En dicho año de 1701, entrando D. Juan de Mayorga á recoger

DERROTEROS Y VIAGES

A LA

Ciudad Encantada, ó de los Césares.

QUE

SE CREIA EXISTIESE EN LA CORDILLERA,

AL SUD

DE VALDIVIA.

Primera Edicion.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO, 1836.

DISCURSO PRELIMINAR

A LAS

NOTICIAS Y DERROTEROS

DE LA

CIUDAD DE LOS CESARES.

Pocas páginas ofrece la história, de un carácter tan singular como las

que le preparamos en las noticias relativas á la _Ciudad de los

Césares_. Sin mas datos que los que engendraba la ignorancia en unas

pocas cabezas exaltadas, se exploraron con una afanosa diligencia los

puntos mas inaccesibles de la gran Cordillera, para descubrir los

vestigios de una poblacion misteriosa, que todos describian, y nadie

habia podido alcanzar.

En aquel siglo de ilusiones, en que muchas se habian realizado, la

imaginacion vagaba sin freno en el campo interminable de las quimeras, y

entre las privaciones y los peligros, se alimentaban los hombres de lo

que mas simpatizaba con sus ideas, ó halagaba sus esperanzas. El

espectáculo inesperado de tantas riquezas, amontonadas en los templos y

palacios de los Incas, avivó los deseos y pervirtió el juicio de esos

felices aventureros, que no contentos con los frutos opimos de sus

victorias, se prometian multiplicarlos, ensanchando la esfera de sus

conquistas.

El contraste entre la abundancia de los metales preciosos en América, y

su escasez, tan comun en aquel tiempo en Europa, y mas especialmente en

España, explica esta sed inextinguible de oro en los que marchaban bajo

los pendones de Cortes y Pizarro. La disciplina militar no era entonces

tan severa que enfrenase la licencia del soldado, y escarmentase la

prevaricacion de los gefes. Nervio principal del poder de los reyes, y

ciegos instrumentos de sus venganzas, los egércitos disfrutaban de la

impunidad con que suele recompensarse esta clase de servicios, y ninguna

barrera era capaz de contener el brazo de esos indómitos satélites del

despotismo. Si hay quien lo dude, contemple la suerte de Roma, profanada

por los soldados de un general de Carlos V, casi en la misma época en

que sus demas caudillos anegaban en sangre á regiones enteras del Nuevo

Mundo.

Ninguna de las pasiones nobles, que suelen agitar el corazon de un

guerrero, templó esa sórdida ambicion de riquezas, que cegaba los

hombres, y los hacia insensibles á los mismos males que sufrian. Los

planes que se frustraban eran facilmente reemplazados por otros no menos

efímeros y fantásticos; y las últimas empresas sobrepujaban casi siempre

en temeridad á las que las habian precedido. No contentos con lo mucho

que habian disipado, buscaban nuevos recursos para fomentar su natural

propension á los gustos frívolos, cuando no era á los vicios ruinosos.

Bajo el imperio de estas ilusiones, acogian todas las esperanzas,

prestaban el oido á todas las sugestiones, y estaban siempre dispuestos

á arrostrar los mayores peligros, cuando se les presentaban en un camino

que podia conducirlos á la fortuna. Es opinion general de los escritores

que han tratado del descubrimiento del Rio de la Plata, que lo que mas

influyó en atraerle un número considerable y escogido de conquistadores,

fué el nombre. Ni el fin trágico de Solis, ni el número y la ferocidad

de los indígenas, ni el hambre que habia diezmado á una porcion de sus

propios compatriotas, fueron bastantes á retraerlos de un país que los

brindaba con fáciles adquisiciones. Pero pronto reconocian su error, y

el vácio que dejaba este desengaño hubiera sido abrumante, si no

hubiesen tenido á su disposicion un _Dorado_ y los _Césares_ para

llenarlo.

Estas dos voces, que son ahora sin sentido para nosotros, fueron

entonces el alma de muchas y ruinosas empresas. Los gobiernos de Lima,

Buenos Aires y Chile, distrayéndose de las atenciones que los rodeaban,

tendian la vista hácia estas poblaciones misteriosas, reiterando sus

conatos para alcanzarlas; y las noticias que circulaban sobre su

existencia, eran tan circunstanciadas y concordes, que arrancaban el

convencimiento. Se empezó por repetir lo que otros decian, y se acabó

por hablar como testigos oculares.

De los Césares sobre todo se discurria con la mayor precision y

evidencia. Eran ciudades opulentas, fundadas, segun opinaban algunos,

por los españoles que se salvaron de Osorno y de los demas pueblos que

destruyeron los Araucanos en 1599; ó segun otros, por los restos de las

tripulaciones de los buques naufragados en el estrecho de Magallanes.

"La ciudad principal, (puesto que se contaban hasta tres) estaba en

medio de la laguna de _Payegué_, cerca de un estero llamado _Llanquecó_,

muy correntoso y profundo. Tenia murallas con fosos, rebellines y una

sola entrada, protegida por un puente levadizo y artilleria. Sus

edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien techados

al modo de España. Nada igualaba la magnificencia de sus templos,

cubiertos de plata maciza; y de este mismo metal eran sus ollas,

cuchillos, y hasta las rejas de arado. Para formarse una idea de sus

riquezas, baste saber que los habitantes se sentaban en sus casas en

asientos de oro! Gastaban casaca de paño azul, chupa amarilla, calzones

de _buché_, ó bombachos, con zapatos grandes, y un sombrero chico de

tres picos. Eran blancos y rubios, con ojos azules y barba cerrada.

Hablaban, un idioma ininteligible á los españoles y á los indios; pero

las marcas de que se servian para herrar su ganado eran como las de

España, y sus rodeos considerables. Se ocupaban en la labranza, y lo que

mas sembraban era _ají_, de que hacian un _vasto comercio_ con sus

vecinos. Acostumbran tener un sentinela en un cerro inmediato para

impedir el paso á los extraños; poniendo todo su cuidado en ocultar su

paradero, y en mantenerse en un completo aislamiento. A pesar de todas

estas precauciones, no habian podido lograr su objeto, y algunos indios

y españoles se habian acercado á la ciudad hasta oir el tañido de las

campanas!"

Estas y otras declaraciones que hacian, _bajo de juramento_, los

individuos llamados á ilustrar á los gobiernos sobre la _Gran Noticia_,

(tal era entonces el nombre que se daba á este pretendido

descubrimiento) excitaron el celo de las autoridades, y la mas viva

curiosidad del público. Este fervor, y los proyectos de expediciones que

le fueron consiguientes, empezaron con el siglo XVII, y continuaron

hasta el año de 1781, en que la Corte de España encargó al Gobierno de

Chile de tomar en consideracion las propuestas del capitan D. Manuel

Josef de Orejuela, que solicitaba auxilios de tropa y dinero para

emprender la conquista de los _Césares_. Con este motivo se pasaron al

Fiscal de aquel reino nueve volúmenes de autos, que se conservaban en

los archivos, para que aconsejase las medidas que le pareciesen mas

conducentes á llenar los objetos consultados. Este magistrado procedió

en su exámen con los principios del criterio legal, que no duda de lo

que se apoya en declaraciones _juradas, explícitas, concordes_ y

_terminantes_. Las objeciones que se hacian contra estos asertos le

parecieron cavilaciones de hombres acostumbrados á dudar de las cosas

mas evidentes. Puso en cotejo la incredulidad con que se oyeron los

vaticinios de Colon sobre la existencia de un nuevo mundo; los muchos é

importantes descubrimientos debidos á las solas indicaciones de los

indios, y buscó en la historia de los naufrágios célebres una

explicacion fácil al orígen de estas poblaciones ocultas.

Hay errores que merecen ser escusados, y en los que pueden incidir los

espíritus mas rectos y juiciosos: tal nos parece el del Fiscal de Chile.

Su convencimiento es completo: no solo creia en los Césares, sino que se

esforzaba á que todos les creyesen.--_Con semejantes atestaciones_,

exclamaba en su entusiasmo, _parece que ya no debe dudarse de la

existencia de aquellas poblaciones_. Y realmente ¡cuan peligroso seria

en un juez un sistema de investigacion llevado hasta la incredulidad y

el escepticismo! ¡Cuan insuperables serian las trabas que opondria al

curso de la justicia una conciencia _incontentable_, que desconfiase de

la razon, y protestase contra sus fallos!...

No eran hombres vulgares los PP. Mascardi, Cardiel y Lozano, y todos

ellos participaron de este engaño, trabajando con ahinco para

generalizarlo. Uno de ellos fué víctima de su celo apostólico:--los

otros estaban dispuestos á imitarle, por la persuasion en que estaban

de hallar un pueblo, falto de los auxilios de la religion, aunque

viviese en la comodidad y la abundancia.

Sin embargo, esta justificacion de un error que ya no es posible

disfrazar, debo esparcir dudas sobre muchos hechos históricos, por mas

auténticos y calificados que sean. Hay épocas en que la razon se ofusca

al contemplar objetos nuevos é inusitados; y expuesto el hombre mas

juicioso á una serie continua de impresiones violentas, deja de

analizarlas, y baja insensiblemente al nivel de las inteligencias

vulgares, que todo lo ponderan y admiran. Para cumplir con el precepto

del sábio, _nil admirari_, se necesita estar en el pleno egercicio de

sus facultades, y haber contraido cierto hábito de dominar sus sentidos,

siempre propensos á fascinar, y á engañarse. ¡Cuan distantes estaban los

conquistadores de América de este estado de sosiego! Para ellos todo era

motivo de arrebato. El espectáculo de un nuevo mundo, de pueblos nuevos,

de nuevas costumbres, y mas que todo, esas fuentes inagotables de

riquezas, que brotaban por todas partes con mas prontitud que el mismo

deseo de poseerlas, mantenian á los hombres en una dulce y perpetua

extasis. Sin tomar el opio como los musulmanes, probaban las mismas

sensaciones, y les costaba trabajo arrancarse de ellas.

Con estas disposiciones se forjaron tantas mentiras, y se formaron

espedientes para acreditarlas. Los casos mas inverósimiles, los sucesos

mas extraños, las declaraciones evidentemente falsas y absurdas,

encontraban siempre testigos, y un _escribano_ para certificarlas. El

que quisiera recopilar estos embustes, formaria una obra voluminosa, y

talvez divertida. Garcilaso, el menos crédulo de sus contemporáneos, no

ha podido sustraerse de este embeleso; ya exagerando la sabiduria de las

antiguas instituciones del Perú; ya sus tesoros, ya la fecundidad de su

territorio. Le habian quedado algunas dudas sobre la magnitud

extraordinaria de un _rábano_ del valle de Cuçapá, del que habia oido

hablar vagamente, y se encontró en Córdoba con un caballero español, que

acompañaba al Gobernador de Chile cuando se trató de reconocer y

_probar_ este hecho. Este español le dijo, "_á fé de caballero

hijodalgo_, no solo ví cinco caballos atados á las ramas del rábano,

sino que comí de él, y lo hallé muy tierno."

Con este motivo le habló tambien de un _melon_ del mismo valle de Ica,

que pesaba cuatro arrobas y tres libras, y del que se tomó fé y

testimonio _ante escribano_!--De este modo cundia el fraude por obra de

aquellos mismos que debian atajarlo, y se sorprendia la conciencia

pública hasta en los documentos auténticos.

La poca instruccion que reinaba en las clases privilegiadas, favorecia

estas imposturas, y hacia mas dificil su manifestacion. La geografia,

que debió haber adelantado en proporcion de los descubrimientos, quedaba

estacionaria; y solo al cabo de muchos años se pensó en reconocer lo que

habia sido ocupado. De conformidad á los primeros informes sobre la

localidad de los Césares, los geógrafos los habian colocado en una abra

de la Cordillera Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud austral: y

no obstante, habia gefes que preguntaban por la _Gran Noticia_ á los

indios Chiquitos, y otros que la buscaban en las riberas del Atlantico!

La gravedad con que el Fiscal de Chile funda su dictámen en 1782, prueba

que hasta entonces conservó todo su crédito esta patraña.

La solicitud del capitan Orejuela, que dió mérito á este informe, puede

haber sido dictada por un exceso de candor, ó por un cálculo de malicia.

En ambos casos tiene el mérito de haber dejado concentrado en un solo

foco las varias opiniones que se han vertido sobre este asunto, y cuya

lectura es mas que suficiente para clasificarlas.

De los distintos papeles á que se refiere el Fiscal de Chile, hemos

extractado lo que nos ha parecido mas conducente á formar el juicio del

público, relegando al olvido muchos pequeños detalles que nada hubieran

añadido á su convencimiento.--Estos documentos nos han sido franqueados,

parte por el Sr. Coronel D. José Maria Cabrer, y parte por el Sr. Dr. D.

Saturnino Segurola, cuya liberalidad y benevolencia solo podemos

retribuir con este testimonio estéril de nuestro agradecimiento.

_Buenos Aires, 28 de Enero de 1336_.

PEDRO DE ANGELIS

DERROTERO

_De un viage desde Buenos Aires á los Césares, por el Tandil y el

Volcan, rumbo de sud-oeste, comunicado á la corte de Madrid, en 1707,

por Silvestre Antonio de Roxas, que vivió muchos años entre los indios

Peguenches_.

Los Indios de esta tierra se diferencian algo en la lengua de los Pampas

del Tandil ó del Volcan. Dirigiéndose al sud-oeste hasta la sierra

Guamini, que dista de Buenos Aires ciento y sesenta leguas, se

atraviesan sesenta leguas de bosques, en que habitan los indios

Mayuluches, gente muy belicosa, y crecida, pero amiga de los españoles.

Al salir de dichos bosques se siguen treinta leguas de travesía, sin

pasto ni agua, y se lleva desde el Guamini el rumbo del poniente. Al fin

de dicha travesía se llega á un rio muy caudaloso y hondo, llamado de

las Barrancas: tiene pasos conocidos por donde se puede vadear.

De dicho rio se siguen cincuenta leguas al poniente, de tierras

estériles y medanosas, hasta el rio Tunuyan. Entre los dos rios habitan

los indios Picunches, que son muchos, y no se extienden sino entre ambos

rios.

De dicho rio Tunuyan, que es muy grande, se siguen treinta leguas de

travesía, por médanos ásperos, hasta descubrir un cerro muy alto,

llamado Payen. Aquí habitan los indios Chiquillanes. Dicho cerro es

nevado, y tiene al rededor otros cerrillos colorados de vetas de oro muy

fino; y al pié del cerro grande uno pequeño, con panizos como de azogue,

y es de minerales de cristal fino. Por lo dicho resultan, hasta el pié

de la Cordillera, 330 leguas de camino: y las habrá á causa de los

rodeos precisos para hallar las aguadas y pasos de los rios. Pero por un

camino directo no puede haber tantas, si se considera que desde Buenos

Aires á Mendoza hay menos de 300 leguas, abriendo algo mas el rumbo

desde aquí casi al poniente con muchas sinuosidades; y el Payen, segun

el rumbo de la Cordillera, queda al sur de Mendoza.

_Prosigue el derrotero al sur, costeando la Cordillera hasta el valle de

los Césares_.

Caminando diez leguas, se llega al rio llamado San Pedro, y en medio de

este camino, á las cinco leguas, está otro rio y cerro, llamado

Diamantino, que tiene metales de plata y muchos diamantes. Aquí habitan

los indios llamados Diamantinos, que son en corto número.

Cuatro leguas mas al sur, hácia el rio llamado de los Ciegos, por unos

indios que cegaron allí en un temporal de nieve, habita multitud de

indios, llamados Peguenches. Usan lanza y alfange, y suelen ir á

comerciar con los Césares españoles.

Por el mismo rumbo del sur, á las treinta leguas, se llega á los indios

Puelches, que son hombres corpulentos, con ojos pequeños. Estos Puelches

son pocos, parciales de los españoles, y cristianos reducidos en

doctrina, pertenecientes al Obispo de Chile.[1]

[Nota 1: _Pocos años despues que anduvo el autor en aquella tierra, los

indios Puelches se amotinaron, y mataron al doctrinero Jesuita. No se

sabe si fueron muchos los culpados, pero sabiendo que entraba gente de

Chiloé á castigarlos, desampararon su reduccion, y se huyeron: de modo

que la expedicion de Chiloé no tuvo mas efecto que haber averiguado

dicha huida_.]

En la tierra de estos Puelches hay un rio hondo y grande, que tiene

lavadero de oro. Caminando otras cuatro leguas hay un rio llamado de

Azufre, porque sale de un cerro ó volcan, y contiene azufre.

Por el mismo rumbo, á las treinta leguas, se halla un rio muy grande y

manso, que sale á un valle muy espacioso y alegre, en que habitan los

indios Césares. Son muy corpulentos, y estos son los verdaderos Césares.

Es gente mansa y pacífica; usa flechas, ó arpones grandes, y hondas,

que disparan con mucha violencia: hay en su tierra muchedumbre de

guanacos que cazan para comer. Tienen muchos metales de plata, y solo

usan del plomo romo, por lo suave y fácil de fundir. En dicho valle hay

un cerro que tiene mucha piedra iman.

Desde dicho valle, costeando el rio, á las seis leguas se llega á un

pontezuelo, á donde vienen los Césares españoles que habitan de la otra

banda, con sus embarcaciones pequeñas (por no tener otras), á comerciar

con los indios. Tres leguas mas abajo está el paso, por donde se vadea

el rio á caballo en tiempo de cuaresma, que lo demas del año viene muy

crecido.

En la otra banda de este rio grande está la ciudad de los Césares

españoles, en un llano poblado, mas á lo largo que al cuadro, al modo de

la planta de Buenos Aires. Tiene hermosos edificios de templos, y casas

de piedra labrada y bien techadas al modo de España: en las mas de ellas

tienen indios para su servicio y de sus haciendas. Los indios son

cristianos, que han sido reducidos por los dichos españoles. A las

partes del norte y poniente, tienen la Cordillera Nevada, donde trabajan

muchos minerales de oro y plata, y tambien cobre: por el sud-oeste y

poniente, hácia la Cordillera, sus campos, con estancias de muchos

ganados mayores y menores, y muchas chácaras, donde recogen con

abundancia granos y hortalizas; adornadas de cedros, álamos, naranjos,

robles y palmas, con muchedumbre de frutas muy sabrosas. Carecen de vino

y aceite, porque no han tenido plantas para viñas y olivares. A la parte

de sur, como á dos leguas está la mar, que los provéen de pescado y

marisco. El temperamento es el mejor de todas las Indias; tan sano y

fresco, que la gente muere de pura vejez. No se conocen allí las mas de

las enfermedades que hay en otras partes; solo faltan españoles para

poblar y desentrañar tanta riqueza. Nadie debe creer exageracion lo que

se refiere, por ser la pura verdad, como que lo anduve y toqué con mis

manos.

(Firmado.)--_Silvestre Antonio de Roxas._

Dicho Silvestre se embarcó para Buenos Aires en los navios de D. José

Ibarra, el año de 1714. La copia de su carta ó memorial está autorizada

por D. Francisco Castejon, secretario de Su Magestad en la Junta de

guerra del Perú, con fecha de 18 de Mayo de 1716, para remitirla al

Presidente de Chile, de órden del Rey.

Los mas tienen por falso lo que contiene dicho informe. No me empeño en

justificarlo; pero me inclino á que es cierto lo principal, de haber

tal ciudad de españoles, mas hácia Buenos Aires, ó el estrecho de

Magallanes, y lo fundo en las razones siguientes.

La primera es, que el autor, despues de referir al Rey su historia,

asegurando que los Peguenches lo cautivaron en la campaña de Buenos

Aires, yendo á una vaqueria con un D. Francisco Ladron de Guevara, á

quien y á su comitiva mataron dichos indios, añade, que el haber salido

de entre ellos, estimulado de su conciencia para morir entre cristianos,

y restituirse á su patria, dejando las delicias del cacicazgo, fué

tambien para informar de dicha ciudad al Rey Nuestro Señor, lastimándose

mucho de la poca diligencia que para su descubrimiento hicieron en los

tiempos pasados los Ministros, á quienes los Reyes, sus antecesores, le

habian encargado.

Silvestre Antonio de Roxas no es nombre supuesto; porque D. Gaspar

Izquierdo afirma que lo conoció en Cadiz, en tiempo que le comunicó en

substancia lo mismo; y se lamentaba del poco caso que se habia hecho de

materia tan importante. Que el dicho Roxas, aunque fué pobre de Buenos

Aires, con dinero que heredó de un hijo suyo en Sevilla, habia comprado

armas con que armar una compañía de soldados de á caballo para el dicho

descubrimiento, y las volvió á vender.

Que no era imaginario dicho informe, se deduce de que su copia simple me

la prestó en Chile D. Nicolas del Puerto, general que fué de Chiloé:

quien me afirmó, que, en virtud de este informe, se escribió á los

Césares, el año de 1719, por un Sr. Oidor, de quien era amanuense dicho

D. Nicolas, y por órden de aquella Real Audiencia, una carta que un

indio ofreció levar, y volver con la respuesta. Esta carta yo la ví,

cuando el tal indio estuvo en esta ciudad de Buenos Aires á pedir á su

Señoria algun socorro de caballos, que no se les dieron, y solo se le

ofreció regalarle si conseguia carta de los Césares, y la traia á su

Señoria antes de llevarla á Chile.

Que el dicho indio fuese embustero, es posible; pero D. Nicolas del

Puerto cree que lo mataron los indios Puelches, ú otros; porque en la

entrada que se hizo de Chiloé por el alzamiento de dichos Puelches,

pareció en poder de un indio no conocido, la carta referida, que él

reconoció en Chiloé por ser de su letra. Tambien me informó dicho D.

Nicolas del Puerto, que en ocasion de hallarse en Chiloé, y en el

estrecho de Magallanes, en un brazo de mar que entra tierra adentro,

sacando los españoles de un navio que se le perdió, un indio de aquella

tierra, á quien tomó aficion, le comunicó, con gran encargo del secreto,

que por esta parte de la Cordillera habia un pueblo de españoles; pero

que los indios no querian que se supiera, y que si sabian que él lo

habia descubierto á algun español, lo matarian sin duda.

Dicho D. Nicolas del Puerto me hizo relacion de que este indio

aseguraba, que aquel brazo de mar se juntaba á otro, que cree ser el

estrecho de Magallanes, por donde facilmente se podia navegar á dicho

pueblo de españoles.

Añade el mismo D. Nicolas, que los vecinos de Chiloé desean hacer el

descubrimiento, sin embargo de lo necesario que seria rodear en la

Cordillera para hallar un camino; pero que solo lo impide su mucha

pobreza; y que le parece que se empeñarian en 2 ó 3000 pesos, si se les

anticipáran para los avios del viage.

Las tradiciones que hay en Chile, de lo que declararon allí dos hombres

que salieron de dicho pueblo, á los 30 años de fundado, acreditan que no

es fábula, y se conforman con el derrotero de Silvestre Antonio de

Roxas. Porque dicen, que habiéndose perdido el navío en la altura de 50

grados, salieron á tierra con lo que pudieron salvar y cargar; y

caminaron seis ú ocho dias al nord-este, hasta un parage, donde se

asentaron y poblaron, por haber sugetado allí, y rendídoseles mas de

tres mil indios con sus familias.

Y suponiéndose, por via de argumento, que declinaron uno y medio grados

del polo, quedaron en 48-1/2 de la equinoccial. Buenos Aires está en 34

grados, 36' y 39", la diferencia es 13 grados 53' y 21", que por ser el

rumbo de nord-este al sud-oeste, con poca diferencia, viene como un

tercio, y habria de distancia 31 grados, leguas poco mas ó menos. Si se

atiende á las 48 leguas que Silvestre Antonio de Roxas pone desde el

Payen hasta los Césares, caminando de norte á sur, con los 33 grados que

refiere hay de Buenos Aires al Payen, no se diferencia mucho de lo que

tendrá la mitad del camino, y de lo que aumenta el rumbo del poniente:

porque lo demas que cae en las pampas, alejándose del sud-oeste, que es

como quien endereza al mismo estrecho, queda del camino de dicho

derrotero cerca de la mar, otro tanto cuanto hay por el cabo de San

Antonio en la boca del Rio de la Plata.

Tambien se ignora si despues mudaron dichos dos hombres su poblacion mas

al nordeste, porque entonces quedarian mas cerca de Buenos Aires de lo

que estaban al principio.

Tambien se conforma la distancia que hay desde Mendoza hasta el cerro

de Payen, con el viage que hizo al descubrimiento de dicho cerro, el año

de 1701, D. Nicolas Francisco de Retoña; siendo corregidor de Mendoza;

que los que fueron con él regulaban en menos de 150 leguas algunos, y

otros en mas; estando cono está Mendoza al norte de los Césares, distaré

250 leguas de ellos.

En dicho año de 1701, entrando D. Juan de Mayorga á recoger ganado desde

la Punta del sur, estando muy tierra adentro, se infiere llegaria hasta

cerca de 100 leguas de los Césares. Aseguran en Mendoza, que fué á

buscarle un indio de aquellas cercanias, trayéndole dos caballos

ensillados á la gineta, y dijo eran de dos caballeros que habian salido

de los Césares en busca de españoles, y que los indios de la faccion, de

que era cacique, inadvertidamente los habian muerto.

Fuera de otras noticias confusas, que mal explicadas de unos en otros

indios, han llegado en varios tiempos á Buenos Aires, este año de 1740,

examiné con industria á un indio de los de la Cordillera de Chile,

llamado Francisco, á quien los indios, que acá llamamos Césares, habian

traido muy muchacho por esclavo. Preguntándole si era de las naciones

Peguenches ó Puelches, ó de qué nacion; contestó, que lo sacaron de su

tierra tan niño, que no se acuerda; sino que es muy tierra adentro, mas

allá de los Peguenches y Puelches, haciendo la seña, como que es á la

parte del sueste de los Puelches, y adentro de la Cordillera, que mira á

Chiloé, aunque no sabe dar razon de dicho Chiloé.

Pero, preguntado si cerca de su tierra está la de los indios que llaman

Césares; respondió, que estaban cerca de allí; pero mas cerca de Buenos

Aires. Y preguntado, si en su tierra oyó decir que cerca de los indios

Césares habia una poblacion de españoles; contestó, en propios términos,

que era cierto que habia españoles, pero que estaban mas acá de los

indios Césares, hácia la mar, y que la gente de aquellos parages,

inmediatos á los Césares, tienen vacas y caballos, como los españoles de

por acá. Añadió dicho indio, que los indios de aquellas partes no

quieren que se oiga que hay tales españoles.

Esto indio lo conocí mucho, por haberme servido en el viage á Chile, á

fines del año de 1738. Es de natural silencioso y sencillo, verídico en

su proceder, y cuando diese tales respuestas de invencion suya, mal

podria acaso acertar en circunstancias concordantes con la relacion del

dicho Silvestre Antonio de Roxas; ni este, si fuese tan embustero, que

hubiese en su fantasia fabricado su relacion tan adecuada á las

tradiciones y á la razon que dá el dicho indio Francisco.

Se ha reparado en que Silvestre Antonio de Roxas no expresa en su

informe qué modo de cristiandad, uso de sacramentos, y gobierno

eclesiástico tienen los españoles Césares, ni qué república y leyes

civiles observan; el vestuario y las armas que usan; obrages y otras

circunstancias que calla; ni lo que discurren de los otros españoles de

estas partes, de que talvez tendrán noticias tan dudosas y confusas como

nosotros de ellos. Pero este reparo no me hace fuerza, considerando que

dicho Roxas entraria por algun acaso á la tierra y ciudad de los

Césares, como indio Peguenche, disimulado de los otros indios, y atendió

solo á lo visible, sin detenerse en tales particularidades; y por la

relacion tan sencilla que hace en su informe, se advierte que su cuidado

se redujo á informar á Su Magestad ser cierto que habia tal ciudad de

los Césares españoles.

Muchos, ó los mas creen imposible que sea cierta dicha relacion,

arguyendo que de serlo hubieran salido dichos Césares en busca de otros

españoles; pero se les responde que no es de maravillar esta omision en

ellos, cuando la nuestra es mayor en no haberlos procurado buscar,

sabiendo que hay distancia cierta hasta la costa del mar, que corre

desde el estrecho de Magallanes hasta la Bahia de San Julian, en cuyo

intermedio es preciso que estén, si no es fabulosa su existencia: y que

es de persuadirse que los indios sus comarcanos les ponderarian que es

imposible llegar por entre naciones bárbaras, y caminos inaccesibles, á

abrir comunicaciones con los demas españoles de estos reynos: porque la

política de los indios, aunque bárbaros, será engañarlos, para que no

haya motivo de que los españoles los conquisten, y descubran las

riquezas de que no quieren usar; lo que observan rigurosamente, solo por

ocultarlas á los españoles: por conocer que ni dominacion, ni comercio

han sido la epidemia de infinidad de indios que habitaban antes las

tierras, que al presente tienen pobladas los españoles.

Tambien puede haber entre los tales Césares españoles la política

natural de no descubrirse á quienes los domine, para que no alteren el

modo de gobierno, y leyes municipales entre si acordadas, con que puede

ser esten bien hallados: pues la parcialidad entre ellos dominante, mas

querrá carecer de las útilidades que les podia proporcionar la sugecion

al Rey de España, que decaer de la autoridad, que pueden pensar

establecida en su descendencia.

Ni fuera temerario creer, que como lo hicieron los pocos que empezaron á

restaurar de los moros el reyno de Aragon, hayan dichos españoles

Césares fundado alguna, aunque muy pequeña monarquia, con tales fueros y

libertades de los subditos, y limitaciones de la soberania, que

aborrescan absolutamente en comun la novedad del gobierno, y de las

leyes á que no estan acostumbrados.

Y suponiendo que aunque haya 350 leguas por mar de aquí al paraje que

señala dicho derrotero, se podria á poca costa descubrir con un navio, y

una falua en menos de tres meses de ida y vuelta, y salir de tantas

dudas, no deja de ser notable el descuido que hay en esto: y aun cuando

no fuese cierta la noticia de dichos Césares, podrian á la venida

descubrir con una buena chalupa, las ensenadas y puertos que hay desde

el Cabo de San Antonio al estrecho de Magallanes, y sí los dos grandes

rios de las Barrancas y Tonuyan son navegables tierra adentro, con otras

circunstancias que pueden ser muy importantes al servicio del Rey, y

seguridad de esta parte de América: porque sin duda Su Magestad enviaria

providencias para asegurar que en ningun tiempo cayesen en poder de

extrangeros los puertos de San Julian, y otros que se descubriesen &a.

CARTA

_Del Padre Jesuita José Cardiel, escrita al Señor Gobernador y Capitan

General de Buenos Aires, sobre los descubrimientos de las tierras

patagónicas, en lo que toca á los Césares_ (11 de Agosto de 1746.)

SEÑOR GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL,

Me alegraré que V.S. se halle con la cabal salud que mi deseo le

solicita para universal bien de estas provincias.

Estando en esta nuestra estancia de Areco, retirado de la mision de

españoles, que no pude proseguir mas que por 15 dias, á causa de la

defensa ó guerra contra los indios, be recibido respuesta de mi

Provincial á la carta que le escribí recien llegado del viage del mar,

enviándole el diario del viage, y pidiéndole que informase al Consejo

Real sobre el celoso y eficaz porte de V.S. acerca de dicho viage.

Contiene la respuesta tres puntos: en el primero me dice estas formales

palabras:--"Haré lo que dice el Sr. Gobernador, de escribir al Consejo,

como Su Señoria lo merece, por su celo y eficacia en servicio de Dios, y

del Rey; que quizá si no hubiese sido por él, nada se hubiera hecho. Yo

me alegrára mucho de poder servir á V.S. en cosas de mayor monta; pues

ademas de otros títulos milita en mi el de paisano."

En el segundo me pide, que ruegue á V.S. me dé una certificacion firmada

de los gastos que los tres Padres hemos hecho en el viage, porque así

conviene. Ruego á V.S., me haga este favor, como de su benevolencia lo

espero: podrá venir esta certificacion con él que lleva esta carta,

enviándola para eso al Colegio.

En el tercero me dice, atendiendo á mis deseos, que, "luego que halle

coyuntura emprenderá el viage del Volcan, que es sierra distante de

Buenos Aires como cien leguas al sud-oeste; para ver si allí hay forma y

parage á propósito para formar un pueblo de indios serranos, que los

Padres del de los Pampas tienen apalabrados; y penetrar desde allí á los

célebres Patagones y Césares, hasta el estrecho de Magallanes. Porque

habiéndose frustrado esta empresa por mar, por lo inhabitable de sus

costas, como hemos visto, dice que no halla otro modo para esta tan

famosa mision, por tantos años pretendida por el ánimo real, y del

nuestro, sino principiando por dichos serranos, y prosiguiendo por sus

inmediaciones á los inmediatos." Larga y tarda empresa, por cierto, si

así se toma: mas pronta y eficáz la espero yo por la actividad, y celo

cristiano y real de V.S., especialmente si V.S. considera bien lo que

aquí dice.

Sabido es que el Papa, como Vicario de Cristo en la tierra, entregó al

Rey Católico la América con sus islas, haciéndole tutor de todos sus

habitadores, para que como tal procurase su reduccion al cristianismo,

con su poder, y con el egemplo de sus vasallos. Penetrado Su Magestad de

esta obligacion, no cesa, por espacio de tres siglos, de hacer lo

posible en cumplirla, ya despachando continuas cédulas á los Vireyes y

Gobernadores, exhortándoles á lo mismo, y prometiéndoles favores á los

que se esmerasen en este tan cristiano celo; ya premiando colmadamente á

los que en este punto se han adelantado, como se puede ver en las

historias de este Nuevo Mundo; ya enviando continuamente ministros

evangélicos á su costa, y señalando en casi todas las provincias buen

número de soldados que les sirvan de escolta en sus ministerios. Pues

ademas de los muchos que tiene pagados para esto en Filipinas, Marianas

y Mégico, en solo la provincia del Nuevo Reino, que comprende solamente

desde Panamá hasta el reino de Quito, tiene pagados exclusivamente para

este intento cuatrocientos soldados, con sus cabos respectivos, y con

sueldo mayor que el de Buenos Aires: y en Buenos Aires tiene pagados

para lo mismo cincuenta con su capitan; especificando que hayan de ser

para escolta de los Padres Jesuitas de la mision de Magallanes y

Patagones, que es de aquí al Estrecho. Todos estos soldados, de todas

estas provincias, son para solos los misioneros Jesuitas, y no de otra

religion. Los cincuenta de esta ciudad de Buenos Aires los señaló Su

Magestad desde el año de 1684, de que no dejará de haber cédula en ese

archivo; y manda Su Magestad que vayan siempre á obediencia de los

misioneros. Así lo refiere D. Francisco Xavier Xarque, Dean de

Albarracin, en la historia que escribió de los misioneros del Paraguay,

y lo mismo manda que se efectúe en las demas provincias.

Acerca de estas tierras de Magallanes, ha puesto Su Magestad especial

empeño; pues habrá poco mas de cuarenta años, que envio una mision

entera para estas tierras, y en ella venian padres escogidos, de tierras

frias, para que mejor pudiesen aguantar los frios de hácia el Estrecho.

Una Condesa se hizo protectora especial de esta mision, dió varias

alhajas para ella, que estan todavia depositadas; y el altar portátil,

que en este viage marítimo hemos llevado, es uno de estos dones.

Comenzóse á disponer el viage, señaláronse soldados, buscábanse viveres,

y cuando no faltaba mas que caminar, lo deshizo todo el enemigo comun,

por intereses particulares de algunos. No era vizcaino el Gobernador,

ni tenia brios, eficacia, ni empeño de tal; que si los tuviera, poco

hubiera podido Satanás.

Hasta ahora han estado todas esas miserables naciones en manos del

demonio, cayendo cada dia al infierno. ¿Qué corazon cristiano lo podria

sufrir, y siendo próximos nuestros redimidos con la sangre de un mismo

Rey y Señor? Basta un rastro de cristiandad, sin ser necesario ser

recoleto, para mover á compasion á cualquiera, haciéndole poner los

medios posibles para ello; especialmente á los que tienen autoridad y

poder para hacerlo. Nuestros padres, así de Chile, que es otra

provincia, como de aquí, han empleado varios arbitrios; pero como para

ello es menester el brazo seglar, y este ha faltado, tambien han faltado

ellos.

Acerca de estas tierras hay mas especiales motivos, que acerca de otras,

para procurar su conquista, así espiritual como temporal: porque ademas

de haber, tierra adentro, naciones de indios labradores, segun se tiene

noticia de los de á caballo comarcanos, y tambien de á pié; estas dos

calidades de ser labradores, y de á pié, son, segun nos muestra la

experiencia, mas favorables para recibir el Evangelio, que si fuesen de

á caballo, ó vagabundos sin sementeras, que es casi imposible el

convertirlos.

Ademas de esto digo, que hay graves fundamentos para creer que hay

tambien poblaciones de españolea, y quizas con algunas minas de oro y

plata, lo cual ha dudo motivo á la decantada ciudad de los Césares.

Los fundamentos son estos: el suplemento á la historia de España por

Mariana, y los mapas modernos dicen, que el año de 1523, entraron por el

estrecho de Magallanes, cuatro navios españoles: los tres se perdieron

en el Estrecho, y el cuarto pasó á Lima. En 1526, fué la flota de

Molucas: pereció en el Estrecho la capitana, y las demas pasaron á

dichas islas. En 1535, entraron en dicho estrecho algunos navios,

amotinóse allí el equipage, y los hicieron naufragar. En 1539, entraron

otros tres navios: el primero naufragó, el otro volvió de arribada, y el

tercero pasó. Despues, (no dicen en que año) D. Pedro Sarmiento llegó al

Estrecho con cuatro navios para poblar, y hacer escala de los demas,

como ahora pretendiamos nosotros. Antes del Estrecho, á la entrada,

formó una poblacion con el nombre de Jesus; y en ella dejó 150 hombres

de guarnicion. Mas adelante, en el centro del Estrecho, echó los

fundamentos para una ciudad, con el nombre de San Felipe. Todos dicen,

que en varios parages del Estrecho hay leña y agua dulce, y por eso

haria allí esas dos poblaciones; las cuales cosas no se encontraron en

las costas, antes del Estrecho en los puertos que hay: que si se

encontraron con pastos y tierra de sembrar, yo juzgo que hubieran

sembrado los españoles.

Pobló, pues, Sarmiento estos dos parages, y á poco tiempo, por las

muchas calamidades, frio, hambre, y no venirle socorro, se volvió á

España. Esto dice dicho suplemento y los mapas. ¿Qué se hizo, pues, de

toda esta gente, que en tantos navios se perdió? Se ahogó toda? No por

cierto, porque el Estrecho es muy angosto en partes: dicen aun los

modernos que es de sola media legua, y por esto es cosa fácil el

salvarse los naufragantes. Cuentan que de tres navios, habiéndose

perdido los dos, y volviendo el uno, vió este á toda la gente en la

orilla; que aunque le pedian que los llevase, no se atrevió á ello por

falta de víveres y de buque, y con toda la gente de los demas navios

perdidos sucederia lo mismo. Presúmese, pues, que toda esta gente habrá

emparentado con los indios, y tendrán sus poblaciones á trescientas ó

cuatrocientas leguas de aquí.

El que no se haya descubierto en tanto tiempo, no me hace fuerza; pues

las Batuecas, en medio de España tan poblada por todas partes, estuvo

tantos centenares de años, ó sin descubrirse ó con muy poca ó dudosa

noticia de que hubiese tal gente. Y pocos años ha, en medio del reyno de

Mégico, mucho mas poblado de cristianos que estas partes, se descubrió

una nacion hasta política, de quien existian varias dudas de si la

habria ó no. Y mas arriba de la Nueva Viscaya y del Nuevo Mégico, en

donde los mapas antiguos ponen la gran ciudad de Quiriza, de quien se

decian tantas ó mas ponderaciones que las que se hacen de los Césares, y

á cuya empresa ó conquista fueron tropas españolas, y se volvian

cansados de la dificultad, diciendo que estaba encantada (vulgaridad que

dicen luego para cohonestar su falta de empeño y constancia), se

descubrió la nacion de los Pitos, gente efectiva, que vive en ciudades

con edificios altos de suelos, y este es el encanto. Con que habiendo

aquí mas dificultades que en lo dicho, no debe hacer fuerza el que hasta

ahora no se haya descubierto. Ni tampoco me hace fuerza lo que dicen

algunos, que si hubiera tales Césares ó poblaciones, era imposible que

alguno de ellos no hubiera venido acá: porque si ninguno de estas partes

ha penetrado mas que doscientas leguas de aquí hasta el rio del Sauce,

por las dificultades que se han ofrecido ¿qué estraño es que ellos,

teniendo menos medios, y quizás sin caballos, no hayan podido penetrar

hasta nosotros?

Pero vamos adelante, mostrando mas fundamentos. En la vida del santo

Padre Nicolas Mascardi se dice, que siendo Rector del Colegio de Chiloé,

ahora 60 ó 70 años, viendo que en el archivo de una ciudad de Chile

habia una relacion de dos españoles, en que decian que habian salido

huyendo del Estrecho por un homicidio que habia sucedido en una

poblacion de españoles que en dicho parage habia, formada de la gente

que se perdió en no navío que naufragó, y cotejando con esta relacion

las noticias que daban los indios, se determinó á ir en busca de ellos.

Encontró en el camino una nacion de indios, harto docil, que le pidió el

bautismo. Pasó hácia el oriente. Salió al camino un cacique, que le dió

una ropilla de grana, un peso de fierro, y un cuchillo con especiales

labores en el puño, y le dijo: has de saber, que tantas dormidas de aquí

(así cuentan las jornadas), hay una ciudad de españoles. Yo soy amigo de

los de esta ciudad. Por la voz que corre de indios á indios, han sabido,

que un sacerdote de los cristianos, anda por estas tierras: desean mucho

que vayas allá; y para que creas que es verdad, me han dado estas señas.

El padre no pudo penetrar allá, ni ellos pudieron juntarse con el padre

por los indios enemigos. Envió dichas señas á Chile, y allí conocieron

el cuchillo por su especial cabo, y dijeron que era del hijo del capitan

tal (que no me acuerdo del nombre), que años habia te habia perdido con

su navio en el Estrecho. Pasó adelante, donde le dijeron otros indios,

que de otra ciudad habian salido en su busca dos españoles vestidos de

blanco, que era el trage que allí todos usaban; y que llegando á una

gran laguna, no pudieron pasar, y se volvieron. Tampoco pudo penetrar

acá el padre. Dijeronle que mas adelante habia un muchacho, que habia

estado algun tiempo en una de esas ciudades, y que sabia la lengua de

los cristianos: llegó allá el padre, dió con el muchacho, y vió que

sabia español, aunque pronunciaba mal. Prosiguió en busca de esta

ciudad, y otros indios mas bárbaros lo mataron: aunque otros dicen que

los mismos que lo guiaban por codicia de los abalorios que llevaba para

ganar la voluntad de los que encontraba. Eran su escolta y su guia unos

pobres indios traidores, como lo son de génio. Despues de la muerte de

este padre, por las noticias que de él se adquirieron, resultó el venir

la mision de que hablo arriba.

Hay mas: un cristiano español ó mixto, hizo una relacion, que anda por

Buenos Aires, en que dice en suma, que llevándole cautivo, ó de otra

forma, llegó á una de estas ciudades, de que cuenta grandezas, y que en

cierto parage antes de llegar, habia un cerro de diamantes, y otro en

otro parage de oro. Un corregidor del Perú, llamado Quiros ó Quiroga,

cuenta en suma en su relacion, que siendo de diez años, estando en

Amberes, se embarcó en un navio, y que caminando por las costas de

Magallanes, mucho antes del Estrecho, y metiéndose con la lancha por un

riacho, saltando á tierra, dieron con él, el piloto, y todos los de la

lancha, unos hombres que los llevaron por tierra, y que llegaron á una

gran laguna; que allí los metieron en una embarcacion, y aportaron á una

isla en medio de ella, en donde habia una gran ciudad é iglesia, donde

estuvieron tres dias; que no entendian la lengua; y que al partir les

dieron dos cajoncitos de perlas, que se cogian en aquella laguna. Que

por señas, y por nombrar Rey y Papa, entendieron que les decian que era

para ellos: que el piloto como herege se las llevó para sí: que

cresciendo, y siendo ya mozo, dió cuenta de todo al consejo, prometiendo

señalar la costa del riacho, por donde entraron: que le señalaron cuatro

navios; y que suscitándose en este tiempo la guerra del Emperador y

Felipe V., se deshizo el viage, por lo cual pretendió un corregimiento,

que consiguió en el Perú. Estas y otras muchas cosas dice en su

relacion; y se asegura que murió poco há.

Añádese á esto lo que cuenta una cautiva, que llevada á muy distantes

tierras, hácia el sud-oeste, encontró unas casas, y en ellas gente

blanca y rubia; y que estando ella muy alegre, juzgando ser gente

española, se le ahogó todo el contento, viendo que no les entendia

palabra. Ademas de esto los indios estan continuamente diciendo, que hay

tales poblaciones, y muchos de ellos convienen en que, en medio de una

gran laguna hay una gran isla, y en ella desde la orilla se vé una gran

poblacion, en la cual descuella mucho una casa muy grande, que piensan

ser iglesia; y que otra pequeña está siempre echando humo, y que desde

la orilla se oyen tocar campanas: y dicen que desde el volcan (de que

hablé arriba) á donde dice, mi Provincial "que yo vaya" hay solamente

seis dias de camino, al andar de ellos, que es lijero. Estos y otros

fundamentos hay para creer que haya dichas poblaciones en este vasto

espacio de 400 leguas. Creo que estas noticias estan mezcladas con

muchas fabulas, mas habiéndose perdido tantos navios, no puede menos de

haber algo de lo que se dice, y que por algo se dijo, pues que _no hay

mentira que no sea hija de algo_. Lo de no entenderse la lengua es muy

factible; siendo aquella poblacion del español corregidor, y la otra de

la cautiva, de gente olandesa, ó inglesa; que tambien dicen que se han

perdido en el Estrecho navios olandeses. La historia de Chile por el

padre Ovalle trae algunos naufragios de ellos; y tambien puede ser que

algunos españoles con el mucho tiempo, hayan perdido la lengua española,

usando la que aprendieron de sus madres indias, con quienes se casaron

los primeros. ¿Cuantos hay en el Paraguay, que no saben la lengua

española? Y si se conserváran los primeros españoles que se casaron con

las indias, sin que ningun europeo fuera allá, no se usára, ni se sabria

ya otra lengua que la del indio, y aun con tanta mezcla de europeos, que

cada dia van allá, la lengua que comunmente se usa, es la de los indios

Guaranís, como en Viscaya la vascongada? ¡Oh cuanto me alegrára que

V.S., sin hacer caso de algunos que quieren pasar por críticos y

discretos, haciéndose incrédulos á todo, pusiese todo empeño en

averiguar este punto, consiguiendo con su eficacia lo que otros no han

podido! ¡Cuan deveras le serviria á V.S. en cosa que puede ser de tanto

servicio de Dios, y del Rey! De Dios, pues si encontráramos españoles,

estos, sin sacerdotes tantos años, estarán con muchos errores en la Fé y

las costumbres, como el pueblo de las 400 casas, que dice el clerigo

agradecido Ordoñez, que encontró hácia Filipinas, de un navio que habia

naufragado 70 años antes, que tenian su cabildo é iglesia, á donde iban

á rezar todos los dias de fiesta en lugar de misa, por no tener

sacerdotes. Pero cada uno estaba casado con tres ó cuatro indias,

diciendo que para multiplicarse, y poderse así defender de los indios

enemigos, les era aquello lícito (¡qué de teólogos hace la depravada

naturaleza!), y tenian otros varios errores. Sin hablar de la docilidad

de los indios para el cristianismo, que en tanta variedad de naciones

puede encontrar.

Derroteros y viages à la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creia existiese en la Cordillera, al sud de Valdivia. · 第 1 / 7 段