Ancianos, cuya mano temblorosa

Nos indica la ruta misteriosa

Que debemos seguir;

Bendecid con amor á vuestros hijos,

Para que sigan con los ojos fijos

La estrella que los lleve al porvenir.

VIII

Jóvenes, de la patria la riqueza,

El porvenir está en vuestra cabeza,

Bella es vuestra mision:

Es coronar el noble monumento,

Que simboliza el grande pensamiento

Que inauguró la tierra de Colon.

IX

Sombras de las falanges militares

Que alzaron los escudos tutelares

Al pié del patrio altar;

Dejad caer el casco rutilante

Dejad caer el hierro fulminante

Y vuestra obra venid á contemplar.

X

Naves, alzad las flámulas hermosas

Envueltas por las nubes magestuosas

Del humo del cañon,

Conmemorando los gloriosos dias

En que Chile botó á las ondas frias

En leño audaz su invicto pabellon.

XI

Campos feraces do la mies ondea,

Selvas en donde el pájaro gorjea,

Rios que vais al mar:

Un himno alzad con voz estrepitosa,

Que os fecundó la sangre jenerosa

Que enrojeció las gradas de su altar.

XII

Andes, en cuya frente encanecida

La historia americana está esculpida

En cifra colosal;

Tú que levantas la cabeza al cielo,

Pídele á Dios la lluvia del consuelo

Y á la América baña en su raudal.

X

AL CONDOR DE CHILE[2]

Tú que en las nubes tienes alto nido,

Tiende tu vuelo, condor atrevido,

Que sustentas de Chile el paladion;

Sigue del sol la luminosa huella,

Y trae cual Prometeo una centella

Para incendiar con ella á la nacion.

Para incendiarla en alto patriotismo,

Para animar la antorcha del civismo

Para encender del pueblo la virtud;

Para templar los tibios corazones,

Para quemar los últimos girones

Del manto de la torpe esclavitud.

Estiende, estiende el ala vigorosa,

Cual la vela que en noche procelosa

Alza la nave en negra tempestad;

Vuela á traer la vívida centella

Que en ochocientos diez, fulgente y bella,

La antorcha reanimó de libertad.

Tú sabes ya el camino, ave altanera,

Fuiste de nuestros padres mensajera

Para pedir á Dios chispa inmortal

Y dar fuego de alarma los cañones,

Y derretir los ferreos eslabones

De la innoble cadena colonial.

Tú los viste lanzarse á la pelea,

Blandir la espada, sacudir la tea,

Vencer, y caer en la pujante accion

Mientras que tú, cruzando las esferas

Dabas aire de Chile á las banderas,

Y fuego del patriota al corazon.

Tú los viste en la noche tempestuosa

Guiados por tu pupila luminosa,

Cual por la estrella el navegante audaz,

Escalar de los Andes las montañas,

Esculpiendo en su cima las hazañas

Que realizaron con vigor tenaz.

Allí tambien reverberó tu lumbre

Cuando bajó rodando de la cumbre

Desmelenado el iracundo leon,

A par que retumbaba en la eminencia

El grito atronador de independencia

Que repetia el mundo de Colon.

Desde entonces tu llama se ha apagado,

El corazon del pueblo se ha enfriado,

Y ha muerto el fuego patrio en el altar,

Fuego necesitamos: danos fuego,

Que nuestros ojos abundante riego

De libertad al árbol dieron ya.

Haz por los hijos lo que en otros dias

Hiciste por sus padres, cuando hendias

Las esferas con ímpetu veloz,

Para traer la centella salvadora

Que de ese sol, que el universo adora,

Brotó, y en tus pupilas puso Dios.

Las alas tiende y sube hasta los cielos,

Cual si fueras á traer á tus hijuelos

El alimento que la vida dá;

Y mientras bajas desde el alta esfera

Nuestra voz de Setiembre á la bandera

Con himno popular saludará.

Y cuando venga la centella ardiente

Que del cobarde el corazon caliente

Y nos llene de aliento varonil;

Danos sombra propicia con tus alas,

Mientras que en el espíritu que exalas

Impregnamos la túnica viril.

Despues condúcenos á la victoria,

Traza con luz la senda de la gloria

Que nos lleve sin sangre á la igualdad;

Toma luego en tu pico oliva y palma

Y arrancando una chispa á nuestra alma

Vuélvesela á ese sol de libertad.

XI

LA ORACION DE SETIEMBRE

Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente

El sol, que en otros dias con brillo refulgente

Inauguró del pueblo la estátua colosal.

Miradle en este templo que alzó la providencia:

Sobre el altar se eleva, fijando la creencia

Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.

Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares,

Sus flores el incienso, sus cedros los pilares,

Sus aves la armonía, su cielo el pabellon;

Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina,

Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina.

Do arde sagrado fuego de eterna religion.

Mirad cual lo saludan del muro los cañones,

Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones,

En que la estrella luce cual signo de hermandad;

Mirad como se riza del mar la blanca espuma,

Cual se disipa en torno la misteriosa bruma,

Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!

Oid como resuenan los _¡vivas!_ nacionales,

Cual desde el alta torre sus glorias inmortales

Publica la campana con lenguas de metal;

Oid como retumban los bélicos tambores,

Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores,

Que llenan todo el templo cual coro universal.

Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre,

Una oracion solemne digna de un pueblo libre,

Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor;

Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento,

En un amor unidos y un mismo sentimiento,

Roguemos al abrigo de un manto protector.

Roguemos por la suerte del mundo Americano,

Porque sus nobles hijos con palmas en la mano

En nombre de un principio se abracen con amor;

Roguemos porque caigan los réprobos caudillos,

Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos,

Para apagar, matando, de libertad el clamor.

Roguemos, porque nunca naufrague la creencia,

Para que tenga un culto la excelsa inteligencia

Que dice á la barbarie:--«¡De aquí no pasarás!»

Roguemos porque todos escriban en sus pechos

Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos,

¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!

Pidamos para el campo las mieses abundosas,

El pan para los pobres, virtud á las hermosas,

Y para el pueblo todo, la luz de la razon;

Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres,

Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres,

Pidamos para todos de paz la bendicion!

Este es el ruego digno de un pueblo generoso,

El único que al sólio del Todo-Poderoso

En alas de los ángeles la brisa llevará;

Roguemos, que templados por el sublime ruego,

El alma encandecida del entusiasmo al fuego

A otras generaciones su ardor trasmitirán.

Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente

El sol que á nuestros padres encandenció la mente

Para vaciar en ella de Chile la nacion;

¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre

Una oracion solemne digna de un pueblo libre

Que pida para todos Amor y Redencion.

XII

Á LA AMÉRICA

Por las fieras hambrientas perseguido

Cruza indómito potro las llanuras,

Y amarrado con fuertes ligaduras

En sus hombros Mazzepa va tendido.

Por la carrera al fin desfallecido

El bruto cae sobre las breñas duras,

Y libre de sus recias ataduras

Mazzepa se levanta rey ungido.

Asi América gime entre cordeles

Al rudo potro colonial atada,

Seguida por la jauría de lebreles;

Y exánime, y sangrienta y lacerada

Corre, cae, se levanta y de laureles,

Resplandece su frente coronada.

XIII

Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA

Herido por un dardo en la pelea

Epaminondas cae sobre su escudo,

Abierto el pecho por el dardo agudo

Que mata el cuerpo, pero no la idea.

Y al ver triunfal que su pendon flamea

Afloja de la muerte el fiero nudo

Y dice á Tebas: «Madre, te saludo!

«Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»

Tambien dos hijas bellas nos dejaron

Los que el libre pendon dieron al viento,

Y á su sombra su espíritu entregaron;

Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento:

La Independencia que ellos proclamaron,

La libertad que dió su pensamiento.

XIV

EL INVÁLIDO

No mirais aquel mendigo

De aquella iglesia á la puerta,

Cuya miseria despierta

Simpática compasion;

Y que á todos los que pasan

Tendiendo mano transida,

Pide con voz dolorida

_Una limosna por Dios!_

Es un mártir de la patria,

Un soldado valeroso

Del estandarte glorioso

Que el hemisferio cruzó;

Soldado que en otro tiempo

Hizo temblar al guerrero

Y que hoy pide al pasagero:

_Una limosna por Dios!_

Ved: en su manga derecha

Se perciben dos galones,

Y de Maipo los cordones

Que la patria le donó:

Cabo inválido, sin brazo,

Solo le resta en la tierra

Pedir despues de la guerra

_Una limosna por Dios!_

A la puerta de la iglesia

Rememora sus hazañas,

Y las gloriosas campañas

Que en otros siguió;

Y mostrando con orgullo

De su frente un ancha herida,

Pide con voz dolorida

_Una limosna por Dios!_

«Fuí soldado de los Andes,

«En Maipo Cabo me hicieron,

«Y las balas deshicieron

«Mi brazo en Ituzaingó:

«Entonces mi voz se oia

«En medio del fuego recio,

«Y hoy me arrojan con desprecio

«_Una limosna por Dios!_

«De frente! A la bayoneta!

«El coronel nos gritaba,

«Y sin miedo nos llevaba

«A la boca del cañon.

«Al brazo el arma llevaba,

«Metralla y bala llovia,

«Y entonces yo no pedia

«_Una limosna por Dios!_

«Cuantas veces en los Andes

«Al venir la madrugada,

«En medio de una nevada

«Mi bigote emblanqueció.

«Hoy la nieve de los años

«Mi cabello ha encanecido,

«Y estiendo la mano y pido

«_Una limosna por Dios!_

«Dónde están mis camaradas

«Del Cerrito y Ayacucho,

«Que mordian el cartucho

«Con indomable valor?

«Dónde están? tal vez ahora

«Duermen en la tumba helada,

«Ó piden con voz quebrada

«_Una limosna por Dios!_

«Como ellos yo moriré,

«Y en la tierra de mi fosa

«¿Qué alma verterá piadosa

«Una gota de dolor?

«Y cuando en algun camino

«Bajo los años sucumba

«¿Quién dará para mi tumba

«_Una limosna por Dios!_»

Cesa, cesa en tus lamentos

Cabo lleno de laureles,

Que hay olvidos mas crueles

Que los que llora tu voz:

La República Argentina

Bajo el yugo de un tirano

Pide al mundo americano

_Una limosna por Dios!_

1838

XV

LA CAMPANA

Profético metal, los ciudadanos

Que de agüero y comento son exentos

A tu voz bailarán por estos llanos,

En tanto que tu voz y tus acentos

Oyen descoloridos los tiranos

Y te atienden los reyes macilentos.

QUEVEDO.

(Polimnia--Musa II.)

I

¡Oh, Campana! de mi Patria

Eres símbolo de gloria:

O heraldo de la victoria,

O intérprete del dolor;

Eres corona de bronce

En los aires suspendida,

Que los fastos de la vida

Publicas con tu clamor.

Tú concretas nuestra historia:

Has dado la voz de alerta,

Golpeando de puerta en puerta

Con tu metálica voz;

Has anunciado las paces

Adornada con la oliva,

Y envuelta con palma altiva

La guerra cruenta y feroz.

Has sido la grave orquesta

De los cánticos triunfales,

Y en los tristes funerales,

Melancólico pregon;

Y colgado de tus cuerdas

Un pueblo de audacia lleno,

Ha hecho brotar de seno

La voz de revolucion.

Y tus ecos tempestuosos

Por el aire resonaron

Cuando en Mayo saludaron

El sol de la redencion,

Cuyo vivífico rayo

Como un martillo de oro

Te dió el acento sonoro

De la estátua de Memnon.

Has publicado cien veces

Por el mundo americano,

Las victorias de Belgrano,

De San Martin y Alvear;

Has proclamado á los pueblos

En medio de la matanza,

Y alentado su esperanza

Los triunfos al publicar.

En las contiendas civiles

Esclava de las facciones,

Te ha arrancado tristes sones

La espada del vencedor,

Y dominando el murmullo

Del pueblo desenfrenado,

Ante el mundo has protestado

Con dolorido clamor.

Y cuando por un tirano

El pueblo se vió oprimido,

Tú articulaste un gemido

Con tu lengua de metal,

Y otra vez sobre tu torre

Sonaras estrepitosa,

Cuando mires victoriosa

La bandera azul flotar.

Eres la voz del destino

Que presides á las horas,

Que con sus alas sonoras

Te golpean sin cesar,

Y tú, su vuelo marcando,

Generosa en demasía,

Devuelves una armonía

Por el golpe que te dan.

II

Al pueblo siempre anuncia la campana

Lo que ha sido, lo que es, lo que será:

Cuando á su trono se alza soberana

La virtud que combate á la maldad;

Y cuando los tiranos en su cuello

Han posado su planta ignominiosa

¡Ay! entonces resuena dolorosa

Cual llorando perdida libertad.

¡Ah! de mi patria saludó el bautismo

Cuando subiendo al rango de Nacion,

Sobre su frente el oleo del civismo

Dios derramó cual sacra bendicion.

Mas hoy llora, cual llora por los muertos,

Porque no tiene pueblo soberano,

Y es el despojo de feroz tirano

La que en sus puños desgarró un leon!

Pero ella ha de sonar en algun dia

En la torre de la alta Catedral,

Para mi Patria anuncio de alegría;

Para el tirano un eco funeral.

Y se alzarán los cánticos sagrados

Como cuando cayeron los leones,

Y cuando cien Británicos pendones

En su techumbre el pueblo hizo colgar.

Y entre incienso, plegarias y armonía,

Entre gritos de Patria y Libertad,

Descenderá la horrenda tiranía,

Se elevará radiante la Igualdad:

No existirán divisas de partidos,

Será el color azul, de los hermanos,

Que para combatir á los tiranos

Se abraza con amor la sociedad.

Envuelto en un pendon ensangrentado

En el pendon azul de la Nacion,

Conducirán el cuerpo de un soldado

Tendido en la cureña de un cañon,

Y al pié de la pirámide de Mayo

El cadáver del mártir colocando,

De laureles su frente coronando

Le votarán espléndida ovacion!

¡Muera yo así en mi Patria redimida

Dejándola con gloria y libertad!

¡Muera yo así cantando en mi caida

El himno de la Paz y la Igualdad!

¡Pueda llegar hasta el hermoso dia,

En que suba mi Patria á su alto asiento,

Y ábranse con estruendo en el momento

Las puertas de la negra eternidad!

1839

XVI

SATIRA Á SANDOVAL

AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y

VILELA

Le traite se fait justice

Il se chasse de nos rangs

Ah! que son nom retentise

Maudit par nos veterans!

BARTHELEMI.

Prendiendo fuego á un templo portentoso

Erostrato su nombre eternizó;

Vendiendo Judas á Jesus piadoso

Su fama en el Madero se esculpió.

Entregando al verdugo dos cabezas

Te has hecho en nuestros fastos inmortal,

Que si no tienes que contar proezas,

Tienes una traicion ¡vil Sandoval!

¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno,

Como un remordimiento le has de oir,

Y hasta tocar el linde del infierno

La maldicion de Dios te ha de seguir.

Siete veces traidor, tú, miserable,

De la historia en el libro vivirás,

Como en jardín ameno y deleitable

Vive entre flores el reptil audaz.

Tú te has hecho justicia con tu crimen:

Mi noble patria batirá las manos,

Al ver que en tí sacuden sucio limen

Los libres que combaten á tiranos.

Signe por esa huella ensangrentada

Que el verdugo señala con su planta,

Y encontrarás al fin de la jornada

Un buen cordel que oprima tu garganta.

Y mientras tu amo el látigo sangriento

Hace sobre tu espalda resonar,

Yo empuñaré el azote del tormento

Para tu nombre infame flajelar.

Tu nombre dije! En qué gloriosas lides

Entre la voz del plomo resonó?

Entre qué renombrados adalides

Tu acero vencedor relampagueó?

Mas no en batallas se probó tu aliento:

En pulperías fueron tus campañas,

Armado con un naipe mas mugriento

Que el corazon que abrigan tus entrañas.

Pérfido el vaso de licor tendiendo

Y bajo el poncho armando la cuchilla,

Y á tus contrarios por la espalda hiriendo,

Seguido por vandálica gavilla;

Tendido entre las patas del caballo,

En vez de sangre revolcado en vino:

Tales son tus proezas, vil lacayo;

Tales tus hechos son, vil asesino.

Escoria de la fragua de los vicios,

Tahur, ladron, borracho y asesino!

Tu eterno compañero es el suplicio;

Traicionar á los libres, tu destino.

Ojos de gato, lengua de serpiente,

Garras de tigre, boca de lagarto!

Satan sin duda con un beso ardiente

Selló tu rostro en la hora de tu parto.

Y al contemplarte mísero gusano

En medio de una gloria colosal

Dijiste tú:--«Ya no pondré mi mano,

«Adonde alcance con su pié triunfal:»

Y envidiando el laurel de la derrota,

Y de los libres la postrera gloria,

Fuiste á vender cual miserable ilota,

Los hijos de la patria y la memoria.

Sí, que la inmensa gloria de los bravos

No era para tus hombros sin pujanza:

Debes cargar cadenas entre esclavos,

No de los libres la quebrada lanza.

Los libres solos su bandera alzando

Con doble esfuerzo treparán los Andes,

Y entre Argentinos el aliento dando

Los buenos solo llamaránse grandes.

Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda

Con tus manos inmundas no ajarás,

Porque ese hierro que marcó tu espalda

Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.

No azul pendon te prestará su sombra

Sino la planta del señor feroz,

Que haciéndote servir como de alfombra

Te lanzará iracundo, torpe coz.

El lodo cubra tu cabeza infame,

Tu cuello dobla al récio bofeton,

De tu señor el pié sangriento lame,

Y de tu labio mane corrupcion!

Sicario vil entre sicarios seas,

Sucios insectos cubran tus heridas,

Arrastrado cual vívora te veas,

Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!

Sangre bebas en vez de linfa pura,

Sangre tan solo bebas por do quier,

Y al entrar en el lecho, sangre impura

De la almohada veas tú correr!

El mas cobarde escúpate á la cara,

Tu nombre sea voz de deshonor,

Mientras mi musa con candente vara

Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!

La maldicion del mundo eternamente

En tu oido resuene noche y dia,

Y las furias con látigo crujiente

Te precipiten á la tumba fria!

Que por las furias siempre perseguido

Llegues á la mansion de Satanás,

Y al darte abrazo estrecho, estremecido,

Dedos ardientes sientas por detrás.

Y que te brinde copa reluciente,

Y al apurarla lleno de embriaguez,

En la lengua te pique una serpiente,

Que surja enfurecida de la hez.

Luego te traiga naipes caldeados,

Y te obligue con ellos á jugar,

Y sientas por tus dedos abrasados

Tu negra sangre á chorros destilar.

Y levantando un coro de clamores

Los demonios, al son de ronca trompa,

Te arrojen donde yacen los traidores,

Con infernal y con grotesca pompa!

1841

XVII

GRITO DE ALARMA

(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)

Alzaos del polvo inerte

Vencidos, no domados,

Cerniendo la melena

Como soberbio leon;

Alzaos, y ante los bustos

De hermanos degollados,

Levante un pueblo libre

Su alejado pabellon.

Si conservais alientos

Y sangre en vuestras venas,

El aire que os circunda

De fuego llenaré,

Y la dorada copa

Que el entusiasmo inspira,

Al silvo de las balas

Tranquilo os brindaré.

Mas si temblais cobardes,

En vez de altivos cantos

Viriles maldiciones

Levantará mi voz;

Y en vez de alzar la copa

Del génio de la patria,

Os lanzaré mi lira

Con ímpetu feroz.

Oid, que del poeta

Las voces son augustas,

Ya entonen la agonía

O el cántico triunfal

A su eco se levantan

Los pueblos oprimidos,

Y en pechos maldecidos

Esconden el puñal.

A su eco se alza el pueblo

Rompiendo sus cadenas,

Con brazos vigorosos

Mas duros que el metal,

Y si en la dura lucha

Dan vuelta las espaldas,

Vuelven, si dá la lira

De alarma la señal.

Un dia fué en la Grecia

Que en medio á la derrota

Los cantos de Tirteo

Se oyeron resonar,

Y revolviendo al punto

Los escuadrones rotos,

El lauro de victoria

Supieron rescatar.

Será que ya en el mundo

No exista el entusiasmo,

Ni acorran á la patria

Los hombres de esta edad?

¡Oh, no! los corazones

Sacudan ese pasmo,

Y asiendo de la espada

Gritemos: «¡Libertad!»

La libertad no ha muerto,

Y en la sangrienta arena

Donde se vé postrada

Su aliento no rindió:

De heridas traspasada,

Y en rojo humor teñida,

En sus convulsas manos

Nuestro laurel salvó.

Secad el triste lloro

Que baña las mejillas

Al sol de la esperanza

Que miro ya lucir,

Los pueblos no se salvan

Con infecundo llanto,

Sinó queriendo altivos

Ser libres ó morir.

Agrúpense los libres

Al pié de la bandera,

Que las legiones rotas

Aun hacen tremolar,

Y firmes, denodados,

Velando en la trinchera,

Como la sombra al cuerpo

La sigan sin cesar.

Al que á su puesto falte,

Al que la muerte tema,

Al que cobarde tiemble

¡Oprobios veces mil!

Los cascos de los potros

Que doman los valientes

Pisen esas cabezas

Sin nervio varonil.

Verán á los bandidos

Sus puertas derribando,

Violadas en su lecho

Las prendas de su amor,

Y en medio á la algazara

De torpes asesinos

Los cráneos de sus hijos

Colmados de licor!

Honor á los valientes

Que vibren el acero

Confiando en nuestra causa

Con grande corazon;

Y firmes como roca

La espada levantando,

De esclavos y tiranos

Detengan la invasion!

Honor al que en las filas

Peleando como bueno,

Consagre á sus hermanos

La vida en oblacion!

La palma del martirio

Circundará su frente,

Que de los hombres libres

Tendrá la bendicion!

El fuego y el acero

Llevamos en las manos,

Lidiemos con denuedo,

Caigamos con valor,

Y antes que ver la patria

Revuelta por el fango,

En pálidas cenizas

Salvemos el honor.

Luchad como valientes,

Porque do quier que vayais,

Como á traidores viles

El mundo escupirá;

Luchad, que defendemos

El último baluarte,

Donde salvar podremos

La gloria y el hogar.

¡Al arma! Al arma! Al arma!

Y el grito repetido

Haga vibrar las almas

Con súbita emocion,

Y en torno de la hoguera

Que brilla moribunda,

Encienda sus antorchas

Del pueblo la legion.

Arriba, ciudadanos,

Dando de ¡alarma! el grito

Alzad vuestra bandera,

Rodead el patrio altar,

Antes que el nuevo Atila

Pisando vuestras sienes

Os haga á latigazos

Del polvo levantar.

De frente, infantería!

La boca en el cartucho,

La cara al enemigo,

La mano en el fusil,

Soldados, adelante,

Rompamos esas filas:

Quien caiga será grande,

Quien huya será vil!

Valientes escuadrones

Que en ardorosos potros

Oís con lanza en ristre

Los ecos del clarin,

En cargas redobladas

Romped esas legiones,

Que alzan bandera roja

Del campo en el confin!

Tranquilos artilleros,

Al pié de la cureña,

Ardiente lanza-fuego

Tended sobre el cañon;

Y entre humo y entre sangre,

Y en nubes de metralla

Vomite cada bronce

Muertes y destruccion!

Prudentes timoneros

Que con membrudos brazos

Luchais contra las olas

Que agita el huracan,

Poned la proa al viento

Con ánimo esforzado,

Fijando el gobernalle

Con mano de tiran!

Alzad, de alarma al grito,

Vencidos, no domados,

Cerniendo la melena

Como soberbio leon;

Alzad y ante los bustos

De hermanos degollados,

Levante un pueblo libre

Su ajado pabellon.

XVIII

HIMNO

AL 25 DE MAYO

(ARREGLADO Á MÚSICA)

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

ESTROFA

Como la flor hermosa

De cáliz recojido,

Que se abre al estallido

Del rayo destructor,

La Patria, al ronco estruendo

Del rayo de la guerra,

En Mayo dió á la tierra

Su aroma y esplendor.

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

ESTROFA

Esclava Buenos Aires

Gemía en desconsuelo,

Cuando brilló en el cielo

De libertad el sol,

Y entre flotantes nubes

El astro colocando,

Dijo, su sien orlando:

«¡Mirad mi pabellon!»

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

ESTROFA

Dando de alarma el grito

Con eco poderoso,

El pueblo generoso

La espada desnudó;

Y destrozó cadenas,

Y derribó coronas,

Y en las opuestas zonas

Laureles conquistó.

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

ESTROFA

Los héroes con su sangre

Sellaron la victoria,

Cayendo con su gloria

Bajo el sagrado altar,

Y el pueblo agradecido

Sus nombres rememora,

Que el sol de Mayo dora

En la urna tumular.

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

ESTROFA

Alzando verdes palmas

Tejidas con el lirio,

La gloria y el martirio

Reciba su ovacion;

Y alzando patrios himnos

Que vuelen por los aires,

Levante Buenos Aires

Su invicto pabellon.

CORO

Libertad, sube á tu trono

De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,

Coronada de laurel.

LIBRO SEGUNDO

ARMONÍAS DE LA PAMPA

I

Á UN OMBÚ

EN MEDIO DE LA PAMPA

Cual rústico campanario

Que en la campaña desierta

Indica al hombre la puerta

Del melancólico osario

Que ampara su vecindad;

Ahí estás, ombú gigante

A la orilla del camino,

Anunciando al peregrino

Que bajo el tronco pujante

Duerme por siempre un mortal.

La tempestad te acaricia

Con sus alas tenebrosas,

Y en tus entrañas hojosas

Te da con grata delicia

Ardientes besos de amor;

Y con atléticos brazos

Junto á tu tronco la aferras,

Y entre tus ramas encierras

Con titánicos abrazos

Su estrepitoso clamor.

Y tú á su voz amorosa

Enamorado palpitas,

Tu cabellera lujosa

En el seno precipitas

De la recia tempestad;

Y te envuelve con su manto

Que el relámpago colora,

Tu frente que el rayo dora

Te la riega con el llanto

De la mústia soledad.

Y celosa de la tierra

Que te nutre con su seno,

Ruge como ronco trueno,

Tus raices desentierra

Con delirante furor.

Cuando te siente postrado

Entre tus ramas suspira,

Y cual armónica lira

Lanza tu tronco humillado

Ecos de tierno dolor.

Rimas · 第 6 / 13 段