Dijo el Corsario, y en su altiva frente

Relámpago de luz cruzó luciente

Como una exalacion.

Volvió á la popa, y se acostó en su asiento,

Y en medio de la música del viento

Tranquilo se durmió.

* * *

La aurora aparece con dulce sonrisa

Y llena de aromas la atmósfera está,

Hermosa goleta que impele la brisa

Surcando va el agua del gran Paraná.

En tanto el Corsario la costa admirando

Saluda aquel rio de gracia inmortal,

Y en alto levanta, su sien desnudando,

Tres fajas de blanco y azul celestial.

Y dice las islas y el bosque mirando:--

«Lavalle y sus bravos aquí me hallarán,

«Y el rio en mi barco, veloces pasando,

«Mi vida y mi barco por suyo tendrán!»

De pronto en el llano se ven mil guerreros,

Bandera Argentina se mira lucir,

Y al pié resplandecen los fuertes aceros

Que van sus valientes con gloria á esgrimir.

«Salud, hombres libres, la patria os espera,

«Guerreros antiguos y nuevos, salud.»

Gritóles, y todos al ver su bandera

Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»

VI

ELEGÍA

AL GENERAL LAVALLE

Mejor se triunfa muriendo que matando.

INTRODUCCION

En la region andina que libertó Bolívar

Reposa la cabeza del mártir esforzado,

Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado

La inmensa pesadumbre de gran revolucion.

Robusto como el pino que bate la tormenta

Sus ramas han crujido con ímpetu violento,

Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento...

Tendido y sin aliento, pero domado nó!

Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta,

Sus formas luminosas se animan lentamente....

Relámpagos y nubes coronan su alta frente

A par de los gigantes que doman la creacion:

Los Andes, atrevidas pirámides del mundo

Vestidas por la pompa severa del invierno;

Inmensos pedestales que levantó el Eterno

De pedestal le sirven y de eternal panteon.

Cual página mas grande para inscribir su nombre

Que esas gigantes moles que mundos equilibran,

En cuyas canas frentes los huracanes vibran

Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal?

Atleta americano lanzóse de su cumbre

Por conquistar á hierro la libertad de un mundo,

Y de su altivo paso se vé surco profundo

Que el tiempo despeñado se para á contemplar.

Su vida fué un invierno, sañudo, interminable:

Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo,

Y el fuego de la patria guardando en su regazo

Para encender la antorcha de gloria y libertad.

Por eso para libro de sus heróicos hechos

Los Andes han abierto su inmensurable seno,

Como para la tumba del inmortal Moreno

Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.

EL CENTINELA

Trémula brilla en la celeste esfera

La blanca antorcha que sucede al dia,

Y de la noche la mortaja fria

Sus anchos pliegues tiende en derredor.

Soberbia en tanto entre la espesa bruma

Se vé la cumbre de los altos Andes,

Donde un gran pueblo con alientos grandes

La alta bandera de igualdad clavó.

Sordo fragor en sus entrañas ruge

Al despeñarse el agua del torrente,

Cual si arrastrase en rápida corriente

De un mundo el esqueleto colosal.

Y allá en su cima los eternos hielos

Brillan como el almete de un guerrero,

Cuando cubierto de fulmineo acero

Se vé atrevido su creston ondear.

Y en ancho mar de blanquecina nieve

Solo una forma humana se elevaba:

La de un fiel centinela que velaba

Apoyada la mano en su fusil.

Blancos cabellos su cabeza orlaban,

Hondos surcos cruzaban su semblante,

Y su mirada firme y penetrante

Revelaba un aliento varonil.

Era una sombra de las grandes huestes

Que de Mendoza al Ecuador partieron,

Y que del grande San Martin siguieron

Por entre abismos la pisada audaz;

Era un guardian de la ignorada tumba

De los caidos sin legar su nombre,

Que esperaba á los héroes de renombre

Para dar á otro mundo la señal.

Asi velaba en medio de dos mundos

Los vivos y los muertos custodiando,

Cuando un rumor los ámbitos llenando

La montaña en su base conmovió.

_¿Quién vive?_ preguntó, y tristes voces

«_Quien murió por la Patria_,» contestaron,

Y cuarenta adalides avanzaron

Alzando un desgarrado pabellon.

Negros los rostros y la frente roja,

La mano herida y como sierra el sable

Llevaba aquella hueste formidable,

Fugitiva del campo del honor.

Envueltos en banderas argentinas

Conducian los restos de un soldado,

Y brillaba en su cráneo descarnado

La aureola que al mártir coronó.

El centinela comprendió que á un héroe

Aquellos huesos frios sustentaron:

Sus lágrimas ardientes resbalaron

Y su fusil al hombro levantó.

¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven

De veinte Mayos é inspirada frente,

Doblando la rodilla reverente

En discurso elocuente respondió:

DISCURSO

«Su nombre está escrito del pueblo en el seno,

De sus altas glorias el mundo está lleno,

Su frente circuye laurel inmortal;

Atleta de Mayo, venció los esclavos,

De un pueblo de siervos rompiendo los clavos

Bañó su cabeza con óleo de paz.

«Los Andes le vieron alzarse á su cumbre,

Y allí derramando magnética lumbre

De América el mundo con ella alumbró;

Le vieron soberbio venciendo á los Reyes,

Llevando el programa de glorias y leyes

Grabado en el sable que grillos trozó.

«Con lanza enristrada cruzó como rayo

Llevando la enseña del pueblo de Mayo

Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador;

Y reales diademas, y tronos y cetros

Se hicieron pedazos, cual viejos espectros,

Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»

* * *

El centinela alzó la noble frente

Que súbito relámpago cruzó;

Y atónito, el fusil resplandeciente

Ante los huesos frios presentó.

* * *

«Alzóse en su patria soberbio tirano,

De libres la senda mostrónos su mano

Y heróico el primero por ella cruzó.

Y justos principios alzando en su espada

Llevó el estandarte de santa cruzada

Que en rota y victoria seis veces se vió.

«Pero él en su espada, con nervio pujante

La patria y sus glorias sostuvo constante,

Y nunca cobarde su espalda dobló:

Miró su bandera de polvo cubierta,

Miró de la lucha la arena desierta,

Y entonces su frente soberbia rindió.

«Su grande destino la muerte ha cortado!

La causa camina, pero ¡ay! está helado

El soplo de fuego que vida le dió!

Así en otros tiempos en circo estendido

El fuerte guerrero yacia caido

Y el carro que hollaba seguir triunfador!»

* * *

El centinela atento le escuchaba

Y el corazon guerrero arder sintió,

Y aquel fusil que al frente presentaba

Rendido hasta sus plantas abatió.

* * *

«Envueltos sus restos por patria bandera

Encuentren al menos en tierra estrangera

La tumba que al mártir su patria negó.

Sus fieles soldados cavando su fosa

Cubrirán de tierra con mano piadosa

La frente laureada que el mundo admiró.

«Al pié de su tumba que calle la envidia!

Su espíritu noble preside á la lidia

Que aun arde en nosotros su llama inmortal.

Apóstol y mártir su pueblo le nombra,

Y grande y serena su pálida sombra

De dulce esperanza levanta el fanal.

«Un dia los hijos del pueblo argentino

Orlando sus sienes con lauro divino,

Darán á sus manes sagrada ovacion,

Y entonces nosotros los Andes cruzando

Vereis que volvemos en triunfo llevando

Los huesos proscriptos del grande campeon.»

* * *

El centinela contempló aquel muerto

Que un huracan del mundo arrebató,

Y arrodillado sobre el suelo yerto

Humilde ante su gloria se postró.

* * *

EPILOGO

Como una chispa de la luz divina

Se vé brillar en la region andina

La estrella matinal;

Y una mano invisible, misteriosa,

Levanta de la noche silenciosa

El fúnebre cendal.

Y descubre un cadáver coronado,

De lágrimas y espinas incrustado

Su lauro triunfador:

Y en su presencia el ángel del aurora

Levanta con su voz consoladora

El himno del dolor.

HIMNO

Lavalle, tu cabeza

De penas fué calvario,

Y vaso lacrimario

Tu grande corazon:

Y los cautivos pueblos

Vertieron en tu seno

El llanto de amor lleno

Que el pueblo derramó.

Luchando cuerpo á cuerpo

Caiste en noble guerra,

Sobre la misma tierra,

Que tu sudor regó.

Y el corazon del mártir

Que atesoraba el llanto

Un génio sacrosanto

Del cuerpo arrebató.

Alzóse hasta las cumbres

Del alto Chimborazo,

Y allí con fuerte brazo

Tu corazon clavó;

Y cual en noble túmulo

Brilla la urna de oro,

La urna de nuestro lloro

Allí vierte esplendor.

Torrente de dolores

Por Dios atesorado,

Cual dictamo sagrado

Que destiló el amor!

¡Oh corazon que fuiste

El cáliz de amarguras,

A las espadas duras

Dá el templo del honor!

Acérquese allí el jóven

Y beba fortaleza,

Allí busquen firmeza

Los brazos sin vigor;

Allí vaya ese pueblo

Que dobla su garganta,

Y beba la ira santa

Que hiera al opresor.

Allí vaya la vírgen

A derramar sus flores,

Para jurar amores

Al que combata al vil;

Acérquese allí el niño

Y en su dolor templado

Levante el grito osado

De lucha varonil.

Y diga á los que duermen

En el polvo sangriento:

«Dad otra vez al viento

«De Mayo el pabellon;

«Y vencidos cien veces,

«Otras tantas deshechos,

»Oponed duros pechos

«A la dura opresion.»

Sí, que la voz del niño

Oráculo es del cielo

Para anunciar consuelo

A un pueblo en horfandad,

Y sus puras palabras

Al tiempo de verterlas

Se convierten en perlas

En la urna funeral.

VII

JOSÉ CAMPON

(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)

I

Cuando las huestes de Rosas

Pisaron de Oriente el suelo,

Al toque de la corneta

Seis mil bravos acudieron:

A su cabeza se vió

Al héroe antiguo de Haedo,

Acaudillando los bravos

Que de la patria en el seno

Heróicos se levantaron

En sosten de sus derechos.

Todo Oriental que abrigaba

De la libertad el fuego,

Bajo el pendon de la gloria

Iba á desnudar su acero,

Lleno de noble energía,

Y de patriotismo lleno.

II

Campon tranquilo vivía

Bajo del paterno techo:

Ciñóse al punto su espada,

Montó un veloz parejero,

Y voló do le llamaban

De la corneta los ecos.

Ni le detuvo el peligro,

Ni el triste llanto materno,

Ni del amor las dulzuras,

Ni del dolor los lamentos:

Solo escuchó al patriotismo

Que atesoraba en su pecho.

III

A la orilla de un arroyo

Se vén veinte coraceros

Dispersados en guerrilla

Sobre caballos lijeros;

Se ven al frente asomar

Bajo los talas y seibos

Que baña Santa Lucía

Míl y quinientos guerreros;

Y el denodado Campon

Mandando los coraceros

Con firmeza les repite:

«Antes que rendirse... ¡fuégo!»

Lanzando grito salvaje

Viene la tropa de siervos,

Como una nube de polvo

O una bandada de cuervos.

Campon, cual muro de bronce

El choque espera sereno,

Y á sus valientes soldados

Manda hacer continuo fuego,

Y cuando balas no tuvo

Dijo la espada blandiendo:

«La carabina á la espalda

«Sable en mano, coraceros!»

IV

Santander con su Escuadron

Se lanza en el entrevero;

Cuadra, _¡A la carga! ¡á la carga!_

Repite con voz de trueno:

Sigue Blanco con sus bravos

Montados en moros negros.

Por su valor y su arrojo

Es conocido el primero,

Y se distingue el segundo

Por su semblante sereno:

La calva frente de Blanco

Es de su alma fiel espejo,

Pues se retratan en ella

La honradez y el ardimiento.

Trescientos hombres le siguen

Cargando al son de _degüello_,

En proteccion de los bravos

Que lidiando como héroes,

Mas que hombres de hueso y carne

Parecen hombres de hierro!

Ni les intimida el número,

Ni el morir les causa miedo;

Con sables hechos pedazos

Sus ojos despiden fuego,

Está abollado el morrion

Y sangre vierten sus miembros,

Ruge el plomo en sus cabezas

Y retiembla el pavimento;

Pero ellos imperturbables

En medio del entrevero,

Sueltan la rienda al caballo,

Descargan golpes tremendos;

Y ante su diestra valiente

Llenos de susto los siervos,

Bajan la mústia cabeza,

Abren un ancho sendero;

Y allí donde el clarin

Resuenan los tristes ecos

Llenos de sangre y de polvo

Júntanse los coraceros.

Blanco, que fué rechazado

En el encuentro primero,

Al frente del enemigo

Organiza los dispersos,

Hace tocar á la carga

Y otra vez los lleva al fuego.

V

Campon y Alberdi entretanto

De los esclavos en medio,

Abandonados se miran

Del hombre, no de su aliento.

De su alarido de guerra

Retumba el éco á lo lejos;

Al galopar sus corceles

Con fragor retumba el suelo;

Sobre sus negras corazas

Rechina el fúlgido acero,

Los sables cubren la luz

Sobre sus cráneos sangrientos.

Heróicamente lidiaron,

Cien heridas recibieron,

Y clamando--¡Libertad!

Al suelo cayeron muertos.

Y la divina corona

Que la Patria dá al guerrero,

Sobre sus frentes marchitas

Se vió caer desde el cielo.

Blanco á la carga conduce

A sus valientes de nuevo,

Pero al querer batallar

Todos se miran envueltos,

Y cual las hojas de otoño

Por la campaña dispersos.

En vano el buen coronel

Levanta su voz de trueno,

Abandonado y sin gente

Solo le ampara su acero.

VI

En la inmediata cuchilla

Un relámpago de fuego

Brilló, rugiendo con furia

Del cañon el ronco trueno.

Nuñez avanza atrevido

Con setecientos guerreros,

Blandiendo lanza potente,

Montando un tordillo negro.

Es imponente su marcha,

Y por su rostro moreno

El entusiasmo asomaba

Como en la noche un reflejo.

Al marchar de sus campeones,

Al relumbrar de sus hierros,

Y al tremolar su estandarte

Los enemigos huyeron.

Los libres en vez de rostros

Espaldas tan solo vieron.

VII

Cuando los viles esclavos

Riendas al caballo dieron,

De cadáveres y de armas

El campo quedó cubierto,

En expiacion de los libres

Que con honor sucumbieron.

Cuarenta bravos perdimos

En este glorioso encuentro,

Y al otro dia al pasar

Aquel campo de los muertos

Nuestros soldados decian:

«Tanta sangre vengaremos,

«Por cada gota de sangre

«Un arroyo verteremos.»

VIII

En los campos de Cagancha

En medio al humo y al fuego,

El escuadron de Campon

Admiró por su denuedo.

El ala izquierda ocupaba,

Y en el furibundo encuentro

El campo quedó sembrado

De hombres y caballos muertos.

Quedó en medio á la cuchilla

De sangre un ancho reguero:

¿Quién lo hizo? el escuadron

Que por vengar sus guerreros,

Pasó legiones de esclavos

A los filos de su acero.

VIII

HIMNO

Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD

INVOCACION

Llegad en torno mio,

Venid, sombras nocturnas,

Y alzad con poderío

Las cinerarias urnas,

Cubiertas con el lirio

Que consagró el martirio:

Alzad, sombras, alzad!

Bañadlas con el llanto

Del pueblo que suspira,

Y el ardoroso canto

Que se alce con mi lira,

Por todo el hemisferio

Libre del cautiverio.

Llevad, sombras, llevad!

CORO

De América las vírgenes

Con mano temblorosa,

La cabellera frígida,

Sangrienta y polvorosa

De las heróicas víctimas,

Con flores ceñirán.

Entre perfumes célicos

Y grata melodía

De cánticos suavísimos,

Hasta la tumba fria

Entre aureolas fúlgidas

Los héroes bajarán.

Sobre la huesa húmeda

Donde su lauro brilla,

Los pueblos redimidos

Doblando la rodilla,

Al trono del Altísimo

Plegarias alzarán.

El Bardo de la América

Invocará sus manes,

Y al son de la arpa armónica

Que pulsan los titanes,

Sobre su frente pálida

La inspiracion caerá.

POETA

La tumba del valiente

No pide débil llanto,

Sino del vate ardiente

El estridente canto,

Que imite en su armonía,

Vibrante vocería

Del campo del honor.

Qué importan á los bravos

La pompa de los templos

Que compran los esclavos!

Les bastan sus ejemplos,

Su inmarcesible gloria,

Su tumba, su victoria,

Sus lauros, su valor!

Cual rinde su alta frente

El sol al Océano,

Como el audaz torrente

Que baja al ancho llano,

Debe ser la caida

Del que rinde la vida

Del pueblo en el altar.

Cantemos á los muertos

En la feral pelea,

Que sus despojos yertos

De América presea,

Valen mas que la pompa

Que celebra la trompa

Del poeta servil.

Indómitos guerreros

Ante el altar caidos,

Blandiendo los aceros

De sangre reteñidos,

Venid, llegó la hora:

La América hoy valora

Vuestra mision viril.

Llegad, nubes de incienso

Bañando vuestras frentes,

Oireis el himno inmenso

Que pueblos reverentes

Cantan en el osario,

No al génio sanguinario,

Ni al Régulo opresor.

Generaciones nuevas

Ricas de independencia,

Tras dolorosas pruebas

Por fecundar tu herencia,

Se acercan á las aras

Que con tu sombra amparas

Del Plata al Ecuador.

Oh brazos tan robustos

Que á un mundo estremecieron,

Y en dias mas augustos

Sus aras contuvieron,

Poderosos se eleven

Y á la mansion me lleven

De sacra inspiracion!

CORO

Sus lívidos cadáveres

Veranse entre humo denso,

Del pueblo, del incienso,

Y entre la pompa nítida

Del templo de Israel.

Relucirán las lámparas

Ante el sombrío coro,

Y al órgano sonoro

Se mezclarán melódicas

Las arpas de Sion.

Resonará en la bóveda

El cántico suave,

Y en medio á el ancha nave

Se elevará en el túmulo

La gloria y libertad.

Y el inspirado vate,

Envuelto por el manto

Del entusiasmo santo,

Exclamará profético:

«Tu nombre vivirá.»

POETA

La libertad se encumbra

Sobre sangrienta pira,

Y con su antorcha alumbra

Las cuerdas de la lira,

Que el vate pulsa altivo

Al son del éco divo

Del férvido huracan.

Su luz, los nombres dora

De la urna funeraria,

Donde enlutada llora

La musa solitaria,

Los mártires valientes

Cuyas soberbias frentes

Humeando sangre estan.

Miradlos sobre el suelo

Que hollamos con la planta,

Mirad: en raudo velo

Su espíritu levanta

La célica bandera,

Que ondear hace altanera

La ráfaga veloz.

Cayeron cual jigantes

En medio de la gloria:

Sus páginas brillantes

Abrió la inmensa historia,

Y en letras de granito

Su triunfo ha sido inscrito

Con fúlgido esplendor.

Ese pendon miraron

Yaciendo moribundos,

Del suelo se aferraron

Con brazos tremebundos,

Cual si al morir peleando

La tierra asi abrazando

Quisieran defender.

Sublime abrazo inmenso

Rodeado por las balas,

En medio al humo denso;

Bajo las negras alas

De la terrible muerte

Y con la sien inerte

Ceñida de laurel!

Y al abrazar la tierra

Con ánimo esforzado,

Su alarido de guerra

Por el viento llevado

Resonó en los hogares,

Y en los undosos mares,

Cual voz de redencion.

Y hoy sus huesos dispersos,

En la estéril llanura,

Blanqueados por los cierzos,

Se estiman mas que el oro

Y forman el tesoro

Del mundo de Colon.

Si existe una creencia

Y un pabellon triunfante,

Si es libre la conciencia,

Si en libro de diamante

Se esculpen altos hechos,

Debémoslo á los pechos

Que el hierro atravesó.

A los varones fuertes

Que la espada blandieron,

Que arrostrando mil muertes

En el campo cayeron

Del noble sacrificio,

Bajo el marcial auspicio

Del alto galardon.

De todo un pueblo el luto,

De todo un mundo el llanto,

Es mísero tributo

Para su polvo santo,

En que renacen palmas,

Y en que resurgen almas

Al soplo del creador.

No necesitan urnas

Ni estátuas levantadas,

Porque las horas diurnas

De estrellas coronadas

Guardan el monumento,

Que cubre el firmamento

Del hemisferio austral.

CORO

De la tierra sangrienta

Se elevarán los muertos,

Y con rayos inciertos

La luna amarillenta,

El esqueleto pálido

Trémula alumbrará.

De luces coronada

La sombra de los fuertes,

En túmulos inertes

Relucirá animada,

Cual la vision fantástica

Del Cristo Salvador.

Las fúlgidas espadas,

Las bélicas banderas,

Trotones y cimeras,

Y lanzas destrozadas,

Cual súbito relámpago

Fulmíneas brillarán.

Se elevarán ardientes

Atléticas legiones

Al pié de sus pendones,

Cuando el Omnipotente

Les diga como á Lázaro:

«Del polvo levantad.»

POETA

Cuando la densa bruma

Los valles enlutaba,

Cuando la blanca espuma

Los mares circundaba,

Cual mágicos concentos

Nacian los acentos

Del arpa de Ossian.

Al eco melodioso

La bruma relucía,

Y en carro vaporoso

Celeste aparecía

Poblando la colina,

La sombra de Malvina,

De Morven y Fingal.

¿Y el Bardo arrebatado

Que invoca realidades,

No ha de poder osado

Anticipar edades

Del tiempo en la penumbra,

Cuando su mente alumbra

Inspiracion mas fiel?

¿La losa de la tumba

Levantará mi lira?--

Oid: el viento zumba,

El Hacedor me inspira,

Siento su soplo ardiente

Que en alas del ambiente

El polvo hace tremer.

¡Campeones inmortales!

Alzad la noble frente,

Que adornan las señales

De la metralla ardiente,

Alzaos del frio lecho,

Con voces en el pecho,

Latiendo el corazon.

Rasgad con mano fuerte

La fúnebre mortaja

Con que os vistió la muerte,

Y oireis la sorda caja

Que toca ¡á bayoneta!

La voz de la corneta,

Y el trueno del cañon.

La luna brilla hermosa

Cual lámpara divina

Rielando misteriosa;

En la region Andina

Su genio se levanta,

Y en torno se quebranta

La tierra con fragor.

Los cascos resplandecen

Cual rápido meteoro,

Las plumas que se mecen

Entre celajes de oro

Anuncian mil campeones,

Y en medio á las lejiones

Se eleva un pabellon.

Mil ecos fragorosos

Producen los aceros,

Los potros ardorosos

Relinchan altaneros,

Y en masas apiñadas

De sombras laureadas

Se forma una legion.

Descance con mi plectro

Mi cítara de acero,

Desfile cada espectro

Con ademan severo,

Al son de los clarines

Que llenan los confines

Con son atronador!

¡Silencio! los tambores

Ya la señal han dado,

Y rayo de fulgores

El campo ha iluminado.

¡Gloria á los inmortales

Que pisan los umbrales

De un mundo superior!

Mirad, ya no es del alma

Fantasma vaporoso,

Vestidos con la palma

Del mártir generoso,

Despues de su caida

Renacen á la vida

De glorias perennal!

CORO

De América las lágrimas

Bañando los cabellos

De los gigantes mártires,

Cual nítidos destellos,

Una corona bélica

A sus virtudes cívicas

Y á su valor serán.

En las eternas páginas

Del libro de los hombres,

Como inmortal espíritu

Revivirán sus nombres,

Y las coronas pálidas

De las edades áridas

De gloria teñirán.

El santo tabernáculo

De la igualdad preciosa

Protegerán impávidos

Con su égida gloriosa,

Guardando el testo bíblico

Del inmortal decálogo

Que á un mundo redimió.

Aéreo coro de ángeles

Entonará mil cánticos

Como la brisa plácidos;

La libertad en tanto,

Como vision espléndida,

Tendiendo el ala rápida

Se elevará hasta Dios.

POETA

Del tiempo la corriente

Bramando se derrumba,

Como la voz rugiente

Del huracan retumba,

Y en rápida carrera

La humanidad lijera

Se hunde en la eternidad.

Despeñados los siglos

Cruzan los hemisferios,

Como inmensos vestiglos

Se abaten los imperios,

Y en medio á la ruina

Encúmbrase divina

La santa Libertad.

Como en el Andes brama

El huracan tremendo,

Cuando veloz derrama

El trueno ronco estruendo,

Y en tanto el polo cruje,

Resisten al empuje

Sus quicios de cristal;

Así del tiempo el vuelo

Que abate las barreras,

Estiende por el suelo

Sus ondas altaneras,

Chocando resonantes

El muro de diamantes

Del alma libertad.

Y ella con faz serena

Sus furias dominando,

Desde la escelsa almena

Los cielos contemplando,

Mira nacer la aurora

Que al mundo es precursora

De paz y de igualdad.

Y su sagrada enseña

Al viento desplegando,

A tiranos domeña

Pueblos emancipando,

Y concita á sus bravos

Rompan de los esclavos

La argolla y el cordel.

Y por eso los nombres

De redentores fuertes

Alientan á los hombres,

Y cuando caen inertes

Las almas se electrizan,

Y gratas divinizan

Su nombre y su laurel.

Vuestros restos divinos

Son nítidas lumbreras,

Que alumbran los caminos

De edades venideras,

Por donde ardientemente

La juventud valiente

Se lanza al porvenir,

Son cual la luz bendita

De la columna ardiente

Del pueblo Israelita;

La estrella reluciente

Cuyos reflejos vagos,

A los tres Reyes Magos

Condujo hasta el Señor.

Vendrán horas serenas

Que vuelen en pedazos

Las últimas cadenas

Que amarran nuestros brazos,

Alzando los escudos

Que con brazos membrudos

Vuestro aliento elevó.

En ellos sostendremos

Al génio Americano,

Y altivos hundiremos

A todo vil tirano

Que con su torpe planta

A la corona santa

Manche de libertad.

Y de Colon la sombra

El ámbito cruzando

Sobre celeste alfombra,

Se elevará clamando:

«La aurora de Dios brilla!

«Tiranos, de rodilla!

«Naciones, levantad.»

IX

INVOCACION

(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)

I

Pueblos, batid vuestro pendon glorioso

Del Atacama al Cabo tempestuoso

Donde se estrella el mar;

Que en este dia la nacion Chilena

Lo hizo flamear sobre la antigua almena

De independencia al grito popular.

II

Guerreros, por la sangre consagrados,

De inmarcesibles lauros coronados

En el campo de honor;

Despertad del cañon al estampido,

Que hoy rememora un pueblo agradecido

Que os debe de su gloria el esplendor.

III

Niños, alzad las inocentes palmas

Y ardan en entusiasmo vuestras almas

Honrando á la virtud,

Que niños cual vosotros vuestros padres

Descendieron del seno de sus madres

Para destruir la dura esclavitud.

IV

Vírgenes puras, como el sol hermosas,

Que os coronais con perfumadas rosas

La frente virginal;

Cubrid con ellas los sepulcros yertos

De los valientes por la patria muertos

Que duermen sobre almohada terrenal.

V

Sacerdotes del Dios crucificado,

Quemad sobre el altar inmaculado

Inciensos al Señor,

Y suba entre la nube de humo denso

La sublime oracion de un pueblo inmenso

Que ensalza de la patria al Redentor.

VI

Legisladores de alta inteligencia,

Que alumbrasteis del pueblo la conciencia

Clamando: _Fiat lux!_

Si los campeones dieron altos hechos,

Vosotros proclamasteis los derechos

De la igualdad, que predicó Jesus.

VII

Rimas · 第 5 / 13 段