haber sido uno de los que fueron al otro lado del Rio Bueno en la
escolta que se dió al cacique Queupul, como parcial nuestro, consiguió
hablar sobre la existencia de los españoles, nominados _Césares_, con
varios indios, á quienes por haber hallado muy adictos al Gobernador y á
los españoles, pudo ya sin cautela tocarles este asunto de ellos,
siempre cautelosamente promovido. Que de estas conversaciones resultó
que el cacique Neucupangui, que tiene su habitacion y terreno adelante
de Rio Bueno hácia las cordilleras, le comunicase que los españoles que
buscábamos, estaban á este lado de la Cordillera; pero que fuera de
estos habia al otro lado, á orillas del mar, otros _Huincas_, ó
españoles muy blancos, que eran muchos, y se hallan allí poblados de
navíos perdidos; que eran muy valientes, tenian murallas, y no se darian
por bien. Que eran muy ricos, y tenian comercio, porque entraban
embarcaciones en su puerto. Que esta gente se comunicaba con otros
llamados _Césares_, por un camino de risqueria, que solo á pié se podia,
andar, en que tardaban dos dias. Que toda esta declaracion la oyó el
declarante, igualmente de otro cacique, llamado Imilguir, tambien de
tierra adentro, y que no duda de su certidumbre por la ingenuidad con
que le hablaban en este particular, pues diciéndoles el que
declara:--"esos serán los de Chiloé," respondieron:--"esos están por ahí
abajo, que no ignoramos nosotros para dar esta noticia": lo mismo que
repite este declarante á fojas 78, contando los pasages que le
ocurrieron al entrar á la laguna de Puyegué.
9.° A fojas 15 dice la india Maria, natural de Naguelguapí, que su madre
tenia amistad con unos españoles que se hallaban inmediatos á su tierra,
y que con el motivo de haber caido enferma, la llevó á una islita, en
donde habia un religioso y una señora de edad: que el religioso tenia
los hábitos como los de San Francisco, y la quizo bautizar, y ponerle
por nombre _Teresa_. Que dicho religioso estaba en la isla como
misionero, y á ella ocurrian á rezar algunos indios. Que inmediato á la
isla hay una poblacion, situada de la otra banda de la laguna de
Puyegué, en la cual hay algunos indios y muchos españoles, los que
habitan en unos altos, sin permitir entrar á los indios. Y á distancia
de un dia de camino, hay otra poblacion, cuyos dueños tienen muchas
armas de fuego, y hablan distinta lengua que los primeros, los cuales
tienen muy pocas armas de fuego, y sí muchas lanzas. Que mantienen
continua guerra con los de la segunda poblacion por causa de sus
ganados; y que los primeros, segun lo que la madre de la declarante le
tiene dicho, usan del vestuario como nosotros, y por zapatos, _sumeles_.
Que tienen comercio con los otros, de quienes se proveen de lienzos,
añil y chaquiras, y que tienen una especie de lana que se cria en
árboles, la que traen de la otra banda de la Cordillera, hacia el Cabo
de Hornos, conchavándola á los indios. Tambien que aquellos españoles
solicitan saber de nosotros, pero que los indios les infunden temor,
diciendo: _que somos muy temerarios y tiranos_, y que por un rio grande
que es de mares, se comunican los de una poblacion con otra, por unas
barcas grandes.
10. A presencia de semejantes atestaciones, parece que no debe ya
dudarse de la existencia de aquellas poblaciones, bien sean de
españoles, ó bien sean de extrangeros, que segun el uniforme dicho de
los indios, hay en la una y otra banda de la Cordillera hácia la parte
del sur, y en la altura del estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos:
porque aunque no puede negarse que han producido con alguna variedad sus
asertos y noticias, en cuanto á la situacion de tales poblaciones, esto
puede provenir de varias causas y motivos. El primero de la misma
naturaleza de los indios, que siendo sumamente recelosos del español,
muy tímidos y observantes de sus ritos como leyes inviolables, segun lo
advierte Francisco Agurto, á fojas 98 vuelta, y en su declaracion de
fojas 96, no es inverosimil persuadirse, que ya que descubren el
secreto, para ellos misterioso, y de la mayor gravedad, varien en una ú
otra circunstancia. El segundo, de que los intérpretes ó lenguaraces no
hayan entendido bien lo que ellos han querido decir, explicando los
lugares de la situacion. Y el tercero, de que los mismos indios por su
rudeza no hayan sabido explicar este punto. Y así debe atenderse
principalmente á la substancia de lo que declaran acerca de la efectiva
existencia de dichas poblaciones, mayormente estando todos contestes en
cuanto á este punto, sin que lo contrario arguya el éxito de las
expediciones hechas á costa del coronel D. Joaquin de Espinosa, de que
dá puntual razon el Reverendo Padre Fray Benito Delgado, en su carta de
fojas 99 del 5.º cuaderno, y á fojas 127 los cadetes D. Miguel, y D.
Manuel de la Guarda, D. Joaquin, y D. Juan Angel Cosio, el sargento
Gregorio Pinuer, el condestable Pedro Alvarez, los cabos Teodoro Negron,
y Feliciano Flores, y los soldados Francisco Agurto, Baltazar Ramirez,
Miguel Espino, Tomas Encinas, Andres Olguin, y Domingo Monte-alegre.
Pues, confesando que no pasaron á mucha distancia de las lagunas de
Poyequé y Llauquigue, ni llegaron á la otra laguna de Puraylla, que
divisaron desde un alto de la Cordillera, donde vieron algunos humos, y
que oyeron unos tiros, como de esmeril ó pedrero, los que pudieron ser
efecto de los volcanes inmediatos, no debe tenerse esto por documento
suficiente que califique absolutamente la falsedad del comun y general
aserto de los indios, y mucho menos cuando los caciques, en el acto
mismo de reconocer estos españoles las precitadas lagunas, ratificaron
las mismas noticias aseverando que los Moro-huincas de la segunda
poblacion son ingleses, y que son muy guapos, que estan muy lejos, y muy
fortificados, como se vé á fojas 35 y fojas 36 de dicho 5.º cuaderno.
11. Si V.S. recuerda las memorias de las épocas anteriores, hallará que
nuestra nacion española no tuvo mejores ni iguales fundamentos para
haber hecho los descubrimientos que admira todo el orbe. Despues que el
almirante D. Cristoval Colon, obtuvo las noticias que le comunicó el
Piloto Alonso Sanchez de Huelva, de la nueva tierra que habia visto,
juzgándolas por sueño los de su propia república, y las coronas de
Portugal, Francia é Inglaterra, á quienes convidó con ellas:--despues
que habiendo vencido inmensos trabajos, logró descubrir la isla nombrada
Guanani, que ultimamente se llamó de San Salvador, no tuvo otro
comprobante de la existencia de las demas que halló, que el dicho y
aserto de los indios. Cuando Barco Nuñez de Balboa descubrió la tierra,
en que se fundó la villa de Santa Maria, la antigua del Daryen, no tuvo
otro antecedente para saber de la situacion del mar del sur, y de las
tierras del Perú que el dicho de un hijo del cacique Careta, apuntándole
con el dedo hácia el medio dia. El marquez D. Francisco Pizarro,
habiendo navegado hasta la tierra del Tumbez, no tuvo otro fundamento
para creer la existencia del Cuzco, su riqueza y poderoso imperio, que
el dicho de los mismos indios Tumbezes. Y en fin el Adelantado D. Diego
de Almagro, para haber tomado á su cargo el descubrimiento y conquista
de este reyno de Chile, no tuvo mas fundamento que las noticias que le
comunicaron en el Cuzco los indios de aquella jurisdiccion, igualmente
que el Inca Mango sucesor de los dos hermanos Guacan y Atahualpa. Con
que se concluye, que el simple dicho y aserto de los indios, por los
efectos que en todos tiempos ha causado, no debe despreciarse
enteramente, y mucho menos cuando es uniforme y conteste entre los
mismos que lo producen.
12. Bien es, que el demasiado deseo de nuestros españoles por las
riquezas y metales preciosos, ha llegado á fabricar en sus ideas algunos
paises ó poblaciones imaginarias en estas Américas, cuya fantasía se ha
apoyado con el embuste de los indios, que por apartar de sí á los
nuestros, han procurado empeñarlos en el descubrimiento y conquista de
algun pais riquísimo, que fingian hácia tal ó tal parte: como sucede en
el Perú, donde corre la opinion de que entre aquel reyno, y el Brasil
hay un dilatado y poderoso imperio, á quien llaman el _Gran Paytití_,
donde dicen se retiró con inmensas riquezas el resto de los Incas,
cuando se conquistó el Perú por los españoles, sustituyendo el nuevo
imperio en lugar del que habian perdido: sobre cuyo descubrimiento y
hallazgo se han dedicado muchos con esmero, y gastado crecidas
cantidades, sin otro fruto que el desengaño. En la provincia de la
Guayana, que está al sur de Caracas, se dice así mismo que hay un
pueblo, á quien llaman _el Dorado_, por ser tan rico, que las tejas de
las casas son de oro; y al norte del nuevo Méjico, que hay un pais
denominado la _Gran Quivira_, reducido á un imperio floridísimo, que se
formó de las ruinas del Mejicano, retirándose allí cierto principe de la
sangre real de Montezuma. Y aunque sobre descubrir esta Gran Quivira, no
se han impendido gastos algunos, pero sí se han erogado muchos sobre el
Dorado, sin que se haya conseguido otro favorable efecto, que el que han
tenido las expediciones del _Gran Paytití_. Y teniendo presente estos
acaecimientos, algunos críticos han colocado las poblaciones de los
españoles, que llaman _Césares_, entre los paises imaginarios, fundando
su opinion en los antedichos egemplares, y en que no han podido ser
hallados, sin embargo de la solicitud con que muchas veces han sido
buscados: como entre otros sucedió con el Padre Nicolas Mascardi, de la
Compañia de Jesus, apostol de las Indias de Chiloé, que habiendo entrado
tierra adentro en demanda de estas poblaciones, el año de 1673, solo
consiguió morir á manos de los indios Poyas.
13. Mas aquí tenemos otros fundamentos sólidos, que hacen verosimil la
existencia de los españoles, á que el vulgo ha querido denominar los
_Césares_, porque los indios que la han declarado uniformemente, nada
han dicho de ponderacion que pueda mover la codicia, pues han asegurado
que tienen lino, que tienen casas de paja y totora, que tienen
artilleria menuda, pocas armas de fuego, y muchas lanzas, con otras
particularidades que no militan en el imperio del _Paytití_, y poblacion
del _Dorado y Gran Guivira_. Han expresado que semejantes poblaciones de
españoles proceden de los que se salvaron en el asedio de las siete
ciudades, acaecido en el año de 1599; y siendo todo esto muy verosímil,
como tambien que puedan ser de los que habitan la ciudad de las Infantas
que se desapareció en aquel tiempo, sin que se pudiere saber el fin que
tuvo, ni donde estuvo situada, no hay desde luego razon, para que,
inclinándonos á la opinion de los críticos, creamos que son fingidas é
imaginarias tales poblaciones. A lo que se agrega otra reflexion, que
nace del naufragio que han padecido algunas naves en el estrecho de
Magallanes. Segun nos cuentan las historias, entre las armadas que se
han perdido en ese estrecho, una fué la de cuatro navios que despachó el
Obispo de Placencia para poblar las islas Malucas; los cuales habiendo
llegado con buen tiempo al Estrecho, hallándose veinte leguas dentro de
él, se levantó por la proa un viento tan récio, que no pudiendo volver
atrás ni tener por donde correr, dieron los tres de ellos en tierra, y
se perdieron; pero no la gente, que esta se salvó. La cuarta nave tuvo
mejor suerte, porque corriendo fortuna, pudo desembocar otra vez al mar
del norte, y sosegada la tempestad, volvió á envestir al Estrecho, y
llegó al parage donde se habian perdido las compañeras, hallando en
aquellas riberas la gente que se habia salvado en tierra: los que viendo
la nave, comenzaron á hacerle señas, y á gritar á los que iban dentro,
pidiéndoles que los recibiesen: pero que no lo hicieron, porque los
bastimentos que habian quedado eran tan pocos, que temian no bastasen
aun para los del navio.
14. Ahora pues, como no se sabe con certidumbre qué se haya hecho de
estos hombres, y se dice, por otra parte, que en la realidad hay gente
de Europa poblada hácia el Estrecho de nuestro continente, no es dificil
persuadirnos que, viéndose perdidos, se entrasen tierra adentro, y
emparentando con alguna nacion de indios de los que allí existen, se
hayan ido multiplicando de manera, que se hayan dejado sentir de las
naciones mas vecinas, y de estas pasado á otras las noticias, que
siempre han corrido muy vivas, de que en efecto hay tales gentes en
aquel parage, á quienes llaman _Césares_: sin duda por la tradicion de
que, reinando el emperador Carlos V., salió un navio cargado de familias
para poblar este sitio, y varando en la costa el bajel, entraron ellos
tierra adentro, y formaron la citada poblacion. Consideraciones todas
por que los geógrafos la han situado en una abra de la Cordillera
Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud.
15. Cuando no hubiesen otras razones que fundasen la necesidad de
indagar la real y verdadera existencia de estas poblaciones, serian sin
disputa, en concepto del Fiscal, un poderoso motivo, para que por todos
los medios posibles se procurase salir de toda duda y equivocacion; pero
habiendo sospechas vehementísimas, que casi hacen evidente el
establecimiento de naciones extrangeras en los terrenos que hay del
estrecho de Magallanes para el norte, tampoco hay arbitrio para que
dejen de verificarse las expediciones que propuso el coronel D. Joaquin
de Espinosa, en su carta de 4 de Marzo de 1778, que se halla á fojas 143
del cuaderno 5.°
16. Sobre las noticias que de ellos han dado los indios, y quedan ya
apuntadas, concurre la notable circunstancia de haber sido siempre este
fertilísimo reyno el objeto de la envidia de las naciones, extrangeras,
especialmente de la inglesa. Prueba de ello es el continuo desvelo con
que esta potencia se ha dedicado á indagar la situacion de los puertos,
costas y ensenadas de nuestra América meridional, y los viages que
prácticaron al mar pacífico los piratas Francisco Drake, el año de 1579,
entrando al puerto de Valparaiso; Tomas Candish, ó Cavendish, el de
1587, dejándose ver en la isla de Santa Maria y Valparaiso; Ricardo
Achines en el de 1593; Oliver de Noort el de 1599; Jorge Spilberg en el
de 1615, con seis navios; Jacobo Lemaire, Guillermo Schouten y Guillermo
Fiten el de 1616; Henrique Beaut, que el de 1633 con una escuadra
considerable salió de Pernambuco, y entró en el mar del sur; por el
estrecho de Lemaire. Era su ánimo tomar el presidio de Valdivia, y
fundar allí una colonia: pero habiendo desembarcado su gente, y
empezádose á fortificar en aquel sitio, el Gobernador de la plaza y su
guarnicion, ayudados de los indios, los desalojaron á cuchilladas,
obligándoles á abandonar el puesto. Henrique Morgan, el de 1669, Carlos
Henrique Clarke, el de 1670; y el de 1680, Bartolomé Charps, Juan
Guarlen, y Eduardo Valmen saquearon los puertos y lugares abiertos de
las costas del Perú y Chile. Y en el presente siglo, Tomas Colb, el año
de 1708; Juan Chilperton el de 1720; Eduardo Wernon el de 1740; y el de
1741 el vice Almirante inglés, Jorge Anson; y en fin el viage del
comandante Byron, hecho al rededor del mundo, y la descripcion puntual
que de órden del almirantazgo egecutó del Estrecho, mencionando sus
bahias, puertos, rios y ensenadas, el año de 1764.
17. Estas consideraciones, unidas á las que con maduro acuerdo hace el
capitan D. Manuel Josef de Orejuela en las tres representaciones que ha
exhibido con fechas de 21 de Noviembre de 1781, 18 de Febrero, y 12 de
Abril del corriente año, califican en tanto grado la sospecha de que los
ingleses se hayan poblado y fortalecido en algunos de puertos que hay
desde la bahia de San Julian para el sur hasta el Cabo de Hornos, que
apenas habrá hombre prudente que, reflexionando con detenida meditacion
la materia, dude de semejantes establecimientos. Pero como es este un
punto de los mas graves é interesantes al Estado, es forzoso que el
distinguido celo de V.S. para remover todo escrúpulo de duda, no omita
diligencia, por leve que sea, á fin de esclarecer estas sospechas. Y
supuesto que el capitan Orejuela, en el capítulo 12 de su representacion
de fojas 5 del 9.º cuaderno, expresa haber reconocido cierta declaracion
tomada al Reverendo Padre Prior del convento de San Juan de Dios del
presidio de Valdivia, en que aseguraba que, habiendo salido de Cádiz el
año de 750, en el navío _el Amable Maria_, en la altura de 50 grados de
latitud al sur, descubrió en uno de los cerros de aquel estrecho, que
tenian á la vista, un hombre embozado en una capa azul, con sombrero
negro redondo; y una muger igualmente vestida de azul, que se reconocia
serlo por la ropa talar, acompañados de un perro grande blanco y negro;
á quien habiendo llamado á la voz con señas, no respondieron palabra: y
otra de los Reverendos Padres Misioneros venidos en el _Toscano_, en que
constaba, que á la altura de 37 grados de latitud, por la parte del sur,
encontraron una embarcacion inglesa de dos palos, que dijo se entretenia
en la pesca de ballena, y los obsequió con un barril de aceite de ella,
en correspondencia de otro de aguardiente, con que el capitan español
los cortejó; seria muy oportuno y conveniente, que una vez que no se
encuentran en estos autos semejantes declaraciones, se sirva mandar
V.S., que informe el citado Padre Prior del convento de San Juan de Dios
de Valdivia, y los religiosos misioneros venidos en el _Toscano_, sobre
los pasages mencionados; y que expresando el capitan Orejuela, cual es
la persona que le ha comunicado las noticias que refiere en los
capítulos 32, 33 y 36 de su representacion de fojas 5, se le tome
igualmente su declaracion jurada al tenor de los hechos relacionados en
los capítulos 33, 36 y 37.
18. Convendrá así mismo se tome igualmente declaracion al caballero
francés Mr. Romanet, que se dice hallarse hoy en Buenos Aires, empleado
en nuestra marina real, y destinado entre otros oficiales de este cuerpo
á la division de los límites con Portugal, para que exponga con la
debida claridad, si es cierto que cuando acompañó á Mr. de Bougainville
en el viage que hizo al rededor del mundo, al desembocar el estrecho de
Magallanes, por donde pasaron al mar del sur, vieron un _sloop_ á corta
distancia; el cual, sin embargo de hallarse bien cerca de tierra,
inmediatamente viró de bordo, y giró para ella; por lo que al instante
lo perdió de vista la fragata francesa. Y en esta atencion puede V.S.,
siendo servido, pasar el correspondiente oficio al Exmo Sr. Virey de
Buenos Aires, á efecto de que S.E. disponga lo que tenga á bien sobre
esta importante diligencia, y que remita dicha declaracion á V.S. para
que se agregue á los autos.
19. Y por lo que respecta á los medios y arbitrios que propone el
nominado capitan para la mejor defensa de este reino, especialmente en
cuanto á que la escuadra, que ha despachado Su Magestad para el seguro
de estos mares, se destine á guardar la plaza de Valdivia, dándose á su
Comandante la comision de inspeccionar aquella fortaleza y artilleria, y
á esta Capitanía General las facultades del Exmo. Sr. Virey, para que,
en el caso de ser preciso variar las órdenes que se comunican á los
comandantes, pueda resolver y mandar cuanto convenga al real servicio
puede V.S., siendo servido, consultarlo con S.E., remitiéndole
testimonio íntegro de este cuaderno 9, en que se incluyen las tres
representaciones hechas por el capitan D. Manuel de Orejuela, á fin de
que la consumada práctica y pericia de S.E. en el arte de la guerra
disponga lo que tuviere por conveniente; pues el Fiscal cree que el
único seguro medio de guardar este reino es el de que se acceda á las
propuestas que sobre este punto hace el precitado D. Manuel: por lo que
desde ahora pide y suplica á V.S. se sirva hacer formal instancia en
aquella superioridad, á efecto de que cuanto antes se dé este destino á
la escuadra real en la plaza mencionada.
20. Con lo expuesto hasta aquí, ha evacuado el Fiscal su respuesta en
órden á los puntos concernientes á poblaciones de españoles y
establecimientos de extrangeros en nuestro continente, y así concluirá
su discurso acerca de estos mismos puntos, con expresar á V.S. la
substancia y concepto que ha formado de lo que el indio guilliche
Guechapague y los caciques Curical, Guillapangui y Quiñaguirrí
comunicaron al capitan de la reduccion de Maquegua, D. Fermin Villagran,
y ha expuesto en las declaraciones que de órden del Maestre de Campo,
General de la ciudad de la Concepcion, se le recibieron, y constan á
fojas 99 y 102, del citado cuaderno 9.
21. En una y otra expresa Villagran haberle asegurado los antedichos
caciques é indios, que habia una poblacion de españoles, que estaban
comprando á las cautivas, los cuales se han situado á la orilla del rio
Miuleú, cuyo trage es de paño azul, y otros de amarillo; el sombrero
chico y apuntado de tres picos, y mantienen comercio con el cacique
Curihuentú, que dista de ellos dos leguas, y que en distancia de seis,
tierra adentro de la desembocadura de dicho rio en la mar, está la nueva
poblacion muy bien fortificada con su estacada, y mucha artilleria
gruesa. Y aunque D. Manuel de Orejuela, en vista de esta declaracion,
procura fundar que es de ingleses este nuevo establecimiento, el Fiscal
cree y conceptua que no es así, sino que esas son nuestras nuevas
poblaciones, que de órden de S.M. se han verificado en la Bahia sin
Fondo, como el Exmo. Señor Virey de Buenos Aires lo anuncia á V.S. en su
carta, fecha en Montevideo, á seis de Mayo de este año. Manifestará la
razon en que funda su dictámen, y quedará la materia tan clara como la
luz del dia.
22. Segun el mapa geográfico de la América Meridional, dispuesto y
grabado por D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, impreso en Madrid el
año de 1775, el rio Mianlú, Leubú ó Sanquel, que los indios llaman
Miuleú é Neuquen, es el mismo rio que nosotros le llamamos Negro, el
cual toma su orígen de las lagunas de Guanachi, desde donde corre norte
sur, hasta la altura de 38 ó 39 grados de latitud, y desde ahí sigue del
occidente al oriente con alguna oblicuidad, hasta desembocar en el mar,
donde se forma la Bahia sin Fondo. Con que si esto es así, y constante
que las nuevas poblaciones de españoles se hallan situadas en la
expresada bahia, en que el rio de Miuleú desemboca al mar, es evidente
la verdad con que hablaron los caciques é indios Guilliches al capitan
Villagran, y que no debe por esa parte recelarse establecimiento de
extrangeros, quedando así enteramente desvanecido el concepto que acerca
de este punto ha formado el capitan Orejuela.
23. Pero como subsisten vigorosas las demas razones y fundamentos que
forman una mas que semiplena probanza de la realidad del establecimiento
de nuestros enemigos en aquellos propios terrenos, por eso, con
justísima razon el poderoso invicto Monarca, que felizmente nos
gobierna, tuvo á bien expedir la real órden de 29 de Diciembre de 1778,
en que, á consecuencia de las actuaciones que promovió el distinguido y
ardiente celo del Coronel D. Joaquin de Espinosa, se sirvió adoptar las
oportunas y bien fundadas reflexiones que le hizo esta Capitanía
General, en apoyo de la propuesta que el Coronel D. Joaquin explicó en
su carta de fojas 143, del cuaderno 5, dejando á la discrecion de este
Superior Gobierno el arreglo de las expediciones que han de egecutarse,
con el importantísimo objeto de descubrir semejantes establecimientos, y
salir de una vez de dudas y equivocaciones: graduando el tiempo en que
convenga se verifiquen con la menos costa que sea posible: formando á
este efecto las instrucciones que hayan de observarse, y cuidando de
precaver en ellas todos los riesgos que las pueda empeñar en la pérdida
de gentes, sin una necesidad muy urgente, y que no pueda remediarse ó
alcanzarse, por razon de haber de hacer sus marchas por parages
desconocidos. En la inteligencia de que, el Señor Capitan General de
este reyno ha de entenderse en derechura con el Exmo. Señor Virey del
Perú, para cuanto le ocurra sobre este particular: á cuyo fin le ha
prevenido S.M. preste los auxilios de tropa y demas que sea conveniente
para la consecucion de esta empresa.
24. Esta real resolucion, y las que le contienen en las órdenes de 2 de
Diciembre de 1774, 10 de Agosto de 75, 18 de Julio de 78, y 29 de
Diciembre de 78, que se contienen en el 7.º cuaderno, manifiestan la
decidida real voluntad, acerca del efectivo envio de las expediciones
proyectadas por el Coronel D. Joaquin de Espinosa, en su citada carta de
fojas 143 del 5.° cuaderno. Y en esta virtud, lo que hoy únicamente
resta, y de que se debe tratar, es del tiempo en que convendrá
egecusarse estas expediciones, y del modo y circunstancias que deban
observarse antes, y en el acto de su verificativo.