Sancto Domingo, á la calle del Colegio de los Teatinos, torciendo á mano
derecha por la de Palacio, llevando por principio un estandarte de
tafetan negro bien guarnecido, D. Joan de Altamirano, caballero del
hábito de Santiago, yerno que fué de Don Luis de Velasco, Virey que fué
de esta Nueva España, y al presente lo es del Pirú, á cuyos lados venian
en dos hileras catorce familiares del Santo Oficio con cirios blancos,
de á cinco libras de cera, encendidos y en ellos pintadas las armas de
Sancto Domingo y Sant Pedro Martir, en los quales se pusieron porque
segun lenguaje de los que de mas cerca an tratado las cosas de este
auto, los Sres. Inquisidores han fundado este año una Cofradía de
Oficiales y familiares del Sancto Oficio, devajo del amparo y título de
Sant Pedro Martir en este Convento, y en su seguimiento venian en dos
hileras el Clero y Religiones mezclados unos con otros, entre los cuales
se repartieron por mano de personas fidedinas, y de crédito, mas
cantidad de 800 velas de cera blanca, de á media libra á cada uno la
suya encendida, y ivan con muy buen órden. Y á buen trecho de este
estandarte se siguia una cruz de plata dorada con velo y manga de
terciopelo negro, y á sus lados dos ciriales de plata con manguillas de
terciopelo, que llevavan Religiosos de la dicha Orden, revistidos, y á
sus lados catorce familiares con cirios encendidos como los primeros; y
luego la Capilla de la Iglesia mayor de esta ciudad, cantando Salmos
acomodados á la ocasion en que ivan, á canto de organo, respondiendo en
distinto coro y tono, el que formaban el Clero y Religiones en suave
canto llano, y casi al remate de la procision ivan doce Religiosos de
este convento revestidos con albas y casullas de terciopelo y brocado
negro, en cuyos hombros, remudándose de quatro en quatro venia el Arbol
de la vida, en que Jesucristo Nuestro Señor, vida de todo el género
humano dió remedio al daño que nos causó el fruto del árbol de muerte,
sobre el globo de un mundo dorado y plateado, sembrado de estrellas,
fijado en una peaña guarnecida con frontaleras de brocado, y en las
esquinas quatro ángeles de bulto, hincados de rodillas, adorando la
cruz, la qual era de buen tamaño, pintada de verde, con dos listas de
oro por orla, con su retulo y por toalla una vuelta de tafetan negro,
guarnecido con puntas de seda y avalorio negro, y delante della en dos
hileras sesenta familiares del Sancto Oficio, con cirios encendidos como
los pasados, y toda esta cantidad de familiares son de México, y de
todas las ciudades, villas y lugares de esta Nueva España, que para
este dia se juntaron, y á las esquinas de la peaña ivan quatro
capellanes del Sancto Oficio, con sobrepellises y cirios encendidos como
los de los familiares, y á los lados seis hombres con alabardas nuevas,
guarnecidas de terciopelo negro y tachueladas con tachuelas doradas, y
todas las orlas de los recasos de la cuchilla, media luna, cubo y
varillas doradas, y detras de la cruz ivan los perlados de las Ordenes,
y en lo último el Prior de este convento, F. Cristobal de Hortega, con
capa de brocado y una cruz de oro en las manos, muy curiosa, y dos
Religiosos graves de su Orden revestidos de ornato de brocado negro
bordado de oro y seda, y al lado derecho del Prior iva el Chantre,
acompañándole á su lado el uno de los Religiosos revestidos, y ivan
rigiendo esta procesion, el alguacil mayor del Sancto Oficio D. Lorenzo
de los Rios, y Bernardino Vasquez de Tapia y el Regidor Alonso de
Valdez, caballeros de esta ciudad y familiares con septros de plata que
en sus principios tenian unos escudos grabados en ellos las armas de
Sancto Domingo y de Sant Pedro Martir, y el Notario de la Inquisicion
Pedro de Fonseca, que llevaba en la mano una cruz de acero pavoniada con
su tronquillos, el qual ponia en órden la procesion, entremetiendo el
clero con las órdenes. Todo lo qual causó tanto silencio que hacia mudas
las calles por donde pasava, y esto en tiempo que ivan llenas de
infinita gente, y en tanto número que á juicio de personas
isperimentadas, en semejantes concursos dicen avia en ellas y en las
ventanas y azoteas y plazas, mas de 50 mil personas. Y llegado que fué
el Estandarte junto á la puerta principal de Palacio, sobre la cual y en
una de sus ventanas bien aderezada, con alfombras, cortinas, sillas y
cojin de terciopelo negro, estaba el Virey, el qual le hizo su
acatamiento debido, y luego dió la vuelta á mano derecha hácia el
cadalso, llegada que fué la Santa Cruz al sitial de Su Señoría, la adoró
con grande edificacion del pueblo, y los pajes de Su Señoría salieron de
Palacio en cuerpo, bien aderezerados, con cirios de cera blanca,
encendidos, con que recibieron la Sancta Cruz, asiendo la adoracion,
levantando las achas y umillando los cuerpos, segun estilo de Palacio y
corte, acompañándola asta el cadalso donde la subieron, y allí dejaron
la cera en medio del planicie de esta primera parte, junto al Tribunal y
sus gradas sobre un altar que avia hecho con muy rico ornamento, quedó
puesto asta las tres de la mañana del día del auto, por cuyo respeto y
compañia se quedaron alli quatro religiosos de cada Orden, y cantidad de
familiares, que á la luz de gran número de cirios y achas velaron el
divino lecho en que el reparador de nuestra caida murió, los quales á
esta hora la llevaron en procision cantando himnos asta lo mas alto del
medio pirámide y gradadas de penitentes, en cuya estremidad la pusieron,
acompañada de los dichos Religiosos y familiares asta el dia. Y esta
noche á las ocho llevó Pedro de Fonseca, Notario del Santo Oficio, y
seis familiares, una cruz grande verde, y la puso cinquenta pasos
desviada del quemadero que abajo se dirá, en su peaña alta de cantería,
con la decencia y reverencia debida, y entre la una y las dos de la
noche por mandado del Santo Oficio el dicho Notario y familiares
llevaron al brasero que está echo de cantería en el Tianguis que llaman
de S. Ipólito, entre la alameda y Convento de los Descalzos Franciscanos
de esta ciudad, quatro maderos con sus argollas, en que avian de morir
quatro relajados, que este dia salieron al auto, donde los fijaron
puestos con guardia, y de alli se fueron juntos á las casas de Baltasar
Mejia de Salmeron, alguacil mayor de esta ciudad, á quien le fué
notificado por el Notario, que conforme á los que avian de morir tuviese
prevenida leña, pregoneros y verdugos para este dia, el que respondió
que estaba presto de cumplir lo que por el Santo Oficio se le mandaba.
Y á las dos de la mañana se comenzó á decir misa en la capilla del Sto.
Oficio, y en todas las parroquias y conventos desta ciudad, por horden
de los Sres. Inquisidores, y con ser competente el tiempo para
conseguir el entero precepto eclesiástico, apenas se vaciaran las
Iglesias, cuando estaban otra vez llenas, hasta que amaneció, que todos
correspondieron á las obligaciones de buena cristiandad y virtud.
Este dia, á las tres de la mañana, despues de haber dado el alcayde de
almorzar á los penitenciados, mandaron los Sres. Inquisidores sacarlos
de sus cárceles al segundo patio de las casas del Santo Oficio, adonde
se les iva poniendo á cada uno las insignias de su penitencia y castigo,
con una vela de cera verde en las manos, después de lo qual, entre las
quatro y las cinco, el fiscal del Santo Oficio iva llamando por una
memoria á los familiares elegidos para acompañar los penitentes,
nombrándolos por sus nombres, de los quales avia ya gran número en el
patio primero, donde se ivan juntando; y á cada dos hombres les
entregaban un penitente, y desta suerte prosiguió asta llegar á los
relajados, que fueron tres hombres, y una doncella de las de _Caravajal_
que quemaron en el aucto pasado, y á cada uno acompañavan dos relijiosos
de las hórdenes, los mas doctos, y dos familiares por guarda; y despues
dellos tres estatuas de difuntos, con ábito penitencial, y en su
seguimiento otras 16 con corosas é insignias de fuego de los difuntos
fujitivos y ausentes relajados, los que llevan escripto en los pechos,
los nombres, tierra y delitos de cada uno, en cuyo remate los tres
dellos llevan tres ataudes negros, pintados en ellos unas calaveras,
sembradas de fuego, y dentro los guesos de los difuntos, y la última con
insignia retorcida en la corosa de maestro domatista de la Ley muerta de
Moysen que guardaba. Y á las seis de la mañana estaban ya puestos en
horden de procesion, y en los corredores vajos y patio del Santo Oficio,
y media hora despues comenzaron á salir por su puerta principal,
llevando por guia tres cruces de las parroquias, con velos y mangas de
terciopelo negro, con los curas y capellanes dellas, y en su seguimiento
124 penitentes, con las 19 estatuas, guiados al cadalso, por la calle de
Santo Domingo; la qual, y sus ventanas y azoteas, y plazas, ocupavan el
mismo número de jente que el dia antes ubo en la procesion, y nunca mas,
de suerte que fué necesario que los familiares sobre bien aderezados
cavallos, fuesen con el alguacil mayor delante, y por los lados,
hasiendo campo á la procesion de penitentes: llegados al palenque de la
segunda parte del cadalso, entraron por él sin ningun estorvo, y
suvieron á las gradas del medio piramide, donde fueron puestos y
sentados, en esta manera, en la grada mas alta, al pie de la cruz, un
relajado calvinista revelde, y en otra mas baja, la doncella; y á sus
lados, otros dos relajados. Y luego, 50 personas con avitos de
reconciliacion, por diversas sectas y leyes de Moysen, y luego otros por
diversos delitos, dos veces casados, hechiceros, blasfemos: en los lados
del pirámide, se repartieron en las varandas, las estatuas igualmente,
de suerte que de lejos se podian ler los retulos, y adornavan las gradas
de penitentes, de modo que parecian muy bien, y los familiares padrinos
se sentaron en sus vancos en la forma arriba dicha.
No estuvo con poco cuidado el Virey esta noche, antes del auto, pues se
levantó á las 3 de la mañana con sus caballeros y gente de palacio á
hoir misa, donde estuvo en vela hasta el dia, dando á entender con esto
como tan cristianisimo Principe, que los tales la an de tener en
semejantes hocasiones, y despues de aver sacado los penitentes del Santo
Oficio, salió luego con gran priesa, por que el dia no alcanzase de
quenta á lo muncho que en él avia que hacer en el, del Real Palacio de
esta Corte, su señoria, acompañado del audiencia Real y de su guardia,
cabildo y lo mas ilustre de la ciudad, guiados por la calle arriba de
Palacio, torciendo á la del Santo Oficio á mano izquierda, donde estavan
ya á punto el Santo Oficio, y estandarte de la fee con el cabildo de la
Iglesia. Y llegado que fué, se pusieron en horden en esta manera:
delante de todos los alguaciles de corte y ciudad, y luego la Caballeria
y familiares y detras los Cavildos de la Iglesia y Ciudad, con la
Universidad, entremetidos unos con otros, y al fin dellos el Secretario,
el alguacil mayor y Ministros mayores de la Inquisicion, y en un buen
caballo aderezado el alcayde de la carcel perpetua, el qual llevaran de
diestro dos personas, por causa de que llevava asido con ambas manos
sobre el arson delantero de la silla, un cofre cerrado, y luego el
Fiscal del Santo Oficio que llevava el estandarte de la fee, que es de
damasco carmesí, con dos puntas, cordones y borlas de oro, y seda, que
por ambas partes tienen sembrados algunos escudos bordados con mucho
artificio y primor, y en sus campos las armas del apostol Sant Pedro,
Príncipe de la Iglesia, y los de Santo Domingo, y Sant Pedro Martyr, y á
su lado el arcangel Sant Miguel y sobre la vara de plata deste
estandarte, yba la Santa Cruz de la fee, toda de oro, de honguillos, con
sus franjillas al pié, de oro y seda, el qual es muy costoso y agradable
á la vista, y á su lado izquierdo iva Don Joan Altamirano, que llevava
las vorlas del estandarte, en cuyo seguimiento venian el Lic. Vivero, y
el Dr. Rivera, consultores del Santo Oficio, y la audiencia real por sus
antiguedades, y en lo último Su Señoria el Virey, que iva á el lado
derecho del Inquisidor mas antiguo, que iva en medio, y detras sus pajes
y criados, y con esta horden llegaron al cadalso á las siete de la
mañana, en el qual, despues de haver subido se asentaron en el Tribunal,
y asientos, con el horden que avian venido; y al principio de las gradas
del medio, por donde suvieron al Tribunal, se sentó el fiscal del Santo
Oficio, teniendo á su mano derecha, fijado en el tablado, el estandarte
de la fee, y á su mano izquierda, Don Joan Altamirano, y tres gradas mas
vajas, Bernardino Vasquez de Tapia y el Regidor Alonso de Valdes, y en
las tres últimas, el Notario Pedro de Fonseca, á cuyo cargo era llevar
las sentencias á los Relatores, dadas por mano del Secretario.
En las gradas de mano derecha del Tribunal, en la primera, junto á la
varanda de en medio, se assentó el Lic. Vasco Lopez de Bivero,
corregidor que fué desta ciudad, y consultor del Santo Oficio, que por
no ser de la Real Audiencia se le dió este lugar, y á su lado los
Prelados de las hordenes Provinciales, Priores y Guardianes, y mas bajo
los catedráticos de las hordenes, maestros y Religiosos graves; y en las
de mano izquierda, en la primera, Calificadores, Patrocinadores y
Comisarios de los Obispados de este Reyno, y mas bajo, Catedráticos y
Religiosos graves y caballeros; y al pié de las unas y otras gradas avia
repartidos 12 doctores de la Universidad, entremetidos unas personas
graves con otras en bancos, por que el Santo Oficio hordenó que no
uviese lugares señalados, y en el banco de espaldas de la mesa el
Secretario con las llaves del dicho cofre, que era de evano, y se puso
sobre ella, que tenia media vara de alto, y media de ancho, aforrado en
terciopelo carmesí, todo guarnecido con visagras, chapas, cerradura,
tachuelas y llave de oro, y en las esquinas de su asiento, quatro leones
de oro, fijados á el; cuya figura hace demostración feroz por su guarda,
y dentro dél estaban las relaciones y sentencias de los culpados, y
sobre la mesa, recaudo para escribir, con tintero y salvadera de plata,
en que estaban gravadas las armas del Santo Oficio; y como se ha dicho
arriva, se asentaron en los vancos, por su horden, los demas del
acompañamiento. A todo lo qual se dió principio con un Sermon breve, por
el tiempo tan corto que restaba, el qual predicó con mucha asepcion de
los oyentes, el Dr. Don Juan de Servantes, arcediano de la Catedral de
México, catedrático de Escritura, calificador del Santo Oficio, y Juez
ordinario de las causas de la fee, despues del qual, en el mismo púlpito
del Sermon, el Secretario del Santo Oficio leyó el juramento que izo el
Tribunal y todo el Pueblo, sobre un libro misal, de perseguir y arruinar
por todas vias á los enemigos de nuestra Santa Fee Católica, y á su lado
estava el Dr. Aranguren. Capellan del Santo Oficio, que tenia el misal,
revestido con un sobrepellis, y muy rico. No estava con poco cuidado el
secretario en el sacar de las sentencias del cofre por su horden, las
quales iva entregando al Notario Pedro de Fonseca, que las llevava á los
Relatores, y leydas aquellas las ponia en el cofre; y sacava otras, y
desta suerte prosiguió como persona entendida, diestra, cursada en este
ministerio, y muy necesaria en él. Y comenzando á leerse, llamava á la
gradilla del pasadiso, á cada uno de los penitentes, por su nombre y
naturaleza, hasta que las causas de los relajados fueron leydas, y á las
5 de la tarde se entregaron al brazo seglar; y bajados del cadalso, los
llevaron; y á la entrada de calle de Sant Francisco, donde estaba en un
tablado puesto un sitial, adornado de alfombras, y sentado en él el Dr.
Francisco Muñoz Monforte, correjidor de esta Ciudad, y á su lado
izquierdo Juan Perez de Rivera, familiar del Santo Oficio, y escribano
público della, por los quales les fueron pronunciadas sus sentencias, y
notificadas, de donde los llevaron por esta calle con voz de pregoneros,
que manifestaban sus delitos, hasta el quemadero, y en el discurso del
camino, los Religiosos que acompañavan á Simon de Santiago, aleman
calvinista, ficto simulado, confitente revelde, pertinaz, condenado á
quemar, vivo, á quien yvan aconsejando y amonestando por los mejores
medios y caminos que podian, se convirtiese á la Ley Evanjelica y fee
Católica, el qual asiendo poco casso se sonreia como lo izo en el
cadalso, todo el dia, comiendo lo que le daban, con demostracion de
contento, como si uviera de ir á vodas, y con grande desverguenza
respondia, _no cansa padres, que esto no es forza_. Y porfiando les
decia _no des boses padres_, como enojado, y finalmente, sin querer
tomar la cruz en las manos, murió quemado vivo, y siempre tuvo una
mordaza en la boca, por las blasfemias que decia, y era tan torpe de
entendimiento que no allaron caudal en él los Relijiosos para argüirle,
y con sus argumentos convencerle de sus herrores, y con él murió Tomas
de Fonseca Castellanos, el qual aunque hacia demostraciones de morir
cristianamente, fueron con muncha tibieza.
Y luego Dª. Mariana Nuñez de Carabajal, doncella, murió con muncha
contricion, pidiendo á Dios misericordia de sus pecados; confesando la
Santa fee católica, con tanto sentimiento y lágrimas, que enternecia á
los que la oyan, diciendo mil requiebros á la cruz que llevava en las
manos, besándola y abrazándola, con tan dulces palabras, que ponian
silencio á los Relijiosos que ivan con ella, dando todos infinitas
gracias á Dios Nuestro Señor, por la gran misericordia que con ella
usava, por donde se entiende que está en carrera de salvacion, y para
gloria de Jesucristo Nuestro Señor diré lo que dijo esta doncella en el
cadalso, y munchos que allí estavamos, oymos razonando con una ermana
(_Anica_) y sobrina, que tambien salió al auto con ávitos de la
conciliacion; _Boy morir en la Fee de Nuestro Señor Jesucristo_, que fué
cosa de gran regocijo para los cristianos. Este dia se reservó otro
relajado, y se volvió al Santo Oficio no se save porqué causa.
Y prosiguiendo con las sentencias del cadalso asta que quiso anochecer,
que vastó á que se leyesen las causas de dos en dos, y cerrando el dia
con luces de achas, de quatro en quatro, y fenecidas con nueva majestad
y señorío, el Inquisidor mas antiguo tomó la estola y el libro que
trujeron dos capellanes del Santo Oficio, en dos ricas fuentes doradas,
y comenzó en tono grave la ausolbcion, alumbrandole con una vela de sera
blanca, puesta en un mechero de plata, respondiendo la capilla en canto
de hórgano con maravillosas voces que las ay en esta Iglesia Catedral,
con un maestro diestrísimo, y acavada á las ocho de la noche, volvieron
á la Inquisicion, el Santo Oficio, Virey y audiencias con el demas
acompañamiento, y por el mismo horden que avian llevado, y delante
muchas achas encendidas, de cuyas luces avia muncha cantidad, en las
ventanas y puertas de la calle desde el cadalso hasta la Inquisicion,
que en ella causaban gran claridad, y llegados se despidió el Virey y
audiencia.
Y porque los familiares padrinos volviesen con sus ahijados, se
subieron al pasadiso del cadalso, y puestos en él en dos yleras,
arrimados á las varandas, pasaron por medio los Penitentes con sus velas
encendidas, y los padrinos conocieron sus ahijados, y por su horden
fueron vajando á la puerta donde estavan las cruces de las parroquias,
sin velos, con mangas de terciopelo carmesí, bordadas de horo, y seda,
adornadas de munchas flores, por el triunfo de la fee, guiando por la
calle de Sto. Domingo, se volvieron los Penitentes al Santo Oficio,
donde se entregaron al Alcayde, presente el Secretario y Alguacil mayor,
del número de los quales volvieron menos las diez y siete estatuas y
tres relajados que quemaron.
El Lunes siguiente, Martes, Miercoles y Jueves, se sacaron del Sancto
Oficio, en forma de justicia, á azotar por las calles públicas, con voz
de pregoneros que manifestavan los delitos, á los que á ello estavan
condenados, y los que yvan á galeras, se llevaron con testimonios de sus
causas á la Carcel de Corte, y se entregaron al Alcayde y escribano de
entradas de ella, y los negros á sus amos, y los de carcel perpetua al
Alcayde, y los demas se llevaron á los lugares que se les señalaron por
el Sancto Oficio.
Y este dia, la tarde, Lunes 26 de Marzo, el Illmo. Sr. Conde de
Monterey, visorey de esta Nueva España, salió de Palacio, acompañado de
su guardia y de la gente mas principal desta Ciudad, con la qual izo un
general paseo por ella, demostrando la alegría que tenia y todos deven
tener, por el Triunfo de la Sancta Fee Católica, y de la Iglesia Romana,
contra los erejes, y por la destruicion de los vicios, y pecados, lo
qual yzo á imitacion de un paseo que por las mismas causas hizo el Rey
D. Felipe 2.º nuestro Sr. que sea en Gloria, cuando el auto de Casaya,
que se ayó presente. Plegué á Dios nuestro Sr. que todo aya sido par
nuevo ensalsamiento de su santa fee Católica, confusion y abatimiento de
nuestros enemigos, alabanza y gloria de Jesucristo Nuestro Sr., y de su
bendita Madre la Virjen María, y de su corte celestial, por cuyos
méritos se sirva de amparar y ayudar y favorecer á tan Santo y necesario
Tribunal, y prospere los sucesos en la estirpacion de las erejías,
conservando el uso del Santo Oficio, como merece, y su Divina Majestad
puede.
_Amen.--Laus Deo._
Este es el fiel trasunto del original y curioso manuscrito que encontré
en los archivos del Tribunal de la Inquisición: en cuanto á la _lista de
penitenciados_, que existe también, excuso ponerla por ser muy larga,
pues ocuparía quizá un espacio igual á la preinserta relación.
_Vicente Riva Palacio._
LOS TREINTA Y TRES NEGROS
I.
Casi en el mismo año de 1521 en que el imperio de Moctezuma fué
derribado, y sometido el Anáhuac á la dominación de España, comenzaron á
llegar á México esclavos africanos conducidos á la tierra nuevamente
conquistada, por amos cuya sórdida codicia no se saciaba con el oro y la
plata que los naturales del país podían extraer de sus minas.
Los mexicanos, bien por su aversión á los conquistadores, ó bien por sus
antiguas costumbres, no querían trabajar en el beneficio de las minas
con la tenacidad y constancia que deseaban los españoles.
El emperador Carlos V había sido informado de que por el excesivo
trabajo á que se condenaba á los mexicanos por los conquistadores, se
habían producido sediciones y levantamientos más ó menos graves, y que
todo esto podía tener fatales consecuencias para la corona de España;
ordenó, con audiencia de sus consejeros y teólogos, que los americanos
fuesen libres de toda servidumbre, anulando los repartimientos de indios
que había hecho Cortés.
De aquí vino para los españoles la necesidad de tener esclavos
africanos, que trabajando día y noche en las minas, recibiendo una
miserable retribución, y considerados como animales, pudieran enriquecer
muy pronto á sus dueños.
En efecto, fué tan grande el número de los negros que se trajeron á la
Nueva España, y tantas las ganancias que producían á sus amos, que ya en
el año de 1527 Carlos V, entre otras ordenanzas que mandó á México,
dispuso que los negros casados pudiesen redimirse pagando á sus amos
_veinte marcos de oro_, y en proporción los niños y las mujeres.
En un principio los esclavos eran empleados únicamente en el laboreo de
las minas, pero poco después se ocuparon en las siembras y cultivo de la
caña de azúcar, cuya planta aseguran algunos autores que fué llevada á
las islas de América desde las Canarias por el inmortal Cristóbal Colón,
y que Cortés la hizo trasplantar á México.
Por el año de 1608 el número de los negros esclavos era ya tan crecido
en la Nueva España, que apenas había una familia acomodada que no
tuviera muchos de ellos á su servicio[19].
A pesar de que la suerte de los indígenas de América era bien triste por
el trato duro é inhumano que recibían de los conquistadores, era sin
embargo muy dulce comparada con la de los infelices esclavos africanos.
En aquellos primeros años, los caballos, las mulas y los bueyes eran muy
escasos en Nueva España, y el trabajo de estos animales se suplía con
los esclavos negros, á los cuales se quería comunicar fuerza y vigor con
el látigo de los mayordomos.
Necesariamente aquellos hombres pensaban en la libertad, no sólo porque
el amor á la libertad es innato en el corazón, sino por huir de los
bárbaros tratamientos á que estaban expuestos todos los días y todo el
día.