«En la ciudad de México, á 16 días del mes de Octubre de mil y

quinientos y noventa y cinco años, estando en su audiencia de la mañana

los Sres. Inquisidores Dr. Lobo Guerrero y Lic. D. Alonso de Peralta,

pareció en ella de su voluntad, Pedro de Mañosca, Secretario de este

Santo Oficio, del cual siendo presente fué recibido juramento en forma

debida de derecho, so cargo del cual prometió de decir verdad, y dijo de

ser de edad de 32 años, poco más ó menos, y dijo: que por descargo de su

conciencia viene á decir y manifestar lo que oyó á los tres, cuatro,

cinco y seis de este presente mes y año, hallándose en todos estos

cuatro días desde las siete horas hasta las ocho por la noche, á la

puerta de la cárcel, donde estaban juntos Luis de Carabajal, preso en

este Santo Oficio y reconciliado que ha sido por él, y Luis Díaz,

clérigo, habiendo ido allí en compañía y juntamente con Pedro de

Fonseca, Notario de los Secretos de este Santo Oficio, y de Gaspar de

los Reyes, Alcaide de las cárceles secretas dél, por orden y mandado de

los dichos Señores Inquisidores. Y lo que pasa es, que habiendo hallado

al dicho Luis de Carabajal, que es muy conocido en la voz, cantando en

voz alta un romance en que parece alaba á Dios y á sus grandezas, que

por haber durado poco no pudo prevenir este ni entender cosa dél para

decirlo por sus palabras. Oyó que el dicho Luis Diaz, clérigo, dijo al

dicho Luis de Carabajal:--deje agora de cantar; dígame, ¿San Pedro en el

infierno está?--y respondió el dicho Luis de Carabajal--Sí, y no

quisiera yo tener tanto fuego como él en la trasera--diciéndolo

suciamente, y que también estaban en el invierno Juan Garrido y su madre

María Fernández, diciéndolo por Ntro. Señor Jesucristo y Ntra. Señora la

Virgen.»

Por este estilo fueron las declaraciones de Fonseca y de Gaspar de los

Reyes, y de los presos que sucesivamente fueron encerrando con Luis de

Carabajal; conviniendo todas sus declaraciones, sin embargo, en que

Carabajal estaba resuelto á vivir y morir en la ley de Moisés.

* * * * *

El 17 de marzo de 1595, Gaspar de los Reyes Plata se presentó en la

audiencia de los Inquisidores y dijo: «que por descargo de su

conciencia viene á decir y manifestar que el sábado en la noche, 13 del

presente mes y año, llevando de cenar á Luis de Carabajal, preso en este

Santo Oficio, le dió un melón comenzado que este le había dado para

comer, y le dijo que llevase aquel melón á Dª. Leonor de Carabajal, su

hermana, la cual, por lo que el dicho Luis de Carabajal muchas veces ha

dicho á este, entiende que está presa con las demás y su madre; y luego

dijo: que entiende el dicho Luis de Carabajal, que están presas las

dichas Dª. Leonor y su madre, porque ha dicho á este, nombrándolas, que

tenga cuenta con ellas y las regale. Y este después miró dentro en el

melón y halló entre las pepitas y al cabo de él, un hueso de ahuacate

envuelto en un pedazo de tafetán como morado, de que hizo demostración,

y luego como lo vió envuelto en dicho tafetán, lo llevó al dicho Sr.

Inquisidor Dr. Lobo Guerrero para que lo viese, el cual le mandó que lo

guardase para presentarlo en el tribunal, y las letras que están

escritas en dicho hueso, que se pueden leer, dicen de esta manera:

_Paciencia como Job_; y las letras que se siguen no se pueden leer,

porque con el tiempo que ha pasado se han revenido en el dicho hueso de

ahuacate, y otras letras que están en el mesmo hueso, que se pueden

leer, dicen de esta manera:--_Almas de mi corazon_, _visíteos A. N.

S._, que al parecer quieren decir las dichas letras _Adonay Nuestro

Señor_, y en el dicho hueso hay otras letras que dicen:--_yo la tengo

Gloria á Dios con grillos estoy por mi D._

«Y así mesmo, y el dicho Luis de Carabajal, el domingo siguiente, 14

días del mesmo mes y año, le dió á este un plántano para que diese á la

dicha Dª. Leonor su hermana, en el cual plántano con mucha sutileza, en

medio de él, sacada la carne que bastaba para poner un hueso de

ahuacate, estaba metido el dicho hueso envuelto en un tafetan y de la

mesma color morada, y en el dicho hueso había escrito las letras

siguientes: _albricias, que los Angeles y Santos de Adonay en el Parayso

nos esperan, mártires mias, benditas de Adonay. Yo pensé ir solo,

bendita mia; envíame señas si estás sola ó no, acuérdese Adonay de la

madre Santa, y á tí y á ella tengo en el corazon._»

Muchos recados escritos en huesos de aguacate siguió presentando el

Alcaide, y en todos ellos se descubre el tierno cariño que Luis de

Carabajal profesaba á su madre y hermanas, y la fe ardiente que tenía en

su religión.

Hay uno de estos recados que no podemos menos de copiar; iba también

escrito en un hueso de aguacate y dirigido á Dª. Leonor, y decía así:

«_Angel mio, albricias, que mejor viaje es el del Parayso que el de

Castilla; bienaventurado el pan que comiste, y el agua que bebiste, y

la tierra que pisaste, y el vientre en que anduvimos, que de aquí á poco

hemos de ir á profesar la Religión sacra de los Angeles y Santos, y á

ver la tierra suya de Adonay. ¡Oh qué ricos jardines, músicas y fiestas

nos esperan; lindos torneos se han de hacer en el cielo cuando Adonay

nos corone por su firme fé; nadie desmaye, que su vida con ayuda que

Adonay mi Señor nos dé, la cuesta de esta cárcel es la gloria; ¡quién

pudiera contaros todo lo que el Señor me ha mostrado; mas con su ayuda,

presto nos veremos; tres semanas estuve en un calabozo; ya me sacó

Adonay mi Señor, y me puso donde veo el cielo, día y noche; una Biblia,

con milagro, tuve ocho días aquí; benditas de Adonay, por acordarme de

vos, de mí me olvido._»

Aun sigue más adelante esta carta, y parece increíble que tanto pudiese

escribirse en Un hueso de aguacate. Sin embargo, así consta de los autos

originales.

* * * * *

Los Inquisidores mandaron al Alcaide, no sólamente que admitiese esos

recados de D. Luis para sus hermanas, sino que con objeto de saber lo

que se escribia, encargaron al dicho Alcaide que como al descuido

llevase las correspondencias á quienes iban dirigidas, y dejase en los

calabozos pluma, tinta y papel; así consta en el expediente original.

En una de esas declaraciones, dice:

«Y para que el dicho Luis de Carabajal pudiese escribir, visto que

escribia en los huesos de ahuacate, le dejo un tintero muy al descuido,

por mandado de los dichos Señores Inquisidores.»

Más adelante hay una diligencia en que dice: hablando de los papeles que

como resultado de esta intriga traidora escribió Luis de Carabajal, y

entregó el Alcaide Gaspar de los Reyes Plata:

«Y vistos los dichos papeles por los Sres. Inquisidores, Dr. Lobo

Guerrero y Lic. D. Alonso de Peralta, mandaron se le entreguen al dicho

Alcaide para que entre algunas frutas y muy al descuido y con mucha

disimulación, los dé á la dicha Dª. Leonor, juntamente con una de las

peras (en estas peras venía escrito un recado), la mayor que hoy dicho

día así mesmo exhibió el dicho Alcaide, como lo tiene declarado en su

dicho, y que esté muy advertido de mirar con mucho cuidado si le diere

la dicha Leonor para su hermano D. Luis de Carabajal algún recado de

frutas ó en otra cualquier manera, y antes de entregarlo lo traiga al

tribunal, y que con la mayor disimulación en algun plántano ó plántanos,

envuelto en algun lienzo, le dé tambien á la dicha Dª. Leonor un pliego

de papel blanco y pluma para ocasionarla á que responda al dicho su

hermano, para que se descubra la verdad y se administre justicia.»

D. Luis y sus hermanas cayeron inocentemente en la red que les tendían

aquellos hombres sin corazón, y sostuvieron una larga correspondencia

por medio de cartas que, antes de llegar á su destino, se copiaban

íntegras en el proceso.

Muchas de ellas, sin embargo, se agregaron originales á la causa, y se

experimenta una extraña sensación al recorrer aquellas líneas trazadas

por la vacilante mano de los que, viviendo en tan dura prisión rodeados

de enemigos y de traiciones, y próximos ya á expirar en una hoguera,

mostraban una fe tan ardiente en sus doctrinas y una tan grande entereza

de alma.

* * * * *

Según las reglas de procedimiento, dadas para el Santo Oficio por el

célebre Torquemada, el más terrible de los Inquisidores de España, jamás

el acusado debía conocer á los testigos ni saber su nombre, observándose

tanto cuidado en esto, que si alguna circunstancia había en la

declaración, por donde el reo pudiera adivinar ó venir en conocimiento

de quién era el testigo, debía suprimirse esta parte de la declaración

al notificársela al reo; y como última precaución se observaba por regla

general que las declaraciones de los testigos, al comunicarse al reo,

se pusieran en tercera persona, aun cuando el testigo hubiera hablado en

primera; así, si éste decía que el reo le había dicho tal cosa, al

leerle á aquel la declaración, se decía que un testigo declaraba que el

reo _había dicho á cierta persona_ aquello mismo, para que ni aun por

esto pudiese venir en conocimiento de quién era el testigo.

Uno de los testigos en la causa de la familia Carabajal, y denunciado

por ellos, fué llevado á la Inquisición y procesado.

Confesó sus propias culpas; pero cuando fué requerido como testigo, se

negó enérgicamente á declarar. Víctima de su lealtad, no quiso descubrir

nada que pudiera perjudicar á los mismos que le habían traído á aquella

situación, y esto provenía sin duda del misterio con que se guardaba el

nombre de los testigos. Quizá si Manuel Díaz, que así se llamaba este

infeliz, hubiera sabido que los Carabajales habían tenido la debilidad

de denunciarle, no habría sufrido tan terribles tormentos en la

Inquisición.

En efecto, increíble parece la energía de este hombre en el sufrimiento;

y su constancia venció la crueldad de los Inquisidores. Por esta

circunstancia notable se hace preciso copiar la diligencia de tormento,

que puede dar una idea completa de la heróica resolución de aquel hombre

y de la saña de sus jueces.

[Sidenote: Cámara del tormento.]

«Y con tanto fué mandado llevar á la cámara del tormento, donde

fueron los dichos Sres. Inquisidores y ordinario como á las ocho

horas y tres cuartos de la mañana.

[Sidenote: Monición.]

«Y estando en ella fué vuelto á amonestar que diga la verdad por

reverencia de Dios, y no se quiera ver en tanto trabajo, en que

tiene tanto que pasar y padecer, como entenderá en el discurso del

tormento: dijo que él ha dicho la verdad.

[Sidenote: Entró el Ministro.]

«Y con esto fué mandado entrar y entró el Ministro, y que lo

desnude.

[Sidenote: Desnudo.]

«Y estando desnudo, en carnes, con unos zaragüelles de lienzo, fué

tornado á amonestar que diga la verdad y no dé lugar á que se pase

adelante. Dijo: que si él no dijera la verdad, que no viniera aquí,

y como él defiende su verdad, le ayude su Dios y le dé esfuerzo

para pasar este trabajo.

«Fuéronle mandados ligar los brazos flojamente, y ligados,

amonestado que diga la verdad, dijo que él ha dicho la verdad.

[Sidenote: Vuelta de cordel á los brazos.]

«Amonestado que diga la verdad, se le mandó dar una vuelta de

cordel á los brazos; diósele y apretósele; dijo con voz muy baja:

misericordia, que él ha dicho la verdad y callaba.

[Sidenote: Vuelta segunda.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió segunda vuelta de cordel;

dió grandes voces, ay, ay, ay de mí, que ya la he dicho, y

quejábase mucho: Dios, habed misericordia de mí.

[Sidenote: Vuelta tercera.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió tercera vuelta de cordel

á los brazos; dijo: ay Dios de mi alma, ay de mí, que me matan, que

me matan, muchas veces y con grandes voces, que no puedo decir lo

que no hice, quítenme la vida.

[Sidenote: Vuelta cuarta.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió cuarta vuelta de cordel á

los brazos, dió grandes voces, que me muero, que me muero, que yo

no puedo decir lo que no hice, mátenme, mátenme.

[Sidenote: Vuelta quinta.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió quinta vuelta de cordel á

los brazos; dijo: Dios, que sabe la verdad que yo defiendo, me

ayude; quítenme la vida, ay de mí. Ay de mí, quítenme la vida, ya

he dicho la verdad, ya he dicho la verdad, con grandes voces.

[Sidenote: Vuelta sexta.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió sexta vuelta de cordel á

los brazos: dió voces, que ya la he dicho, que ya la he dicho,

miren que tengo cinco hijos, ay de mí, ay de mí, que no he de decir

lo que no hice.

[Sidenote: Vuelta séptima.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió séptima vuelta de cordel:

ay, ay, señores míos, que no puedo decir lo que no hice, mis

señores, que tengo cinco hijos, acábame de una vez, hermano.

[Sidenote: Vuelta octava.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió octava vuelta de cordel á

los brazos, y decia muchas veces, acábame de una vez, no sea parte

el dolor para que yo diga lo que no hice, acábame de una vez la

vida.

[Sidenote: Vuelta nona.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió nona vuelta de cordel en

los brazos: hayan misericordia de mí, que yo olgara cien mil veces

que fuera verdad, para no me ver en esto, que no permitan que yo

diga lo que no hice.

[Sidenote: Vuelta décima.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió la décima vuelta de

cordel, dió voces y dijo: que pluguiera á Dios que hubiera hecho lo

que le levantan.

«Preguntado qué es lo que habia de ser verdad y qué es lo que le

levantan, dijo que eso que está en ese proceso, y no se lo pudo

sacar mas, y que no sabia lo que estaba en él; acábame, acábame, lo

cual dijo á grandes voces, y pluguiera á Dios que fuera verdad, por

que mi cuerpo no padeciera.

«Preguntado qué habia de ser verdad.

«Dijo: qué sé yo, eso que está en ese proceso, que yo guardo la ley

de Moysen porque no padezca mi cuerpo.

«Preguntado si es mejor guardar la ley de Moysen y padecer el alma,

que padezca el cuerpo.

«Dijo: que dijo que fuera verdad para pedir misericordia.

[Sidenote: Potro.]

«Y habiéndosele dado las dichas diez vueltas de cordel, fué mandado

tender y ligar en el potro, y que se le pongan los garrotes á los

muslos y espinillas y molledos.

[Sidenote: Monestación.]

«Y habiéndose tendido, ligado y puestos, fué muy amonestado diga la

verdad, con apercibimiento que se proseguirá el tormento, dijo: Sr.

Ilustrísimo, plugiera á la sacratísima Vírgen que fuera verdad cien

mil veces para que yo no padeciera.

[Sidenote: Garrotes.--Primero.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió y apretó el garrote del

molledo derecho, y dijo llorando: quítenme la vida, que ya la he

dicho; quiébranme el brazo: acábese la vida de una vez.

[Sidenote: Segundo.]

«Amonestado que diga la verdad, se le apretó el garrote del molledo

del brazo izquierdo. Ay, hermano, que me matais; la verdad digo,

así ella me valga, acábenme de una vez.

[Sidenote: Tercero.]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió y apretó el garrote del

muslo derecho, y decía con voz baja muchas veces: acábame ya,

hermano, que ya la he dicho.

[Sidenote: Cuarto.]

«Amonestado que diga la verdad, se le apretó el garrote del muslo

izquierdo, y decia con voz baja: ay, ay, ay, acábame la vida;

quedáos con Dios, hijos.

[Sidenote: Quinto.]

«Amonestado que diga la verdad, se le apretó el garrote de la

espinilla derecha, y dijo con voz baja, que la ha dicho: ya se

acabó la vida, muchas veces.

[Sidenote: Sexto.]

«Amonestado que diga la verdad, se le apretó el garrote de la

espinilla izquierda, y con voz muy baja dijo, que la ha dicho; ya

se acabó la vida, hijos mios, quedaos con Dios: ya he dicho la

verdad, señor, ya mi vida se me arranca, no permitan que yo muera

aquí.

[Sidenote: Séptimo]

«Amonestado que diga la verdad, se le dió y apretó el molledo del

brazo derecho, y dijo algo más alto: señores, acábenme la vida de

una vez; acábenme la vida de una vez, el que lo padece lo sabe.

[Sidenote: Apriétanse más los garrotes.]

«Amonestado que diga la verdad, se mandaron apretar todos los

dichos garrotes, dándosele vuelta: ay, Dios de mi alma, ya la he

dicho; lo cual dijo con voz alta, y quejábase mucho, como llorando:

que ya la he dicho; ay, ay, que ya he dicho la verdad, así ella me

valga.

[Sidenote: Jarros de agua.--Primero.]

«Pasósele la toca sobre la boca, metida hasta la garganta con un

palo, y echado un jarrillo de agua, que hacía un cuartillo, dijo:

sáquenme de aquí, no permitan que muera aquí, no permitan que diga

lo que no hice.

[Sidenote: Segundo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Tercero.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Cuarto.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma, y quitada la toca

dijo que ya ha dicho la verdad.

[Sidenote: Quinto.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Sexto.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Séptimo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma, y quitada la toca

dijo que ya ha dicho la verdad.

[Sidenote: Octavo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Noveno.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Décimo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma.

[Sidenote: Undécimo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma, y quitada la toca

dijo que ya ha dicho la verdad.

[Sidenote: Duodécimo.]

«Echósele otro jarro de agua, la mesma forma, y quitada la toca

dijo que ya ha dicho la verdad.

«Quitada la argolla de hierro de la garganta, y preguntado si

quiere decir algo, dijo que la verdad ha dicho, así ella le valga,

y quejábase con voz baja, y que más valiera que fuera verdad.

«Fué mandado quitar los garrotes y desligar del potro, y levantado,

sentado sobre el potro, amonestado que diga la verdad, dijo que ya

ha dicho la verdad.

«Amonestado que diga la verdad, fué tendido en el potro: dijo que

no se permita que diga lo que no es verdad: señores, no muera yo

aquí.

«Amonestado que diga la verdad, se le tornó á poner la argolla de

hierro en el cuello, y dijo en voz algo alta: ay, Sr. Illmo., que

ya la he dicho, así Dios se acuerde de mi alma.

«Lo cual todo visto por los dichos Sres. Inquisidores y ordinario,

mandaron cesar en el tormento, no lo habiendo por suficientemente

atormentado y con protestacion de lo continuar cada y cuando que

convenga. Y asi se le notificó y dijo que lo oia.

«Y con esto fué desligado de los brazos y llevado á su cárcel,

donde curado y mirado á lo que pareció, aunque lastimado, no habia

lission ni quebradura.

«Acabóse esta diligencia del tormento como á las diez horas y media

de la mañana.

«Passó ante mí.--_Pedro de Mañosca._»

A pesar de todo, á este testigo le fué dado garrote, y fué quemado en el

auto de fe del día 8 de diciembre de 1596, en cuyo auto corrieron la

misma suerte la mayor parte de las personas de la familia Carabajal,

como se verá más adelante.

Isabel Rodríguez, mujer de este desgraciado y madre de sus cinco hijos,

sufrió también el tormento, soportando nueve vueltas de cordel en los

brazos, nueve garrotes en el potro y tres jarros de agua, después de lo

cual confesó y salió también al auto de fe mencionado, condenada á

cárcel perpetua.

El marido tenía 36 años de edad y la mujer 32.

* * * * *

D. Luis de Carabajal siguió en la prisión, y siguiéronse los procesos de

su madre y hermanas, sólo que ya entonces Luis de Carabajal fué conocido

con el nombre de José Lumbroso porque declaró

«Que Lumbroso tomó por un sueño que soñó, estando preso en esta cárcel

agora cinco años, y fué que soñó que via una redoma llena de un licor

muy precioso, metida en una fundilla como de sombrero, y que le decia

Dios á Salomon: toma una cuchara de este licor y métela en la boca de

este muchacho; y Salomon le metió una cucharada de aquel licor en la

boca de este, y entonces este despertó, y quedó tan consolado, que no

sentia la prision de allí adelante tanto como antes, y entendió este que

aquel sueño fué una lumbre que Dios le quiso dar para que guardase la

Ley de Moysen y entendiese la Sagrada Escritura.»

Luis de Carabajal no tuvo fuerzas ni para sostener la fuerza del

tormento, porque era tal el terror que le causaban los Inquisidores, que

en una de sus declaraciones dijo: «que no se haye en ella el Sr.

Inquisidor Lic. D. Alonso de Peralta, porque le tiemblan las carnes en

verle.»

Un día, al salir de la Audiencia Luis de Carabajal, y conduciéndolo á su

cárcel Gaspar de los Reyes y Pedro de Fonseca, aquel infeliz, cansado ya

de sufrir y no teniendo más porvenir que la hoguera, quiso acabar de una

vez con su vida, y arrancándose violentamente de las manos de sus

conductores, se arrojó al patio desde el corredor de la Audiencia.

Pero aun en esto le fué adversa la suerte, y fué conducido á su calabozo

sin haber sufrido daño alguno de consideración.

Por fin, Luis de Carabajal fué condenado, no sin que antes se hubiera

procurado, conforme á lo dispuesto por las leyes que regían en la

Inquisición, convencerle de sus errores, haciéndole abjurar de la ley de

Moisés y convencerle de la de Jesucristo, para lo cual se echaba mano en

dichos casos de los maestros más notables en la Teología. Consta en el

proceso esta razón: «En la ciudad de México, sábado 24 dias del mes de

Agosto de mil y quinientos y noventa y seis años, dia del Glorioso y

bienaventurado Apóstol, estando en su Audiencia de la tarde los Sres.

Inquisidores Dr. Lobo Guerrero y Lic. D. Alonso de Peralta, presentes

los Maestros Fray Pedro de Agurto y Fray Diego de Contreras, de la Orden

de S. Agustin, qualificadores de este Santo Oficio, mandaron traer de

su cárcel al dicho Luis de Carabajal, y siendo presente, le fué dicho

como habian venido los dichos Maestros Fray Pedro de Agurto y Fray Diego

de Contreras, para satisfacerle de las dudas que tiene, y que por amor

de Dios esté atento á lo que le dijeren, para satisfacerle de ellas, y

habiendo estado con él tres horas y media, satisfaciéndole sus dudas y

diciéndole despues qué era lo que queria creer y tener, dijo: que queria

tener y creer, vivir y morir en la ley que Dios Nuestro Señor dió al

Santo Moysen.

«Y visto lo susodicho, los dichos Sres. Inquisidores lo mandaron llevar

á su cárcel, con lo que cesó la Audiencia y se salieron de ella, y á los

dichos qualificadores se les mandó que guarden secreto debajo del

juramento que tienen hecho.»

A 121 ascendió el número de las personas testificadas ó acusadas por

Luis de Carabajal en su proceso, y contra todas ellas se siguió causa.

La sentencia definitiva contra Luis de Carabajal, fué la siguiente:

_Christi Nomine Invocato._

«Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, el dicho

Promotor fiscal, haber probado bien y cumplidamente su acusación, segun

y como probarle convino, damos y pronunciamos su intención por bien

probada; en consecuencia de lo cual, que debemos de declarar, y

declaramos que el dicho Luis de Carabajal haber sido y ser hereje,

judaisante, apóstata de nuestra Santa Fé Católica, fautor y encubridor

de herejes, judaisantes, ficto y simulado confitente, impenitente

relapso, dogmatista pertinaz, y por ello haber caido y incurrido en

sentencia de excomunion mayor, y estar de ella ligado y en confiscacion

y perdimiento de todos sus bienes, los cuales mandamos aplicar y

aplicamos á la Cámara y fisco real de Su Magestad, y á su receptor en su

nombre, desde el dia y tiempo que comenzó á cometer los dichos delitos

de herejía, cuya declaracion en nos reservamos, y que debemos de relajar

y relajamos la persona de dicho Luis de Carabajal á la justicia y brazo

seglar, especialmente al Lic. Vasco López de Bivero, corregidor de esta

ciudad, al cual rogamos y encargamos como de derecho mejor podemos, se

hagan piadosamente con él, y declaramos los hijos y hijas del dicho Luis

de Carabajal, y sus nietos por línea masculina, ser inhábiles é

incapaces, y los inhabilitamos para que no puedan tener ni obtener

dignidades, beneficios ni oficios, así eclesiásticos como seglares, ni

otros oficios públicos ó de honra, ni poder traer sobre sí ni sus

personas, oro, plata, perlas, piedras preciosas ni corales, seda,

camelote, ni paño fino, ni andar á caballo, ni traer armas, ni ejercer,

ni usar de las otras cosas que por derecho comun, leyes y pramáticas de

estos Reinos é instrucciones y estilo del Santo Oficio, á los semejantes

inhábiles son prohibidas. Por esta nuestra sentencia definitiva,

juzgando así lo pronunciamos y mandamos en estos escritos, y por

ellos.--_El Dr. Lobo Guerrero._--_El Lic. D. Alonso de Peralta._--_Mr.

D. Juan de Cervantes._»

«Esta sentencia se pronunció estando celebrando auto público de la fé,

en la Plaza mayor de esta ciudad, en las Casas de cabildo de ella, sobre

unos cadalsos y tribunal alto de madera que en ellas habia, domingo, dia

de Ntra. Sra. de la Concepción, 8 dias del mes de Diciembre de mil y

quinientos y noventa y seis años.»

* * * * *

Entregado Luis de Carabajal al brazo secular, acto contínuo, se

pronunció la sentencia siguiente:

«En la ciudad de México, domingo, 8 dias de Diciembre de mil y

quinientos y noventa y seis años: estando en la Plaza mayor de

ella, en las Casas del Cabildo, haciéndose y celebrándose auto

público de la fé, por los Sres. Inquisidores apostólicos de esta

Nueva España, fué leida una causa y sentencia contra Luis de

Carabajal, reconciliado que ha sido en este Santo Oficio, que está

presente, por la cual se manda relajar á la justicia y brazo seglar

por relapso, impenitente pertinaz, y vista por el Lic. Vasco López

de Bivero, corregidor de esta dicha ciudad, por Su Majestad, la

dicha causa y sentencia y remision fecha, y la culpa que resulta

contra dicho Luis de Carabajal, y que se le entregó personalmente,

pronunció contra él estando sentado en su tribunal, adonde para

este efecto fué llevado, la sentencia del tenor siguiente:

«Fallo, atenta la culpa que resulta contra el dicho Luis de

Carabajal, que lo debo de condenar y condeno á que sea llevado por

las calles públicas de esta ciudad, caballero en una bestia de

albarda y con voz de pregonero, que manifieste su delipto, sea

llevado al Tiangues de San Hipólito, y en la parte y lugar que para

esto está señalado, sea quemado vivo y en vivas llamas de fuego,

hasta que se convierta en cenizas y dél no haya ni quede memoria. Y

por esta mi sentencia definitiva, juzgando, ansí lo pronuncio y

mando.--_El Lic. Bivero._»

* * * * *

Cumplióse la dicha sentencia, y la misma suerte cupo á la madre y

hermanas de Luis de Carabajal.

El libro rojo, 1520-1867, Tomo I · 第 14 / 20 段