MARI-GAILA
¿Qué representa esa palabra?
EL COMPADRE MIAU
¿Quiere decir si quedamos convenidos?
MARI-GAILA
Si usted lo desea.
_El Ciego de Gondar, con la montera derribada y una taza de vino entre
las manos, asoma en la puerta del mesón. Tiene la risa jocunda del
mosto y del yantar._
EL CIEGO DE GONDAR
Mari-Gaila, ven a echar un trago.
MARI-GAILA
Se agradece.
EL CIEGO DE GONDAR
Bebe para refrescar la voz, Mari-Gaila. Adentro oí tu copla.
_Mari-Gaila enjúgase los labios con un pico del pañuelo que lleva a la
cabeza, recibe la taza desbordante y roja de manos del ladino viejo, y
bebe gorjeando el vino en la garganta._
MARI-GAILA
¡Es canela!
EL CIEGO DE GONDAR
Propio del Condado.
MARI-GAILA
Y con estas calores se aprecia doblemente.
EL CIEGO DE GONDAR
¿Quieres catar ahora un blanco que hay de Amandi? ¡Sabe a fresas!
MARI-GAILA
¡Buena vida te das!
EL CIEGO DE GONDAR
Si quieres catarlo, entra.
MARI-GAILA
¿Y si da en mareárseme la chola?
EL CIEGO DE GONDAR
Nos subimos a dormir al sobrado.
MARI-GAILA
¡Condenada tema! ¿Cómo estás tú sin una buena rapaza?
EL CIEGO DE GONDAR
Las rapazas solamente valen para sí. Un ciego requiere mujer lograda.
EL COMPADRE MIAU
¡Más parece al contrario! Como no ve, no puede apreciar hermosura, y
cuando palpe querrá encontrar las mollas prietas.
EL CIEGO DE GONDAR
¿Tú, cómo las tienes, Mari-Gaila?
LA VENTERA
Después de parir, no hay mollas duras.
MARI-GAILA
Eso va en la condición de cada mujer. Yo, después de parir tenía la
carne que no se me agarraba un repulgo.
EL CIEGO DE GONDAR
Deja ver cómo las tienes ahora.
MARI-GAILA
Para que te acompañe, has de tener las manos quedas.
EL COMPADRE MIAU
¡Si usted se va, no podremos hacer el cotejo!
MARI-GAILA
¿Habla usted del cotejo del ojo biroque?
EL COMPADRE MIAU
¡Cabal!
MARI-GAILA
Nos juntamos luego.
EL COMPADRE MIAU
¿Quiere usted esperarme en el mesón?
MARI-GAILA
Con este amigo le aguardo, si no se tarda.
_Mari-Gaila bate en la espalda del viejo ladino, y penetra en el mesón,
tirando del dornajo. Antes de desaparecer en la oscuridad del zaguán,
se vuelve, y con un guiño dice abur a los que se quedan._
EL COMPADRE MIAU
El garbo de esa mujer no es propio de estos pagos. ¡Y el pico!
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
¡Pues no se dan las pocas mujeres de gusto y postín en esta tierra! Y
usted habrá oído de una que tiene fama en el mundo. ¡La Carolina Otero!
Pues esa es hija del legoeiro de San Juan de Balga. ¡Esa, la propia que
se acuesta con el rey de los franceses!
EL COMPADRE MIAU
Los franceses no tienen rey.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
Pues del que manda allí.
EL COMPADRE MIAU
Allí es República, como debiera serlo la España. En las Repúblicas
manda el pueblo, usted y yo, compadre.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
Pues entonces, ¿con quién se acuesta la hija del legoeiro de San Juan
de Balga? ¡Porque la historia es cierta! ¡Y ahí tiene usted una hija
que no se olvida de su madre! ¡La sacó de andar a pedir, y la puso
taberna!
LA TATULA
¡Y pensar que una suerte como esa pudo tener la Mari-Gaila!
MIGUELÍN
Coplas de este amigo.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
Este amigo, por tener andado mundo, debe entenderlo.
EL COMPADRE MIAU
Esa mujer, en unas manos que supiesen conducirla, pudo llegar adonde la
otra.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
¡Mucho decir es!
EL COMPADRE MIAU
No soy el primero. Colorín también se lo ha pronosticado, y en su pico
está toda la ciencia de lo venidero. ¡A la suerte del pajarito, señoras
y señores! ¡A la suerte del pajarito, que les descorrerá el velo del
porvenir! ¡Señoras y señores, a la suerte del pajarito!
JORNADA SEGUNDA: ESCENA IV
_La quintana de San Clemente, a la caída de la tarde, en la hora de
las Cruces. Está llena de pájaros y de sombras casi moradas. Pedro
Gailo, el sacristán, pasea por el pórtico, batiendo las llaves. Con las
barbas grises sin afeitar y las mejillas cavadas, el sacristán tiene
algo que recuerda la llama amarilla de los cirios. Salen de la iglesia
las últimas mujerucas, y reza sobre la tierra fresca de una sepultura,
Marica del Reino._
PEDRO GAILO
¡Adiós, Marica! Al salir cierra la cancela.
MARICA DEL REINO
No te vayas sin hablar conmigo. Déjame rematar este Gloria.
_El sacristán se sienta en el muro del atrio sonando las llaves. Marica
del Reino se santigua. El hermano la ve venir sin moverse._
MARICA DEL REINO
¿Qué era lo tratado?
PEDRO GAILO
¿Por dónde vienen esas palabras, Marica?
MARICA DEL REINO
¿Y no se te alcanza? ¡Pues es manifiesto!
PEDRO GAILO
Si no haces más luz...
MARICA DEL REINO
¿Qué fue del carretón?
PEDRO GAILO
Cuanto tú sabes, cuanto sé.
MARICA DEL REINO
¡Así dejas que la mujer se te vaya extraviada!
PEDRO GAILO
Tiene quien le cubra la honra.
MARICA DEL REINO
¡Ay, hermano mío, otro tiempo tan gallo, y ahora te dejas así picar la
cresta! ¿Qué te dio esa mala mujer que de tu honra no miras?
PEDRO GAILO
¡Llegas como la serpiente, Marica!
MARICA DEL REINO
¡Porque te hablo verdad, me motejas!
PEDRO GAILO
¡Te dejas mucho llevar de calumnias, Marica!
MARICA DEL REINO
¡Calumnias! ¡Ojalá lo fueran, que esa mala mujer, con su conducta, es
oprobio de nuestras familias!
PEDRO GAILO
¡Tanto hablar, tanto hablar, pudiese acontecer que diese fin de mi
prudencia! Ya no le queda más que el rabo.
MARICA DEL REINO
¡Acaba de desollarlo, y paga en esta tu hermana, que lo es, la rabia de
tu honra!
PEDRO GAILO
No iban por ti mis palabras, aunque bien pudieran ir. ¡Son muchas las
malas lenguas!
MARICA DEL REINO
¡Ya se te caerá la venda, hermano mío!
PEDRO GAILO
¿Qué puñela quieres que haga? ¡Tú buscas que tu hermano se pierda!
MARICA DEL REINO
¡Busco que no sea consentido!
PEDRO GAILO
¡Que se pierda!
MARICA DEL REINO
¡Tendrás honra!
PEDRO GAILO
¡La honra de una cárcel!
MARICA DEL REINO
No te digo que la mates, pero májala.
PEDRO GAILO
Se me vuelve.
MARICA DEL REINO
No le darás a ley.
PEDRO GAILO
Estoy resentido de pecho. ¡Considera!
MARICA DEL REINO
¡Por qué considero!
PEDRO GAILO
Para alcanzar alguna cosa tendría que matarla. Las tundas no bastan,
porque se me vuelve. ¡Considera!
MARICA DEL REINO
Pues desuníos.
PEDRO GAILO
Nada se remedia.
MARICA DEL REINO
Esa mala mujer te tiene avasallado.
PEDRO GAILO
Si un día la mato me espera la cadena.
MARICA DEL REINO
¡Eres bien sufrido!
PEDRO GAILO
¡Tú quieres que yo me pierda, y tanto harás que me subirás a la horca!
¡Me hilan el cáñamo las malas lenguas, y llaman sobre mí al verdugo!
¡Por perdido me cuento! ¡Tendrás, Marica, un hermano ahorcado! ¡Esta
noche saco los filos al cuchillo! ¡No quisiera sobre mi alma tus
remordimientos!
MARICA DEL REINO
¡A mí me culpas! Si tienes perdida la honra y miras por cobrarla, será
tu sino que así sea.
PEDRO GAILO
El sino que me dan las lenguas murmuradoras. ¡Abrasadas sean tantas
malas lenguas! ¡Así se pierde a un hombre de bien que iba por su camino
sin faltar! ¡Cuitado de mí! ¡Marica, hermana mía, cómo de considerarlo
no te entra la mayor pena!
MARICA DEL REINO
El corazón tengo cubierto.
PEDRO GAILO
¡Ay, qué negro calabozo el que me dispones!
MARICA DEL REINO
¡En qué hora triste fuiste nacido! ¡Jamás de los jamases me quitaré el
luto de encima, si llevas a cabo tu mal pensamiento! ¡Ay, hermano mío,
antes quisiera verte entre cuatro velas que sacando filo al cuchillo!
¡Celos con rabia a la puerta de la casa, nunca dictaron buen consejo!
¡Ay, hermano mío, sentenciado sin remedio! ¡Cuando quieres mirar por tu
honra, te echas encima una cadena! ¡Esconde el cuchillo, hermano mío,
no le saques filo! ¡No te comprometas, que solamente de considerarlo,
toda el alma se me enciende contra esa mala mujer! ¡La gran anabolena
se desvaneció con el carretón! ¡Ay, hermano mío! ¿Por qué es tan tirana
la honra, que te ordena cachear, en busca de esa mujer, hasta los
profundos de la tierra?
_Las voces declamadoras de aquella vieja, en el silencio del atrio
lleno de sombras moradas, de fragancias de rocío, de vuelos inocentes
de pájaros, tienen el sentido de las negras sugestiones, en la primera
inocencia sagrada. El sacristán huye por el camino de la aldea: La
sotana escueta y el bonete picudo ponen en su sombra algo de embrujado:
Se vuelve, perdido entre los maizales llenos del rezo de anochecido, y
levanta los brazos negros, largos, flacos._
PEDRO GAILO
¡Me entregas al pecado! ¡Me entregas al pecado!
JORNADA SEGUNDA: ESCENA V
_Cielo estrellado. Una garita de carabineros medio tumbada en la playa
y deshaciéndose. Olas de mar con perfiles de plata abren sobre las
peñas; se mecen sombras de masteleros; alumbran las boyas lejanas; en
la taberna del puerto hay coplas y cartas. Mari-Gaila llega tirando del
dornajo, y escucha, acurrucándose en la sombra de la garita. Suenan
livianos unos cascabeles. Coimbra corre la playa olfateando. Y se
destaca, por negro, en la puerta iluminada de la taberna, la figura
de Séptimo Miau. Mari-Gaila le cecea, y en la sombra de la garita se
juntan los dos._
MARI-GAILA
Vamos más lejos.
SÉPTIMO MIAU
No se sobresalte usted.
MARI-GAILA
Miro por mi honra. Si aciertan a vernos juntos, ya están levantando un
enredo.
SÉPTIMO MIAU
Podemos ocultarnos en la casilla.
MARI-GAILA
No le quiero a usted tan cerca, amigo. Retire usted el brazo.
SÉPTIMO MIAU
Ya está usted amenazándome con las uñas.
MARI-GAILA
Es mi modo. ¿Y cómo va usted por el mundo sin una buena compañera?
SÉPTIMO MIAU
Aún no pude ganar un corazón.
MARI-GAILA
¿A quién requirió usted, que alcanzó tan mala correspondencia?
SÉPTIMO MIAU
De mujeres maldigo.
MARI-GAILA
Por ellas ciega.
SÉPTIMO MIAU
Por una sola, que es usted.
MARI-GAILA
¡Cuánta calor!... Pues iba el amigo acompañado, no hace mucho, de una
buena hembra.
SÉPTIMO MIAU
Usted la ha conocido.
MARI-GAILA
Oí conversas. ¿Qué ha sido de ella?
SÉPTIMO MIAU
Se ha suicidado.
MARI-GAILA
¿Qué representa tal palabra?
SÉPTIMO MIAU
Que ella misma se ha dado muerte.
MARI-GAILA
¿De verse abandonada?
SÉPTIMO MIAU
De falta de cabeza.
MARI-GAILA
O de mucho amor.
SÉPTIMO MIAU
¿Por usted no se ha matado ningún hombre?
MARI-GAILA
¡Cómo se chulea!
SÉPTIMO MIAU
Pues seré yo el primero.
MARI-GAILA
No tiene mi cara ese mérito.
SÉPTIMO MIAU
Usted no puede apreciarlo.
MARI-GAILA
¡Qué labia gasta!
SÉPTIMO MIAU
Usted no querrá mi muerte.
MARI-GAILA
Ni la de usted ni la de nadie. ¡Demonio fuera! ¡No me pase usted el
brazo!
SÉPTIMO MIAU
¿Tiene usted cosquillas?
MARI-GAILA
Sí las tengo. ¡Estese quieto el amigo, que llega gente!
SÉPTIMO MIAU
Nadie llega.
MARI-GAILA
Puede llegar. ¡Es usted atrevido!
SÉPTIMO MIAU
Vamos a entrarnos en la casilla.
MARI-GAILA
¡Le acudió buena tema!
_El farandul empuja suavemente a la coima, que se resiste blanda y
amorosa, recostándose en el pecho del hombre. Los cohetes abren sus
luces de colores y cabrillean sobre el mar. Clamoreo de campanas que
tocan a vísperas. En la súbita claridad de los cohetes aparecen las
torres de la Colegiata. Mari-Gaila, en la puerta de la garita, se
agacha y levanta un naipe caído en la arena._
MARI-GAILA
¡Las siete espadas! ¿Cómo se interpreta?
SÉPTIMO MIAU
Que de siete trabajos te recompensas durmiendo esta noche con Séptimo.
MARI-GAILA
¿Y si duermo la semana?
SÉPTIMO MIAU
De tu vida entera.
MARI-GAILA
¡Se proclama usted Dios!
SÉPTIMO MIAU
No conozco a ese sujeto.
_Mari-Gaila se detiene resistiéndose a entrar en la garita, entorna los
ojos respira con reír alegre de vino y licencias. Dejándose abrazar del
farandul, murmura con transporte:_
MARI-GAILA
¿Eres el Conde Polaco?
SÉPTIMO MIAU
Deja esos cuentos.
MARI-GAILA
¿No lo eres?
SÉPTIMO MIAU
No lo soy; mas pudiera suceder que le conociese.
MARI-GAILA
Pues si es tu amigo, cumples dándole el santo de que le buscan los
Guardias.
SÉPTIMO MIAU
¿Piensas que él no lo sepa? ¡Ya estará advertido!
MARI-GAILA
¿Tú no lo eres?
SÉPTIMO MIAU
Cambia la tocata.
MARI-GAILA
Por cambiada.
SÉPTIMO MIAU
Entra.
MARI-GAILA
¿Y qué hago del carretón?
SÉPTIMO MIAU
Lo dejas fuera. Entramos, pecamos y nos caminamos.
MARI-GAILA
Lindo verso.
SÉPTIMO MIAU
¡Hala!
MARI-GAILA
¡Séptimo, no me aprecias!
_El farandul muerde la boca de la mujer, que se recoge suspirando,
fallecida y feliz. El claro de luna los destaca sobre la puerta de la
garita abandonada._
SÉPTIMO MIAU
¡Bebí tu sangre!
MARI-GAILA
A ti me entrego.
SÉPTIMO MIAU
¿Sabes quién soy?
MARI-GAILA
¡Eres mi negro!
JORNADA SEGUNDA: ESCENA VI
_La casa de los Gailos. En la cocina, terreña y a tejavana, ahúma el
pábilo sainoso del candil, y las gallinas se acogen bajo la piedra
morna de las llares. Simoniña, dando cabezones tras un cañizo,
soltábase los refajos para dormir, y el sacristán bajaba del sobrado,
descalzo y cubierto con una sotana vieja. En una mano trae negro
cuchillo carnicero, y en la otra un pichel. Hablando con su sombra se
sienta a canto de la piedra larera._
PEDRO GAILO
¡He de vengar mi honra! ¡Me cumple procurar por ella! ¡Es la mujer la
perdición del hombre! ¡Ave María, si así no fuera, quedaban por cumplir
las Escrituras! ¡De la mujer se revira la serpiente! ¡Vaya si se
revira! ¡La serpiente de las siete cabezas!
SIMONIÑA
¿Qué barulla mi padre? ¡Ande a dormir!
PEDRO GAILO
Callar la boca es obediencia.
SIMONIÑA
Hoy achicó fuera de ley. ¡Ande a dormir, borrachón!
PEDRO GAILO
Tengo de sacar filo al cuchillo.
SIMONIÑA
¡Borrachón!
PEDRO GAILO
¡Toda la noche a la faena!... ¡Para vengar mi honra! ¡Para procurar por
ella! ¡Ya va dando los filos! ¡Es mi suerte que me pierda! ¡Sin padre
y sin madre te vas a encontrar, Simoniña! ¡Considera! ¡Mira cómo el
cuchillo da los filos! ¡Tiene lumbres de centellón! ¿Y tú, tan nueva,
qué harás en este valle de lágrimas? ¡Ay, Simoniña, el fuero de honra
sin padre te deja!
SIMONIÑA
¡Condenada tema diole la aguardiente!
PEDRO GAILO
¡Sin padre te quedas! Con este cuchillo he de cortar la cabeza de
la gran descastada, y con ella suspendida por los pericos iré a la
presencia del Señor Alcalde Mayor: Usía ilustrísima mandará que me
prendan. Esta cabeza es la de mi legítima esposa. Mirando por mi honra
se la rebané toda entera. Usía ilustrísima tendrá puesto en sus textos
el castigo que merezco.
SIMONIÑA
¡Calle, mi padre, que toda la sangre se me hiela! ¡Levantáronle la
cabeza con cuentos! ¡Ay, qué almas negras!
PEDRO GAILO
¿La mujer que se desgarra del marido, qué pide? ¿Y los malos ejemplos,
qué piden? ¡Cuchillo! ¡Cuchillo! ¡Cuchillo!
SIMONIÑA
¡No se encienda en malos pensamientos, mi padre!
PEDRO GAILO
¡Está escrito! ¡Mujer, pagarás tu vilipendio con la cabeza rebanada!...
Te quedas huérfana, y lo mereces por rebelde. No me da ninguna dolor de
tu orfandad. Pues a lo mío. ¡Mira cómo el cuchillo reluce!
SIMONIÑA
¡Arrenegado! Usted no es mi padre. El Demonio revistiose en su forma.
¡Tres veces arrenegado! ¿Qué gran culpa es la de mi madre? ¿Dónde se
manifiesta?
PEDRO GAILO
¡Su culpa tú no la ves! ¡Cacheas por ella, y no la ves! ¿Y ves al
viento que levanta las tejas? ¡Tu madre tiene sentencia de muerte!
SIMONIÑA
¡Ay, mi padrecito, esperemos que Dios se la mande! Usted no se cubra
las manos de sangre. ¡Mire que habrá de verlas siempre manchadas! ¿Y
quién nos dice que mi madre no volverá?
PEDRO GAILO
¡Oveja que descarría, clamará en cortaduría! No te pongas de por
medio, Simoniña. ¡Desapártate! ¡Déjame que prenda de los pericos a esa
mala mujer! ¡He de arrastrarla por la cocina! ¡Berrea, gran adúltera!
Llevarás una piedra entre los dientes, como los puercos.
SIMONIÑA
Repórtese, mi padrecito. Beba otra copa, y duérmase.
PEDRO GAILO
¡Calla, rebelde! ¿Por qué abriste la puerta para que se esvaneciese?
Enterrada al pie del hogar, nunca descubierta sería...
SIMONIÑA
Ha de ser una cueva bien honda, y ahora le cumple tomar ánimos con un
trago.
_En camisa, descubiertos los hombros, toma el pichel del aguardiente
y lo levanta sobre la boca del borracho, que lo aparta con una mano y
cierra los ojos._
PEDRO GAILO
Bebe tú primero, Simoniña.
SIMONIÑA
¡Es anisado!
PEDRO GAILO
Bebe tú y déjame una gota. ¡La mujer se desgarra de su casa!
SIMONIÑA
Apure lo que resta, y espante los malos pensamientos.
PEDRO GAILO
La mujer se debe al marido, y el marido a la mujer. Los dos usan de sus
cuerpos por el Santo Sacramento.
SIMONIÑA
Si quiere mujer ha de hallarla, que no es tan viejo ni tan cativo.
Usted busque el amigarse fuera de casa, que otra a gobernar, aquí no
entra.
PEDRO GAILO
¿Y si de noche el enemigo me solivianta, que es muy tentador? ¡Muy
tentador, Simoniña!
SIMONIÑA
Con latines lo espanta.
PEDRO GAILO
¿Si me llama a pecar contigo?
SIMONIÑA
¡Demonio fuera!
PEDRO GAILO
Cúbrete los hombros, que el pecado está en mí revestido.
SIMONIÑA
Beba y duérmase.
PEDRO GAILO
¡Qué piernas redondas tienes, Simoniña!
SIMONIÑA
Si toda yo soy repolluda, no había de tener flacas las piernas.
PEDRO GAILO
¡Y eres blanca!
SIMONIÑA
No mire lo que no debe.
PEDRO GAILO
Vístete un refajo, y vamos a minar la cueva.
SIMONIÑA
¿Otra vez vuelve con el mismo delirio?
PEDRO GAILO
¡Me parte la cabeza!
SIMONIÑA
Ande para la cama.
PEDRO GAILO
¿Para qué cama, venturosa? Si no has de estar conmigo en la cama, no
voy a ella.
SIMONIÑA
Pues deje el cuchillo. ¡Era buena burla acostarnos los dos!
PEDRO GAILO
Vamos a jugársela.
SIMONIÑA
¿Ya no piensa en rebanar ningún pescuezo?
PEDRO GAILO
Calla la boca.
SIMONIÑA
Póngase en pie, y no me pellizque las piernas.
PEDRO GAILO
¡Eres canela!
_Simoniña conduce al borracho a la yacija, tras el cañizo, y le empuja,
sofocada. Cayéndole la camisa por los hombros, y deshecha la trenza,
descuelga el candil y sube a dormir en el sobrado. La voz nebulosa del
sacristán sale del cocho de paja._
PEDRO GAILO
¡Ven, Simoniña! ¡Ven, prenda! Pues que me da corona, vamos nosotros
dos a ponerle otra igual en la frente. ¿Dónde estás, que no te apalpo?
Ahora tú eres mi reina. Si coceas, no lo eres más. Le devolvemos su
mala moneda. ¡Cómo ríe aquel Demonio colorado! ¡Vino a ponérseme encima
del pecho! ¡Tórnamelo, Simoniña!... ¡Prenda! ¡Espántamelo!
_Simoniña, con el candil en la mano, escucha acurrucada en la escalera.
El borracho comienza a roncar, y las palabras borrosas que dibujan la
línea del sueño, se distinguen apenas._
JORNADA SEGUNDA: ESCENA VII
_Viana del Prior. Clamoreo de campanas. Noche de luceros. Un hostal
fuera de puertas. Hacen allí posada mendigos y trajinantes de toda
laya, negros segadores, amancebados criberos, mujeres ribereñas que
venden encajes, alegres pícaros y amarillos enfermos que, con la manta
al hombro y un palo en la mano, piden limosna para llegar al Santo
Hospital. El acaso los junta en aquel gran zaguán, sin otra luz que la
llama del hogar y la tristeza de un candil colgado a la entrada de las
cuadras. Aparece Rosa la Tatula tirando del carretón del enano, llega
al mostrador, y se registra la faltriquera al tiempo que ríe toda su
boca sin dientes._
LA TATULA
¿Es buena esta peseta, Ludovina?
_Ludovina, pequeña, pelirroja, encendida, redonda, hace sonar la moneda
y la frota entre los dedos, examinándola a la luz cornuda del candil.
Vuelve a saltarla sobre el mostrador._
LUDOVINA
Parece buena. Mírala tú, Padronés.
MIGUELÍN
No tiene tacha.
LA TATULA
¿Quieres ponérmela en perras, Ludovina? Tenía mi recelo de que fuese
cativa, por la mano de donde viene. Me la dio el castellano que va con
el pajarito.
MIGUELÍN
El Compadre Miau.
LA TATULA
Ese ventolera, que ya encartó con Mari-Gaila. Juntos como dos
enamorados quedan en la plaza viendo los castillos de fuego, y como es
tanto el gentío, me encomendaron el carretón. Bien hacen en divertirse,
que son mozos.
LUDOVINA
De mocedad poco les queda.
MIGUELÍN
El rabo por desollar. Son pieles del mismo pandero.
_Del fondo oscuro del zaguán sale a la luz un mozo alto, con barba
naciente, capote de soldado sobre los hombros, y el canuto de la
licencia al pecho. Tiene cercenado un brazo, y pide limosna tocando el
acordeón con una mano._
EL SOLDADO
Mari-Gaila no es mujer para un hombre de ese porte. ¡La otra tenía un
garbo y un ceceo más bien puesto!
MIGUELÍN
La otra llevaba un crío a cuestas, y esta lleva en el carretón un
premio de la lotería. El Compadre Miau, a ese engendro de la cabeza
gorda lo pasea por la redondez de España, sacándole mucho dinero.
EL SOLDADO
No es caso superior. Fenómenos, otros que vemos.
LA TATULA
Mejor enseñados en sus principios.
MIGUELÍN
El Compadre, de un perro con pulgas hizo el sacadineros de Coimbra.
LA TATULA
Mari-Gaila, teniendo el disfrute del engendro, o el medio disfrute, no
hacía nada.
EL SOLDADO
No es caso superior.
MIGUELÍN
Es para lucido en una verbena del propio Madrid. Ludovina, dale una
copa, que yo la abono, y trae papel, que le haré un bonete.
EL SOLDADO
Para una cabeza tan gorda, será solideo.
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
EL SOLDADO
Tú como sacabas el dinero, era con barbas, una joroba y el bonete
colorado.
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
MIGUELÍN
Y con todo te verás, si caes en la mano del Compadre Miau.
LA TATULA
Págale otra copa, y estaos atentos. Cuando tiene dos copas se pone un
mundo de divertido. Haz la rana, Laureano.
EL IDIOTA
¡Cua! ¡Cua!
MIGUELÍN
¿Quieres otra copa, Laureano?
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
MIGUELÍN
Dale otra, Ludovina.
LUDOVINA
Ya van tres por tu cuenta, tres perras.
MIGUELÍN
Cóbrate de ese machacante.
LUDOVINA
¡Viva el rumbo!
_Miguelín, la boca rasgada por una mala risa, y la lengua sobre el
lunar rizoso del labio, hace beber al enano que, hundido en las pajas
del dornajo, se relame torciendo los ojos. Bajo la campana de la
chimenea resuena deformado el grito epiléptico._
EL IDIOTA
¡Hou! ¡Hou!
MIGUELÍN
Bebe, Napoleón Bonaparte.
EL SOLDADO
Píntale unos bigotes como los del Káiser
MIGUELÍN
Voy a afeitarle una corona.
LA TATULA
Tienes ideas del pecado.
_A canto del hogar, un matrimonio de dos viejos, y una niña blanca con
hábito morado, reparten la cena. Rosquillas, vino y un pañuelo con
guindas. La niña, extática, parece una figura de cera entre aquellos
dos viejos de retablo, con las arrugas bien dibujadas y los rostros de
un ocre caliente y melado, como los pastores de una Adoración. El grito
del idiota pone la flor de una sonrisa en la boca triste de la niña._
LA NIÑA
¿Quieres pan de la fiesta, Laureaniño? ¿Y un melindre?
EL IDIOTA
¡Releche!
LA TATULA
Se encandila viendo a la rapaza. ¡Es muy pícaro!
_El idiota agita las manos con temblor de epilepsia, y pone los ojos
en blanco. La niña deja sobre el dornajo guindas y roscos, y vuelve a
sentarse en medio de los padres, abstraída y extática. Con su hábito
morado y sus manos de cera, parece una virgen mártir entre dos viejas
figuras de retablo._
LA MADRE
Ludovina, no consientas que tanto le den a beber. ¡A pique de que lo
maten!
LA TATULA
¡Maldita palabra!
_El idiota, los ojos vueltos y la lengua muerta entre los labios
negruzcos, respiraba con ahogado ronquido. La enorme cabeza, lívida,
greñuda, viscosa, rodaba en el hoyo como una cabeza cortada. Miguelín
el Padronés, sesgando la boca, sacaba la punta de la lengua y mojaba de
salivilla el rizo de su lunar. Las otras sombras se inclinaban sobre el
dornajo._
LUDOVINA
No le quitéis el aire.
MIGUELÍN
Metedlo de cabeza en el pozo, que eso se le pasa.
LUDOVINA
Tatula, sácalo para fuera. Aquí no quiero más danzas.
_Con la boca cada vez más torcida, araña la colcha remendada del
dornajo, y sus manos, sacudidas de súbitos temblores, parecen afilarse.
La niña y los viejos guardan una actitud cristiana, recogidos tras la
llama del hogar._
EL PADRE
Lo acontecido no le acontece a la finada. Aquella tenía mano, pero este
pronunciamiento de darle cada uno su copa...
LUDOVINA
Saca para fuera el carretón, Tatula.
MIGUELÍN
Mételo en el pozo, que eso no es nada.
EL SOLDADO
¡Nada más que la muerte!
LUDOVINA
¡Centellón! ¡Que no lo quiero bajo mis tejas!
LA TATULA
¡Acaso no sea muerte total!
LUDOVINA
Yo miro por mi casa: ¡Y tú tienes toda la culpa, Maricuela!
MIGUELÍN
Después de que pago las copas, aún me vienes con apercibimientos.
_El enano había tenido el último temblor. Sus manos infantiles, de
cera oscura, se enclavijaban sobre la colcha de remiendos, y la enorme
cabeza azulenca, con la lengua entre los labios y los ojos vidriados,
parecía degollada. Las moscas del ganado acudían a picar en ella.
Ludovina había dejado el mostrador._
LUDOVINA
¡Que no quiero compromisos en mi casa! ¡Centellón! ¡A ver cómo os
ponéis todos fuera!
LA TATULA
Fuera me pongo. Pero conviene que todos se callen la boca de cómo se
pasó este cuento.
LUDOVINA
Aquí ninguno vio nada.