¿Dónde está mi niñez?
Paréceme que acabo de contar un sueño.
¡Qué diablo! ¡Ancha es Castilla!
Mi abuela paterna, la que cantó la copla, murió hace ya mucho tiempo.
En cambio mis hermanos se casan y tienen hijos.
El arpa de mi padre rueda entre los muebles viejos, rota y descordada.
Yo no ceno en mi casa hace algunas _Noches-buenas_.
Mi pueblo ha desaparecido en el oceano de mi vida, como islote que se
deja atrás el navegante.
Yo no soy ya aquel Pedro, aquel niño, aquel foco de ignorancia, de
curiosidad y de angustia que penetraba temblando en la existencia.
Yo soy ya... nada menos que un hombre, un habitante de Madrid, que se
arrellana cómodamente en la vida, y se engríe de su ámplia
independencia, como soltero, como novelista, como voluntario de la
orfandad que soy, con patillas, deudas, amores y tratamiento de
_usted_!!!
¡Oh! cuando comparo mi actual libertad, mi ancho vivir, el inmenso
teatro de mis operaciones, mi temprana experiencia, mi alma descubierta
y templada como un piano en noche de concierto, mis atrevimientos, mis
ambiciones y mis desdenes, con aquel rapazuelo que tocaba la zambomba
hace quince años en un rincón de Andalucía, sonríome por fuera, y hasta
lanzo una carcajada, que considero de buen tono, mientras que mi
solitario corazón destila en su lóbrega caverna, procurando que no la
vea nadie, una lágrima pura de infinita melancolía...
¡Lágrima santa, que un sello de franqueo lleva al hogar tranquilo donde
envejecen mis padres!