UNA TARDE DE SOL.

--¡Confiese V., querida Marquesa, que soy el primer barómetro de Madrid!

Hace ocho días, cuando aún se helaban _hasta las conjeturas_, y el cielo

y la tierra estaban llenos de agua, anuncié á V. repentinamente que

acababa de empezar la _primavera médica_, ó sea la _primavera de las

violetas_, como yo insisto en llamarla. Mi pronóstico se ha cumplido.

¡Qué días tan hermosos están haciendo! ¡Qué tardes tan divinas! ¡Cuánta

luz, cuánto oxígeno, cuánta electricidad en el aire! ¡Qué Retiro y qué

Fuente Castellana! ¡Qué océano de luz aquel, y qué peces tan bonitos los

del tal océano! ¡Y vaya si los peces tienen conchas y escamas!--¡Oh!...

¡Qué dulce es vivir cuando hace sol!... Me acuerdo de que, á los diez y

ocho años, exclamaba yo siempre en ocasiones semejantes: «¡Hermoso día

para ser amado y tener mucho dinero!»

--_¡Oh primavera, juventud del año!... ¡Juventud, primavera de la

vida!_--murmuró el Vizconde.

--Decía bien ese poeta.--En cuanto á mí, puedo asegurarle á V. que esta

tarde miraba los árboles de la _Castellana_, esperando á cada momento

verlos cubrirse de flores. ¡Tanta era la vida que irradiaba el sol sobre

la tierra!--Y, si he de decirle á V. toda la verdad, llegó á tal punto

mi plétora de sávia, de amor y de entusiasmo, que me parecía que yo

mismo iba á cubrirme de hojas y á echar ramas como un alcornoque.--Ni

era yo solo el que se abandonaba así á las complacencias de su ser, á la

dicha de haber nacido, al orgullo de no haber muerto.--Una hermosa

extranjera, que en bailes y conciertos representa gloriosamente á su

remoto país, le decía la otra noche á un legislador, no sé si senador ó

diputado:--«¡Oh, qué sol el de Madrid! ¡No comprendo cómo pasan Vds. la

tarde en la triste atmósfera de una cámara, hablando de ruines intereses

humanos, de jurisprudencia ó de economía política, en vez de disfrutar

estos hermosos días, y ver un cielo tan infinito, y recibir los halagos

de un sol tan cariñoso!»--«¡Ah, señora!... (contestó el hombre de

Estado:) V. es del Norte y le da valor á eso: nosotros los españoles

hemos llegado á cansarnos de tanto sol, y hay días en que no sabemos qué

hacer con él!»--De aquí, Marquesa, concluyo yo que, si el sol se

exportara, seríamos la primera nación comercial de Europa...--Pero son

las ocho... Perdóneme V.: me voy al teatro.

--¿A cuál?

--Al Circo; á oir á Matilde Díez en _Amor de Madre_ y en _La Sociedad de

los trece_.

--Pues no tiene V. que correr. Hasta las nueve y media no empieza

Matilde. Antes dan una piececita...

--Según eso, Vizconde, V. ha estado ya en el Circo...

--Sí: fuí el sábado con el Barón.

--¿Y qué tal Matilde Díez?

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Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 105 / 140 题