condestable y seis soldados, acompañados de varios caciques de indios; y
dirigiéndose hácia el este, á cosa de 34 leguas dieron con la laguna de
Puyechué, donde formaron una canoa y pasaron algunos á la otra banda de
dicha laguna, que tendrá como 4 leguas de diametro, y 25 de
circunferencia, con nueve islas inhabitadas; la que reconocieron. De
este parage caminando al sur, á cosa de seis leguas de distancia,
hallaron otra laguna, llamada Llavequegue, donde fabricaron otra canoa,
en la cual se embarcaron siete para reconocerla, y costeándola por la
banda del este, al cabo de tres dias llegaron á su fin, al pié de la
Cordillera, donde descubrieron un volcan al est-nord-este, cuyo nombre
ignoran. Y no hallando mas que tremendos riscos y montañas, volvieron al
alojamiento de Llavequegue ó Llauquehue, y despues al Puyechué, á donde
llegaron siete dias despues que los demas.
En este parage, instando de nuevo á los indios que los guiasen al
descubrimiento, quedaron de acuerdo en que seguirian el viage dentro de
tres dias. Al cabo de este tiempo, salieron divididos en dos partidas;
siguieron viage por tierra á pié, con sus bastimentos y municiones á las
espaldas, ocho soldados con su sargento, y llegaron á la orilla de la
laguna de Llavequegue; y hallando la canoa en el mismo sitio en que la
habian dejado, pasaron al dia siguiente á una punta opuesta, y en el
otro navegaron cosa de dos leguas, hasta un arenal donde desembarcaron.
Los indios, acompañados de la otra partida, siguieron adelante, abriendo
camino por montañas y cordilleras en todo aquel dia, y al siguiente se
unieron, y todos juntos pasaron un fuerte temporal, que duró tres dias y
cuatro noches; y pasado este, siguieron el dos dias mas de camino, y en
el primero, hallándose en un alto de la Cordillera, descubrieron el
estremo de una laguna grande, y una tierra baja muy dilatada.
Caminando mas adelante, se echaron los indios en tierra, diciendo que
no podian mas, y viendo que ni por ruegos ni ofertas, pudieron
conseguir que prosiguiesen adelante, subieron á un árbol de mas de
treinta varas de alto, de donde descubrieron una laguna grande de tierra
llana y dilatada con una isla en medio, que despues dijeron los indios,
ser esta la laguna Puraya, y que la isla que tenia se llama Jolten,
habitada de indios y españoles. Habrian caminado en los tres dias como
doce leguas, segun su cómputo, desde la laguna Llauquehuc hasta este
parage, de donde marcaron la laguna de Puraya al sueste; y hallándose
sin guia, bastimentos, ni fuerza, determinaron volver al fuerte de Rio
Bueno.
En la última entrada, acompañados de varios indios, pasaron la laguna de
Puñechué, y la de Llauquehuc, donde hallaron sus canoas; y usando de
ellas como antes, por la misma derrota llegaron á las señales que les
dió el indio Turin, que fueron un pedregal y riachuelo, en cuyo arenal
quedaron cinco con cuatro indios por cansados, aburridos y escasos de
viveres. Pero siguiendo adelante los demas, declararon unánimes, que
despues de reconocido el pedregal y riachuelo, no habiendo ya montaña
que romper, subieron al volcan de Purarauque, que se forma de pampa de
piedra menuda, quemada como escória, y subiendo hasta la mitad de su
altura, ya tocando la nieve, hicieron alto para pasar la noche. Que al
dia siguiente oyeron tiros de artilleria, y saliendo de allí á reconocer
con la vista lo que alcanzasen, faldearon el cerro por la izquierda, y
guiados por la seña, descubrieron la pampa grande del otro lado con el
riachuelo, y una laguna que estaba entre riscos al pié del volcan; pero
desfallecidos, por no haber comido dos dias, y lastimados los pies de
tanto andar, pues juzgan que anduvieron mas de veinte leguas, en los
nueve dias, hasta Puñechué, y de allí todos juntos al Rio Bueno.
Generalmente convienen, segun las relaciones de los indios, en que hay
tales españoles, diciendo algunos que son ingleses, diferenciando
algunos en las poblaciones, pero concordes en que son muchos, y en que
se defenderán, porque son muy guapos: y los distinguen en dos naciones
diversas, expresando que los Morohuincas estan muy lejos ó retirados,
fortalecidos en sitio superior, y unidos con los Peguenches, á quienes
hacen sus parlamentos, y aun dicen que tienen noticia que les entran
embarcaciones. A otros llaman Aucahuincas, que dicen estan junto á la
laguna de Puraya: que estos son de Osorno, y que tienen guerra con los
Morohuincas.
DECLARACION _Del capitan D. Fermin Villagran, sobre la ciudad de los
Césares. (1781.)_
Yo el Capitan de dragones de este Real Ejército, y Comandante de dicha
plaza, D. José Maria Prieto: habiendo tenido órden verbal del Coronel de
caballeria, Maestro de Campo, General y Gobernador de esta frontera D.
Ambrosio de O'Higgins, para tomar declaracion al capitan de la reduccion
de Maguegua, D. Fermin Villagran, sobre noticias que ha adquirido en su
dicha reduccion, por un indio Guilliche, de un establecimiento de
españoles, situado en un parage llamado _Muileu_, le hice comparecer
ante mí, y le mandé hacer la señal de la cruz, bajo la cual prometió
decir verdad, y lo que sabe sobre este asunto, con toda individualidad
en cuanto fuese preguntado: y habiéndolo sido sobre qué es lo que sabe
del citado indio; dijo:--Que habiendo pasado á su reduccion á dejar al
cacique Loncomilla, de resultas de habar bajado éste á ver al Sr.
Maestre de Campo de esta plaza, deseoso de averiguar el paradero de
ciertas cautivas españolas que tenia noticia paraban entre los
Guilliches, habló con un indio de esta nacion, llamado Gechapague, á
quien preguntó por dichas cautivas, y le respondió, que allí en su lugar
no habia ninguna. Replicó el capitan que sabia haberlas allí ó en otro,
y respondió el Guilliche, que en otro lugar de mas adentro las habia, y
que éstas ya los españoles las estaban comprando. Y preguntándole á
dicho indio, ¿qué españoles las compraban? Respondió que eran unos que
estaban en un parage nombrado _Milecí_. Y preguntándole á dicho indio,
¿qué á donde era ese parage? Respondió, que á donde entra en el mar el
rio de _Meuquen_ ó _Neuquen_, á la otra parte de la Cordillera. Y
preguntándole, como habian llegado allí aquellos españoles? Respondió,
que en cuatro ó cinco embarcaciones. Y preguntándole, qué número de
gentes españolas habia en aquel lugar? Respondió, que habria mil
presonas. Mas tambien le preguntó dicho capitan al citado indio, que de
qué armas usaban aquellos españoles? Y respondió, que tenian cañones de
artilleria muy grandes, y que tenian bastantes. Y preguntándole asimismo
de qué vestuario usaban? Respondió, que de paño. Y preguntándole, que
como, ó de que se mantenian allí dichos españoles? Respondió, que luego
que llegaron, habian padecido muchas necesidades, y que en el dia se
bastimentaban por los indios con vacas y caballos que les llevaban á
vender; y que los dichos españoles, tambien salian de diez en diez á
tratar con ellos, y hacer este conchabo. Y añadió dicho indio, que los
dichos españoles decian, que aquel establecimiento distaba de su tierra
ocho dias de navegacion; y que lo que lleva declarado, no solo lo supo
por el indio referido, sino por otros tres mas, quienes le relacionaron
lo mismo. Y siéndolo leida esta declaracion, dijo: no tener mas que
decir, añadir ni quitar á lo que lleva declarado; y que esta es la
verdad, só cargo del juramento lo que lleva hecho. En el que se afirmó y
ratificó, y firmó junto con migo en dicha plaza, mes y año.
_Fermin Villagran.--José Maria Prieto._
INFORME
_Y dictámen del Fiscal de Chile sobre las ciudades de los Césares, y los
arbitrios que se deberian emplear para descubrirlas. (1782.)_
El Fiscal de Su Magestad en lo criminal, en consecuencia y cumplimiento
del superior decreto de V.S., de 16 de Abril último, ha reconocido los
nueve cuadernos de autos que se han formado sobre descubrir las
poblaciones de españoles y extrangeros, que se presume hay en las
alturas y parte meridional de este reyno; y así mismo el que se crió el
año de 1763, á instancia del Gobernador y vecinos de la provincia de
Chiloé, sobre la apertura del camino de Osorno y rio Bueno. Y en
inteligencia de cuanto de ellos resulta, dice:--Que, aunque enterado de
la arduidad del asunto, que comprende este espediente, ha procurado
despacharlo con la brevedad posible, le ha sido forzoso retardar su
respuesta hasta hoy, así porque le ha sido indispensable hacer detenidas
reflexiones en cada uno de los diez procesos á que está reducido, como
porque el despacho diario de los negocios concernientes á su ministerio
le han embarazado mucha parte del tiempo que ha corrido desde el citado
dia 16 de Abril hasta el presente. En esta atencion, y cumpliendo con la
superior órden de V.S. contenida en el enunciado decreto, espondrá lo
que le ocurra á cerca de las expediciones proyectadas en estos mismos
autos.
1.° El objeto que las ha motivado es descubrir si en las alturas que en
este reyno se miran, desde los 40 grados hasta el estrecho de Magallanes
y cabo de Hornos, hay alguna ó algunas poblaciones de españoles ó
colonias de extrangeros, como por tradicion de largos tiempos se nos ha
anunciado. Y en realidad, atendidas las actuaciones que formalizó el
coronel D. Joaquin de Espinosa, mientras tuvo á su cargo el gobierno de
la plaza; y presidio de Valdivia, parece no deba dudarse de la
existencia de tales poblaciones ó colonias, para cuyo esclarecimiento y
evidencia hasta reconocer el dicho uniforme, y la atestacion antigua y
moderna de los caciques y principales indios que han trabado amistad con
los españoles de la mencionada plaza.
2.º En el primer cuaderno de las enunciadas actuaciones se reconocen
cuatro declaraciones, tomadas al capitan graduado D. Ignacio Pinuer,
comisario de naciones de aquella jurisdiccion; y en todas ellas asegura
bajo de juramento, que con motivo de la amistad estrecha que de muchos
tiempos á esta parte ha profesado con los caciques é indios de aquellos
contornos, y de la relacion de parentezco con que les ha tratado, le han
comunicado, que de la antigua ciudad de Osorno, al tiempo que fué
invadida por los indios, se retiraron despues de un largo sitio algunas
familias tierra adentro, y se situaron en un parage que era hacienda de
los mimos españoles de Osorno. Que habiéndose defendido allí mucho
tiempo, dieron contra los indios, y juntaron muchos ganados de los suyos
que se llevaron á su fuerte: y que en ese mismo parage se mantienen
hasta hoy, el cual dista de Osorno como cinco ó seis leguas, porque hay
un pedregal grande que dar vuelta. Que se han mantenido en ese sitio á
fuerza de valor: que los indios les han hecho muchas entradas, y no los
han podido vencer: que para salir les impide ser una sola la entrada, en
la que hay un cerro donde tienen un sentinela los indios para avisar si
alguno sale, y atajarlo, como ha sucedido con algunos: que son muchos
los que lo han intentado, y han sido muertos por los indios, por lo que
solo se mantienen defendiendo las entradas. Que es cierto tienen dos
poblaciones; la principal en una isla en donde ya no cabian, por lo que
se han pasado á la tierra firme en frente, desde la que se comunican por
agua; porque donde está la ciudad principal, es en medio de una laguna,
y solo tiene entrada á la tierra por un _chapad_, ó pantano, en que
tienen puente levadizo. Que sabe tienen artilleria, aunque pequeña, y
usan de las armas de lanza y espada: que es mucho el número de gente, y
visten camisa, y segun explican los indios, calzon de buchí y chupan,
porque no saben explicarse. Que tienen casas de teja y paja, fosos y
revellines: que tienen siembras de agí, que es con lo que comercian con
los indios, quienes les llevan sal de la que sacan de Valdivia: que
tambien les llevan achas y cosas de fierro, por vacas y caballos que
tienen muchos. Que hablan lengua española, pero que, aunque los indios
les han llevado indio ladino, no les entienden bien. Que tambien hablan
lengua índica; y que usan marcas, yerros españoles en las vacas y
caballos las cuales ha visto el mismo Pinuer. Finalmente testifica que
tambien sabe, que estos no son los que llaman _Césares_, porque hay
otras poblaciones de españoles hácia el Estrecho, que segun dicen los
indios son de navios perdidos. Que su conocimiento y trato con ellos, de
40 años á esta parte, sus entradas á la tierra, y el llamarlos
parientes, y amigos con alguna sagacidad que ha puesto para saber este
asunto, le ha hecho noticioso de que es cierto lo expuesto, y de que
existen tales poblaciones, porque lo ha oido decir á indios principales
caciques de razon, y lo ha confrontado con lo mismo que ha oido á otros,
y todos concuerdan en una misma cosa. Que el haberlo ocultado los
indios es, porque de padres á hijos se han juramentado el callarlo, y es
rito ó ley ya entre ellos; y aun por esta razon se han mantenido
alzados, sin nuestra comunicacion, todos los de la otra banda. Que sabe
que este juramento y sigilo ha sido, porque tienen por abuso decirse
unos á otros, que si los descubrian los harian esclavos los españoles, y
los sugetarian á encomiendas: por cuya causa al que han sabido
formalmente que le ha descubierto le han quitado la vida. Que el saberlo
el declarante es porque, habiéndose dado muchos años há por pariente de
dos caciques de los alzados, del otro lado del rio Bueno, nombrados,
Amotipay y Necultipay, estos con gran secreto se lo contaban, y por
haber Amotipay venido á verle, á su regreso le dieron veneno los indios,
y que Necultipay ofreció al declarante llevarlo á la ciudad, pero que no
se verificó por haber fallecido, dejándolo por heredero de sus tierras.
Que hoy dia ya se habla de esto con menos reparo entre los indios,
porque dicen que se ha publicado; y que ahora tres años se hizo una gran
junta de los indios alzados, y en ella ofrecieron primero morir que
rendirse, ni desamparar sus tierras, porque tenian noticias de que los
españoles de Chiloé, salian en solicitud de estos otros españoles, y
poblar primero á Osorno. Y en otro lugar confirmando estas mismas
noticias, dice: que hácia el cabo de Hornos, hay otra poblacion, que
discurren los indios ha resultado, y aun aseguran que proceden, de
navios extrangeros perdidos, y que hay tres ciudades grandes y otras
pequeñas; lo que le ha asegurado el indio que las ha visto. Y mas
adelante, que será necesaria tropa para hacer este descubrimiento,
porque no duda que se ha de oponer mucha indiada, que es gente
aguerrida, y que conoce sus terrenos. Que hay muchos retazos de monte y
rio, y la distancia será de cerca de 40 leguas: y que todo se ha de
vencer á fuerza de armas; pues, aunque no hagan frente formal los
indios, harán emboscadas y avances de noche, ó la multitud puede
obligarles á presentar batalla formal: y así, que considera ser
convenientes mil hombres, atendiendo tambien á no saberse con
certidumbre si estos españoles querrán entregarse ó mantenerse allí con
el dominio que han establecido.
3.º Lo mismo, aunque con menos puntualidad, testifican Gregorio Solis,
Marcelo Silva, el cadete D. Juan Henriques, Francisco Aguto capitan de
Amigos, de la reduccion de Calle-calle, el lengua general D. Juan de
Castro, Casimiro Mena, Baltazar Ramirez: y el Reverendo Padre lector Fr.
Buenaventura de Zarate, guardian del convento de D. Francisco de la Isla
de Macera, declara, que habiendo tenido en su servicio, por espacio de 6
años, á un indio cristiano, llamado Nicolas Confianza, muy ladino y
enterado de nuestra religion é idioma, siendo ya de edad de 60 años,
cayó enfermo, y estando desauciado, y disponiéndose para morir, le dijo:
que queria hacer por escrito una declaracion que hallaba por muy
conveniente al servicio de Dios, porque tenia mucho temor de ir á su
divina presencia, sin manifestar lo que sabia. Que habiéndole tomado
como pudo su dicho, declaró: que siendo moceton, hizo una muerte en
Calle-calle, jurisdiccion de Valdivia, con cuyo motivo se fué fugitivo á
los Llanos, y de allí al otro lado del rio Bueno, donde lo amparó un
cacique tio suyo; haciendo de él mucha confianza para sus tratos y
conchabos. Que con esta ocasion le enviaba hácia la ciudad de los
españoles que hay, procedidos de los de Osorno, junto á la Cordillera, á
que viese á otro cacique que servia de sentinela á dichos españoles. Que
era cierto que estaban allí fundados y establecidos con ciudades
fortificadas, y una noche oyó hablar dos de ellos con el cacique donde
estaba alojado, sobre un conchabo de lo que llevaba dicho indio, que
eran achas y sal: que los españoles traian agí, lienzo y bayeta, con lo
que cangeó, ó conchavó, y el lienzo era como el de Chiloé. Que es
verdadera la existencia de estos españoles, y que el castellano que
hablan no es muy claro: y por último que decia esto, estando ya para
morir, y conocia el trance en que se hallaba, y la cuenta que habia de
dar á Dios. Que este indio era muy racional y cristiano, por lo que el
padre declarante asegura, que no solo en esta ocasion, sino en otras
muchas conversaciones antes de este lance, siempre le habia referido lo
mismo, con cuyo respecto dice, que tiene satisfaccion de la verdad de
cuanto el indio le decia.
4.° A fojas 49 del mismo cuaderno 1.° se reconoce la declaracion que se
tomó al indio Santiago Pagniqué, morador y vecino de Ranco, y en ella se
vé que por el riesgo á que se exponia de que lo matasen sus
compatriotas, en caso de saber que él habia declarado lo que ellos tanto
ocultaban, expresó con lágrimas en los ojos, que sabe real y
verdaderamente que estan los españoles en la laguna de Puyequé, pasado
la que se repecha un risco, y hay un estero que llaman Llauqueco, muy
correntoso y profundo, y es en donde los indios tienen su sentinela,
para no dejar entrar ni salir á ningun español, de una parte ni otra.
Que para dar la vuelta á entrar donde están los españoles, hay mucha
risqueria, pero que del cerro de Llauqueco se divisa la poblacion, y
algunas colorean como tejas. Que hay muchos españoles, y que se visten
de lienzo, porque siembran mucho lino, y tienen paño muzgo y colorado
que tiñen con _relvun_. Que tienen iglesia, lo que sabe por otro que
estuvo allí seis dias en tiempo que hicieron una procesion, y que la
tienen cubierta de plata, que parece una ascua. Que á este indio lo
llevó á escondidas un cacique que mandaba el sentinela, y le encargó que
no le viesen, porque le quitarian la vida aquellos españoles. Que desde
que nació sabe que estan ahí esos españoles; y desde Valdivia allá hay
cinco dias de camino, con otras particularidades que refiere; entre las
que expresa los rios y esteros caudalosos que hay que pasar, y los
indios que guardan la entrada.
5.° El cacique nombrado Artillanca, que lo es de la reduccion de
Guinchilca, declara á fojas 50 que estan allí aquellos españoles, en la
laguna de Puyequé: que él tiene conocimiento de muchos años á esta
parte, y desde que tiene uso de razon, sabe que allí estan acimentados.
Que todos los indios con quienes ha comunicado, y particularmente sus
padres y abuelos, siempre le han contado lo mismo, adquirido de aquellos
indios que tratan con los españoles. Que estos son muchísimos, y tienen
su Rey, pero que segun sabe de cierto, ellos no han querido salir,
porque ahora años hicieron un parlamento, y digeron en él que tenian
todo lo que habia menester, y no querian sugetarse al Rey de España. Que
ahora tiempo tuvieron estos españoles una campaña con los indios
fronterizos, en la que mataron á seis caciques principales y á
muchísimos indios. Que despues acá no han tenido guerra, pero que tienen
muy cuidado el camino, para que no se salga, ni entre á su poblacion; y
que donde está el sentinela hay una angostura, en donde los españoles
suelen poner una cruz; pero los indios la quitan y les ponen una macana
con sangre. Que tienen iglesia grande en su poblacion, y mucha plata y
oro que allí sacan. Que visten de muzgo y colorado, son muy guerreros,
tienen ganados y siembran mucho. Que si los nuestros quisieran ir allá,
hallarian mucha oposicion, porque hay muchos indios alzados que lo
impiden. Que el camino mas derecho para ir á estas poblaciones es el de
los Llanos, mejor que por Guinchilca; y que aunque en tiempo del
Gobernador D. Juan Navarro, se le preguntó sobre este asunto, lo ocultó,
porque ha tenido miedo si decia algo, de que lo matasen sus contrarios.
Pero que ahora estaba tan agradecido del cortejo que le habia hecho D.
Joaquin de Espinosa, y tan satisfecho de su amistad, que no habia podido
callarle nada, y así le habia abierto su pecho, para decirle la verdad
de todo lo que sabe.
6.°. A fojas 89 declara el cacique Llancapichun, de la reduccion de
Ranco, con el indio Santiago Pagniqué, que es cierto y evidente que se
hallan allí aquellas gentes españolas en el otro lado de una laguna
grande, nombrada de Puyegué: que es mucha la gente que hay, toda blanca,
como nosotros: que usan de los mismos vestidos, que tienen casas,
murallas, y embarcaciones con que se manejan en la laguna, y salen á
pescar. Que tienen tambien armas de fuego; y que no solo hay esta
poblacion sino otra mas adentro: que ellos están prontos á guiar á los
nuestros, si quieren pasar allá, pues ya conocen que queremos buscar á
los de nuestra sangre. Que tenian parlado ellos sobre el asunto con los
indios Puelches, de las inmediaciones de sus tierras, y les habian
ofrecido ayudar á los españoles si entraban á sacar á los otros. Que se
oponen á esta entrada muchos indios que hay hasta llegar á la laguna,
que son los que siempre han defendido la entrada y salida de aquellas
gentes. Que desde la casa de Llancapichun, hasta llegar á la orilla de
la laguna, desde donde se divisan los españoles que se buscan, hay
veinte y cuatro horas de camino montuoso, con algunas angosturas y
cerrillos. Que hay dos rios que pasar, cuyo tránsito puede facilitarse
con armar embarcaciones, que es muy fácil á los nuestros: y que así
estaban ya prontos á guiarnos, esperando solo la determinacion del
Gobernador, á quien ocurririan siempre que sus contrarios les quisiesen
insultar, por haber declarado estas noticias.
7.º A fojas 26 del cuaderno segundo depusieron los caciques de Rio
Bueno, Queupul, Neyguir, Payllalao, Teuqueñen y Millagueir, que era
cierto que estaban allí tales españoles, obligándose á enseñar la
poblacion y á poner á los nuestros con el cacique Cañilef en parage
donde la divisasen, y lo mismo aseguraron á Francisco Agurto, Blas Soto,
Miguel Espino y Tomas Encinas, los caciques Antili, Guayquipagni,
Tagollanca, Leficura, Cariñancú, y otros seis mas, segun consta de la
carta de fojas 35 de este propio cuaderno segundo, cuyas noticias
confirmaron al cadete D. Manuel de la Guarda: añadiendo el apronto de
sus lanzas, y que era preciso para ir sin susto, que la marcha para el
descubrimiento debia ser por el mes de Setiembre, y antes de que se
abriese la Cordillera, para no tener así temor de que los Peguenches y
Puelches saliesen á impedirles el paso.