de la imaginacion produce en sus facultades un desequilibrio que lo hace
poco apto para los negocios prácticos de la vida. Esta es una
vulgaridad desmentida por los hechos. Para poner de manifiesto lo
contrario, bastará decir que si algun dia hubiese de escribirse el
código del buen sentido práctico, es á los libros de los poetas adonde
irian á beberse sus principios. El ser poeta no impidió á Solon ser el
primer legislador de la antigüedad. El poeta Esopo representa la moral
del sentido comun. Tito, no por hacer versos dejó de ser un gran
político y un gran guerrero. Salomon, apesar de ser un gran poeta, es el
tipo de la sabiduría gobernando. Ciceron, que era poeta, hablando en
prosa, ha escrito hermosos versos que han llegado hasta nosotros.
Augusto, el político mas sagaz de la antigüedad, hacia versos, y en
versos lloró la muerte de Virgilio, para salvar de la destruccion á la
Eneida. César y Bruto, la víctima y el matador, tambien hicieron versos,
que depositaron en bibliotecas públicas. Poetas tan débiles como
Ciceron, pero mas felices que él, pocas personas supieron que los
hacían. Machiavelo, que, á haber vivido en este siglo se reiría de
Talleyrand y de Metternich, era poeta. Cervantes, el buen sentido
hablando, era poeta, y Sancho Panza, el sentido comun personificado, es
una creacion eminentemente poética. Un político célebre, reconocido por
uno de los primeros oradores del mundo, el Lord Chattam, empezó por
hacer versos, como puede verse en Villemain. D. Alonso el Sabio, el
hombre mas práctico de su tiempo, fué tambien poeta. Poeta fué tambien
el marques de Villena, eminente hombre de Estado de su época. El Dante
bebió todas sus inspiraciones del conocimiento práctico que tenia de la
vida y de los negocios públicos de su pais. L'Hopital, «representante de
la conciencia humana,» como le llamó Sainte Beuve, hacia versos. Halley,
el mas grande astrónomo de la Gran Bretaña, amó y cultivó la poesía, y
en hermosos versos que brillan como astros al frente de los _Principios_
de Newton, celebró las sublimes ideas de su predecesor, hermanando el
cálculo con la inspiracion. Grocio, el severo publicista, es contado
entre los poetas de su nacion, y legó á Milton el gérmen de su inmortal
poema. Milton, que ha escrito panfletos políticos, fué un hábil Ministro
de Relaciones Exteriores, antes de ser el autor del _Paraiso perdido_.
El célebre Bolinbroke fué poeta, y de poetas se rodeó y aconsejó en la
época en que la Inglaterra pesaba con todo su poder en la balanza de los
destinos del mundo.
Montesquieu, que tenia todas las calidades brillantes de poeta, y que se
estasiaba en leer á Ovidio, Montesquieu, el que encontró las tablas
perdidas de los derechos del hombre, tambien ha escrito poesías.
Beaumarchais, el autor del Barbero de Sevilla, fué un hábil negociante y
un diplomático sagaz. Pocos hombres han poseido en tan alto grado la
ciencia del mundo y el conocimiento del corazon humano, como el poeta
Molière, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire,
el representante del buen sentido de la humanidad, fué un poeta, y como
tal será admirado en el futuro, cuando nadie lea sus obras en prosa.
Federico II, á pesar de ser un mal versificador, rindió también culto á
las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus
grandes batallas, han sido recogidas por la historia y adoptadas por la
literatura. Canning, el hábil Ministro que salvó la Inglaterra, fué un
poeta. Beranger, otro representante del buen sentido universal, es uno
de los primeros poetas del siglo. Madama Stael, una de las cabezas mas
fuertes de nuestros dias, era una cabeza eminentemente poética. Rossi,
el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros
jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en
verso italiano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios
del severo historiador Mignet. El mismo Lamartine, á quien por su
calidad de poeta se le han negado las facultades del hombre político,
tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la República cuando todos
vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses de
gobierno hizo mas y se mostró mas hábil que el hábil Luis Felipe
auxiliado por Thiers y por Guizot, en el espacio de diez y ocho años.
Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto político, el hombre
de recto juicio y de tino práctico, era tambien poeta. De manera, que si
los poetas pueden revindicar para sí la ciencia práctica y el buen
sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que se
enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de estos
ejemplos, que son incompetentes para juzgar aquello de que no entienden,
ó no son capaces de sentir.
Alejandro, Tácito, Sócrates, Platon, Herodoto, Napoleon, Tito-Livio,
Colon, Bolívar, han sido poetas á su manera, y si no escribieron poemas,
fué porque dieron otra direccion á las fuerzas poéticas de que podian
disponer. El primero, las aplicó á las grandes conquistas civilizadoras;
el segundo, á las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates
y Platon presintieron, por intuicion poética, las sublimes verdades del
progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito-Livio
eclipsa muchas veces á Virgilio. Para comprender la idea poética que
hizo á Colon descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su _Diario de
Viaje_, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al
espíritu entusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida
de que se reian los espíritus positivos. Además, es bien sabido que
Colon hizo realmente versos, habiéndose salvado algunos de los que le
inspiró la musa cristiana en su _Libro de las Profecías_. Bolívar, que
carecía del genio metódico de la guerra y de las calidades sólidas del
político, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma en bríndis,
proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la
epopeya; procurando en esto marchar tras la huella de Napoleon, poeta en
accion, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pirámides ó
evocando los recuerdos de la antigua Roma: y que se dormia bajo su
tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo á
Homero, y derramando lágrimas de dolor á la idea de que no tendría un
poeta semejante que cantase sus hazañas.
¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el
primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no
haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por
D'Israeli, el gefe del partido tory, y se convencerá de que hablo
formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto
Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que
se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema,
ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que
Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial
que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como
se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de
Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por
O'Connel, el gran poeta de los _meetings_ al aire libre, á cuya palabra
poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel
hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido
merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente
hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de
Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX,
y hoy se diria: _Napoleon_ + _Peel_. No se dice por qué faltó al segundo
término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios
poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios
prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un
inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la
imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas
facultades del entendimiento.
Ahora estudiemos al poeta por el lado de la seriedad. Generalmente se le
considera como un hombre frívolo, que pasa su vida contando _sílabas_
en vez de contar _patacones_, y que malgasta todo su talento en
_producir ficciones_, en vez de llevar á cabo realidades. Distingamos.
Hay dos especies de poetas: unos que se llaman _objetivos_ y otros que
llamaremos _sugestivos_. Los primeros son los que se asimilan todas las
ideas poéticas de los demas identificándolas con las suyas propias, y
que sin agotar su propia sustancia, las vuelven modificadas y digeridas
como si esclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas
pero frias, no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas
corresponden Voltaire y Goethe, que debieron á esta circunstancia el
poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para
quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran
gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su
propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller.
Considerada bajo este punto de vista, hay pocas ocupaciones mas serias
que la del poeta, que en cada sílaba, en cada verso, en cada estrofa,
gasta tal vez un minuto, una hora, un dia de su existencia, viviendo en
un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó
pinta lo ha visto, lo ha sentido, y existe desparramado en toda la
creacion, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso
conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael, no han existido ni
existirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos son la
idealizacion de la realidad, ó como se ha definido el ideal, "la
espresion mas alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, su
inspirado intérprete, y cuando de pié sobre la trípode del genio
fatídico repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se
asemeja á la síbila de la antigüedad, que solo entonaba el canto
profético en medio de dolorosas convulsiones.
En vista de todo esto, podremos decir que tanto la prosa como la poesía,
son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que se
reviste el pensamiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor;
que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse mas en
esta cuestion seria lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia
la base que la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero: el huevo ó la
gallina.
Por lo que, pongo aquí el punto final á mi disertacion.
He terminado, pues, y sin embargo, apenas he desflorado el vasto campo
de mi tésis. Podrian escribirse sobre ella muchos volúmenes, gastando
tantas plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta.
Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser
literato, así como me ha faltado para ser poeta, si es que hubiese
podido serlo.
Hubo un tiempo en que fuí poeta por vocacion, como Vd. me ha llamado en
sus _Viages_, y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penetrado
de una profunda melancolía: _¡Y yo tambien viví en Arcadia!_
Las poesías que va á leer, fueron escritas casi todas ellas á la edad de
veinte años. Entonces soñaba con la inmortalidad, y los laureles de
Homero me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podia aspirar á
vivir en la memoria de mas de una generacion como poeta, ni nuestra
sociedad estaba bastante madura para producir un poeta laureado. Sin
embargo, ese poco de poesía que Dios habia depositado en mi alma, lo he
derramado á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas veces á
mi patria, otras á mis amigos, otras á las afecciones puras y serenas
del hogar, porque el que cuenta por seguro que sus versos no llegarán á
la posteridad, debe ser generoso con su pequeño tesoro.
Tal es el orígen de las pocas composiciones que he escrito despues de
los veinte años. Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que
me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico de mal
gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos
de esos dolores intensos y de esos momentos solemnes de la última
revolucion contra el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor
de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas. La
tiranía se levantó, imperó veinte años en nuestro pais haciendo rodar
cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios escesos, sin que un solo
poeta le quemara un grano de incienso, lo que prueba que la poesía ha
sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras
que la prosa se prostituia torpemente. Por este solo rasgo serian
acreedores nuestros poetas á la corona cívica, aun cuando no fuesen
dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de los grandes génios.
En la antigua Roma, el despotismo de Augusto tuvo por auxiliares la musa
de Horacio, de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Neron tuvo
por aduladores á Séneca y á Lucano, notables poetas de la decadencia
latina. Entre nosotros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas
coplas vulgares, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello,
huye de la fealdad moral, á la par que se apasiona por la virtud y la
justicia, que es un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso
los poetas del Rio de la Plata han derramado en sus versos, su amor á la
libertad y su ódio por la tiranía, guiados siempre por ese sentimiento
de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en
la libertad y en la justicia.
Tengo otra razon mas para odiar á Rosas, y la publicacion de estas
_Rimas_ es mi venganza. Odio á Rosas, no solo porque ha sido el verdugo
de los Argentinos, sino porque á causa de él he tenido que vestir las
armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la
carrera tempestuosa de las revoluciones sin poder seguir mi vocacion
literaria. Hoy mismo, en medio de las embriagantes agitaciones de la
vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre
los dias que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que
pueden gozar de horas serenas entregados en brazos de la musa
meditabunda. Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un cuento que
en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la
profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre
pastor, hablando consigo mismo, se decia:--¡Ah! si yo fuera rey!....--Y
bien, qué harias? preguntóle uno que le oia, sin él advertirlo.--¿Qué
haria? dijo el pastor, ¡cuidaria mis ovejas á caballo! Digo lo mismo.
Si fuese rey haria versos. Y sin embargo, es probable que en el resto de
mi vida no haga una docena de versos:
BARTOLOMÉ MITRE.
LIBRO PRIMERO
POESÍAS PATRIÓTICAS
I
Á LA
DERROTA DEL QUEBRACHO
(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)
Corramos al combate, á la venganza
Y el que niegue su pecho á la esperanza
Hunda en el polvo la cobarde frente.
QUINTANA.
Cuando tremolen patrios pabellones
Anunciando del pueblo la victoria,
Entone el vate bélicas canciones
Y cante los guerreros y la gloria;
Mas si la patria yace en agonía
Rompa el canto á la fúnebre elegía.
Cuando en liza ó al pié de la muralla
Derrotados se miren los valientes,
Cuando vea que el plomo y la metralla
Ha postrado patriotas eminentes,
Arda su pecho en fuego sacrosanto
Y entone de la guerra el noble canto.
Cuando un laurel los déspotas levanten
Y en medio de los brindis de la orgía
El triunfo impío en su insolencia canten,
Fulmine su tremenda profecía,
Y anuncie con su voz aterradora
De libertad la celestial aurora.
Sí, que del vate la mision sagrada
Es inflamar del bravo el ardimiento,
Dar nuevo temple á la fulmínea espada
Con el soplo encendido de su aliento,
Y al fúnebre clamor de la derrota,
Alzar del libre la bandera rota.
Para probar los pueblos de la tierra,
Para templar las almas de los bravos,
En medio del estruendo de la guerra
Dios suele coronar á los esclavos,
Mas luego con su mano poderosa
Los hunde de la noche en la honda fosa.
En la derrota el pueblo valeroso
Templa su brazo y su robusta lanza,
Para volver despues mas ardoroso
Y entre el polvo, la sangre y la matanza,
Y entre el humo que envuelve la pelea
Desafiar el cañon que centellea.
Cancha-Rayada viera con denuedo
A los héroes de Mayo caer vencidos,
Pero sin dar cabida al torpe miedo
Alzaron sus pendones abatidos,
Al cielo sus espadas elevaron
Y en sus hombros la patria sustentaron.
Imitemos nosotros su alto ejemplo:
El pendon de la patria enarbolando
Marchemos de la gloria al sacro templo
«O muerte ó libertad» todos clamando;
Y apoyando la planta en los escombros
La libertad alcemos en los hombros.
Aquel cobarde que del triunfo dude,
Quien al tirano eternizado crea,
El que á los gritos del honor no acude
Y do el pendon de libertad flamea,
Ese es un vil de corazon cobarde
Do el entusiasmo de la patria no arde.
¿Y quién no abriga fuego sacrosanto
Y vuela con ardor á la batalla?
¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto,
Ni el silbo de la bala y la metralla?
¿Quién por la patria perecer no jura
De Varela en la yerta sepultura?
Los atrevidos cantos de la guerra
Resuenen en la losa del soldado,
Y de flores cubramos esa tierra
Donde cayó sin vida, ensangrentado,
Y de la patria el estandarte santo
Sea de paz y proteccion su manto.
No débil llanto su cabeza inunde!
Que una corona del laurel sagrado
Su frente polvorosa orne y circunde,
Y empuñando su hierro ensangrentado,
La juventud que á combatir se apresta
Muestre la enseña de la patria enhiesta.
El funeral del martir generoso
Le corresponde al pueblo redimido,
Cuando libre del yugo vergonzoso
La pira encienda en el altar ungido,
Y cuando puedan respirar sus almas
Y sus manos alzar cívicas palmas.
Vamos á conquistarle noble tumba
En la tierra natal purificada,
Para que aquel que en esta lid sucumba
Pueda dormir en tierra libertada,
Y no sean sus huesos quebrantados
Por tiranos ni siervos pisoteados.
Duerme en tanto en el campo de batalla
Mientras su patria gime en servidumbre;
Mientras la fé del corazon desmaya
Y el hierro se carcome con la herrumbre;
Cuando el tirano al vernos en derrota
Con su lauro la espalda nos azota!
¿Quién es el vil que ríe, canta y danza
Cuando el lamento de la patria suena,
A sus hijos llamando á la venganza?
Y si el cañon de la batalla truena,
Quién el torpe que el miedo no sacude
Y al grito ronco del honor no acude?
Juventud de mi patria, los laureles
Se conquistan peleando con bravura,
Y la lira, la pluma ó los cinceles
No eternizan jamás progenie impura:
Los genios á los fuertes divinizan
Y á los cobardes con su planta pisan.
Vuestros padres, titanes todos fueron,
Que desplegando al viento sus banderas
Contra un poder gigante combatieron,
Y encima de las altas cordilleras
Lanzaron sobre el leon de las Españas
Del pueblo irresistible las montañas.
Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos
Sin brazos, sin espada, sin creencia,
Temblando ante el tirano como reos
Sofocando la voz de la conciencia...!
Y bebereis oprobio eternamente
Sin levantar la deslustrada frente!
Mas así no será, que de Varela
Todos van á clamar sobre la tumba,
Que es un cobarde el que á pelear no vuela,
Su canto de victoria ya retumba
Y en medio de las huéstes debeladas
Resuena el estridor de las espadas.
En esa triste y yerma sepultura
Entonad los cantares de la gloria,
Ensalzad el martirio y la bravura
Y volad en seguida á la victoria
A recoger laureles inmortales,
Cantando con denuedo: «Oid mortales!»
Imitad su constancia y bizarría
Y el alto ejemplo que su vida abona,
Que de la Patria en el hermoso dia
El pueblo os ceñirá sacra corona,
Y vuestra muerte con guerrera pompa
Publicará la fama con su trompa.
Empuñad una lanza vibradora,
Abandonad el ócio y la molicie,
Arrimad una mano protectora
Antes que nuestra patria se desquicie
Y arrastre en su caida soberana,
La libertad, la gloria americana.
II
RECUERDOS
DE BUENOS AIRES
¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida!
Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria
Recorriendo los dias de dicha promisoria
Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé.
Recuerdo la ribera do á meditar yo iba
Y el árbol perfumado que sombra me prestaba,
Recuerdo los momentos en que se deslizaba
Mi vida por un lago sereno de placer.
¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente
De miles de proscriptos por tierras estrangeras,
De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras
Y vagan desterrados del suelo de su amor;
Y tu eres para ellos el sueño de su vida,
Eres la blanca estrella que guia al peregrino,
Y en noche tempestuosa le enseña su camino
Como astro de los mares que alumbra al viajador.
Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias,
Y errante y solitario por playas estrangeras
Poeta peregrino, con quejas lastimeras,
Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion.
En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira,
Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto,
Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto
En los recuerdos nobles viril consolacion.
¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza
Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre,
Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre
Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon.
¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos:
Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído,
Y besaré la orla del manto carcomido,
Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor.
En vano en los albores de una existencia estéril
Abandoné tus playas; no te olvidé por eso,
Como al dejar la bella que nos brindó su beso
Dá mas placer al alma pensar en él despues.
Atravesando mares y recorriendo campos,
La pluma manejando con la ñudosa lanza,
Vivificado siempre por íntima esperanza
Jamás he sacudido tu polvo de mis piés.
Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires
Sus páginas exalan magnético perfume,
Y todas las palabras mi mente las asume
Como el rocío puro que cae sobre la flor;
Y entonces se presentan á mi memoria triste
Tus torres, tus jardines, tus calles animadas,
Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas,
Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor.
¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento,
Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos,
Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos,
Que ofrecen á la vista contínua variedad?
¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria,
De aquel aroma puro de sus lozanas flores,
De sus flotantes nubes de vívidos colores,
De la dulzura grata de su agua de cristal?
Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado
El rayo de la luna bañando su alba frente,
Con blancas vestiduras cruzar rápidamente,
Cual cruza por los aires celeste aparicion.
Mi mente acalorada poblando los espacios
Admira la aérea forma que tienen las porteñas,
Sus ojos que derraman miradas halagüeñas,
Sus lábios que destilan el bálsamo de amor.
Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos,
Salones que perfuman las ninfas Argentinas,
Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas--
Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.--
Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela,
La brisa que producen las alas del ambiente
Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente
Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser.
¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron
Al ver entretegida la madreselva airosa
En torno de la encina que altiva y vigorosa
Se viste con sus galas cuando sus brazos dá!
Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa
Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras,
Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras,
Y al recibir su apoyo le dan su emanacion.
No suenan en mi oido las dulces _vidalitas_
Que en medio de la noche modula el tucumano,
Ni los sentidos _Tristes_ que repite el riojano,
Ni el alegre _cielito_ que el porteño hace oir;
Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos
Susurrabais suaves á la par de mi cuna,
Y vuestro éco inefable en las noches de luna
Es música del alma que el alma sabe oir.
A veces, paseando de noche por las calles
De la dulce guitarra el éco me encantaba,
Cuando el amante tierno un _Triste_ modulaba
Al pié de los balcones del ángel de su amor.
Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones
Que desde la ventana le enviaba su querido,
Entre cendales albos el plácido sonido
Llenaba su alma y mente de plácida ilusion.
No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto
Como un espeso bosque de gigantescos pinos,
Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos
Que ostentan sus pendones bañados por el sol;
No veo el alta torre del templo magestuoso
Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
Al verle acribillado de las rugientes balas
Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok.
No veo aquellos muros que consagró la gloria
Cuando asilado en ellos ejército estrangero,
El pueblo omnipotente con ademan severo
Hizo rendir la espada del bravo Berresford;
No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres
A usar de los derechos que Dios les concedia,
Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia
La gran soberanía del pueblo proclamó.
No veo la tribuna do ardientes oradores,
El pan de la palabra caliente derramaban,
Y desde lo alto de ella terribles fulminaban,
Rayos á los tiranos con santa indignacion;
No veo el pueblo inmenso la catedral llenando,
Oyendo los sonidos del órgano, suaves,
Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves
Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion.
¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas,
Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas,
Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas,
Ajada tu bandera de gloria y esplendor;
Tu seno profanado por déspota cobarde
Que duerme resguardado de míseros esclavos,
Que en su calvario triste remachan férreos clavos
Al pueblo generoso que en Mayo se elevó.
Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo,
Hijo desheredado de tu cariño inmenso,
De la estranjera playa te quemo el puro incienso
Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar.
No solo en llanto estéril he de inundar la tierra:
Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras;
Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras
Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!
III
LA MUERTE
DE ZACARIAS ALVAREZ
(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)
Los gritos de los bravos,
El ¡ay! de los esclavos,
Y el trueno del cañon;
Del plomo los rugidos,
Del sable los crugidos,
Y el golpe del tambor.
Del potro las carreras,
Los vivas y los mueras,
Y el toque del clarin,
Cual trueno tramontano
Que asorda todo el llano
Retumba en el confin.
Y en medio á las legiones
Penachos y pendones
Se miran tremolar;
Y en la humareda envueltos,
Como cabellos sueltos
Del sol se ven flotar.