SEXTA VISITA.

CUMPLEAÑOS DE LA MARQUESA.--UN PERIÓDICO REDACTADO POR

MUJERES.--EXCELENCIAS DEL «GIGOTE».--CONCIERTO EN CASA DE LA

CONDESA DEL MONTIJO.--MESA REVUELTA. VERDADERO VALOR DE 30.000.000

DE DUROS.--EL PROFETA EN SU TIERRA.

--¡Perdón, Marquesa, perdón!

--¡Quítese V. de mi vista!

--¡Marquesa, le juro á V...!

--Va V. á perjurar.--¡Cómo! Prometernos ir á la quinta y no parecer por

allí!... Quisiéramos saber qué poderosas razones le han asistido para

ello...

--Voy á decirlas.

--¡Que no hable!

--¡No hay palabra!

--¡Que se le juzgue sin formación de causa!...

--Pues bien: espero mi castigo.

--Ya lo lleva V. en el mismo pecado. Hemos pasado un día delicioso:

hemos bailado, cantado, jugado al tute... En fín, no nos hemos acordado

de V.

--¡Ah! Matilde... Ese es demasiado rigor.

--Pues hay más: Morón ha pronunciado un discurso; Güell y Renté ha

improvisado un coro; el Barón ha hecho juegos de manos; _Fernando Pérez_

ha recitado versos, y nosotras lo hemos coronado de violetas...

--¡Ah traidor! ¡Después de lo que ha dicho de _la Marquesa_ en su

_Revista_ de _El Estado_!

--¡Cómo! ¿Qué ha dicho?

--No puedo contarlo.--Vds. me han retirado el uso de la palabra.

--¡Ah! V. quiere indisponernos. ¡Pues sepa V. que _Fernando Pérez_ me

ama, á pesar de mis sesenta años!

--¿Cómo, Marquesa? ¿V. tiene sesenta años?

--¡Sesenta años de relój! Hoy los he cumplido...--Hasta aquí me he

estado quitando diez.

--¡Y los ha celebrado V. con un día de campo! ¡Qué magnanimidad!

--¡Justo!--Gradúe V. ahora toda la extensión de su desaire.

--¡Oh! estoy desesperado... ¡Castíguenme ustedes, por compasión!

--¡Sí: que se le castigue! Obliguémosle á escribir en _La Epoca_ un

artículo en que proclame todo lo que convenga á nuestros intereses.

--¡Ah! señoras!... Respeten Vds. el ente moral _periódico_...

--¡No hay escape! Apunte V. en su cartera.--Primeramente...

--Primeramente (repitió Matilde), diga usted que todos los hombres son

unos necios...

--¡Señorita, respete V. las instituciones! ¡Yo no puedo decir eso!

--Diga V. que no nos gusta que lleven el pantalón tan ancho...

--Que, con crinolina y todo, valemos más que ellos...

--Que es una impertinencia eso de dejar de bailar tan luego como echan

bigote.

--Que es una majadería... un insulto... un desacato... una...

--Señoras: ¡Por lo más sagrado! ¿Cómo he de decir yo eso? ¡Perezca la

nación...; pero sálvense los principios!

--Diga V. que el _gigote_ de casa de Riquelme es la ambrosía del siglo

XIX...

--¡Que no vamos allí por Vds., sino por el _gigote_!

--Y dígalo de esta manera:

Máscara, para mí dulce y sabrosa

más que el «gigote» del festín ajeno...

--¡Ah! si estuviera aquí _Fernando Pérez_, pediría la palabra para

defender á una ausente!... Ya sabemos quien es esa máscara.

--¡No ha habido ofensa! Sólo ha habido alusión... Y, á propósito: diga

V. en _La Época_ que ya es tiempo de que acaben los _hombres necesarios_

en política y las _mujeres necesarias_ en amor...--¡No más ídolos! ¡No

más fetichismo! ¡No más señorita B. y señorita H.!

--¡Yo no puedo decir eso en un periódico ministerial!...

--Pues diga V. al Gobierno que ya es hora de desamortizar á las

mujeres...

--¡Cuidado con el fiscal, señoras!

--Que no queremos residir en _manos muertas_...

--Matilde, en nombre del concilio de Trento, le quito á V. la palabra.

--Que estamos cansadas de ser _bienes de propios_.

--Eso no es exacto. Yo sé de algunas que son _males de ajenos_.

--Que queremos que se nos devuelvan las _garantías constitucionales_.

--Señoras, la _constitución_ de Vds. no ofrece garantías...

--¡Ofrece algo más! Nosotras fuimos las primeras en ejercer el derecho

de insurrección.--Eva fué _vicalvarista_...

--¡Vds. van á lograr que denuncien á _La Época_!

--¡Abajo los hombres! ¡Guerra al sexo barbudo! ¡Muera el pantalón!

--¡Pedimos que las _elecciones_ se hagan con entera independencia!

--El mal está en Vds., que nunca _eligen_ al candidato _natural_.

--¡La culpa es de nuestros padres, que nos niegan el dote, siempre que

tratamos de hacer nuestro gusto!

--¡Pedimos que se rectifiquen las listas electorales, y que se nos dé

voto en Cortes!

--¡Que se nos haga á un mismo tiempo _electoras_ y _elegibles_, como lo

son Vds.!

--¡Que nos regalen _turrón_ á las pobres, á fín de que podamos casarnos

con quien nos parezca!

--¡Que se den á nuestro sexo tres carteras en cada combinación

ministerial!

--La de Estado, á fín de _oirlo_ todo...

--¡No! la de Gracia y Justicia, para _ver_.

--Mejor es la de Guerra, para _tocar_.

--Yo quiero la de Gobernación, para _oler_.

--Pues yo prefiero la de Hacienda, para _gustar_.

--Faltan dos sentidos para la de _Marina_ y la de _Fomento_.

--Decía bien _Fernando Pérez_ la otra noche: necesitamos más sentidos.

--_¡Non bastan cinque!_

--El de _Fomento_ y el de _Marina_ pueden reducirse á uno solo...

--¡Se suspende esta discusión!

--Pues pasemos á otro asunto. Diga V. en _La Epoca_ que nosotras cuatro

somos las muchachas más bonitas de Madrid...

--Las más elegantes...

--Las más graciosas...

--¡Misericordia! Me sacarán los ojos las demás.

--Usted no lo dice por todas _las demás_: V. lo dice solamente por el

_Angel de la aureola_.

--¡Que se escriban esas palabras!--Yo no conozco á ningún angel.

--El _Angel de la aureola_ es una niña que lleva al rededor de la frente

un cerco de cabellos de oro, como la luna en el estío.--Son palabras de

V. en cierto folletín.

--_Lunaque nocturnos alta regebat equos._

--Seamos formales: de lo que debe V. hablar largamente en su artículo

es del concierto que hubo el jueves en casa de la condesa del Montijo.

--Eso es entrar en razón. ¡Diré todo lo que ustedes quieran, y todo me

parecerá poco!

--Pues bien: describa V. en primer lugar el aspecto fantástico de

aquella galería, en el instante supremo en que la señora de Prendergast

cantaba el aria de _Norma_. Dibújela V. tan hermosa y sublime como

estaba sobre el estrado que sostenía el piano: elogie V. su dulce y

melodiosa voz, su inspirada actitud, su exquisito sentimiento, y sobre

todo aquella expresiva fisonomía que tanto hablaba al corazón.--Las

paredes cubiertas de enredaderas, las columnas árabes, los agimeces, las

lámparas morunas, las flores, la brillante concurrencia, la hermosura y

elegancia de las _coristas_, la afinación y el gusto con que cantaron el

coro de la _Casta diva_ y el de la _Sonnámbula_, y, por último, lo bien

que acompañaron y dirigieron los Sres. Inzenga é Iradier, son cosas...,

digo personas..., digo...

--¡Bien por Matilde! ¡Eso se llama dirigir un periódico! Me ha dado V.

el artículo hecho.

--Además, puede añadir algunas pinceladas que retraten á sus beldades

favoritas..., la discreción de la una, la gracia de la otra, el talento

de ésta, la impenetrabilidad de aquella...

--¡No!... ¡no!... ¡nada de personalidades!

--¡Pues bien! hable V. entonces del baile que en aquel mismo edén se dió

el domingo.

--Eso es otra cosa.

--Amoneste V. á los actores del Teatro Francés para que se vistan mejor.

¡Todos parecen criados!

--Quéjese V. de que hace tres días que no tenemos ópera.

--Truene V. de camino contra la economía de gas que se advierte en el

teatro del señor Urríes; economía que no nos permite lucir nuestros

encantos...

--Anuncie V. el baile de máscaras que mañana se da en el Teatro Real á

beneficio de los pobres, y al cual vamos á asistir todas las damas

_inofensivas_ de la corte.

--Advierta V. al Sr. Salas, que en los Conciertos Religiosos de esta

Cuaresma no olvide el _Miserere_ de nuestro ilustre compatriota el

maestro Palacios, composición célebre en toda Europa y desconocida en

Madrid.

--Anuncie V. la llegada de la Guy-Stephan.

--Proteste V. contra ese empréstito de 30 millones de duros que piensan

votar los yankees para comprarnos la isla de Cuba. ¡Diga V. que si esa

cantidad se repartiera entre todos los actuales poseedores de la perla

de los mares, nos corresponderían dos napoleones por cabeza, y que aquí

no sabemos de ningún español que venda tan baratos á millón y medio de

hermanos suyos!

--Hable V. del _Circo Gallístico_, que tan animado está los domingos y

los jueves...

--Describa V. el magnífico espectáculo que ofrecía la otra tarde _El

Ariel_, donde lo mejor de Madrid presenció la gran partida de pelota

entre Visimodu y los hermanos Pello.

--Y diga V. que Madrid entero... que toda España... ha soltado una

carcajada homérica al saber que los granadinos han silbado el _Cid_ de

Fernández y González, drama aplaudido en todos los teatros de la

Península, representado treinta noches en Madrid y elogiado por

trescientos periódicos. Haga V. notar que Granada es la patria de

Fernández y González, y que, por consiguiente, han sido sus amigos, sus

compañeros de la infancia, los que han protestado contra una gloria tan

legítima, contra un triunfo tan indisputable. Pregunte usted á aquel

público si se cree más literato y mejor crítico que los demás públicos

de España, ó si sólo tuvo presente aquella noche la frase de Jesucristo:

_nadie es profeta en su tierra_. Dígales V. que este rasgo de malignidad

lugareña, que esta calumnia de vecindad, que esta conjuración de

comadres es indigna de un pueblo culto,--así como propia de gentes

degradadas y ociosas, sin ambición ni porvenir, impotentes y nulas para

todo lo grande y generoso. Dé V. las gracias, en fín, á los periódicos

de aquella desventurada ciudad, por la nobleza con que se han alzado

contra semejante miseria y mezquino proceder, y añada V., por mi parte,

que muchos granadinos nobles é ilustrados me han escrito llenos de

vergüenza y de indignación, pidiendo que su voto conste con el de la

_minoría_.

--¡Gracias Vizconde; gracias por esos arranques de corazón!--Ahora, con

permiso de ustedes, me retiro á mi casa, á fín de poner en orden todos

los materiales que me han dado.--Beso las manos á las señoras, y que me

besen los piés los caballeros.--He aquí mi saludo y mi programa.

1859.

[Illustration] EL COMETA NUEVO.

(ENSAYO ASTRONÓMICO-POLÍTICO.)

Nihil _novum sub sole_...

Esto es una verdad, al menos para mí, y hoy sobre todo.

_¡Nada... Nada hay nuevo bajo el sol!..._

Créolo á puño cerrado por dos razones: primera, porque la noticia está

en latín (y sabido es que, así en sermones como en discursos académicos,

no hay argumento más convincente que un texto de los Santos Padres ó de

los filósofos de la antigüedad, máxime si el latín es tan enrevesado que

nadie lo comprenda); y segunda, porque hoy quisiera regalar á mis

lectores algunas noticias frescas sobre artes, literatura, tauromaquia,

prestidigitación ó pirotécnia, y nada nuevo ocurre en tales ramos.

Pero consolémonos de la certeza del dicho que encabeza estos renglones

con la certeza de este otro que yo acabo de inventar:

_Aliquid novum super solem._--_¡Sobre el sol, hay algo nuevo!_[4]

Este algo es un _cometa_.

¿Qué nos trae el recienvenido? ¿Cuál es su historia? ¿Qué se propone

hacer en las elevadas regiones por donde arrastra su luminoso apéndice?

He aquí lo que me propongo investigar de la mejor manera posible.

Empezaré declarando, con permiso del señor fiscal de imprenta, que á

nada mejor puede compararse la numerosa serie de cometas conocidos, que

á la serie no menos numerosa de Ministerios del reinado de Doña Isabel

II.

Reflexionemos.

Los cometas aparecen cuando menos se los espera: su marcha es tal, que

nadie sabe á punto fijo á dónde van ni de dónde vienen: hasta hace muy

poco tiempo, se ha dudado si describían ó no una órbita parecida á la de

los demás astros, y no ha faltado tampoco quien los considere simples

meteoros ó meteoros simples de nuestra atmósfera, sin importancia ni

influencia alguna. Pero, como todo se sabe al fín en este pícaro mundo,

la ciencia ha demostrado ya de una manera palmaria que toda la

originalidad de los cometas consiste en que, describiendo curvas de

idéntica naturaleza á la de todos los planetas inofensivos, tienden, con

una fuerza todavía incalculable, á prolongar todo lo posible la duración

de sus revoluciones...

El catálogo de los cometas conocidos comprende ya más de doscientos.--No

habrá habido menos Ministros en España desde 1833.--Parécense también á

los Ministros en que, cuando antiguamente aparecía ó desaparecía un

cometa nuevo, había en el mundo grande agitación y zozobra, ni más ni

menos que si se tratara de un Alvaro de Luna, de un Marqués de Villena,

de un Duque de Lerma, de un Rodrigo Calderón ó de un Príncipe de la Paz,

mientras que ahora nos hemos acostumbrado tanto á verlos entrar y salir,

y los conocemos tan perfectamente, gracias á los telescopios que nos

trajo la civilización, que ya no reparamos en su presencia, ni sabemos

muchas veces su nombre, ni creemos que puedan influir sobre nuestro

globo sub-lunar.--Verdad es que en estos últimos tiempos han menudeado

de una manera lamentable... ¡Sólo por los años de 46 y 47 hubo hasta

ocho en doce meses..., lo cual aconteció también en punto á crisis

ministeriales españolas!...

Mucho pudiera extenderme en este paralelo inocentísimo entre cometas y

Ministerios; pero me parece más oportuno elevarme á otras

consideraciones, no sin hacer notar que los cometas, por inflexible ley

de su marcha, son los cuerpos que más se aproximan al sol, y que, cuando

están en su perihelio, desaparecen de pronto ante el rey de los astros,

no se sabe si derretidos ó absorbidos por él...

Sabido es que hay cometas _barbatos_, _caudatos_ y _crinitos_, según que

su apéndice afecta la forma de unas barbas, de una cola ó de una melena,

y que la cola llega á tener á veces tal extensión, que ocupa la mitad

del horizonte sensible. El famoso de 1689 traía el rabo medio enroscado

en forma de sable ó de cimitarra turca, geroglífico que asustó á los más

valientes; pero al cabo se vió que todo era ilusión óptica, lo cual me

recuerda á ciertos tiranos de teatro casero, que hoy beben el agua de

extranjeros ríos. El escrupuloso observador Babinet asegura que la

materia de que se componen tan tremebundas colas es cien veces más sutil

que el aire atmosférico, y que, por tanto, aunque en su desatentada

carrera alcanzara la cola de un cometa á nuestro globo, sólo produciría

un malestar tan ligero como el ocasionado por el último manifiesto del

Duque de la Victoria.

Bueno será advertir que hay cometas _periódicos_, como hay periódicos

que sólo pudieran servir para hacer _cometas_. Llámanse

_cometas-periódicos_ los que reaparecen después de un determinado número

de años. Uno de ellos es el de Carlos V, que tanto dió que pensar á

aquel célebre emperador, y que hasta se dice lo indujo á dejar el cetro

por el rosario. Su vuelta estaba anunciada para estos tiempos, y muchos

imaginaron al principio que era el mismo que hoy luce en nuestro

horizonte... Pero yo creo que España no ha vuelto todavía á merecer

visitas tan importantes.

Como quiera que sea, el viajero que nos ocupa no habrá venido á humo de

pajas... ¡Algo nos anuncia ó aconseja! ¡Algo nos promete, ó con algo nos

conmina!

¿Vendrá á predecirnos una guerra con el Riff?--¡Quiéralo Dios!--En tal

caso, transigiría yo con él, no en odio á los Moros, sino porque creo

que no debemos tenerlos tan olvidados...

¿Nos presagiará una guerra con Méjico?--¡Ojalá también!--La lucha entre

hermanos es preferible á la indiferencia.--La guerra puede acabar en

reconciliación. La indiferencia termina siempre en desprecio y olvido.

¡Ello dirá!...--Tentémonos la ropa por si acaso.

_Ut nunquam cœlo spectatam impune cometam._

¡Oh! sí... ¡Mucho ojo!

¡Y, entre tanto, no irritemos al cielo con abominaciones!

¡Traduzcamos del francés lo puramente preciso, y procurando que sea

bueno!

¡Legalidad en las elecciones!

¡Nada de zarzuelas!

¡Protección á las artes y á la literatura!...--¡Esto último sobre todo!

Si tal hacéis, el cometa no se meterá con el globo terráqueo, é irá á

descargar sus iras contra cualquier otro mundo más inmoral que el

nuestro.

[Illustration]

[Illustration] Á UNA MÁSCARA.

Hace en este momento veinte y cuatro horas que te acercaste á mí en el

baile de máscaras del Teatro Real, y me dijiste, cogiéndome una mano:

--¡Júralo!

--¡Lo juro!--te respondí desesperadamente, por lo mismo que no sabía de

qué diablos se trataba.

--Acabas de jurarme (proseguiste diciendo) referirme en un periódico

todas tus aventuras de esta noche.

--¡Lo he jurado!--repliqué yo con cierta solemnidad.

--¡Si así lo hicieres, Dios te lo premie, y si no, te lo

demande!--añadiste lúgubremente, levantando los ojos al techo y

perdiéndote entre la muchedumbre.

Voy, pues, á cumplirte mi juramento.

Pero, antes, oye otra cosa.

Son las tres de la noche. En esta tu casa reina un silencio tan

profundo, que se oiría cenar á un gusano metido en una calavera.

¡No te asustes, amiga máscara; que la calavera en que estoy pensando

perteneció á una mujer inofensiva!

Mis ojos se hallan fijos en la pantalla de la lámpara que hace las veces

del sol sobre mi mesa.

En esa pantalla se ve la figura de una princesa china...--¡Es la única

mujer en quien, por la presente, puedo fijar los ojos!

Nadie sabe que estoy despierto... ¡Nadie!

¡Ah! ¿por qué nací soltero?--Yo hubiera querido nacer casado.

¡Pero casarse uno mismo!...

Quizás me equivoco, y no nací soltero, sino viudo.--¡Ay! ¡guardo allá en

el alma tales memorias de no sé qué felicidades perdidas!... ¡Llevo en

el corazón, desde que me conozco, tal sombra de luto, que ennegrece

todas mis esperanzas!...--¿Habré yo vivido otra vez?

De cualquier manera, si yo tuviera esposa, ella sabría que te estoy

escribiendo á media noche, á pesar de no conocerte, y la pobre tendría

celos, lo cual fuera para mí preferible á esta soledad que me consume...

Pero paso á decirte mis aventuras de anoche.

Anoche se me acercó otra máscara antes que tú, y me preguntó:

--¿Me conoces?

--No te conozco (le respondí); pero, en cambio, tú tampoco te conoces.

--¡Que yo no me conozco! (exclamó la encubierta).--Yo me llamo _Juana_.

--Eso te figuras tú, porque han dado en llamártelo.

--Te repito que soy _Juana_.

--Bien; pero _Juana_ es un nombre compuesto de cinco letras: resulta,

pues, que tú eres un pedazo de alfabeto.

--¡Y, además, una mujer!--añadió la máscara con cierta valentía muy

graciosa.

--¡Todavía no has dicho nada! (repliqué yo).--Una _mujer_ es muchas

cosas distintas, cuya esencia nadie conoce. Llámase _mujer_ á cinco ó

seis arrobas de carne y huesos (tú tendrás cinco y media, que es lo

clásico); á una partida de bautismo, si se trata de quien, como tú,

lleva un nombre cristiano; á una camisa, unas medias, unas botas, un

corsé, un miriñaque, unas enaguas y un vestido, suponiendo que no use

más cosas postizas; á un mueble en casa de su esposo, si es casada; al

retrato de una futura esposa, si es soltera; á un espectáculo para sus

amigas, si las tiene, y, en fín, á otras muchas cosas que no quiero

citar...--¡Te aconsejo, pues, que averigües quién eres, qué haces en el

mundo, y qué es el mundo!

Creo que ya irás formando idea de lo mucho que me divertí anoche en el

baile.

--¿Qué buscas aquí?--me preguntó otra máscara.

--¡Lo busco todo!--le contesté.

--¡Pues búscate á tí mismo!--replicó quien quiera que fuese.

Y desapareció como tú y como la otra máscara.

--¡Que me busque á mí mismo!...--balbuceé medio triste y medio alegre.

Y entonces recordé esta verdad, que me dijo mi padre hace muchos años:

--En el mundo no hay más que el _yo_ de cada hombre. Cada hombre es el

mundo. El primer meridiano se hallará siempre donde quiera que tú estés.

El universo es un espectáculo dispuesto para tí, aunque cada uno de los

demás hombres te considere á tí mismo como parte de _su_ espectáculo. ¡Y

es que cada cual lleva en su alma el infinito!

--_¡Búscate á tí mismo, y lo encontrarás todo!_--me había venido á decir

la última máscara.

Encerréme entonces en mi propio pensamiento, y no pude encontrarme á mí

mismo.

--¿Qué buscas aquí?--volvieron á preguntarme gentes que adivinan mi amor

á lo absoluto.

--No busco nada,--les respondí ya tranquilamente.

Y aquí terminan mis aventuras de anoche.

Entretanto, había yo dejado de considerar aquella fiesta como una broma.

Por el contrario: pensaba ya en que las máscaras son cosa muy seria, tan

seria cuando menos como las demás que hay en el mundo.

Y, en efecto, las máscaras tienen su razón de ser: no son una necedad ni

una locura: son un goce natural, aunque terrible; racional, aunque

espantoso.--Voy á probártelo.

Tú habrás pensado alguna vez en el profundo horror que causan á la

sociedad los anónimos y los pasquines, y habrás reparado en que estas

armas, tan alevosas como tremendas, apenas se usan en el combate de los

más ruines resentimientos. ¡No parece sino que se ha estipulado de

antemano no apelar nunca á estos golpes mortales, como se excluye la

estocada en ciertos duelos! Y es, realmente, que un maravilloso instinto

de conservación advierte á los más desalmados, que el anónimo, y sobre

todo el pasquín, acabarían por disolver la sociedad humana.--¡Figúrate,

por ejemplo, lo que pasaría en Madrid si mil ó dos mil personas se

dedicasen á escribir anónimos á todos los maridos engañados, á todas

las mujeres vendidas, á todos los que tienen amigos falsos, á cuantos

son objeto de murmuraciones, á los jefes de quienes se burlan los

subalternos, á los robados por personas de quienes no sospechan, y á

todos los que viven de ilusiones ó bañándose en las aguas del

olvido!--Pues añade el pasquín... ¡Imagínate el cinismo, la

desvergüenza, el desenfreno que produciría esta murmuración á gritos, y

el escándalo, los divorcios, los desagravios, los castigos, los

desquites, los horrores que llevaría al seno de las familias!--¡Espanta

el pensar en ello!

Ahora bien: como la privación es causa del apetito, la sociedad ha

querido disfrutar el bárbaro placer de verse disuelta tres ó cuatro días

cada año, y ha inventado las máscaras.

Merced á esta invención, durante las Carnestolendas, puede violarse ese

tratado tácito de los individuos, mucho más sagrado que el derecho de

gentes.--Porque no lo olvides: cada máscara que va á los bailes es un

anónimo: cada una que vocea en el Prado es un pasquín; y el Carnaval en

conjunto es un simulacro de la ruina, de la disolución de la

sociedad.--Leyes, respetos, sexos, clases, nombres, fisonomías, todo se

ve anulado, negado, derogado, escarnecido, en esa espantosa y general

revolución dirigida por Momo.

Las máscaras retrotraen las costumbres al estado salvaje. Las

convenciones humanas, las verdades legales, los principios que

constituyen la vida común de los pueblos, se convierten en objeto de

mofa y de ludibrio. Los hombres más graves gozan en establecer y

confirmar con sus hechos estas asoladoras conclusiones: «¡Todo es

mentira y vanidad en el mundo; todo farsa y locura! Nosotros, los que

hoy nos entregamos al placer de burlarnos de nuestras costumbres, de

nuestras categorías, de nuestras diferencias y variedades sociales, de

nuestros estatutos, de nuestras vestimentas, de nuestros tratamientos,

de todas las reglas de la vida, somos los mismos que mañana, metidos

otra vez en el molde social, daremos por resultado códigos y catecismos,

patíbulos y guerras, suicidios y apoteosis...»

Siento, querida máscara, que el estado de mi salud no me permita

continuar...--Tengo mucho sueño.

Madrid 1859.

[Illustration] BOCANADA DE HUMO.

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 106 / 140 题