8.° Francisco Agurto declara nuevamente á fojas 49, que con motivo de

haber sido uno de los que fueron al otro lado del Rio Bueno en la

escolta que se dió al cacique Queupul, como parcial nuestro, consiguió

hablar sobre la existencia de los españoles, nominados _Césares_, con

varios indios, á quienes por haber hallado muy adictos al Gobernador y á

los españoles, pudo ya sin cautela tocarles este asunto de ellos,

siempre cautelosamente promovido. Que de estas conversaciones resultó

que el cacique Neucupangui, que tiene su habitacion y terreno adelante

de Rio Bueno hácia las cordilleras, le comunicase que los españoles que

buscábamos, estaban á este lado de la Cordillera; pero que fuera de

estos habia al otro lado, á orillas del mar, otros _Huincas_, ó

españoles muy blancos, que eran muchos, y se hallan allí poblados de

navíos perdidos; que eran muy valientes, tenian murallas, y no se darian

por bien. Que eran muy ricos, y tenian comercio, porque entraban

embarcaciones en su puerto. Que esta gente se comunicaba con otros

llamados _Césares_, por un camino de risqueria, que solo á pié se podia,

andar, en que tardaban dos dias. Que toda esta declaracion la oyó el

declarante, igualmente de otro cacique, llamado Imilguir, tambien de

tierra adentro, y que no duda de su certidumbre por la ingenuidad con

que le hablaban en este particular, pues diciéndoles el que

declara:--"esos serán los de Chiloé," respondieron:--"esos están por ahí

abajo, que no ignoramos nosotros para dar esta noticia": lo mismo que

repite este declarante á fojas 78, contando los pasages que le

ocurrieron al entrar á la laguna de Puyegué.

9.° A fojas 15 dice la india Maria, natural de Naguelguapí, que su madre

tenia amistad con unos españoles que se hallaban inmediatos á su tierra,

y que con el motivo de haber caido enferma, la llevó á una islita, en

donde habia un religioso y una señora de edad: que el religioso tenia

los hábitos como los de San Francisco, y la quizo bautizar, y ponerle

por nombre _Teresa_. Que dicho religioso estaba en la isla como

misionero, y á ella ocurrian á rezar algunos indios. Que inmediato á la

isla hay una poblacion, situada de la otra banda de la laguna de

Puyegué, en la cual hay algunos indios y muchos españoles, los que

habitan en unos altos, sin permitir entrar á los indios. Y á distancia

de un dia de camino, hay otra poblacion, cuyos dueños tienen muchas

armas de fuego, y hablan distinta lengua que los primeros, los cuales

tienen muy pocas armas de fuego, y sí muchas lanzas. Que mantienen

continua guerra con los de la segunda poblacion por causa de sus

ganados; y que los primeros, segun lo que la madre de la declarante le

tiene dicho, usan del vestuario como nosotros, y por zapatos, _sumeles_.

Que tienen comercio con los otros, de quienes se proveen de lienzos,

añil y chaquiras, y que tienen una especie de lana que se cria en

árboles, la que traen de la otra banda de la Cordillera, hacia el Cabo

de Hornos, conchavándola á los indios. Tambien que aquellos españoles

solicitan saber de nosotros, pero que los indios les infunden temor,

diciendo: _que somos muy temerarios y tiranos_, y que por un rio grande

que es de mares, se comunican los de una poblacion con otra, por unas

barcas grandes.

10. A presencia de semejantes atestaciones, parece que no debe ya

dudarse de la existencia de aquellas poblaciones, bien sean de

españoles, ó bien sean de extrangeros, que segun el uniforme dicho de

los indios, hay en la una y otra banda de la Cordillera hácia la parte

del sur, y en la altura del estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos:

porque aunque no puede negarse que han producido con alguna variedad sus

asertos y noticias, en cuanto á la situacion de tales poblaciones, esto

puede provenir de varias causas y motivos. El primero de la misma

naturaleza de los indios, que siendo sumamente recelosos del español,

muy tímidos y observantes de sus ritos como leyes inviolables, segun lo

advierte Francisco Agurto, á fojas 98 vuelta, y en su declaracion de

fojas 96, no es inverosimil persuadirse, que ya que descubren el

secreto, para ellos misterioso, y de la mayor gravedad, varien en una ú

otra circunstancia. El segundo, de que los intérpretes ó lenguaraces no

hayan entendido bien lo que ellos han querido decir, explicando los

lugares de la situacion. Y el tercero, de que los mismos indios por su

rudeza no hayan sabido explicar este punto. Y así debe atenderse

principalmente á la substancia de lo que declaran acerca de la efectiva

existencia de dichas poblaciones, mayormente estando todos contestes en

cuanto á este punto, sin que lo contrario arguya el éxito de las

expediciones hechas á costa del coronel D. Joaquin de Espinosa, de que

dá puntual razon el Reverendo Padre Fray Benito Delgado, en su carta de

fojas 99 del 5.º cuaderno, y á fojas 127 los cadetes D. Miguel, y D.

Manuel de la Guarda, D. Joaquin, y D. Juan Angel Cosio, el sargento

Gregorio Pinuer, el condestable Pedro Alvarez, los cabos Teodoro Negron,

y Feliciano Flores, y los soldados Francisco Agurto, Baltazar Ramirez,

Miguel Espino, Tomas Encinas, Andres Olguin, y Domingo Monte-alegre.

Pues, confesando que no pasaron á mucha distancia de las lagunas de

Poyequé y Llauquigue, ni llegaron á la otra laguna de Puraylla, que

divisaron desde un alto de la Cordillera, donde vieron algunos humos, y

que oyeron unos tiros, como de esmeril ó pedrero, los que pudieron ser

efecto de los volcanes inmediatos, no debe tenerse esto por documento

suficiente que califique absolutamente la falsedad del comun y general

aserto de los indios, y mucho menos cuando los caciques, en el acto

mismo de reconocer estos españoles las precitadas lagunas, ratificaron

las mismas noticias aseverando que los Moro-huincas de la segunda

poblacion son ingleses, y que son muy guapos, que estan muy lejos, y muy

fortificados, como se vé á fojas 35 y fojas 36 de dicho 5.º cuaderno.

11. Si V.S. recuerda las memorias de las épocas anteriores, hallará que

nuestra nacion española no tuvo mejores ni iguales fundamentos para

haber hecho los descubrimientos que admira todo el orbe. Despues que el

almirante D. Cristoval Colon, obtuvo las noticias que le comunicó el

Piloto Alonso Sanchez de Huelva, de la nueva tierra que habia visto,

juzgándolas por sueño los de su propia república, y las coronas de

Portugal, Francia é Inglaterra, á quienes convidó con ellas:--despues

que habiendo vencido inmensos trabajos, logró descubrir la isla nombrada

Guanani, que ultimamente se llamó de San Salvador, no tuvo otro

comprobante de la existencia de las demas que halló, que el dicho y

aserto de los indios. Cuando Barco Nuñez de Balboa descubrió la tierra,

en que se fundó la villa de Santa Maria, la antigua del Daryen, no tuvo

otro antecedente para saber de la situacion del mar del sur, y de las

tierras del Perú que el dicho de un hijo del cacique Careta, apuntándole

con el dedo hácia el medio dia. El marquez D. Francisco Pizarro,

habiendo navegado hasta la tierra del Tumbez, no tuvo otro fundamento

para creer la existencia del Cuzco, su riqueza y poderoso imperio, que

el dicho de los mismos indios Tumbezes. Y en fin el Adelantado D. Diego

de Almagro, para haber tomado á su cargo el descubrimiento y conquista

de este reyno de Chile, no tuvo mas fundamento que las noticias que le

comunicaron en el Cuzco los indios de aquella jurisdiccion, igualmente

que el Inca Mango sucesor de los dos hermanos Guacan y Atahualpa. Con

que se concluye, que el simple dicho y aserto de los indios, por los

efectos que en todos tiempos ha causado, no debe despreciarse

enteramente, y mucho menos cuando es uniforme y conteste entre los

mismos que lo producen.

12. Bien es, que el demasiado deseo de nuestros españoles por las

riquezas y metales preciosos, ha llegado á fabricar en sus ideas algunos

paises ó poblaciones imaginarias en estas Américas, cuya fantasía se ha

apoyado con el embuste de los indios, que por apartar de sí á los

nuestros, han procurado empeñarlos en el descubrimiento y conquista de

algun pais riquísimo, que fingian hácia tal ó tal parte: como sucede en

el Perú, donde corre la opinion de que entre aquel reyno, y el Brasil

hay un dilatado y poderoso imperio, á quien llaman el _Gran Paytití_,

donde dicen se retiró con inmensas riquezas el resto de los Incas,

cuando se conquistó el Perú por los españoles, sustituyendo el nuevo

imperio en lugar del que habian perdido: sobre cuyo descubrimiento y

hallazgo se han dedicado muchos con esmero, y gastado crecidas

cantidades, sin otro fruto que el desengaño. En la provincia de la

Guayana, que está al sur de Caracas, se dice así mismo que hay un

pueblo, á quien llaman _el Dorado_, por ser tan rico, que las tejas de

las casas son de oro; y al norte del nuevo Méjico, que hay un pais

denominado la _Gran Quivira_, reducido á un imperio floridísimo, que se

formó de las ruinas del Mejicano, retirándose allí cierto principe de la

sangre real de Montezuma. Y aunque sobre descubrir esta Gran Quivira, no

se han impendido gastos algunos, pero sí se han erogado muchos sobre el

Dorado, sin que se haya conseguido otro favorable efecto, que el que han

tenido las expediciones del _Gran Paytití_. Y teniendo presente estos

acaecimientos, algunos críticos han colocado las poblaciones de los

españoles, que llaman _Césares_, entre los paises imaginarios, fundando

su opinion en los antedichos egemplares, y en que no han podido ser

hallados, sin embargo de la solicitud con que muchas veces han sido

buscados: como entre otros sucedió con el Padre Nicolas Mascardi, de la

Compañia de Jesus, apostol de las Indias de Chiloé, que habiendo entrado

tierra adentro en demanda de estas poblaciones, el año de 1673, solo

consiguió morir á manos de los indios Poyas.

13. Mas aquí tenemos otros fundamentos sólidos, que hacen verosimil la

existencia de los españoles, á que el vulgo ha querido denominar los

_Césares_, porque los indios que la han declarado uniformemente, nada

han dicho de ponderacion que pueda mover la codicia, pues han asegurado

que tienen lino, que tienen casas de paja y totora, que tienen

artilleria menuda, pocas armas de fuego, y muchas lanzas, con otras

particularidades que no militan en el imperio del _Paytití_, y poblacion

del _Dorado y Gran Guivira_. Han expresado que semejantes poblaciones de

españoles proceden de los que se salvaron en el asedio de las siete

ciudades, acaecido en el año de 1599; y siendo todo esto muy verosímil,

como tambien que puedan ser de los que habitan la ciudad de las Infantas

que se desapareció en aquel tiempo, sin que se pudiere saber el fin que

tuvo, ni donde estuvo situada, no hay desde luego razon, para que,

inclinándonos á la opinion de los críticos, creamos que son fingidas é

imaginarias tales poblaciones. A lo que se agrega otra reflexion, que

nace del naufragio que han padecido algunas naves en el estrecho de

Magallanes. Segun nos cuentan las historias, entre las armadas que se

han perdido en ese estrecho, una fué la de cuatro navios que despachó el

Obispo de Placencia para poblar las islas Malucas; los cuales habiendo

llegado con buen tiempo al Estrecho, hallándose veinte leguas dentro de

él, se levantó por la proa un viento tan récio, que no pudiendo volver

atrás ni tener por donde correr, dieron los tres de ellos en tierra, y

se perdieron; pero no la gente, que esta se salvó. La cuarta nave tuvo

mejor suerte, porque corriendo fortuna, pudo desembocar otra vez al mar

del norte, y sosegada la tempestad, volvió á envestir al Estrecho, y

llegó al parage donde se habian perdido las compañeras, hallando en

aquellas riberas la gente que se habia salvado en tierra: los que viendo

la nave, comenzaron á hacerle señas, y á gritar á los que iban dentro,

pidiéndoles que los recibiesen: pero que no lo hicieron, porque los

bastimentos que habian quedado eran tan pocos, que temian no bastasen

aun para los del navio.

14. Ahora pues, como no se sabe con certidumbre qué se haya hecho de

estos hombres, y se dice, por otra parte, que en la realidad hay gente

de Europa poblada hácia el Estrecho de nuestro continente, no es dificil

persuadirnos que, viéndose perdidos, se entrasen tierra adentro, y

emparentando con alguna nacion de indios de los que allí existen, se

hayan ido multiplicando de manera, que se hayan dejado sentir de las

naciones mas vecinas, y de estas pasado á otras las noticias, que

siempre han corrido muy vivas, de que en efecto hay tales gentes en

aquel parage, á quienes llaman _Césares_: sin duda por la tradicion de

que, reinando el emperador Carlos V., salió un navio cargado de familias

para poblar este sitio, y varando en la costa el bajel, entraron ellos

tierra adentro, y formaron la citada poblacion. Consideraciones todas

por que los geógrafos la han situado en una abra de la Cordillera

Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud.

15. Cuando no hubiesen otras razones que fundasen la necesidad de

indagar la real y verdadera existencia de estas poblaciones, serian sin

disputa, en concepto del Fiscal, un poderoso motivo, para que por todos

los medios posibles se procurase salir de toda duda y equivocacion; pero

habiendo sospechas vehementísimas, que casi hacen evidente el

establecimiento de naciones extrangeras en los terrenos que hay del

estrecho de Magallanes para el norte, tampoco hay arbitrio para que

dejen de verificarse las expediciones que propuso el coronel D. Joaquin

de Espinosa, en su carta de 4 de Marzo de 1778, que se halla á fojas 143

del cuaderno 5.°

16. Sobre las noticias que de ellos han dado los indios, y quedan ya

apuntadas, concurre la notable circunstancia de haber sido siempre este

fertilísimo reyno el objeto de la envidia de las naciones, extrangeras,

especialmente de la inglesa. Prueba de ello es el continuo desvelo con

que esta potencia se ha dedicado á indagar la situacion de los puertos,

costas y ensenadas de nuestra América meridional, y los viages que

prácticaron al mar pacífico los piratas Francisco Drake, el año de 1579,

entrando al puerto de Valparaiso; Tomas Candish, ó Cavendish, el de

1587, dejándose ver en la isla de Santa Maria y Valparaiso; Ricardo

Achines en el de 1593; Oliver de Noort el de 1599; Jorge Spilberg en el

de 1615, con seis navios; Jacobo Lemaire, Guillermo Schouten y Guillermo

Fiten el de 1616; Henrique Beaut, que el de 1633 con una escuadra

considerable salió de Pernambuco, y entró en el mar del sur; por el

estrecho de Lemaire. Era su ánimo tomar el presidio de Valdivia, y

fundar allí una colonia: pero habiendo desembarcado su gente, y

empezádose á fortificar en aquel sitio, el Gobernador de la plaza y su

guarnicion, ayudados de los indios, los desalojaron á cuchilladas,

obligándoles á abandonar el puesto. Henrique Morgan, el de 1669, Carlos

Henrique Clarke, el de 1670; y el de 1680, Bartolomé Charps, Juan

Guarlen, y Eduardo Valmen saquearon los puertos y lugares abiertos de

las costas del Perú y Chile. Y en el presente siglo, Tomas Colb, el año

de 1708; Juan Chilperton el de 1720; Eduardo Wernon el de 1740; y el de

1741 el vice Almirante inglés, Jorge Anson; y en fin el viage del

comandante Byron, hecho al rededor del mundo, y la descripcion puntual

que de órden del almirantazgo egecutó del Estrecho, mencionando sus

bahias, puertos, rios y ensenadas, el año de 1764.

17. Estas consideraciones, unidas á las que con maduro acuerdo hace el

capitan D. Manuel Josef de Orejuela en las tres representaciones que ha

exhibido con fechas de 21 de Noviembre de 1781, 18 de Febrero, y 12 de

Abril del corriente año, califican en tanto grado la sospecha de que los

ingleses se hayan poblado y fortalecido en algunos de puertos que hay

desde la bahia de San Julian para el sur hasta el Cabo de Hornos, que

apenas habrá hombre prudente que, reflexionando con detenida meditacion

la materia, dude de semejantes establecimientos. Pero como es este un

punto de los mas graves é interesantes al Estado, es forzoso que el

distinguido celo de V.S. para remover todo escrúpulo de duda, no omita

diligencia, por leve que sea, á fin de esclarecer estas sospechas. Y

supuesto que el capitan Orejuela, en el capítulo 12 de su representacion

de fojas 5 del 9.º cuaderno, expresa haber reconocido cierta declaracion

tomada al Reverendo Padre Prior del convento de San Juan de Dios del

presidio de Valdivia, en que aseguraba que, habiendo salido de Cádiz el

año de 750, en el navío _el Amable Maria_, en la altura de 50 grados de

latitud al sur, descubrió en uno de los cerros de aquel estrecho, que

tenian á la vista, un hombre embozado en una capa azul, con sombrero

negro redondo; y una muger igualmente vestida de azul, que se reconocia

serlo por la ropa talar, acompañados de un perro grande blanco y negro;

á quien habiendo llamado á la voz con señas, no respondieron palabra: y

otra de los Reverendos Padres Misioneros venidos en el _Toscano_, en que

constaba, que á la altura de 37 grados de latitud, por la parte del sur,

encontraron una embarcacion inglesa de dos palos, que dijo se entretenia

en la pesca de ballena, y los obsequió con un barril de aceite de ella,

en correspondencia de otro de aguardiente, con que el capitan español

los cortejó; seria muy oportuno y conveniente, que una vez que no se

encuentran en estos autos semejantes declaraciones, se sirva mandar

V.S., que informe el citado Padre Prior del convento de San Juan de Dios

de Valdivia, y los religiosos misioneros venidos en el _Toscano_, sobre

los pasages mencionados; y que expresando el capitan Orejuela, cual es

la persona que le ha comunicado las noticias que refiere en los

capítulos 32, 33 y 36 de su representacion de fojas 5, se le tome

igualmente su declaracion jurada al tenor de los hechos relacionados en

los capítulos 33, 36 y 37.

18. Convendrá así mismo se tome igualmente declaracion al caballero

francés Mr. Romanet, que se dice hallarse hoy en Buenos Aires, empleado

en nuestra marina real, y destinado entre otros oficiales de este cuerpo

á la division de los límites con Portugal, para que exponga con la

debida claridad, si es cierto que cuando acompañó á Mr. de Bougainville

en el viage que hizo al rededor del mundo, al desembocar el estrecho de

Magallanes, por donde pasaron al mar del sur, vieron un _sloop_ á corta

distancia; el cual, sin embargo de hallarse bien cerca de tierra,

inmediatamente viró de bordo, y giró para ella; por lo que al instante

lo perdió de vista la fragata francesa. Y en esta atencion puede V.S.,

siendo servido, pasar el correspondiente oficio al Exmo Sr. Virey de

Buenos Aires, á efecto de que S.E. disponga lo que tenga á bien sobre

esta importante diligencia, y que remita dicha declaracion á V.S. para

que se agregue á los autos.

19. Y por lo que respecta á los medios y arbitrios que propone el

nominado capitan para la mejor defensa de este reino, especialmente en

cuanto á que la escuadra, que ha despachado Su Magestad para el seguro

de estos mares, se destine á guardar la plaza de Valdivia, dándose á su

Comandante la comision de inspeccionar aquella fortaleza y artilleria, y

á esta Capitanía General las facultades del Exmo. Sr. Virey, para que,

en el caso de ser preciso variar las órdenes que se comunican á los

comandantes, pueda resolver y mandar cuanto convenga al real servicio

puede V.S., siendo servido, consultarlo con S.E., remitiéndole

testimonio íntegro de este cuaderno 9, en que se incluyen las tres

representaciones hechas por el capitan D. Manuel de Orejuela, á fin de

que la consumada práctica y pericia de S.E. en el arte de la guerra

disponga lo que tuviere por conveniente; pues el Fiscal cree que el

único seguro medio de guardar este reino es el de que se acceda á las

propuestas que sobre este punto hace el precitado D. Manuel: por lo que

desde ahora pide y suplica á V.S. se sirva hacer formal instancia en

aquella superioridad, á efecto de que cuanto antes se dé este destino á

la escuadra real en la plaza mencionada.

20. Con lo expuesto hasta aquí, ha evacuado el Fiscal su respuesta en

órden á los puntos concernientes á poblaciones de españoles y

establecimientos de extrangeros en nuestro continente, y así concluirá

su discurso acerca de estos mismos puntos, con expresar á V.S. la

substancia y concepto que ha formado de lo que el indio guilliche

Guechapague y los caciques Curical, Guillapangui y Quiñaguirrí

comunicaron al capitan de la reduccion de Maquegua, D. Fermin Villagran,

y ha expuesto en las declaraciones que de órden del Maestre de Campo,

General de la ciudad de la Concepcion, se le recibieron, y constan á

fojas 99 y 102, del citado cuaderno 9.

21. En una y otra expresa Villagran haberle asegurado los antedichos

caciques é indios, que habia una poblacion de españoles, que estaban

comprando á las cautivas, los cuales se han situado á la orilla del rio

Miuleú, cuyo trage es de paño azul, y otros de amarillo; el sombrero

chico y apuntado de tres picos, y mantienen comercio con el cacique

Curihuentú, que dista de ellos dos leguas, y que en distancia de seis,

tierra adentro de la desembocadura de dicho rio en la mar, está la nueva

poblacion muy bien fortificada con su estacada, y mucha artilleria

gruesa. Y aunque D. Manuel de Orejuela, en vista de esta declaracion,

procura fundar que es de ingleses este nuevo establecimiento, el Fiscal

cree y conceptua que no es así, sino que esas son nuestras nuevas

poblaciones, que de órden de S.M. se han verificado en la Bahia sin

Fondo, como el Exmo. Señor Virey de Buenos Aires lo anuncia á V.S. en su

carta, fecha en Montevideo, á seis de Mayo de este año. Manifestará la

razon en que funda su dictámen, y quedará la materia tan clara como la

luz del dia.

22. Segun el mapa geográfico de la América Meridional, dispuesto y

grabado por D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, impreso en Madrid el

año de 1775, el rio Mianlú, Leubú ó Sanquel, que los indios llaman

Miuleú é Neuquen, es el mismo rio que nosotros le llamamos Negro, el

cual toma su orígen de las lagunas de Guanachi, desde donde corre norte

sur, hasta la altura de 38 ó 39 grados de latitud, y desde ahí sigue del

occidente al oriente con alguna oblicuidad, hasta desembocar en el mar,

donde se forma la Bahia sin Fondo. Con que si esto es así, y constante

que las nuevas poblaciones de españoles se hallan situadas en la

expresada bahia, en que el rio de Miuleú desemboca al mar, es evidente

la verdad con que hablaron los caciques é indios Guilliches al capitan

Villagran, y que no debe por esa parte recelarse establecimiento de

extrangeros, quedando así enteramente desvanecido el concepto que acerca

de este punto ha formado el capitan Orejuela.

23. Pero como subsisten vigorosas las demas razones y fundamentos que

forman una mas que semiplena probanza de la realidad del establecimiento

de nuestros enemigos en aquellos propios terrenos, por eso, con

justísima razon el poderoso invicto Monarca, que felizmente nos

gobierna, tuvo á bien expedir la real órden de 29 de Diciembre de 1778,

en que, á consecuencia de las actuaciones que promovió el distinguido y

ardiente celo del Coronel D. Joaquin de Espinosa, se sirvió adoptar las

oportunas y bien fundadas reflexiones que le hizo esta Capitanía

General, en apoyo de la propuesta que el Coronel D. Joaquin explicó en

su carta de fojas 143, del cuaderno 5, dejando á la discrecion de este

Superior Gobierno el arreglo de las expediciones que han de egecutarse,

con el importantísimo objeto de descubrir semejantes establecimientos, y

salir de una vez de dudas y equivocaciones: graduando el tiempo en que

convenga se verifiquen con la menos costa que sea posible: formando á

este efecto las instrucciones que hayan de observarse, y cuidando de

precaver en ellas todos los riesgos que las pueda empeñar en la pérdida

de gentes, sin una necesidad muy urgente, y que no pueda remediarse ó

alcanzarse, por razon de haber de hacer sus marchas por parages

desconocidos. En la inteligencia de que, el Señor Capitan General de

este reyno ha de entenderse en derechura con el Exmo. Señor Virey del

Perú, para cuanto le ocurra sobre este particular: á cuyo fin le ha

prevenido S.M. preste los auxilios de tropa y demas que sea conveniente

para la consecucion de esta empresa.

24. Esta real resolucion, y las que le contienen en las órdenes de 2 de

Diciembre de 1774, 10 de Agosto de 75, 18 de Julio de 78, y 29 de

Diciembre de 78, que se contienen en el 7.º cuaderno, manifiestan la

decidida real voluntad, acerca del efectivo envio de las expediciones

proyectadas por el Coronel D. Joaquin de Espinosa, en su citada carta de

fojas 143 del 5.° cuaderno. Y en esta virtud, lo que hoy únicamente

resta, y de que se debe tratar, es del tiempo en que convendrá

egecusarse estas expediciones, y del modo y circunstancias que deban

observarse antes, y en el acto de su verificativo.

Derroteros y viages à la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creia existiese en la Cordillera, al sud de Valdivia. · 第 5 / 7 段