48. Con mas lentitud que lo que convenia, tomaban las armas los

indios, cuando el enemigo amenazaba seriamente. Juntáronse los

capitanes Lorenzistas y Miguelistas, eligieron otra vez otro del

mismo pueblo en el oficio de teniente y supremo capitan, sucesor

de Alejandro que habia sido muerto, y despues del dia de San

Miguel recojieron las tropas. Entretanto llegó un aviso cierto,

que los Portugueses se habian apoderado de las colonias del rio

Yaguy, y que intentaban pasarlo; y que, habiendo hecho señal con

un cañon de los mayores, llamaban á los indios para que

hablasen, se entregasen y sugetasen. Pero ellos en nada menos

pensaban que en esto, porque, apareados todos en uno, reusaban,

ó no querian entregar las tierras de sus antepasados en manos de

un enemigo que les habia sido siempre pernicioso. No obstante

habia cierto fundamento, no sé si verdadero ó falso, que el

teniente de San Lorenzo, quien gobernaba la partida de

presidarios de dicho pueblo en las vecinas estancias, habia

llevado á los reales de Gomez Freire los dos sobredichos

españoles, y que en ellos estaba detenido en rehenes. Mas

despues se supo que habian errado en la parte segunda ó

posterior, porque el dicho teniente, habiendo hablado con los

Portugueses, y habiéndoles ofrecido libremente entrada á sus

tierras, les dió mucho ganado para su alimento, pero con el fin

ó estratagema, que luego que saliese el Portugues á las campañas

abiertas de aquellas tierras, de entre las espesuras del bosque,

cercados por los de San Luis, (porque los indios pueden pelear á

caballo con increible destreza, siendo los del Brasil torpes en

este género de milicias) los atacase la caballeria de los indios

en sus tierras, y tambien con número incomparablemente mayor que

los Portugueses, que venian de lejos en caballos cansados con el

hambre y consumidos con los frios, lo que ponia á los indios

iguales en las armas á los Portugueses. Esperaba pues dicho

Lorenzista, que si los sacase á las llanuras de aquellas sus

tierras, los habia de acabar ó derrotar con el ímpetu de su

gente y caballos: pero como casi penetrase el intento Gomez

Freire, se resistió fuertemente, y no quiso salir de entre los

montes y breñas. Cierto indio fugitivo, baqueano de la tierra, y

natural de San Borja, que de muchos años á esta parte se habia

huido de su pueblo, (como suelen los indios malhallados con la

enseñanza, y deseosos de vida mas libre) y habitaba en las

soledades de los bosques que terminan las estancias de los

pueblos, con no pequeña tropa de los de su mismo proceder,

saliendo de cuando en cuando á las vecinas estancias de San

Miguel, arreaba gran número de caballos y ganado, no solo para

su alimento y de los suyos, sino para contratar con los

Portugueses. De cinco años á esta parte, poco mas ó menos,

comenzaron los Miguelistas en las cabezas de sus tierras á

perseguirlo como ladron; y si cierto sacerdote no hubiese

intercedido al capitan de los estancieros, lo hubieran muerto,

como lo tenia bien merecido. Pero dejándolo vivo, lo llevaron á

su pueblo con casi 20 de sus paisanos ó compañeros. Apenas habia

estado en este pueblo un poco de tiempo, cuando en el silencio

de la media noche se fué á incorporar con 60 gentiles de la

nacion Minuana, que poco ha se habia agregado al número de los

catecumenos, y persuadió á muchos que se huyesen; hallándose el

cura á la sazon en ejercicios en el vecino pueblo de Santo Tomé.

"No creais, decia á los Padres, que inmediatamente os han de

llevar con cadenas y grillos á las ciudades de los españoles,

para que seais esclavos de ellos: ¿por ventura no advertis que

os atraen con sus halagos á este fin?" El cura se habia ido á un

pueblo vecino al rio. Habia llegado otro sacerdote, que no

estaba bien impuesto en la lengua, con motivo de confesar á un

indio herido de un tigre. Habia sido enviado antes por los

españoles, y era tan viejo, que desvariaba, sin poder tomar

sueño, con una enfermedad que habia contraido en el camino. A

este decia el embustero, que los españoles venian: "creedme,

añadia, que si esta noche no os escapais, acaso mañana estareis

cautivos." Finalmente, persuadidos con estas y semejantes

mentiras, se huyeron todos, á excepcion cuando mas de 10 mugeres

y niños, quienes estando ya bien hallados con aquel racional

modo de vivir, compraron de sus padres á precio de lágrimas la

licencia para quedarse. Unos tomaron con teson la huida hasta el

rio Ibicuy ó de Arenas, otros hasta sus orillas, otros se

escondieron por los campos y bosques vecinos á la vista del

pueblo, para ver si sucedia algun mal á los suyos que se habian

quedado. Pero, habiendo vuelto al amanecer el cura, é impuesto

de lo acaecido, recojió á los fugitivos y, por sentencia del

Superior de Misiones, envió ó desterró al pésimo consejero

embuidor al pueblo de la Trinidad, de la otra banda del gran rio

Paraná. Con todo, no bastó esto para que este embustero perverso

no se huyese otra vez, y se refugiase finalmente á los

Portugueses, quienes por estas esclarecidas hazañas lo hicieron

corregidor (ó principal del pueblo, como llaman los españoles)

del pago que habian formado de los paisanos del dicho, y

participantes de su suerte: y así lo recibieron solamente para

que diese dictamenes contra su gente y compatriotas.

49. Este versista embustero, pues, resistió audacísimamente, y

conociendo el génio de los suyos, enseñó que habia que recelar:

mas que con maña y estratagema se debia abrir el camino; y él

mismo contuvo con gran prudencia á los Portugueses, que deseaban

entrar al pago de Santa Tecla, por las tierras de San Miguel,

con un ejército poderoso de valor, armas y caballos, que con su

velocidad y arrebatada carrera los hubiera atropellado. Animaba

tambien este Aquitofel á los sanguinarios enemigos con sus

sazonados y agudos chistes. Y no ignorando el odio antiguo de

los Brasileros, que aborrecen á los pastores de este rebaño, y

para hartar tambien el suyo, se llamaba compañero de ellos, y se

les ofrecia á correr la tierra, y recoger las cabezas de los PP.

que cortasen las espadas vencedoras de Gomez Freire.

50. Los Luisistas, que tenian tomado el paso del rio Phacido,

viéndose desiguales en número y armas al enemigo, y que este

intentaba pasar el rio, por engañarlo en sus esperanzas, y

hacerle creer que se querian entregar, bajo capa de amistad, les

dieron ó regalaron toros y vacas para que comiesen y matasen

para su sustento, mientras volaban correos por los pueblos, y se

juntaban los ejércitos. Pasaron finalmente algunas compañías de

Portugueses, y se decia que 20 canoas se habian ido á pique en

las aguas del rio Guazú, cuando las pasaban, y se acamparon á

sus orillas, entre un espeso monte que teñian por una y otra

parte las riberas: y que tambien se habian fortificado con una

estacada que habian cortado de lo interior del bosque. Aunque

los exploradores aguardaban à los que despacharon hácia afuera,

muchos no volvieron, muriendo sacrificados por las lanzas de los

indios. Primeramente, los Luisistas despedazaron seis: otros

veinte, que llevando frenos iban á juntar caballos, como

viniesen los Miguelistas, tres de ellos quedaron víctimas de su

furor. Por estos se supo que los Portugueses padecian hambre, y

que la gente se desparramaba por los montes, buscando con ansia

para comer, los cogollos de las palmas, y que luego que cazaba

uno algun tigre ú otra fiera, volaban los otros, y se mataban

mútuamente; y que con este género de muerte habian acabado 64.

51. En este intermedio vinieron de los campos de San Juan

algunos gentiles y capitanes bárbaros, y se ofrecieron á sí y á

los suyos por auxiliares, y volviéndose despues, fueron á

recoger sus gentes. De las estancias de San Lorenzo, que estaban

próximas al enemigo, se avisó, que la peste de las viruelas se

aumentaba demasiadamente: por lo cual el cura de este pueblo,

despues de vencidas algunas dificultades de los suyos, y la

resistencia de los de su pueblo, se fué allá á proveer de

medicinas espirituales á los enfermos, é impedir con toda

industria no se extendiese este achaque.

52. Ya habia entrado Octubre, cuando compuestas algunas

discordias y desconfianzas que los indios tenian entre sí mismos

se juntaron finalmente las tropas de los pueblos, y el dia 4 se

presentaron delante del enemigo, y enviándole á Gomez Freire

unas cartas, le declararen la última resolucion, que era

defender valerosamente las tierras de sus antepasados, y por

tanto que se volviese en paz á su casa, y que tuviese para sí

sus cosas, dejándoles á ellos lo que era suyo: y que si él

deseaba tanto la paz (porque como habia informado por varios

correos, queriendo engañar los indios, decia que él jamas habia

venido à hacer la guerra; que queria ser amigo de los indios, y

que solamente deseaba tomar posesion de las tierras que el Rey

de España les habia dado) saliese de los montes, bosques y

arenales, y sacase la artilleria gruesa, que ellos tambien se

irian en paz á sus pueblos. Habiendo expresado otra vez Gomez

Freire esto mismo por billetes, escusaba dar respuesta á cosa

alguna, por ignorar él la lengua de los indios, ni entender

bastantemente lo que decian. Se decia que los capitanes

españoles se habian escandalizado con las cartas recibidas, pero

no constaba suficientemente que cosa en especial encendiese así

sus ánimos. Tambien vinieron por este tiempo algunas numerosas

tropas de gentiles Guanás y Minuanes al socorro: á todos los

cuales armaron los indios, señores de las tierras, con lanzas,

saetas y caballos, y así juntaron un ejército de 2,000 poco mas

ó menos, y se mostraban con arrojo desde lejos al enemigo. Con

todo eso aun no parecia oportuno encolerizarse, y venir á las

manos, por estas causas: especialmente porque el enemigo por

aquella parte, donde el rio se descubria, se ocultaba á si y á

sus tropas, en lo denso de los bosques: aunque alguna vez habia

salido de la selva desplegando sus banderas rojas, como deseoso

de pelear. Mas luego que veia que el numeroso ejército de indios

se preparaba para la lidia, se retiraba á sus asperezas. Se

sospechaba que queria solamente atraer á los indios á las

asechanzas y ardides militares que tuviese preparado entre los

montes. Por tanto los indios, enseñados con las trampas ó

engaños, que poco há les habian hecho en el castillo, se

portaban con mas cautela en acometer á tan cobardes enemigos,

usando tambien del dictámen, que aunque los Portugueses en

repetidas veces llamaban para hablar á los principales de los

pueblos, ellos se les negaban, excepto uno. Aquellos que estaban

de la otra parte del rio con Gomez Freire, los capitanes y los

bagajes, que era la mayor parte del ejército, estaban defendidos

por el rio: porque, siendo bastantemente grande, con la lluvia

de semanas enteras habia crecido inmensamente, y por esto,

estàndoles impedido un vado que hace, precipitàndose de los

vecinos montes, el cual solo los indios lo saben, y lo ignoraba

el enemigo, estaban seguros en la ribera opuesta.

53. Oportunamente, en el Salto del Uruguay ó de las Tortugas, en

donde, como se decia, los otros reales de enemigos, á saber, los

Españoles se habian juntado con el Gobernador de la ciudad del

Puerto, se deslizaron en partes, ó desertaron muchos. Porque

como el ejército, que poco há habia salido de estos pueblos del

Uruguay, caminase á paso lento contra el enemigo, porque no

sucediese que estando los caballos cansados y tambien los

soldados, no estuviese apto para acometer al enemigo, comenzó

este á levantar en dicho salto un fuerte. Entretanto con gran

trabajo, ó luchando contra el torrente de las aguas que caen de

aquellos peñascos, movieron las lanchas con intencion dañada, ó

las arrastraron por el suelo con bueyes.

54. Por este tiempo los pastores ó curas de Yapeyú, atemorizados

de los anuncios amenazantes, se disponian á huirse del pueblo, é

irse á los reales de los Españoles: pero fué en vano, porque sus

feligreses los guardaban ó custodiaban con diligencia. Con todo,

uno de ellos, pretestando iba á acudir á una fingida necesidad

de los enfermos en el pago, ó estancia de San Pedro, (donde no

habia enfermo alguno) se escapó rio abajo en un botecillo: mas

habiendo sido pillado por los soldados ó indios, como reusaba

parar, siendo requerido, habiéndole echado un lazo, juntamente

con el botecillo, lo tomaron. Despues fué llevado á los reales

con el marinero, que en castigo le tuvieron atado de pies y

manos toda la noche, á cuatro palos hácia diversas partes, y por

la mañana fué azotado con riendas: mas contra el sacerdote no

hicieron cosa indecorosa, sino algunas amenazas, ponerle miedo

con algunos tiros al aire de escopetas, y con dicterios. Luego

que lo supo el Capitan general de los ejércitos, Nicolas,

habiendo enviado gente que lo custodiasen; lo remitió al pueblo

con seguridad, pidiéndoles en algun modo licencia á los soldados

para ello.

55. Despues de esto se iban arrimando poco à poco los reales ó

campos de los indios á los de los Españoles, que estaban en las

riberas del dicho rio Uruguay, y habiendo enviado por una y otra

parte exploradores, luego llegaron á dejarse ver de tal manera,

que se espantaron los españoles. Observaron los indios, que seis

de ellos, á vista de cuatro, huyeron á su campo, con tal

precipitada fuga, que dejaron una bolsa llena de sal, otra de

bizcocho, y algunas otras cosas, por despojo de los indios que

venian, y se retiraron á su ejército; en el cual, luego que se

dió parte que el ejército de los indios estaba cerca, el

Gobernador y Capitan General mandó tocar llamada, ó à recoger.

Deseaba el Gobernador dejar en el sobredicho castillo algunos

presidarios, mas no habia alguno que se atreviese á estos

peligros, al furor de los indios, y á las calamidades de un

sitio, ni quien hiciese tal hazaña, yendose al ejército sin

esperanza de socorro, y estando la ciudad distante mas de 100

leguas. Comenzaron pues á retirarse los Españoles, aun no

habiendo visto todo el ejército de los indios, y habiendo hecho

solamente presa de algunos millares de vacas en los campos de

Yapeyú. Todos se retiraban á sus casas. Los indios daban priesa,

ó perseguian á los que se retiraban: y aunque facilmente podian

apresurarlos con hostilidades, se abstuvieron de matar, para que

fuese manifiesto á los Españoles, que solamente defendian su

causa y justicia. Tres lanchas por falta de aguas, á causa de

una larga seca, no pudiendo navegar, vararon en la arena: á

estas, por una parte algunos Guaranís, por otra los Charruas

gentiles, les pusieron sitio, prohibiéndoles solamente todo

bastimento.

56. Se decia que del Consejo aulico, que como queda dicho poco

hà se habia juntado, salió un secreto y declaracion de teólogos,

que los indios de ninguna suerte podian ser obligados con guerra

á entregar sus tierras. Y por esto el Rey habia decretado, que

desistiesen totalmente de este negocio, si los indios no

querian; porque ya bastantemente sabian por esperiencia los

Españoles, que los Tapes de ninguna suerte querian ceder sus

tierras; por eso tambien se juzgó que disponian la retirada. No

obstante, poniendose mas contumaz Gomez Frire, se mantuvo otro

mes en la tierra agena, fortificado con los montes, aunque veia

en su presencia todo el ejército de los indios opuesto á él, y

obstinado á no ceder. Sufrian tambien no poco los Portugueses,

de suerte que andaban de aquí para allí buscando cogollos de

palmas, y los despojos de los tigres, y aun por estas mismas

cosas se mataban mútuamente los hambrientos, y se decia que de

este modo habian perecido 69. Ni perdonaban los indios, á los

que andaban descarriados porque en cualquier parte que los

encontraban, los mataban con las lanzas y alfanges: mas de 50

murieron así el dia 4 de Octubre. Hemos dicho que, habiendo

sacado la bandera roja, ó estandarte de guerra, y habiéndola

guardado despues, seis indios, disponiéndose de buena gana sobre

las colinas á la lidia, se atrevieron á provocar al enemigo,

formando sus escuadrones. Salió el Portugues de las asperezas, y

despues mostró la bandera blanca, pero no se atrevió á apartarse

de la màrgen del monte y salir al campo. Entretanto pidió

viniesen á hablar algunos parlamentarios, y fueron enviados

cinco Miguelistas: y como el Portuguez quisiese entablar una

plática larga, humana y molesta, la interrumpieron los enviados,

y les dijeron:--"Que una de dos, ó que se fuesen de sus tierras,

ó que si tenian tanta ansia de ellas, que saliesen al campo,

porque los indios estaban prontos á concluir el negocio con la

espada." Reusaron la pelea, y dijeron que ellos se volverian

luego que tuviesen las respuestas de los españoles: y porque se

recogieron á sus montes, y tambien la mayor parte habia pasado

el rio, dejando 30 hombrea de guardia en el paso, los Tapes se

retiraron á sus reales.

57. Pero hé aquí que se suscitó entre ellos mismos una viva

contienda. Las compañias de tres pueblos altercaban, que solo

los Miguelistas habian llegado á hablar con los Portugueses; que

solo ellos tenian las conferencias entre sí; y los Portugueses,

que ultimamente se gastaba el tiempo, y no se echaba ó obligaba

al enemigo á retirarse, con otras mil cosas de que se quejaban:

y por tanto se disponian á volverse, para quedarse en sus

pueblos. Mientras así convertian con calor su negocio en

diferencias, llegó á tiempo D. Nicolas Nenguirú, sugeto

principal del pueblo de la Concepcion, el cual habia sido

elegido Capitan General de comun consentimiento: este hizo nacer

la esperanza de concordia, y parecia que tomaba fuerza. Como

hasta el 21 estuviesen discordes, determinaron la invasion hasta

el dia 22, lo que no habiendo puesto en egecucion, un cierto

capitan llamado Felipe, se fué otra vez á llamar à los gentiles

Minuanes y Guanas, para que se confederasen con ellos, y con él

vinieron 12 á explorar el real del enemigo. Y despues, habiendo

considerado el aspecto de las cosas, prometieron que habian de

ir á traer 260 de su gente armada, con su capitan José, con tal

que del pueblo les diesen 100, y de las estancias otros tantos

carcases de saetas para su uso. Por horas se esperaban, y se

alegraban ó mostraban regocijos en hacer dos caminos por medio

de la espesura del bosque que hay entre ambas orillas del rio

Phacido ó Yaguy; es á saber, entre los montes, con trabajo de 10

dias, para que mas ocultamente los indios pudiesen tomar la

espalda del enemigo, sin que este llegase á sentirlos.

58. A los de Yapeyú por este tiempo les fué muy mal en lo que

intentaron contra los españoles: porque como algunos de estos

todavia se hallaban en el Salto del Uruguay, y habiéndose ya

vuelto los confederados de los otros pueblos, los de Santo Tomé

quitaron á los españoles ayer por la noche (era la de 3 de

Octubre) 20 caballos con sus sillas, y mataron á algunos de

ellos: por lo cual procurando los españoles les sucediese mejor,

y deseando recuperar sus caballos, siguieron al enemigo; y bien

de mañana dieron sobre un escuadron de 192 Yapeyuanos, que

estaban segregados de los demas, y confiados en sí mismos.

Enviaron por delante tres exploradores, y habiendo estos

llegadose á razones, alegando cada cual la causa de su venida,

los españoles, acercándose à caballo con poca sinceridad, y

numerado el escuadron, mudaron caballos y acometieron á los

indios, que no sospechando tal cosa, se mantuvieron formados;

pero viendose inferiores en número y armas, se entraron y

acogieron á pié en el bosque, y acometieron contra todos los

indios. Algunos españoles murieron, y se esperaba mas cierta

noticia de este lance, cuando Octubre fenecia, con el cual, poco

menos que espirando el capitan segundo, que poco há habia sido

elegido teniente de San Miguel, siendo llevado en un lecho,

llegó de los reales al pueblo para curarse.

59. Las cosas en Yapeyú anduvieron muy turbadas por todo el mes

de Noviembre: porque como los curas de este pueblo lo querian

apartar de la confederacion, no cesaban de persuadirles, que

concediesen á los Españoles paso franco, y abandonasen de facto

las llaves. De tal modo se atrevieron á disponer y administrar

las cosas á su propio arbitrio, y habiendo sacado todas las

telas preciosas de lino, y 62 sacos de algodon, 1,210 arrobas de

lana en 37 sacos, 20 piezas de lienzo de algodon, 14 piezas de

bretaña, 30 sacos de tabaco con 500 arrobas, algunas piezas de

todo género de paño, de angaripola y corales, 1,000 cuchillos,

200 frenos, 200 espuelas, 700 arrobas de yerba, las tomaron, y

repartieron al pueblo libremente: y tratando á sus curas con

imperio, tambien los castigaron cuatro dias con ayunos, no

dándoles sino un solo plato de carne de buey. Quitó ó impidió

este género de insulto ó mal obrar el teniente del capitan de la

Concepcion, y les persuadió tratasen á los PP. con mas decencia.

Empero los individuos de este, y de los otros pueblos vecinos,

deliraban con guerras civiles y motines, porque algunos mas

amantes de sus pastores se dolian de lo que padecian, y los mas

obedientes iban á concitar en su auxilio á los de la Cruz. Pero

la parte contraria confederaba en su ayuda á los bárbaros

gentiles Charruas. Por horas pues se temia, que de esta pavesa

reventase un incendio: mas llegó á tiempo una órden del Padre

Provincial, que se mudasen los curas que servian de tropiezo á

los ofendidos. Para esto partió el cura de la Concepcion, como

mediador de los pastores de aquel pueblo: á la verdad este

varon, José Cardiel, por amor del pueblo ha padecido mucho; y

así con otro compañero se fué allá. Lo recibieron con grande

alegria, con el festivo estrepito de la artilleria, (porque no

ignoraban cuantas cosas habia padecido por defenderlos el nuevo

cura) y colgando las banderas de todo el ejército del pueblo,

como tambien con repique de campanas. Luego que entraron en la

casa de los PP., pusieron de su buena voluntad, y sin ser

reconvenidos, en las manos y á los pies del cura las llaves, y

todas las cosas pertenecientes al Gobierno, con los sellos del

mando, que ya por algunos meses á beneplacito del pueblo los

principales y caciques habian usurpado; prometiendo obedecer en

todo, excepto el punto de transmigracion. Logró esta

pacificacion, y habiéndose hecho tres dias de funerales por los

muertos, visitó los enfermos, y los regaló con algunas cosas que

le habian dado. Les esplicó la manera de tratamiento, y

reprendió las cabezas de la sublevacion, corrigiéndolos

amorosamente. No se supo en este mes otra cosa de lo acaecido en

aquel pueblo.

60. No iban las cosas de mejor modo á los indios en el rio

Phacido, ó Yaguy, porque ya no solamente estaban discordes entre

sí, sino tambien con el capitan Nenguirú: porque como advirtiese

la gente de algunos pueblos que dicho capitan á unos se

entregaba totalmente, y á otros nada, le perdieron tambien la

voluntad. Tuvieron por este tiempo frecuentes pláticas con los

Portugueses, provocándolos siempre á que saliesen á la llanura:

pero asegurados por todas partes ellos en las riberas del rio,

con montes ásperos, habiendo cortado para murallas troncos, y

habiéndose fortificado, se mantuvieron inmobles. No faltaban en

los reales de los indios quienes de noche, y otras veces á

escondidas, se fuesen á los del enemigo, atraidos con las

esperanzas de premios, y á hacer negociacion, la que prometia

abundante el enemigo: y como todos los de los pueblos fuesen á

estas ferias, todos se fingian Miguelistas: era gente de á

acaballo, y á los que veian venir á pié, no querian de noche

creer los Miguelistas. Estas y otras cosas fueron semilla de

muchas discordias entre los ejércitos de los indios, de suerte

que alguna vez hubieron de tener guerra civil ó interna. Y

finalmente, cundiendo el mal, contagió al ejército, y ya cada

uno determinaba volverse á su casa: aunque era obice esto, á

saber, que se volverian, y que reclutadas por todas partes

mayores tropas de los pueblos de la otra banda del Uruguay, y

preparadas armas nuevas, á principios de Enero volverian. Los

mas prudentes no aprobaban este proyecto, porque se esponia toda

aquella provincia, y todos los ganados, con los estancieros, à

las invasiones del enemigo. Mas otros, estando mas obstinados en

su parecer, de facto empezaron à desbaratar el ejército,

yendose. Los primeros que se retiraron á su pueblo ó casas,

fueron los Nicolasistas; pero antes de la partida de estos,

llegaron 200 Guanoas, con sus nobles capitanes, y entonces

volviendo á enviar internuncios à los reales de los Portugueses,

los provocaban á pelear, y desafiaban al enemigo: pero en vano.

Viendo pues al enemigo inmoble, un capitan de gentiles, llamado

Moreira, se fué à hablar con el enemigo, y llevó consigo mucha

yerba y tabaco que pidió á nuestros indios, y tambien carne para

que comiesen: porque decia este, que el hacia esto con engaño ó

doblez. Y volviendo, persuadió à los Miguelistas, con cuyos

caballos y esperanzas habian venido dichos gentiles, que se

retirasen un poco de los reales, porque no fuese que les

sucediese alguna desgracia: porque él habia mesclado veneno en

los regalos que habia llevado, lo cual podia tambien redundar en

daño del ejército vecino, ò de los indios: pero que era público

no haber sucedido cosa alguna adversa. Sospecho que el gentil

habia sido sobornado por los Portugueses, para que persuadiese

la retirada al ejército; porque ¿quien dará entero crédito à una

gente infiel?

Diario histórico de la rebelion y guerra de los pueblos Guaranis situados en la costa oriental del Rio Uruguay, del año de 1754 · 第 3 / 7 段