«Para salvar las armas

«Dejamos este suelo;

«Buscando con anhelo

«Campo en que combatir:

«Y sea nuestro grito

«Al dejar esta playa,

«Y al entrar en batalla

«Libertad ó morir.»

«Busquemos otro campo!»

Mil voces contestaron.....

¿Pensais que derramaron

Un llanto femenil?

En mísero abandono

Sus hogares dejaban,

Y tan solo esclamaban:

«Libertad ó morir!»

Antes que como infames

Doblegar la cabeza,

Supieron con firmeza

Sus cabezas erguir.

Y dejaron la Patria

Y á las naves subieron,

Y otra vez repitieron:

Libertad ó morir.

«Adios, Patria, decian

«Llenos de fé ardiente,

«Pronto el tambor batiente

«Nos llamará á la lid;

«Que si tus caras playas

«Hemos abandonado,

«Es porque hemos jurado

«Libertad ó morir.»

X

EPILOGO

Por las llanuras del Sud

Yacen do quier esparcidas

Las semillas bendecidas

Del árbol de libertad.

Con la sangre del martirio

Ha sido ese árbol regado:

Si sus ramas han cortado

El tronco intacto quedó.

Cuando en los campos del Sud

Clave su pendon la gloria,

Y el arcángel de victoria

Bata su palma inmortal,

Con potente lozanía

Brotarán esos raigones,

Y gigantes dimensiones

El árbol adquirirá.

LIBRO TERCERO

POESÍAS DIVERSAS

I

EL VALZ

Le valz bondit dans son sphérique empire.

_Alfred de Vigni._

Del valse los acordes

Cual aves voladoras,

Batiendo alas sonoras

El aire hacen vibrar;

Y á sus alegres notas

Los grupos se estremecen,

Como los vientos mecen

Las flores de un rosal.

Ya la armonia

Con freno de oro,

Gobierna el coro

Puesta de pié:

Su alada planta

Traza ligera

Mágica esfera

Que nadie ve.

Unamos

El brazo

Con lazo

Tenaz,

El pecho

Sintiendo

Latiendo

A compas.

Y en rápidos

Giros

Suspiros

De amor,

La brisa

Se lleve

Con leve

Rumor!

Ya cruzan las parejas

Y alegres se suceden,

Y todos se preceden

Girando sin cesar,

Como se balancean

Las matinales brumas,

Ó cándidas espumas

Del agitado mar.

Oh, valz, imágen

De la armonia!

Tú de alegria

Sabes llenar,

El alma triste

De los dolientes

Que en tus corrientes

Pueden flotar.

Tú eres la imágen de nuestra vida,

Cuando con giros precipitados

Por tus cadenas aprisionados

A tus cautivos miras correr.

Así del hombre giran las horas

Encadenadas por el destino,

Y en torno suyo cual torbellino

Pasan.... mas nunca se ven volver!

Cada giro presenta un aspecto

Como faro que brilla y se eclípsa:

Ya es un rostro con grata sonrisa,

Ya una frente que anubla el dolor.

Así el hombre mezclado á la danza

De las horas con paso ligero,

Mira el rostro radiante ó severo

Que entristece ó que llena de amor.

Mas veo que mi alma su vuelo levanta!

Reclina en mis hombros tu cándida sien,

Que el círculo breve que ocupe tu planta

Será mi universo, mi mágico Edén.

Yo quiero cautivo vivir en tus brazos,

Yo quiero á tu ritmo mi paso arreglar,

Y unido á tu vida con mágicos lazos

Mirando tu rostro por siempre valsar!

II

DESESPERACION

(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)

Todos se alejan de mí

Como de un hombre maldito,

Que lleva en su frente escrito

Signo de reprobacion.

Corazon!

Triste estás y solitario,

Como vaso funerario

En túmulo de expiacion.

¡Oh mundo! á la playa estéril

Me lanzaste de tu seno,

Cual deposita en el cieno

Su hirviente espuma la mar;

Y al trazar

Mi oscuro nombre en la arena

Tu planta allí me condena

A ver mi nombre borrar.

Peregrino en tus hogares

Viviendo en perpétua guerra

Llena de espinas la tierra

Bajo mi planta sentí...

Ay de mí!

A la fuente de la vida

Por el mundo bendecida

Solo llanto y sangre dí!

Una llama celestial

Ardió una vez en mi pecho,

Velando junto á mi lecho

Un ángel consolador...

Era amor

Que los dolores suaviza!

Mas se convirtió en ceniza

Aquel sueño encantador!

Pedí consuelo al saber,

Y sus ardientes misterios

Eran horribles cauterios

A mi atormentada sien;

Y al vaiven

De las olas de la duda

Mi inteligencia, desnuda

Quedó de esperanza y bien.

Con la sonrisa en el labio

Y con la miel en el alma

Un dia tuve de calma

Al presentir la amistad.

Falsedad!

Sus manos estaban frias,

Yertas quedaron las mias

Y volví á la soledad.

Culto á la patria rendí,

Y por conquistar un nombre

Que lustre diese á mi nombre

Combatí por su pendon.

Ilusion!

Alcancé lauro bastardo,

Y una corona de cardo

Fué todo mi galardon.

Azoten mi sien tus alas!

Que tus cordeles me amarren,

Que tus uñas me desgarren

Sombrío genio del mal!

Que un fanal

Alza otro genio divino,

Alumbrándome el camino

Que cruza el alma inmortal!

III

EN LA TUMBA DE UN POETA

(FRAGMENTOS)

I

Poeta, que cual sombra fugitiva

Cruzaste por el valle mundanal,

Duerme, mientras un hombre á tu sepulcro

Llega á entonar un himno funeral.

¡Leve te sea el polvo! mis acentos

No vengan tu reposo á perturbar.....

Que ensalzando tu genio y tus virtudes

Alta leccion al pueblo quiero dar.

Que aunque yaces helado en ese lecho,

Aun vive aquí tu espíritu inmortal,

Como un perfume que la vida impregna

Y pasa de una edad hasta otra edad.

Y la musa que vela en tu sepulcro

En medio de la negra tempestad,

Aun hace estremecer tu dulce lira

Agitando sus alas al pasar.

II

Como una flor purísima y hermosa

Nacida en estancado cenegal,

Así vivias tú, genio sublime,

En medio de este páramo glacial;

Y cual se eleva del pantano infecto

De su perfume grata suavidad,

Así tu acento se elevaba puro

A la mansion de la eternal bondad.

¡Pobre poeta! Ni un hermano tierno

Llegó tu mano cándida á estrechar,

Mientras que en tu volcánica cabeza

Germinaba la idea fraternal,

Que debian los hombres agruparse

En torno de un pendon universal,

Y ayudándose todos como hermanos

Conquistar la anhelada libertad.

Hoy sobre el yerto polvo que te cubre

Nadie su llanto viene á derramar,

Porque proscripto por feroz tirano

Moriste lejos del pais natal...

Y al estrangero muerto en el destierro

Nadie llega su ofrenda á tributar.

Jamás escelso circundó tu frente

El lauro hermoso que la patria dá,

Y que en la sien augusta del poeta

Semeja una aureola celestial.

La corona de espinas del martirio

Ensangrentó tu macilenta faz,

Como á Jesus clavado en el madero

Porque dijo: «vivimos para amar».

Ignoto y melancólico pasaste

Para volar al cielo á descansar;

Porque el genio es un pobre jornalero

Que fecunda la tierra con afan,

Y la hace producir sabrosos frutos

Que no es dado á sus labios el gustar.

¿Quién como tú sembró, noble poeta,

Esa semilla fértil y vivaz,

Que en los hermosos dias venideros

Ha de regenerar la humanidad?

Republicano de alma incontrastable

Cantaste á la divina libertad,

Con una voz tonante y poderosa

Que los tronos podia hacer temblar,

Y estremecer las masas populares

Cual las furiosas olas de la mar,

Y despertar el alta inteligencia

Que al cielo remontaba en vuelo audaz,

Mientras tranquilo el mundo contemplando,

Como estátua sobre alto pedestal,

Podias con los ojos del espíritu

Ver los hombres y dias de otra edad!

Y te arrojó la patria de su seno

Porque rendiste culto á la verdad!

No la patria, los monstruos que su cuello

Oprimieron con planta criminal.

Errante por el mundo con tu lira

Fuiste sus infortunios á cantar.

Ora en las ruinas de la antigua Roma

Do se asienta la inercia y liviandad,

Evocando la sombra de los Gracos

En las tumbas te vieron meditar:

Que impelida del soplo democrático

Midió el mundo con paso colosal,

Pero cayó sin fuerzas cuando airada

Su escudo le quitó la libertad,

Que deserta las glorias de los pueblos

Si la virtud su apoyo no le dá.

Saludaste las playas de la Grecia

Libre del torpe yugo musulman;

Que un pueblo si desplega su bandera

Guiado de omnipotente voluntad,

Ó muere cual Leonidas en Termópilas,

Ó triunfa cual la Grecia en nuestra edad.

En las montañas de la fresca Helvecia

En la voz del torrente y huracan,

Creiste sentir el silvo de la flecha

Con que á su patria, Tell, dió libertad;

Que la naturaleza habla á los hombres

Para los grandes hechos recordar.

Bajo el arco grandioso de la Estrella,

De estéril gloria monumento audaz,

Pensaste en los principios fecundantes

Que al mundo reveló la libertad,

Y en la palabra que batia en brecha

Cuatro tablas que alzó la vanidad.

Desde ellas el coloso de este siglo

La libertad del hombre quiso ahogar,

Pero tendiendo su ala abrasadora

De su labio brotó la tempestad,

Y lo estrelló en la roca solitaria

Que es á la vez su túmulo y altar.[7]

En el solar de nuestra madre patria

Te miraron su historia interrogar:

Do quier hallar la religion y gloria,

Sin encontrar jamas la libertad:

Flor que ostenta del iris los colores

Sin el perfume que la rosa dá.

Te vieron de Albion en los umbrales

Esa fábrica altiva contemplar,

Donde se quema incienso á la justicia

Y se ensancha la esfera intelectual...

Pero al llegar al interior del templo

Y doblar la rodilla ante el altar,

Viste el becerro de oro entronizado

Y minado en su base el pedestal,

Que no es cimiento sólido de un pueblo

La opulencia sin pública moral.

Pero al volver los ojos á tu patria

Era tu pecho de esperanza un mar,

Que al través de la niebla de los siglos

El porvenir quería iluminar,

Mirándola ceñida con la oliva

Brindar al mundo el néctar de la paz,

Derramando el bautismo de la ciencia

Y alzando las virtudes del hogar,

Ensalzando del hombre los derechos,

Y tributando culto á la verdad.

Las creaciones fecundas de los genios

De su frente mirabas irradiar,

Y veias en su zona luminosa

A la espada civil sobre el altar;

Mudo el cañon, que en los presentes dias

Al mas potente la justicia dá,

Y alumbrando este cuadro de ventura

Del cristianismo el fúlgido fanal.

Dulce era entonces el mirar la patria,

Que era tu canto de la fé raudal,

Y daba aliento al corazon cobarde

Para esperar los dias que vendrán!

Tú nunca renegaste la esperanza

Y á su manto te asiste con afan:

Ella fué tu constante lazarillo

En medio de la densa oscuridad,

Y siguiendo su huella luminosa

Decias:--«Yo te veo ¡oh libertad!

«Fija en el horizonte nebuloso

«Como el astro del polo en alta mar:

«Te veo por el orbe peregrina

«Vestida con el rústico sayal,

«Pero el báculo fiel de la esperanza

«Me indica que tú vas á descansar

«En las hermosas playas de mi patria,

«Mas hermosas el dia que entre palmas

«Te reciban con cántico triunfal.»

Si, poeta, algun dia nuestra patria

Los himnos de la union entonará

Y entonces en la plaza y la tribuna

De un gran pueblo la voz se escuchará,

Y sus nobles instintos dirigidos

Nos darán la comun felicidad;

Porque libre, pacífico y virtuoso

Residirá su fuerza en la moral.

Esperemos los dias venideros:

El rocío la flor fecundará,

El sol relucirá tras negra noche,

Y el cielo nos dará la libertad!

Un himno fué tu vida, que la muerte

Hizo en tus dulces labios espirar,

Como espira el sonido de una cuerda

Que la tension obliga á reventar.

Moriste, y en tu lecho de agonía

Perdió la patria un lauro divinal

Con que adornar su hermosa cabellera

En los benditos dias de la paz;

Perdió el pueblo la luz que lo guiaría

En medio de la negra tempestad,

Y lo llevase al linde del camino

Que el dedo del Señor marcando está.

Mas el mundo, poeta no veia

De tu génio la excelsa potestad:

Como luz encerrada en vaso opaco

Que llena el interior de claridad,

Sin que perciba el ojo indiferente

La misteriosa lumbre que allí está,

Así resplandecia tu alma pura

Bajo el opaco cráneo del mortal.

Y por eso tu estátua no erigieron,

De pié, sobre marmóreo pedestal,

Ni entonaron el himno funerario

Los poetas en coro universal...

Mas qué importan las pompas de la tierra

Que no mira en su necia vanidad,

Que mientras honra la corteza fria

El alma noble en el empíreo está!

En tu fosa los hombres colocaron

Pobre inscripcion en tabla sepulcral:--

«Aquí yacen los restos»... mas abajo:--

«Que murió de veinte años á la edad!»

¡Veinte años! cuando el pié aun vacilante

Ponías de la vida en el umbral,

Cuando para tomar aliento nuevo

Te sentaste un momento á reposar...

Y reposaste en ese frio lecho

En que se acuesta el mísero mortal,

Con la cabeza de la fé en la almohada

Y en brazos de la inmensa eternidad.

Oh tú, que en esa mente generosa

Abrigaste una utopia celestial,

Antes que ver los infortunios nuestros

En tu lecho de tierra duerme en paz!

III

Era una chispa de la luz divina

Que en una noche descendió del cielo

Para alumbrar tu mente peregrina,

Y que al brillar la estrella matutina

Se oscureció en el suelo.

Era una nota del celeste coro

En los espacios del Señor perdida,

Que al encontrar tu corazon sonoro

Lo hizo vibrar, como á la urna de oro

Por el acero herida.

Era una gota de divina esencia

Por un ángel en tu alma derramada,

Emanacion de la alta providencia

Que impregnando tu rígida conciencia

Dejóla perfumada.

Se oscureció la luz pura y radiante,

Se apagó la suavísima armonía,

Se evaporó el perfume penetrante...

Todo se encierra tíbio y palpitante

Bajo esa tumba fria.

IV

Descansa de tu fatiga

En esa tierra enemiga,

Trovador;

Descansa, cual virgen pura

En sus sueños de ventura

Y de amor.

Descansa en esa almohada

Con la frente coronada

De laurel;

Y no te importe que el hombre

No haya gravado tu nombre

Con cincel.

Porque un dorado letrero

Se compra por el dinero

Con baldon;

Mas no se compra la gloria,

Ni en el templo de la historia

La mansion.

Tú has dejado tus canciones

Que á nuevas generaciones

Pasarán,

Y que ante el génio postrados

Nuestros hijos estasiados

Leerán.

Tus páginas inspiradas

Relucirán salpicadas

De dolor,

Sin que se estrellen tus ecos

En cráneos y pechos huecos

Sin amor.

Que si este mundo inclemente

Puso en tu pálida frente:

¡Maldicion!

Al dejar el frio suelo

Estampara en ella el cielo

¡Bendicion!

Poeta, mi lira gime,

Pero ni un canto sublime

Viene á mí,

Que solo, el genio divino,

Que arrastra cual torbellino,

Te dió á tí.

Cubre mi frente sombría

Capúz de melancolía,

Funeral,

Y trae hasta mí el viento

De la campana el acento

Sepulcral.

Pronto en el negro horizonte

De nubes inmenso monte

Se alazará:

El Señor que las concita

El relámpago vomita

¡Hosaná!

V

Yo sobre la cruz pondré

Una purísima flor,

Y por tí derramaré

En una gota de fé

La esencia de mi dolor.

Del crepúsculo á la luz

En la tumba funeraria,

Al pié de cristiana cruz,

Levantaré la plegaria

Que hizo en el clavo Jesus.

Yo quisiera con mi lloro

Este sepulcro regar,

Poeta que tanto adoro,

Sin que de tu sueño de oro

Te pudiese despertar.

La muerte es sueño profundo

Descanso del viajador:

Cuando yace moribundo,

Durmiéndose en este mundo

Despierta en otro mejor.

En el albor de la vida

Es muy hermoso vivir,

Porque su senda florida

Nos dá la imágen querida

Del puerto á que hemos de ir.

Pero esas horas benditas

Pasan con velocidad,

Y envueltas en negras cuitas

Nos quedan rosas marchitas

Que arrastra la tempestad.

Y con su manto de hielo

La eternidad nos envuelve,

Y en ancho mar de consuelo

Se sacia el ardiente anhelo

Que la existencia revuelve.

La muerte es un don bendito,

Porque el Maestro celestial

Solo castigó el delito

De aquel Judio maldito

Con una vida eternal.

VI

Como antes de la victoria

Suele caer el guerrero,

Tú caiste, jornalero,

Sin concluir tu mision;

Y como aquel, que tranquilo

Sobre sus armas espira,

Caiste sobre tu lira

Con noble resignacion.

Pero tu nombre no ha muerto:

Él vivirá en la memoria,

Y será eterna la gloria

Del poeta popular;

Que en el corazon del pueblo

Cuando algun poeta gime,

Su canto noble y sublime

Siempre se oye resonar.

Y sus ecos se difunden,

Y se escuchan con encanto,

Llenando al pueblo de espanto

O haciéndole conmover:

Que el vate en su inspiracion

Nuestros sentidos sujeta,

Y con su brazo de atleta

Postra y alza nuestro ser.

Cual vorágine furiosa

Todo arrastra en su carrera,

Cual las pajas de la hera

Que arrebata el huracan;

Y del genio poseido,

Rie, llora, nos encanta,

Y atrevido nos levanta

En sus hombros de titan.

Tus cantos serán oidos

En el pueblo americano,

Como el nombre de Belgrano,

De Bolívar, San Martin,

Como se oyó en otros dias

La corneta atronadora,

Y la armonía sonora

De Chacabuco y Junin.

VII

Ayer el almendro cargado de flores

Estaba, mas vino furioso huracan,

Y hoy roto y marchito, sin flores, sin hojas,

Se ofrece á los rayos del gran luminar.

Ayer á mi patria miré que gozaba

Los bienes preciosos de paz é igualdad,

Y hoy veo que esclava, y en sangre revuelta

Se ofrece á los rayos del gran luminar.

Ayer un tirano con saña decia:--

«¡Yo soy el que mando, y esclavos serán!»

Y hoy roto en pedazos su trono sangriento

Se ofrece á los rayos del gran luminar.

Ayer un guerrero cubierto de gloria

Hollaba altanero su carro triunfal...

Mirad ese polvo... su humilde sepulcro,

Se ofrece á los rayos del gran luminar.

Ayer un poeta cantaba inspirado,

Mas vino la muerte con soplo letal,

Y hoy frio y vacío su cráneo potente

Se ofrece á los rayos del gran luminar.

VIII

En este lecho de silvestre grama

No te vendrá á turbar ningun mortal,

Ni el eco torpe que al tirano aclama,

Ni el rumor de la orgía mundanal.

Alguna vez al apagarse el dia

Oirás sonar mi fúnebre laud,

Y arrodillado ante tu fosa fria,

Decir al polvo del dolor ¡Salud!

¡Nunca te turbe el grito del hermano

Que cae herido del furor tenaz,

Y al abatir sobre esta cruz mi mano

Puedas, poeta, dormitar en paz!

IV

PLEGARIA

PARA ADORMECER Á UNA SONÁMBULA

I

Espíritu invisible, que enajenas

Las potencias del alma, y con cadenas

Atas la voluntad:

Tú que gobiernas la imantada barra

Cuando el manto del cielo se desgarra:

Ven á ensayar aquí tu potestad.

II

Y tú, mujer, bañada en mi creencia,

Recibe en tu alma su impalpable esencia

Cual vaso de eleccion:

Sé tú de la verdad sacerdotiza,

Y ciñe como nueva pitonisa

La aurëola que dá la inspiracion.

III

Duerme, mas no por siempre inanimado.

El sueño por mis manos derramado,

Angel de castidad;

Como la flor que en noches del estío

Se adormece con gotas de rocío,

Y se despierta al ver la claridad.

IV

Reclínate en el ala misteriosa

Del imantado sueño, niña hermosa,

Para soñar de amor;

Que la mujer que sueña es como el ave,

Que oculta su cabeza en ala suave

Blanca como los velos del pudor.

V

Permite que á tus ojos ponga venda,

Y que en el fondo de tu mente encienda

La antorcha de la fé,

Para que pueda ver tu inteligencia

Los mundos que se ocultan á la ciencia,

Y lo que el hombre al despertar no ve.

VI

Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas,

Para que tu alma brille en las tinieblas

Cual faro celestial;

Y se estiendan las alas de tu alma,

Para volar á la region de calma

Donde se olvida el mundo terrenal.

VII

Vuela á ese mundo do el error no existe,

Do la verdad magnética se viste

Con casta desnudez:

Y cuando el manto de la fé te cubra,

Dínos lo que tu vista allá descubra,

Y desde lo alto de ese mundo ves.

VIII

Duerme en un lecho de azuladas nubes

Para ir á despertar entre querubes

En la region de luz,

Cual ave peregrina que se ausenta

Donde la noche el negro trono asienta

Para buscar regiones sin capuz.

IX

Duerme de ignotas flores coronada

Entre el aura por Dios magnetizada

Cual ángel infantil,

Para entreabrir tu vista adormecida

Al soplo embalsamado de la vida,

Que refresque tu cuerpo juvenil.

X

Mas allá de ese sueño hay otra vida,

Que como flor á todos escondida

Te dá tu emanacion:

Nueva tierra de América ignorada,

Que en alas de la brisa perfumada

Anuncia su existencia á otro Colon.

V

UNA LÁGRIMA DE AMOR

CANCION ARREGLADA Á MÚSICA

«Cuando sus alas opacas

Cual la noche oscura y fria,

Apagando mi alegría

Tiende el sombrío dolor;

Yo me siento consolado

Al contemplar tu belleza,

Y disipa mi tristeza

Una lágrima de amor.

«Como una estrella brillando

En la bóveda del cielo

Llena el alma de consuelo

Y de amor el corazon,

Así en medio de la noche

Admiro tus bellos ojos,

Y disipa mis enojos

Una lágrima de amor.

«Esos ojos que derraman

Amores y poesía

Consuelan el alma mia,

Mitigan mi cruel dolor.

De esos astros de mi cielo

Sobre mi frente marchita

Caiga una gota bendita,

Una lágrima de amor.»

De su guitarra al compás

Esto un poeta cantaba,

Y bajo un balcon estaba

Del objeto de su amor:

Caer sintió sobre su frente

Una gota suave y pura,

Una gota de ternura,

Una lágrima de amor.

VI

Á LA MUERTE DE ADOLFO BERRO

POETA ORIENTAL

That live to weep, and sing their fall.

Grey, oda X.

Yertos están sus labios generosos

Sellados por la muerte y la quietud;

Mudos están sus ecos dolorosos.

Mudo tambien su armónico laud.

Mústios están los ojos que abatia

Al contemplar un libro amarillento,

Buscando en él como en la fuente fria

Saciar su sed el viajador sediento.

Marchita está su frente luminosa

Sellada por el genio del dolor,

Pero aun brilla la chispa misteriosa

Que estampó con su dedo el Hacedor.

Y en vano bramarán las tempestades

En alas del furioso vendabal,

Ha de arder al través de las edades

La llama de su genio celestial.

* * *

Llorad, llorad en torno de la fosa

Del bardo fiel que su mision llenó,

Y que las plantas de su Patria hermosa

Con versos aromáticos bañó.

Llore tambien el mísero mendigo,

Y el desvalido en miserable lecho,

Cayó sin vida el que con voz de amigo

Defendiera su pan y su derecho.

Llorad, llorad, poetas orientales,

Al que cantó las penas del Esclavo,

Al que en la Cruz, con versos celestiales

Cantó, pendiente del sangriento clavo;

Que como Job sobre la piedra dura

Inflamado de espíritu inmortal,

Brillaba su alma transparente y pura

Tendido sobre inmundo lodazal.

* * *

Pasagero en el valle de la vida

Clavó su tienda en medio del desierto,

Y en busca de una linfa apetecida

Cruzó animoso el arenal incierto.

Y al percibir en su cabeza ardiente

Del genio de la muerte helada brisa,

En su rostro de luz resplandeciente

Brilló inefable y plácida sonrisa.

Y era porque su mente se adormia

Sobre la almohada de la eterna fé,

Y era que el desterrado sonreia

Al estampar sobre su patria el pié.

Y al apagarse en su fulgor naciente

La purísima aurora de su edad,

Brilló sobre su tumba, refulgente,

La aurora de la inmensa eternidad.

* * *

Envuelto por el humo del combate

Su canto fué de paz y bendicion,

Y de la lucha entre el feral embate

Puro permaneció su corazon.

El genio le ciñó con sus espinas,

Su herencia fué una lágrima de hiel,

Pero de sus creaciones peregrinas,

Brotan torrentes de armonía y miel.

Descendió como un mártir á la arena

Atleta de la Paz y la Igualdad:

Destrozando del hombre la cadena

Dió consuelo á la triste humanidad.

Con la osadía del apóstol fuerte

De la verdad la antorcha reanimó,

Y al caer en el abismo de la muerte

Encendida á su borde la dejó.

VII

AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI

IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO

Muda el alma de asombro en tu presencia

Cuando vibraba el arco palpitante,

Con eco penetrante

Sintió la cuerda armónica llorar.

Una lágrima tibia brotó de ella

Que se mezcló á tus blandas armonías,

Y en dobles simpatías

Vibró al compas el arco y corazon.

Al eco misterioso de los bosques

Uniste al trino puro de las aves,

Y en melodías suaves

Brotó tu inspiracion como raudal.

El ángel de las santas armonías

Cubrió tu frente con sus alas de oro,

Y en tu violin sonoro

De Paganini el alma suspiró.

El pueblo que en silencio te escuchaba

Ante tu genio doblegó la frente,

Y escuchó reverente

De tu arco la inmortal revelacion;

Que si al pisar la corte de los Reyes

Una joya te dió de sus coronas,

De América en las zonas

Al pueblo soberano diste ley.

VIII

¡ADIOS POR SIEMPRE!

I

Triste es cruzar el mundo peregrino

Para encontrar en medio del camino

Una flor que nos llene de embriaguez,

Y continuar su marcha fatigosa

Dejando atras aquella flor hermosa

Que ya no encontraremos otra vez.

Así al cruzar el valle de la vida

Te miré y admiré flor bendecida,

Caida de la corona de mi Dios,

Y seria feliz al contemplarte

Si no tuviese pronto que dejarte

Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!

II

Mas si el dejarte es triste y doloroso

Recordarte será muy deleitoso

Si una dulce memoria he de llevar;

Porque el recuerdo es la perenne esencia

Que perfuma del hombre la existencia

Y en el tiempo pasado hace gozar.

Y por eso en la copa de amargura

Que en este trance el seco labio apura,

Encuentro algunas gotas de dulzor,

É inclinando ante tí la frente mústia

Comprendo que aun en medio de la angustia

Hay consuelo en decirte: ¡Adios! Adios!

III

Como árbol que dió sombra en el desierto,

Cual la estrella guiadora en viage incierto,

Como las horas de la verde edad,

Como agua clara al viajador sediento,

Cual pan sabroso para el labio hambriento,

Así recordaré yo tu beldad.

Como la lumbre en noches del invierno,

Como el recuerdo de un afecto tierno,

Como el acento de la amada voz,

Así, tú serás grata á la memoria

Del que al darte una ofrenda transitoria

Te dice entristecido: ¡Adios! Adios!

IV

Las personas que viven siempre unidas

Suelen á veces contemplar caidas

Las hojas del amor y del placer;

Hojas que de la espléndida guirnalda,

Bajan de la belleza hasta la falda,

Y el viento del dolor viene á barrer.

Mas nunca lloran su ilusion perdida

Los que se van en medio de la vida

Para encontrarse en brazos de su Dios,

Porque siempre se miran en la mente

Como cuando esclamaron tristemente

Al dejarte por siempre: ¡Adios! Adios!

V

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