Iris de paz y ventura,

Sueño de toda mi vida,

Que naciste para mí

Como el sol tras noche fria!

¡Ah! cuando tus bellos ojos

Entreabriste adormecida

Sentí que en esa mirada

Me llenabas de delicias;

Como el ciego que cobrando

Loco de gozo la vista

Quiere abrazar á la luz

Pensando que lo acaricia.

Si tú entendieras mis sueños,

Mis esperanzas perdidas,

En esos labios de rosa

Con besos te contaría

Que antes de venir al mundo

En mi mente eras nacida...

¡Oh, si tú me comprendieras

Cuántas cosas te diria!

Entonces supieras tú

Que era muy triste mi vida,

Antes de ver á tu madre

Que la convirtió en delicias;

Entonces fué que la llama

Brotó de tibias cenizas,

Entonces fué que mi pecho

De nuevo se abrió á la dicha,

Y desde entonces serenos

Se deslizaron mis dias,

Entre esperanzas risueñas

Que el futuro embellecian,

Y gratas conversaciones

Llenas de amor y alegría

Que terminaban diciendo:

«¡Ah, no tener una hija!»

Oh, cuantas veces paseando.

En una tarde tranquila,

Al sentarnos cavilosos

Del ancho mar á la orilla

Con el baston, en la arena

Mil caractéres ponia:

Ya una palabra aislada

Signo de melancolía;

Ya una linea caprichosa

Cual la idea fugitiva:

Ya una letra mutilada

Cual del infeliz la vida.

Y sin pensar de repente,

Si estas lineas recorria

Encontraba escrito en ellas:

«¡Ay, no tener una hija!»

Muchas veces junto al fuego

En las noches invernizas

Cruzaban breves las horas

Mirando al fuego que ardia,

Siguiendo su oscilacion

Y viendo brotar sus chispas,

Que en sus fantásticos giros

Todo el hogar recorrian,

Hasta caer soñolientas

Entre pálidas cenizas;

Y entonces en los carbones

Que á trecho en trecho lucian,

Como dos ojos ardientes

Sobre frente encanecida,

Nos parecia leer:

«¡Oh, no tener una hija!»

Naciste tú, y has colmado

La copa de nuestra dicha:

Ya no en fantásticos sueños

Nuestra mente se fatiga:

Fijos delante tu rostro

Con nuestra vista en tu vista,

Bebemos miel deliciosa

En tu inefable sonrisa;

Y pensamos en tu suerte

Cuando vengan otros dias,

Cuando corazon y mente

Con doble peso te aflijan,

Haciendo inclinar tu frente

Como una rosa marchita;

Cuando á los piés de tu cama

Colocada de rodillas

Alabes á tu Criador

En tus plegarias de niña;

Cuando pidas á tus padres

Que amorosos te bendigan,

Dándote un beso en la frente

Para ir á dormir tranquila;

Cuando indagues cavilosa

En mi frente encanecida

Los hondos surcos que marquen

El tránsito de la vida;

Cuando recorran tus ojos

Estas paternales líneas,

Que si eres feliz leerás

Con angélica sonrisa,

Y si sufres, se verán

Por tu llanto humedecidas;

Cuando en un mar proceloso

Pueda servirte de guia,

Llevándote ángel hermoso

Hasta el puerto de la dicha,

Como te llevo en mis brazos

Hasta la cuna tranquila.

Abre esos ojos azules

Do la ternura se anida,

Oye mis tiernas palabras

Y luego duerme, hija mia.

* * *

¿Vés de tu madre la húmeda pupila

Que fija en tí, cual mágica sibila

Parece que interroga el porvenir?

Si, le interroga, y pide que el destino

Matizando de flores tu camino

Embalsame de dichas tu vivir.

Hoy que yaces envuelta en la inocencia

Y no puede abarcar tu inteligencia

Lo que es la maternal contemplacion.

Entenderás la voz del sentimiento

Que inoculada en mi amoroso aliento

Descenderá á tu puro corazon.

No te señalaré de las estrellas

Ni el claro sol, las rutilantes huellas,

Para elevar tu mente al Hacedor:

No obligaré á que dobles la rodilla

Al que arrojó en el mundo la semilla

Del árbol que se eleva á su Criador.

No te diré si el vicio desbocado,

Cual torrente del monte desatado,

Quiere hacer las virtudes zozobrar;

Oh, no sabrás si alzada la cabeza

Enarbola bandera la impureza

De la familia en el derruido altar.

Nunca tu padre manchará tu frente,

Donde brilla la luz del inocente

Como en los rios nubes de zafir;

Por mostrarte la crápula del vicio,

Jamas te acercaré del precipicio

Que vértigo derrama en el vivir.

Me inclinaré sobre tu boca pura

Y te daré consejos de ternura

En el ignoto idioma del amor;

Y mis palabras bajarán á tu alma

Cual en noches de estío, en grata calma

Se inocula el rocío entre la flor.

Inefables consejos ignorados,

Sin traduccion, como ecos tribulados

Del aura de la noche en el jardin;

Nadie entiende sus quejas doloridas

Pero al nacer la aurora, entretegidas

Se ven brotar do quier rosas sin fin.

Nadie comprenderá ahora mi acento:

Mas llegará, hija mia, algun momento

Que se verán las rosas jerminar,

Y alzando ufanas sus cabezas rojas

El viento murmurando entre sus hojas

Se bañará en lo que hizo fecundar.

Algun dia serás lozana rosa

Cuando mi frente pálida y rugosa

Se incline en tu perfume á refrescar;

Cuando el labio marchito de dolores

Quiera gozar el aura de las flores

Sintiéndote, ángel bello, respirar.

Dios te colme de santas bendiciones

Apretando los duros eslabones

Que separan del vicio á la virtud,

Y tierna madre, enamorada esposa,

Mire brotar pimpollos de mi rosa

Para aliviar mi ingrata senectud.

El genio de la paz y la armonía

Cubriendo tu cabeza noche y dia

Te guarde del aliento del dolor;

Y el ángel puedas ser de tu familia

Que en las eternas noches de vigilia

Dés amparo á las prendas de tu amor.

Y de los niños fiados á tus manos

Salgan fuertes y buenos ciudadanos

Formados en el halda maternal,

Donde aprendan á odiar la tiranía

Y á combatir con ínclita porfía

Por los santos principios de igualdad.

¡Oh, la mision de la mujer es santa!

Ella la flor de las virtudes planta

Del niño en el fecundo corazon,

Y cuando vé á la patria que agoniza

Desprende de su seno á el ancha liza

De patriotas audaz generacion.

Así en Mayo nacieron los campeones

Que rompieron los duros eslabones

Que nos forjó la torpe iniquidad,

Y con la leche encima de los labios,

Fuertes guerreros, gobernantes sabios

Contempló con asombro aquella edad.

Y hoy en la lucha santa que emprendimos

Niños sobre la arena descendimos

Para arrimar el hombro al patrio altar,

Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho

Nos pone sollozando sobre el pecho

Los colores de Salta y Tucuman.

De la virtud modesta de los lares

Guarda el fuego sagrado en tus altares,

De la familia cándida vestal;

Que ese fuego que el casto hogar calienta

Es la luz que nos guia en la tormenta

De la vida, cual místico fanal.

II

Á UN AMIGO DE 24 HORAS

En los ardientes climas tropicales

Con el rocío de una sola noche,

La perfumada flor abre su broche

Y al sol y al aire entrega su beldad.

Así en mi corazon, de amor fecundo,

Ha brotado en un dia una flor pura,

Y esa flor de rarísima hermosura

Es por tí mi simpática amistad.

III

LAS TRES MARIAS

CONSOLANDO Á UN AMIGO QUE HABIA PERDIDO TRES HIJAS, LAS TRES CON EL

NOMBRE DE MARÍA

Por qué llorais, esposos, la prematura muerte

De las criaturas bellas, frutos de vuestro amor,

Cuando al morir cambiaron perecedera suerte

Por la que goza el ángel en torno del Señor.

Llorais porque sus rubias cabezas inclinaron

Sobre la fria almohada del lecho sepulcral,

Y cual mortales tristes al sueño se entregaron,

Y ángeles despertaron del coro celestial?

¡Oh! no sabeis sin duda que la alta Providencia

Para su dicha eterna tal vez lo quiso así,

Para salvar del mundo su cándida inocencia

Que atropellar pudiera del vicio el frenesí.

Fueron tres flores bellas en un rosal brotadas

Que al ostentar ufanas su grato rosicler,

Cruzaron por el cielo nubes encapotadas

Y el viento tempestuoso las arrancó al nacer.

Fueron tres gotas de agua lloradas por la noche

En el virgíneo cáliz de la fragante flor,

Y que al brillar el dia, cuando entreabrió su broche,

Se evaporaron todas al matinal calor.

Fueron tres mariposas de alas tornasoladas,

Que al encontrar amargas las flores del jardin,

Al cielo se elevaron, buscando atribuladas

Las flores con que ciñe su frente el serafin.

Fueron tres chispas ténues de la divina hoguera

Que vuestros corazones de casto amor llenó,

Chispas que remontaron á la celeste esfera,

Y que en estrellas fijas el cielo convirtió.

Por qué llorais entonces, cuando en las noches bellas

Podeis hasta los cielos vuestra mirada alzar,

Y contemplar brillando las tres blancas estrellas

En que á _las tres Marías_ Dios quiso transformar.

Esas estrellas puras son vuestras tres Marías:

Flores de una mañana que no tuvo su ayer,

Mariposas que huyeron de las regiones frias,

Gotas de agua perdidas del cielo al descender.

Felices esos seres, que nunca conocieron

La punzadora espina que labra el corazon,

Y el inocente labio jamas humedecieron

En la dorada copa que mana corrupcion.

Felices esos seres, que nunca calentaron

Las engañosas manos de la amistad infiel,

Que nunca las miserias del mundo presenciaron

Ni el dictamo sagrado vieron trocarse en hiel.

Oh, no lloreis, esposos: mejor es su destino;

Su vida es mas tranquila y exenta de dolor;

Sentadas en las gradas del trono diamantino

En torno de sí vierten mas suave resplandor.

Tú, padre, que navegas en borrascosa vida,

Eleva á Dios tus manos porque á su lado esten,

Como al audaz marino que en nave combatida

Recuerda que sus hijos espuestos no se ven.

Tú, madre, que has sentido las santas alegrías

De ver brotar la vida del seno maternal,

Espera: aun no ha pasado la aurora de tus dias

Y ha de brillar un dia de gozo sin igual.

En las calladas noches alzad la vista al cielo,

Mirad á vuestras hijas resplandecer allí,

Y sentireis el alma bañada de un consuelo

Que para el alma enferma nunca se encuentra aquí.

IV

EN UN ÁLBUM

Que á cada hoja del álbum de tu vida

Que desdoble la mano del destino,

Al seguir los inviernos su camino

Las primaveras queden en tu sien;

Y así, que en cada año que transcurra

Añadas una flor á tu guirnalda,

Y que cruzando prados de esmeralda

Llegues hasta las puertas del Eden.

V

AL PRIMOGÉNITO DE UN AMIGO

Hoy que el placer corona tu cabeza,

Quiero estrechar tu mano con terneza

Y darte el parabien:

Porque en los dias de contento ó duda

La mano del amigo nos ayuda

A soportar nuestro placer tambien.

Hoy un hijo ha nacido en tu familia,

Como tras larga noche de vigilia

Se vé brillar el sol;

Y su sonrisa pura cual la aurora

Todo el hogar doméstico colora

Tiñendo los semblantes de arrebol.

Bendigo á Dios, que desde el alto cielo

Al ver tu corazon envuelto en duelo,

Un niño hizo nacer,

Para que despertando á la alegría

Sacase de mi lira una armonía

Con sus dedos de leche y rosicler.

Bendice á Dios tambien, triste en el mundo

Has sido presa del dolor profundo

Que roe el corazon,

Hasta que un ángel que bajó del cielo

Te dió en su labio plácido consuelo,

Y te abrigó en sus alas con uncion.

De su frente nacieron tres estrellas,

Como ella puras, cual su rostro bellas,

Que volaron á Dios

En alas de la brisa rumorosa,

Que repitió la queja dolorosa

Que brotó el alma rota de los dos.

Hoy en vez de una estrella fugitiva

Ves brillar una flor nitida y viva

De perfume inmortal,

Que no ha de marchitar el cierzo helado

Si del materno seno enamorado

Tiendes sobre ella el cándido cendal.

No conozco aun á tu hijo, mas soy padre,

Y al través de los ojos de su madre

Le miré con amor,

Como al través de un rayo luminoso

Desprendido de un cielo magestuoso

Suele verse á lo lejos una flor.

Mas conociendo tu alma generosa

Y el corazon sencillo de tu esposa,

Tu hijo conozco ya,

Porque la flor lozana y perfumada

Por la mano divina destilada

Siempre una esencia embriagadora dá.

Conociendo la flor, siento su esencia,

Que apesar, caro amigo, de la ausencia,

La brisa trae á mí,

La brisa del recuerdo y del cariño

Enviada por el hálito de un niño,

Que hoy me refresca y que te baña á tí.

Que nunca á tu vivir falte ese aliento,

Que siempre de tu esposa el blando acento

Mitigue tu dolor;

Que nunca falten flores á tu almohada,

Ni miel en tu colmena perfumada,

Ni en el hogar el hijo de tu amor.

VI

¿POR QUÉ LLORAR?

(EN UN ALBUM FÚNEBRE, RECORDANDO Á UNA MADRE SU HIJO MUERTO EN EDAD

TEMPRANA)

Por qué sobre el torrente de la vida,

Como una flor del árbol suspendida

Te inclinas á llorar?

Madre y esposa, veo en tus miradas,

Que buscas en sus olas agitadas

Al hijo que en su fondo viste ahogar.

* * *

Te diré donde está: bajo una losa

Su blando cuerpo trémulo reposa,

Tibio aun con tu calor.

¡Blanca flor que cayó de tu guirnalda

Y que al bajar á la maternal falda

Llevó marchita el viento del dolor!

* * *

¿Quiéres sentir su espíritu invisible?

En el hogar doméstico apacible,

Nido de la quietud,

Sentirás un perfume penetrante,

Ese es de tu hijo el corazon amante

Impregnado en tu amor y tu virtud.

* * *

Asi sucede en la colmena rota

Cuando el invierno asolador agota

La balsámica miel:

Siempre queda el perfume, y mas nutrida

Llega á encontrarla estacion florida

Rica con los productos del vergel.

* * *

Mira ese cielo. ¿Ves aquella estrella,

Que entre las otras fúlgida descuella

Del mar en el confin?

Ese es tu hijo tambien. ¡Chispa divina,

Que brotó de tu mente peregrina,

Y en sus alas llevóse un serafin!

* * *

¿Por qué llorar? Feliz tú, que amorosa

Aun puedes suspirar sobre una losa,

Tibia con tu calor,

Y aun puedes aspirar el suave aroma

Del alma de tu hijo, que ora asoma

En el cielo cual astro de tu amor.

VII

Á LA NIÑA LEONOR

Ven á mis brazos, niña encantadora,

Y mírenme tus ojos con dulzura,

Que me retratan la mirada pura

De una hija, á quien recuerdo sin cesar.

Tú tambien eres mi hija en el cariño

Pues lo eres de una amiga cariñosa,

Y de tu padre el alma generosa

Unida está á la mia en amistad.

Ven á mis brazos, ven, para adormirte

Te arrullaré con versos de cariño,

Y en tu frente mas pura que el armiño

Un castísimo beso imprimiré;

Porque los niños son, Leonor querida,

Para el hombre una gota de consuelo,

Para que el poeta inspiracion del cielo

Que en la pureza y la virtud dan fé.

* * *

En el seno de tu madre

Tu frente oculta, ángel mio,

Cual la gota de rocío

En el cáliz de la flor,

Y mientras el mundo torpe

No empañe de tu cabeza

El sello de la pureza,

Duerme tranquila, Leonor.

Flor delicada y hermosa

En el jardin de la vida,

Hoy te miras protegida

Por el maternal amor.

¡Ay! antes que por los cierzos

Te mire despedazada,

En esa blanda almohada

Duerme tranquila, Leonor.

En esa edad infantil

Exenta de sinsabores,

Es tu camino de flores,

Tu vida sueño de amor;

Pero antes de penetrar

A otro camino de abrojos,

Cerrando tus bellos ojos

Duerme tranquila, Leonor.

Paloma de la inocencia

Tan cándida como bella,

Tan pura como una estrella

De la mañana en su albor,

Si quieres vivir feliz

No dejes tu blando nido,

Mientras te canto al oido

Duerme tranquila, Leonor.

Pimpollo apenas abierto,

Algun dia serás rosa,

Que derramará pomposa

Su perfume embriagador...

Pero ¡ay! entonces tal vez

Te oprimirán las congojas!...

Antes que esparsas tus hojas

Duerme tranquila, Leonor.

Tal vez el mundo te brinde

La copa de los amores,

Y en ella en vez de dulzores

Bebas amargo dolor;

Tal vez serias dichosa,

Mas mi cariño te dice

Que hoy cual nunca eres felice...

Duerme tranquila, Leonor.

* * *

Triste es la vida, sí, bella criatura,

Pero tambien en ella hay gratas flores,

Que llenan con suavísimos olores

El sendero, que lleva á la virtud;

Hay tambien sus delicias inefables

En llenar los deberes de la esposa,

La mision de la madre cariñosa,

Y aliviar la cansada senectud.

Que la mujer es ángel de la tierra

Que Dios creó para hermosear el mundo,

Para que en medio del dolor profundo

Dé al corazon el bálsamo de paz.

Tú no comprendes hoy estas palabras

Mientras duermes tu sueño de inocencia,

Mas cuando brille en tí la inteligencia

Mis versos con amor estudiarás.

VIII

ELIZA EN LA TUMBA

A dónde fuiste, blanca flor, caida

Del árbol de esperanza de la vida

A ese abismo sin fin;

Cual de la palma al borde de un torrente

Hoja que arrastra rápida corriente,

Y la lleva á regiones sin confin?

Al borde de ese abismo te lloramos,

Y con vista anhelosa te buscamos

Sin poderte encontrar,

Como busca con ansia el marinero

Al que cayó del alto mastelero

Y se perdió en las ondas de la mar.

Y tus padres te llaman con ternura,

Y en esa piedra silenciosa y dura

Se estrella su dolor,

Como el llanto que el párpado humedece

Se retira, se oculta y desaparece

Al encontrar un mundo sin amor.

Ya de tu rostro no verán, Eliza,

Resplandecer la plácida sonrisa,

Como el rayo de luz

Cuando brilla la estrella vespertina,

Que halaga dulcemente y que ilumina

Cuando la noche tiende su capuz.

Tu lecho se halla solitario y frio,

Tu asiento acostumbrado está vacio

En el paterno hogar,

Como el nido de cándida paloma

Que al mirarse con alas, vuelo toma

Y al cielo sube para no tornar.

Por qué cambiaste la materna almohada

De amor y de inocencia perfumada

Por esa terrenal,

Cual virgen consagrada á los altares

Que deja la guirnalda de azahares

Para dormir en losa sepulcral?

Tú dejaste el mundo, virgen pura,

Porque al probar del mundo la amargura

Lloró tu corazon,

Y en su llanto se ahogó, como esas flores

Que al derramar suavísimos olores

Se ahogan con su propia emanacion.

IX

Á CATALINA

Dios abriendo sus manos desde el cielo

Distribuye sus dones generosos:

Al árbol dá los frutos deliciosos,

Y al valle ameno la fragante flor.

Y la mujer, cual ángel de la tierra,

Reina de la creacion que ha embellecido,

Lleva en sí como vaso bendecido

Los gérmenes fecundos del amor.

Tú, Catalina, eres el dulce fruto

De una mujer, que cual lozana planta,

En su corona fresca flor levanta,

Mientras el fruto de sus ramas dá;

Eres la prenda del cariño tierno

De un noble amigo, que con blando anhelo,

Guarda esa planta del rigor del cielo

Cuidándola con amoroso afan.

Por tí, por ellos hoy mi voz levanto

Para cantar la aurora de tu vida,

Cual ave que entre rosas escondida

Canta á la rosa que abre su boton;

Abre el oído, hermosa miniatura,

Para escuchar mis blandas armonías,

Antes que de la tierra las orgías,

El eco te conturbe el corazon.

Salve, blanca paloma de inocencia,

Que por primera vez tiendes el ala,

Y cuyo pico, que pureza exhala,

De la vida en el cáliz vá á beber;

Vuela, tiende tu cuello blandamente,

Para que no se agite la onda pura,

Que levantando la hez de la amargura

Te ofrecerá veneno en vez de miel.

Bebe una gota al borde de ese cáliz,

Una gota no mas, y en raudo vuelo,

Como si fueras á buscar tu cielo

Vuelve á asilarte al seno maternal,

Porque sinó de la pasion al soplo

Desbordará un torrente enfurecido,

Que arrastrará á las playas del olvido

Tu vida y tu inocencia angelical.

Vuela y vuelve á dormir tranquilamente

De la esperanza en la divina almohada,

Por el amor materno perfumada,

Vuela y vuelve paloma á reposar;

Y ojalá que al abrir tus ojos bellos,

Por la razon fulgente iluminados,

De lágrimas no se hallen empañados,

Ni puedan estas páginas borrar.

X

Á UN AMIGO

QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO

Mi médico, suaviza mis dolores

Hablándome de ciencia y poesía,

Como Platon el ático lo haría

Perteneciendo al gremio de doctores.

Tú en los remedios que haces, viertes flores

Que impregna la amistosa simpatía,

Y de tu mano brota noche y dia

Bálsamo aliviador de sinsabores.

Me hallo como el viagero que ha colgado

Su hamaca entre dos árboles floridos;

Que envuelto en un ambiente perfumado

Le acarician sus gajos estendidos;

Y que al fin se aletarga blandamente

Y hojas y flores caen sobre su frente.

XI

EN UN ÁLBUM

Es el álbum un libro misterioso

Donde todos deponen suaves flores:

Allí ofrece el amante sus amores,

Y el amigo su sincera oblacion;

Allí están los recuerdos del hermano,

Del padre, del amigo y del esposo,

Y el crugir de sus hojas, armonioso,

Es un eco del tierno corazon.

Es el álbum un ara consagrada

Al candor, la virtud y la belleza,

Donde ella, reclinando su cabeza,

Melancólica piensa en lo que fué:

Allí llega el poeta y el artista

Para quemar su incienso á la hermosura,

Para ofrecerla alguna rosa pura

Que ella en su seno secará tal vez.

Allí tambien se acerca el peregrino,

Para doblar humilde la rodilla

Ante la hermosa, en cuyas sienes brilla

La corona que adorna á la virtud;

Y cuya frente cándida y serena,

Como el disco argentado de la luna,

Que se refleja en plácidas lagunas,

Del corazon refleja la quietud.

Yo el peregrino soy que arrodillado

Ante el altar modesto de tus lares,

Culto rindo á los genios tutelares

De la mansion tranquila del placer;

Y al contemplarte á tí bajo su amparo

Admiro en tí la madre cariñosa,

Y las virtudes de la casta esposa,

Flores que brota el alma de mujer.

Yo soy el peregrino que cruzando

Del Andes la region encanecida,

Admiré entre las nieves escondida

Una flor de bellísimo color:

Aquella flor en medio del desierto

Me hizo olvidar de la aridez del suelo,

Y encontré en el camino algun consuelo

Recordando lo suave de su olor.

Tú eres la flor que he visto en este valle,

Y cuando de él me aleje mi destino

Recordaré en el áspero camino

Tus virtudes, tu gracia y candidez;

Y este recuerdo en tu álbum estampado

Es la huella fugaz del pasagero,

Que al pasar á la sombra del palmero

Su cifra misteriosa grava al pié.

XII

QUÉ PODRÉ DECIR

(EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JÓVEN ESPOSA!)

Todos dicen, Señora:--«Álbum sin versos

Es arpa no encordada todavía,

Donde duerme tranquila la armonía

Esperando la suave vibracion;

Y que si el vate arroja una palabra

En el mar de sus hojas incoloras,

Se estremecen sus páginas sonoras

Cual árbol que sacude el aquilon.»

¡Oh! no es cierto! sin duda quien tal dijo,

Jamas tu álbum purísimo ha tenido,

Porque entonces habria allí leido

Lo que en sus hojas blancas yo leí:

Lo que se lée en las ondas de los rios

Cuando la blanca luna los colora;

Lo que se lée en las nubes del aurora

Entre celajes de oro y de carmin.

¿Qué podré yo decir, que ya no diga

Esta página blanca de azucena?

Aquí se vé lucir pura y serena

Tu frente que selló la castidad;

Aquí se leen tus albos pensamientos

Y la inefable candidez de tu alma,

Y una elocuente imágen de la calma

En la apacible vida del hogar.

Aquí toda tu vida está en compendio

Donde dice con cifra misteriosa:

Bella argentina, madre cariñosa,

Esposa tierna... ¿qué mas quieres, dí?

Yo te juro que todo cuanto he dicho

Diciendo está tu libro en su pureza,

Y en su nivea blancura hay mas belleza

Que la que el númen puede darte á tí.

Tampoco creas que el pensil mas bello

Pueda exalar mas inefable aroma,

Cuando el aurora en el oriente asoma

Y la tierra le ofrece su ovacion;

Que aquí, de las domésticas virtudes

Un misterioso olor llena el ambiente,

Que baña al peregrino blandamente

Si se acerca á tu umbral con emocion.

Todo lo dice un libro inmaculado

Para espresar una existencia pura,

Y esa misma elocuencia, la natura

Manifiesta en el agua y en la flor;

Pero si algo deseas, jóven bella,

Que en este álbum purísimo te diga,

Diré:--El cielo tu existir bendiga

Bajo el ala azulada del amor.

Puedas volver al seno de tu patria

En brazos del esposo que te adora,

Y esa prole que el alma te enamora

Le dé dias de gloria y esplendor.

Mi voto es tal, y el corazon me dice

Que si mi patria fuese tu familia,

Pasaria su noche de vigilia

Y brillaria de esperanza el sol.

XIII

Á UN AMIGO

DEVOLVIÉNDOLE UN LIBRO DEL QUE UNA MANO QUERIDA HABIA ARRANCADO

UNOS VERSOS DEL AUTOR, Y QUE FUERON REEMPLAZADOS POR LOS

SIGUIENTES:

Los tristes _ecos_ que á mi humilde _lira_

En otros dias arrancó el dolor,

Hoy lo destroza con su bella mano

El ángel puro que me dió su amor.

Así el guardian que vela sobre el hombre

Si vé en su frente el polvo sombrear,

Tendiendo el ala, cual la seda blanda,

Quiere la mancha de su sien borrar.

Aquellos versos fueron líneas truncas

Que en arenas movibles escribí,

Al borde del torrente de la vida,

Y que borradas por un soplo ví.

Mas, nada importa que mis pobres versos

En este libro vuestro ya no estén,

Cuando otros astros de esplendor eterno

Entre sus hojas relucir se ven;

Y si del cielo el estrellado manto

Ligera nube empaña su esplendor,

La faz hermosa de los astros luce

Si un viento leve limpia ese vapor.

Pero diréisme que un lunar es bello,

Y en blanco seno fúnebre crespon,

O en negros rizos un jazmin nevado

Que en su contraste forma la ilusion.

Pero no es bello el yuyo en los jardines,

Ni negra sangre en grato rosicler,

Ni las gotas de lodo salpicado

Sobre túnica blanca de mujer.

Al reemplazar mis versos con mis versos

Pienso que los dedico á la amistad,

Y si en el cambio poco se adelanta

En algo apreciareis la voluntad:

Fueron los unos quejas de mi alma

Que en horas solitarias exhalé,

Al ensayar las cuerdas de la lira,

Y entrar al mundo con incierto pié;

Y estos no tienen místicos perfumes

Del balsámico aliento del Señor,

Ni del artista los ligeros tintes,

Ni el trazo fuerte del pensar creador.

Son el aroma de las flores secas,

Ecos errantes de cancion fugaz,

Gotas amargas á la vez que dulces

Con que el destino humedeció mi faz.

No me pidais los versos arrancados

Que arrebató en su soplo el huracan,

Y que marchitos cual la flor de otoño,

Mústios y tristes por el suelo van.

Ya no se pueden levantar del suelo,

Pues son cual hojas de papel fugaz,

Que aun despues de quemadas tienen forma,

Y si se tocan son polvo y no mas.

Así se pasan los serenos dias

Y uno por uno bajan de la sien,

Y al levantarlos de la tierra fria,

Polvo y ceniza son ellos tambien.

XIV

UNA FLOR DEL ALMA

(Á UNA AMIGA ANCIANA)

Rimas · 第 10 / 13 段