de la evacuación de Junot. La gente que había levantado nunca había
salido de sus lindes, no obstante las repetidas instancias de la
junta central. Obró quizá el gobierno portugués cuerdamente en no
acceder a ellas hallándose todavía su tropa bastante indisciplinada.
[Marginal: Cradock y los ingleses.] De los ingleses habían quedado
unos 10.000 hombres a las órdenes de Sir Juan Cradock, contra los que
prorrumpieron en grande enojo los portugueses a causa de las muestras
que dieron de embarcarse al saber la suerte de Moore, apareciendo en
sus providencias, más que premeditado plan, desconcierto y abatimiento.
Aquietado en fin el general inglés por órdenes posteriores de su
gabinete permaneció en Lisboa, adelantándose después a Leiría al mismo
tiempo que el ejército portugués se situaba en Tomar, el cual sin
contar con las fuerzas de Silveira, la legión lusitana y las reuniones
de paisanos, constaba de unos 15 a 20.000 hombres. [Marginal: Beresford
manda a los portugueses.] Disciplinábalos el general Beresford
autorizado desde el mes de febrero por el príncipe regente de Portugal
para obrar como comandante en jefe de sus tropas.
[Marginal: Refuérzase el ejército inglés.]
Así andaban las cosas en aquel reino, cuando el gobierno británico,
viendo que España no se sometía al yugo extranjero a pesar de sus
desgracias y de la retirada de Moore, y vislumbrando también la
guerra entre Austria y Francia, determinó probar de nuevo fortuna en
la península reforzando considerablemente su ejército, [Marginal:
Sir Arthur Wellesley nombrado general en jefe.] y poniéndole a las
órdenes de Sir Arthur Wellesley, ceñido ya con los laureles de Roliça
y Vimeiro. Fueron llegando sucesivamente las tropas a las costas
portuguesas, y su general en jefe desembarcó en Lisboa el 22 de abril,
bien recibido y obsequiado de sus moradores. Poco después el 29 púsose
en marcha sobre Coimbra, [Marginal: Sus providencias.] llevando consigo
20.000 ingleses y 8000 portugueses. Doce mil de los últimos con dos
brigadas británicas a las órdenes del general Mackenzie se apostaron
en Santarén y Abrantes, adelantándose un regimiento de milicias y la
legión lusitana, al cargo ahora del coronel Mayne, hasta el puente
de Alcántara. Sir Roberto Wilson que poco antes mandaba dicha legión,
hallábase destacado con un corto cuerpo de portugueses hacia Viseo.
[Marginal: Avanza a Coimbra.] El general Wellesley llegó a Coimbra
el 2 de mayo prefiriendo antes arrojar a Soult de Portugal que obrar
por Extremadura de concierto con Cuesta, según era el deseo de este
caudillo y el del gobierno español.
[Marginal: Situación de los franceses.]
Los franceses no se habían movido de Oporto y de sus puestos del Vouga.
En su ejército manifestábase disgusto, aburridos todos y cansados con
aquella clase de guerra, y fomentando gran descontento una sociedad
secreta, llamada de los filadelfos, cuyo objeto era destruir la
dinastía imperial y restablecer en Francia un gobierno republicano.
[Marginal: Sociedad secreta de los filadelfos.] Entre los que la
componían había oficiales superiores, y tenían pensado poner a su
cabeza al mariscal Ney o al general Gouvion Saint-Cyr. Extendíanse las
ramificaciones de la sociedad a los demás ejércitos de Napoleón, y en
el de España no abandonaron los conspiradores su proyecto hasta el año
10. Había echado profundas raíces en las tropas del mariscal Soult, y
eran tantos los partícipes del secreto, que enviado para abrir tratos
acerca de ello el ayudante mayor Mr. D’Argenton, pudo sin tropiezo
ir hasta Lisboa, y con tal desembozo que inspiró desconfianza en Sir
Arthur Wellesley, por lo cual respondió este al emisario francés que
rebelárase o no su ejército le atacaría en tanto que se mantuviese en
Portugal: sin embargo añadió que si se declaraba contra Bonaparte se
ajustaría quizá un convenio para su retirada. Otros jefes parece ser
que tuvieron también conferencias con el general británico, y de ellos
se citan a los coroneles Donadieu y Lafitte. Mas D’Argenton de vuelta
a Oporto habiéndose descubierto al general Lefebvre que creía en la
trama o favorable a ella, fue arrestado en la noche del 8 al 9 de mayo
teniendo pasaportes del almirante inglés Berkley. [Marginal: (* Ap. n.
8-8.)] Dilatose su castigo para averiguar cuáles fuesen sus cómplices,
y ayudado de estos tuvo ocasión de escaparse y pasar a Inglaterra.[*]
Sobresaltó al mariscal Soult tan funesto acontecimiento que realizaba
anteriores sospechas, al paso que aguijó por su parte al general
Wellesley a avanzar prontamente, no contando sin embargo mucho con la
sublevación del ejército contrario. [Marginal: Plan de Wellesley.] Era
el plan del general inglés envolver a Soult, y obligarle a una retirada
desastrada o a rendirse. Y conforme a su pensamiento dispuso que el
general Beresford con las tropas de su mando, y las portuguesas que
estaban en Viseo a las órdenes de Sir Roberto Wilson, se dirigiesen
anticipadamente por Lamego, y pasasen el Duero para juntarse en
Amarante con Silveira, cuya retirada todavía se ignoraba. Hecho este
movimiento la demás fuerza británica debía avanzar en dos columnas
sobre Oporto, una vía de Aveiro y otra por el camino real. No se varió
el plan aunque se supo luego el descalabro de Silveira, y el 6 de mayo
se empezó la operación convenida. El 10 y el 11 fue arrojado de las
alturas de Grijo el general Franceschi que mandaba la vanguardia de los
enemigos, la cual en seguida repasó el Duero.
[Marginal: Se apoderan los ingleses de Oporto.]
El mariscal Soult tomando sin tardanza disposiciones para evacuar a
Oporto y asegurar su retirada, voló el puente de barcas y retuvo en la
margen derecha todos los botes. Dio vista el 12 a la ciudad Sir Arthur
Wellesley, y aunque cercano separábale la profunda y rápida corriente
de Duero. No teniendo prontos los medios necesarios para atravesarla,
hubiera Soult podido retirarse tranquilamente a Galicia si un feliz
acaso no hubiese servido a ayudar la combinación que para la travesía
preparaba el general inglés, quien había destacado río arriba al
general Murray a fin de que cruzase el Duero por Avintas y cayese sobre
el flanco del enemigo al tiempo que este fuese atacado por el frente.
Partió Murray; mas dudábase sobre el modo de verificar el paso a la
sazón que el coronel Waters descubrió en un recodo que forma el río
un pequeño bote con el que yendo a la otra orilla, acompañado de dos
o tres individuos, se apoderó sin ser notado de cuatro grandes barcas
abandonadas, y de priesa trájolas del lado de los suyos. Al instante
y el mismo 12 a las diez del día pasó en ellas el Duero Lord Paget
con tres compañías. Siguieron otros, permaneciendo los enemigos tan
descuidados que burlándose de los primeros avisos que dio un oficial,
a nada dieron crédito hasta que el general Foy subiendo casualmente a
la altura que se eleva enfrente del convento de Serra, advirtió que
en efecto pasaban los ingleses el río. Entonces todo el campo francés
se conmovió y se puso sobre las armas. Trabose entre los soldados de
ambos ejércitos un vivísimo choque, agolpáronse sucesivamente de uno
y otro lado tropas, y llegando en fin de Avintas el general Murray
abandonaron los franceses a Oporto, perseguidos por los ingleses
hasta cierta distancia de la ciudad. La matanza fue grande. Cayeron
heridos los generales Delaborde y Foy de una parte, y Lord Paget de la
contraria, sin contar otros muchos de ambas. Censurose agriamente en
su propio ejército al mariscal Soult por el descuido de dejar a los
ingleses pasar en medio del día sin resistencia un río tan caudaloso
como por allí corre el Duero.
[Marginal: Apuros de Soult.]
Después de la salida de Oporto dos caminos le quedaban a dicho mariscal
para retirarse, si quería conservar su artillería; uno por puente de
Lima y Valencia de Miño, y el otro por el lado de Amarante. Contaba
con que el último paso sería resguardado por el general Loison; mas
este perseguido por los generales Beresford, Silveira y Wilson, le
abandonó y puso a Soult en el mayor aprieto, sobre todo no pudiendo ir
por el otro camino de puente de Lima sin encontrarse con el general
Wellesley. Aunque rodeado de inminentes peligros no se abatió el
mariscal francés, y con entereza y prontitud de ánimo admirables,
destruyendo la artillería y los carruajes, y acallando las voces que
ya se oían de capitulación, echose por medio de senderos estrechos y
casi intransitables, guiado en su laberinto por un hombre de la Navarra
francesa, de los que van a España a ejercer una profesión lucrativa
si bien poco honrosa. El tiempo aunque en mayo era lluvioso, los
trabajos grandes, la persecución y molestia de los paisanos continua,
precipitándose a veces hombres y caballos por aquellos abismos y
derrumbaderos. De suerte que hasta cierto punto renovaba ahora el
mariscal Soult la escena que meses antes había representado el general
Moore cuando él iba en su perseguimiento. Los pueblos del tránsito
fueron quemados y sus habitantes tratados cruelmente, y al mismo son
que ellos cuando podían trataban a los franceses. [Marginal: Pasa la
frontera.] Llegó el ejército de estos el 17 a Montealegre y el 18 pasó
la frontera, no siguiendo el alcance los ingleses tierra adentro de
España por querer su general retroceder a Extremadura, según antes
había prometido a Cuesta. Subió a bastante la pérdida de los enemigos
en la retirada, y sin la celeridad y consumada pericia del mariscal
Soult difícilmente se hubieran libertado de caer en manos del inglés,
cuya excesiva prudencia motejaron muchos. [Marginal: Llega a Lugo.]
Llegaron los franceses a Lugo el 23, habiéndolos molestado poco el
paisanaje español que estaba como desprevenido.
[Marginal: Levanta Mahy el cerco.]
La víspera, sabedor el general Mahy de que se acercaban, levantó el
sitio que había poco antes puesto a aquella ciudad y se replegó a
la de Mondoñedo. [Marginal: Encuéntrase con Romana en Mondoñedo.]
Encontráronse allí el 24 él y Romana, procedente el último de Ribadeo,
a donde había desembarcado, salvándose de Asturias. Mal colocados
entonces y expuestos a ser cogidos entre los mariscales Ney y Soult,
resolvieron los generales españoles emprender por medio de [Marginal:
Marcha atrevida de los españoles.] una marcha atrevida un movimiento
hacia el Sil, para abrigarse de Portugal, cruzando con cautela el
camino real en las inmediaciones de Lugo. Verificose así felizmente,
y por Monforte tomaron los nuestros a Orense. Aunque esta marcha
era necesaria así para esquivar, como hemos dicho, el encuentro de
los mariscales franceses, como también para darse la mano con Don
Martín de la Carrera y las fuerzas que había en las provincias de
Tuy y Santiago, [Marginal: Descontento del soldado con Romana.]
disgustó mucho al soldado que comenzaba a murmurar de tanto camino
como sin fruto había andado, apellidando al de la Romana marqués de
las Romerías: porque en efecto si bien era loable su constancia en
los trabajos y la conformidad con que sobrellevaba las escaseces y
miseria, nunca se había visto salir de su mente otra providencia que
la de marchar y contramarchar, y las más veces a tientas, de improviso
y precipitadamente, falto de plan, a la ventura, y como suele decirse,
a la buena de Dios. Solo en su ausencia y en los puntos en que no
se hallaba peleábase, y jefes entendidos y diligentes procuraban
introducir mayor arreglo y obrar con más concierto y actividad.
El único, pero en verdad gran servicio, que hizo Romana fue el de
mantenerse constante en la buena causa, y el de alimentar con su nombre
las esperanzas y bríos de los gallegos.
[Marginal: Ney y Soult en Lugo.]
Mas las tropas que mandaba, por poco numerosas que fuesen, si se unían
con las que estaban hacia la parte de Pontevedra y fomentaban de
cerca la insurrección de la tierra, ponían en peligro a los franceses
exigiendo de ellos prontas y acordadas medidas. Tales eran las que
tomaron en Lugo el 29 de mayo los mariscales Soult y Ney de vuelta ya
este de su rápida excursión en Asturias. [Marginal: Conciértanse para
destruir el ejército español.] Según ellas, debía el primero perseguir
y dispersar a Romana, dirigiéndose sobre la puebla de Sanabria, y
conservar por Orense comunicación con el segundo, quien, derrotado que
fuese Carrera, había de avanzar a Tuy y Vigo para sofocar del todo la
insurrección. Púsose pues el mariscal Ney en camino con 8000 infantes y
1200 caballos, y avanzó contra la división del Miño animada del mayor
entusiasmo. [Marginal: Conde de Noroña, 2.º comandante de Galicia.] La
mandaba entonces en jefe el conde de Noroña, nombrado por la central
segundo comandante de Galicia, mas este tuvo el buen juicio de seguir
el dictamen de Carrera, de Morillo y de otros jefes que por aquellas
partes y antes de su llegada se habían señalado; con lo cual obraron
todos muy de concierto.
[Marginal: Acción del Puente de Sampayo.]
Al aviso de que Ney se aproximaba cejaron los nuestros a Sampayo,
punto en donde resolvieron hacerle rostro. Mas cortado anteriormente
el puente por Morillo, hubo que formar otro de priesa con barcas
y tablazón, dirigiendo la obra con actividad y particular tino el
teniente coronel Don José Castellar. Eran los españoles en número de
10.000, 4000 sin fusiles, y el 7 de junio muy de mañana acabaron todos
de pasar, atajando después y por segunda vez el puente. A las nueve del
mismo día aparecieron los franceses en la orilla opuesta, y desde luego
se rompió de ambos lados vivísimo fuego. Los españoles se aprovecharon
de las baterías que antes había levantado Don Pablo Morillo, y aun
establecieron otras: los principales fuegos enfilaban de lo alto de una
eminencia el camino que viene al puente; ocupose el paso de Caldelas
dos leguas río arriba por Don Ambrosio de la Cuadra que regía la
vanguardia, y por Don José Joaquín Márquez comandante del regimiento
de Lobera; apoyose la derecha de Sampayo en un terreno escabroso, y
la izquierda estaba amparada de la ría en donde se habían colocado
lanchas cañoneras. Duró el fuego hasta las tres de la tarde sin que
los franceses consiguiesen cosa alguna. Renovose con mayor furor al
día siguiente 8, buscando los enemigos medio de pasar por su derecha
un vado largo que queda a marea baja, y de envolver por su izquierda
el costado nuestro que estaba del lado del puente de Caldelas y vados
de Sotomayor. Rechazados en todas partes vieron ser infructuosos sus
ataques, y al amanecer del 9 se retiraron a las calladas, después
de haber experimentado considerable pérdida. Señaláronse entre los
nuestros, y bajo el mando del conde de Noroña, La Carrera, Cuadra,
Roselló, que gobernaba la artillería, Castellar, Márquez y D. Pablo
Morillo; por su parte también se manejaron con destreza los marinos,
y sin duda fue muy gloriosa para las armas españolas la defensa del
Puente de Sampayo.
[Marginal: Soult trata de pasar a Castilla.]
Romana, en tanto, se había acogido a Orense al adelantarse el mariscal
Soult: mas en vez de seguir la huella del primero detúvose este en
Monforte algunos días. Lo alterado del país, noticias de la guerra de
Austria, y más que todo los celos y rivalidad que mediaban entre él y
el mariscal Ney le alejaron de continuar el perseguimiento de Romana,
y le decidieron a volver a Castilla. Para ello, no pudiendo atravesar
el Sil por allí falto de vados y de puentes, tuvo que subir río arriba
hasta Montefurado, así dicho por perforarle en una de sus faldas la
corriente del mismo Sil, obra según parece del tiempo de los romanos.
[Marginal: Paisanos del Sil.] Los naturales de los contornos, colocados
en la orilla opuesta, le causaron grave mal, acaudillados por el
abad de Casoyo y su hermano Don Juan Quiroga. Para vengarse del daño
ahora y antes recibido, desde Montefurado mandó el mariscal Soult al
general Loison descender por la orilla izquierda del Sil y castigar a
los habitantes. [Marginal: Quema de varios pueblos.] Cumplió este tan
largamente con el encargo que asoló la tierra y varios pueblos fueron
quemados, Castro de Caldelas, San Clodio y otros menos conocidos.
También padecieron mucho los otros valles que recorrieron o atravesaron
los enemigos. [Marginal: Romana en Celanova.] Romana retirose a
Celanova, y en seguida a Baltar, frontera de Portugal, en donde le
dejó tranquilo el mariscal Soult, [Marginal: Soult en la Puebla de
Sanabria.] pues dirigiéndose por el camino de las Portillas llegó el 23
a la Puebla de Sanabria, de cuyo punto se retiraron a Ciudad Rodrigo
después de haber clavado algunos cañones los pocos españoles que le
guarnecían.
[Marginal: General Franceschi cogido por el Capuchino.]
Soult permaneció en la Puebla breves días habiendo despachado a Madrid
a Franceschi para informar a José del estado de su ejército y de
sus necesidades. Aquel general partió de Zamora en posta a caballo
con otros dos compañeros, mas pasado Toro fueron todos cogidos e
interceptados los pliegos por una guerrilla que mandaba el capuchino
Fr. Julián de Délica. Los pliegos [*] [Marginal: (* Ap. n. 8-9.)] eran
importantes así porque expresaban el quebranto y escaseces de aquellas
tropas, como también por indicarse en su contenido el mal ánimo de
algunos generales.
[Marginal: Situación de Ney.]
Viéndose solo el mariscal Ney y abandonado de Soult, conoció lo crítico
de su situación. Con nada en realidad podía contar sino con la fuerza
que le quedaba, y era esta harto corta para hacer rostro a la población
armada, y al ejército bastante numeroso que contra él podían ahora
reunir sin embarazo los generales Romana y Noroña. El auxilio que le
prestaban los españoles sus allegados era casi nulo, y por decirlo
así perjudicial. [Marginal: Mazarredo.] Había ido de comisario regio
el general de marina Mazarredo que separándose de su profesión, en la
que había adquirido bien merecido renombre, metiose a dar proclamas
y a esparcir entre los eclesiásticos y los pueblos una especie de
catecismo, por cuyo medio apoyándose en textos de la Escritura, quería
probar la conveniencia y obligación de reconocer la autoridad intrusa.
No conmovían las conciencias argumentos tan extraños, al contrario
las irritaban, provocando también a mofa ver convertido en misionero
político al que solo gozaba de reputación de inteligente en la maniobra
náutica. Hubo igualmente en Santiago un director de policía [Marginal:
Bazán.] llamado Don Pedro Bazán de Mendoza, doctor en Teología, el cual
y otros cuantos de la misma lechigada cometieron muchas tropelías
y defraudaron plata y caudales: denominaban los paisanos semejante
reunión el conciliábulo de Compostela. [Marginal: Evacúa Ney Galicia.]
Rodeado por tanto de peligros y escaso de fuerzas y recursos, resolvió
Ney salir de Galicia, y el 22 evacuó la Coruña, enderezándose a Astorga
por el camino real; en cuyo tránsito asolaron sus tropas horrorosamente
pueblos y ciudades.
Así tornó aquel reino a verse libre de enemigos al cabo de cinco meses
de ocupación, durante los cuales perdieron los franceses la mitad de la
tropa con que habían penetrado en aquel suelo, ya en las acciones con
los ingleses, ya en la terrible guerra con que les habían continuamente
molestado los ejércitos y población de Galicia y Portugal.
[Marginal: Entra Noroña en la Coruña.]
A pocos días entró en la Coruña el conde de Noroña y la división del
Miño, siendo recibidos no solo con alborozo general y bien sentido,
sino también quedándose los espectadores admirados de que gente mal
pertrechada y tan varia en su formación y armamento hubiera conseguido
tan señaladas ventajas contra un ejército de la apariencia, práctica y
regularidad que asistían al de los franceses.
Por entonces y antes de promediar junio fue también evacuado el
principado de Asturias. Además de lo ocurrido en Galicia y Portugal
aceleraron la retirada de los enemigos los movimientos y amago que
hicieron las tropas y paisanaje de la misma provincia. 18.000 hombres
la habían invadido: una parte, según en su lugar se dijo, volvió luego
a Galicia con el mariscal Ney, otra mandada por el general Bonnet viose
obligada a acudir a la montaña a donde la llamaba la marcha de Don
Francisco Ballesteros, y la restante fuerza sobrado débil para resistir
[Marginal: Worster y Bárcena.] a los generales Don Pedro de la Bárcena
y Worster que avanzaban a Oviedo del lado de poniente, salió con
Kellermann camino de Castilla. El primero de aquellos generales cayendo
de Teberga sobre Grado había antes arrojado de esta villa a unos 1300
franceses que estaban allí apostados, cogiendo 80 prisioneros.
[Marginal: Ballesteros pasa a Castilla y a las montañas de Santander.]
Por la parte oriental del principado había reunido el general
Ballesteros más de 10.000 hombres. Entraba en su número un batallón de
la Princesa que había ido a Oviedo con Romana, y el cual mandado por
su coronel D. José O’Donnell se le había unido, no pudiendo embarcarse
en Gijón. También se agregó después el regimiento de Laredo que
pertenecía a las montañas de Santander y la partida o cuerpo volante
de D. Juan Díaz Porlier. Entusiasmado el general Ballesteros con las
memorias de Covadonga pensó que podían resucitar en aquel sitio los
días de Pelayo. Anduvo por tanto reacio en alejarse hasta que falto de
víveres y estrechado por el enemigo tuvo el 24 de mayo que abandonar
de noche la cueva y santuario, y trepar por las faldas de elevados
montes, no teniendo más dirección que la de sus cimas, pues allí no
había otra salida sino el camino que va a Cangas de Onís, y este le
ocupaban los franceses. En medio de afanes consiguió Ballesteros
llegar el 26 a Valdeburón en Castilla de donde se trasladó a Potes.
Meditando entonces lo más conveniente resolvió de acuerdo con otros
jefes acometer a Santander, cuya guarnición desprevenida se juzgaba
ser solo de 1000 hombres. Se encaminó con este propósito a Torrelavega
en donde se detuvo más de lo necesario. Por fin al amanecer del 10
emprendiose la expedición, pero tan descuidadamente que el enemigo se
abrió paso dejando solo en nuestro poder 200 prisioneros. [Marginal:
Ocupa Santander.] Entraron las tropas de Ballesteros el mismo día en
Santander, mas la ocupación de esta ciudad no duró largo tiempo. En
la misma noche revolviendo sobre ella los franceses ya reforzados,
penetraron por sus calles y pusiéronlo todo en tal confusión que
los más de los nuestros se desbandaron, y el general Ballesteros
creyendo perdida su división se embarcó precipitadamente con Don José
O’Donnell en una lancha en que bogaron por falta de remos y remeros
dos soldados con sus fusiles. [Marginal: Intrepidez de Porlier.] Don
Juan Díaz Porlier se salvó con alguna tropa atravesando por medio de
los enemigos con la intrepidez que le distinguía. Fue también notable
y digna de la mayor alabanza la conducta del batallón de la Princesa,
[Marginal: Marcha admirable del batallón de la Princesa.] que privado
de su fugitivo coronel y a las órdenes del valiente oficial Garvayo
conservó bastante orden y serenidad para libertarse y pasar a Medina de
Pomar, desde donde, ¡marcha admirable! poniéndose en camino atravesó
la Castilla y Aragón rodeado de peligros y combates, y se incorporó en
Molina con el general Villacampa.
[Marginal: Romana en la Coruña.]