VALENTINA.—Qué sé yo, mujer. Y no creas, que la salidita esa me tié

intrigá.

SINFO.—¿Por qué?

VALENTINA.—Pues que no ha habío forma de que me dijese ande se

marchaba.

ESCENA VI

DICHOS, SEÑOR HILARIO, AQUILINO (_Guardia municipal_), COSME, SEÑOR

CECILIO _y_ CINCO MURGUISTAS

HILARIO (_Se asoma con cuidado por la puerta y da dos golpecitos en el

suelo con el bastón._)—Valentina.

VALENTINA.—¡Ay, hijo, qué susto! (_Retroceden hacia la derecha._)

SINFO.—Miá si antes le nombramos.

HILARIO (_En voz baja._)—¿Y la chica?

VALENTINA.—En el tendedero.

HILARIO.—Me alegro.

VALENTINA.—Pero, ¿qué pasa?

HILARIO (_Imponiendo silencio._)—Chist... (_A alguien que le sigue._)

Introducirse, patrulla. (_Entran los murguistas con sus instrumentos

y Aquilino y Cosme con una caja, un lío de ropa al parecer y otros

paquetes._) De puntillas, virtuosos.

SINFO.—¡Qué comitiva!

VALENTINA.—Oye, ¿pero traes charanga?

HILARIO.—Cinco _Bentovenes_ y este Puchini. (_Por el señor Cecilio._)

VALENTINA (_A Aquilino, que está a su lado._)—Y usté, ¿qué lleva aquí?

AQUILINO.—Fuegos artificiales, faroles a la veneciana y cadeneta

tricolor.

VALENTINA.—Pero, ¿qué preparas?

SINFO.—Alguna de las suyas.

HILARIO.—Chist... ya lo sabrás todo. Usté, señor Cecilio y sus

diznos... (_A Aquilino._) ¿cómo les llamaríamos a los de la banda?

AQUILINO.—Bandoleros.

HILARIO.—Y sus diznos bandoleros, introdúzcanmese en ese gabinete,

que ahora les será remitido bajo sobre un frasco de vino pa que vayan

tomando bríos.

CECILIO.—Usté mándenos vino, que ya verá usté cómo soplamos.

HILARIO (_Indicándoles la habitación._)—Pa adentro.

CECILIO.—Y pa afuera.

HILARIO.—Bueno, ahora pa adentro. (_Los encierra en la primera

izquierda._)

VALENTINA.—Pero Hilario... pero ¿qué es este misterio, si pué saberse?

HILARIO.—¡Chits! Valentina, al verme venir con el señor Cosme Pedrajas,

más conocido por Tarángano...

COSME.—Campeón del mundo en el chascarrillo baturro, pa servir a usté.

HILARIO.—Y con el probo urbano señor Aquilino Larrea...

AQUILINO.—Cuyo lema es: “Allá donde fueres, ríete lo que pudieres.”

HILARIO.—Habrás comprendido que el programa de festejos que nos traemos

compite vitoriosamente con el de la atracción pa forasteros.

VALENTINA.—Bueno; pero si lo que yo no me explico...

HILARIO.—Paso a aclararte... Tú sabes, Valentina, que Paco Cebrián,

_Chico de las Peñuelas_, hoy por hoy la única esperanza seria del arte

taurómaca nacional e hijo del antiguo y afamao picador de toros señor

Bernabé Cebrián, _Tomates_, va a contraer matrimonio canónigo con mi

hija Encarna, que, a medias contigo, es la reina de mi corazón.

COSME.—Elocuente.

AQUILINO.—Conmovedor.

HILARIO.—Pues bien, como ahora mismo vendrán Paco y su padre a pedirme

la mano de la chica, quiero solenizar este día regalándole a él el

capote de paseo que ha de lucir el domingo en Tetuán y a ella el mantón

de Manila con que ha de concurrir a dicha fiesta; prendas que te

serán exhibidas _iso fazto_ por los pollos que al margen se expresan.

Desenvolvan. (_Cosme enseña el mantón y Aquilino el capote._)

VALENTINA.—¡Qué preciosidad!

SINFO.—¡Jesús, qué hermosura!

HILARIO.—¿Te gustan?

VALENTINA.—Un encanto. ¡Y no me habías dicho na, so arrastrao!

HILARIO.—Quería sosprenderos. Y ahora comprenderás también que lo de la

murga tiene por ojeto amenizar el azto de la entrega de estas prendas

a los agraciaos; azto que quiero que se verifique con la solemnidaz de

_rública_.

VALENTINA.—Te he cogío la idea. Entrega, bailoteo, un arroz, mucha

gente, cohetes, música, ecétera, ecétera.

AQUILINO.—El ecétera de González Byas y en grandes proporciones, si pué

ser.

HILARIO.—Me has calcao el pograma, reina. (_La abraza._)

VALENTINA.—Descuida. Voy a convidar a media vecindaz.

SINFO.—Verá usté qué festival organizamos.

ENCARNA (_Dentro._)—Padre... padre...

HILARIO.—Repeine, la chica. Esconde eso.

VALENTINA.—Hasta luego. Vamos. (_Se llevan capote y mantón segunda

izquierda._)

ESCENA VII

HILARIO, AQUILINO, COSME _y_ ENCARNA, _del foro izquierda_

ENCARNA (_Jadeante y contenta._)—Padre, padre...

HILARIO.—¿Qué pasa, chiquilla?

ENCARNA.—Que ya... que ya vienen por allá abajo Paco y el señor Bernabé.

HILARIO.—¡Pero qué nerviosa, hija, y qué coloraíta te has puesto! De

que ves a ese melón, cerezas.

ENCARNA (_Ruborosa._)—¡Amos no me sofoque usté, padre! Y a tóo esto,

¿cómo están ustés?

AQUILINO.—Pa que nos revoquen, pero gozando de verte dichosa. (_Sube al

fondo._)

COSME (_Le da la mano._)—Corroboro.

ENCARNA.—Muchas gracias.

COSME.—Conque a pedir tu manita, ¿eh?

ENCARNA.—Sí, señor. Ya están ahí. Voy a arreglarme un poco. (_Vase

segunda izquierda._)

AQUILINO (_Desde la puerta._)—¡Camará, vienen el padre y el hijo que

echan humo de elegancia!

ESCENA VIII

HILARIO, AQUILINO, COSME, BERNABÉ _y_ PACO, _del foro izquierda_

BERNABÉ (_Desde la puerta, quitándose el sombrero._)—Viva cuarenta mil

años tóo lo que se acobija en este distinguido lavadero.

HILARIO.—Y tú que lo veas, so tumbón.

BERNABÉ.—¡Hilario! (_Avanzando._)

HILARIO.—¡Bernabé! (_Se abrazan._)

BERNABÉ (_Estrechándoles la mano._)—Adiós, Cosme... ¡Hola, munícipe!

AQUILINO.—Salú, varilarguero.

COSME.—¿Y el chico?

PACO (_Que aparece en la puerta y sin avanzar._)—¡Señores, jovialidá y

metálico! (_Quedan unos cuantos chicos y chicas, que le han seguido, a

la puerta del lavadero._)

BERNABÉ.—Ahí tenéis a esa aureola de la coleta.

HILARIO.—Pasa fenómeno.

BERNABÉ.—No le llames fenómeno, por tu salú, que eso ya está mu

desacreditao. Llámale compendio, estrépito, arrebato, ocecación... Lo

que te dé la gana, que de todo tiene.

PACO.—Amos, padre, no me floree usté, que m’azaro.

BERNABÉ.—¿Que s’azara? Un hombre como un hastial, más guapo que yo,

si cabe, astro naciente de la tauromaquia triunfante y más corto que

un cablegrama... Pasa, derrumbamiento taurómaca... (_Le hace entrar

empujándole._)

PACO (_Con modestia._)—Ceguera paterna. Ustés le desimulen. (_Dándoles

la mano._) Padrino, señores... (_Se saludan._)

BERNABÉ (_A los chicos de la puerta._)—¡Amos, niños! ¿Pero es que no

habéis visto nunca una celebridá, hombre? Largarse d’aquí.

PACO.—Na, que salgo y un hormiguero de almiradores en mi pos.

(_Aquilino sube y hace intención de sacar el sable; los chicos vanse

corriendo._)

HILARIO.—Eso es la popularidaz.

PACO.—La popularidaz y la silueta.

BERNABÉ.—Ven que te vean. (_A Hilario._) Qué, ¿te gusta la

presentación? (_Queda en el centro; a su izquierda Paco e Hilario._)

HILARIO.—De primera. Vitola de matador de cinco mil. No le falta

detalle. Roten, dije, habano...

PACO.—El sombrero es lo último. Cordobés; copa lisa, ala plana, tono

plomo, y por dentro forro verde, Cabestreros, 18, Sombrerería, y un

escudito que dice _Omni soit qui mal y pense_, que debe ser una cosa

pal dolor de cabeza. (_Se lo pone._)

AQUILINO.—Y buen ternito, mi amigo.

BERNABÉ (_Señalando a Hilario._)—Regalo de éste.

COSME.—Y te cae de primera. ¡Vaya un sastre!

PACO.—Sastre y que tengo un cuerpo que no debía decirlo; pero a mí, por

no sentarme mal, ni los calamares en tinta.

BERNABÉ.—Hemos elegido el tono chocolate. No sé si te gustará.

HILARIO.—Es muy señorito.

PACO.—Señorito, y que como usté dijo que fuese un traje pa por las

mañanas, pues yo dije: pues pa por las mañanas, chocolate... Es sufrido

y alegre. (_Da unos pasos._)

BERNABÉ.—¡Ahí mi niño! ¡Qué suerte tién las mujeres! ¡Maldita sea!

COSME.—Cómo se nos cae la baba, amigo.

BERNABÉ.—Si no tengo otra cosa en el mundo. Es mi ceguera, mi

chifladura, mi esperanza... mi tóo... ¡Y es que lo vale! No es porque

sea mi hijo.

PACO.—Bueno, y sabrán ustés que al remate el domingo se ciñe la mona

aquí el tumbonazo este. (_Dando un golpe cariñoso a su padre._)

HILARIO.—¡Hola! ¿Te has decidío al fin?

BERNABÉ.—Sí, la verdá. Quiero picar yo el primer toro que mate mi hijo

en los Madriles.

COSME.—¡Ole por los buenos picadores!

BERNABÉ.—Aunque estoy arrinconao, ya verán apretar en lo alto.

AQUILINO.—Y qué, ¿hay esperanzas de quedar bien, pollo?

PACO (_Riendo con cierto desdén._)—Padre, aquí el urbano pregunta que

si hay esperanzas.

BERNABÉ (_Riendo._)—Ja, ja... Esperanzas y realidades y moños por el

suelo y coletas mutiladas... El día que este espanto taurino despliegue

el capote en el ruedo de Madrid, con las plumas de los _Gallos_ se hace

una almohada.

PACO.—Y con la asaúra de Belmonte un _endreón_.

BERNABÉ.—Doy fe.

PACO.—Y estará feo que yo lo diga.

BERNABÉ.—A ti no te está feo na. (_Convencido._)

PACO.—Ya lo sé. Es un decir. ¿Pero cuáles son las tres promesas del

porvenir aztual taurino? Examinemos: Antonio Rioja _El Confeti_. ¿Me

pué hacer a mí sombra _El Confeti_?

BERNABÉ.—Muy poquita.

PACO.—Descontao. Casildo Peña _Sorbete_.

HILARIO.—Hombre, ese es un torero concienzudo.

PACO.—Es un torero concienzudo, pero frío; eso no me lo niega a mí

nadie.

BERNABÉ.—Descuenta el _Sorbete_.

PACO.—Descontao. Felipe Canales _Chaparrón_. ¿Estira los brazos como

yo? ¿Empapa como yo?

BERNABÉ.—¡Qué va empapar el _Chaparrón_!

PACO.—Descontao.

BERNABÉ.—En cambio éste tiene de tóos los clásicos.

PACO.—Soy un _puz purri_.

BERNABÉ.—Es _Lagartijo_, por el estilo.

PACO.—Mejorao.

BERNABÉ.—_Frascuelo_, por la valentía.

PACO.—_Cientuplicada_.

BERNABÉ.—_Guerrita_, por la elegancia.

PACO.—Que ya quisiera...

BERNABÉ.—_Espartero_, por el valor.

PACO.—Chsss... (_Gesto de resignación._)

BERNABÉ.—_Gordito_ por la figura y _Carancha_ por el aire.

PACO.—Hombre, padre, por el aire no quisiera yo parecerme a nadie.

BERNABÉ.—No me refiero al _amosférico_. En fin, que sus diga Hilario la

tarde que le vió torear en Morata de Tajuña, ¿te acuerdas?

HILARIO.—Y eso que aquella tarde no te acompañó la fortuna.

PACO.—¡La Guardia civil!

HILARIO.—En fin, lo que tú eres lo verá el domingo la afición. Conque

ahora a lo que estamos.

BERNABÉ (_Adoptando un tono solemne._)—Pues a lo que estamos, Hilario,

es que vengo con toda solemnidá a solicitar de ti pa esa memez taurina

la mano de ese manojito de claveles que Dios te ha dao por vástaga.

HILARIO.—Pues yo, al llegar este momento, que me emociona como na en el

mundo te digo que te doy la mano de mi hija y mi corazón y un abrazo.

PACO.—Gracias, padrino.

BERNABÉ.—¡Bendita sea tu alma buena! (_Se abrazan._)

AQUILINO.—¡Qué trístico!

COSME.—¡Patético!

HILARIO.—Y ahora una sospresa que os preparo.

BERNABÉ.—¿Qué sospresa?

HILARIO.—Silencio. (_Coloca tres sillas a la derecha._) Siéntate aquí.

(_Le sienta en la del centro._)

PACO.—¿Me van a afeitar?

HILARIO (_A Bernabé._)—Tú a su diestra. Y vosotros venir conmigo.

BERNABÉ.—Pero, ¿qué es esto?

ESCENA IX

DICHOS _y todos los que se indican en la escena_

=Música=

HILARIO

Ha llegao el momento.

(_Va a la puerta segunda izquierda._)

Sal aquí, hija mía,

que Paco te espera;

que aguardamos tóos.

(_Sale Encarna._)

Que quiere tu padre

darte una alegría.

(_La lleva donde está Paco._)

Siéntate a su vera,

juntitos los dos.

ENCARNA

¡Mi Paco!

PACO (_Se levanta._)

¡Mi Encarna!

BERNABÉ

¡Cachito de cielo!

ENCARNA

Pero, bueno, padre,

¿qué piensa usté hacer?

COSME

Pues una película.

BERNABÉ

Cállese el agüelo.

HILARIO (_A Paco._)

Repara qué cromo

llevas por mujer.

——

PACO

Chula más barbiana

yo nunca la ví,

ni ha venío al mundo

otra más juncal,

desde Mataderos

hasta Chamberí,

bien por Hortaleza,

bien por Fuencarral.

Y ese cuerpecito

sólo es para mí,

porque me lo gano

con el corazón.

¡Ay del que se atreva

a mirarte a ti

sin consentimiento

de este chulapón!

——

ENCARNA

Pues tú eres, Paco, el torero

en quien tu Encarna se mira.

PACO

Y tú eres, negra, la chula

por quien tu Paco suspira.

LOS DOS

Si no estuviera delante

toa la gente que hay aquí,

te diría, mi chulapo/a,

lo que siento yo por ti.

——

HILARIO

Atención.

Que ahora llegan los momentos

de mayor espeztación.

TODOS

¡Qué emoción!

=Hablado con música=

HILARIO (_En la segunda izquierda._)—Valentina, venga pa alante la

cabalgata con toda su debida solemnidá.

VALENTINA.—Allá vamos. Desenvaine, munícipe. Toque la música.

AQUILINO.—Abran paso, que viene la fuerza armá. (_Van saliendo todos

en dos filas. Delante el municipal como despejando. Luego la charanga;

después dos lavanderitas con una caja descubierta, en la que llevan

un mantón de Manila; detrás otras tres mozas, una que lleva el capote

colgado de un palo y las otras dos que lo sostienen abierto por las

puntas. Detrás gente con faroles de colores, banderolas, botas de vino

colgadas en palos, etc., etc. Mucha alegría y animación. Josefa y Sole

salen por el fondo y se ponen a lavar._)

CECILIO (_Al salir._)—Marcha torera original de Cecilio Azquerino

Bangüey, director de la Sinfónica Asqueriana de Cabestreros, que tiene

el honor de dedicársela al _Chico de las Peñuelas_ en el día de hoy

y personas que le acompañen. Titulao “Entra por derecho”. ¡A una,

profesores! (_Tocan. La comitiva desfila._)

HILARIO (_Adelantando._)

Este mantón, hija mía,

tu padre te lo regala

pa que te vistas de gala

la tarde de la corría.

Del palco en el antepecho

lo tiendes pa que él lo vea,

y de seguro torea

como en su vida lo ha hecho.

ENCARNA

Es precioso y tóo lleno de flores.

TODAS

En tu cara las tiés tú mejores.

ENCARNA

Cuántas veces con él soñé yo.

BERNABÉ

Pues, mujer, anda ya, póntelo. (_Se lo pone._)

ENCARNA

Con este mantón de flecos

todo llenito de flores,

iré yo a ver la corría

donde Paco hará primores.

Con él iré a la Paloma

pa unirme con el que quiero;

con él iré a las _kremeses_

cogida de su bracero.

Que envuelta una madrileña

con sus flecos y sus flores

le parece hasta pequeña

la calle de Embajadores.

Y a los hombres que me miran

y cuando paso, suspiran,

voy diciendo sin querer:

“¡Pa mi novio yo he de ser!”

TODOS

Que envuelta una madrileña,

etc., etc.

HILARIO (_Ofreciendo el capote a Paco._)

Y toma tú, torerazo,

un capote de paseo.

Si no te parece feo,

dame después un abrazo.

Póntelo con chulería,

porque tengo yo el empeño

de que un diestro madrileño

venza a los de Andalucía.

PACO

¡Ay, padrino, me deja usté helao!

TODOS

Qué capote que le ha regalao.

PACO

Con él puesto me haré una postal.

BERNABÉ

Póntelo, torerazo inmortal. (_Se lo pone._)

ENCARNA

Parece que ya le veo

ceñido y envuelto en él,

y sale a hacer el paseo

y es pequeño el redondel.

TODOS

Parece que ya le veo

ceñido y envuelto en él

y sale a hacer el paseo

y es pequeño el redondel,

etc., etc.

¡Olé ya

por las chulapas de verdá!

Míralo,

que ni Belmonte le igualó.

¡Lo digo yo!

(_Voces, aplausos, alegría, algazara._)

=Hablado=

TODOS (_Con mucha alegría._)—¡Olé!... ¡bien!... ¡bravo!... (_Aplausos,

risas, algazara._)

BERNABÉ.—¡Qué bueno eres, Hilario!... (_Con entusiasmo._) Déjame que te

incruste mi gratitú en una mejilla. (_Le da un beso. Todos ríen._)

HILARIO (_Limpiándose la cara y rechazándole con cómica

indignación._)—Amos, tonto.

BERNABÉ.—¡Que sí, señor; que esta felicidad, el pan, el porvenir, hasta

la ropa, tóo se lo debemos a este hombre!

PACO (_Con entusiasmo abrazando a Encarna._)—¡Ay, señor Hilario, qué

favor me hizo usté a mí también, de acuerdo con su señora, el día que

se les ocurrió esta tontería!

BERNABÉ (_A Valentina._)—¿Pues y tú?... Ven acá... Diosa del

Manzanares, que lo que has hecho tú por nosotros no te lo pago yo ni

andando a gatas. (_A Hilario._) ¿Me permites que la dé un abrazo?

HILARIO.—Y cuarenta.

VALENTINA.—Amos, no seas pegajoso.

PACO (_Riendo._)—A ver si se va a enfadar el señor Hilario, padre.

BERNABÉ.—¿Enfadao éste?... Dentro de un rato.

PACO.—Tendría yo gana de verle a usté un día enfadao, hombre.

HILARIO (_Riendo también._)—Pos mira, pué que me veas. Y que soy un

tigre cuando me enfado.

VALENTINA.—Como que muerde.

HILARIO (_Cariñosamente._)—A ti.

SINFO.—¡Bueno, señores, a bailar, a bailar!...

TODOS.—¡Eso, eso!...

PACO.—Amos ahí fuera al aire libre.

TODOS.—Sí, sí.

HILARIO.—Señor Cecilio, toque usté lo que quieran.

BERNABÉ (_A Valentina._)—Y tú y yo vamos a romper la marcha. Con tu

permiso.

HILARIO.—Anda con ella.

VALENTINA.—Doy dos vueltas y vengo por ti... que aquí el socio es la

fama en chotis.

HILARIO.—Aquí t’aguardo. (_Van saliendo algunos por el tendedero._)

PACO (_Subiendo con todos._)—¡Pero señá Josefa!... No había reparao.

Amos, suelte usté la pala y venga a divertirse.

JOSEFA.—¿Y quién me va a lavar la ropa, el obispo?

PACO.—¡El obispo!... ¡Tendría gracia el obispo dando jabón! (_Risas

generales._)

ENCARNA.—Al menos deje usté a la Sole que venga.

SOLE.—Sí, madre, déjeme usté que vaya a echar un tuesten.

JOSEFA.—Si sueltas la pala, t’amargo.

VALENTINA.—Dejarla, no la pague con la criatura.

PACO.—Señora, es usté menos animada que un callejón sin salida.

VALENTINA.—Y que lo jures.

PACO.—¿Quién ustés que le haga un chiste lavandero?

TODOS.—Sí, sí.

PACO.—A esta mujer no hay quién la saque de pila. (_Muerto de risa por

su supuesta gracia._) ¡Ja, ja, ja!

UNO.—¡Precioso!

TODOS.—¡Muy bien, bravo! (_Hacen mutis por el tendedero._)

SOLE.—Un día que están tóos tan contentos...

JOSEFA.—¿Y qué tenemos nosotras que ver con la alegría de nadie? A

trabajar. (_Siguen lavando. Hilario, Aquilino y Cosme, al quedarse

solos se sientan alrededor de la mesa y se sirven unas copas de vino;

beben y fuman puros que les da Hilario. Se oye fuera la murga y jaleo

de baile bastante lejano para que no interrumpa el diálogo._)

AQUILINO.—¡Qué feliz eres, Hilario!

HILARIO.—No lo sabes bien, Aquilino. Tu pecho municipal y cariñoso

no pué abarcar esta felicidad que me embriaga. Porque veo a mi hija

dichosa; a la mujer que quiero, feliz; a mis amigos, contentos: oigo

esa música; ese barullo, que es como el ruido de esta alegría interior

que me corre por dentro y reflexiono y me digo: este bien que gozo es

el fruto de mi vida, de mis afanes; tóo ganao con lágrimas y con horas

de trabajo. ¡Qué mayor dicha pa un hombre de bien! ¡Bendito sea Dios

que me la concede!

AQUILINO.—Porque te la mereces.

COSME.—¡A tu salú!

AQUILINO.—¡Vaya!

HILARIO.—¡A la vuestra! (_Chocan las copas y beben._)

ESCENA X

DICHOS _y_ DIMAS (_cartero_) _foro izquierda_

DIMAS.—Buenos días.

HILARIO.—Hola, Dimas.

COSME.—Hombre, el cartero.

AQUILINO.—Adiós, paloma mensajera.

HILARIO.—¿Un chupito?

DIMAS.—Se acepta y se agradece, que ya va haciendo mucha calor.

(_Bebe._)

JOSEFA (_A la chica._)—Ámonos. (_Mirando con temor al cartero._)

SOLE.—Pero...

JOSEFA.—Ámonos. (_Vanse foro izquierda._)

HILARIO.—¿Y que te trae por este domicilio?

DIMAS.—Que tié usté carta. (_Busca en el paquete._)

HILARIO.—Hombre, ¿quién se acordará de mí? Toma la perra. (_Se levanta

para dársela._)

DIMAS.—No paga, es del interior (_Se la da._) Vaya, hasta otra,

señores. (_Vase foro._)

HILARIO.—Anda con Dios, hombre. ¿Quién me escribirá a mí del casco y a

esta casa? Oye, y es letra de máquina.

AQUILINO.—Algún amigo.

HILARIO.—Yo amigos con máquina... no m’acuerdo. Veamos. (_Se sienta,

rompe el sobre y empieza a leer. A poco palidece, se demuda, tiembla,

se levanta, se sienta, se pasa la mano por la cara con angustia._)

AQUILINO (_Alarmado._)—¿Qué te pasa?

COSME.—Oye, ¿pero qué tienes? (_Hilario se pone en pie._)

HILARIO.—Dame un... dame un poco de agua, haz el favor.

AQUILINO.—¡Pero te has quedao blanco! (_Hilario vuelve a leer._)

COSME (_Muy alarmado._)—¿Qué te dicen?

AQUILINO.—¿De quién es esa carta?

HILARIO.—Pues esta carta... yo no... no sé... si... (_Vuelve a

mirarla._) esto no... ¡mi madre! (_Cae sentado._) no es carta, sabes;

es...

AQUILINO.—¿No trae firma?

HILARIO.—Ni fecha ni na.

COSME.—¿Un anónimo?

HILARIO.—Sí; un anónimo... una puñalá... (_con ira creciente._) Esto es

una infamia... pero, amos... pero me ha dejao que yo no sé qué tengo...

(_Se pasa la mano por la cara con angustia._)

AQUILINO.—¿Pero qué dice? Venga ya, hombre.

HILARIO.—Toma, lee...

AQUILINO (_Lee._)—¡Recontra!... ¡oye! ¡mi madre! Bueno, esto es una

asquerosidad; de esto no hay que hacer caso. (_Con la carta hecha un

rebuño da un puñetazo sobre la mesa._)

HILARIO.—No, sí, claro... pero cuando hay quien te diga esas cosas y

ves en lo que te dicen algo que...

AQUILINO.—Oye tú, reponte, que te va a dar una alferecía. Miá cómo

tiembla.

COSME.—¿Pero qué dice ese papel, releñe? ¡Leer alto! (_Cesa de tocar la

murga._)

AQUILINO.—Casi na. Atiende. (_Lee._) “Amigo Hilario: Una persona que le

quiere bien...”

COSME (_Torciendo la cabeza._)—Mal.

AQUILINO.—“Aunque usté no se lo merece, le avisa de que la Valentina

que le pinta a usté otra cosa, porque vale pa ello, está liada...”

COSME.—¡Rechufla!

AQUILINO.—“Está liada desde antes de quedarse viuda de su primer

marido, u lo que fuese... con el señor Bernabé el picador, carne y uña

como usté recordará de aquel pobre hombre.”

COSME.—¡La panocha!

AQUILINO.—“Y de ahí el meter en su casa de usté al citao Bernabé,

así como al hijo que ha engatusao a la Encarna. Y van tóos a una a

comérsele a usté su honrao sudor. Reflexione en todo y no haga el

primo. Se lo avisa quien bien le quiere.” (_Vuelve a oirse la murga._)

COSME.—¡Mi madre!... ¡pues es una misivita!

HILARIO (_Saliendo de su profunda abstracción._)—¡Maldita sea! (_Con

amargura._)—¿Habré tenío yo una venda en los ojos, Aquilino?... ¿Habré

estao ciego?

AQUILINO.—¡Por Dios, Hilario, no desbarres, que esto es una infamia!

HILARIO.—¿Pero quién va a tener interés en hacerme peazos la felicidad

de esta forma tan cruel y en un día como el de hoy si yo no tengo

enemigos?

COSME.—Eso no lo digas. Tóo el que es feliz los tiene, Hilario.

AQUILINO.—Esto es de algún envidioso, estoy seguro, que la envidia es

lo más malo de este mundo.

HILARIO.—¿Pero qué me van a envidiar a mí, Aquilino?... ¿Un peazo e

pan, un rincón de casa, una pizca e felicidá?

AQUILINO.—El envidioso no repara en más o en menos... quitarte el bien

que tengas, poco o mucho, grande o chico.

HILARIO.—No, Aquilino, no... No hay alma por negra que sea que se

atreva sin motivo a hacer una cosa como ésta, cincuenta veces peor que

un asesinato. (_Se levanta y va hacia la derecha._)

AQUILINO.—Por Dios, Hilario, cálmate. (_Siguiéndole._)

HILARIO.—Sí; quizás que habré estao ciego: que cuando quieres hay cosas

que las tiés delante de los ojos y no las ves hasta que te las dicen...

La Valentina me trajo aquí a Bernabé. Eso no puedo negarlo.

AQUILINO.—¿Pero vas a dudar?...

HILARIO.—No es que dude; es decir, las cosas como han pasao. Ella trajo

a ese hombre y ella arregló lo de los chicos, y tóo se le hace poco

pa esa gente, esta es la verdad... ¡maldita sea!... Y si esto es una

traición; si esto fuese una traición después de lo que yo he hecho por

ellos, os juro por la sangre que tengo... (_Amenazador avanza._)

AQUILINO (_Conteniéndole._)—Hilario... amos, hombre, una meaja de

aplomo, que tú no pués partir de ligero.

COSME (_Cortándole el paso._)—A más de que lo primero es cerciorarse,

por lo tanto, lo que te conviene es fingir y...

HILARIO (_Vivamente._)—No, eso no... fingir no; no tengo carácter pa

ello. De que me serene pensaré lo que sea menester... pero por de

pronto, como tengo ya el corazón envenenao, me molesta esa música y esa

alegría y ese barullo, conque vete a decirles a tóos que se vayan.

AQUILINO.—Pero, hombre, no comprendes...

COSME.—Calla, ellos vienen. Aplomo, Hilario. (_Pasa al lado de

Aquilino._)

ESCENA XI

DICHOS, VALENTINA _y_ BERNABÉ. _Del tendedero vienen riendo._

BERNABÉ (_Entrando._)—¡Ja, ja, ja!... Bueno, vais a hacernos el favor

de asomar las narices pa vernos bailar la machicha brasileña.

VALENTINA (_Muy alegre._)—Nos hemos llevao la palma... que se pué

decir... Conque, pollo, andandito, que vengo por el chotis ofrecido.

HILARIO (_Secamente._)—Gracias, no tengo gana de na.

VALENTINA (_Fijándose en él y con asombro._)—Oye, ¿pero qué tienes?

Estás blanco como el papel.

BERNABÉ (_Quedando repentinamente serio._)—Es verdá. ¿Qué te pasa,

Hilario?

VALENTINA.—¿Te has puesto malo? (_Anhelante._)

HILARIO.—No, no tengo na, gracias. (_La rechaza._)

VALENTINA.—Pero esa voz... ese tono... ¿Qué ha pasao aquí?

BERNABÉ.—Hilario, ¿has tenío algún disgusto?

HILARIO.—He dicho bien claro que no tengo na.

VALENTINA.—¿Pero qué ha sucedío?... ¡No estén ustés como dos pasmaos y

hablen por lo que sea!...

AQUILINO.—Señora...

VALENTINA.—¿Qué tienes, Hilario?... ¿qué tienes?... No me atormentes.

Sainetes · 第 12 / 16 段