Sabedor el mariscal Ney de la discordia suscitada entre la junta de

Asturias y Romana, y temeroso sobre todo con lo sucedido en Villafranca

de que uniendo este caudillo sus tropas a las del principado formase

un cuerpo respetable y bastante numeroso para incomodarle y cortarle

su comunicación con el reino de León, se preparó a invadir a Asturias

poniéndose de acuerdo con fuerzas que había en Castilla y en Santander.

Parece ser que desde Francia también le había venido orden de no

desperdiciar oportuna coyuntura de verificar dicha invasión. Romana

por su parte más ocupado en las contestaciones y querellas de la

junta que en uniformar y arreglar la mucha gente que ahora tenía a su

disposición, no tomó acerca de ello providencia alguna. Dejó correr

en el principado los asuntos militares según iban a su llegada, y

olvidó a su ejército de Galicia, el cual a las órdenes de Don Nicolás

Mahy pasando el puerto de Ancares se había situado hacia el Navia,

extendiéndose hasta las avenidas de Lugo y Mondoñedo.

El mariscal Ney rozándose casi con este ejército y acompañado de 6000

hombres, se dirigió desde Galicia por la tierra áspera y encumbrada

de Navia de Suarna a Ibias, y descendiendo a Cangas de Tineo, Salas

y Grado se adelantó a Oviedo, al mismo tiempo que procedente de

Valladolid y con otra tanta o más fuerza se metía en el principado por

el puerto de Pajares [Marginal: Kellermann.] el general Kellermann.

Estaba ya cercano a Oviedo el mariscal Ney y todavía lo ignoraba

Romana. Recibió este al fin un aviso y apresuradamente después de

dar por primera vez órdenes a la división de Ballesteros y a la de

Worster poco antes malamente repuesto en el mando, [Marginal: Romana

se embarca en Gijón.] pasó a Gijón en donde se embarcó tomando en

seguida tierra en Ribadeo. Entró Ney en Oviedo el 19 de mayo, de cuya

ciudad habían salido casi todos sus moradores, dejando abandonadas

sus casas y haberes. [Marginal: Saquean los franceses Oviedo.]

Entregada al saco durante tres días, viéronse muchos arruinados y

menguaron los intereses de otros. A la noticia de la invasión acercose

el general Worster lentamente a Oviedo por el país de montaña, y

Ballesteros retrocediendo de Colombres al Infiesto, enriscose luego

por las asperezas de Covadonga, santuario célebre mirado como cuna de

la monarquía de Castilla. [Marginal: Sale Ney de Asturias.] Parose

poco Ney en la capital de Asturias, y dejando allí a Kellermann y en

Villaviciosa al general Bonnet que había venido con su división hasta

aquel sitio de los lindes de Santander, tornó por la costa a Galicia,

a donde le llamaban acontecimientos de cuantía, y a que daban ocasión

reveses de Soult en Portugal, la insurrección de la provincia de Tuy y

otras, y aun también los movimientos del ejército de la Romana, el cual

amenazaba a Lugo y alentaba al paisanaje con la abultada fama de sus

hazañas.

[Marginal: Mahy amenaza Lugo.]

La fuerza de este ejército puede decirse que estaba dividida en dos

partes, de la una que era la principal acabamos de hacer mención, la

otra entonces menos numerosa había quedado en la Puebla de Sanabria

a las órdenes de Don Martín de la Carrera. La primera, gobernada en

ausencia de Romana por Don Nicolás Mahy, constaba de unos 6000 hombres

y de 200 caballos: la cual a la propia sazón que Ney se movía la

vuelta de Asturias, se adelantó hacia el monasterio cisterciense de

Meira no lejano de Lugo. El general Worster no había querido acompañar

a Mahy en aquel movimiento creyendo que la fuerza que mandaba debía

pensar antes que en otra cosa en cubrir a Asturias. Siguió avanzando

dicho general Mahy, y su vanguardia capitaneada por Don Gabriel de

Mendizábal tropezó el 17 de mayo en Feria de Castro a dos leguas de

Lugo con una columna enemiga de 1500 hombres que obligó a meterse en

la ciudad. Al día siguiente el general Fournier, gobernador francés,

militar entendido pero de condición singular, y muy dado a hablar en

latín a los obispos y a los clérigos, [Marginal: Desbarata al general

Fournier.] salió de dentro y se dispuso a aguardar a los nuestros en

las inmediaciones, apoyando la izquierda en los mismos muros y la

derecha en un pinar vecino. Acometiole Don Nicolás Mahy formando su

gente en dos columnas guiadas por los generales Mendizábal y Taboada,

junto con los 200 jinetes que mandaba Don Juan Caro. A espaldas quedó

la reserva a las órdenes del brigadier Losada, y aparentose tener

otro cuerpo de caballería colocando a distancia, montados en acémilas

y caballos de oficiales, cierto número de soldados; ardid que no

dejó de servir, notándose también en nuestras tropas más instrucción

y confianza. Trabose la pelea y a poco volviendo caras la caballería

enemiga desconcertó su línea de batalla, e infantes y jinetes corrieron

precipitadamente a guarecerse de la ciudad, acometiendo con tal brío

nuestra gente que varios catalanes de tropas ligeras metiéndose dentro

al mismo tiempo que aquellos, tuvieron después que descolgarse por las

casas pegadas al muro ayudados de los vecinos. Los franceses perdieron

bastante gente y los españoles varios oficiales, y en este número al

comandante de ingenieros D. Pedro González Dávila distinguido por

su valor. No pudiendo los españoles ganar en seguida a Lugo, ciudad

rodeada de una antigua y elevada muralla y de muchos torreones aunque

socavado el revestimiento por los años, [Marginal: Pone cerco a la

ciudad.] intimaron la rendición al gobernador que respondió con honrosa

arrogancia. Entonces decidiose a formalizar el cerco el general Mahy, y

allí le dejaremos para acudir a donde nos llaman los gloriosos hechos

de las orillas del Miño.

[Marginal: Crece la insurrección de Galicia.]

Luego que el mariscal Soult hubo pasado de Orense vía de Portugal,

la insurrección del paisanaje gallego se aumentó, cundiendo por las

feligresías de las provincias de Tuy, Lugo, Orense y Santiago hasta las

riberas del Ulla y aún más allá. Por todas partes aparecieron jefes

para acaudillarla, y Romana y la central enviaron también algunos que

la fomentasen. Entre los primeros fueron los más distinguidos los

abades ya nombrados de Couto y Valladares, y además un caballero de

nombre Don Joaquín Tenreiro, el alcalde de Tuy Don Cosme de Seoane y

Don Manuel Cordido, labrador y juez de Cotobad. Así indistintamente se

aunaban todas las clases contra el enemigo común. El último hizo guerra

terrible en la carretera de Pontevedra a Santiago, los otros después

de varios choques recorriendo la tierra de Tuy y Vigo, obligaron a los

franceses a encerrarse en el recinto de ambas plazas. De los emisarios

de Romana diéronse particularmente a conocer los capitanes Don Bernardo

González, dicho Cachamuiña del pueblo de donde era natural, y Don

Francisco Colombo, incomodando mucho el primero a los enemigos por la

parte de Soutelo de montes y puente de Ledesma. Fueron los enviados

de la central el teniente coronel Don Manuel García del Barrio, el

entonces alférez Don Pablo Morillo, y el canónigo de Santiago Don

Manuel de Acuña, gallego, y de familia que tenía deudos y amigos en el

país. Llegaron estos cuando todavía el marqués de la Romana estaba en

el valle de Monterrey, y permaneciendo Barrio en su compañía hasta que

partió a Asturias, envió hacia Tuy a los otros dos comisionados para

obrar de acuerdo con los que por allí lidiaban contra los franceses.

Además no hubo partido ni punto en que antes o después no fuesen

molestados: así sucedió en Trasdeza, no lejos de Santiago, en que se

formó una junta, y mandaron la gente los hermanos estudiantes Don

Benito y Don Gregorio Martínez: así en Muros, en Corcubión, en Monforte

de Lemos aunque con la desgracia en las tres últimas villas de haber

sido incendiadas y horrorosamente puestas a saco. No desanimándose

los moradores por tamaños contratiempos, sabedor Barrio de que en las

alturas de Lobera reunía bastante gente el administrador de rentas

de la Boullosa Don José Joaquín Márquez, incorporósele el 17 de

marzo viniendo de hacia Chaves. [Marginal: Barrio. Junta de Lobera.]

Reconocido Barrio como comisionado de la central, convino con los

demás en congregar una junta compuesta de vocales del partido y de

las personas que más habían contribuido al levantamiento de otras

feligresías. Verificose en efecto, instalándose el 21 del mismo mes

de marzo en aquellas alturas y en campo raso, renovando la sencillez

de los tiempos primitivos. Sujetáronse todos a la autoridad creada,

nombrose presidente al obispo de Orense y sin detención se tomaron

disposiciones que mantuvieron e impulsaron más ordenadamente la

insurrección. Al Márquez, hombre esforzado y que había trabajado en

favor de la causa común más que los otros, diósele el mando de un nuevo

regimiento que se apellidó de Lobera, y mandósele ir a reforzar a los

que bloqueaban a Tuy. También se expidió orden a Cachamuiña para que

de Soutelo cayese sobre Vigo y engrosase el número de los sitiadores.

Dispusiéronse asimismo para entonces y para después varias otras

correrías, en especial hacia Lugo y valle de Valdeorras, acaudillando

siempre el paisanaje Don Juan Bernardo de Quiroga y su hermano el abad

de Casoyo.

[Marginal: Sitia Vigo el abad de Valladares.]

Entre tanto seguían apretando a las ciudades de Tuy y Vigo los abades

de Couto y Valladares. Guarnecían a la última 1300 franceses al mando

del jefe de escuadrón Chalot. Aunque es aquel puerto uno de los mejores

y más abrigados de España, la fortificación de tierra es defectuosa,

y a su muralla baja en algunas partes y sin foso la domina a corta

distancia el castillo del Castro. Sin embargo la plaza estaba bien

provista y artillada. Estrechábala el abad de Valladares Don Juan

Rosendo Arias Henríquez, a quien se le había agregado la gente que

en el valle de Fragoso había levantado [Marginal: Limia.] su anciano

alcalde Don Cayetano Limia, para lo que le facilitó armas el crucero

inglés de la inmediata costa. [Marginal: Tenreiro y el portugués

Almeida.] Asimismo se le juntó Don Joaquín Tenreiro que con el

portugués Don Juan Bautista Almeida había recogido muchos voluntarios

de algunos valles, engrosándose de este modo considerablemente el

número de sitiadores.

[Marginal: Morillo.]

También en marzo se presentó entre ellos Don Pablo Morillo, quien

enterado de que una columna francesa intentaba, encaminándose del

lado de Pontevedra, venir al socorro de la plaza, corrió al Puente

de Sampayo para reconocerle y asegurar su defensa, como lo verificó

ayudado [Marginal: Gogo.] de Don Antonio Gogo, vecino de Marín, que

capitaneaba una partida numerosa de paisanos y era dueño de dos piezas

de artillería. Colocó estas Morillo con otras tres que fueron de

Redondela en el paso del puente, que fortalecido dejó al mando de Don

Juan de Odogerti, comandante de tres lanchas cañoneras. Volviose luego

Don Pablo al sitio de Vigo, y en su compañía 300 hombres mandados por

Don Bernardo González Cachamuiña y D. Francisco Colombo.

[Marginal: Ríndese Vigo a los españoles.]

Había el abad de Valladares intimado a la plaza varias veces la

rendición sin que el comandante francés quisiera abrir las puertas,

pareciéndole vergonzoso y poco seguro capitular con paisanos.

Tornó como hemos dicho Morillo, y ya por sus activas y acertadas

disposiciones, y ya por haber sido enviado de Sevilla, eleváronle los

sitiadores a coronel, y reconociéronle como superior, a fin de que a

vista de un militar cesasen los escrúpulos y recelos del comandante

francés. Sin tardanza repitió el nuevo jefe español una áspera

intimación, amenazando el 27 de marzo con tomar por asalto la plaza

y no dar cuartel. Pidieron los franceses 24 horas de término para

contestar, y no accediendo Morillo, rindiéronse por fin, concedidos

que les fueron los honores de la guerra, y con la cláusula de que

serían llevados prisioneros a Inglaterra, por lo cual firmó la

capitulación en unión con el jefe español el comandante británico del

crucero. Exigió además Morillo que inmediatamente se ratificase lo

convenido, pues si no, acometería la plaza. Retardábase la respuesta,

y a las ocho de la noche aproximáronse a sus muros los sitiadores,

arrojándose a la Puerta de Camboa para hacerla astillas y armado de

un hacha un marinero anciano que cayó muerto de un balazo: ocupó su

puesto y tomó el hacha González Cachamuiña, y rompiola aunque herido

en varias partes de su cuerpo. Íbase ya a entrar por ella cuando

Morillo recibió la ratificación, y a duras penas pudo con su recia voz

hacer cesar el fuego y detener a los suyos que se posesionaron de la

plaza al día siguiente 28. No hubo en su reconquista ni ingenieros ni

cañones, ganada solo a impulsos del patriotismo gallego. Entregáronse

prisioneros 1213 hombres y 46 oficiales, y cogiéronse otras preseas con

117.000 francos en moneda de Francia. A poco de haberse rendido súpose

que de Tuy acudían soldados enemigos en auxilio de la guarnición de

Vigo: diose priesa Morillo a enviar a su encuentro personas y gente de

su confianza, quienes los deshicieron, mataron a muchos y aun tomaron

72 prisioneros que se pusieron a bordo juntamente con los de Vigo.

[Marginal: Bloqueo de Tuy.]

Sin embargo la facilidad con que se enviaba este socorro mostraba

no ser riguroso el bloqueo de Tuy. Habíale comenzado el 15 de marzo

el abad de Couto, y con él el juez y procurador general de la misma

ciudad y otros caudillos. También concurrieron portugueses de la

orilla opuesta, y la plaza de Valencia situada enfrente había tratado

de molestar a los franceses con sus fuegos. Libertado Vigo esperábase

que el cerco tendría pronto y feliz éxito, pues además de acudir desde

allí con su gente Morillo, Tenreiro, Almeida y otros, vino también por

su lado Don Manuel García del Barrio, reconocido comandante general

por la junta de Lobera. Pero tanto concurso de jefes y caudillos no

sirvió sino para suscitar celos y rencillas. Morillo fuese en comisión

camino de Santiago, y los otros en especial Barrio y Tenreiro, el uno

presuntuoso y el otro díscolo de condición, desaviniéronse y ocupáronse

en recíprocos piques y zaherimientos. Y así este bloqueo sostenido con

cañones y más gente fue mal dirigido y al cabo se malogró. Mandaba

dentro el general Lamartinière, y el 6 de abril haciendo una salida

apoderose de cuatro piezas colocadas en la altura de Francos no muy

distante de la ciudad. Ocurrida esta desgracia, y agriándose más los

ánimos, diose lugar a que llegasen socorros a Tuy avanzando del lado

de Santiago una columna de infantería y caballería a las órdenes del

general Maucune, y otra del lado de Portugal mandada por el general

Heudelet que enviaba Soult, ya posesionado de Oporto, para recoger la

artillería que allí había dejado.

Enseñoreose el 10 de abril sin resistencia el general Heudelet de

Valencia del Miño. Sabedores los españoles que bloqueaban a Tuy de

aquel suceso, [Marginal: Le alzan.] levantaron el sitio quedándose unos

en las alturas que median entre esta plaza y la de Vigo, y alejándose

otros con Barrio a Puente Arcas. Al mismo tiempo los franceses que

venían de Santiago arrollaron a la gente de Morillo en el camino de

Redondela, y en venganza incendiaron la villa, metiéndose después parte

de ellos en Tuy, y tornando los otros con el general Maucune al punto

de donde habían salido. [Marginal: Evacúan la ciudad los franceses.]

Socorrida la plaza sacaron los enemigos todos sus efectos y artillería,

y temiendo nuevo bloqueo la abandonaron el 16, y se unieron con los de

Valencia.

Por tanto, si no tuvo dichoso remate el cerco de Tuy consiguiose por

lo menos infundir recelo en los franceses, y ver desembarazada la

margen derecha del Miño. Esmeráronse entonces aquellos naturales en

arreglar y disciplinar [Marginal: Se crea y aumenta la división del

Miño.] la gente que se había levantado, y que se denominó división del

Miño, creando varios regimientos que se distinguieron en posteriores

acciones. Incorporose a ella la partida de Don José María Vázquez,

conocido en Castilla por sus hechos con el nombre del Salamanquino,

y al fin aumentose su fuerza, [Marginal: Mándala Don Martín de la

Carrera.] y ganó en la opinión gran peso con ponerse a la cabeza el 7

de mayo Don Martín de la Carrera, según el deseo público, y cediéndole

Barrio las facultades que tenía del gobierno supremo.

[Marginal: Desbarata a los franceses en el campo de la Estrella.]

Había Don Martín permanecido todo aquel tiempo en la Puebla de Sanabria

juntando dispersos. Unido a la división del Miño completó hasta unos

16.000 hombres, y además tenía algunos caballos y nueve cañones.

Adelantose con parte de su gente por la provincia de Tuy a Santiago, de

cuya ciudad salieron a repelerle el 23 de mayo unos 3000 infantes y 300

caballos a las órdenes del general Maucune, acometiéndole en el campo

de la Estrella. Los desbarató Carrera, persiguiéndolos y metiéndose

primero que nadie en la ciudad de Santiago Don Pablo Morillo.

Cogiéronse allí fusiles y vestuarios y cuarenta y una arrobas de plata

labrada, sin contar otra mucha de los templos. Recibidos los nuestros

con universal regocijo, hubieron sin embargo de retirarse por las

operaciones combinadas que luego meditaron los mariscales Ney y Soult,

de vuelta uno de Asturias y otro de Portugal.

[Marginal: Campaña de Soult en Portugal.]

La campaña del último en este reino había terminado con suma desdicha

de sus armas. Recorreremos lo que allí pasó con rapidez, según es

nuestra costumbre en las cosas de Portugal. Pisó el 10 de marzo la

frontera lusitana el mariscal Soult, [Marginal: Entran los franceses

en Chaves.] y el 11 se le rindió Chaves, plaza en la provincia de

Tras-os-Montes en mal estado, y que aún conservaba las brechas de la

guerra con España de 1762. Penetró con 21.000 hombres, retirándose el

general Silveira hacia Vila Pouca. El 13 continuaron los franceses

su marcha a Braga, con gran recelo de las fuerzas que allí mandaba

Bernardino Freire. En este tránsito lleno de desfiladeros encontraron

mucha oposición, teniendo que caminar lentamente y escasos de

mantenimientos. [Marginal: En Braga.] Acercándose al fin a Braga no

pensó Freire, general poco respetado, en que se pudiese defender la

ciudad, y así dispuso retirarse. Enojado el pueblo le arrestó en

un pueblo inmediato y le volvió a Braga, en donde fue bárbaramente

asesinado. Viose entonces su segundo, el barón de Ebben, en la

necesidad de defender con gente colecticia la posición de Carballo,

legua y media distante, de la que apoderados los franceses penetraron

el 20 en Braga, [Marginal: Asoman a Oporto.] asomando el 28 a Oporto,

vencidos otros obstáculos no menos dificultosos.

Intimó luego la rendición el mariscal Soult a esta ciudad, que

situada a la derecha de Duero y a una legua de su embocadura, es

por su población de 70.000 almas y por su gran comercio la primera

de Portugal después de Lisboa. El ánimo de los naturales mostrábase

levantado, tanto más cuanto con la invasión francesa veían estancado

y destruido su principal tráfico, que consiste en la salida de sus

vinos para Inglaterra. [Marginal: Estado de la ciudad.] Con objeto

de defender la ciudad se había en su derredor construido un campo

atrincherado erizado de cañones, cuya derecha se apoyaba en el Duero,

y la izquierda en los fuertes vecinos al mar; además habían atajado

las calles, y colocado en ellas y en diversos puntos muchas piezas de

artillería. La exaltación popular era tal que fueron víctima de ella

varias personas, y con dificultad pudo el mariscal Soult intimar la

rendición, no queriendo la ciudad dar oídos a tregua ni convenio. Hubo

también ocasión en que so color de querer escuchar las proposiciones

cogieron a los parlamentarios, como aconteció al general Foy que se

llevaron prisionero con grave riesgo de su persona. Mandaba en jefe

el obispo, pero la víspera del ataque abandonó la ciudad poniendo en

su lugar al general Parreiras. [Marginal: Éntranla los franceses.]

Acometieron los franceses las líneas el 29 de marzo, que de grande

extensión, mal dispuestas y defendidas por gente allegadiza, fueron

ganadas sin grande esfuerzo, entrando en la ciudad los vencedores,

y haciendo su caballería tremenda matanza. Los habitantes huyendo

del peligro se avalanzaron al puente de Duero, que formado de barcas

rompiose con el gentío, y allí fueron las mayores lástimas ahogándose

unos y ametrallando a otros los franceses desapiadadamente. [Marginal:

Gran matanza.] Perecieron de 3 a 4000 personas, de ellas muchas mujeres

y niños. Hubo hechos que ensalzaron al ya tan ilustrado valor de los

portugueses: 200 hombres esforzados se defendieron en la catedral hasta

que no quedó uno con vida.

[Marginal: Conducta del mariscal Soult.]

Siguiéronse deplorables excesos, no pudiendo Soult contener los ímpetus

desmandados de su tropa. Este mariscal procuró entonces y después

granjearse la voluntad de los moradores, aun imitándolos en las

prácticas de un fervoroso celo religioso.

Sus votos y ofrendas, y el particular cuidado del mariscal en agradar

a los portugueses, dieron a sospechar si pensaba a modo de Junot

ceñir la corona lusitana. [Marginal: Pídenle sea rey.] Vino como en

apoyo la exposición seguida de otras, que se imprimió y publicó, de

doce habitantes de Braga, en la que llamándole padre y libertador

se mostraba deseo de que Napoleón le nombrase por su rey. Y aunque

es cierto que el mariscal les replicó que no pendía de él darles

respuesta, la mera publicación de aquella demanda en país en donde él

era árbitro de impedirla o autorizarla, manifestaba que si no dimanaba

de sugestiones suyas por lo menos no era desagradable a sus oídos.

[Marginal: Sus providencias.]

Posesionados los franceses de Oporto no prosiguieron a Lisboa, así por

la oposición que encontraron en el país, como también por ignorar el

paradero del general Lapisse y del mariscal Victor, cuyos movimientos

del lado de Castilla y Extremadura debieron corresponder con el de

Galicia. Limitáronse pues a conservar lo ganado, y a prepararse

para más adelante. Ya hablamos como con este objeto y el de tener

la artillería que quedó en Tuy, había retrocedido hacia esta plaza

y desembarazádola de sitiadores el general Heudelet: otro tanto

trataron de hacer los enemigos por la parte de Chaves, [Marginal:

Silveira recobra Chaves.] cuya ciudad había recobrado el 20 de marzo

el general Silveira, extendiéndose después por el Támega hasta

Amarante y Peñafiel. Reforzado luego el mismo general, y molestando

incansablemente a los franceses, permaneció en aquellos sitios cerca

de un mes; pero en 18 de abril queriendo el mariscal Soult abrir paso

y tener libres las comunicaciones con Tras-os-Montes, envió al general

Delaborde auxiliado de fuerza considerable. Al aproximarse situose

Silveira en Amarante, y defendió con tal tesón el paso del puente que

no pudieron superar los franceses hasta el 2 de mayo los obstáculos que

se les oponían. Defensa para él muy honrosa aunque tuviese por entonces

que alejarse momentáneamente.

[Marginal: Coronel Trant.]

Al mediodía de Oporto y camino de Lisboa no dilataron los franceses

sus excursiones y correrías más allá del Vouga, persuadidos de que

resguardaban a Coimbra numerosas fuerzas. Sin embargo reducíanse estas

a unos 4000 hombres mal disciplinados, y a una turba de paisanos que

mandaba el coronel Trant, quien no pudo hacer otra cosa sino maniobrar

con acierto, aparentando mayores medios que los que tenía. Mas como

eran cortos se hubiera encaminado al fin el mariscal Soult a Lisboa

luego que supo las resultas de la batalla de Medellín, si no hubiesen

llegado inmediatamente grandes refuerzos al ejército inglés de Portugal.

[Marginal: Regencia de Portugal.]

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (2 de 5) · 第 23 / 27 段