_La vieja rueda el dornajo, y en el umbral de la puerta, blanco de

luna, aparece la Mari-Gaila. Su sombra, llena de ritmos clásicos, se

pronuncia sobre la noche de plata._

MARI-GAILA

¡Salud a todos!

LUDOVINA

Oportuna llegas.

MARI-GAILA

¿Qué misterio se pasa?

LA TATULA

Que la muerte no tiene aviso.

MARI-GAILA

¿El baldadiño?

LUDOVINA

Espichó.

MARI-GAILA

¡Espadas son desgracias! ¿Cómo a Séptimo le daría aviso? ¡Bien quisiera

pedirle consejo!

MIGUELÍN

¿Dónde quedó?

MARI-GAILA

Fue llamado del Casino de los Caballeros.

LUDOVINA

El consejo es darle tierra.

MARI-GAILA

¿Tierra bendita?

LUDOVINA

¡No vas a enterrarlo al pie de un limonero!

EL PADRE DE LA NIÑA EXTÁTICA

Cumple en conciencia, y pon al hijo bajo la cruz de la madre.

MARI-GAILA

Habré de caminar toda la noche con el muerto en el carro. ¡Arrenegado

el Demonio sea! Échame una copa, Ludovina. Tragos con tragos. Échame

otra para que sea medio real. Si por mí preguntase Séptimo...

LUDOVINA

Tendrá respuesta. ¡Mari-Gaila, pónteme fuera! ¡No quiero más sobre mis

bienes el aire del muerto!

MARI-GAILA

¡Nuestro Señor Misericordioso, te llevas mis provechos y mis males me

dejas! ¡Ya se voló de este mundo quien me llenaba la alforja! ¡Jesús

Nazareno, me quitas el amparo de andar por los caminos, y no me das

otro sustento! ¡No harás para mí tus milagros, no me llenarás el horno

de panes, Jesús Nazareno!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA VIII

_Noche de luceros. Mari-Gaila rueda el dornajo por un camino blanco y

lleno de rumor de maizales. Canta el cuco. Cuando fina, suena la risa

tremolante del Trasgo Cabrío. Está sentado sobre un peñasco y con la

barba greñuda, estremecida por una ráfaga de viento. Mari-Gaila lo

conjura._

MARI-GAILA

¡A la una, la luz de la luna!

¡A las dos, la luz del sol!

¡A las tres, las tablillas de Mosén!

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¡Arrenegado!

EL CABRÍO

¡Esta noche bien me retorciste los cuernos!

MARI-GAILA

¡A las cuatro, el canto del gallo!

EL CABRÍO

¡Jujurujú! ¡Bésame en el rabo!

_El paraje se trasmuda. Mari-Gaila atraviesa una calzada por un estero

rielante. El Cabrío, sentado sobre las patas, en medio de la vereda,

ríe con aquella gran risa que pasa retorciéndose por las perillas de su

barba._

MARI-GAILA

¡A las cinco, lo que está escrito!

¡A las seis, la estrella de los Reyes!

¡A las siete, ceras de muerte!

EL CABRÍO

Cuando remates, echaremos un baile.

MARI-GAILA

¡A las ocho, llamas del Purgatorio!

¡A las nueve, tres ojos y tres trébedes!

¡A las diez, la espada del Arcángel San Miguel!

¡A las once, se abren las puertas de bronce!

¡A las doce, el trueno del Señor revienta en las tripas del Diablo

Mayor!

_Mari-Gaila espera el trueno, y solo oye la risa del Cabrío. Otra vez

se trasmuda el paraje. Hay una iglesia sobre una encrucijada. Las

brujas danzan en torno. Por la puerta sale un resplandor rojizo, y pasa

el viento cargado de humo, con olor de sardinas asadas. El Cabrío,

sobre la veleta del campanario, lanza su relincho._

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¡Arrenegado una y mil veces!

EL CABRÍO

¿Por qué me desconoces?

MARI-GAILA

¡Negro, si jamás te vi!

EL CABRÍO

¡Vente conmigo al baile!

MARI-GAILA

De tus romerías saber no quiero.

EL CABRÍO

¡Jujurujú! Te llevaré por los aires, más alto que el Sol y la Luna.

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

Tu poder aborrezco.

EL CABRÍO

¿Quieres que te ponga al final de tu camino? Con solo soplar puedo

hacerlo.

MARI-GAILA

Ya lo sé que puedes.

EL CABRÍO

Tú en toda la noche no das andado lo que te falta.

MARI-GAILA

¡Arrédrate, Cabrío, y déjame pasar!

_Mari-Gaila tira del dornajo sin poder moverlo. Lo siente pesado, como

si fuese de piedra. El Cabrío deja oír su relincho._

EL CABRÍO

¡Jujurujú! En toda la noche no arribas a tu puerta. ¿Quieres mi ayuda?

MARI-GAILA

¿Por qué precio me la otorgas?

EL CABRÍO

Por ninguna cosa. En rematando el viaje echamos un baile.

MARI-GAILA

Como solamente fuera eso...

EL CABRÍO

Eso y no más.

MARI-GAILA

Tengo mejor cortejo.

EL CABRÍO

¡Jujurujú! A tu ventura te quedas.

_El Cabrío revienta en una risada, desaparece del campanario,

cabalgando sobre el gallo de la veleta. Otra vez se trasmuda el paraje,

y vuelve a ser el sendero blanco de luna, con rumor de maizales.

Mari-Gaila se siente llevada en una ráfaga, casi no toca la tierra.

El impulso acrece, va suspendida en el aire, se remonta y suspira con

deleite carnal. Siente bajo las faldas la sacudida de una grupa lanuda,

tiende los brazos para no caer, y sus manos encuentran la retorcida

cuerna del Cabrío._

EL CABRÍO

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¿Adónde me llevas, negro?

EL CABRÍO

Vamos al baile.

MARI-GAILA

¿Por dónde vamos?

EL CABRÍO

Por arcos de Luna.

MARI-GAILA

¡Ay, que desvanezco! ¡Temo caer!

EL CABRÍO

Cíñeme las piernas.

MARI-GAILA

¡Qué peludo eres!

_Mari-Gaila se desvanece, y desvanecida se siente llevada por las

nubes. Cuando, tras una larga cabalgada por arcos de Luna, abre los

ojos, está al pie de su puerta. La Luna grande, redonda y abobada, cae

sobre el dornajo donde el enano hace siempre la misma mueca._

JORNADA SEGUNDA: ESCENA IX

_Simoniña, en camisa, los pies furtivos y descalzos, desciende la

escalera del sobrado. En la cocina, negra y vacía, resuenan los golpes

con que llaman a la puerta._

SIMONIÑA

¡Están a petar, mi padre!

PEDRO GAILO

Petar petan...

SIMONIÑA

¿Pregunto quién sea?

PEDRO GAILO

¿Y qué mal puede venir de preguntar?

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Abriréis, condenados!

SIMONIÑA

¡Es mi madre que está de retorno! ¡Como ella es de ley!...

PEDRO GAILO

¡A saber qué achaque la trae!

SIMONIÑA

¿Dónde quedaron los mixtos?

PEDRO GAILO

De mi mano no quedaron.

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Ay, aborrecidos! ¿Es que cuidáis de tenerme toda la noche a la luna?

SIMONIÑA

Estoy a cachear por los mixtos.

LA VOZ DE MARI-GAILA

¡Llevo aquí la vida perdurable!

SIMONIÑA

Aguarde que encienda el candil.

_La sombra del sacristán, larga y escueta, asoma por encima del cañizo.

Bajo la chimenea, el candil, ya encendido, se mece con lento balance, y

la mozuela, cayéndole por los hombros la camisa, levanta las trancas de

la puerta. Mari-Gaila se aparece en el claro de luna, negra y donosa.

En el camino, medio volcado, está el carretón._

MARI-GAILA

¡Sois piedras cuando os echáis a dormir!

PEDRO GAILO

A los cuerpos cansados del trabajo, no ha de pedírseles que duerman con

un ojo abierto, como las liebres.

MARI-GAILA

¿Qué estás a barullar, latino? ¡Así durmieses y no despertases!

PEDRO GAILO

¿No tienes mejores palabras cuando te acoges a tu casa, descarriada?

MARI-GAILA

¡No me quiebres la cabeza!

PEDRO GAILO

¡Más me cumplía, y era el rebanártela del pescuezo!

MARI-GAILA

¡Loqueaste, latino!

PEDRO GAILO

¿Dónde está mi honra?

MARI-GAILA

¡Vaya el cantar que te acuerda!

PEDRO GAILO

¡Te hiciste Pública!

MARI-GAILA

¡A ver si te enciendo las liendres!

SIMONIÑA

¡No comiencen la pelea!

MARI-GAILA

¡Buenos latines cuando perdimos nuestro bien!

SIMONIÑA

¿El baldadiño, mi madre?

MARI-GAILA

Espichó.

PEDRO GAILO

Por modo que... ¿Algún dolor repentino?

MARI-GAILA

Una alferecía. ¡Acabose nuestro provecho!

PEDRO GAILO

Él dejó de padecer, y no miró más.

MARI-GAILA

Cuatro machacantes junté en este medio tiempo.

_Mari-Gaila desanuda con los dientes una punta del pañuelo, y

haciéndolas saltar en la mano, muestra las cuatro monedas. Simoniña,

ante aquellas luces, comienza el planto._

SIMONIÑA

¡Ya se fue el sol de nuestra puerta! ¡Ya se acabó el bien de nuestra

casa! ¡Ay, que se fue de este mundo sin mirar por nos!

PEDRO GAILO

Corresponde dar aviso a mi hermana Marica.

MARI-GAILA

Que la rapaza se llegue por su puerta al ser de mañana.

SIMONIÑA

¡Madre del Señor, cómo mi tía se va a poner de remontada! ¡La mar de

Corrubedo!

MARI-GAILA

Tú no le hablas palabra. Le dejas el carretón a la puerta, y con la

misma, te caminas.

SIMONIÑA

¿He de llevar el carretón?

MARI-GAILA

¡Por sabido, aborrecida! ¡Por sabido! ¡No han de ser nuestras costillas

a pagar el entierro!

PEDRO GAILO

¡Y andar en declaraciones!...

SIMONIÑA

Falta que mi tía sea conforme.

MARI-GAILA

Cuando se mire con el carretón a la sombra de las tejas, verá si lo

pone en salmuera.

PEDRO GAILO

Determinado de hacer conforme a este hablar, cumple que ello se remate

antes de venirse el día.

MARI-GAILA

¡Ahí estás asesado, latino!

SIMONIÑA

No me llego a la puerta de mi tía sin cuatro chinarros en el mandil.

PEDRO GAILO

¡Calla, mal enseñada! ¡Es tu tía y no has de alzarte contra ella!

MARI-GAILA

Si te acoge con malas palabras, le rompes las tejas.

PEDRO GAILO

No hay caso de tal incumbencia, aprovechando el rabo de la noche.

MARI-GAILA

No dictaminas mal.

PEDRO GAILO

Hay que evitar pleitos entre familias. Simoniña, tú le dejas el

carretón a la puerta, y te caminas sin promover voces.

SIMONIÑA

Ya pudo mi madre hacerlo cuando acá dio la vuelta.

PEDRO GAILO

Son discursos de hombre.

MARI-GAILA

¡Calla, latino! ¿Consideras que no alcanzo tanta doctrina?

PEDRO GAILO

No te hago de menos, pero el hombre tiene otras luces.

SIMONIÑA

¡Muera el cuento!

MARI-GAILA

Muerto y sepultado. Aprovecha este ínterin de noche y llega con el

carretón a la puerta de tu tía.

SIMONIÑA

¡Estoy a temblar!

MARI-GAILA

¡Eres muy dama!

SIMONIÑA

¡El muerto me impone!

MARI-GAILA

Anda a turrar del carretón.

SIMONIÑA

¡Ir por esos caminos tan negros!

MARI-GAILA

Por ellos vino tu madre.

PEDRO GAILO

No seas rebelde, Simoniña.

SIMONIÑA

Venga usted conmigo, mi padrecito.

PEDRO GAILO

Yo te hablaré desde la puerta, Simoniña.

MARI-GAILA

No te dilates con retóricas, aborrecida.

_Simoniña se ata el refajo con manos temblorosas, échase el mantelo

por la cabeza a guisa de capuz, y sale al camino haciéndose cruces y

gimoteando. Por el claro de luna tira del negro carretón, donde la

enorme cabeza del idiota, lívida y greñuda, hace su mueca. Las manos

infantiles, enclavijadas sobre la cobija, tienen un destello cirial.

Pedro Gailo, arrodillado en la puerta, con los brazos abiertos, envía

la escolta de sus palabras._

PEDRO GAILO

¡Sé bien mandada!... ¡Llegas en una carrera!... ¿Óyesme?... ¡No lleves

temor!... ¡Tienes luna!... ¿Óyesme?...

LA VOZ LEJANA DE SIMONIÑA

¡Hábleme, mi padrecito!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA X

_Prima mañana, rosadas luces, cantos de pájaros. En la copa de las

higueras abren los brazos derrengados peleles, y dos marranos gruñen

sobre el dornajo, ante la puerta aún cerrada de Marica del Reino. La

vieja, raída y pelona, saca la cabeza por el ventano, y con gritos

espanta a las bestias._

MARICA DEL REINO

¡Cache!... ¡Cache!... ¡Cache, grandísimos ladrones!... ¡Nuestro Señor

me valga, los bacuriños sobre el carretón! ¡A las calladas me lo

trujeron! ¡Las malas almas ni una voz para advertirme!

_Marica del Reino, el refajo mal ceñido, y los pechos de cabra seca

fuera del justillo, surge del fondo de la cocina, enarbolando la

escoba._

MARICA DEL REINO

¡Cache, ladrones! ¡Cache, empedernidos!... ¡Alma, no te espantes!

¡No te me vayas, alma! ¡Ay, que toda la cara le comieron! ¡Devorado!

¡Devorado de los bacuriños! ¡Frío del todo!

_A las voces van acudiendo los vecinos: Asoman a los ventanos angostos

que se abren al socaire de los tejados, se agrupan en los patines,

salen de los establos, envueltos en el vaho de los mugidos. La bruja,

toda en un grito, apalea las escurridas ancas de los puercos, que

gruñen y dan vueltas en la querencia del carretón. Habla Serenín de

Bretal, un viejo docto que ahora apaga un farol en la puerta del

establo._

SERENÍN DE BRETAL

Está el mundo desgobernado. Ya las bestias se vuelven sin miramiento

para comerse a los cristianos.

_Una mujer encinta que, rodeada de críos, está en lo alto de un patín,

se santigua y abre los brazos sobre su prole, con expresión triste y

resignada de muerte lenta._

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios!

SERENÍN DE BRETAL

Conócese que durmió el carretón a la luna.

UNA VIEJA EN UN VENTANO

Así pudo suceder.

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Madre de Dios! ¡Madre de Dios!

MARICA DEL REINO

¡Calladamente esta noche me lo trujeron, y calladamente se caminaron

sin revelarme del sueño con una voz, sin batirme en la puerta! ¡Su

negra conducta ocasiona este ejemplo!

LA MUJER EN PREÑEZ

¡Su madre estaba a llamar por él!

MARICA DEL REINO

¡Aquí tenéis este cuerpo frío! ¡Cara y manos le comieron los cerdos!

¡Duélense las entrañas, la vista se duele viendo esta carnicería!

¡Testigos sois! ¡Comido de las bestias!

SERENÍN DE BRETAL

Las bestias no tienen idea.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Es manifiesto!

MARICA DEL REINO

¡Las entrañas se estremecen viendo estos despojos! ¡Abandonado fuiste a

mi puerta, Laureaniño! ¡Almas soberbias te trajeron la muerte!

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Extraño se hace que al ser mordido no diese voces!

UNA RAPAZA

Y pudiera ser que las diese, tía Justa.

MARICA DEL REINO

Hubiérame revelado del sueño.

LA MUJER EN PREÑEZ

Yo en toda la noche no cerré los ojos.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Se hace extraño!

SERENÍN DE BRETAL

¿Y si era muerto cuando los cerdos vinieron a comer en él? ¡Reparad

que no ha corrido la sangre! ¡Y el carretón había de estar encendido!

Conócese que murió del relente de la luna, que es una puñalada para

estos titulados fenómenos.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡A saber si lo trajeron ya muerto!

SERENÍN DE BRETAL

De andar en justicias no os libráis.

MARICA DEL REINO

¡Si hay culpados, no se verán sin cadena!

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Muy calladamente vinieron!

MARICA DEL REINO

¡Un levante de barbas honradas había de haber contra este vituperio!

¿Quién te quitó la vida, Laureaniño? ¡Si hablaras tú, cuerpo muerto!

SERENÍN DE BRETAL

No alces esas voces, que son responsabilidades. El carretón finó de

muerte propia, que nadie va contra su sustento.

MARICA DEL REINO

¿Quieres decir que acabó bajo mi custodia?

SERENÍN DE BRETAL

Quiero decir que se lo llevó la voluntad del Señor.

MARICA DEL REINO

¿Y por qué del sigilo con que me lo dejaron a la puerta? ¡Acabó en sus

manos ladronas!

SERENÍN DE BRETAL

Si es así, tú cumples con volver a llevárselo. Como ellos hicieron,

haces.

LA VIEJA DEL VENTANO

¡Aquí hay misterio!

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

JORNADA TERCERA

DIVINAS PALABRAS: JORNADA TERCERA: ESCENA PRIMERA

_La casa de los Gailos. En la cocina, terreña y ahumada, se acurrucan

—sombras taciturnas— marido y mujer. Por el tejado rueda burlona una

piedra, y un vuelo esparcido de rapaces que pasa ante la puerta,

levanta esta copla:_

COPLA DE RAPACES

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila.

¡Tunturuntún! Que tanto bailó.

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila.

¡Tunturuntún! Que malparió.

MARI-GAILA

¡Hijos de la grandísima!

PEDRO GAILO

¡Prudencia!

MARI-GAILA

¡Centellas!

PEDRO GAILO

No los incitemos.

MARI-GAILA

¡Más mereces!

PEDRO GAILO

¡Titulada de adúltera!

MARI-GAILA

¡Titulado de cabra!

_Tornan a quedar en silencio. La sombra de una bruja pasa escurrida

pegada a la casa, y se detiene a mirar por la puerta. Es Rosa la

Tatula, encorvada, sin dientes, escueta la alforja y el palo en la

mano. Mari-Gaila se levanta, y en voz baja tiene coloquio con la vieja.

Entran las dos. Mari-Gaila canta._

LA TATULA

¿Nada me dices, Pedro Gailo?

PEDRO GAILO

Que vamos viejos, Tatula.

LA TATULA

Tú aún no rompes unas mangas.

MARI-GAILA

Y unas bragas. Por cuentos está virado contra mí, como un león

africano. ¡Hasta habló de picarme el cuello!

LA TATULA

Es hablar que tienen los hombres.

MARI-GAILA

¡Si de hablar no pasa!

_Un profundo suspiro levanta el pecho de Mari Gaila. Con garbo de talle

y brazos alcanza el pichel, llena una copa, que cata con mimos de

lengua, y desde lejos, desgarrándose, se la ofrece al marido._

MARI-GAILA

¡Bebe!

PEDRO GAILO

¡Quería recibir a Dios!

MARI-GAILA

Bebe en mi copa.

PEDRO GAILO

Quería descargar mi conciencia.

MARI-GAILA

¿Me haces ese feo?

PEDRO GAILO

¡Tengo sobre mi alma una negra culpa!

MARI-GAILA

Bebe, que yo te lo ofrezco.

PEDRO GAILO

Mi alma no te pertenece.

MARI-GAILA

Bebe sin escrúpulo.

PEDRO GAILO

¡Pestilencia!

MARI-GAILA

¡Ahí tienes sus textos, Tatula!

PEDRO GAILO

¡Mujer de escándalo!

MARI-GAILA

¡Alumbrado!

_El sacristán échase fuera, negro y zancudo, mas queda espantado sobre

el umbral, con los pelos de pie, los brazos en aspa. Marica del Reino,

cubierta con el manteo, venía rostro a la casa, tirando del carretón._

PEDRO GAILO

¡El fin de los tiempos, mi hermana Marica!

MARICA DEL REINO

Lo recibido vuelvo.

MARI-GAILA

Ese cuerpo frío a mi puerta no lo dejas.

_Marica del Reino, antes de contestar, vuelve la cabeza: Una sombra y

una mirada hostil, adivina a su espalda. Simoniña, que tornaba de la

fuente, estaba erguida en medio del camino, las manos firmes en las

caderas. En aquella hora tenía un recuerdo de su madre la Mari-Gaila._

SIMONIÑA

Llévese esa boleta, señora mi tía.

MARICA DEL REINO

Franquéame el paso.

SIMONIÑA

¡No se ponga en pasar!

MARICA DEL REINO

En pasar y en picarte la cresta.

SIMONIÑA

¡Acuda, mi padre!

PEDRO GAILO

¿Qué cisma traes a mi casa?

MARICA DEL REINO

Es difunto de tu sangre.

PEDRO GAILO

Y de la tuya, Marica.

MARICA DEL REINO

En mis manos no murió.

MARI-GAILA

Vivo te fue entregado, cuñada.

MARICA DEL REINO

¡Cuñada! ¡Maldita palabra que mi lengua encadena!

MARI-GAILA

¡Habla! ¡Tendrás tu respuesta!

MARICA DEL REINO

¡Malcasada!

PEDRO GAILO

¡Selle vuestra boca el respeto de la muerte! ¡Espante su presencia las

malas palabras!

LA TATULA

¡Asustas!

SIMONIÑA

Abájese los pelos que tiene derechos, mi padre.

PEDRO GAILO

El que está sobre la puerta me los ha levantado con su aire. ¡Pide

sepultura!

MARICA DEL REINO

Y cumples dándosela. ¡Pero no murió en mis manos, y la sepultura no es

del mi cargo!

MARI-GAILA

¡Bruja cicatera!

MARICA DEL REINO

¡Malcasada!

PEDRO GAILO

¡Vete, Marica! ¡Vete de mi puerta! El sobrino tendrá su entierro de

ángel.

SIMONIÑA

¡Muy rico se encuentra mi padre!

MARI-GAILA

¡Iluminado!

MARICA DEL REINO

¡Déjame paso, Simoniña!

SIMONIÑA

Está en pasar, y no pasa.

MARICA DEL REINO

¡Que te clavo esta lezna!

SIMONIÑA

¡Bruja!

MARICA DEL REINO

¡Que con ella el corazón te paso!

SIMONIÑA

¡Acuda, mi madre!

MARI-GAILA

¡Aborrecida, déjala que se vaya!

PEDRO GAILO

Simoniña, rueda para dentro de la casa ese cuerpo difunto. Hay que

lavarle y amortajarle con mi camisa planchada, pues va a comparecer en

presencia de Dios.

SIMONIÑA

¿Oye, mi madre?

MARI-GAILA

Oigo, oigo, y me estoy callada.

LA TATULA

No arméis vosotros una nueva parranda. Tres días que os pongáis con el

carretón a la puerta de la iglesia, juntáis el entierro y mucho más.

MARI-GAILA

Tres días no los resiste con estas calores.

LA TATULA

Está curtido del aguardiente.

PEDRO GAILO

Hay que muy bien lavarle la cara, rabecharle las barbas que le nacían,

y ponerle su corona de azucenas. Como era inocente, le cumple rezo de

ángel.

MARI-GAILA

¿Y tú, latino, no tocas para la misa? ¿Esperas que toquen solas las

campanas?

_Tapando la luz de la puerta, negro en la angosta sotana, el sacristán

juzga de la hora por la altura del sol, y corre al atrio, sonando las

llaves de la iglesia. En torno de la casa vuelve a rodar la copla de

los rapaces._

COPLA DE RAPACES

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila.

¡Tunturuntún! No sé que le dio.

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila.

¡Tunturuntún! Que malparió.

JORNADA TERCERA: ESCENA II

_Mari-Gaila y la Tatula conversan secretamente a espaldas de la casa,

bajo la pompa de la higuera donde abre los brazos el espantapájaros:

Una sotana hecha jirones, vestida en la cruz de dos escobas._

LA TATULA

Ya podemos hablar sin misterio.

MARI-GAILA

Pues comienza.

LA TATULA

¿Recuerdas de la suerte que una cierta ocasión te pronosticaron las

cartas?

MARI-GAILA

¡Cartas veletas!

LA TATULA

Prendas de amor te salieron por tres veces.

MARI-GAILA

¡Fallidos pronósticos!

LA TATULA

Tú misma pudiste leerlas.

MARI-GAILA

Mi suerte no muda.

LA TATULA

Será porque tú no quieras... He de darte cierto aviso.

MARI-GAILA

¿Qué es ello?

LA TATULA

Palabras de uno que espera las tuyas.

MARI-GAILA

¿Vienes mandada de Séptimo Miau?

LA TATULA

Diste pronto en el sujeto. ¿Sabrás igualmente cuál es su tocata?

MARI-GAILA

La tocata es buena.

LA TATULA

Quiere entrevistarse contigo.

MARI-GAILA

¡Ay, qué trueno! ¿Qué ceño puso al conocer el fin del carretón?

LA TATULA

Interrogó a los presentes, y sacó el hilo como un juez. Te conviene

saberlo. El baldadiño espichó de tanta aguardiente como le hizo

embarcar el maricuela.

MARI-GAILA

¡Había de ser ese ladrón! ¿Y Séptimo, qué dijo al enterarse?

LA TATULA

Al pronto quedó suspenso picando un cigarro.

MARI-GAILA

Disimulaba.

LA TATULA

¡Le conoces! Luego se puso a beber con todos, y con el maricuela el

primero. Cuando lo tuvo a barlovento, saltole encima, le afeitó el

lunar, y sin calzones lo echó al camino. ¡Lo que allí pudimos reír!

MARI-GAILA

¿Y Ludovina?

LA TATULA

¡Se escachaba!

MARI-GAILA

¿Tú no sospechas que tenga trato con Séptimo?

LA TATULA

Lo habrá tenido.

MARI-GAILA

Si lo tuvo, lo tiene.

LA TATULA

¡Ya te encelas!

MARI-GAILA

¡Libres son!

LA TATULA

¡Séptimo está por ti que ciega!

MARI-GAILA

De un ojo.

LA TATULA

¡Bien te lo declara su deseo de hablar contigo!

MARI-GAILA

¡Acaso no le bastará con una!...

LA TATULA

¿Es esa tu respuesta?

MARI-GAILA

Mi respuesta aún no te la di.

LA TATULA

Pues otra cosa no espero.

MARI-GAILA

La tengo de pensar.

LA TATULA

Los dictados del corazón son repentinos.

MARI-GAILA

Eso dicen...

LA TATULA

¿Qué le respondes?

MARI-GAILA

¡Ay, no estoy por sus conciertos!

LA TATULA

¡Buena vida pierdes!

MARI-GAILA

Andar errante.

LA TATULA

¡Contar pesetas!

MARI-GAILA

¡Soles y lluvias!

LA TATULA

¡Comer de mesones!

MARI-GAILA

¡Sobresaltos!

LA TATULA

¡Una reina! Para ti son estas medias listadas y estos pendientes

de brillos. Las medias, si las pruebas, llevaré razón de cómo te

aprisionan la pantorra.

MARI-GAILA

¿Son altas las medias?

LA TATULA

¡Clase superior! A estas llama el señorío conejeras.

MARI-GAILA

¡Pues está ocurrente el señorío!

LA TATULA

¿Qué me respondes para Séptimo?

MARI-GAILA

Le das las gracias.

LA TATULA

¿Sin otra palabra, Mari-Gaila?

MARI-GAILA

Si otra te pide, dile que venga por ella.

_Mari-Gaila sonríe pensativa, mirando al río cubierto de reflejos

dorados. Por la orilla va una caravana de húngaros con osos y calderos.

Mari-Gaila canta._

CANTAR DE MARI-GAILA

Si mensajes me mandas,

No lo celebro.

Suspiros en el aire

Son mensajeros.

LA TATULA

Séptimo pide hablarte en lugar retirado.

MARI-GAILA

Para darnos la despedida.

LA TATULA

La despedida, si otra cosa con él no conciertas. ¿Qué respondes?

MARI-GAILA

¡Y qué puede responder la mujer enamorada!

LA TATULA

¿Irás adonde él te cite?

MARI-GAILA

¡Iré!

LA TATULA

¿Lo confirmas?

MARI-GAILA

Confirmado.

LA TATULA

Pues dame una copa, y me camino con tu acuerdo.

MARI-GAILA

Entremos a tomarla.

LA TATULA

Espera.

_La vieja retenía del brazo a Mari-Gaila. La Guardia Civil cruzaba el

camino con un hombre maniatado. Asombradas bajo la hoguera, las dos

mujeres reconocieron al peregrino de las barbas venerables y el cabezal

de piedra._

MARI-GAILA

¡Siempre pegan en el más infeliz!

LA TATULA

¡Qué engañada! ¡Ese es el Conde Polaco!

MARI-GAILA

¡Ese!... Por tal tuve a Séptimo.

LA TATULA

El Condado de Séptimo es sacar dinero con sus títeres.

MARI-GAILA

¡Muy tunante!

LA TATULA

¡Y muy divertido!

MARI-GAILA

¡Por algo yo le aborrezco!

JORNADA TERCERA: ESCENA III

_San Clemente. La iglesia románica de piedras doradas. La quintana

verde. Paz y aromas. El sol traza sus juveniles caminos de ensueño

sobre la esmeralda del río. Séptimo Miau aparece sentado en el muro

de la quintana. Simoniña, en la sombra del pórtico, arrodillada a la

vera del carretón, pide para el entierro. La enorme cabeza del idiota

destaca sobre una almohada blanca, coronada de camelias la frente de

cera. Y el cuerpo rígido dibuja su desmedrado perfil bajo el percal de

la mortaja azul con esterillas doradas. Encima del vientre, inflamado

como el de una preñada, un plato de peltre lleno de calderilla recoge

las limosnas, y sobrenada en el montón de cobre negro una peseta

luciente._

SÉPTIMO MIAU

¡Qué! ¿Se junta mucha moneda?

SIMONIÑA

¡Algo pinga!

SÉPTIMO MIAU

¡No sabéis vosotras el bien que enterráis!

SIMONIÑA

¿Será usted el solo que lo sepa?

SÉPTIMO MIAU

Esos fenómenos son sujetos delicados, y hay que tener mucha mano con

ellos.

SIMONIÑA

¡Mejor cuido del que tenía!

SÉPTIMO MIAU

¡Me lo cuentas a mí, mozuela! ¿Pues no veo el carro sin un mal toldo,

sin una pintura que luzca? ¡Y era propio el fenómeno para enseñarlo en

una verbena de Madrid!

SIMONIÑA

¡Bien que le revolvieron la cabeza a mi madre con esos discursos!

SÉPTIMO MIAU

Tu madre es una mujer de provecho.

SIMONIÑA

Aun cuando usted no lo crea.

SÉPTIMO MIAU

Divinas palabras · 第 3 / 4 段