Imperio del Brasil.--Su tendencia á la espansion.--Absorcion del
territorio limitrofe.--Ocupacion del Estado Oriental.
En el curso ordinario de la vida de las naciones, se desarrollan de
cuando en cuando, sucesos que presentándose bajo un aspecto grave,
tienden á alterar las buenas relaciones políticas que existen entre
ellas, comprometiéndolas á tomar una resolucion que asegure su
tranquilidad interior, so pena de ser conducidas por un espíritu de
ilimitada condescendencia á labrar su propia ruina y arrastrar tras sí
á las demas.
Cuando un hecho de esta naturaleza se ofrece, el buen sentido aconseja
apelar á la historia, para leer en el gran libro de los sucesos
pasados, los antecedentes que han de dirijir nuestras resoluciones
presentes y basarlas en las sanas lecciones de la esperiencia.
En esta categoria colocarnos la cuestion á que ha dado lugar la
aparicion de la poderosa escuadra Brasilera, dispuesta á internarse en
nuestros rios, hasta llegar por ellos al Paraguay á fin de zanjar las
dificultades existentes entre ambos Gobiernos.
No siendo posible, en la situacion en que nos hallamos colocados frente
á dos Estados amigos, el permanecer frios espectadores de una lucha
que vá á tener lugar en nuestras propias aguas, la prudencia y nuestra
conveniencia nos aconsejan prevenir con tiempo los acontecimientos, y
prepararnos á exigir las esplicaciones y sólidas garantias necesarias á
ponernos á cubierto de las exageradas pretensiones que pudieran nacer
de la cuestion que va á debatirse.
Necesitamos conocer las verdaderas intenciones del Brasil, y
convencernos que sus exigencias no irán mas allá de lo que
aparentemente se manifiesta, y garantirnos de que el gabinete brasilero
no irá movido, en esta empresa, de la intencion de cimentar en aquella
parte de la América una preponderancia mercantil ó política perjudicial
á los intereses reales de la República Argentina.
En una palabra, nos es indispensable averiguar si el equilibrio
político, que se conserva hoy entre los principales Estados de la
América del Sud, no será amenazado por el gabinete imperial.
En vista de estas dudas y para mejor orientarnos sobre lo que en la
actualidad dada nos sea conveniente, ya sea permitiendo el libre acceso
en nuestros rios interiores, ó negándoselo á la escuadra brasilera
surta en nuestro puerto, nos es indispensable abrir el libro de la
historia y traer á luz los antecedentes que deberán servirnos de norma
en nuestra resolucion. Cuando se quiere llegar á una verdad _probable_,
sobre sucesos que yacen aun envueltos en los pliegues del tiempo, nada
mas natural y lógico, que estudiar el pasado para deducir de él lo que
debe esperarse en el porvenir.
Veamos en este caso que es lo que nos enseña la historia Brasilera, en
sus relaciones con los demas Estados Sud Americanos.
Un escritor frances, ha dicho muy oportunamente, que si el mundo se
hallase habitado tan solamente por dos hombres, la primera disputa
entre ambos, seria por una cuestion de límites.
Lo que el escritor frances dijo respecto al mundo, puede aplicarse
entre nosotros al Brasil, si hemos de estar á lo que en todas épocas
nos enseñan las imparciales hojas de la historia de la América del Sud.
Envano, pródiga la providencia ha dotado al vecino Imperio de estensos
y fértiles territorios, que permanecerán solitarios y despoblados aún
durante siglos. Nada de esto ha saciado la ambicion de este coloso, ya
fuese bajo la dominacion portuguesa, ya despues de su independencia.
Tener por límites de las posesiones Españolas, el Rio de la Plata,
fué el sueño dorado de la corona de Portugal: establecer una línea
divisoria formada por la naturaleza que abrazase el Amazonas, el Plata,
el Paraná y el Paraguay, la aspiracion constante del imperio del
Brasil, desde la independencia. Pensamiento que se ha fortificado cada
vez mas, y que ha intentado llevar adelante, siempre con admirable
tenacidad.
Cualquiera que sea la época de la historia del Brasil, sobre que nos
fijemos, allí le veremos consagrado afanosamente en llevar adelante
su pensamiento fijo, de estender su territorio hasta establecer los
límites naturales.
Este pensamiento que no le ha abandonado un instante, prosigue hoy
desenvolviéndose con una tenacidad y prevision tal, que su política,
á este respecto, puede compararse á la del gabinete británico, que
prepara lentamente y con anticipacion de siglos, los sucesos que solo
podrán llevar á cabo sus biznietos.
Hoy pues, que el gabinete brasilero, dirije sus vistas hácia el
Paraguay, nos conviene recordar los hechos que nos ha dejado
consignados en la historia, para deducir de ellos el móvil, que es de
suponerse, dirije su política actual.
Se nos dirá acaso, que al ocuparnos del imperio brasilero, no
debiéramos traer á juicio los sucesos ocurridos bajo la dominacion
portuguesa. Opinamos por el contrario, que la tenacidad con que despues
de su independencia ha proseguido y alimentado las pretensiones de la
corona de Portugal, sin que ni su cambio de posicion, ni las nuevas
ideas, hayan podido hacerle variar un momento de política á este
respecto, es un hecho notable, que robusteciendo nuestras convicciones,
nos dice con lenguage categórico que debemos prevenirnos contra
la realizacion de aquel pensamiento, que vendrá tarde ó temprano á
golpear á nuestras puertas, cuando quizá nos sea imposible evitar su
realizacion.
El Brasil, á manera de un heredero universal de todas las repúblicas
limitrofes, propende hoy á la absorcion de los territorios vecinos, con
el mismo ahinco con que sus ascendientes, los portugueses, propendian á
absorverse las posesiones de la Corona de Castilla.
Habiéndonos propuesto, seguir paso á paso la historia de los sucesos en
esta parte de la América, no necesitaríamos, ciertamente, remontarnos á
la tradicion para recordar el amor de la corona de Portugal al hermoso
territorio de las Misiones: el comercio político iniciado entonces con
los padres jesuitas del Paraguay, y la antigua ocupacion del Estado
Oriental, cuyo desalojo tuvo que fiarse á la intervencion de las armas.
Desde que abrimos las primeras páginas de nuestra historia, ya las
hallamos llenas de las guerras promovidas por el Portugal, y de las
convenciones terminadas con la España en 1668, 1715, 1763, 1777 y 1804,
en cuya última fecha le vemos comprometiéndose á devolver á la corona
de Castilla los cinco pueblos de Misiones, de que se habia apoderado,
quedando los límites demarcados, mas ó menos, segun se habian fijado
por el tratado de 1777.
No satisfecho aun con la posesion de los cinco pueblos de Misiones,
que apesar del tratado conserva en su poder sin devolverlos jamas
á su legítimo dueño, fija ya desde entonces su vista en Montevideo,
y se prepara á aprovechar la primera oportunidad, que no tardará en
depararle la fortuna.
En 1812, mientras mas ocupados nos hallamos en sacudir el yugo español,
el astuto gobierno portugues siente que ha llegado el deseado momento,
y haciendo entrar 12,000 hombres en el territorio de Montevideo,
disputa dicha provincia al gobierno de las Provincias Unidas, á
pretesto de aliado de S. M. Católica. Las fuerzas portuguesas se
retiran por el tratado celebrado en Mayo de 1812.
Vencidos los españoles en 1814, Artigas toma posesion de aquella plaza,
en Junio del mismo año. La ocasion pareció de nuevo tentadora al
gobierno portugues de Rio Janeiro, quien resolvió tomar á Montevideo,
bajo lo que entonces se apellidó su _proteccion maternal_. En 1815,
el general Lecor pedia ya en renumeracion de los gastos hechos por la
Corona, en el Estado Oriental, que _se adelantase la línea de frontera
brasilera al sur del Cuareim_.
En 1816 y 1817, despues de atizar la guerra civil en aquella provincia,
y preparar sigilosamente los sucesos, le vemos de nuevo entrar con un
egército considerable y ocupar el territorio de Montevideo, á pretesto
de _impedir que el fuego de la anarquía se estendiese de allí á los
Estados de la Corona del Brasil y Portugal_.
Mientras su política ambiciosa se desarrollaba asi astutamente, una
doble perfidia respondia á las reclamaciones que se le hacian,
teniendo por objeto asegurar y consolidar el èxito de la empresa. Asi
se vé á la corte de Portugal estipulando, en Europa, la entrega de
Montevideo á la España, en tanto, en América, promete su devolucion
à los naturales: intriga cálculada para ganar tiempo, y asegurar mas
solidamente la presa.
En 1819, ya el general Lecor, exigia al Cabildo de aquella plaza, le
declarase al Portugal, el derecho á una mayor parte del territorio,
_avanzando sus límites hasta tirar una línea recta desde Yaguaron al
Arapey_, que desagua en el Uruguay, siendo el limite de ésta línea por
el lado del mar, Santa Teresa y la Laguna Miní, _quedando aquella_ por
los Portugueses.
A las reclamaciones que diariamente dirijia el gobierno Argentino,
sobre la intervencion del Brasil y Portugal, contestaba el general
Lecor, _que no habia cometido acto alguno de intervencion_, por cuanto
la provincia se habia constituido _por sí misma independiente_.
Con la detencion de Artigas por el Dr. Francia, en el Paraguay, despues
de haber sido derrotado por Ramirez de Santa-Fé, libre ya de su mas
temible adversario, el general Lecor, entra á establecer proposiciones
_para la incorporacion_: reune un congreso compuesto de empleados
civiles, á sueldo del gobierno portugues, y personas condecoradas por
él con distinciones de honor; acuartela y municiona los regimientos
como en estado de guerra, y bajo esta salvaguardia, hace declarar
_libremente_ al Congreso, que la Provincia de Montevideo, _se incorpora
al Reino Unido de Portugal, Brasil y Argarves, bajo el nombre de Estado
Cisplatino_.
Tal es en resúmen la ligera historia que nos ofrece el Brasil, en su
propension á la espansion bajo la dominacion portuguesa. Veamos ahora
si la independencia brasilera ha traido algun cambio mas razonable en
su política, y si sus tendencias de absorcion se han modificado en esta
parte de las riberas del Plata.
El Brasil, desligándose de los lazos que le uncian á la Corona
Portuguesa, se declara independiente. Los representantes de Montevideo,
nombrados popularmente por toda la ciudad y suburbios, aprovechan la
ocasion, y en 20 de Octubre de 1823 espiden una acta solemne en la cual
declaran en su artículo 1.° _nulo, arbitrario y criminal el acto de
incorporacion á la monarquía Portuguesa_, y mas adelante, que, _ponen
espontáneamente la Provincia de Montevideo bajo la proteccion de la
Provincia y Gobierno de Buenos Aires_.
En vista de una manifestacion tan esplicita y terminante ¿cuál fué la
conducta del nuevo Imperio Brasilero, recien emancipado?
Ni mas ni menos que la de su antecesor. Hallándose la plaza bajo
el poder de las fuerzas brasileras, no habiendo freno alguno que
contuviera al Emperador, ni á su Ministerio, se contestó al comisionado
de Buenos Aires, que _era necesario desengañarse que la provincia
de Montevideo queria, y era su voluntad, permanecer incorporada al
Imperio_.
Sabido es como terminó esta cuestion que fué sellada con sangre en los
campos de Ituzaningo. La Convencion de Paz, celebrada en 27 de Agosto
de 1828, parece que debiera haber contenido desde entonces al Brasil
en su carrera insidiosa y tendencia constante á apoderarse de nuevo
de aquel Estado, cuya independencia acababa de reconocer solemnemente
por el dicho tratado, cuyo artículo primero estaba concebido en estos
términos:--
“En nombre de la santísima é indivisible Trinidad.”
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