II.

Mujer invencible, corazón de piedra, encantadora y terrible criatura, he

asistido á tus funerales.

Te he vencido en generosidad. ¡Tú fuiste siempre implacable para mí! ¡Yo

te he visto vencida por la muerte..., y he llorado!

¿Qué era ya de tu orgullo, de tu coquetería, de tu soberbia?

¡Allí estabas sin poder ninguno sobre mí, roca inexpugnable! Podía

engreirme en tu sepulcro..., y arrojé en él una flor.

Pero ahora me engrío.--¡Ah! ¡Cómo he triunfado de tu esquivez! Ya no te

deseo; ya no me atormenta tu imagen. Tú has dado por mí el salto de

Léucades, y he curado de tu amor.

Horas enteras te he estado viendo tendida en el ataud. Estabas tan

desarmada por la muerte, que te compadecí.--¡Oh! mi compasión te hubiera

matado, si ya no estuvieras muerta!... ¡Yo, compasión de tí, reina

mía!--Sí, la tuve.

Estabas fea, asquerosa..., y te dejé.

A mi regreso á casa, ví en el balcón á Dolores, y la saludé

tiernamente... Me acordé de tí... y--¡óyelo!--suspiré de nuevo.

Conque adios: hasta el año que viene.

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 44 / 140 题