Frontera Boliviana.--Paraguaya.--Coincidencias políticas.--Tendencias
á debilitarse de las Repúblicas Americanas.--La cuestion
Brasilero-Paraguaya.--Relaciones Comerciales entre el Paraguay, Brasil
y la República Argentina.--Inconveniencia de acordar el pasage á la
Escuadra Brasilera.--Mediacion.
Apartando ahora nuestra vista del Estado Oriental, echemos una mirada
á la política Brasilera, desplegada sobre las fronteras de Bolivia,
y veremos alli desarrollarse el mismo pensamiento de absorcion,
pensamiento sistemado que solo recibe las modificaciones inherentes á
la naturaleza del terreno en que se realiza.
De algunos años á esta parte, las cuestiones entre esta República y
el Imperio, han despertado del letargo en que habian yacido por algun
tiempo, y á estar á lo que nos enseña la esperiencia, es de suponerse
que ellas no terminarán sino despues de que el vecino Imperio haya
esplotado todos los medios de quedar poseedora del territorio disputado.
Al estender hácia ese lado nuestra vista, la veremos constante, segun
su política, ya sea instigando á la invasion á los indigenas, ya
enviando sus propias fuerzas á desalojar á los bolivianos de la márgen
derecha del Rio Paraguay, violando sus fronteras, á fin de alegar
mañana el _uti possedetis_ en apoyo del derecho que hoy pretende tener.
Su pretension al Norte de la Bahía Negra, perteneciente á Bolivia, es
una, entre muchas, de las cuestiones pendientes con ese Estado.
Volviéndonos hácia el Paraguay, que es el punto que hoy llama mas
directamente su atencion, vemos reproducirse la misma táctica
de invasiones sobre la frontera paraguaya, efectuadas ya por la
instigacion á los indígenas, ya por sus propias fuerzas, con el mismo
objeto que tiene en vista su política sobre la frontera Boliviana.
Sin remontarnos á los primeros tiempos, ni ocuparnos del aislamiento
absoluto de esa República, cuya historia nos es imperfectamente
conocida; ya en Agosto de 1850, vimos las fuerzas de Matogroso
apoderándose por sorpresa de la isla de Pan de Azucar, márgen izquierda
del rio Paraguay, no obstante hallarse en aquel momento _pendiente
un arreglo de límites_ de aquella frontera, ocupacion por sorpresa
que, decia el Presidente Pimentel habia efectuado, _para policiar la
frontera del Brasil_. Poco despues le vemos, aspirar ya á la ribera
derecha del _Apa_, de que no ha mucho acaba de posesionarse, y cuya
márgen izquierda se halla ocupada hoy por las guarniciones Paraguayas.
El Brasil alega hoy derechos á aquel rio.
Entre tánto que, el Imperio del Brasil, nos presenta este espectáculo,
en el que aparece estendiéndose continuamente, robusteciendo sus
dimensiones gigantescas con la absorcion de los territorios vecinos,
por una coincidencia que nace del hecho mismo, las Repúblicas vecinas
tienden á debilitarse, agregándose á sus contínuas subdivisiones
interiores, la tendencia espansiva del vecino Imperio.
Este cuadro de la política brasilera, ha sido bosquejado hàbilmente
por nuestro amigo D. Nicolás Calvo, en las siguientes líneas que
extractamos de su interesante artículo, _Coincidencias políticas_, y
que reproducimos en este escrito por cuanto ellas comprueban cuanto
dejamos espuesto sobre el particular.
“Ninguno de sus vecinos, dice, se ha libertado de esas absorciones
sucesivas: algo hemos dejado todos en sus garras, como vamos á probarlo
con hechos irrecusables.
“El Estado Oriental--“_sin invocar intrigas añejas_”, olvidando por
un instante á Da. Carlota y á la Cisplatina, trasladándonos á nuestra
época, en nuestros propios dias, se vé envuelto en una série de
Tratados leoninos, firmados TODOS el dia 12 de octubre de 1851 en Rio
Janeiro.
“Tratado de Alianza.
“Tratado de Comercio y Navegacion.
“Tratado de Subsidios.
“Tratado de Límites.
“En cambio del de subsidios se impone el de límites, y en estos _la
usura_ no tiene ejemplo, porque las tierras cedidas en propiedad
valen diez veces mas que el total de los subsidios prestados; pero
todavia sería escusable sinó fuera precisamente el _Tutor_ y _Curador_
por decirlo así, el que esplotando las circunstancias especiales y
aflijentes de su pupilo y ahijado, no solo le quita la mas hermosa
zona de su territorio, sinó que se reserva el derecho de establecer
fortalezas sobre las márgenes del Cebollati y del Tacuarí hasta
media legua tierra adentro, ambos rios desembocando en el lago Merim
y dejando por consiguiente á la merced del imperio, la desarmada y
desprovista frontera imaginaria del Estado Oriental.
“El ex virreinato de Buenos-Aires, República Argentina, debia ser dueño
de las Misiones hoy brasileras, en justa y legítima observancia del
Tratado de 1777 entre ambas coronas: si no me engaña la memoria, en
esas Misiones, nacieron dos de nuestras grandes celebridades militares,
el general San Martin y el general Alvear. Si hubieran nacido ahora
en el mismo sitio serian brasileros. Perdimos esos territorios, y el
Brasil no se ha descuidado en pretender el resto mismo de las Misiones
entre los rios Uruguay y Paraná, que el Paraguay quiere y desea que
sean Argentinas, pero se opone á que se hagan brasileras: sobre ellas
se asegura que hay negociaciones pendientes con el Gobierno del
Paraná, y aun alegacion de derechos por parte del Brasil. Ya son dos
los vecinos despojados.
“El Paraguay funda su derecho y quiere conservar los antiguos límites
españoles mas allá del Rio Blanco, que son los mismos que le acuerdan
todos los mapas europeos, pero el Brasil pretende llevar los suyos
hasta el Rio Apa ó rio Corrientes, fundándose en el _uti possedetis_:
en plena paz ha ido ocupando esos territorios y apesar de que no hace
mucho tiempo fué espulsado del Pan de Azúcar hasta el otro lado del
rio Blanco por las fuerzas Paraguayas, su persistencia en invadir los
derechos agenos, se presenta siempre á justificar, que apenas rota la
tela, el artífice vuelve á empezar sus tenaces trabajos; no por la
adquisicion de territorios mas ó menos ricos pero desiertos, sino por
su positivo interés en darse fuertes fronteras naturales para sí, á la
vez que débiles para sus vecinos, cuya tranquilidad y sosiego estaràn
siempre á merced del ambicioso y mas fuerte vecino, si se le consiente
introducirse en el corazon de cada Estado, como lo ha hecho ya en la
Repùblica Oriental, por sus derechos adquiridos sobre el Cebollatí y
lago Merim, cuyas márgenes y navegacion le pertenecen esclusivamente
ahora, con tanta injusticia. Actualmente aquellos territorios entre el
Rio Blanco y Rio Corrientes, se cree están nuevamente, ocupados por las
fuerzas brasileras. Y este es el tercer vecino despojado y en camino de
serlo mas.
“El Rio Paraguay forma la línea divisoria de Bolivia, pero lejos de
respetarla el Brasil, se ha apoderado de toda su márgen derecha, y las
Salinas que pertenecen á Bolivia se ven á menudo enrojecidas por la
sangre de sus propietarios que el Brasil persigue sin piedad. Frente al
Rio Corrientes está la recta línea divisoria que á los 22° separa el
Chaco Boliviano, y tambien entra en los planes del Brasil apoderarse
de ambas márgenes del alto Paraguay, llenando asi su persistente y
dominante programa de darse fuertes fronteras naturales, y sobre esa
base introducirse en los inermes é indefensos territorios vecinos.
“Se vé, pues, que con documentos y con hechos prácticos, positivos é
irrecusables hemos probado que todos los estados coterráneos con el
Brasil han ido perdiendo parte de su territorio, absorvido sucesiva
y pacientemente por el Gabinete brasilero. Antes del reinado actual,
la República Argentina perdió las Misiones; en el reinado de D. Pedro
2.° el Estado Oriental pierde todo el territorio llamado neutral,
las márgenes del lago Merim ó Mini y la estensa zona de tierras
valiosísimas que hoy le limitan desde el Chuy al desembocar en el
Atlántico hasta el Cuarein desembocando en el Uruguay.
“Bajo este mismo reinado es que ha tenido lugar la ocupacion y desalojo
del Pan de Azucar de este lado del Rio Blanco en el Paraguay, y bajo
este mismo reinado es que la márgen izquierda del alto Paraguay, sus
territorios, bosques, salinas, &a., se han convertido de Bolivianas en
Brasileras por el abuso de la fuerza bruta.”
Ahora que hemos descorrido el velo de la política Brasilera, que
durante cerca de siglo y medio ha continuado impasible absorviéndose
el territorio vecino, ahora que no nos es posible dejar de
impresionarnos dolorosamente por la suerte futura del Estado Oriental,
las presunciones todas son contrarias á la política brasilera, con
referencia al Paraguay, la cual no puede tender á otro fin que á
debilitarlo, aniquilarlo, ó preparar su absorcion para un tiempo mas ó
menos lejano.
Vamos á analizar ligeramente las cuestiones pendientes entre el Brasil
y el Paraguay, á fin de venir con mas exactitud á las consecuencias que
nos sugieren los hechos. Estas cuestiones se reducen á tres puntos:--la
del señor Leal, la de la libre navegacion de los rios, la de límites.
Respecto á la primera, ridículo seria creer que para dirimirla se
hiciese una ostentacion tan notable, y se echase mano del argumento
tan convincente de una poderosa escuadra. Esto es tanto mas razonable
cuanto, como es sabido, el Brasil no ha dado un solo paso prévio para
transarla, y cuando, segun toda probabilidad, ninguna dificultad habria
opuesto el Gobierno Paraguayo para arribar á un arreglo amistoso.
En cuanto á la segunda cuestion, las pretensiones del Brasil, carecen
de todo sentimiento de justicia, y la política que él sigue respecto á
la navegacion fluvial del Amazonas, es el argumento mas incontestable
que hace resaltar la palpitante injusticia con que apela á la lógica
irrevocable del cañon para alegar derechos, que el niega y desconoce en
aquella parte de su territorio.
A fuer de Estado ribereño, el Brasil pretende el derecho de atravesar
por el territorio Paraguayo, con sus buques de guerra, lo cual es
del todo contrario á la práctica internacional, que como lo hemos
demostrado ya, ha sido sancionada por las naciones mas poderosas y
consignada en tratados, que hemos citado anteriormente.
Respecto á la navegacion mercante, el Paraguay ha manifestado siempre
su acquiescencia á conceder el tránsito libre, sin mas reserva, que
conozcamos hasta ahora, que la manifestacion de que antes de entrar
en el definitivo acuerdo de dicha concesion, deseaba quedase ajustado
con el Brasil el tratado de límites, por cuanto la fijacion de ellos
es indispensable, como garantía única de los perjuicios que puede
ocasionarle la navegacion brasilera por el rio Paraguay, habiendo
podido agregar, y como único salvaguardia de las pretensiones que no
dejaria de hacer valer en adelante sobre nuevos puntos de su territorio.
En cuanto á la tercera cuestion, la de límites, las manifestaciones
repetidas del Gobierno del Paraguay, sobre el particular, muestran
hasta que punto se halla dispuesto á un arreglo definitivo.
Ahora bien, tomando todos los hechos, y apreciándolos en su justo
valor, no es posible dejar de impresionarse dolorosamente respecto á
las intenciones que guian al Brasil, al dirigirse al Paraguay apoyado
por una poderosa escuadra.
Necesario es convencerse que bajo las apariencias de cuestion política
el Brasil se prepara allí, como en el Estado Oriental, á desarrollar
una otra política de conveniencia y de preponderancia, asegurándose
privilegios que le habiliten á desenvolver una influencia mayor aun
sobre la política del Rio de la Plata.
Aparte de los bien fundados temores que deben abrigarse del ensanche
de límites que pretende el Brasil, este ensanche es perjudicial á las
repúblicas vecinas, porque el robustecimiento del poder del imperio se
hace á costa de ellas, y tiende á romper el equilibrio que hoy existe
entre los poderes Sud Americanos, equilibrio que puede decirse ha
perdido ya en gran parte su fiel, y que recibiria su último golpe si
las pretensiones del Brasil llegasen á realizarse, porque como lo ha
observado muy oportunamente nuestro amigo D. Nicolas Calvo.
“No es posible negar que està roto el equilibrio político por la
inmensa superioridad de riqueza, de fuerza y de medios de que el
Brasil dispone comparativamente á sus vecinas. El Brasil _bajo el
punto de vista del poder_, es la Rusia de Sud América; sus escuadras
representan solas veinte veces las de las potencias limitrofes, sus
ejércitos regulares y sus tesoros, sus estadistas y diplomáticos están
á la altura de sus designios, y de cierto que si echamos la vista á su
alrededor y sobre nosotros mismos, el ànimo se sobrecoge y estremece al
pensar que un dia pudiese absorverse el Estado Oriental y conquistar el
Paraguay, porque entonces ya no se trataria de mantener un equilibrio
quimérico, sino de salvarnos de un peligro real.”
Intereses de otro órden y no menos trascendentales, nos ponen en el
caso de no desentendernos de una cuestion en la cual estamos vitalmente
interesados, y cuya solucion puede llegar á sernos fatal, bajo
cualquier punto de vista que se la considere.
El Paraguay, mirado bajo el punto de su produccion, no puede dejar de
ser para el Brasil un peligroso rival: bajo el punto de vista de sus
instituciones políticas, un vecino que tarde ó temprano podrá serle
peligroso, porque, como poder monarquico, ya que al presente no abrigue
temores, los recelará para el porvenir de la vecindad de la democracia.
Por su posicion geográfica, el Brasil vé parte de su territorio,
dominado y como encerrado dentro de una herradura por la República del
Paraguay.
Meditando detenidamente en las reflexiones á que dan lugar estos
hechos, desde luego se desprende la inconveniencia, para el Brasil,
del desarrollo material y moral de esa república vecina tan poderosa,
fertil y rica, y surge la conveniencia para él de despojarla de su
territorio y retardar ó aniquilar su industria, que forzosamente en una
época mas ó menos remota habrá de derrocar su influencia comercial en
esta parte del Rio de la Plata, y que puede ser un poderoso elemento
que lleve á aquel pais un cambio en su forma de gobierno, tanto mas
probable cuanto por todas partes se vé rodeado por Estados regidos por
instituciones democráticas republicanas.
Haciendo ahora la comparacion entre el Paraguay y la República
Argentina, surge á primera vista la identidad de instituciones,
religion, idioma, y costumbres. La diferencia entre las producciones
de una y otra, se tornan en un lazo estrecho y sólido, destinado á
unir á ambos paises por los estrechos vínculos de la amistad y la
conveniencia. Asi, pues, la semejanza entre sus productos, al par
que en el Brasil le prepara á su mas terrible rival, en la República
Argentina le señala á su mas fiel amigo, al mas interesado en su
progreso y desarrollo civilizador.
Estas deducciones nacen por sí mismas. Cuanto mas se multipliquen las
producciones del Paraguay, sus relaciones con la República Argentina
irán estrechándose cada vez mas, á la sombra de los intereses
recíprocos, puesto que ella, á la par de principal consumidora de sus
productos, vendrá á ser el _depósito_ de cuanto haya de esportarse al
estrangero. Con el aumento de los productos paraguayos en los mercados
del Rio de la Plata, por una consecuencia natural, se realizará la
disminucion de las introducciones de orígen brasilero, y su influencia
en el Rio de la Plata habrá llevado un fuerte golpe, á que no será tan
sencillo poner remedio.
Es de presumirse pues, que todas estas razones deben haber pesado
directamente en el ánimo de los gobiernos del Estado y las Provincias
Confederadas, antes de dar solucion á la cuestion del pasage de las
fuerzas brasileras por el Paraná.
¿Es conveniente, es útil, es razonable permitir la entrada de la
escuadra brasilera por nuestros rios interiores, segun los antecedentes
espuestos?
Desde luego nos resolvemos por la negativa. En primer lugar las
circunstancias bajo las cuales se presenta, y el carácter que ofrece
la espedicion brasilera, están muy lejos de alejar los justos temores
que debemos abrigar respecto al pensamiento que le conduce á la vecina
República del Paraguay, apoyado por fuerzas tan respetables, tanto
mas innecesarias cuanto ninguna tentativa se ha hecho para allanar
pacificamente las cuestiones pendientes, lo que no es una garantía
respecto á las buenas intenciones que, dice, abrigar el Gabinete
Brasilero.
Pero no son estas solamente las consideraciones que tienen que pesar en
el ánimo de nuestros Gobiernos. Concedido hoy el permiso á la escuadra
brasilera, mañana tendremos que los NorteAmericanos se presentarán
tambien, como ya se asegura, exigiéndonos el permiso para cruzar por
nuestros rios interiores. ¿Qué les diriamos entonces? ¿Con qué razones
nos opondriamos á un hecho de tal trascendencia que no dejarian de
tratar de erigir en derecho, como es costumbre generalmente, cuando
los gobiernos por debilidad ó poca prevision no saben hacer valer sus
derechos en momentos oportunos?
A nuestro juicio es indispensable una negativa al tránsito de toda
escuadra por nuestros rios fluviales. De lo contrario ofreceriamos el
ridículo cuadro de una nacion que, mientras todas las demas tienen el
derecho de dirimir sus cuestiones y transformar sus rios interiores
en campos de batalla, á solo ella le estuviese prohibido el egercer
los actos mas simples de la guerra, segun el tratado de 10 de Julio de
1853, no obstante su soberania interior, que se veria enrojecida por la
sangre vertida en las contiendas estrangeras.
Bajo cualquier punto de vista que se considere esta cuestion, ya sea
elevándose á la altura de la dignidad que corresponde á los Gobiernos
de la República Argentina, ya sea encarándola por el lado de su
seguridad, de su conveniencia, de su desarrollo comercial ó influencia
política, en una palabra, mirada bajo la faz de los grandes intereses
Argentinos, el pasage de la escuadra Brasilera es inconveniente,
perjudicial y de trascendencias graves para la República.
Solo un camino nos resta en la solucion de esta cuestion, y este es, la
mediacion amistosa.
Desde nuestra emancipacion política jamas se ha presentado una ocasion
mas favorable para que la República Argentina ponga el peso de su
influencia y su valer en una cuestion en que se debaten intereses
puramente americanos. La mision que el órden actual de los sucesos le
ha señalado no ha podido ser ni mas digna, ni mas adecuada al rango que
ocupa entre las naciones Sud-Americanas.
Si la República tiene el derecho, y debe negar el paso á la Escuadra
Brasilera, ella puede á su vez prestar sus buenos oficios al Brasil y
al Paraguay, ofreciéndoles su amistosa mediacion, é interponiendo toda
su influencia cerca de ambos gobiernos, para llegar á poner termino, de
una manera honrosa para ellos, á las cuestiones pendientes.
En esto la República habria dado un paso digno de su posicion, y
habria salvado su propia conveniencia, sin esponerse á sufrir hoy los
resultados de la política que el Brasil ha desplegado constantemente
en el Rio de la Plata, que como hemos demostrado ya, ha sido siempre
de absorcion y engrandecimiento á costa de la desmembracion y
aniquilamiento de las repúblicas Sud-Americanas.
Los gobiernos de la República habrán ganado consideracion respecto á
los Estados vecinos, puesto á cubierto su dignidad y sus intereses y
llenado un honroso deber de humanidad.