No obstante, obedecieron los Miguelistas à la persuasion, y

habiendo levantado los reales ó campamentos, los apartaron

algunas leguas de la vista del enemigo. Entretanto, habiendo

enviado un Miguelista à desafiar á los Portugueses, fué muy bien

tratado por Gomez Freire, y habiéndole mandado sentar, lo regalò

con cena y cama, y fué rogado à quedarse á dormir en tanto que

escribia al cura del pueblo. Escribiò, y bien de mañana entregò

al enviado las cartas, y lo hizo volver en paz á los suyos.

Mientras este venia á donde estabamos, fueron vistas por los

Lorenzistas en el Yaguy, por aquella parte que divide las

tierras de San Lorenzo y San Luis, tres lanchas portuguesas, ó

talvez canoas, que navegaban rio arriba, bajaron los Lorenzistas

à las orillas de las riberas para impedir el tránsito al

enemigo, mas porque no estaban bien proveidos de armas, que

pudiesen ofender de lejos, llamaron algunos Juanistas fusileros.

Vinieron estos, y trayendo consigo tres cañones de caña

silvestre, bien retobados con cuero de buey, y llegando con

estos el capitan de la Concepcion: D. Nicolas Nenguirú con

algunos de los suyos, fijados los cañoncitos en las orillas del

rio y entre el monte, asaltaron á las canoas, y con cuatro tiros

atormentaron una, quebraron otras, y las obligaron á irse

precipitadamente por el rio, quedándose tres paradas. Corrieron

del campamento, rio abajo, algunos marineros Portugueses al

socorro, y armándose entre los indios y portugueses una

refriega, murieron algunos de estos últimos: se decia eran 26,

pero fué falso, solo fueron tres. Finalmente llegaron los

Luisistas á su campo y con buen aguero; porque en estas

embarcaciones venian con cuidado las cartas del Gobernador de

Buenos Aires, en las cuales le daban noticia de su retirada, y

lo mismo persuadia à los Portugueses. Habiendo pues leido Gomez

Freire las cartas, fué de admirar lo furioso que se puso, dando

en rostro á los Españoles su engaño y trato doble, y á los

indios el haber acometido á los suyos, lamentando tambien

haberse frustrado el trabajo, ó proyecto de 12 años. Despues el

dia 12 de Noviembre cargaron los bagajes en los campos, y

pareció que se disponian á la retirada. Mientras esto, pidió à

los indios le dejasen libre el camino, ni le molestasen en la

retirada, y para mas asegurar la cosa, habiendo llamado à

conferenciar à algunos caciques de San Luis, San Lorenzo y San

Angel, los cuales estaban entonces allí, porque los otros ya

habian caminado á los pueblos, acordàndose de sus mugeres y de

sus sementeras, cuyo último tiempo era necesario lograr, los

hizo jurar sobre los Santos Evangelios, y él mismo con juramento

firmó, ó hizo un escrito firmado con los nombres de los

principales de los indios y portugueses, en el cual promete. I.

Que ni la una ni la otra parte se harian daño, hasta tanto que

se diese la última y definitiva sentencia por los Reyes de

España y Portugal, acerca de las quejas dadas y perdon de los

indios, ó hasta tanto que el ejército español no volviese otra

vez à campaña. II. Que ambas partes se volverian à sus tierras,

y que ni una ni otra nacion pasaria el Rio Grande. III. Que los

indios serian cautivos si pasasen el rio, yendo à las tierras de

los Portugueses, y mútuamente los Portugueses lo serian de los

indios, si ellos intentasen pasar à sus tierras. IV. Pidieron

solamente se les dejase descansar algun tiempo en el rio Yobí,

mientras los animales recuperaban el aliento y fuerzas

perdidas.--Firmaron estas treguas de parte de los Portugueses,

el mismo Capitan General Gomez Freire de Andrade: Martin de

Echauri, español, Gobernador de Montevideo: Miguel Angelo

Velasco: Tomas Luis de Osorio: Francisco Xavier Cardoso de

Meneses y Sousa: Tomas Clarque: Sacerdote Secular, capellan de

Gomez, en cuyas manos se hizo juramento. De parte de los indios

firmaron, Cristoval Acatú: Fabian Guaqui: Francisco Antonio y

Bartolomé Candeyú: Santiago Pindo: D. Ignacio Tariguazú: D.

Lorenzo Mbaypé: D. Alonso Guayrayé. Concluidas estas cosas á 18

Noviembre en la media noche, los Portugueses que estaban de esta

parte del rio lo pasaron calladito, y juntos los batallones,

marcharon sin hacer ruido: al dia siguiente 19 se desaparecieron

del todo. Asimismo tambien nuestros ejércitos, habiendo dejado

unos pocos destacamentos por custodia y seguridad de las

circunvecinas tierras de San Luis, San Lorenzo y San Juan, se

retiraron à sus pueblos, no habiendo sido muerto indio alguno

por mano del enemigo: pero sí casi 100 Portugueses acabaron con

las armas de los indios. Arrimadas las lanzas, se empleaban en

la devocion de San Xavier, dàndole gracias por haberlos librado

de la tribulacion; y las legiones, en lugar de las armas,

tomaron con brio los arados, porque no se pasase el tiempo que

aun quedaba para la agricultura, recompensando siquiera algo en

este mes, (ya empezaba Diciembre) el que se habia desperdiciado

ó perdido en el espacio de tantos otros.

61. En este tiempo llegaron de Buenos Aires, ò de la ciudad del

Puerto, mas amenazas, porque el Marques de Valdelirios con mas

acrimonia escribió al Gobernador por su retirada. Tambien

nuestro Altamirano prohibia con mas rigor se trabajasen las

fábricas de pòlvora que ya tenia entredichas: no se dejò piedra

por mover, y lo que es mas, interponièndose la ayuda y arte del

P. Provincial. Estaba empeñado dicho Altamirano en remover del

lugar y oficio al Cura de San Juan, á quien por falsas

denuncias, y por su pasion, lo tenia entre ojos, porque le

atribuia toda la resistencia de los indios. Mas sus feligreses,

oponièndose otra vez, como lo habian hecho en otras ocasiones,

decian que ellos no sufririan que se le quitasen del todo, hasta

tanto que ellos recibiesen los preceptos de la boca del P.

Provincial, y que le pudiesen proponer las razones que militaban

por la parte contraria. Se frustró, pues, por tercera vez

el proyecto.

62. Se divulgaron tambien por este tiempo en los pueblos varios

escritos y cartas, que habian sido introducidas ocultamente, y

se les interceptaron parte à los Portugueses, parte à los

Españoles, y mesclados á estos los indios: las cuales todas

manifestaban que el ejèrcito portugues estaba intimidado

sumamente, y que no aflojaba la resistencia y obstinacion de los

indios en defender sus tierras. Aunque se portaban amigablemente

en los reales enemigos, y se mostraban blandos ó tratables, esto

lo hacian con doblez ò intencion dañada, porque cuantos salian

de los reales con pretesto de contrato, morian

irremediablemente, y no perdonaban á nadie, aunque fuese

desertor: y por esto los Españoles se quejaban de que el trato

de los Portugueses era doloso, ò nada sincero; y los

Portugueses, de haberles los indios protestado y dicho

claramente que jamas verian sus pueblos.

63. Corria la voz, que habia llegado á Montevideo un navio de

España, y se esperaba que traeria alegres noticias: pero el _run

run_ mezclaba una cosa bien sensible, y era que el P.

Provincial, acérrimo defensor de los afligidos, habia acabado su

trienio de gobierno, y se preparaba á volver à su provincia del

Perú, de la cual habia venido. No faltaban quienes afirmasen (no

se sabe si por sospecha ó algun rumor, ó si se fingió

maliciosamente) que Altamirano habia de tomar el gobierno, mas

no se diò crédito á tan clara mentira.

64. En el pueblo de Santa María iban las cosas de mal en peor,

porque el cura fuè á la Candelaria. Concluidos algunos negocios

del pueblo, siguieron los principales y pidieron al

vice-Superior otro cura, mas por la penuria de quienes supiesen

la lengua, porque casi todos los lenguaraces estaban detenidos y

custodiados por los indios en los pueblos del Uruguay, no se les

concediò lo que pedian. Acababa ya el año de 1754, siendo el

tercero de la persecucion y opresion de esta provincia, y el

primero de la guerra.

65. Los principios del año de 1755 parecieron tranquilos excepto

que, habiendo los Yapeyuanos elegido en el motin pròximo á su

capitan por alcalde, abusando despues este de su autoridad,

conspiraron juntamente con los de la Cruz, lo prendieron,

dàndole algunas heridas por haberse resistido, y lo enviaron

desterrado hácia el Paranà: mas al pasar por el pueblo de Santo

Tomè, sus moradores soltaron al preso, y lo restituyeron á su

libertad; cuyo caso se creyò que ocasionase algun disturbio.

66. Tambien llegaron de Buenos Aires algunos rumores ciertos con

otros inciertos: que las cosas en la Corte estaban muy turbadas;

que Carvajal, autor de estos males, el dia 2 de Abril del año

pasado, con una muerte repentina habia partido al tribunal del

recto juez, Jesu-Cristo, Señor Nuestro, habièndole citado para

aquel lugar tres dias antes un varon de conocida santidad, el

Padre Burke, del Colegio de Escoceses. Que el lugar de este lo

habia ocupado un Irlandes, llamado W... Que el Marques de la

Ensenada, primer Ministro, habia sido removido y privado de su

empleo, y otros 16 ministros con èl, y que todos habian sido

desterrados á diferentes ciudades. Que del primero se habian

confiscado inmensos caudales, y que en lugar de estos, se le

habia consignado 8,000 pesos anuales. Hasta aquí es lo cierto

pero las cosas inciertas que añadia la fama, eran: que la causa

del destierro de tantos Ministros habia sido un oculto tratado

con el Rey de Nápoles, à quien unos dicen querian elevarlo al

Reino, depuesto el que actualmente estaba, y otros para que,

elevado al trono, se opusiese à este tratado; y esta màquina ò

traicion, muchos la atribuian à los Jesuitas. De aquì fingian

unos que el confesor del Rey habia caido de la gracia, otros

tambien que estaba preso. Por horas se esperaba de Europa algun

navio que trajese algunas noticias. Entretanto los españoles

fueron llamados por Gomez Freire à reiterar la guerra en el

próximo Marzo, y añadia, que si no lo hacian asì, tendria por

sospechosa la fé de los españoles, y daria de mano al negocio.

Tambien el Marques de Valdelirios con mayor fervor movia las

cosas de la guerra, habiendo sido llamados para unirse los

Paraguayos: mas ellos poco ànimo mostraban para emprender esto.

Tambien los vecinos de Santa Fé con mas eficacia negaban poder

dar ellos otra vez tropas auxiliares, aunque el teniente de

Gobernador se obstinaba en ello. No obstante de principiar ya

Marzo, no se sentia movimiento alguno. La ciudad de Buenos Aires

padecia graves males; es à saber: hambre é invasiones de los

gentiles, que habitaban hàcia el sur: en una de las cuales

perdieron 30 carretas, que iban à las Salinas, con crecido

nùmero de gente que fué muerta, ni con todo eso se arrepentian:

y aunque claramente esperimentaban que la divina justicia estaba

por la causa de la Compañia, en nada se enmendaban por eso;

antes bien con mas dureza se empeñaban en odios contra la

Compañia, y la llenaban de quejas, achacando à los Jesuitas ser

causa de todos los males y revoluciones.

67. De Lisboa se divulgò tambien un verdadero aviso, que el

primer Ministro de aquella Corte, y familiar del Rey, habia

caido al mismo tiempo que en España aquel principal Ministro,

por un caso inopinado, y habia sido enviado del mismo modo que

el otro, y que todo el Consejo real desde entonces andaba

vacilando, y estaba dividido en diversos dictámenes; y por esto

ya se creia, que todo este tratado se volveria en humo. Acabado

Marzo, los Españoles pedian se difiriese la expedicion para el

estío, porque sería entonces menos molesta á las tropas, y mejor

para los animales. Por tanto se suspendiò, y en todos los tres

meses no se oia casi hablar de otra cosa que de los aprestos de

guerra, y alistamiento de soldados, de los cuales no obstante

venian pocos, y con tibieza.

68. Entretanto todos los pueblos de los indios, y tambien

nuestros colegios en las ciudades de los españoles, imploraban

con mayor confianza el patrocinio de los Santos, è instaban con

oraciones: y especialmente por este tiempo sobrepujó à todos el

Colegio de la ciudad de Santa Fé, dedicando y ofreciendo al

taumaturgo de Bohemia, San Juan Nepomuceno, una funcion el dia

de su fiesta: y cumpliò sus votos con una solemnidad, que casi

no habrá habido en estas tierras otra mayor: porque en la

iglesia se erigió un altar hecho por mano de los indios, y con

grande aplauso, concurso y devocion de toda la ciudad, colocò en

él una grande y elegante estàtua, que habia sido hecha en uno de

estos afligidos pueblos, es à saber, en él de San Lorenzo. La

vispera, pues, se repicaron à mediodia las campanas de toda la

ciudad, las cuales, de moto-propio y no siendo convidados,

mandaron repicar los curas y prelados de las religiones.

Resonaron de lo alto de la torre intrumentos músicos, es á

saber, chirimias, trompetas, cajas y otros instrumentos de este

género: ademas se dispararon los cañones de hierro, y los

morteros con su gran ruido llenaron el aire. Fuera de esto, á

las dos de la tarde toda la compañía formò en procesion delante

de la casa de cierto noble varon, llamado D. Melchor Echagüe, el

cual á uso del pais fué elegido mayordomo del Santo. Y

habiéndose reunido allì un numeroso concurso del cléro, y de los

hijos de Santo Domingo, estaba sobre andas adornadamente la

estàtua del Santo, como se dirà despues. Se ordenó la procesion,

cargando la estàtua del Santo el clero, mesclado con los PP. de

la Compañía, que alternaban con los PP. Dominicos hasta que se

llegó á la iglesia parroquial, que es la principal de la ciudad,

resonando continuamente las armas de fuego, cohetes y la armonia

de la música. Luego que se llegó á la iglesia que, toda adornada

con primor de luces y lamparas muy hermosas, relucia iluminada

interiormente, hecha señal con la campana para visperas, y

colocado el Santo en el mismo presbiterio sobre una mesa, que

para esto estaba adornada, se cantaron por punto las visperas en

que oficiaron nuestros mejores músicos, asistiendo á ellas todo

el clèro y los PP. Jesuitas y Dominicos: concluidas las

ceremonias, en el mismo òrden, aparato y solemnidad, fué llevado

el simulacro del Santo à nuestra iglesia, en donde se cantó el

_Te-Deum_ solemnemente, resonando los cañones de fuego, y

música, y tambien las campanas: y dicha la oracion acostumbrada,

se terminó por este dia la solemnidad acordada. Despues á las

Ave-Marias y final de la fiesta, se encendieron algunos cientos

de lámparas, se iluminó la torre parroquial, y tambien la

nuestra tenia muchas banderas, que con hermosura batian el

viento y se mesclaban con las làmparas. Estando la noche mas

oscura iluminaron el aire los cohetes voladores y se oyò el

estrépito de las armas.

69. Al dia siguiente, desde la aurora, los sacerdotes que no

eran de casa, digeron misa hasta las 9, y mas adelante, estando

siempre la iglesia llena de pueblo de todo género, de condicion

y estado. Despues cantó la misa solemne el Dr. Leiva, párroco de

la ciudad, la que mucho antes habia pedido por un singular

beneficio recibido: lo que llevò pesadamente el Vicario. Un

sugeto de nuestra Compañìa predicó, y muy bien. Estuvo desde

ayer, y todo el tiempo de la misa, la imàgen del Santo sobre el

altar mayor, en un rico trono de oro y plata, reluciendo todo el

altar con este metal, y la efigie del Santo, y principalmente la

mesita donde estaba, toda cubierta de piedras preciosas, perlas

y diamantes. Y aunque todas las matronas de Santa Fé juntaron

sus riquezas para este ornato, con todo, sobrepujò cierta noble

muger, advenediza del reino de Chile, que habia venido á esta

ciudad: la cual, como ya no hubiese lugar en el altar, colocò

bajo de las gradas del presbiterio una mesita con un niño Jesus,

en quien lucian cosas tan preciosas, en oro, diamantes, y

tambien por el arte singular con que las habia dispuesto, que à

todos arrebataba, dejando muy atras à las demas Señoras

patricias. Concluida la solemnidad de la misa, que durò hasta el

mediodia, se sacò del altar mayor la efigie del Santo, y cantado

otra vez el _Te-deum_ los Padres de Santo Domingo, fué colocada

(con increible gozo y alegria de todo el pueblo y ciudad, y

principalmente de nuestros Padres, de que fueron testigo los

reiterados y solemnes repiques de campanas) en su altar propio,

que le habian preparado los afligidos indios; el cual, fuera de

su propia hermosura, estaba grandemente adornado con alhajas de

los vecinos. Se concluyó finalmente la solemnidad, pero no la

devocion: porque ademas de ocurrir nuestros Jesuitas cada dia

con mayor fervor al poderoso patronicio del Santo contra los

murmuradores, tambien no era pequeño el concurso de los de toda

la ciudad en las aflicciones y calumnias que por todas partes se

suscitaban contra los indios, que han sido cometidos por Dios à

nuestra fé y doctrina, y por eso mismo tambien contra nosotros,

como defensores de esta justa causa.

70. Cuando estas cosas sucedian por Mayo en la ciudad de Santa

Fè en honor del taumaturgo de Bohemia, el pueblo de San Miguel,

distinguièndose entre todos, se preparaba á cumplir con otro

semejante altar (excepto las riquezas) sus promesas hechas á

Nuestra Señora de Loreto, cuya descripcion omitimos, por haber

referido la anterior: pero despues por su òrden se referirá,

cuando hayamos hablado de lo que sucediò por Julio; habiéndose

pasado casi tranquilamente el resto de Mayo, y tambien Junio.

71. Dijimos casi tranquilamente, porque no hubo hostilidad

alguna: aunque no por esto dejaron los enemigos de maquinarlas,

pues siempre su descanso es una asechanza, y aunque no hagan

hostilidades, las estan disponiendo y proyectando. Por esta

causa, para privar á la confederacion de los auxilios que debian

dar à los Guaranis las infieles tropas de Guanoas gentiles, (las

que deben ser tenidas como enemigas, aun cuando son amigas, pues

à ninguno, ni aun à Dios, guardan fé) llamaron á ciertos

caciques de ellos, y los llevaron á un castillo que estaba mas

inmediato, para persuadirles lo que querian:--lo que es facil de

conseguir de una gente pobre, y deseosa de donecillos, regalos y

vestidos de ante ò coletos. Fueron algunos à dicho fuerte por

las dàdivas, y tambien (lo que entre cristianos es abominable y

vedado por excomunion) casi los violentaron con las armas, y se

dijo que tambien los habian corrompido ó sobornado. Así lo

contaron despues á nuestros Miguelistas otros caciques de los

Minuanes, que habian participado de los dones ó regalos. Que

algunos de los suyos habian sido pagados para la guerra, y

principalmente uno llamado Moreira, para que en la siguiente

expedicion custodiase los bagages de los Portugueses con su

gente. Que tenian mucha ropa, armas, y se veian armados, y estar

instruidos con alfanges para este fin. Fuera de esto que los

Portugueses, confiados en esta esperanza, erigian un fuertecillo

que habia de servir de oportuno presidio à los reales que se

habian de formar en las montañas de San Miguel, cercanos à las

estancias de Santa María, las que se llaman de Yacegua: pero que

tambien otros caciques de la nacion se escusaban, y que por

tanto avisaban con anticipacion á los amigos lo que se habia

tratado. Por esto fueron despues señalados exploradores

católicos ò cristianos del pueblo de San Miguel, los cuales con

la guarnicion que estaba en los últimos términos de la

jurisdiccion, debian correr la tierra. Recorriéronla, y avisaron

que no parecia enemigo alguno, y reconviniendo al mismo Moreira,

afeándole su hecho, confesò que verdaderamente él habia sido

llamado de los Portugueses, y solicitado con dones por las cosas

sobredichas, pero que de ninguna suerte habia consentido: por lo

cual se habia retirado, habiendo los Lusitanos con furor,

hèchole muchas amenazas. Esto decia èl, mas si fuese verdad lo

que decia se esperaba lo probase el efecto, si se ofreciese la

ocasion; mas por entonces así se creyó.

72. Tambien esparcieron los Portugueses con estas cosas no pocas

mentiras contra los indios, y principalmente que muchísimos se

habian pasado à ellos, y que numerosas cuadrillas á menudo se

iban huyendo de la tirania de los PP., y que ya se contaban y

numeraban algunos cientos de los dichos. Fingian estas cosas con

el fin de provocar á los Españoles á volver à emprender la

guerra, pero despues se descubrieron reos ó autores de la

mentira, cuando por mano del Provincial de la provincia del

Brasil enviaron la lista de los indios que moraban entre ellos:

de los cuales algunos estaban casados, y otros lo pedian: pero

no contaban mas de 50, de los cuales muchos tenian apellidos del

pueblo de San Borja, pero discrepaban en los nombres. Se hallò

tambien que otros, que estaban insertos en dicha lista por su

nombre y apellido, ya se habian restituido otra vez à sus

pueblos. Los Portugueses andaban solícitos en persuadir á los

Españoles estas cosas, mas à los indios les constaban otras: es

á saber, que el Padre Ràbago, (en quien ponian los indios en lo

humano alguna esperanza de su patrocinio) habia sido privado del

confesionario del Rey, que habia caido de gracia, y à mas de

esto, que estaba preso: pero despues avisaron de Europa, que era

impostura y mentira de los Portugueses.

73. Ya fenecia Julio, cuando en el puerto de Montevideo apareciò

una embarcacion mercantil el dia 27 de Julio, la cual traia 150

soldados presidarios para aquel castillo, y 70 Misioneros de la

Compañia, 40 para la provincia de Chile, y 31 para la nuestra;

quedàndose en España los demas, que casi eran otros tantos, con

el procurador que reside en la Corte, y tiene à su cuidado los

negocios de la Provincia y Misiones. En verdad que no causò à

todos poco consuelo esta noticia, especialmente por haberse

llenado la provincia de noticias prósperas, y tambien de cartas

que anunciaban todo favorablemente. Parecia que estaba el

negocio concluido, que la Corte habia desecho el inicuo tratado,

que se regocijaba ò deleitaba con nuestra fidelidad y

obediencia, que habia aceptado la apelacion por parte de los

pueblos, que mandaba se suspendiesen las cosas. Asì se decia à

los principios: mas como las noticias tristes suelen seguirse à

las pròsperas, los Comisarios reales de este negocio divulgaron

todo lo contrario: que estaba aprobada la guerra hecha à los

rebeldes, como ellos decian; que tambien se daban las gracias á

los Ministros por el celo y gasto hecho para sugetar á los

contumaces; que las cosas que se habian dicho favorables, habian

salido de charcos, y no de la fuente; que se habia de proseguir

la guerra y se habia de hacer mas cruda. Para este fin fueron

expedidos nuevos decretos é intimaciones á nuestro Prelado

inmediato, fulminando estragos, y amenazando llevarlo todo á

sangre y fuego, sino se rendian los pueblos.

74. Remitiò estas intimaciones al Gobernador de la Concepcion,

Nenguirù, la Curia, Consejo ó junta doméstica, porque de otro

modo se desconfiaba que se pudiesen publicar: para que este,

interponiendo la autoridad que tiene entre ellos, pasando el

rio, las intimase y promulgase à las provincias y pueblos

obligados à mudarse. Mas este, no confiando del pueblo airado, y

previendo y conociendo que no habia de hacer otra cosa que

aumentar tropas de amotinados, volvió otra vez à remitir à la

Curia todos los papeles, suplicando à los Prelados no diesen

lugar á que la provincia, poco apaciguada, se alborotase aun

todavia mas; ni tampoco obligasen à su cabeza, ó Gobernador, á

exponerse à peligro cierto de muerte. Se aquietaron, y

despreciadas dichas amenazas, se esperaba lo que habia

de suceder.

75. Entretanto por todo Agosto, Septiembre y Octubre, se

reclutaban soldados en las ciudades de españoles y portugueses:

pero en las nuestras no habia sino paz y quietud, y se proveia

que, en tanto que se aquietasen las cosas, se despachasen para

todas partes exploradores como en otro tiempo, y que estuviesen

con mas vigilancia.

76. A fines de Octubre, ó por mejor decir á principios de

Noviembre, el Gobernador de Buenos Aires, pasando el ancho álveo

del rio, llegò á la ciudad de Montevideo, en donde debia

juntarse todo el ejército de Españoles. Tambien se decia que

caminaban hácia Montevideo 200 soldados que habian sido

despachados de la ciudad de las Corrientes, y otros tantos de la

de Santa Fè; pero si esto es cierto ó no, el tiempo lo dirá: que

de los 200 Correntinos no habian quedado sino 80, y que los

demas se habian desertado. Asimismo, que entre los desertores se

habian vuelto à su casa algunos Abipones que el Comandante habia

traido como exploradores, siendo muy baqueanos. Tambien en Santa

Fé, habiendo el teniente convidado para la liga á los Mocobís,

se negó el cacique bàrbaro, y no diò respuesta de tal, porque

dijo:--que él no habia abrazado la ley de Cristo para hacer

guerra contra inocentes cristianos, y que antes bien favoreceria

à los oprimidos, à no ser que se lo impidiese aquel gran rio.

Diario histórico de la rebelion y guerra de los pueblos Guaranis situados en la costa oriental del Rio Uruguay, del año de 1754 · 第 4 / 7 段