Esta guirnalda que á tu frente ciño
Adornada con flores de amistad;
Flores del alma que brotaron bellas
Al calor de esos ojos que destellas
Iluminando el alma en su mirar.
¡Adios! Adios! no quede ya perdido
Entre la negra noche del olvido,
Y que el recuerdo sea de los dos;
Y cristaliza en tu alma aquesta gota
Que tibia y pura de mis ojos brota
Al decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
IX
¡COMO TÚ!
ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY
Es el Queguay[8] un rio trasparente
Cual urna de purísimo cristal,
Cuyo fondo se ve puro y tranquilo
Como el fondo de tu alma angelical.
Quieta es la superficie de sus aguas
Si el viento no la agita con furor,
Como tu frente es cándida y serena
Si no la agita el soplo del amor.
En el lecho pedroso do descansa
Se deslizan sus aguas con quietud,
Como tus horas corren no sentidas
Por el sendero fiel de la virtud.
Los sauces que coronan sus riveras
Hunden su verde copa en el Queguay,
Cual tu frente en mi seno cariñoso
Blando se inclina envuelto con un ¡ay!
Los ubajais[9] ocultan en sus ramas
Pájaros bellos, raros en matiz,
Como tu mente abriga mil ideas
Que hace brotar la inspiracion feliz.
Del Uruguay[10] dos gigantescos brazos
Oprimen su cintura en derredor,
Como tu talle esbelto y delicado
Circuye en torno el brazo del amor.
Esconde la rivera entre sus guijas
Las perlas con el nacar y el coral,[11]
Como atesora tu alma rica y bella
De angélicas virtudes un caudal.
La brisa de la noche entre sus hojas
Hace brotar suspiros de dolor,
Cual de tus labios ecos misteriosos
El delirante beso del amor.
La selva umbría que lo guarda en torno
Impide ver sus ondas de cristal,
Cual del pudor el velo misterioso
Sombrea tu semblante sin igual.
La blanca aurora rompe el denso velo
Que sobre sus espaldas se ve ondear,
Cual tú, graciosa, al despertar apartas
El pelo de oro que robó tu faz.
En sus ondas azules se reflejan
Del cielo la bonanza y tempestad,
Cual tus ojos azules reproducen
De otros ojos la sombra y claridad.
Sus linfas puras entre fango nacen
Mas cristalinas caminar se ven,
Cual tú nacida de la tierra impura,
Pura te miro caminar tambien.
X
DESPEDIDA
Adios, mujer nacida para inspirar amores,
Nacida como nacen en el jardin las flores,
Para esparcir en torno su misterioso olor;
¡Adios! palabra amarga que sale de mi seno,
Y que mis labios quema como letal veneno,
Cuando en mis ojos brilla la gota del dolor.
Adios, mas no por siempre: un mundo hay mas hermoso,
Y cuando al seno vueles del Todo-Poderoso
Volverte á ver espero tan bella como aquí;
Pero si en el inmenso celeste paraiso
A tí no te encontrase, mi celestial hechizo,
Los celestiales goces tristes serán sin tí.
Adios, vuelvo á decirte, adios ángel divino,
A quien pusiera el cielo delante mi camino
Para calmar mis horas de doloroso afan;
Desde el momento mismo que pude contemplarte,
Mi corazon ardiente tan solo supo amarte,
Como en la vida se ama, solo una vez no mas.
Adios, sueño querido, que me halagó un instante
Cuando soñé demente que un corazon amante
Latia sobre el mio con férvido afanar,
Adios, visiones vagas que atormentais mi pecho
¡Oh no volvais ya nunca á visitar mi lecho,
Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar!
Adios, adios por siempre, celestes fantasías
Que al corazon tranquilo, y en mas serenos días,
Brindaron halagüeñas, dichoso porvenir,
Pasad engañadoras visiones peregrinas:
En vez de frescas rosas tan solo piso espinas,
Y el sol de mi esperanza no veo ya lucir.
¡Adios!... mas no es posible dar un adios eterno
A tu divina imágen y á tu recuerdo tierno,
Que mi inmortal memoria no olvidará jamas;
Delante de mis ojos siempre estarás presente,
Y en mi alma, y en mi pecho y en mi abrasada mente
Tu imágen deliciosa se gravará tenaz.
Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento,
Tu voz consoladora traerá á mi oido el viento,
Y te veré en las nubes cruzar como vision;
Yo sentiré tus pasos en medio á las tinieblas,
Y al ver cubrirse el aire de transparentes nieblas,
Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusion.
Oh, si el destino crudo de tí no me apartara,
Si de los patrios lares ¡ay Dios! no me arrojara,
Mi porvenir entero se cifraría en tí!
Porque al mirar tu rostro tan cándido y divino
Veo que mi destino se liga á tu destino;
Veo que para amarte tan solo yo nací.
Entonces tú serías la refulgente estrella,
Que iluminases pura la fatigosa huella
Que el hombre en este mundo tiene que atravesar;
Entonces tú serías el sol de mi existencia,
Entonces estasiado de amor en tu presencia
De amor entre tus brazos quisiera yo espirar.
Entonces por tus gracias celestes inspirado
La lira del poeta pulsára entusiasmado
Y á tí te dedicára mis cánticos de amor.
Oh, tú me inspirarias canciones inmortales,
Y al oirlas estasiados, del orbe los mortales,
Tu nombre repitieran con alta admiracion.
Entonces fuera grande, por tu esplendor guiado;
Con el laurel del genio me viera coronado
Para arrojar coronas de glorias á tus piés...
Qué digo de coronas de gloria en mi delirio?
Yo siento la corona del perennal martirio
Clavando sus espinas en mi marchita sien.
Adios, de nuevo os digo, sueños encantadores,
Dejad en mis oidos de susurrar amores,
Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar:
Posaos sobre la almohada de la mujer que adoro,
Llevadle algunas gotas de mi amoroso lloro,
Para que en medio al sueño me pueda recordar!
XI
TU ESTRELLA
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
En medio de la noche
Al contemplar tu estrella,
En su fulgente huella
Mi alma te busca á tí;
Y pienso que al mirarla
Brillando placentera
En celeste esfera,
Te acordarás de mí.
Ausente de tu lado
Mirando ese astro bello
Creeré ver un destello
Emanacion de tí;
Y esclamaré con ansia:--
Tal vez la hermosa mia
En medio á la alegría
Se olvidará de mí!
Cuando de tí me aleje
Y á los combates vaya,
En medio á la batalla
Me acordaré de tí,
Y esperaré la noche
Para calmar mi anhelo,
Interrogando al cielo:--
¿Se acordará de mí?
¡Adios! nunca me olvides,
Y que tu estrella amiga
Siempre á tu mente diga
Que estoy pensando en tí:
Y si en el campo caigo
Por la metralla muerto,
Mira ese rayo incierto
Y acuérdate de mí.
XII
NADA DIRÉ
La belleza se ciñe la corona
Que entretege el amor y la amistad,
Arrancando una flor á cada zona,
Tomando un pensamiento á cada edad.
Y la contempla el mundo entusiasmado,
Coronada, de pié sobre el altar,
Sobre el altar de joyas incrustado,
Cubierto de jazmines y azahar.
Por eso guardo mi modesta ofrenda
Que es la silvestre y solitaria flor,
Que á tu corona, de las gracias prenda,
Dar no puede fragancia ni esplendor.
Yo que no tengo cortesano genio
Nada quiero decir ante tu altar,
Cuando otros mil las flores de su ingenio
Á tus plantas vendrán á derramar.
Nunca con alabanzas fementidas
Incensaré las luces de tu faz,
Solo palabras tiernas y sentidas
En vez de incienso mentidor tendrás.
No en la trípode de oro del poeta
Belleza celestial te cantaré,
Pero tendrás mi admiracion secreta,
Y poseerás del corazon la fé.
No te diré si es bella tu cabeza,
Ni si tienes de Fidias el perfil,
Ni si tu frente, cielo de pureza,
Está cubierto con estrellas mil.
No te diré si tu alma resplandece
Como diamante en urna de cristal,
Ni si tu seno blando se estremece
Como la niebla al soplo matinal.
No te diré si el labio que enamora
En sus palabras desparrama miel,
Ni si al caer, cual perlas del aurora,
Hacen brotar las flores del vergel.
No te diré si tus hermosos ojos
Son dos astros que Dios dejó caer,
Para alumbrar los púdicos sonrojos
Que tus mejillas suelen encender.
No te diré si tus cabellos rubios
Que circundan tu frente cual capuz,
Llamas son de magnéticos efluvios
Que de tu mente vuelan á la luz.
No te diré si tus airosos brazos
Los gajos son de madreselva en flor
Si se entreabren para dar abrazos
Y al pino añoso visten con amor.
Solo diré:--«Jamas á tu cabeza
Falte la eterna flor de la virtud,
Ni la sonrisa falte á tu belleza,
Ni al corazon le falte su quietud.»
XIII
EN EL ÁLBUM
DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS
En el libro inmortal de nuestra historia
Busco un nombre que guarda mi memoria
Y tu filial amor,
Y al encontrar la página enlutada
La veo al mismo tiempo señalada
Por una fresca y perfumada flor.
XIV
VERSOS
(EN UNA CORONA DE LAUREL)
Si faltase una hoja á tu corona
Y colocarla fuese dado á mí,
Sea ese lauro que á tus sienes falta
La admiracion que te consagro á tí.
XV
UN RETRATO SIN NOMBRE
Quiero hacer tu retrato, mujer bella
Mirando de tu rostro la hermosura,
Que irradia en torno suyo la luz pura
Como desde los cielos una estrella...
Mas no tengo un pincel con que pintarte,
Que el cielo me ha negado el don precioso
Que al lienzo dá trasunto primoroso,
La inspiracion uniendo con el arte.
Y el mas hábil pintor nada podría
No teniendo del iris los colores,
Y los varios matices de las flores,
Que en tu persona brillan á porfía.
Cómo pintar tu rostro de azucena
Sin combinar los cándidos jazmines
Al brillo de la nieve en los confines
Alumbrada por luz blanca y serena?
¿Cómo pintar tu rubia cabellera
Que en ondas de oro baja de tu frente,
Sin las hebras de luz del sol ardiente
Cuando espléndido brilla en alta esfera?
Sin el sereno azul del firmamento
¿Cómo pintar de tu ojo la dulzura,
Y esa mirada cariñosa y pura
Que hace olvidar al hombre su tormento?
Sin las rojizas nubes de occidente
¿Cómo dar vida á tus purpúreos labios,
Que hacen borrar del mundo las agravios
Cuando al hablar se entreabren dulcemente?
¡Oh, jamas! del artista la paleta
Esas tintas tendrá para pintarte!
Y si alguno pudiera retratarte
Seria en su entusiasmo algun poeta!
Ven á mis manos, armoniosa lira:
Quiero cantar la gracia y la belleza,
Que el entusiasmo que arde en mi cabeza
Manda que cante á la beldad que inspira.
No encuentro nombre que darle
Y mi ardiente fantasía
No tiene la poesía
Que esa imágen tiene en sí.
Cantaré sus perfecciones
Mucho mas bellas al verlas,
Mas si quereis comprenderlas
A contemplarlas venid.
¿La conoceis? es un ángel
Bajado del alto cielo,
Para verter el consuelo
Del hombre en el corazon:
Es una cosa sin nombre
Como una luz misteriosa,
Como vision vaporosa,
Como un acento de amor.
Es blanca como la luna,
Es pura como una estrella,
Es tan cándida y tan bella
Cual la primer luz del sol,
Como esa luz que se mezcla
A los tintes de la aurora,
Y el verde campo colora
Con espléndido arrebol.
Es una cosa sin nombre
Entrevista en un ensueño,
En que se mira el diseño
Y no se puede esplicar,
Ó cual los ecos sin nombre
Que en mágica melodía
De la noche en la armonía
El alma suele escuchar.
Es una cosa sin nombre
Cual las quejas del amante,
Cuando suspira anhelante
De la música al compas;
Como el perfume que exhala
El cáliz de una flor pura,
Que inspira amor y ventura,
Y alivia el dolor tenaz.
Como el sol en el ocaso
Cuando moribundo arde,
Cual la estrella de la tarde
En la calma celestial;
Como el canto de las aves
En la enramada florida,
Ó cual sílfide vestida
De vaporoso cendal.
Es una cosa sin nombre
Como esas blancas visiones,
Que en largas meditaciones
Pasan con vuelo fugaz;
Ó como el blando murmullo
Que se oye en la selva umbría,
Cuando de la noche fria
Sopla la brisa fugaz.
Sol, estrella, luna, flor,
Aurora, sílfide, brisa,
Que alumbra con su sonrisa
Y alumbra con su mirar,
Es original sin tipo
Que encierra en sí al universo,
Y que no es dado, ni al verso,
Ni al pincel el retratar!
La lira cae de mi cansada mano,
Y me siento vencido en tu presencia:
Perdóname si quise en mi demencia
Tu candorosa imágen retratar.
No es dado á los pinceles ni á la lira
Ofrecer de tus gracias una idea,
Y todo aquel que tus encantos vea
Admirarlos podrá, mas no copiar.
No vivirás en mármoles, ni en lienzos,
No robarán tus formas los cinceles,
Ni colores darás á los pinceles
Para causar al mundo admiracion,
Por eso yo, tu rostro contemplando,
Hice un bosquejo en vez de tu retrato,
Mas me consuela el pensamiento grato
Que tu retrato está en mi corazon.
XVI
NOCHES DE DICIEMBRE
En esas noches serenas
De Diciembre delicioso,
Cuando entregada al reposo
La tierra parece estar,
Y cuando la blanca luna
Cruza el ancho firmamento,
Absorto en mi pensamiento
Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo
Las estrellas encendidas,
Letras de luz esparcidas
Por la mano del Creador,
Que en inefables palabras
Revelan nuestro destino,
Y señalan el camino
Del audaz navegador.
Miro la onda agitada,
Que corona leve espuma
Y entre misteriosa bruma
Melancólica gemir;
Y en la playa solitaria
Estenderse blandamente,
Y bajo otra ola rugiente
Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío
Como se ajita el ramaje,
Mientras el verde follaje
A compas se oye vibrar.
Como si un aéreo coro
En él tuviese su nido,
Para recrear el oido
Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire
Mil fantasmas vagarosas,
Cual las sombras vaporosas
Que en sueños vemos pasar,
Y por la mente, alumbrada
Con el reflejo del alma,
Las miro en plácida calma
Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada
Se desprende de este suelo,
Y se remonta hasta el cielo
A contemplar la creacion;
Y desplegando sus alas
Como el águila altanera,
Vuela de esfera en esfera
En rápida sucesion.
Si por acaso una voz
Dulce, tierna y melodiosa,
Una cancion armoniosa
A lo lejos hace oir,
La música me figuro
De la danza de las horas,
Que con sus plantas sonoras
Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa
Que á los jazmines halaga
Y entre su copa se embriaga,
Viene mi rostro á besar,
Creo que alguna sílfide
Que cruza por el ambiente
Toca mi pálida frente
Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa
De blanca tela vestida,
Ante mi vista abstraida
Pasa como aparicion,
En éxtasis arrobado
Bajo influjo de un hechizo,
Creo que del paraiso
La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche
Mis pensamientos enfria,
Y apaga cual lluvia fria
De la mente el resplandor:
Que así el vapor de la tierra
Se desprende en forma leve,
Y luego en forma de nieve
Debilita su calor.
XVII
DOS PENSAMIENTOS
Como una estrella fugaz
Que luce en la noche umbría,
Brilló un instante María
En el valle del dolor:
Era una vírgen, tan pura
Cual de la tarde la brisa,
Cuya mágica sonrisa
Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa
Que su perfume derrama,
Como fosfórica llama
Un solo instante vivió;
Porque faltaba á su alma
El aire puro del cielo,
Y tomando raudo vuelo
Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin
Ivamos juntando flores
(Emblemas de los amores
Que en la tierra puso Dios)
Un pensamiento la di,
Y ella me dió un pensamiento,
Y animada de contento
Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos
Su vida simbolizaban,
Ó quizá identificaban
Su vida, su alma y su ser,
Porque apenas en su pecho
Hallaron tibia guarida,
Pálida y desfallecida
Bajó la marchita sien.
Sobre el lecho de agonía
Cayó, como flor tronchada
Por el viento deshojada,
Y su frescura perdió;
Y cual se exhala el perfume
Del cáliz de lirio hermoso,
De su cuerpo primoroso
Su alma angélica voló.
Antes de cerrar sus ojos
Y dar el último aliento,
Con blando y lloroso acento
A su lado me llamó:
Su bello rostro cubría
La palidez de la muerte,
Y con mano casi inerte
Dos pensamientos me dió.
Y me dijo:--«Dulce amigo,
«Solo en el mundo te dejo:
«Del valle triste me alejo,
«Y no te veré ya mas,
«Y hasta que llegue el instante
«De oir de Dios los acentos,
«Guarda esos dos pensamientos,
«Y no me olvides jamas!»
Esos pensamientos mústios
Dados de muerte en el lecho,
Yo los conservo en mi pecho
Como sacro talisman,
Porque se hallan impregnados
Del espíritu invisible
Del alma pura y sensible,
Que calma mi triste afan.
Yo que profeso en el alma
La religion de la muerte,
Sobre su sepulcro inerte,
Llanto y flores derramé,
Y entre las fúnebres flores
Lágrimas puse á millares,
Y entre blancos azahares
Pensamientos coloqué.
Y al pié del mústio sepulcro
De la cándida María,
Mis ojos vieron un dia
Dos pensamientos brotar,
Y luego ví el huracan
Llegar con vuelo violento,
Deshojar un pensamiento...
Y uno tan solo dejar.
XVIII
EL VELO
La mies se corona de espigas doradas,
Y el cielo se esmalta con nubes de azul,
Las flores se envuelven con hojas variadas,
Y en gajos flexibles el verde abedul.
Se ciñe el guerrero con palma triunfante,
El rey con diadema circunda la sien,
La falsa coqueta prefiere un diamante,
Que á par de ella, muchas prefieren tambien.
Se ciñen los montes coronas de hielo,
De blancas espumas las olas del mar,
De fresco rocío las plantas del suelo,
De llamas rojizas la esfera solar.
Mas hay una bella que dulce y modesta
Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó,
Y en vez de la joya que adorno le presta,
Con diáfano velo su frente ciñó.
* * *
Si fuese al combate, colgára en mi lanza
Con lauros de triunfo su leve crespon,
Y altivo, animado de doble esperanza
Seria de guerra mi sacro pendon.
Si fuese marino, colgára ese velo
Por vela á mi buque, por toldo á su iman,
Y en calma mirando los astros del cielo
Las iras burlára del negro huracan.
Si fuese poeta, mi armónica lira
Podria al amparo del ténue cendal,
Y al son de la brisa que mansa suspira
Le diera inspirado su acorde final.
Si fuese viajero deseara una palma
Que sombra tranquila me diese á su pié,
Como esa que el velo, con plácida calma,
Derrama en la frente que el ojo entrevé.
* * *
Feliz el que pueda del cándido velo
Alzar el estremo que cubre la sien,
Porque ese, olvidando las penas del suelo,
La luz habrá visto del mágico Eden.
Feliz el que pueda con él envolverse
Y dar estasiado su espíritu á Dios,
Y ver á la tierra de vista perderse,
Cual ave que asciende con ala veloz.
Feliz el que pueda colgar á su estremo
La escelsa corona de rosa y laurel,
Cual símbolo hermoso del genio supremo
Que indique á la reina de todo el verjel.
Feliz el que pueda mezclar sus despojos
Al polvo impalpable que el viento alzará,
Cuando esa belleza con llanto en los ojos
Desgarre ese velo que sombra le dá.
* * *
Mas esto es muy triste, tal vez distraido
Su frente he podido de nieblas cubrir,
Y al velo que lleva solo es permitido
Con nubes lijeras su frente circuir.
Él es como nube que cruza su frente,
Cual cruza los cielos la bruma fugaz,
Realzando en el fondo su rostro esplendente
Que adornan matices del iris de paz.
Yo soy como un ciego que canta á la puerta
Deseando al que me oye placeres y amor,
Deseando que nunca se mire cubierta
La gaza, con perlas que borde el dolor.
¡Mas no soy tan ciego! pues miro en el cielo
Brillar las estrellas con tibio fulgor,
Y luego eclipsarse si entreabre su velo
Mostrando dos ojos que irradian amor.
XIX
LA AGONÍA DEL POETA
¡Oh juicio divinal!
Cuando mas ardía el fuego
Echaste el agua.
MANRIQUE.
Genio, inspiracion divina,
Fuego devora mi mente,
Y siento en el alma ardiente
Una llama circular...
Mas ¡qué importa! si á la tumba
Pronto caerá el genio mio,
Como el torrente bravío
Que vá á morir en el mar!
Ya del carro de la vida
Los corceles fatigados
Caen al suelo postrados
Con anheloso estertor;
Y ya el genio de la muerte
Gira en torno á mi cabeza,
Cual ave que de su presa
Va volando en derredor.
Como el náufrago se abraza
De las astillas flotantes,
De las horas vacilantes
Me abrazo con ansiedad;
Pero en vano, que la urna
De mis años, agotada,
Sobre el abismo inclinada
Se vé, de la eternidad.
Qué importa morir, si solo,
He vivido en este mundo,
Donde corre un aire inmundo
Que no puedo respirar:
Si mis lágrimas cayeron
Confundidas en el cieno,
Sin bañar el tibio seno
Del amor á la amistad!
Qué importa morir, si nunca
Los hombres me han comprendido,
Si ninguno me ha tendido
Una mano fraternal:
Si cual la flor del desierto
Que en soledad se consume,
He dado al viento un perfume
Que nunca sintió el mortal!
Mis ecos se han confundido
Con la música lejana,
Que se alza cada mañana
Del seno de la creacion;
Y entre el canto de las aves,
Y el aroma de las flores,
Del valle de los dolores
Han subido á otra mansion.
Como las nubes de mirra
Que perfuman el sagrario,
Y brotan del incensario
De las brazas al calor,
Al fuego del entusiasmo
De mi cabeza han brotado
Los cantos, que he consagrado
A la Patria y al Señor.
Jamas prodigué alabanzas
A un miserable tirano,
Ni del pueblo soberano
Las banderas deserté:
Fija la vista en el cielo,
Nutrido de amor intenso,
A Dios y al Pueblo el incienso
Del corazon consagré.
La libertad fué la musa
De los cielos mensagera,
Que llenó mi alma severa
Con su espíritu inmortal;
Y en las negras tempestades
Seguí con paso valiente,
Su antorcha resplandeciente
Y su faro celestial.
Oh, Dios, inspírame un himno,
Ó una fúnebre elejia!
Que baje á la tumba fria
Cantando á la libertad!
Permite que adorne un lauro
Mi cadáver macilento,
Y que no muera mi acento
Cual voz en la soledad!
¡Pero ya es tarde! la mano
Que marca la última hora,
Se levanta aterradora
Y vuelca el reló fatal;
Y las cuerdas de mi lira,
Como nervios doloridos
Producen tristes sonidos
Una á una al reventar.
En vano aplico el oido:
Enmudece la memoria,
Y á mis cánticos de gloria
No responde el porvenir;
Que al descender al abismo
La corteza de mi alma,
No se verá ni una palma
Sobre la frente lucir!
Oh musa, vuelve otra vez
A tu celeste morada,
Que el abismo de la nada
Pronto me va á devorar;
Pero antes, rompe las flechas
De mi carcax no vacio:
Mi brazo perdió su brio,
Y el arco se va á quebrar!
LIBRO CUARTO
POESÍAS FAMILIARES
I
Á MI HIJA DELFINA
No te hicieron los cielos tan hermosa
Sinó para ser madre y ser esposa.
OLMEDO.
Blanca flor que embalsamas mi existencia
De tus perfumes con la grata esencia;
Música cuya suave melodía
Estremece de amor el alma mía;
Rayo de luz que caes sobre mi frente
Disipando las sombras de la mente;
Lágrima de los ojos desprendida
Del serafin que guarda nuestra vida;
Linfa donde apagué mi sed ardiente.
Como el viagero en agua trasparente;
Pichon que bajo el ala adormecido
Desafias las lluvias en tu nido;
Hija mia, entre sueños virginales,
Envuelta por los brazos maternales,
Y en esa fuente del materno seno
Bebe un raudal que de virtudes lleno
En cada gota verterá en tu mente
De nobles pensamientos la simiente,
Que dormirán hasta que en torvo ceño
El tiempo venga á perturbar el sueño;
Y puros sentimientos, ángel mio,
Que jerminando cual la flor de estio,
Derramarán en tu alma ese perfume
Que la virtud de la niñez asume;
Y beberás un bálsamo del cielo
Para espresar dolores en el suelo,
Para exhalar mil gotas cristalinas
Como su aroma blancas clavelinas:
Porque el llanto es la flor que brota hermosa
En el alma sensible y candorosa,
Y el rostro donde nunca ha resbalado
Es arenal que el cielo no ha regado.
Asi cual de la espléndida natura
El llanto es la espresion de la criatura:
El cielo llora gotas de rocio
En las serenas noches del estio,
Y al ausentarse, lánguida la aurora
Entre luces y sombras tambien llora:
Pero todo desciende suavemente
De la misericordia á el ancha frente:
Fertiliza el rocío los eriales,
Y el aurora los lirios virginales,
Y caen las dulces lágrimas del niño
En un seno purísimo de armiño.
Y mas tarde entre manos cariñosas
Que se ahuecan sensibles y piadosas,
Cual urna sencillísima de cobre
Donde se guarda el óbolo del pobre.
Oh tú, que de tu vida en la mañana
Te meces en el valle tan lozana:
Que sea tu cabeza bendecida
Sobre la dura almohada de la vida;
Que recorras tu plácida alborada
Por angélicas voces arrullada;
Que el viento de la dicha infle tu vela
Mientras la luna del placer riela;
Y que si acaso un dia, negro velo
Míras estender sobre tu cielo,
Veas llegar á tu arca placentera
La paloma de dichas mensagera
Para anunciarte en tu hombro reclinada:
«La tempestad se vé ya apaciguada,
«La luz del sol de nuevo te ilumina
«Y las flores esmaltan la colina;
«Tersa se vé la frente de tu rio
«Y no hay en él ni un áspero bajío:
«Mucho vagaste niña por los mares:
«Al fin reposarás entre tus lares,
«En la ribera nítida y risueña
«Que allá en el horizonte se diseña,
«Do encallará tu barca suavemente
«Como del manso arroyo la corriente.»
Ora, hija mia, lejos de huracanes
Duerme agena de míseros afanes
Mientras tu madre tu cabeza pura
Bautiza con sus gotas de ternura,
Las que tu padre enjuga blandamente
Al deponer un ósculo en tu frente,
Dejando en esas lágrimas escrita
Una dulce palabra:--«¡Eres bendita!»
* * *