encuentra en el códice _Piedad de los Amigant_ (fol. 23), en que se
dice: “San Inacio dió los exercicios espirituales a la señora Angela de
Amigant, luego que se los uvo dictado la Virgen. Es constante que la
Virgen Santísima enseñó los exercicios espirituales, que oi dia practica
la Compañia de Jesus a San Inacio. Conociendo el Santo el copioso fruto
que se coje dellos, los comunicó a la señora Angela de Amigant, como tan
discipula de su enseñanza. Assí lo declara el processo de la
canonizazion de San Ignacio, folio 377.”
Esto es cuanto se puede alegar en este sentido.
Por lo cual, si San Ignacio nunca reveló esto claramente, pudieron ser
muchas las causas que a ello le obligaron, o porque entendiera que todos
debían tener como cierta la autoridad de la Santa Iglesia Católica al
aprobar los _Ejercicios Espirituales_, no por estar estos escritos con
una ilustración particular, sino por altas y divinas inspiraciones.
DE LAS FUENTES EXTERNAS DE LOS “EJERCICIOS”
Lo primero que se necesita consignar es qué libros leyó San Ignacio en
Manresa, esto es, mientras hacía los ejercicios, y cuáles los que leyó
en Loyola, o sea antes de hacer los ejercicios, porque si encontraras en
ellos pasajes que convengan con los de otros autores, terminaremos por
comprender que los había leído.
El propio Santo, contando a Consalvio las cosas por él realizadas, dice,
refiriéndose a los libros que leyó en la casa paterna de Loyola: “Le
dieron un _Vita Christi_ y un libro de la _Vida de los Santos_, en
Romance.”
Respecto a los que leyó en Manresa, solía decir con frecuencia:
“_En Manresa hauia uisto primero el Gerçonzito y nunca mas hauia querido
leer otro libro de deuocion._”
Por último, dice: “_Ordinariamente leya a la misa de pasión_”.
Hay que tener en cuenta que--según nos dice Menéndez y Pelayo--[71] “en
los primeros años del siglo XVI apenas había en España libros de
devoción, y éstos no eran de primer orden.
“Faltaban, además, catecismos; faltaba sólida instrucción dogmática en
la gran masa del pueblo y hasta en los conventos de monjas: y, si es
verdad que circulaban, entre la gente piadosa, libros tan maravillosos y
de tan pura doctrina como el _Kempis_ que entonces llamaban _Contemptus
mundi_, la _Escala Espiritual_ de San Juan Clímaco, algunos tratadillos
de San Buenaventura, las _Epistolas de Santa Catalina de Sena_ y pocos
más...”
Por tanto, las principales fuentes externas del libro de los
_Ejercicios_ son: _Vita Christi_, _Kempis_ o _Imitación de Cristo_,
_Flos Sanctorum_ y la Santa _Biblia_.
Para que el lector se dé cuenta de la importancia de estas obras,
parécenos conveniente apuntar algunos juicios explicativos de ellas.
_Vita Christi._
Esta obra es una exposición y comentario de la vida del Salvador, según
los evangelistas, interpretados por los más ilustres varones de la
Tradición y de la Patrística, poniéndose al final de cada capítulo
oraciones muy piadosas que revelan un espíritu abrasado en el divino
amor.
Esta obra maestra[72] es del insigne teólogo alemán Ludolfo de Sajonia,
conocido con el nombre de _El Cartujano_, que pasó de la Orden de Santo
Domingo, a la que perteneció unos veintiséis años aproximadamente, a la
Cartuja de Estrasbusgo, hacia el 1340, falleciendo el 10 de abril de
1378.
La edición de este libro, en cuatro grandes tomos, es, seguramente, la
que manejó el _ermitaño de Manresa_, pues es la traducida del latín a
romance familiar castellano por el franciscano Ambrosio Montesino,
impresa en Sevilla por los años 1520, en la casa de Juan Cromberger.
_Imitación de Cristo._
Este libro es uno de los que mayores ediciones se han hecho en el mundo.
La traducción fué hecha por el Cicerón español de la obra _De imitatione
Christi et conteptus mundi_, atribuída a Tomás de Kempis.
Realmente, no hay libro alguno que sea mejor compañero del hombre en
todas las vicisitudes de la vida que éste.
Él prodiga fuerzas al desconfiado que tiene caídas las alas del corazón
y da alientos al descontentadizo, al acongojado y al que se ve asido por
una voluntad propia irresistible.
Él lleva el consuelo al triste, templa los gozos del que tiene una
demasiada alegría. Con su lectura se siente y se nota la pequeñez del
hombre ante la grandeza de Dios y hace discurrir por el camino más llano
y para contemplarse uno mismo en el espacio más claro.
Él auxilia en los trabajos, ilumina en las dudas, guía para el buen
vivir y, como dice el inmortal autor del _Símbolo de la fe_, es el libro
del menosprecio del mundo y de seguir a Cristo.
_Flos Sanctorum._
Débese este libro a Fray Diego de la Vega, de la Orden de San Jerónimo,
que se imprimió el año 1421 en Zaragoza, y a Fray Domingo de Saltanas,
de la Orden de Predicadores, que la imprimió en Sevilla el año 1555[73].
El primero llevaba por título: _Doctrina Cristiana, lo que debe cada uno
creer, temer, obrar, desear, etc._
Comprende este libro las vidas de Cristo, de la Virgen y de los Santos,
con los misterios de nuestra Sacrosanta Religión, y en forma para ser
leído en todos los días del año, por el orden en que la Iglesia celebra
sus fiestas.
San Ignacio leía diariamente este libro cuando oía la Santa Misa y para
meditar sobre ellas en los ratos de oración.
La substancia, pues, de estos libros, por ser de todos conocida, huelga
ponderarla en relación con la enseñanza y el provecho que de su lectura
asidua se obtiene.
_La Santa Biblia._
La Sagrada Escritura, como el Breviario, han sido y serán siempre
compañeros inseparables del religioso.
Sin duda alguna se puede asegurar que San Ignacio leía detenidamente y a
diario la _Biblia_, conjunto de libros inspirados por el Espíritu Santo,
y que, según el inmortal León XIII, haciendo suyas frases de
esclarecidos padres de la Iglesia “son fuentes inexhaustas de celestial
sabiduría y prados amenísimos, donde se apacientan, con sobrehumano
deleite, las ovejas de Cristo”[74].
Como el Santo fundador no conocía el latín, leería las ediciones de
Ambrosio de Montesinos, de 1512, que sólo se insertan las epístolas y
evangelios; el Nuevo Testamento de Francisco de Encina, edición dedicada
al Emperador Carlos V[75], la Políglota de Alcalá, hecha bajo los
auspicios del gran Cardenal Cisneros[76] o la Políglota de Amberes,
costeada por Felipe II y que se editó de 1569 a 1576.
Para que el lector se dé cuenta de cómo coincidió San Ignacio con estas
obras en la redacción de los EJERCICIOS ESPIRITUALES, vamos a poner a
dos columnas los textos de aquéllos y de éste.
_Texto sagrado del “Vita Christi”._
E entró el ángel donde estaua ella... Díxole: Dios te salue llena eres
de gracia... concebirás en el vientre e parirás fijo. (I, V, IV y VIII.)
Mira que Santa Ysabel tu prima concibió en su vejez. (_Ibíd._, p. X.)
Ves aquí la sierua del Señor, hágase en mí según tu palabra. (_Ibíd._,
p. XI.)
E acaeció que como oyesse la salutación de la Virgen María Santa Ysabel,
que se gozó el ynfante en su vientre, e fué luego llena de Espíritu
Santo santa Ysabel e alçó una boz muy grande e dixo: O Señora, bendita
eres tu entre todas las mugeres e bendito es el fruto de tu vientre. (I.
VI. III.)
Engrandece mi ánima al Señor. (_Ibídem_, párrafo VI.)
E estuuose en la casa de Santa Ysabel la virgen María quasi por el
espacio de tres meses. (_Ibíd._, párrafo VII.)
E yuan todos para que cada uno se manifestase por súbdito del
emperador... Subió Josph de Nazareth de la provincia de Galilea con la
Virgen María, su esposa, que _Texto sagrado de los “Ejercicios”._
Entrando el ángel a donde estaba María; la saludó diciéndole: Dios te
salve llena de gracia, concebirás en tu vientre y parirás un hijo.
Y mira que Elisabet tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez.
He aquí la sierva del Señor, cúmplase en my segun tu palabra.
Y como oyese Elisabet la salutación de nuestra Señora, gozóse el niño en
el vientre della, y llena del Spiritu Santo Elisabet, exclamó con una
gran voz y dixo: vendita seas tu entre las mugeres y vendito sea el
fruto de tu vientre.
Engrandece my anima al Señor.
María estuvo con Elisabet quasi tres meses, y después se tornó a su
casa.
Ascendió Joseph de Galilea a Bethelen, para conocer subiection a César
con María su esposa y muger ya preñada. estaua preñada, a Belén de Judá
cibdad de Dauiz. (I, IX, II.)
Parió a su hijo primogénito... enboluiolo su madre en pañales e
reclinolo en un pesebre. (_Ibíd._, párrafo III.)
E... se ayuntó con aquel ángel una gran multitud de cauallería celestial
que alabauan a Dios e dezian: gloria sea a Dios en las alturas, e en la
tierra sea paz a los hombres de buena uoluntad. (_Ibíd._, párrafo VI.)
Catad que os evangelizo e declaro un gozo muy grande que será a todo el
pueblo..., porque hoy es nascydo a vosotros el Salvador. (_Ibíd._,
párrafo V.)
E uinieron estos pastores con feruor e sin tardança alguna, e hallaron a
la Virgen María e a Joseph e al infante puesto en el pesebre. (_Ibíd._,
párrafo VII.)
E los pastores tornáronse glorificando e alabando a Dios en todas las
cosas... (_Ibíd._, párrafo IX.)
Fué llamado su nombre Jesús, el qual fué por el ángel nombrado antes que
en el vientre fuesse concebido. (I, X, I.)
Sabed que auemos visto, estando nosotros en Oriente, su propia estrella
e uenymos a lo adorar. (I, XI, IV.)
Parió a su hijo primogénito y lo embolbió en paños y lo puso en el
pesebre.
* * * * *
Llegose una multitud de exercito çelestial que dezia: gloria sea a Dios
en los çielos.
* * * * *
Manifiesto a uosotros grande gozo, porous hoy es nascido el Saluador del
mundo.
* * * * *
Vinieron con priesa y hallaron a María y a Joseph y al niño puesto en el
pesebre.
* * * * *
Tornaron los pastores glorificando y laudando al Señor.
* * * * *
El nombre dél es llamado Jesús, el qual es nombrado del ángel ante que
en el vientre se concibiese.
Vimos la estrella dél en oriente y venimos a adorarle.
E inclinados en tierra adoraronlo... E los reyes, hallado el infante,
abrieron sus thesoros e ofrecieronle oro, encienso e mirra. (I, XX, VI
et VII.)
Recibieron respuesta en sueños... que no voluiesen a él... e ansi se
tornaron por otro camino a su tierra. (_Ibíd._, párrafo IX.)
Un par de tortolas o dos palominos. (I, XII, I.)
Lo tomó en sus palmas y lo repuso entre sus brazos. (_Ibíd._, párrafo
V.)
Agora dexas, Señor, a tu siervo según tu palabra en paz.
Confessaua al Señor... fablaua dél a todos los que esperauan la
redencion de Jerusalen e de Isrrael. (_Ibíd._, párrafo IX.)
Leuantate e toma al niño e a la madre e huye para el reyno de Egipto.
(I, XIII, I.)
Toma el ynfante e a su madre e vueluete con ellos para la tierra de
Isrrael. (I, XIV, I.)
Leuantandose... tomó al infante... e a su madre... e començó a voluerse
a la tierra de Isrrael. (_Ibíd._)
Aprouechaua Christo en edad, e en sabiduría e gracia. (I, XV, XI.)
* * * * *
Postrandose por tierra lo adoraron y le presentaron dones, oro encienso
y mirra.
* * * * *
Rescibieron respuesta estando durmiendo, que no tornasen a Herodes, y
por otra vía tornaran a su región.
Un par de tortolas o dos hijos de palomas.
Tomolo en sus braços.
* * * * *
Agora, Señor, dexa a tu siervo en paz.
* * * * *
Viniendo después, confesaba al Señor y hablaba dél a todos los que
esperaban la redención de Israel.
Lebántate y toma el niño y a su madre y huye a Egipto.
Lebántate y toma el niño y su madre, y ba a la tierra de Israel.
* * * * *
Leuantandose uino en la tierra de Israel.
* * * * *
Aprouechaba en edad, sapiencia e gracia.
¿Por ventura no es este hijo de vn carpintero?
¿No sabiades que a las cosas que cumplen a la honra de my Padre avía yo
de estar presente? (I, XIV, VIII.)
Déxame agora... porque desta manera conuiene a entramos que cumplamos en
perfeccion toda justicia. (I, XXI, IV.)
E descendió el Espíritu Sancto sobre él ansí como paloma e quedose sobre
su cabeza... e sonó la boz del Padre diziendo: este es mi fijo muy amado
en el qual yo me dy contentamiento. (_Ibíd._, párrafos VII et VIII.)
El diablo... se acercó a él, diziendo: si hijo de Dios eres, di que
estas piedras se tornen en pan; si eres hijo de Dios, derríbate de aquí
abaxo: todas estas cosas te daré... si te pusieres en tierra de rodillas
e me adorares. (I, XXIII, párrafos V, VII y VIII.)
Vinieron los ángeles allegándose a él seruianlo. (_Ibíd._, párrafo XIV.)
Quitad estas cosas de tan Sancto lugar como es este, e no queráys hazer
la casa de mi Padre casa de negociación. (I, XXVI, I.)
¿Por auentura es este aquel carpintero?
* * * * *
¿No sabeis que en las cosas que son de my Padre me conviene estar?
* * * * *
Haz esto por el presente, porque assí es menester que cumplamos toda la
iusticia.
* * * * *
Vino el Espiritu Santo y la voz del Padre desde el çielo afirmando: este
es my hijo amado, del que estoy muy satisfecho.
* * * * *
Llegandose a él el tentador, le dize: si tú eres hijo de Dios dy que
estas piedras se tornen en pan: héchate de aquí abaxo: todo esto que
vees te daré, si postrado en tierra me adorares.
* * * * *
Vinieron los angeles y le seruían.
* * * * *
Quitá estas cosas de aquí, y no querays hazer mi casa cassa de
mercadería.
Ansi resplandezca vuestra luz delante de los hombres, que vean vuestras
buenas obras, e glorifiquen a vuestro Padre que en los cielos es. (I,
XXXIV, I.)
Mas yo os digo: amad a vuestros enemigos, e hazed bien a los que os
aborrescieron. (I, XXXV, V.)
¿Qual es este a quien los vientos e la mar obedecen? (_Ibíd._, párrafo
II.)
E mirad que os enbío como oueja en medio de lobos... e mirad que seais
prudentes como las serpientes... e sed simples como las palomas. (I,
LII, I.)
De gracia e sin precio recebiste el don de gracia e sin precio lo
administrado... ninguna cosa llenares..., ni oro ni plata. (I, LI, III.)
Le son perdonados muchos pecados, porque amó mucho... e dijo el Señor a
la muger: perdonados te son todos tus pecados... la fe tuya te fizo
salua... anda vete en paz. (I, LX, IV.)
Lázaro ven fuera. (II, XVII, VI.)
Desatadlos e trahédmelos; e si alguno os dixere algo, dezid que el Señor
los ha menester, e luego en ese punto os los dexaran traher. (II, XXXVI,
I.)
Assi vuestra luz alumbre delante los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre, el quál está en los çielos.
Yo os digo a vosotros que ameys a vuestros enemigos y agáys bien a los
que os aborresçen.
¿Quién es este al cual el viento y la mar obedescen?
Mirad que os enbío a vosotros como obejas en medio de lobos; por tanto
sed prudentes como serpientes y simples como palomas.
No querays poseer oro ni plata; lo que graciosamente recibís, dadlo
graciosamente.
* * * * *
Perdonanse a ella muchos peccados, porque amó mucho, y dixo a la muger:
tu fe te ha hecho salua; vete en paz.
* * * * *
Lázaro ven fuera.
Desatadlos y traédmelos; y si alguno os dixere alguna cosa, dezid que el
Señor los ha menester, y luego los dexará.
O hijo de David salvanos en las alturas... Bendito es e sea este que
viene en el nombre del Señor. (II, XXVII, II.)
Tomad e comed.
Triste está mi ánima fasta la muerte.
E acaesció que vino sobre él vn sudor como gotas de sangre que corría en
tierra. (_Ibíd._, párrafo VIII.)
Como a ladron me salisteis a prender con espadas e con lanças... cada
día estaua con vosotros en el templo enseñando e predicando e no me
prendistes. (_Ibíd._, párrafo VIII.)
Dios te salue, rey de los judíos... Dábanla en la cara bofetadas.
(_Ibíd._, párrafo V.)
E salió luego Jhesús... trayendo en su cabeça corona de espinas e un
manto de púrpura encarnado, e un cetro de caña en la mano... E entonces
dixoles Pilatos: Ecce homo. (_Ibíd._, párrafo VI.)
No tenemos otro rey sino César. (_Ibídem_, párrafo VII.)
Este es Jhesú nazareno, rey de los judíos. (II, LXIII, IV.)
Ya, tú eres el que destruyes el templo de Dios... Abaxa de la cruz.
(_Ibíd._, párrafo VII.)
Sáluanos, hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor.
Sáluanos en las alturas.
Tomad y comed.
Triste está my ánima hasta la muerte.
Su sudor era como gotas de sangre que corrían en tierra.
* * * * *
Como a ladrón me avéis salido a prender con palos y armas, quando cada
día estava con vosotros en el templo enseñando, y no me prendistes.
* * * * *
Dios te salue, rey de los iudios. I dábanle de bofetadas.
* * * * *
Salió, pues, Jesús, fuera, coronado de espinas y vestido de grana, y
dixoles Pilatos: e aqui al hombre.
* * * * *
No tenemos, rey sino a Çesar.
* * * * *
Jesús naçareno, rey de los iudios.
* * * * *
Tú eres el que destruyes el templo de Dios, baxa de la cruz.
¿Quién nos reboluerá la piedra que está puesta a la entrada del
monumento? (II, LXXI, II.)
Bien sé que buscáys a Jhesú-christo crucificado e nazareno; leuantose,
no es aquí. (_Ibíd._, párrafo IV.)
No queráys temer. Id e recontad estas cosas a mis hermanos, e dezildes
que vayan a Galilea, e alli me verán. (_Ibíd._, párrafo II.)
Es verdad que el Señor es resuscitado e apareció a San Pedro. (II,
LVVVII, I.)
O agenos de buen entendimiento... o tardios e detenidos de coraçon... en
creer en las cosas que hablaron los profetas; ¿por ventura no sabés que
fué menester que padeciesse Christo estas cosas, e que por esta manera
entrasse en su gloria? (II, LXXVI, II.)
Recebid e tomad el Espíritu Sancto... Todos los pecados que vosotros
perdonáredes a los hombres, serán perdonados a ellos... (_Ibíd._,
párrafo VII.)
¿Quien nos alçará la piedra de la puerta del monumento?
* * * * *
A Jesú nazareno buscáis; ya es resucitado, no está aquí.
* * * * *
No temáys. Yd y dezid a mis hermanos que vayan a Galilea, porque alli me
verán.
* * * * *
Verdaderamente el Señor a resuscitado y aparescido a Simon.
O nesçios y tardos de corazón para creer todo lo que han hablado los
prophetas, ¿no era neçesario que Xpo. padesçiese y asi entrase en su
gloria?
* * * * *
Recebid el Spíritu Sancto; a aquellos que perdonáredes los peccados, les
serán perdonados.
Podríamos continuar aduciendo textos de ambos libros para probar la
identidad de uno y otro; mas no hemos de dar a esto importancia alguna,
puesto que nadie, al tratar de la vida y misterios de N. S. Jesucristo,
puede alterar, en gran manera, el texto de los cuatro Evangelistas.
Igualmente podríamos sacar párrafos contextes de _Flos Sanctorum, de
Vita Christi_, de la _Imitación de Cristo_ y de los _Ejercicios_; mas
tal labor, además de pesada, resulta un tanto enojosa, por lo cual, nos
permitimos remitir al lector, si desea comprobar esto, al tomo 55 de
_Monumenta Ignatiana_, páginas 64 y siguientes.
Autores hay, también, que sostienen que San Ignacio tomó para su obra
muchos pasajes del libro escrito por el V. P. García Cisneros, de la
Orden de San Francisco, titulado _Ejercicios de la vida espiritual_ en
1400.
El P. Lorenzo Nieto dice acerca de esto: “que Fray Xanones dió a Ignacio
y le enseñó unos ejercicios espirituales, en los cuales se ejercitó
Ignacio, cuando estaba en Manresa, para lo cual venía al monte
Serrato”[77].
El Padre Joaquín Bonanat añade: “Le dió unos ejercicios espirituales del
hermano García de Cisneros, de esta casa”[78].
También el Padre Miguel de Santa Fe dice que “le dió unos ejercicios
espirituales de Cisneros”[79].
Santiago Campomany y Francisco Godofredo, Prior del monasterio de Monte
Serrato, dicen que Ignacio recibió los ejercicios de Xanones, por el
_Ejercitatorio_ del Padre Cisneros.
Igual sostienen los PP. Ribadeneyra y Girón, S. J., y el P. Lerma, O. S.
Ben.
Sin embargo de todo esto, el Padre Yepes afirma[80] que San Ignacio
_aprendió los ejercicios espirituales en él_ (convento de Montserrat),
_que después con tanta gloria suya y de su religión esparció y publicó
por todo el mundo_.
El abad Constantino Cayetano, de la Orden de San Benito, publicó en
Venecia, el año 1641, una obra titulada: _De religioso Sancti Ignatii
sive Euncionis fundatoris Societatis Jesu per patres benedictinos
institutione. Deque libello exercitiorum ejusdem al Exercitatorio U. S.
D. García Cisnerii abbatis benedictine magna ex parte denunpto.
Constanti abbatis Cajetani vindicis benedictine libri duo_[81].
El P. Juan Marcial Besse, de la Orden de San Benito, dice respecto a
esta obra[82]: “Los primeros capítulos del segundo libro intentan
verdaderamente establecer, contra Ribadeneyra, que los _Ejercicios
Espirituales_ no han sido compuestos en Manresa, pues el autor busca y
pone de relieve minuciosamente lo que puede haber de común entre el
libro de Cisneros y el de San Ignacio.”
“De aquí se deduce esta conclusión: ¿Será preciso encarecer la
importancia de la tesis sostenida en esta obra? El buen sentido habrá
hallado la razón.”
Esta opinión la han compartido muchos autores, no sólo del siglo XVII,
sino de nuestros días. Y así encontramos al P. Bruno Albers, de la Orden
de San Benito, que dice: “Y estos mismos jesuítas deben su nacimiento y
sus ejercicios a la Orden de San Benito, pues ya en el año 1496 (el
autor debió decir el 1500) García, abad del Monte Serrato, publicó un
libro de ejercicios, el que después tomó el fundador de los jesuítas, lo
cambió un poco y lo dió a sus alumnos y discípulos”[83].
Sin embargo de todo lo expuesto, quien lea el _Ejercitatorio_[84] podrá
ver que si hay algunos lugares comunes a ambos autores, no obstante, se
diferencian bastante en el orden y en la exposición, y muchas cosas hay
en el libro de los _Ejercicios_ que ni siquiera se mencionan en el
_Ejercitatorio_, como el principio y fundamento, el examen particular,
del Reino de Cristo, de las dos vigilias, los tres binarios y todas las
demás reglas para escoger el momento oportuno de elección y reforma de
vida.
El _Ejercitatorio_ es, como si dijéramos, un libro para guiar a los
maestros.
Los _Ejercicios_, en cambio, sirven para que los maestros puedan guiar,
en efecto, pero también pueden guiarse por sí mismos los ejercitantes
con sólo leerle y meditarle.
En la _Regla de San Benito_ dice el Padre Pierdet O. S. B.: “Estos
ejercicios resultaron maravillosos, pues hasta entonces no eran
conocidos y fundados en un sistema en que las eternas verdades de la fe,
existen íntimamente unidas e interiormente encadenadas y contienen todo
lo que al alma pueda purificar, limpiar, formar y salvarla, y
especialmente para llevarla al escalón de la perfección que Dios en ella
impuso, y al plan a que ella está llamada a recibir, según
predestinación divina”.
El autor de los _Ejercicios_ se inspiró para escribir el capítulo de los
tres grados de la humanidad, reduciendo a tres los doce que constituyen,
según el Patriarca de los monjes de Occidente, toda la escala de la
perfección.
De otros autores a quienes leyera San Ignacio, bien en Loyola o en
Manresa, y de los que tomara pensamientos o ideas para su libro, se ha
dicho bastante[85], pero como esta reseña biográfica va extendiéndose
demasiado, no queremos decir más sobre este punto, terminando con lo
siguiente: San Ignacio, cuando escribió este maravilloso libro, carecía
de ilustración científica[86] y apenas había leído alguno que otro libro
piadoso; por tanto, mal podía tomar pasajes, ideas, pensamientos,
sentencias, etc., de libros que no vió, como se le quiere atribuír.
Y, expuestos estos datos biográficos, pasaremos a estudiar su
bibliografía.
[Illustration: CAPILLA-SEPULCRO DE SAN IGNACIO]
PARTE SEGUNDA
BIBLIOGRAFÍAS
BIÓGRAFOS
DE
SAN IGNACIO DE LOYOLA
PRIMERA PARTE
BIÓGRAFOS
DEL SANTO
Como la _vida_ del Santo ha sido escrita, según al principio dijimos,
por muchos y muy autorizados autores, en nuestro deseo de ilustrar
cuanto podamos al lector, nos ha parecido procedente aportar una ligera
relación de la mayoría de los escritores que dedicaron su pluma y su
inteligencia a estudiar con todo detenimiento a San Ignacio en su vida y
en su insigne e ínclita fundación.
Para mejor conocimiento de tales datos, haremos primero una relación de
los biógrafos españoles y después detallaremos los que escribieron en
otros idiomas.
BIÓGRAFOS
NACIONALES
ASTRAÍN (P. Antonio, S. J.): _Historia de la Compañía de Jesús_,
tomo I. San Ignacio de Loyola; 1540.
RIBADENEYRA (Pedro): _Vida del bienaventurado Ignacio de Loyola_,
fundador de la Religión de la Compañía de Jesús; 1585-86.
GARCÍA (Francisco, S. J.): _Vida, virtudes y milagros de San
Ignacio de Loyola_; 1685.
NIEREMBERG (J. Eusebio, S. J.): _Vida de San Ignacio_.
ORTIZ LORENZO: _Origen e institución de la Compañía de Jesús en
vida de San Ignacio_.
FLUVIÁ: _Vida de San Ignacio_.
CREIXELL (Juan, S. J.): _San Ignacio en Barcelona y en Manresa_.
Reseña histórica de la _vida_ del Santo[87].
RICARDO (José María, S. J.): _San Ignacio de Loyola_.
ASTRAÍN (Antonio, S. J.): _Historia de la Compañía de Jesús en la
asistencia de España_; 1902.
LUQUE FAJARDO (F.): _Vida de San Ignacio_, fundador de la Compañía
de Jesús.
MIR: _Vida de N. P. San Ignacio de Loyola_.