HILARIO.—He dicho que no me pasa nada, sino que tóo tié su fin y esta
juerga es hora ya que se acabe.
VALENTINA.—Está bien; pero cuando tóo el mundo, y tú el primero,
estábamos tan contentos, ¿qué motivos tienes pa que así de repente...?
HILARIO.—Es mi voluntá. Llama a tóo el mundo y que se vayan.
VALENTINA.—¿Pero es que yo no tengo derecho a saber...?
HILARIO.—¡Tienes derecho! Pero una meaja de calma que ya hablaremos tú
y yo lo que sea menester hablar.
VALENTINA.—Está bien.
HILARIO.—Llama a mi hija. (_Valentina sube despacio hacia el fondo._)
BERNABÉ.—Hilario, yo estoy que no sé lo que me pasa... Yo salía tan
contento y de pronto te veo de una forma que... y comprenderás que...
amos, que necesito una explicación, porque esto...
HILARIO.—No tengo explicación que dar a nadie. Deseo quedarme solo con
los míos. Creo que tengo derecho a hacer lo que quiera en mi casa.
BERNABÉ.—Sí, señor, tiés derecho a hacer lo que quieras en tu casa;
pero el que está en ella y no la ha agraviao, también tié derecho a
saber por qué se le echa.
HILARIO.—Yo no te echo.
BERNABÉ.—No me dices que me vaya, pero me señalas la puerta, conque
verde y con asas... Y yo no salgo de aquí sin una explicación, Hilario.
HILARIO (_Agresivo._)—Y a mí no me paece este el momento de dártela,
¿qué hay?
VALENTINA.—¡Por Dios! (_Le contienen entre los tres._)
BERNABÉ (_Con fría calma._)—Nada, nada. No te acalores. Me has hecho
mucho bien para que me se olvide en cinco minutos. No sé qué es esto:
algo pasa y algo muy grave. Tú me lo dirás hoy, mañana, cuando sea.
Pero escucha, Hilario: hoy, mañana, cuando sea, yo no te daré más que
una respuesta, una... Que si me hacen a cachitos el corazón, aquí
dentro no encontrarán más que lealtad y gratitú pa esta casa. Y ahora
me voy por mi hijo.
ESCENA XII
DICHOS, PACO, ENCARNA, SEÑOR CECILIO, _los_ MURGUISTAS, LAVANDERAS,
VECINAS, VECINOS, TODOS. JOSEFA _y_ SOLE _vuelven a salir colocándose
en su puesto en la pila_. _Paco y Encarna salen delante riendo y
bromeando_.
PACO.—Padre, salimos con murga y tóo, porque queremos que vean ustés
bailar al tío Pelele el... (_Viene con Encarna a primer término
derecha._)
BERNABÉ (_Gravemente._)—Cállate, Paco.
PACO (_Con asombro._)—¿Qué?
BERNABÉ.—Paco.
PACO.—¿Qué pasa? (_Mirándolos a todos._) ¡Oye, pero qué caras!... (_La
gente queda parada en segundo término al fondo._)
ENCARNA.—Es verdá. ¿Qué sucede? ¿Qué es esto? ¡Tóos tan serios!...
PACO (_Riendo locamente._)—¡Ja, ja, ja!... Calla, que ya caigo. ¡Tié
gracia! Como antes le he dicho a tu padre que tenía gana de verlo
serio, pues nos han preparao esa guasa para... ¡ja, ja, ja!
ENCARNA.—Es verdá... ¡ja, ja, ja! y qué bien lo hacen.
PACO (_Cariñosamente._)—Y miá cómo s’han quedao, paecen unas feguras de
celuloide.
BERNABÉ (_Muy serio._)—Paco, que no es chufla.
PACO.—Quíte usté d’ahí, so cómplice. Y miá el municipal; paece la
careta de Dato... ja, ja, ja. (_Ríe._)
BERNABÉ.—Paco, por la memoria de tu madre, que es en serio.
PACO (_Aterrado._)—¿Qué?
BERNABÉ.—Que es en serio, por tu salú.
PACO.—¡Rediez!
ENCARNA (_Temblorosa._)—¿Pero es verdá?
BERNABÉ.—Coge el sombrero y el bastón.
PACO.—¿Pa qué?
BERNABÉ.—Coge el sombrero y el bastón, que nos vamos.
PACO.—¿A dónde?
BERNABÉ.—A la calle.
PACO.—¿Pero y el arroz?
BERNABÉ.—Se nos ha pegao. (_Paco coge su sombrero y su bastón._)
ENCARNA.—¿Pero qué dicen?... ¿pero es de veras esto, Valentina? (_Yendo
a su lado._)
HILARIO (_Atrayéndola hacia sí._)—Es de veras. Tú, aquí, conmigo.
(_A todos._) Y ustés, señores, esto se ha arrematao; gracias por tóo
y hasta otra. (_Se van marchando todos poco a poco y en silencio,
quedando en las puertas sin desaparecer._) Señor Cecilio, puén ustés
retirarse.
CECILIO.—¿Repito el pasacalle pal desfile?
AQUILINO.—Desfile sin repetir na, haga el osequio. (_Vánse los
murguistas. Josefa y Sole vuelven a ponerse a lavar, en silencio, sin
ruido._)
PACO.—Pero padre, ¿qué es esto?... ¿por qué nos vamos? ¿por qué nos
echan?
BERNABÉ.—No te lo puedo decir.
PACO.—¿Pero es que le he faltao yo a alguien en algo? Al que le haiga
yo faltao en algo, que lo diga. (_A Hilario._) ¿Le he faltao yo a usté?
(_Pasando a su lado._)
HILARIO (_Con desabrimiento._)—A mí no.
PACO.—¿A quién le he faltao yo?... Señor Aquilino, usté que es
autoridá, ¿le he faltao yo a usté en algo?
BERNABÉ.—Tú no has faltao a nadie, hijo mío.
PACO.—Entonces ha sío usté... porque de no haber sido yo, tié usté que
haber sido...
BERNABÉ.—¿Pero es que dudas de mí?
PACO.—¿Qué ha hecho usté pa que nos echen?... ¿qué ha hecho usté pa
destrozarme la felicidad? ¿qué ha hecho usté, padre?
BERNABÉ.—¿Que qué he hecho yo?... Quererte con toa mi alma, y cuando
nos creíamos más dichosos, salgo y me dicen que nos vayamos; pido
explicaciones y no me las dan y quiero exigirlas porque me sobran
agallas, pero me acuerdo que hasta la ropa que llevas se la debemos a
este hombre y me repudro y me achanto y me voy a la calle. No puedo
hacer más, es decir, no puedo hacer menos. ¡Vámonos, hijo! (_Coge su
sombrero._)
PACO.—¿Pero es que llora usté?... Caray, porque eso no. Que antes de
que se le caiga a usté una lágrima, me desnudo yo aquí mismo y dejo la
ropa y el corazón y lo que sea menester dejar.
BERNABÉ.—Ámonos.
PACO.—Sí, señor.
ENCARNA.—¡Paco!... (_Suplicante._)
PACO.—Es la primera vez que le veo llorar y mi padre no... ¡A la calle!
BERNABÉ.—Y coste que me voy con la frente muy alta.
PACO.—Y si quié usté, pa que la lleve más alta le saco yo a usté en
brazos.
BERNABÉ.—Quedar con Dios.
PACO.—Buenos días. (_Vanse abrazados foro izquierda._)
ENCARNA.—¿Pero qué es esto, padre, hable usté?... Si estoy que me
muero... Si esto no pué ser... tanta felicidá y de repente... ¿qué ha
pasao por esta casa, Valentina, qué ha pasao? (_Yendo a su lado._)
VALENTINA.—¡Yo no lo sé, Encarna, no lo sé; estoy como loca!... pero me
da el corazón que por esta casa... ¡por esta casa ha pasao la envidia!
ENCARNA (_Aterrada._)—¡La envidia!
SOLE (_Aterrada._)—¡Madre!
JOSEFA.—¡Silencio! (_Cuadro._) (_Telón rápido._)
=Intermedio musical.=
=Mutación=
CUADRO SEGUNDO
Gabinete humildísimo en casa del señor Bernabé.
En la pared del foro dos balconcitos con puertas vidrieras y
cortinas por dentro. A la izquierda la puerta de entrada al piso
con mirilla, cerradura y llamador de hierro que sonará cuando se
indique.
En los laterales derecha dos puertas que dan acceso a habitaciones
interiores. Entre ambas, una silla con el chaleco, chaquetilla,
montera y capote de paseo de Paco.
Mobiliario: un sofá foro izquierda y unas cuantas sillas de anea.
Una cómoda vieja entre los dos balcones y sobre ella varios
retratos deslucidos. En la pared una cabeza de toro disecada.
Números de «La Lidia» pegados por distintos sitios.
En el centro de la habitación hacia la izquierda una camilla con un
tapete de hule. Encima una botella de barro y un vaso. Es de día.
ESCENA PRIMERA
_La_ RITA. _El_ TÍO PELELE.
_Al levantarse el telón nadie en escena. Sale Rita segunda derecha,
con un lío de capotes y dos estoques de matar, que deja sobre el sofá.
Llaman a la puerta._
RITA.—Ya voy, ya voy. (_Abre._) Alante.
PELELE (_Con traje de fiesta._)—Buenas las tenga usté, señá Rita.
RITA (_De mal talante._)—Regulares las quisiera, hijo.
PELELE (_Quitándose el sombrero._)—Yo, como es la costumbre... ¿Y su
hermano de usté y su sobrino?
RITA.—Ahí están, empezando a vestirse pa la corrida.
PELELE.—Pos un servidor, como le ofrecí a Paco de hacerle de mozo de
estoques, pos venía pa ello.
RITA.—¡Usté de mozo!... Bueno, asiéntese usté. (_Le da una silla._)
PELELE.—S’agradece. (_Se sienta a la izquierda de la camilla. Con gran
interés y bajando un poco la voz._) ¿Y qué, los ánimos andarán mu
caídos por esta casa?
RITA.—Ni quiá usté saber; con eso de no haber sabío de la Encarna en
tres días que van del desgusto, pos el chico está que su alma se la
arrancan. (_Queda de pie a la derecha._)
PELELE.—¡Con tantas ilusiones y tóo pol suelo en media hora!
RITA.—Un asco de mundo. ¡Pos la señá Valentina, la pobre, también
estará pa que la pidan una fábula!
PELELE.—¿La señá Valentina?... Más serena que usté y que yo. ¡Eso es
una mujer! Del _seso_ femenino no se encorambra con más agallas.
RITA.—¿Pero no se l’ha venío el mundo encima?
PELELE.—Se le ha venío el mundo encima, pero ella lo ha apartao y ha
seguido pa alante. Amos, eso hay que verlo. Misté, de que supo por
boca del mismo señor Hilario que estaba acusá de mantener relaciones
_inlícitas_ con su hermano de usté, que fué y no le dijo más que esta
cosa lacónica: “Ah, ¿pero era eso?—Eso.—¿Y has dudao de mí?—Y dudo”, le
refutó él. Y fué ella, se quedó un poco amarilla, levantó así la cabeza
con orgullo, miró al señor Hilario de hito en hito, prorrumpió en una
carcajada consistente en ¡ja, ja, ja! agarró sus cuatro trapitos y echó
a andar calle alante, tranquila y serena.
RITA.—Amos, miá que ese tío está loco. ¡Dejarse marchar a una mujer
como la Valentina!
PELELE (_Dando un puñetazo en la mesa y poniéndose de pie._)—Y quedarse
con la perra de la Josefa, que dende el desgusto es la que lleva el
remo de la casa. Y pa mí que ella es la del anónimo... y la causanta
de tóo...
RITA.—Pero qué me va usté a contar, hijo, si la tengo conocida de
chica, que íbamos juntas a la escuela y siempre estaba castigá de
envidiosa que era. Que, vamos, un día—pa que se vea lo que son las
presonas,—fué y tenía yo una berruga aquí, mal señalao, (_En la
mejilla._) que decían tóos que me hacía muchisma gracia, y fué ella
y pa que no la tuviese, me la quemó con una cosa negra que le dicen
nitrato, que me hizo de ver las estrellas; que yo no la he vuelto a
tratar en mi vida desde entonces.
PELELE.—Pero señora, si su segundo marido tuvo que retirarse de con
ella y se fué a Buenos Aires por no matarla. Y su primer marido no
digamos, que ahí lo tié usté vivo y sano, que es el señor Antonio el
cañamonero, que cuando habla de ella hay que taparse los oídos con
hidrófilo.
RITA.—Pero oiga usté, ¿cuántos maridos le viven?
PELELE.—Bueno, digo maridos, porque de alguna manera hay que llamarle
en sociedad a cierta clase de ñudos.
RITA.—Sí, ñudos, ñudos... corredizos. (_Llaman._)
PELELE.—¿Quién será?
RITA.—Voy a ver. (_Abre._)
ESCENA II
DICHOS, SEÑOR TOBÍAS. _Es un tipo de tabernero rico, vestido de fiesta.
Cadena de oro muy gruesa, sombrero ancho, puro en la boca y un palasán
muy gordo, con bola de hierro._
RITA.—Pasa, Tobías.
TOBÍAS (_Entra y da un golpe en el suelo con el bastón._)—¡La panocha,
qué cochino mundo! Amos, que si no lo viese uno...
RITA.—¿Qué te pasa?
TOBÍAS.—Dile a Bernabé que salga, maldita sea la liendre, que un
asesinato de esa forma no lo consiente mi cuerpo.
RITA.—¿Pero qué estás diciendo?
TOBÍAS.—Que a ese tío le pego yo un tiro en la sien, apuntarlo. Que
cuando se es amigo de un diestro se es amigo y no se debe consentir que
se le menoscabe ni se le atropelle.
RITA.—Bueno, pero...
TOBÍAS.—¡Ladrones!... ¡Qué proceder con un debutante! Ahora, que no se
han fijao en mi punto de apoyo y yo escalabro a uno. (_Mirando a la
garrota._) Hoy ejerces.
RITA.—Pero...
TOBÍAS.—Que salga tu hermanito, hale...
RITA.—Es que está en calzoncillos.
TOBÍAS.—Mejor. Pa lo que le voy a decir, sobra; porque Paco no torea
esta tarde. Eso firmao.
RITA.—¿Qué dices?
TOBÍAS.—Lo dicho. Hale, que es urgente.
RITA.—Voy, voy. (_Vase primera derecha._)
PELELE.—¿Pero es que ocurre algo?
TOBÍAS (_Que pasea agitado._)—¡Qué granujá! ¡Maldita sea la liendre!
PELELE.—Tome usted asiento.
TOBÍAS.—No quiero. (_A Pelele._) No es a usté. No quiero, no quiero y
no quiero consentir una infamia como esa. ¡Abortarnos un torero de esta
manitú! ¡Canallas!... ¿De dónde?... Aquí está mi cuerpo pa que no. Hoy
ejerces. (_Blande la estaca._)
ESCENA III
DICHOS, BERNABÉ. _Sale primera derecha con el calzón ya puesto y una
americana de casa._
BERNABÉ.—Hombre, Tobías.
TOBÍAS.—Hola. Hagan el favor. (_Indica que se vayan Rita y Pelele._)
BERNABÉ.—Chico, dispensa, pero nos estamos vistiendo porque son las
dos, y la cuadrilla... (_Vanse Rita y Pelele segunda derecha._)
TOBÍAS (_Con misterio._)—Pues no sigas vistiéndote, Bernabé.
BERNABÉ (_Asustado._)—¿Qué pasa?
TOBÍAS.—Que tú no sabes lo que os han fraguao pa esta tarde.
BERNABÉ.—¿Qué nos han fraguao?
TOBÍAS.—¡Una infamia horrible!
BERNABÉ.—¿Qué dices?
TOBÍAS.—Que quién machacarle a tu hijo el porvenir, pero eso no será...
mientras a Tobías Peñasco le quede (_Accionando conforme habla._) un
dedo de vergüenza, un palmo de dinidá y una vara de acebuche. (_Por el
bastón._) ¡Hoy ejerces!
BERNABÉ.—Bueno, pero dime pronto...
TOBÍAS.—Agárrate, que de pie no lo aguantas.
BERNABÉ.—Venga.
TOBÍAS.—Bueno, pues que Hilario, que desde el desgusto que tuvísteis,
está ciego contra vosotros, ha ido a decirle a don Isidro Solano, el
empresario de Tetuán, que ya no tiene interés por Paco; y ese tío
asqueroso que le debe más de nueve mil pesetas, oliéndose que si tu
hijo queda mal esta tarde, el señor Hilario tendrá una gran alegría,
¿qué dirás que ha hecho el muy granuja?
BERNABÉ.—¿Qué ha hecho, Tobías? porque yo ya estoy con un sobresalto en
el corazón, que tóo me lo espero.
TOBÍAS.—Pues que a última hora, ha fijao un anuncio en el cartel
diciendo que se le han estropeao tres toros y en vez de los seis
Bobadillas que tenía preparaos para Paco y el Herrerito y que eran seis
merengues de fresa, los ha sustituído por seis marrajos... agárrate...
de Pérez Labulla.
BERNABÉ (_Aterrado._)—¡¡Labullas!! ¡Mi madre!
TOBÍAS.—Vengo de los corrales. Son seis mansos pregonaos, con más poder
que un mercancías, y con unos cuernos, que ¿tú has visto el palo ese
de la telegrafía sin hilos, que hay en San Fernando el Jarama? pos un
mondadientes en parangón.
BERNABÉ.—¡Pero eso es un asesinato!... ¡Labullas pa un prencipiante!...
¡y en el estao de ánimo de ese chico!... (_Con indignación._)
¡canallas!... ¡asesinos!
TOBÍAS.—Bernabé; Paco no debe torear esta tarde.
BERNABÉ.—Pero si no torea, ¿cómo queda, Tobías?
TOBÍAS.—Entero; pero como toree te lo traes en un pañuelo de hierbas,
que tú no has visto el ganao.
BERNABÉ.—¡Calla, por Dios!... ¡Ladrones!... ¡Infames! ¿Qué hago, qué
hago, Tobías, qué hago?... Si torea, tal como está Paco, un bueyacón de
esos me lo pué mandar al hospital. Ya lo sé; pero si pone una excusa y
no torea, pos se ve el miedo... y vienen el descrédito, la burla y la
miseria... ¿Qué hago, Tobías? ¿Qué hago?
TOBÍAS.—¡Qué sé yo, Bernabé, si tampoco sé qué decirte!... Ahora, que
esta infamia que os hacen no la aguanta mi cuerpo, y yo te garantizo
que esta tarde va a haber una de cabezas vendás en la plaza e toros que
va a parecer que la corrida se está dando en Aragón. (_A la estaca._)
Hoy ejerces. (_Se oye ruido de cascabeles. Sale por la segunda derecha
el tío Pelele y va a abrir._)
BERNABÉ.—Calla, que ha parao un coche. (_Se asoma al balcón._) Es la
cuadrilla.
TOBÍAS.—Buenos vendrán los pobres chicos si han visto el ganado.
(_Llaman._)
PELELE (_Abriendo._)—Yo me voy a decírselo tóo a la señá Valentina.
(_Entran los toreros y sale él, dejando la puerta abierta._)
ESCENA IV
DICHOS. _El_ ZIPILÍN, _el_ VIGUDÍ _y el_ TELARAÑA, _con trajes de
luces, capotes de paseo. Todo muy pobre y viejo. Entran con cara de
pánico, temblorosos._
LOS TRES.—Buenas tardes.
BERNABÉ.—¡Hola, jóvenes!
ZIPILÍN.—¿Ya sabrá usté el cambiazo?
BERNABÉ.—Sí, hijo, sí. Me lo ha dicho, aquí, el señor Tobías.
VIGUDÍ.—¡Nos echan Labullas!
BERNABÉ.—¿Y habéis visto el ganao?
VIGUDÍ.—¿Que si le hemos visto? Seis enormidades corniveletas, señor
Bernabé.
ZIPILÍN.—Esos bichos no se le echan a una cuadrilla debutanta, a menos
que se esté conchavao con el trus funerario...
BERNABÉ.—Hombre, no será tanto...
TELARAÑA.—Ya los verá usté. ¡Qué cuernos!... Tiran un viaje y es con
kilométrico. (_Indicando la dimensión del cuerno._)
TOBÍAS.—¿Y cómo os habéis vestío tan pronto?
ZIPILÍN.—Por disfrutar un rato más de la ropa.
VIGUDÍ.—¡Nos van a desnudar en seguida!...
TELARAÑA.—Darme un cigarro... yo no hago más que fumar. (_Bernabé le da
un pitillo._)
ZIPILÍN.—Con permiso... (_Se sirve agua. Tiembla la botella sobre el
vaso._) ¡Tengo una sequedá de boca!...
TOBÍAS.—¿Pero es que tiemblas?...
ZIPILÍN.—¿Pos qué creía usté, que repiqueteaba el tango argentino?
BERNABÉ.—¡Bueno, hijos; hay que tener ánimos!
VIGUDÍ.—No, si después de tóo qué me pué pasar a mí, que R. I. P...
Bueno, pero tengo una satisfación, que no se alegrará nadie. No tengo
amigos.
PACO (_Dentro._)—Padre...
BERNABÉ.—Por Dios santo, que no os vea Paco acoquinaos.
ZIPILÍN.—Sí; pero la verdá hay que decírsela.
TOBÍAS.—Bueno; pero de cierta manera.
ESCENA V
DICHOS _y_ PACO, _primera derecha. Sale con la taleguilla puesta y la
faja en la mano._
PACO.—Padre, hágame usté el favor de ayudarme a la faja.
BERNABÉ.—Sí, hijo mío.
TOBÍAS.—Hola, Paquillo.
PACO.—Adiós, señor Tobías. (_A la cuadrilla._) Y vosotros, qué pronto...
ZIPILÍN (_Esforzándose por sonreir._)—Las ganas que tié uno de salir
de...
TOBÍAS.—¿Y qué, hay muchos ánimos, pollo?
PACO.—Pos ya ve usté; a cumplir. Ilusión... alegría... Eso ya, después
de lo pasao... Agarre usté, padre... (_Afectado._)
TOBÍAS.—(¡Se le nublan los ojos!)
BERNABÉ.—(¡Pobre hijo mío!) (_Paco empieza a ajustarse la faja que el
señor Bernabé sostiene en sus manos por el otro extremo._) Pues náa,
Paco, aquí los chicos, venían, sabes, a decirnos que... vamos... que
hay unas pequeñas variantes en el cartel.
ZIPILÍN.—No tan pequeñas.
PACO (_Que ha dado dos vueltas liándose la faja, se detiene._)—¿Qué
variantes?
BERNABÉ.—Pos náa, que ya no toreas esta tarde seis Bobadillas.
PACO (_Sorprendido._)—¿Que no toreo Bobadillas?
BERNABÉ.—No; los han sustituído por seis bichos de...
PACO.—¿De quién?
BERNABÉ.—De Pérez Labulla.
PACO (_Con terror._)—¿Labulla?... ¿Yo Labullas?
BERNABÉ (_Con amargura._)—¡Labullas!
PACO (_Se deslía._)—¡Ay, padre!... ¿Labullas a mí?...
ZIPILÍN.—¡A nosotros!... ¡Una infamia, Paco!
PACO.—¿Esa corrida que no ha querío torear nadie?
VIGUDÍ.—¡La _mismisma_!
PACO.—¿Esa que le llaman la del pa... pa... la del papánico?...
TELARAÑA.—La propia.
PACO.—¡Pero, padre, echarme Labullas!... ¡Eso es darme una puñalá
trapera!...
BERNABÉ.—Sí, hijo; es una infamia la que te hacen. No sirve
negártelo... pero es que quién machacarte el porvenir. Reirse de
nosotros... vernos en la miseria, y eso, Paco, eso...
PACO.—Es verdá, es verdá, padre... Tié usté razón. ¡Pos no!... ¡Maldita
sea! ¡No se ríen! (_Da tres vueltas en la faja y se detiene de
pronto._) ¿Y vosotros habéis visto el ganao?
ZIPILÍN.—Lo hemos visto.
PACO.—¿Y qué?
ZIPILÍN.—Que ajustamos el árnica en mil pesetas y pierde el
farmacéutico.
PACO.—¿Que pierde?... (_Desliándose de la faja._) ¡Ay, padre, que dice
que pierde!...
BERNABÉ.—No te apures, que allí estaré yo, apretando en lo alto;
echando el corazón pa quitarles poder a esos bueyes ladrones...
TOBÍAS.—Piensa en tu pundonor, en el pan de este viejo.
PACO.—Sí, señor, sí; es verdá. (_Da dos vueltas._) Sea lo que Dios
quiera.
ZIPILÍN.—Lo malo es el primero que te echan. Un jabonero sucio.
PACO.—¿Sucio? (_Se detiene._)
VIGUDÍ.—¡Una asquerosidad!
TELARAÑA.—Y disforme.
PACO.—¿Grande?
VIGUDÍ.—Un automóvil con dos chuzos.
PACO.—¿Dos chuzos? (_Se deslía._) ¡Dice que dos chuzos, padre!...
TOBÍAS.—Paco, hay que estar sereno.
PACO.—¿Sereno con dos chuzos?... Es demasiado, señor Tobías... ¡Qué
infamia!... El día de mi debut, a última hora echarme Labullas... y
sabiendo cómo estoy... ¿Qué hago, padre, qué hago?...
BERNABÉ.—¡Qué voy a decirte, Paco!... Haz lo que quieras... Si fuera
yo, yo ya sé lo que haría, pero yo no soy nada mío... ¡tú, tú eres mi
hijo!
PACO.—¡Pues no, no se ríen!... ¡no!... ¡Quedaré como usté quedaría,
(_Dando vueltas rápidamente._) como usté quedaría!... (_Al dar la
última vuelta a la faja cae en brazos de Bernabé._) ¡Sí... sí,
señor!... y si me matan, que me maten... que me maten...
BERNABÉ.—¡Hijo mío!
PACO.—¡Padre!... (_Quedan abrazados._)
VIGUDÍ.—¡Nos están dando el vermú! (_Conmovido._)
TELARAÑA.—¡Pos sí que es un cuadrito!
ZIPILÍN.—¡Se me está poniendo el corazón que hoy no le pongo yo
banderillas ni a un caracol! ¡Maldita sea!
ESCENA VI
DICHOS. VALENTINA. _Detrás_ PELELE. _Al final_ RITA _y_ AMIGOS 1.º, 2.º
_y_ 3.º, _puerta izquierda_. _Valentina viene con mantón de Manila y un
manojo de claveles en el pecho_.
VALENTINA.—Buenas tardes.
PACO (_Asombrado._)—¿Usté?
VALENTINA.—Servidora.
BERNABÉ.—¿Tú aquí?
VALENTINA.—Yo aquí a daros ánimos, y luego a la corrida a aplaudiros.
Sé lo que os han hecho. Me lo ha venío a decir el tío Pelele.
BERNABÉ.—¿Sabes la infamia?
VALENTINA.—Lo sé todo.
PACO (_Casi llorando._)—¡Me echan Labullas señá Valentina, Labullas a
mí!...
VALENTINA.—No le hace. Que te echen lo que quieran. Tú eres un hombre y
quedarás como un hombre.
BERNABÉ.—¡Pero Valentina, qué has hecho!... ¿No tiés miedo de lo que
digan si saben que has venío a esta casa?
VALENTINA.—Déjalo... Si cuando hablan mal no dicen la verdá, que digan
lo que quieran. ¿Pos qué, os iba yo a dejar solos, acoquinaos en una
tarde como la de hoy, víctimas de una venganza asquerosa?... ¡En jamás!
¿No nos ha unío la infamia? Pos siquiera que nos sirva esta unión pa
darnos alientos unos a otros y pelear juntos contra ella. ¡Conque
arriba el ánimo!...
BERNABÉ.—¡Valentina!
VALENTINA.—¿Pero qué pasa aquí?... ¿A qué vienen esas caras de
pánico?...
PACO.—Es que creo, señá Valentina, que los toros...
VALENTINA.—No hagas caso... ¿Que salen toros que pegan? Ese es el
oficio. ¡Más grande el triunfo! Levanta el corazón pa que no te den en
él y fe en Dios y en las agallas de cáa uno. ¿No se juega esta tarde tu
porvenir?... Pos a jugarlo.
ZIPILÍN.—Señora, usté no ha visto cuernos como los que...
VALENTINA.—Yo he visto cuernos de todas clases, pollo. Hombres es lo
que quiero ver ahora.
VIGUDÍ.—¿Pero no los querrá usté ver por el aire?...
VALENTINA.—Por donde sea menester... ¡Pero a qué viene ese canguelo!...
¡Pero esto es cuadrilla u un pin, pan, pún!... Ánimo los valientes,
que paecéis ahí cuatro gelatinas... Y tú, Bernabé, dales el ejemplo,
levanta esa cara, vengan los arrestos de otros días, y tú que lo sabes
diles cómo se pelea y cómo se ganan las palmas... ¡Mirarme a mí, me
he quedao sola, calumniá, en metá e la calle; pos como no lo merezco
lo desprecio y aquí me tenéis, tan conforme y tan compuesta, de cara
a la vida, y alante siempre! ¡Conque si os faltan agallas, decírmelo,
porque yo, una pobre mujer, soy capaz de irme a la plaza y matarme los
seis toros! (_Todos han cobrado ánimos y sus caras tristes van tomando
expresión de valor y confianza._)
VIGUDÍ (_Con entusiasmo._)—¡Señora, es usté mejor que tila!
TOBÍAS.—¡Tié razón!
BERNABÉ.—¡Valentina, eres como un rayo de sol que tóo lo llena de
alegría y de ánimo!
PACO.—¡Sí, señora, ya soy otro!... ¡Que me echen Labullas!... ¡El tifus
va a ser una ligera indisposición compará conmigo! (_Se pone chaleco y
chaquetilla._)
BERNABÉ.—Rita, Pelele... Las chaquetillas, mi sombrero...
PACO.—Venga todo... Elefantes voy a matar yo esta tarde.
ZIPILÍN.—¡Ahí los hombres! (_Sale Rita. Unos a otros se ayudan
llenos de entusiasmo, nerviosos... beben, fuman, se mueven. Se oyen
en la calle los sones alegres de una charanga que se aleja tocando
un pasodoble torero. Se escucha el ruido de los coches, sonar de
cascabeles. Voces de gente alegre. Gritos de “¡Eh, a la plaza, a la
plaza!”. Restallar de látigos. Mucho bullicio y animación. Bernabé
hace mutis primera derecha. Entran los Amigos 1.º, 2.º y 3.º por la
izquierda._)
AMIGO 1.º—Hola, Paco, aquí venimos a saludarte.
PACO.—¡Hola, señores! (_Coge el capote._)
AMIGO 2.º—¡Toma un puro!
AMIGO 3.º—¡Amos, que ya es hora!
AMIGO 1.º—¡A ver cómo queda Madrid!
TOBÍAS.—¡Amos allá, señores!
PACO.—La montera...
AMIGO 1.º—Si la llevas puesta...
PACO.—¡Ah, sí, es verdá!... Vaya adiós... Hasta luego, señá Valentina.
(_Le da la mano._)