Consta la magnitud de esta península, segun la explicacion de los

indios, como de treinta leguas de longitud y seis á ocho de latitud. Su

situacion está en una hermosa laguna, que tiene su principio del volcan

de Osorno, y á quien igualmente dá agua otro volcan, que llaman de

Guancqué; pues aunque este está distante del otro, por el pié de la

Cordillera se desata en un rio pequeño que camina hácia el sur, y se

incorpora en esta laguna, con cuyo socorro se hace formidable. Ella está

al pié de la Cordillera, y dista del volcan de Osorno siete á ocho

leguas poco mas ó menos; y es madre del rio Bueno. Es tan grande, que

ninguno de los indios dá noticia de su término; es profunda, y muy

abundante de peces: en ella tienen los españoles muchas canoas para el

ejercicio de la pesca, y para la comunicacion de tres islas mas

pequeñas, que hay en medio de dicha laguna ó mar, como los indios le

llaman. Esta no abraza el contorno de la isla, si solo la mayor parte de

ella, sirviéndole de total muro, un lodazal tan grande y profundo, de

tal manera que un perro (como los indios se explican) que intenta

pasarlo, no es capaz de desprenderse de él. Tampoco este lodazal hace

total círculo á la isla; pues por el principal extremo, que es al norte,

hay de tierra firme entre la laguna y el pantano hasta veinte y mas

cuadras (segun dicen los indios), y es la entrada de esta grande

poblacion ó ciudad, siendo la parte por donde se halla fortificado de un

profundo foso de agua, y de un antemural rebellin; y ultimamente de una

muralla de piedra, pero baja. El foso tiene puente levadizo entre uno y

otro muro: grandes y fuertes puertas; y un baluarte, en donde hacen

centinela los soldados. Segun los indios, el puente se levanta todas las

noches.

Las armas que usan son, lanzas, espadas y puñales, pero no he podido

averiguar si son de fierro. Para defensa de la ciudad tienen artilleria,

lo que se sabe fijamente, porque á tiempos del año la disparan: no

tienen fusiles, para su personal defensa usan coletos. Tambien usan

otras armas, que los indios llaman laques, y son dos piedras amarradas

cada una en el extremo de un látigo, en cuyo manejo son diestrísimos, y

por esto muy temidos de los indios.

La forma ó construccion que tiene la ciudad no he podido indagarlo,

porque dicen los indios, que nunca les permiten entrar, pero que las mas

de las casas son de pared y teja, las que se ven de afuera por su

magnitud y grandeza.

Ignoro igualmente el comercio interior, y si usan de moneda ó no; pero

para el menage y adorno de sus casas, acostumbran plata labrada en

abundancia. No tienen añil, ni abalorios, por cuyo motivo dicen los

indios que son pobres. Hacen tambien el comercio de ganados de que

tienen grandísimas tropas fuera de la isla, al cuidado de mayordomos, y

aun de los mismos indios. Ponderando estos la grandeza de que usan,

dicen que solo se sientan en sus casas en asientos de oro y plata

(expresion de los españoles que salen fuera). Tambien han tenido

comercio de sal, esto es, hasta ahora poco la han comprado á los

Peguenches, que por aquella parte á menudo pasan la Cordillera, y son

muy amigos de estos; como así mismo lo han tenido con los indios

nuestros, que llamamos Guilliches, pero ya les ha dado Dios con

abundancia un cerro, y proveen á sus indios comarcanos.

Segun exponen los indios, usan sombrero, chapa larga, camisa, calzones

bombachos, y zapatos muy grandes. Los que andan entre los indios

regularmente estan vestidos de coletos, y siempre traen armas.

Los indios no saben si usan capa, porque solo los ven fuera del muro á

caballo; se visten de varios colores; son blancos, barba cerrada, y por

lo comun de estatura mas que regular.

Por lo que respecta al número de ellos claro está es muy dificil

saberlo, aun estando dentro de la ciudad: no por eso dejé de preguntar

repetidas veces á varios indios, los que respondieron, considerase si

serian muchos, cuando eran _inmortales_, pues en aquella tierra no

morian los españoles.

Con este motivo me informaron de que no cabiendo ya en la isla el mucho

gentio, se habian pasado muchas familias, de algunos años á esta parte,

al otro lado de la laguna, esto es, al este, donde han formado otra

nueva ciudad. Está á las orillas de la misma laguna, frente de la

capital; sírvele de muro por un lado la laguna, y por el otro está

rodeada de un gran foso, ignoro si es de agua, con su rebellin, y puerta

fuerte, y puente levadizo como la otra. La comunicacion de las dos está

por mar, por lo que tienen abundancia de embarcaciones. Tambien tienen

artilleria, y el que en esta manda, está sugeto al rey de la capital.

Nada puedo decir con respecto al órden interior de gobierno de aquel Rey

de la capital; pero sé por varias expresiones de los indios, que es muy

tirano: lo que confirma la noticia siguiente.

Habiendo salido de Chiloé un chilote en el mes de Octubre de 1773 (no sé

con que destino) llegó á avistar la principal ciudad de aquellos

españoles, pasando por medio de los indios, suplicándoles tuviesen

caridad de él, pues se veia allí sin saber á donde. Al llegar la noche

tocó las puertas de la ciudad (siempre las tienen cerradas) asomóse un

soldado, y haciéndole las regulares preguntas, de quien vive, &a.

respondió era chilote, y que allí habia llegado perdido, y que se

hallaba sin saber qué tierra era aquella. A lo que en lengua de indio

respondió el soldado, se admiraba de que los indios le hubiesen dejado

pasar vivo, pero ya que logró esa dicha se retirase prontamente antes

que algun otro le viese, (á todos se prohibia llegar allí) ó el se viese

precisado á dar parte á su Rey, quien si lo supiera (así lo relató el

chilote á los indios) mandaria buscarlo por cuantos caminos habia para

quitarle la vida, pues era hombre muy tirano, y que con su gobierno

ambicioso tenia á la plebe en la mayor consternacion, y esta es voz

comun de los indios. Volviendo al chilote que escapó del rigor de aquel

tirano, y ya entre los indios, algunos de ellos se ofrecieron á

acompañarle, pero en la primera montaña, le quitaron la vida: cuya

noticia se me trajo por indios de mucha verdad del fuerte de San

Fernando, á orillas del rio Bueno, luego que sucedió; y esto tiene á los

indios llenos de temor. Este suceso del chilote ha dado motivo entre

aquellos españoles (persuádome es la plebe) para el empeño de poner

señales en el cerro, que llaman de los Cochinos, que es donde se divisa

la ciudad principal y laguna, único y mas inmediato para llegar á

aquella tierra como lo expondré. En este sitio acaece, en lo que no hay

duda, que los españoles ponen una espada con zapatos; los indios la

quitan, y ponen un machete. Los españoles ponen una cruz; vienen los

indios quitan la cruz, y ponen una lanza, toda de palo. Los españoles

ponen redondas piedras como balas; y despues de estas amenazas de unos y

otros, estan constantemente hallando los indios en aquel propio sitio

del cerro, varios papeles, ó cartas puestas en una estaca, cosa que

tiene á los indios consternados, pues ni se atreven á quitarlos, ni se

apartan de allí, manteniéndose en continua vigilancia, temerosos que

algun papel de estos salga entra ellos, y dé en manos de nosotros. Esta

noticia y la del chilote, se han divulgado por toda la tierra adentro,

y, como digo, se hallan cuidadosos.

Para mas asegurarse de nosotros, aquel Rey tiene trato anualmente con

los indios de su jurisdiccion que son muchos, y para explicar su crecido

número dicen estos que parecen llovidos, aunque no muy valientes; á

quienes tiene tan gratos por estar precisamente á sus órdenes. Tiene

caciques al modo nuestro, y uno superior entre ellos con quien tiene mas

estrecha amistad. Con estos hace sus juntas, convocando tambien á los

Peguenches, con quien conserva gran familiaridad; y así suelen hallarse

multitud de vocales en las juntas que hace. El punto de que con mayor

esfuerzo se trata con todos aquellos indios, es sobre que no permitan

llegar ninguno de afuera por los caminos que tenemos para allá, ni por

la Cordillera inmediata á ellos, y que si alguno lo intentase, que lo

maten, sin la menor conmiseracion. Lo que hace creer se hallan contentos

en su retiro aquellos españoles, supongo serán los superiores, y que

aquellos signos de papeles, &a. serán de la plebe, que, oprimida, desea

sacudir el yugo.

Sin embargo cuando por órden de Nuestro Exmo. Señor Virey, D. Manuel de

Amat, Capitan General entonces de este reyno de Chile, se emprendió

aquella famosa salida para los llanos, que fué terror de los indios, sé

de cierto, por varios de estos que me lo aseguraron, fué público en esta

plaza, que estando disponiendose los nuestros para ella, llegó la

noticia á aquellos españoles, con la que ordenaron salir á encontrarse

con nosotros, no sé con que fin. Estando en estas disposiciones, llegó

nuestro campo á orillas de rio Bueno, en donde la noche de su llegada

tuvo aquel tan notorio ataque, que habiendo oido los españoles de la

laguna en el silencio de la noche, á la inmediacion de la ciudad, los

tiros de los pedreros y esmeriles, salieron á los dos ó tres dias con

300 hombres, segun los indios se explican y tiraron derechos para rio

Bueno. Al segundo dia de su marcha supieron la retirada de los nuestros

por los mismos indios, pero con todo no desistieron del empeño de

caminar; en cuya vista los indios aquella noche hicieron su consejo, y

resolvieron atacarlos á la mañana, y si posible fuese acabarlos: con

efecto presentaron la batalla en la que pelearon unos y otros con grande

valor, y que duró algunas horas, pues disputaban con iguales armas:

murieron un sin número de indios y bastantes españoles, pero quedó el

campo por estos, aunque con la muerte de su esforzado capitan. La

noticia de esta pelea procuraron obscurecerla, encomendando con pena de

la vida su sigilo, para que no llegára á nosotros.

El camino de menos rios, aunque mas dilatado, para aquellas dos

ciudades, es el que llamamos de los Llanos, por donde marchó nuestra

tropa hasta el rio Bueno. Este camino consta de una montaña como de

catorce leguas de largo, principia en el rio de Anquechilla, en donde

tenemos nuestra continua centinela para los indios, y termina en

Guequeciona: de ahí hasta el rio Bueno no se ofrece montaña ni loma, y

sí arroyos pequeños. De Anquechilla al rio Bueno, se regulan seis dias

de camino. Este rio es ancho, profundo y sin corriente: de ahí para la

ciudad de los españoles es todo llano, hasta llegar al cerro ya dicho de

los Cochinos. Este es un bajo, en el que hay muchos cochinos alzados, de

los que se aprovechan los españoles, y tambien los indios. Al pié de

este cerro, por la banda de la ciudad, hay dos riachuelos, ambos de

vado; el primero llamado Yoyelque, y el segundo Daulluco: este es el mas

cercano á la ciudad, que dista como cuatro leguas, tomando el camino de

un pedregal grande, siempre á orillas de la laguna, hasta llegar á la

primera fortaleza de foso.

El segundo camino es el que llamamos de Guinchilca, ó Ranco: este es mas

derecho, pero de muchos rios y arroyos, pues saliendo de la plaza hay el

Guaquelque, ó Cuicuitelfu, Collitelfu, Guinchilca (se pasan cuatro

veces, pero todos son de vado) y rio Bueno. Saliendo de Valdivia, hay

como veinte leguas de montaña, y termina esta en Guinchilca, en la que

hay tres rios de los dichos. El camino de la dicha montaña es ancho y

llano, con algunos malos pasos, fáciles de componer. Lo mas fragoso de

él se puede andar por el rio, hasta un lugar de indios, llamado

Calle-calle. Antes de llegar al rio Bueno se ofrece una montaña baja,

poco espesa, y de pocas leguas, al fin de la cual se dá con el Rio

Bueno. De ahí á poca distancia, siguiendo el camino de los españoles

hasta el fuerte de Osorno, caminando al sur, de allí al este, cosa de

una jornada, está la ciudad de Osorno, pero en seguida de dicho fuerte

al sur, á muy corto trecho, se dá con la gran laguna de Ranco que es el

asilo de los españoles, y sigue á orillas de ella por el pedregal. Este

camino es de carretas, y no hay la pension de trepar cerro alguno, desde

Guinchilca á la ciudad: por él se manejaban antiguamente los de Osorno.

En la distancia que hay de Guinchilca á aquel pueblo, se presentan

varias ruinas de fuertes pequeños, que segun la tradicion de los indios

eran escala ó jornadas, que hacian los que de esta plaza iban á aquella

ciudad. Esta es toda la serie de noticias, que de aquella incognita

ciudad he adquirido, á costa de incesantes trabajos, de cuya existencia

no me queda duda y en todo tiempo me obligo á mostrar el camino, ó

caminos que conducen á ella: lo que aseguro por Dios Nuestro Señor, y

esta señal de la cruz, y mi palabra de honor. Y para mayor prueba de la

verdad, expongo á continuacion los principales sugetos ó caciques,

despues de otros muchos de menos suposicion, que me han asegurado, con

algunas noticias mas que pongo, dadas por varios que no cito,

concordando unos con otros en el modo de decir y explicar lo que de

aquella ciudad saben.

El cacique Mariman me aseguró haber divisado la ciudad desde el cerro de

los Cochinos, que se halla en la laguna de Ranco, y que sabia eran los

españoles de Osorno, que nunca fueron vencidos, que son muchos, y muy

valientes. Sabe que por falta de viveres desampararon su tierra, despues

de haber comido gente muerta, y ganaron aquella isla, en donde

encontraron mucho ganado y grano de las haciendas que allí tenian varios

españoles acaudalados de la misma Osorno: que la causa de guardar tanto

sigilo era porque no los tuviesemos tributarios como en los tiempos

antiguos: que estan inmediatos á la Cordillera. Que la ciudad desierta

está próxima á los españoles, y aun se mantiene murada, que solo han

caido las puertas, y de las torres las medias naranjas; que hay otro

fuerte de la citada ciudad, mirado con pocas ruinas. Hasta hoy es una

isla que hace la misma gran laguna de Ranco al principio de ella, de

donde no divisan la poblacion de españoles. Que este fuerte nadie lo

habitaba: las armas que usan eran espadas y lanzas: que tienen

artilleria, porque hacen á tiempos las descargas.

Dos indios de las cercanias de aquellos españoles me exponen igualmente,

añadiendo tienen amistad con los indios inmediatos, con quienes hacen

sus juntas.

Por el indio Quaiquil supe igualmente, y añadió los habia visto: eran

corpulentos, blancos y rubios; que la entrada en la isla es por una

garganta corta de tierra, que tiene un foso, muralla, puente levadizo, y

muchas embarcaciones: que usan espada y lanza, tienen artilleria,

lienzos y plata, y mucho ganado mayor y menor. Segun compendí, su

vestuario es musgo, y á lo antiguo; que cuando la funcion de los Llanos,

habian salido á encontrarse con nosotros, pero que los indios les dieron

guerra, y que se mandó guardar secreto con pena de la vida.

El cacique Carriblanca, al año de la funcion de los Llanos, habiendo yo

pasado á su tierra, se valió de mí para que le consiguiese la entrada en

esta plaza (estaba privado á los de su jurisdiccion), para comunicar al

Sr. Gobernador ciertos asuntos; y haciéndole cargo del motivo que tenia

para no dar paso á la ciudad de los españoles alzados, y porque guardaba

secreto en una cosa tan sabida, me respondió, que desde sus antepasados

tenia obligacion de guardar sigilo, y de negar el camino como dueño de

él. Pero que si ya lo habian declarado otros, mal podia negarlo él, y me

dió las mismas señas que los otros, añadiendo que del rio Bueno á los

españoles hay dia y medio de caminos y que le dijese á mi Gobernador que

en el caso de querer reconocerlos, no fuesen tan pocos como el año

antecedente, sino que pasase de mil hombres la tropa, pues eran muchos

los indios que habia. Todo lo que hice presente al Gobernador D. Tomas

Carminate, quien respondió que nada creia de aquello, y que el comisario

le decia no convenia viniese á Valdivia dicho cacique; y con mi

respuesta que esperaba, dejó de venir.

En el mismo mes, conversando con Pascual, cacique del otro lado del rio

Bueno, delante de Tomas Silva, vecino de esta plaza, me dió las mismas

señas que los anteriores; y expuso que cerca de su casa hay un cerro

bajo ó loma, de donde no solo se divisa la ciudad, sino hasta la ropa

blanca que lavan, y bajado este cerro, habrá cuatro leguas de distancia

por el pedregal ó orilla de la laguna.

El mismo Pascual, á mediados de este año de 1773, hablando con Gregorio

Solis, vecino de esta plaza, le contó la serie de señales que he dicho,

mostrandole desde su casa el sitio donde las ponen, y añadió, como que

le consultaba, ¿qué prémio le pareceria que le daria nuestro Rey, en el

caso de descubrir el camino de la ciudad? Que ya consideraba lo harian

rico, y capitan de sus tierras, pero que aquello era conversacion. Esta

Solia era hombre de verdad, y muy conocido entre ellos.

El capitanejo Necultripay me comunicó haber estado en varias ocasiones á

lo de estos españoles, acompañado de los indios imediatos á los dichos.

Le supliqué me llevase una carta, y me respondió no podia, por los

motivos de brugeria, que ya dije; y tambien por ser costumbre entre

ellos ir acompañados entre aquellos indios, los que si lo entendieran,

le quitarian la vida. Pero que si el Gobernador resolvia reconocerlos,

iria de guia, y en su defecto á nadie se lo dijese, que él se ofrecia,

porque perderia la vida. Noticia que expuse á D. Felix Berroeta,

Gobernador de esta, quien la agradeció mucho, y me encargó continuase

con toda eficacia la correspondencia con estos indios, ofreciéndome para

el fin del descubrimiento, si era necesario, su caudal. Pero con su

muerte se frustraron nuestras ideas. Despues de algun tiempo la misma

noticia expuse á D. Juan Gartan Gobernador de esta, quien sin examinar

las circunstancias, me dijo que todo lo tenia por fábula. En cuanto á

las armas, situacion, caudales y vestimenta, coinciden las señales del

capitanejo con las precedentes. A los pocos dias me ví con el hijo del

citado capitanejo, que me expuso lo mismo que su padre, sin haber estado

presente cuando su declaracion.

Contra, indio de respeto entre ellos, me declaró igualmente que los

antecedentes, y que no los ha tratado, mas sabe que hay mucha gente, y

de valor, que nunca los han vencido, y sabe son los de Osorno.

Cumilaf, él del otro lado del rio Bueno, me aseguró vivia inmediato á

los españoles de la laguna, que son acaudalados de plata y ganado; pero

pobres en fierro y añil, y que tampoco tiene abalorios, dando las

propias señas en situacion, armas y caminos.

Guisieyau, expone lo mismo, y añade ha estado dos veces en aquella

ciudad: la una vez entró á comprarles agí con los indios inmediatos, y

me mostró un caballo que le habia vendido por un sable, y la marca que

tenia está en cifra.

Amotripay y sus hijos lo mismo declararon, sin temor alguno: son indios

de respeto entre ellos; viven de la otra parte del rio Bueno..

Lancopaguy, lo mismo, y muy por menor de la situacion, armas caudales y

caminos.

Gedacoy, igualmente, añadiendo era mejor camino el de Ranco por ser mas

llano, aunque, de mas rios, y todos convienen en esto. Tambien me dijo

que la causa de no dar paso los indios por aquel camino, ni admitir

conchabados es, porque no vean las ciudades, y tengan noticia por allí

de aquellos españoles.

Calfuy da noticia hasta del nombre de los caciques, amigos de los

españoles.

Rupayan dá cuenta de la situacion, armas, caudales, y de haber

encontrado sal.

Artillanca manifiesta lo mismo.

Antipan se esplaya mas sobre las circunstancias de la laguna y

fortaleza de la primera ciudad, y situacion de la segunda, y las islas

que hay dentro de la laguna.

Paqui dice que sabe estan los españoles en aquella isla, y dá muchos

detalles, los que concuerdan con las exposiciones precedentes.

Todos los citados son entre ellos personas de suposicion, para formar

total concepto de la verdad que expresan, especialmente combinandose sus

declaraciones, como tambien las de otros indios pobres, y de poca

autoridad. Y para que en todo tiempo conste esta informacion de la

incognita ciudad de Osorno, ademas del juramento que tengo hecho, me

sugeto á la pena que se me quiera imponer, en el caso de no ser cierta

la existencia de estos españoles, en el lugar que nomino. Y por ser así,

lo firmo en la plaza de Valdivia á tres dias del mes de Enero de 1774.

IGNACIO PINUER.

COPIA.

_De la carta escrita por D. Agustin de Jauregui, Presidente de Chile, al

Exmo. Sr. Virey del Perú._

EXMO. SEÑOR,--

D. Ignacio Pinuer, capitan graduado, y lengua general de la plaza y

ciudad de Valdivia, me remitió una relacion jurada y circunstanciada de

las noticias que tenia de personas que en ella cita, de existir á la

orilla de la laguna Ranco, madre del rio Bueno, distante poco mas ó

menos de cuarenta leguas de aquella plaza, y tres ó cuatro de la antigua

desolada ciudad de Osorno, hácia el sur, dos poblaciones de españoles,

cuyos causantes insinúa haber sido originados de la expresada ciudad, y

que en el alzamiento general del siglo pasado en que destruyeron los

indios siete ciudades, se mantuvo esta sitiada mucho tiempo de los

bárbaros; pero que al fin consiguieron salir libres, y ocultarse en

aquellas inmediaciones en donde se situaron, aprovechándose de las

proporciones que ofrece el parage en que se hallan, resguardados de la

misma laguna, y de un lodazal impenetrable; sin quedar mas que un

estrecho camino que sirve de entrada y salida, de muy fácil defensa; á

que han añadido fosos, y rebellines con puente levadizo, libres por esta

industria de ser invadidos de los infieles comarcanos, sobre quienes

parece que en la actualidad tienen adquirido dominio y subordinacion,

concurriendo á las juntas á que los citan con la obligacion de guardar

secreto de su permanencia en aquel oculto destino: que tienen murallas y

casas de juncos, alguna artilleria y buenas armas. Inmediatamente libré

providencia, para que el Gobernador de aquella plaza hiciese con toda

cautela y reserva informacion de los hechos expuestos, examinando con la

solemnidad del juramento al autor de las noticias referidas, y á los

demas que expresaban ser sabedores de ellas. Y supuesto su allanamiento

de acreditar la verdad por los medios que proponia, que lo auxiliase en

lo posible y preciso: advirtiéndole que para asegurar el asenso á su

informe, procurase traer algunas prendas de las particulares que tengan,

ó de que usen aquellos españoles. Antes de que llegase á manos del

referido Gobernador esta providencia, recibí las que habia dado sobre el

mismo asunto, en virtud del aviso de D. Juan Enriques, cadete de

aquella guarnicion, que concordaban en substancia con lo que dijo

Pinuer, acompañándolas con carta de 28 de Febrero de este año, en que se

incluye una copia que dirigió por el mismo cadete á los que tuviesen el

mando de las antedichas poblaciones, á efecto de que supiesen lo

inmediatos que estamos los de su nacion, y el deseo de descubrirlos y

sacarlos de aquel cautiverio, y la felicidad que les proporcionaba la

Divina Providencia para el mas claro conocimiento de nuestra sagrada

religion, incitándoles á la comunicacion. Igualmente se comprenden las

formalidades legalizadas, y las declaraciones del cadete Enriques y de

su ordenanza Baltazar Ramirez, soldado de aquella plaza, de haber

llegado á casa del cacique, nombrado Lipique, que vive en la entrada del

Rancon, á distancia de veinte y cuatro leguas de la plaza. Que allí

entregó la carta al soldado Ramírez; que éste pasó con ella disfrazado

de indio á la del cacique, llamado Limay, ocho leguas mas adentro, y que

de allí dió la carta al indio, nombrado Quaripangui, para entregarla á

los españoles que distan diez leguas hácia la Cordillera: obligandose,

en fuerza de lo que se le gratificaba, á volver con la respuesta dentro

de un mes, añadiendo el soldado haberse visto en grande peligro, á causa

de un grande trozo de indios que llegaron á lo del citado cacique Limay,

con el fin de quitarle la vida, porque sabian ser su solicitud el

descubrimiento de los españoles, segun lo que habia dicho otro soldado,

nombrado Marcelo Silva, al cacique Pallaturreo, y otros, y que todos

estaban alborotados con este motivo.--El Gobernador concluye diciendo,

que siempre será necesaria la fuerza, por el empeño con que los indios

los ocultan; y aunque por ahora no hay mayor fundamento para asentir á

dichas noticias, ni hacer por ellas novedad, llevaré adelante las

providencias que faciliten mejor, y dén una idea mas fundada de lo que

haya en realidad. Persuadiéndole desde luego que, á ser ciertas estas

poblaciones, serán de las que se solicitaban con el nombre de los

Césares, por conformarse las tradiciones de su ubicacion con las

noticias referidas, de cuya resulta daré puntual noticia á V.E. en la

primera ocasion que se presente.--Nuestro Señor guarde á V.E. muchos

años. Santiago 29 de Marzo de 1774. Exmo Señor: B.L.M. de V.E., su mas

rendido servidor.--

D. AGUSTÍN DE JAUREGUI.

Exmo. Señor, D. Manuel de Amat.

NUEVO

_Descubrimiento preparado por el Gobernador de Valdivia el año de 1777._

Derroteros y viages à la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creia existiese en la Cordillera, al sud de Valdivia. · 第 3 / 7 段