La fealdad es necesaria: sin fealdad no hay belleza: donde todo es
igual, nada es sublime: de la comparación brota el mérito; si todas las
mujeres que hay sobre la tierra fuesen Helenas, Frines ó Cleopatras, se
buscaría una _fea_ como inapreciable joya, ó, mejor dicho, lo _feo_
sería entonces lo _hermoso_.
Á más de esto (ya lo hemos indicado), la _fea_ nata, que es como si
dijéramos la _fea innata_, recibe en el vientre de su madre un alma
hermosa, sensible, rica de ingenio y de abnegación.
No desconocemos que después estas _almas_ de _fea_ son torcidas,
escépticas, lúgubres, desconfiadas...
¡Pero es que la sociedad las vicia! ¡La _fea_ que no sea santa tiene que
ser diablo!
¡Mas conseguid meteros alguna vez en el corazón de una _fea_: atravesad
con vuestro afecto ó vuestra compasión aquellas cortezas de desengaños,
aquellas cicatrices de desprecios, aquellas escorias de decepciones
horribles, y encontraréis el más puro oro, las más celestiales lágrimas!