cerca de siglo y medio

que no se oia la voz del evangelio en aquellas tierras, y de que el

Altísimo quiere ya dispensar los arbitrios de que nuestra sagrada

religion se plantifique en un terreno, cuyos habitadores se han mostrado

hasta aquí contrarios nuestros; y prometen al mismo tiempo unos

agigantados progresos en la importante empresa de descubrir las

poblaciones que han motivado la resolucion de las expediciones de que se

trata; y así seria desde luego reprensible delante de Dios y del mundo,

sacar del seno de la barbarie la semilla de la verdadera doctrina que

acaba de sembrarse con arreglo á los dogmas de la religion, y á las

soberanas y muy piadosas intenciones de nuestros Católicos Monarcas, que

solo han anhelado con religioso celo las conquistas espirituales; lo que

forzosamente sucederia si se adhiriese á las repetidas instancias que ha

hecho el actual Gobernador D. Pedro Gregorio de Echenique, sobre que se

quite y destruya el mencionado fuerte, sin mas fundamento que los

recelos y desconfianzas que le asisten de la infidelidad de los indios

que le pidieron, haciendo con esto retroceder el estandarte de la fé,

cuando todos estamos constituidos en la gloriosa obligacion de llevarlo,

y propender á que se conduzca hasta las extremidades de la tierra. Por

estas justas consideraciones que trascienden á las utilidades del

estado, no debe mirarse con indiferencia lo que se ha ganado sin

violencia, por lo que es indispensable aplicar el hombro á mantener

aquel puesto, y sin perjuicio de una prudente economia, sostener, aunque

sea á mas costa, la guarnicion que en él se halla, y aun aumentarla,

segun se reconozca por los informes del comandante y del Padre

Misionero, de la disposicion de ánimo de los caciques; previniéndoseles

con anticipacion y sagacidad, que en prueba del aprecio que ha hecho Su

Magestad de la voluntaria oblacion que le hicieron de aquel terreno, se

ha dispuesto remitir algun número mas de hombres que los defiendan de

sus contrarios.

Derroteros y viages à la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creia existiese en la Cordillera, al sud de Valdivia. · 第 6 / 7 段