Este descubrimiento se podrá hacer con 300 paisanos de esta gente

estanciera, sin gastos reales; llevando cada uno 5 ó 6 caballos, y otras

tantas vacas, pues esta gente no gasta pan ni biscocho. Con caballos y

vacas todo tienen, y con solo darles pólvora y bala, de 6 á 7 libras de

cada cosa, (pues muchos usan lanza) estaba hecho el gasto. Porque acha,

barretas, azadas, palas para hacer pozos á falta de agua, empalizadas

para defensa de enemigos, &c; todos llevarian de sus casas, y cueros

para pasar rios. Si yo, que soy conocido por estas partes, viniera á

cada partido, y juntándome cada sargento mayor su gente, les hiciera una

exhortacion, animándolos á la empresa, poniéndoles delante los grandes

bienes que de ella se seguirian al servicio de Dios, del Rey, y aun el

suyo propio, por lo que se podria hallar de preciosidades á trueque de

cuentas de vidrio y otros abalorios, como las lograron los que

descubrieron á Mégico y al Perú, y en caso de no hallarse esto, que los

tendria V.S. muy en la memoria para sus aumentos; y mas si con esto se

les leyese un papel en que V.S. les hiciese estas debidas promesas: si

esto se hiciese, es factible, que sin mas aparato ni gastos, se

conseguiria el intento. El viage deberia hacerse por Setiembre, porque

de aquí hasta el rio del Sauce, por el verano, suele haber falta de

agua, y aun de pastos. Desde ahí hasta el Estrecho, dicen les indios que

en todas partes hay agua y pastos. Habria de durar seis á ocho meses, si

se registrára bien todo: y para tantos meses eran menester cinco reses

para cada uno, y con cabos que fuesen de empeño (que si no son

escogidos, luego se cansarian), todo se conseguiria, y V.S., ademas del

prémio que se le guardaria para la otra vida, lo tendria grande del Rey

Nuestro Sr. Nosotros acá no buscamos sino la honra y servicio de Dios,

de aquel gran Señor, á quien no correspondemos, sino haciendo mucho por

Su Magestad, y con solo su honra y gloria estamos contentos.

Si á V.S. no le agrada este proyecto, ó si no tuviere efecto el juntar

la gente de este modo, puede V.S. discurrir otro con gastos reales, ó á

costa de particulares, que quieran entrar en la empresa. En todo estoy á

las órdenes de V.S., que Dios guarde los años de mi deseo.--Estancia de

Areco, y Agosto 11 de 1746.--B.L.M. de V.S. su mas afecto servidor y

Capellan--

JOSE CARDIEL.

CAPITULO

_De una carta del P. Pedro Lozano al P. Juan Alzola, sobre los Césares,

que dicen están poblados en el estrecho de Magallanes_.

Bien sé que en esta materia no faltan fundamentos que absolverian mi

juicio de la nota de temerario; pues aquí me ha dicho el Sr. Rector, que

en tu tiempo pasó por Córdoba un flamenco que habia salido de los

Césares para Chile, porque habiéndose perdido su navio, fué á dar á

aquella tierra, de donde lo llevó D. José Garro á Europa. Otros mozos se

perdieron en la vaqueria, y fueron á dar á aquella laguna, en cuya

orilla oyeron campanas. El año de 512, salieron, segun creo, por la

Concepcion, algunos de dichos Césares, de los cuales uno entró en Chile

en la Compañia; y aun en Chile parece se ha tenido por muy cierto que

hay dichos Césares; pues aun el venerable padre Antonio Ruiz de Montoya,

en un memorial que presentó á Felipe IV, despues de haber estado cuatro

años en Madrid, y en el que responde á nueve calumnias contra esta

provincia, rebatiendo la segunda, de que los padres ponen mal á los

españoles con los indios, en uno de los párrafos en favor de los Padres,

dice así:--_A los Césares pretendieron conquistar los españoles.

Entraron con grandioso aparato por sus tierras; pero escarmentados en

los indios de Chile sus vecinos, no quisieron recibir el yugo. Y no hubo

allí religioso de la Compañia, que les hablase mal é indujese á no

recibir á los que pretendian conquistarles_. Tengo en mi poder dicho

memorial, que es de 11 hojas de á folio. Y el año de 1673, entró desde

Chiloé el venerable padre Nicolas Mascardi, en busca de ellos; pero le

martirizaron en el camino, y un papel que habrá 6 años me dió el padre

Rillo, dice así:--"El año de 1711, por invierno, cuando está cerrada la

Cordillera, salió á la ciudad de Chiloé, que cae de la otra parte de la

Cordillera hácia el estrecho de Magallanes, uno de los Césares

españoles, quien hizo relacion, de como en un ángulo de la Cordillera,

que cae de esta banda, están situadas tres ciudades de españoles, de los

navios que se perdieron en dicho estrecho de Magallanes, viniendo á

poblar estas Indias en tiempo de Carlos V; que por eso los llaman

_Césares_;" (relacion que dió un español antiguado), las cuales tres

ciudades quiso llamar á una, y la mas populosa, los Hoyos, la otra el

Muelle, y la tercera los Sauces. Distan segun los cosmógrafos, y por

relacion del dicho, 160 leguas de la ciudad de Mendoza, 140 de la de San

Juan Luis de Loyola, 190 de la de San Juan, 286 de Buenos Aires. De

Chillan ciudad de la otra banda, de la Cordillera 130 leguas, y 10 de

Calbuco, lugar de los Aucaes Chilenos. De manera que dichos Césares,

segun esta nueva relacion, caen tierra adentro, en el centro de la

serrania, distante de la costa de Magallanes lo que dichas ciudades, de

la provincia de Cuyo, poco mas ó menos, segun ellas distan de la dicha

costa. Por la parte del norte, donde está Mendoza, circunda á dichos

Césares una laguna de muchas leguas, la que les sirve de fortificacion y

muro contra las invasiones de los indios caribes, como son los Puelches,

Muyuluques y otras naciones. Con algunas tienen contratadas

embarcaciones, cambiando á los indios mieses, trigos, legumbres, y

ropas, por vacas que pasan embarcadas por la laguna. No tienen otro

metal que el de la plata, de que gozan en abundancia, y de él fabrican

rejas de arado, cuchillos, ollas, &a. Este hombre César salió á una

nacion de indios, que llaman, _Cumas de Chiloé_, y de allí lo dirigieron

á dicha ciudad. Salió á pié, que no usan caballos, como las demas

naciones de indios de aquellas serranias. Entróse en la compañia de

dichos, en la provincia de Chile, y hoy es coadyutor. En este mismo año

de 1711, el General D. Juan de Mayorga, vecino de Mendoza, sin tener

noticia de la salida de dicho César, por estar cerrada la Cordillera,

hizo y juntó gente en dichas tres ciudades de la provincia de Cuyo, por

mandado del Gobernador y Presidente de Chile, D. Juan Francisco Uztariz,

y entró por el mes de Setiembre de dicho año á descubrir dichos Césares,

con una guia española, que los indios habian cautivado en las vaquerias;

y habiendo este tenido noticia cierta de los Césares, por haberlos visto

de lejos (aunque no se comunicó con ellos, porque los indios lo

impedian), huido de su poder, dió esta noticia á dicho General Mayorga,

quien pidió licencia á su Presidente para esta entrada. Y habiendo

entrado, como llevo dicho, y dado la primera batalla á los indios, en el

camino (donde tomó 200 piezas de las familias de los indios, mató hasta

30 indios guerreros, y apresó algunos), se le amotinó la gente española,

diciendo, que los iba á entregar á la muerte, y hacerlos despojos de los

bárbaros, y con esto se volvió sin efecto. Y habiendo dado tormento á un

indio gandul de los apresados, para que confesase lo que sabia de los

Césares, dijo, que sabia eran españoles, y que así los llamaban ellos: y

por ser de esta parcialidad, que los habia visto, y que siete caciques

con siete parcialidades estaban esperando á dicho General y su gente,

mas acá de la sierra, para matarle con todos los suyos, debajo de

palabra de amistad. Hasta aquí dicho papel, que, como dije, me dió el

secretario Rillo, y que parece sea de letra del célebre padre Lezana.

Pero sea de quien se fuere, lo cierto es, que, aunque no tan menudo en

lo que refiere, discrepa poco en la substancia del de Villaruinas. Y que

no se hayan hallado en tanto tiempo los Césares, no es prueba de que no

los hay, como no lo fuera de que no habia Canárias, porque no se

hubiesen descubierto hasta los años de 1200; ni que no habia Indias, el

no haberse descubierto hasta los tiempos de Fernando el Católico; ni que

no habia Batuecos, el no haberse descubierto hasta el reynado de Felipe

II., y esto estando en el riñon de España. Con todo eso yo no lo creo,

solo envié dicho papel, como antes dije á Vuestra Señoria Reverendísima,

para que se entretuviese en el viage, para lo cual cualquier patraña

sirve; pero esta no deja de tener su apariencia de verdad.

PEDRO LOZANO.

DERROTERO

_Desde la ciudad de Buenos Aires hasta la de los Césares, que por otro

nombre llaman la_ Ciudad Encantada, _por el P. Tomas Falkner, jesuita_.

(1760.)

Llegando á la ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa Maria de

Buenos Aires, y provincia del Rio de la Plata, se saldrá de ella, y se

caminará por el camino abierto que hay de las carretas, que es el que

traginan los de Buenos Aires á la sierra del Tandil. Hay de esta sierra

en adelante indios que llaman Pampas: es un gentio que corre todas las

campañas, los cuales suelen hacer algunas hostilidades en las gentes que

salen á los campos á vaquear, y hacer faenas de sebo y grasa.

Distante de esta sierra, como cosa de 80 leguas, tirando para el

poniente, se hallará otra sierra que llaman Guamini, que está por un

lado distante del mar cosa de dos leguas: tiene esta sierra por la parte

del norte una laguna de aguas permanentes muy grande, llamada _Guamini_,

de donde toma el nombre la misma sierra. En esta laguna se suelen juntar

hasta seiscientos, y ochocientos indios Pampas, de diferentes naciones,

y solamente en el tiempo de cosecha de la algarroba, para hacer sus

paces unos con otros, poniendo sus ranchos al rededor de la laguna, para

entrar con tiempo al monte, que dista de allí como cosa de cuatro leguas

poco mas; en cuyo monte hay mucha cantidad de algarroba, de donde se

proveen para su mantenimiento, y para hacer la chicha para todo el año,

que es la bebida usual que ellos estilan.

Desde esta laguna hasta pasar á la otra parte del monte, hay de

travesía, por una parte, setenta leguas, en parte mas, y en parte menos:

con la advertencia de que en medio de este monte habitan otros indios

llamados _Mayuluches_, y serán como cuatro ó cinco mil por todos; los

cuales salen á correr las campañas por la parte del poniente; y es gente

muy belicosa, doméstica y amigos de los españoles.

Saliendo de este monte, tirando siempre hácia el poniente, se pasa por

unas campañas dilatadas, cuya travesía es de treinta leguas, sin que se

halle una gota de agua, por ser la tierra muy arenosa y estéril de todo

pasto, donde apenas se encuentra tal cual árbol. Pasado dicha travesía,

se halla un rio muy grande y hondo, que sale de la Cordillera grande de

Chile, y vá dando vueltas, atravesando dichas campañas. Este rio es

profundo, y lleno de barrancas muy ásperas en algunas partes, y por esta

causa tiene sus pasos señalados, por donde se pueda vadear; que por eso

es llamado rio de las _Barrancas_.

Pasado este rio, prosiguiendo por las dichas campañas estériles, siempre

siguiendo el mismo rumbo, se encuentra otro rio llamado Tunuyán,

distante uno de otro cincuenta leguas por algunas partes. Entre estos

dos rios habitan otros indios llamados Picuncties; son en gran número,

los mas bravos que hay en todas las campañas, 7 no se extienden á mas

que entre los dos rios.

Saliendo de este rio, _y_ siguiendo siempre el rumbo del poniente, se

entra por una campaña llena de médanos muy fragosos y ásperos, tierra

muy seca _y_ estéril. Caminando por entre los médanos, como cosa de

treinta leguas, se descubre, mirando al poniente, un cerro grande

nevado, muy alto, en forma de columna, llamado el cerro de Payen. En

dicho cerro están los indios Chiquillanes; que son muy domésticos y

familiares con los españoles, y llegarán al número de dos ó tres mil

indios. Tiene este cerro grande muchos cerros colorados al rededor, los

cuales son todos de metales de oro muy rico, y al pié de este cerro

grande, hay otro pequeño, que es de azogue, el cual se presenta como de

un cristal muy fino.

Desde este cerro grande se dirige el rumbo al sur, y á cosa de cinco

leguas se encuentra un rio, llamado el Rio Diamante: dicho así porque

nace de un cerro negro, pasado de plata; y con muchos diamantes. Mas

adelante de este cerro negro, como cosa de cinco leguas, se encuentra

otro rio, llamado de San Pedro. Entre estos dos rios, esto es, entre el

Diamante y el de San Pedro, habitan unos indios llamados Diamantinos,

gente de que los mas de ellos son cristianos, que se huyeron de los

pueblos españoles, por las violencias de los encomenderos. Son estos

indios muy labradores, y serán en número de 400. Este rio de San Pedro

es muy temido de toda clase de indios, por lo fragoso que es, y porque

solo tiene unos pocos pasos, por cuanto lo mas del año está crecido.

Prosiguiendo siempre el mismo rumbo hácia el sur, á distancia de cuatro

leguas, se encuentra otro riachuelo, que llaman Estero: llámase tambien

el riachuelo de los Ciegos, por haber habitado allí en tiempos antiguos

unos indios que se cegaron de resultas de un temporal grande que huvo de

nieve. En este riachuelo ó estero habita una multitud de indios, que

llaman Peguenches, cuyas armas son lanzas y alfanjes, que usan tambien

todos los demas. Estos indios Peguenches corren hasta la Cordillera

Nevada, por la parte del poniente, y por la parte del sur comercian con

los Césares ó españoles.

Caminando siempre por el mismo rumbo, cosa de treinta leguas mas ó

menos, se encuentran otros indios, llamados Puelches. Estos indios son

muy altos y corpulentos, y tienen los ojos muy pequeños: son tan pocos,

que no llegan á seiscientos, y son tambien muy parciales y amigos de los

españoles, con quienes desean tener siempre trato. Esta gente está á la

boca de un valle muy grande, de donde sale un rio muy caudoloso, llamado

el rio Hondo, el cual es criadero. Dicho rio Hondo nace de la falda de

unos cerros colorados muy ricos, pasados de oro, y mucho cobre campanil,

que es la madre de dicho oro en grano. Estos indios tienen su Cura ó

Párroco, el cual depende del Obispo de Chile, siendo los mas de ellos

cristianos.

Prosiguiendo siempre al propio rumbo del sur, se encuentra, como á

distancia de tres leguas, otro rio que llaman el Rio del Azufre, por

tenerlo en abundancia; y este rio, nace de la raiz de un volcan.

Caminando el mismo rumbo, como cosa de treinta leguas ó algo mas, se

encuentra otro rio grande, muy ancho, y muy apacible en sus corrientes;

y este rio nace en la Cordillera de un valle grande espacioso, y muy

alegre, en donde están y habitan los indios Césares. Es una gente muy

crecida y agigantada, tanto, que por el tamaño del cuerpo no pueden

andar á caballo sino á pié. Estos indios son los verdaderos Césares; que

los que vulgarmente llaman así, no son sino españoles, que anduvieron

perdidos en aquella costa, y que habitan junto al rio que sale del

valle, en las inmediaciones de los indios Césares; y por la cercania que

tienen á esta nacion, les dan vulgarmente el mismo nombre, no porque en

la realidad lo sean. Estos indios Césares es gente mansa y apacible: las

armas que usan son flechas grandes, ó arpones, con que se guarecen y

matan la caza, que son los guanacos que hay abundantes en aquellas

tierras. Tambien usan estos indios de la honda con que tiran una piedra

con gran violencia; y estos indios son los que trabajan en los metales

de plomo romo, y lo funden á fuego; y el modo que tienen de fundir así

los metales como el plomo, es diferente del nuestro, porque nosotros

los españoles lo fundimos en hornillos, y ellos lo funden en otra

fábrica que llaman _guayras_.

En el dicho valle grande y espacioso, donde habitan estos indios

Césares, hay un cerro grande muy alto y derecho, y al pié de este cerro,

se encuentra un cerrillo negro muy relumbrante, que parece tener metal

de plata, y es de piedra iman muy fina, y hay piedras del tamaño de tres

cuartas; y si se buscase, se hallarian mas grandes; que es cosa de

admiracion. Estos indios no trabajan sino en este metal, por ser suave y

blando, y no explotan los otros metales ricos de plata: lo uno, porque

no los saben fabricar, y lo otro porque no hay azogue, y por esta causa

no hacen aprecio de metales mas ricos, aunque hay muchísimos.

Saliendo de adentro del dicho valle, por la orilla del rio grande, como

cosa de 6 leguas abajo, se halla el paso, ó portezuela por donde llegan

los españoles que habitan de la otra parte del rio, con sus

embarcaciones pequeñas, que no tienen otras; y como cosa de tres leguas

mas abajo, se halla el paso por donde vadean los de á caballo, por el

tiempo de cuaresma, como tengo referido, por estar lo mas del año muy

crecido el dicho rio.

* * * * *

_Descripcion de la ciudad de los Españoles._

Esta ciudad, que llaman la _Ciudad Encantada_, está en la otra parte de

dicho rio grande que he referido, poblada en un llano, y fabricada mas á

lo largo que en cuadro, casi en la misma planta que la de Buenos Aires.

Tiene esta ciudad muy hermosos edificios de templos, y casas de piedra

labrada, y bien tejadas al uso de nuestra España. En las mas de ellas

tienen los españoles indios cristianos para la asistencia de sus casas y

haciendas, á quienes los propios españoles, con su educacion han

reducido á nuestra Sta. Fé Católica. Tiene dicha ciudad, por la parte

del poniente y del norte, la Cordillera Nevada, en la cual han abierto

dichos españoles muchísimos minerales de oro y de cobre, y estan

continuamente explotando dichos metales.

Tambien tiene esta ciudad, por la parte del sur hasta el oriente,

dilatadas campañas, donde tienen los vecinos y habitadores sus estancias

de ganados mayores y menores, que son muchísimos; y heredades para su

recreo, con mucha abundancia de todo género de granos y hortaliza:

adornadas dichas heredades, con sus alamedas de diferentes árboles

frutales, que cada una de ellas es un paraiso. Solo carecen de viñas y

olivares, por no tener sarmiento para plantarlos.

Tambien tienen por la parte del sur los habitadores de esta ciudad, cosa

de dos leguas poco mas, la mar vecina, de donde se proveen de rico

pescado y marisco para el mantenimiento de todo el invierno. Y

finalmente, por no ser molesto en esta descripcion, digo que es el mejor

temperamento, y mas benévolo que se halla en toda la América, porque

parece un segundo paraiso terrenal, segun la abundancia de sus

arboledas, ya de cipreses, cedros, pinos de dos géneros; ya de naranjos,

robles y palmas, y abundancia de diferentes frutas muy sabrosa: y es

tierra tan sana que la gente muere de puro vieja, y no de enfermedades,

porque el clima de aquella tierra no consiente achaque ninguno, por ser

la tierra muy fresca, por la vecindad que tiene de las sierras nevadas.

Solo falta gente española para poblarla, y desentrañar tanta riqueza,

que está oculta en aquel país; por lo que ninguno se admire de cuantos á

sus manos llegase este manifiesto, porque todo lo que aquí vá referido,

no es ponderacion, ni exageracion alguna, sino la pura verdad de lo que

hay y es, como que yo mismo lo he andado, lo he visto y tocado por mis

manos. Tiene de jurisdiccion dicha ciudad 260 leguas, mas que menos &a.

RELACION

_De las noticias adquiridas sobre una ciudad grande de españoles, que

hay entre los indios, al sud de Valdivia, é incognita hasta el presente,

por el capitan D. Ignacio Pinuer._ (1774.)

Habiendo, desde mis primeros años, girado el poco comercio que ofrecen

los indios comarcanos, y las jurisdicciones de esta plaza, me fuí

internando, y haciendo capaz de los caminos y territorios de los indios,

y especialmente de sus efectos, como es constante á todos los de esta

plaza. Con este motivo tenia con ellos conversaciones públicas y

secretas, confiandome sus mas reconditos secretos, y contándome sus mas

antiguos monumentos y hechos inmemoriales. Mas entre las varias cosas

ocultas que me fiaban, procuré adquirir noticias, que ya, como sueño ó

imaginadas, oia en esta entre mis mayores; y haciéndome como que de

cierto lo sabia, procuraba introducirme en todas, para lograr lo que

deseaba. Tuve la suerte muchas ocasiones, que los sugetos de mayor

suposicion entre ellos, me revelasen un punto tan guardado y encargado

de todos sus ascendientes; porque aseguraban que de él pendia la

conservacion de su libertad.

Esta es la existencia de una ciudad grande de españoles: mas no

satisfecho con solo lo que estos me decian, seguia el empeño de indagar

la verdad. Para ello cotejaba el dicho de los unos con los informes de

los otros, y hallándolos iguales, se me aumentaba el deseo de saber á

punto fijo el estado de aquella ciudad ó reino (como ellos lo nombran),

y tomé el medio de contarles lo mismo que ellos sabian, fingiéndoles que

aquellas noticias las tenia yo y todos los españoles por la ciudad de

Buenos Aires, comunicadas por los indios Pampas, picados de haber tenido

una sangrienta guerra con los mismos Guilliches. Pero que los de

Valdivia nos desentendíamos de ellas, temiendo que el Rey intentase

sacar aquellos rebeldes, en cuyo caso experimentaríamos las

incomodidades que acarrea una guerra. Con oir estas y otras expresiones,

ya me aseguraban la existencia de los _Aucahuincas_ (así los nominan),

el modo y trato de ellos: bien que siempre les causaba novedad, como los

Peguenches, siendo tan acérrimos enemigos de los españoles, diesen una

noticia tan encargada entre ellos para el sigilo; y esto dorado con

algunas razones, producidas en lo inculto de sus ingenios: á lo que

regularmente les contestaba que de un enemigo vil mayores cosas se

podian esperar, aunque no era de las menores el tratarlos de traidores,

y de que como ladrones tenian sitiados y ocultos hasta entonces aquellos

españoles, privando á su Rey de aquel vasto dominio. Este es el arte con

que los he desentrañado, y asegurándome de las exquisitas noticias que

pueden desearse para la mayor empresa, sin que por medio de

gratificacion, ni embriaguez, ya medio rematados, ni otro alguno, jamas

lograse de ellos cosa á mi intento, antes sí una gran cautela en todas

las conferencias que sobre el particular tenia con ellos, cuidaba de

encargarles el secreto, que les convenia guardar, pues sus antepasados,

como hombres de experiencia y capacidad, sabian bien los motivos de

conservarlo. Y si sucedia, como acaeció muchas veces, llevar en mi

compañia alguno ó algunos españoles, me separaba de ellos para hablar de

estos asuntos, procurando salir al campo, ó á un rincon de la casa con

el indio, á quien le prevenia que callase, si llegaba algun conmpañero

mio, pues no convenia fiar á todos aquel asunto, porque como no eran

prácticos en los ritos de la tierra, saldrian hablando y alborotando.

Este régimen, y la cautela de no mostrar deseos de saber, sino solo

hablar como por pasatiempo de lo que ambos sabíamos, he usado con los

indios sobre treinta años, teniendo la ventaja de hablar su natural

lengua, por cuyo motivo egerzo hoy por este gobierno (despues de otros

empleos militares), el de lengua general de esta plaza, en donde á todos

les consta la estimacion que hacen de mi aquellos naturales. Así adquirí

las evidentes noticias que expongo al Monarca, ó á quien hace su

inmediata persona, diciendo:--

Que en aquel general alzamiento, en que fueron, (segun antiguas

noticias), perdidas ó desoladas siete ciudades, la de Osorno, una de las

mas principales y famosas de aquellos tiempos, no fué jamas rendida por

los indios; porque aunque es cierto, que la noche en que fueron atacadas

todas, segun estaba dispuesto, le acometieron innumerables indios con

ferocidad, hallaron mucha resistencia en aquellos valerosos españoles,

que llevaron el prémio de su atrevida osadia, quedando bastantes muertos

en el ataque, con poca pérdida de los nuestros. Pero sin embargo

determinaron los indios sitiar la ciudad, robando cuanto ganado habia en

los contornos de ella, y frecuentando sus asaltos, en los que siempre

quedaron con la peor parte. Pero, pasados seis ó mas meses, consiguieron

por medio de la hambre ponerlos en la última necesidad; tanto que por no

rendirse, llegaron á comerse unos á otros: y noticiosos los indios de

este aprieto, los contemplaron caidos de ánimo, por lo que resolvieron

atacarlos con la ayuda de los que acababan de llegar victoriosos de esta

plaza; y en efecto hicieron el último esfuerzo, envistiéndola con tanta

fiereza que fué asombro. Pero el valor de los españoles, con el auxilio

de Dios, logró vencerlos, matando cuantos osaron subir por los muros,

donde pelearon las mugeres con igual nobleza de ánimo que los hombres; y

aunque vencidos los indios, siempre permanecieron á la vista de la

ciudad, juzgando que precisamente los habia de rendir el hambre, como

tan cruel enemigo. Pero los españoles, cada vez con mas espíritu, se

abastecieron de cadáveres de indios, y reforzados con aquella carne

humana, y desesperados ya de otro recurso, determinaron abandonar la

ciudad, y ganar una península fuerte por naturaleza que distaba pocas

leguas al sur, (cuyo número fijo no he podido averiguar, pero sé que son

pocas) en donde tenian sus haciendas varias personas de la misma Osorno,

de muchas vacas, carneros, granos, &a. Salieron con sus familias, lo mas

precioso que pudieron cargar; con las armas en las manos marcharon,

defendiéndose de sus enemigos, y sin mayor daño llegaron á la península,

la que procuraron reforzarla, y despues de algunos dias de descanso,

hicieron una salida, vengaron en los enemigos su agravio, pues dejaron

el campo cubierto de cadáveres, volviendo á la isla no solo con porcion

de ganado, sino con cuanto los indios poseian, y continuaron

fortaleciéndola.

Derroteros y viages à la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creia existiese en la Cordillera, al sud de Valdivia. · 第 2 / 7 段