El _armonismo filosófico español_ parece como si respondiera a

condiciones geográficas e históricas de la Península ibérica. Al igual

que la Religión, el Arte, los usos, las costumbres y el Derecho son

frutos naturales de las razas y de las influencias del medio ambiente,

pudiendo afirmarse que el sol, la luz, el aire, los elementos de

sustentación, el género de vida, resultan a la postre las verdaderas

causas de estas reacciones de nuestra psiquis, del mismo modo la Ciencia

reviste modalidades y formas propias y peculiares de las regiones en que

se cultiva; que con ser la verdad una y la misma para todo el Universo,

es piedra preciosa de la cual cada hombre y cada pueblo sólo ven la

brillante faceta que les cupo en suerte.

Encrucijada la tierra de España, donde pueden registrarse los estratos

étnicos de la evolución humana, ha sido también cruz de los caminos en

la que concurrieron los sentimientos y ritos religiosos, las ideas

filosóficas, los adelantos positivos y científicos, los aleteos sublimes

del Arte, de las distintas razas que sobre este suelo se afrontaron.

Pero por condiciones del remanso en que tan diversas corrientes de la

vida forman el remolino, al mezclarse y fundirse los rasgos

antropológicos y los destellos del juicio, la fortaleza de los cuerpos y

los anhelos del alma, como en crisol que aquilata y refina el oro, como

en lente que reúne y mezcla en la intimidad de su foco central los mil

rayos dispersos de la luz, de igual manera aquí las doctrinas más

varias, las preocupaciones más diversas, la emotividad hecha sistemas y

dogmas y la experiencia hecha saber, se sincopan por alquimia divina del

espíritu en un solo ente: la _Unidad_.

Por eso el _gnosticismo alejandrino_, acarreado por Prisciliano, toma

un carácter esencialmente peninsular y ofrece sus dones aprovechables a

la obra común de los _armonistas_; por eso el _misticismo escéptico y

agotante_ de los primeros islamitas y de Al-Gacel, trasunto de las

concepciones _quietistas_ de la India, lo mismo que el _talmudismo_ del

_Sepher Jatzirah_ y el _cabalismo_ hebreo, al pasar por las críticas y

doctrinas de Ben-Badja, de Abu-Beker-ben-Abd-el-Melek-ben-Tofail, de

Averroes, de Salomón-ben-Gabirol, de Ben-Ezra, de Jehudá-Levi, de

Abraham-ben-David, de Maimonides, de Moisés de León, se desnudan de la

desesperanza _absorbente_, del milagro caldeo, de la Taumaturgia de

Samaria y ofrecen sus preciados frutos, aquellos únicamente útiles a las

escuelas cristianas, que los emplean en la obra sublime de la _Unidad_.

Este es el motivo por el cual el pensamiento abstracto, juego de

especulaciones discursivas, de la Filosofía germánica, no ha podido

entrar en la Ciencia española, y, en cambio, el _positivismo_

contemporáneo y la _doctrina de la evolución_ se enseñorearon

rápidamente de nuestras enseñanzas y disciplinas. Y es que la Filosofía

germánica resulta cosa extraña a la libertad del espíritu español;

mientras que el _positivismo_ adáptase de modo admirable, como

instrumento de trabajo, a la condición independiente e individualista de

nuestra alma nacional, y la _doctrina de la evolución_ nos proporciona

el fundamento científico de la _unidad_, es decir, del _armonismo_.

Claro que aquí hemos tenido pensadores geniales y aparentemente

independientes de este canon filosófico nacional, como han sido Gómez

Pereira, Francisco Sánchez y Martín Martínez, entre otros. Mas si

escudriñamos atentamente en la _Antoniana Margarita_, en la obra del

apóstol español del _escepticismo_, y en la _Filosofía_ de Martín

Martínez, nos convenceremos bien pronto que las tendencias recónditas de

estos sabios, en el fondo, no son otras que las _armonistas_; ellos

buscan el _principio universal_, la _unidad_, razón y fundamento del

carácter propio que toma la Ciencia en España.

_Armonistas_ han sido en estos mismos días hombres tan doctos y “libres

de la república de las letras” como Menéndez y Pelayo y don Estanislao

Sánchez Calvo. La ciencia biológica en España, por lo general,

empezando por Cajal y llegando al más modesto investigador de

laboratorio, cuando se pone a filosofar, tiende al _armonismo_, sello

del saber de la raza.

Pues _armonista_ fué también el _divino_ Valles, situación espiritual

que evidencian el libro singular de _Sacra Philosophia_ y mil

disquisiciones metafísicas sembradas dentro de sus múltiples obras.

Para explicar Valles el primer capítulo del Génesis tropezó con dos

escollos insuperables: el espíritu rígido e intolerable de su tiempo, y

el desconocimiento de ciertas verdades sobre Mitología que los estudios

y las investigaciones posteriores pusieron en claro. Pienso que si tan

poderosos medios hubiesen podido estar al alcance del eximio doctor de

la Universidad complutense, y la dureza de la época se lo hubiera

permitido, nuestro gran médico _armonista_ habría interpretado el

comienzo de la _Biblia_, partiendo de la creación fenoménica _ex

nihilo_, noción forzosamente impuesta al entendimiento del hombre,

hubiera partido, repito, de los cultos prehistóricos turanianos de la

“serpiente”, del “árbol” y del “fuego”, y así se daría cuenta del

simbolismo que encierra la leyenda del “Paraíso”. Mas de todos modos el

_divino_ Valles sostiene la doctrina racional y científica de que el

mundo--fenómeno--no es _ad aeterno_, ni su formación hija de la

casualidad... Pero estas digresiones las dejo para unos comentarios que

pienso hacer de las hermosísimas conferencias que el ilustre, culto y

elocuente entre los elocuentes, D. Diego Tortosa, canónigo de la

Catedral de Madrid, ha pronunciado la Cuaresma pasada en la iglesia de

San Ginés; entonces será ocasión de volver sobre ellas. Adelanto, no

obstante la idea de que, en el fondo, no me separan del ilustradísimo

orador de la cátedra sagrada mas que detalles e interpretaciones, pues

yo me atengo a la frase luminosa de Sánchez Calvo: “¡Oh, Ciencia! ¡La

verdadera Ciencia! Eres teología. De ti saldrá el conocimiento de Dios”.

Conste sólo que no reputo al _divino_ Valles de _ecléctico_, sino de

_armonista_, concepto bien diferente, y que el _armonismo filosófico

español_ se adelantó varias centurias a la síntesis de la ciencia

contemporánea columbrando la suprema verdad del Ser, la _Unidad_. Este

_armonismo_ puede expresarse en la siguiente fórmula:

“_El dualismo repugna al entendimiento humano como absurdo, pues

desposee al Ser de su obligada condición de infinitud. El Ser--la

realidad--se hace vida por la sensación. Las sensaciones son la única

fuente de nuestra existencia y de nuestros conocimientos. De las

sensaciones nacen los instintos; de los instintos, los sentimientos; de

los sentimientos, las ideas; las ideas producen los juicios, y los

juicios, los universales. Luego los universales tienen una única base:

las sensaciones. Y como las sensaciones no son mas que actos de la

realidad, cuando nosotros sentimos somos la realidad sintiendo; cuando

nosotros pensamos somos la realidad que piensa, y todos nuestros estados

de conciencia son estados de conciencia de la realidad. Que en últimas

cuentas, el Ser--la realidad--y nosotros y todo lo que existe

constituímos la misma cosa: la Unidad._”

Envío, pues, a don Eusebio Ortega y a don Benjamín Marcos mi

felicitación más entusiasta por su obra patriótica y científica al dar a

la estampa el hermoso libro _Francisco de Valles_ (_el Divino_), primer

volumen de la utilísima _Biblioteca filosófica de los grandes filósofos

españoles_, que se proponen publicar, animándoles con mi modesto parecer

a que perseveren en tan provechosa labor.

TOMÁS MAESTRE.”

_El Debate_:

“Los señores Ortega y Marcos han emprendido una labor tan ardua como

digna de loa: la publicación de una Biblioteca filosófica.

Todo lo que tienda a facilitar la lectura de nuestros GRANDES FILÓSOFOS,

trasladando sus doctrinas de los apergaminados _infolios_ no abundantes

y molestos de manejar, merece aplauso.

¿Qué razón tuvieron los señores Marcos y Ortega para comenzar por

Valles?

Lo ignoramos, y los autores no nos la explican.

La división en biografía, bibliografía y análisis de las obras es lógico

y admisible. Así como muy oportuna la adición de apéndices que

contienen capítulos de las obras originales, en los cuales podemos

juzgar del estilo, de las dotes de exposición y aun del latín del

filósofo médico.

Desde luego la parte de más interés bajo el punto de vista filosófico es

la tercera, en que se exponen y comentan las opiniones de Valles.

Con fidelidad y cierta perspicuidad lo consiguen hacer los

coleccionadores. Mas sin reducirlas a un cuerpo científico, y por ende,

sistemático.

Parecía lo natural que se hubiesen ajustado a las divisiones

tradicionales entre los escolásticos, que no son artificiales por

cierto, antes fundadas en la realidad. Así habríamos sabido con menos

trabajo qué opina Valles en Dialéctica, en Criteriología, en Ontología,

en Cosmología, en Psicología, en Teodicea y en Ética.

Los señores Ortega y Marcos optan por englobar en el análisis cuestiones

que pertenecen a los comentarios relativos, verbigracia, a las

influencias que sufrió Valles, al estado de las ciencias filosóficas en

sus días, a lo que añadió, al caudal científico anteriormente

existente, a su ortodoxia, etcétera, etc. Todo esto aparte y detrás de

un resumen completo y metódico de las teorías del _Divino_, habría

estado muy en su punto, y de ello hubiese podido juzgar con conocimiento

de causa el lector. Ahora, y tal y como se le ofrece, difícil le será si

no tiene hechos estudios profundos y contraída costumbre; ésta y

aquéllos no presumibles en el _vulgo intelectual_ a que la _colección_

se destina.

A la sección bibliográfica no tenemos reparo que oponer.

Nos ha parecido abundante, aquilatada y perspicua.

Biografía apenas tuvo Valles, feliz, si los hombres que no tienen

historia lo son como los pueblos.

Una innovación introducen los jóvenes escritores en el nombre del

_Divino_, al cual quitan el acento de la _e_, queriendo persuadirnos de

que se pronuncia Valles y no Vallés, cual hasta el presente se juzgaba y

decía.

El argumento en que se fundan... ¡no prueba!

Dicen que en la partida de bautismo no está acentuado el apellido.

¡Tampoco está acentuada la _a_ de sábado, pues se escribe en dicho

documento: sabado!

¡Medradas estaban de ortografía las partidas de bautismo del siglo XVI!

Además, que antiguamente no se acentuaba ninguna palabra aguda acabada

en consonante; sólo a mediados del siglo XIX se hizo la excepción de que

se acentuaran las agudas concluídas en las consonantes _n_ y _s_.

Lo más débil de todo el volumen se nos figura... la _Introducción_ del

Sr. Bonilla San Martín, tan repleta de erudición indigesta y fácil, como

falta de sentido filosófico y de profundidad y novedad; y... el prólogo

de los coleccionadores, en el que tropezamos con distracciones de

positiva importancia. Pudieron excusarse. Porque para los propósitos de

la Biblioteca, no eran imprescindibles las disquisiciones de carácter

general a que se entregan los señores Marcos y Ortega.

Mas, lo repetimos, el pensamiento orientador es nobilísimo, y la

ejecución en el primer paso, acertada... en lo _principal_, que es lo

que importa conforme al perínclito alcalde de Zalamea.

RAFAEL ROTLLAN.”

_La Tribuna._

“Los cultos periodistas señores Ortega y Marcos han publicado

recientemente el primer volumen de su “Biblioteca Filosófica de los

grandes filósofos españoles”. La tarea no puede ser más simpática y

digna de aplauso. Nuestros compatriotas, contaminados con las teorías o

doctrinas de Alemania y Francia, han olvidado que en España contamos con

filósofos que nada tienen que envidiar a los de otras naciones. Ahora

que se pregona muy alto que carecemos, si no de filósofos, sí de

escuelas filosóficas propiamente dichas, salen los señores Ortega y

Marcos a la palestra, para probar que en España aparecieron de tiempo en

tiempo pensadores que dejaron huella en el campo de la Filosofía, los

cuales, apartándose de la corriente, trazaron nuevas sendas, seguidas en

tropel por muchos de nuestros compatriotas y por no pocos extranjeros.

Los autores del _Francisco de Valles_, por este primer volumen

publicado, demuestran lo mucho que han estudiado sobre estas

cuestiones.

Al texto de la obra precede un prólogo, admirablemente escrito por el

ilustre profesor de la Universidad Central don Adolfo Bonilla y San

Martín. Sigue al prólogo una introducción e idea de lo que va a ser su

“Biblioteca de filósofos españoles”; hacen a continuación el estudio

bibliográfico más completo del divino Valles, y completan el volumen con

un análisis de las doctrinas filosóficas del gran médico de Felipe II,

haciendo resaltar el criterio independiente de Valles en muchas de las

cuestiones filosóficas, como también sus tendencias conciliadoras de

Platón y Aristóteles, aunque con marcada predilección por este último.

Con defectos y todo, la obra de los señores Ortega y Marcos merece la

simpatía y el apoyo de los buenos, de los amantes de nuestro glorioso

pasado nacional.

H.”

_Juventud Administrativa_:

“Nuestros queridos amigos y compañeros los señores Ortega y Marcos han

publicado un libro, que titulan _Valles, el Divino_, en cuyas páginas,

llenas de bella filosofía, no dejan de interesar un instante, y con esta

última producción revelan una vez más los referidos amigos su talento y

maestría como publicistas. De seguir por ese camino, nosotros creemos

que no han de tardar en conquistarse el puesto que merecen en la

generación de escritores contemporáneos.

En otro número nos ocuparemos de esta obra más extensamente.”

* * * * *

En efecto, el 15 de junio se expresó así:

“En el número 19 de nuestra Revista dimos un avance de esta admirable

obra de nuestros estimados compañeros en la Prensa los señores don

Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, sintiendo que la publicación de

artículos de interés y de actualidad, que no admitían demora, hayan

retrasado, bien a pesar nuestro, la breve crítica que brindamos hoy a

nuestros lectores.

Con exquisito tacto han realizado los señores Marcos y Ortega una labor

altamente provechosa, dando a la publicidad la biografía del gran

filósofo español Francisco de Valles, que por sus maravillosas

curaciones mereció del gran Rey Don Felipe II el sobrenombre de “El

Divino”. Este médico extraordinario y profundo filósofo que,

aisladamente, parecía a veces pitagórico, otras aristotélico, y las más

platónico, era, en el fondo de su educación filosófica, acérrimo

partidario del aristotelismo escolástico. Dueño de un talento

fecundísimo, legó a la posteridad considerable número de obras, a cual

más notables, entre ellas la intitulada _Methodus medendi_.

En la forma expositiva han sabido los señores Ortega y Marcos aunar la

aridez de los estudios filosóficos con la amenidad de curiosa

documentación, empezando por la biografía de Valles, continuando con la

bibliografía del mismo, siguiendo con una breve ojeada a la historia de

la Universidad de Alcalá de Henares y terminando con el análisis de las

doctrinas filosóficas de Valles. Complementa este delicioso volumen un

excelente prólogo del ilustrado académico doctor don Adolfo Bonilla San

Martín, veinte apéndices, dechado de latinidad, y buen número de

curiosos fotograbados.

Con verdadera deleitación hemos leído todas las páginas, habiéndonos

confirmado en el juicio que anteriores trabajos de los mismos autores

nos habían merecido, sin las cuales esta nueva obra hubiérales bastado

para acreditarse como escritores excelentes.

Ardua es la empresa acometida, por lo árida, obscura y poco amena, dado

que requiere la lectura, hojeo y estudio de obras, pergaminos y

documentos antiguos, redactados unos en idiomas extranjeros y en lenguas

muertas, como el griego y el latín otros; pero la vasta ilustración de

los amigos Marcos y Ortega les hará salir airosos en la totalidad de la

serie que, bajo la denominación de _Biblioteca de los grandes filósofos

españoles_, piensan publicar, y que, seguramente, obtendrán idéntico

éxito al logrado con el primer volumen, al que seguirán los dedicados a

Sabuco de Nantes y a Gómez Pereira.”

_El Diluvio_, de Barcelona:

“En las esferas superiores de la intelectualidad española se está

sintiendo la necesidad de despertar de su modorra el espíritu de

nuestra patria por medio de un movimiento filosófico que levante los

ánimos a las alturas del pensamiento, arrancándolos del escepticismo y

la inercia espiritual en que vegetan. De esta noble aspiración se hizo

cargo Ortega y Gasset en su discurso del Ateneo, y a su llamamiento han

respondido algunos espíritus cultivados, entre ellos, probablemente, los

autores del libro cuyo título encabeza estas líneas.

La importancia mayor que esta publicación reviste se cifra en que no se

trata de un libro aislado, sino del primero de una serie que ha de

abarcar, si la predicción se cumple, a todos los filósofos españoles. La

cuestión que se presenta al llegar a este punto es la siguiente: ¿Han

existido realmente filósofos españoles?

Si por “filosofía” se entiende un sistema universal de todas las

ciencias, nuestra opinión es que no hemos tenido filósofos. Han existido

en España, como en todas partes, hombres que han filosofado, que han

llegado muchas veces a las entrañas de las cosas, pero no han formado un

sistema, y sin esto no hay propiamente Filosofía. Se han atenido todos

nuestros pensadores anteriores a nuestro tiempo, ora a Platón, ora a

Aristóteles, permitiéndose alguna vez formar opinión propia sobre

determinado asunto, pero no un sistema bueno o malo. Ni lo han hecho, ni

podían hacerlo en los tiempos anteriores a la revolución, estando España

dominada por el tradicionalismo.

Bastan estas consideraciones para formarse idea de lo que fué Valles

como filósofo a mediados del siglo XVI, en plena Inquisición española.

Fué, en verdad, un espíritu culto con pujos de independencia, pero

pesaba sobre él la autoridad religiosa, que se limitó a comentar. El

libro que ha valido a Valles el título de FILÓSOFO fué _Sacra

Philosophia_, que pudo llamarse igualmente Teología, pues no se aparta

un ápice de la Escritura, sino que se guía por ella. Su calidad de

médico insigne le permite ilustrar ciertos puntos con sus conocimientos

científicos sin llegar a ser original para merecer el nombre de

filósofo.

Como quiera que sea, debemos agradecer a los autores que se han tomado

este trabajo y se preparan a otros mayores, a fin de dar a conocer los

tesoros intelectuales de nuestro siglo de oro, que llenaron el mundo y

se hallan ahora envueltos en el polvo de los siglos. Algunos nombres se

han salvado del olvido; otros, no; pero las obras de unos y otros son

casi inaccesibles. El esfuerzo de los editores y comentadores los

volverá a poner en circulación.

No podemos terminar esta nota sin hacer constar que, a juicio nuestro,

son demasiado tímidos nuestros comentadores y apegados a la ortodoxia,

que no lo sería más un contemporáneo del autor comentado. Este empeño

les hace incurrir en infidelidades, atribuyendo al autor lo que ha

pensado para salvarlo de toda tacha anticatólica. Así y todo, los

inquisidores tacharon sus escritos, cosa que no harían con los de los

comentaristas Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, modelo de catolicismo.

El prólogo del señor Bonilla es la obra de un maestro y contiene en

pocas páginas una cantidad de doctrina que avalora esta edición y viene

a ser el frontispicio del monumento que se va a levantar a la llamada

_filosofía española_.”

_El Demócrata_ publicó un artículo-resumen del doctor Maestre en _El

Mundo_, con las fotografías de los autores.

_El Eco de Alcalá_, en distintos números, recogió el apéndice que se

refiere a la historia de la Universidad de Alcalá de Henares.

Por no hacer más pesado este apéndice, no recogemos cuánto dijeron casi

todos los periódicos de provincias y muchas revistas técnicas,

nacionales y extranjeras, aprovechando esta oportunidad para reiterarles

nuestro sincero reconocimiento.

HOMENAJE DEL PUEBLO DE COVARRUBIAS A LOS AUTORES

El pueblo de Covarrubias, cuna de Francisco de Valles (el Divino), tuvo

a bien honrar a los autores del libro con un homenaje, de cuyo acto se

levantó un acta.

La prensa, refiriéndose a esto, dijo:

_El Universo_:

EN HONOR DE

DOS PERIODISTAS

“Comunican de Covarrubias (Burgos) que el Ayuntamiento de dicha villa ha

celebrado sesión solemne y extraordinaria, a la que concurrieron, además

del Concejo en pleno, todas las autoridades y el pueblo en masa.

En dicha sesión se tributó un homenaje de gratitud a los periodistas

madrileños señores Ortega y Marcos, por la publicación del primer tomo

de su “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, en el

que estudian a Francisco de Valles (el Divino), hijo ilustre de esta

villa y honra de las letras patrias, agradeciendo a dichos señores la

atención finísima que han tenido para Covarrubias, al propio tiempo que

realizan su labor cultural y de difusión de la Filosofía española,

siendo aclamados”[272].

_El Liberal de Avila_:

“Ya dijimos a nuestros lectores que habíamos recibido un ejemplar del

primer tomo de la “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos

españoles”, con el que nuestros queridos amigos don Benjamín Marcos y

don Eusebio Ortega estudian a Francisco de Valles (el Divino).

Pues bien; como el pueblo donde Valles naciera, Covarrubias, tuviera

conocimiento de esta obra, el Ayuntamiento de dicha villa celebró sesión

solemne y extraordinaria, asistiendo el pueblo en masa y las autoridades

todas, dedicándola _exclusivamente_ a tributar un homenaje a nuestros

compañeros en la Prensa señores Ortega y Marcos, con motivo del

meritísimo trabajo acerca del filósofo covarrubiano.

El alcalde-presidente, don Lucas González, hizo un elocuente discurso,

manifestando cuán grato le era hablar en aquellos momentos para rendir

un homenaje al que fué gloria de este pueblo y honra de la ciencia

filosófica española, Valles, y a los señores Ortega y Marcos, que han

realizado esta obra admirable de difusión, de cultura patria, como es

la que representa la publicación de su “Biblioteca filosófica”.

En vista de ello pidió a sus compañeros de Concejo que se tomara algún

acuerdo sobre el particular.

Enterados los señores capitulares--dice el acta de dicha sesión--de lo

manifestado por la presidencia y queriendo dar una prueba de gratitud a

los cultísimos periodistas madrileños don Benjamín Marcos y don Eusebio

Ortega, por su obra consagrada al gran Valles, acordaron por unanimidad:

1.º Hacer constar en acta el agradecimiento de esta villa, y en su

representación el de este Ayuntamiento, hacia dichos señores

periodistas, por su meritísimo trabajo.

2.º Aceptar con sumo gusto y como un honor la ofrenda que hacen los

señores Marcos y Ortega del ejemplar primero de su “Biblioteca

filosófica de los grandes filósofos españoles”, dedicado al gran

Francisco de Valles, como primicias de su labor cultural, a quienes este

Ayuntamiento felicita cordialmente; y

3.º Que para satisfacción de dichos señores se expida a su favor por

esta alcaldía una copia certificada del acta de esta sesión.”

* * * * *

Los señores Marcos y Ortega reciben miles de felicitaciones por el

acuerdo del Ayuntamiento de Covarrubias.

En Madrid se trata de rendirles un homenaje.

No hemos de ocultar nuestra satisfacción por los éxitos de estos dos

amigos y compañeros, uniendo a estas felicitaciones la nuestra muy

sincera y a ese homenaje que se les prepara.”[273]

_El Imparcial_:

“Nuestros queridos compañeros en la Prensa don Eusebio Ortega y don

Benjamín Marcos han obtenido un éxito considerable con su obra

_Francisco de Valles_ (_el Divino_), que figura a la cabeza de la

_Biblioteca_ filosófica de los grandes filósofos españoles. En los

pocos días que lleva publicada esta obra casi se ha agotado la copiosa

edición del libro, que es uno de los más interesantes que han visto la

luz en España, y el pueblo de Covarrubias les ha tributado un homenaje

de gratitud.

Reciban por esto, una vez más, nuestra sincera felicitación.”

_Diario de Burgos_:

“Siempre estuvieron las columnas del _Diario de Burgos_ propicias para

hacerse eco de todo lo que significara progreso, pero más cuando de un

modo directo afectara a los intereses culturales, morales o materiales

de la capital o de la provincia.

Hace poco tiempo dedicamos justísimos elogios a la obra recientemente

publicada por el meritísimo y laureado escritor burgalés D. Isidro Gil,

en la que resucita, por decirlo así, timbres de gloria provinciana,

excesivamente olvidados.

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