Este hecho acredita cuan conveniente era ganar los instantes, y obrar

con actividad contra los insurgentes, aprovechando la consternacion en

que se hallaban por el dichoso suceso de la Punilla, antes que

depusieran su espunto: pues los recelos y desconfianzas del Comandante,

y su carácter mas político que militar, le hacian observar una lentitud

perjudicial á la causa pública. Y como vacilaba en un mar de dudas, pasó

el tiempo en hacer prevenciones, con que disimulaba su manejo, que

pudiera haber variado con las repetidas pruebas de fidelidad y bizarria

que le tenian dadas los vecinos de la Plata, que justamente se han

quejado del concepto que le merecieron, porque consideraba no eran

capaces de sostener operaciones ofensivas en campo abierto sin el

auxilio de los veteranos que se esperaban: lo que debiera haber tentado

sin esta circunstancia, pues algo se ha de aventurar en los casos

estremos, en que no se presenta otro recurso. Estas detenciones

ocasionaron no pocos males, particularmente en las provincias de Chichas

y Lipes, que se sublevaron despues de aquel suceso, porque conocieron la

superioridad que tenian, y les manifestaba semejante conducta, y que no

eran muy temibles el Comandante y armas que se hallaban en la ciudad de

la Plata, cuando aun despues de vencedoras se contentaban con volver á

encerrarse en los términos de su recinto, sin pensar al remedio de las

calamidades agenas: á que contribuyó tambien el haber seguido el mismo

sistema la imperial villa de Potosí, que creyó llenaba so obligacion con

poner á cubierto sus preciosas minas.

Cuando estaba para celebrarse en casa del Comandante, D. Ignacio Flores,

con un banquete, el buen éxito que tuvo la accion de la Punilla, se

recibió la infausta noticia del horroroso hecho acaecido en la villa de

Oruro, con lo que se consternaron los ánimos de todos los convidados, y

se llenaron de amargura, convirtiéndose en pesar el placer que tenian

prevenido. Y como es uno de los acaecimientos mas notables de esta

general sublevacion, no podrá ser desagradable se refiera con extension,

y con todas las circunstancias que requiere un hecho de esta naturaleza.

El orígen, pues, y las causas de esta funestísima tragedia, fueron

haberse divulgado en aquella villa las fatalidades acaecidas en las

provincias de Chayanta y Tinta, con un edicto que expidió José Gabriel

Tupac-Amaru, en que espresaba todas sus crueles y ambiciosas

intenciones: lo que, llegado á noticia del corregidor, D. Ramon de

Urrutia, juntamente con los extragos que causaba en las provincias de

Lampa y Carabaya, le determinaron á prevenirse para cualquier

acontecimiento. Formó compañias de los _cholos_ y vecinos, para

disciplinarlas en el manejo de las armas, destinando diferentes sitios

para la enseñanza, donde concurrian semanalmente dos veces, y aprendian

con gusto la doctrina de sus maestros: algunos desde luego no aprobaron

esta diligencia, ó porque eran adictos al principal rebelde Tupac-Amaru,

cuya venida deseaban con ansia, ó lo mas cierto, porque eran sus

confidentes. Estos tales solamente concurrian á aquel acto para emular á

los que enseñaban, que eran europeos, y á formar diferentes críticas

sobre sus operaciones, al mismo tiempo que con insolencia fijaban

pasquines opuestos á la corona, censurando el gobierno del corregidor y

demas jueces. Entre ellos amaneció uno el dia 25 de Diciembre de 1780,

en que se anunciaba el asesinato, que despues egecutaron con los

europeos, y zaherian la conducta de D. Fernando Gurruchaga, Alcalde

ordinario, que acababa aquel año, con dicterios denigrativos á su

persona, y de la justicia. Tambien prevenian en él á los individuos del

Cabildo, se abstuviesen de elegir Alcaldes europeos, porque si tal

sucedia, no durarian ocho dias, porque se sublevarian y serian víctima

de su enojo, por ser ladrones: y que para evitar tan funesto suceso,

habian de nombrar precisamente de Alcaldes á D. Juan de Dios y á D.

Jacinto Rodriguez.

El Corregidor, cuidadoso con estas públicas amenazas, é insolentes

pretensiones: obraba vigilante en la averiguacion y pesquiza de los

autores, pero por mas exactas diligencias, así judiciales como

extrajudiciales que practicó, nunca pudo saber la verdad para castigar á

los delincuentes, á fin de mantener á todos con la quietud y buena

armonia, á que siempre propendió desde el ingreso á su corregimiento.

Llegado el dia de la eleccion, para el año de 1781, propuso á los

vocales nombrasen á sugetos benémeritos y honrados, de buenas costumbres

y amantes de la justicia, para que así pudiesen desempeñar con acierto

los cargos, con la madurez y juicio que previenen las leyes, y requerian

las críticas circunstancias, en que se hallaba el reino. Para este

efecto les propuso á D. José Miguel Llano y Valdez, patricio, á D.

Joaquin Rubis de Celis, y D. Manuel de Mugrusa, europeos, con la mira de

que saliese la vara de la casa de los Rodriguez, que pretendia hacerla

hereditaria, y que ni ellos ni ninguno de sus parciales y domésticos,

fuese elegido, pues hacian 18 años que estos sugetos estaban

posesionados de aquellos empleos, sin permitir jamas que fuesen

nombrados otros, por la desmedida ambicion de gobernar que los dominaba:

y tambien para evitar las injusticias, estorsiones y violencias, que con

título de jueces egecutaban con toda clase de gentes, validos del

depotismo sin límite que habian adquirido, con el cual protegian todo

género de vicios, de que adolecian sus dependientes y criados.

Trascendida por los Rodriguez esta idea, previnieron algunas

alteraciones y diferencias para el dia de la eleccion: no obstante

prevalecieron los votos á favor de la justicia, y salieron electos los

propuestos por el Corregidor, que aborrecian cruelmente los Rodriguez,

por la desemejanza de costumbres y nacimiento: y no podiendo ocultar la

ponzoña que encerraban sus corazones, al ver se les habia quitado el

mando, que tantos años tenian como usurpado, se quitaron la máscara,

para dejarse ver á todas luces sentidos contra él. D. Jacinto estuvo

para morirse con lo vómitos que le ocasionó la cólera del desaire, y D.

Juan salió de la villa para su ingenio á toda prisa, dejando prevenido

en su casa, que ninguno de sus clientes saliese á las corridas de toros,

que regularmente celebran los nuevos Alcaldes para festejar al público,

ni que á estos se les prestase cosa alguna que pidiesen para los

refrescos acostumbrados. En este mismo dia empezó á descubrirse la liga

que habia formado con ellos el cura de la iglesia matriz. Sucedió pues,

que siendo costumbre de tiempo inmemorial, que acabadas las elecciones,

y confirmadas por el corregidor en la casa capitular, pasaba todo el

Cabildo á la iglesia mayor á oir la misa de gracias, se dirigieron los

Cabildantes á esta pia demostracion, pero estando ya á las puertas de la

iglesia, salió al encuentro el sacristan para decirles que no habia

misa, porque ninguno habia dado la limosna.

Estaban las cosas en este crítico estado, cuando llegó la noticia de la

muerte de Tomas Catari; y creyendo el corregidor de Pária, D. Manuel

Bodega, que quitado este sedicioso perturbador de la quietud pública, le

seria fácil sugetar la provincia, cobrar los reales tributos y su

reparto, determinó ir á ella con armas y gente. Pidió para esto á

Urrutia le auxiliase con soldados, que le negó, previniendo no podian

resultar buenas consecuencias: pero Bodega mal aconsejado, juntó 50

hombres, pagados á su costa, y emprendió la marcha al pueblo de

Challapata, donde él y los mas que le acompañaban, pagaron con la vida

su lijera determinacion.

Con este hecho, persuadidos quedaron los indios de Challapata, Condo,

Popó y demas pueblos inmediatos, que el corregidor de Oruro habia

auxiliado al de Pária con armas y gente para castigarlos, desde aquel

dia amenazaban la villa y el corregidor, protestando asolarla, y dar

muerte á todos sus habitantes. Agregóse á esto, que un religioso

franciscano, llamado Fray Bernardino Gallegos, que á la sazon se hallaba

de capellan en los ingenios de D. Juan de Dios Rodriguez, solapando su

malicioso designio, decia habia oido, que los indios de Challapata

estaban prevenidos para invadir á Oruro, y que el principal motivo que

los impelia, era saber que se hacia diariamente egercicio, por lo que

consideraba conveniente se suspendiese; pues sin mas diligencia que

esta, se sosegarian los ánimos de aquellos rebeldes, porque su

resentimiento nacia unicamente de aquella disposicion. El corregidor, ya

fué que no dió asenso á los avisos de aquel religioso, ó porque

penetrase su interior, no alteró sus providencias, de que nacieron

continuos sobresaltos y cuidados: porque, resentido de esto, no cesó de

esparcir en adelante funestas noticias, que amenazaban por instantes el

insulto ofrecido por los indios circunvecinos. En este conflicto se

dudaba el medio que debia elegirse: no habia armas, ni pertrechos;

hacíanse cabildos públicos y secretos; nada se resolvia por falta de

dinero en la caja de propios, ó por decirlo con mas propiedad, por no

haber tal caja, porque hacia muchos años se habia apoderado de su fondo

D. Jacinto Rodriguez. Tampoco podia acudirse á las cajas reales, porque

lo resistian sus oficiales, alegando no serles facultativo extraer

cantidad alguna, sin órden espresa de la superioridad; y por último

recurso, se pensó en que los vecinos contribuyesen con algun donativo,

que tampoco tuvo efecto, por la suma pobreza en que se hallaban. En

estos apuros se manifestó el celo del tesorero D. Salvador Parrilla,

dando de contado 2.000 pesos de sus propios intereses, para que se

acuartelasen las milicias, y se previniesen municiones de guerra, entre

tanto se daba parte á la Audiencia, para que deliberase lo que tuviese

por conveniente. Con esta cantidad se dió principio á los preparativos;

pusiéronse á sueldo 300 hombres: se nombraron capitanes y demas

oficiales, para hacer el servicio: D. Manuel Serrano, formó una compañia

de la mas infame chusma del pueblo, y nombró por su teniente á D.

Nicolas de Herrera, de génio caviloso, que despues fué uno de los que

mas sobresalieron en esta trágica escena.

Acuartelada así la tropa, se suscitaron muchas disenciones por la poca

subordinacion de los soldados, la ninguna legalidad en los oficiales

para la suministracion del prest señalado, y otros motivos, que se

originaban, mas por la disposicion de los ánimos, que por, las

fundadas quejas.

El dia 9, á las diez de la noche, salieron del cuartel algunos soldados

de la compañia de Serrano, pidiendo á gritos socorro á los demas; y

preguntada la causa, respondió en voz alta Sebastian Pagador:--"Amigos,

paisanos y compañeros, estad ciertos que se intenta la mas aleve

traicion contra nosotros por los chapetones: esta noticia acaba de

comunicárseme por mi hija; en ninguna ocasion podemos mejor dar

evidentes pruebas de nuestro amor á la patria, sino en esta: no

estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas gustosos en defensa

de la libertad, convirtiendo toda la humildad y rendimiento, que hemos

tenido con los españoles europeos, en ira y furor, y acabemos de una vez

con esta maldita raza." Se esparció inmediatamente por todo el pueblo

este razonamiento, y la mocion en que estaban las compañias milicianas,

no descuidándose D. Nicolas Herrera en atizar el fuego, contando en

todas partes con los colores mas vivos, que su malicioso intento pudo

sugerirle, la conjuracion de los europeos.

Sebastian Pagador habia sido muchos años sirviente en las minas de ambos

Rodriguez, y en aquella actualidad concurria á ellas por las tardes con

D. Jacinto, donde este se ponia ébrio, mal de que adolecia comunmente.

Entre otras producciones de la borrachera, salió con el disparate que el

corregidor le queria ahorcar, juntamente con sus hermanos, á D. Manuel

Herrera y otros vecinos. El calor de la chicha, que tenia alterado á

Pagador, le hizo facilitar el asesinato que despues egecutaron,

tratándolo con D. Nicolas de Herrera, sugeto muchas veces procesado por

ladrón público y salteador de caminos. A este no sola le constaba que

muchos de los europeos estaban acaudalados, sino que él y algunos de sus

inicuos compañeros vieron depositar muchas barras y zurrones de plata

sellada en cara de D. José Endeiza, á quien se le consideraba mas de

50,000 pesos efectivos. Como este sugeto era tan amable, concurrian á su

mesa muchos de sus amigos, tambien acaudalados, y acordaron que en tanto

se les proporcionaba trasladarse á Potosí, se juntasen todos con sus

caudales á vivir en la casa donde se hallaba hospedado. La presa de tan

crecido caudal fué el principal orígen de este desgraciado suceso. D.

Nicolas Herrera, que deseaba mas que todos llegase el caso de egecutar

el saqueo, publicaba en todas partes el razonamiento de Pagador, y

continuando sus diligencias, entró en casa de D. Casimiro Delgado, que á

la sazon estaba jugando con D. Manuel Amezaga, cura de Challacollo, y

con Fray Antonio Lazo, del Orden de San Agustin. Alborotáronse todos con

la novedad, y resolvieron ir á avisar á los milicianos la desgracia que

los amenazaba: determinacion, á la verdad, impropia de aquellos sugetos,

y que tiene muchos visos de sediciosa; porque sin reflexionar en

consecuencias pasaron al cuartel, llamaron al capitan D. Bartolomè

Menacho y á otros, y les dieron noticia de lo que sabian, haciéndoles la

prevencion de que se guardasen. Con esto, y la voz de traicion de parte

de los europeos que Herrera habia esparcido por toda la villa, acudian

en crecidas tropas al cuartel, las madres, mugeres y hermanas de los que

estaban acuartelados: unas llevaban armas para que se defendiesen, y

otras con las mas tiernas voces, pedian con lágrimas dejasen aquel

recinto. A esto añadian los soldados, incitados por Pagador, se

persuadiesen era cierta la conjuracion: los unos afirmaban que el

corregidor tenia prevenida una mina para volarlos repentinamente, otros

gritaban que no habia que dudar, porque tenia arrimadas escaleras para

asaltarlos de improviso por el corral de su casa. Todo era confusion,

desórden y alboroto, sin el menor fundamento; porque la malicia de los

seductores inventaba estas y otras especias sediciosas para conmover los

ánimos. De esta conformidad pasaron aquella noche en continuo

sobresalto, y luego que aclaró el dia 10, desampararon el cuartel: unos

se dirigieron á sus casas, y otros reunidos por Pagador, se presentaron

á D. Jacinto Rodriguez, protestando que como á su Teniente Coronel

debian comunicarle lo que se premeditaba contra ellos; que estaban

prontos á obedecerle ciegamente, con lo que daban unas pruebas nada

equívocas de la subordinacion que le tenian: quien, al oir las quejas,

les dijo que no volviesen al cuartel, y quedándose con algunos de mayor

confianza, les previno sigilosamente se amotinasen aquella noche, y les

advirtió el modo con que lo habian de practicar.

Habia marchado dias antes al pueblo de Challapata Fray Bernardino

Gallegos, del Orden de San Francisco, con el pretesto de libertar

algunos soldados que llevó D. Manuel de la Bodega, los que se hallaban

escondidos en casa del cura; pero su verdadero designio fué el de

convocar á los indios para aquel dia. En el mismo distribuyó D. Jacinto

á sus negros, y algunos de sus criados por las estancias y pueblos

inmediatos, para con la ayuda de estos, doblar sus fuerzas y lograr su

intento; montó á caballo, se dirigió al Cerro de las Minas, donde juntó

á todos los indios, mulatos y mestizos, que trabajaban en ellas, y les

dió la órden de que precisamente bajasen por el Cerro de Conchopata á la

villa, luego que anocheciese. Todo se egecutó como estaba prevenido,

empezando la bulla de los peones mineros en aquel lugar, á la hora

señalada. Para asegurar mejor la accion premeditada, andaba por las

calles y plazas un oficial de la compañia de Menacho, llamado D. José

Asurdui, publicando era cierta la traicion del corregidor y europeos,

con tanto descaro, que, obligó á uno de ellos á reconvenirle,

diciéndoles: "Solamente un hombre de poco entendimiento podria proferir

este disparate: Vd. se persuade que el corregidor, acompañado unicamente

de 30 á 40 europeos, se consideren capaces de resistir y matar á mas de

5,000 hombres que tiene la villa; esto fuera lo mismo que intentar una

hormiga hacer frente á un leon." Pero como eran otros los principios de

aquel motin, de nada sirvieron estas sólidas razones para contenerle,

antes bien se aumentaron los corrillos en las esquinas de las calles y

plaza pública, creciendo el cuidado, por haber encontrado un pedazo de

carta de Fray Bernardino Gallego, en que avisaba á su hermano, Fray

Feliciano, que indefectiblemente la noche del 10 seria invadida la villa

por los indios Challapatas, pero que no tuviesen cuidado, que el fin era

quitar la vida al corregidor y oficiales reales. Tales indios no

parecieron aquella noche, y averiguada la verdad, muchos dias despues se

supo no pensaron en venir por entonces, y que solo habia sido ardid para

aumentar el temor y la confusion.

A las 4 de la tarde mandó el corregidor tocar llamada, para que las

milicias se juntasen; en efecto obedecieron, siendo muy pocos los que

hicieron falta; pero con la circunstancia de no querer entrar en el

cuartel, y si mantenerse divididos en trozos por las esquinas de la

plaza, hablando entre ellos de la supuesta traicion, y lo que habian de

practicar; y no descuidándose Pagador en su comision, recordó los hechos

de José Gabriel Tupac-Amaru, apoyando su conducta contra el Soberano,

las vejaciones que sufrian por el mal gobierno de sus ministros, los

insoportables pechos, que con motivo de la guerra con los ingleses,

imponian á los pueblos, y otras razones eficaces para conducir los

ánimos al fin que se habia propuesto. El corregidor, procuraba

reducirlos, ya con suavidad, ya con amenazas; pero nada bastaba, y, solo

pudo conseguir le ofreciesen, se mantendrian en la plaza, esperando á

los indios que amenazaban invadir la villa aquella noche: y para que no

quedase medio que emplear, se convidó á dormir con ellos, y que cuando

se verificase la conjuracion de los europeos, sacrificarian primero su

vida antes que permitir pereciese ninguno de los soldados. Pero como

faltaba ya la razon, y empezaban á descubrir su mala intencion, lejos de

producir los buenos efectos que se prometia de esta sumisa oferta, solo

sirvió para que se insolentasen mas. Rogábales humildemente, y procuraba

disuadirlos de las supuestas quejas con los europeos: decíales que todo

era falso é inventado por la malicia de los que les persuadian lo

contrario; pero mas irritados con estos medios de suavidad, empezaron á

manejar sus hondas, ensayando el modo con que habian de usar de ellas.

Estas son las causas de donde se originó tan cruel rebelion contra la

Magestad y los europeos; pero añadiré otra que á mi ver es el principal

fundamento de este sangriento suceso. Hacian 10 años, que se

esperimentaba un total atraso en las labores de minas; de modo que en la

actualidad no habia una sola que llevase formal trabajo, ni pudiese

rendir á su dueño lo necesario para su conservacion y giro, siendo lo

único que sostenia el vecindario: cuya total decadencia puso á sus

mineros en tan lamentable constitucion, que los que se contaban por

principales, y en otros tiempos poseian agigantados caudales, como eran

los Rodriguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estado

de inopia, descubiertos en muchos miles, así al Rey, como con otros

particulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores,

por falta de medios. Los europeos, que eran los únicos habilitadores, ya

no querian suplirles cantidad alguna, y desesperados por no hallar

remedio para socorrerse, y chancelar sus deudas, maquinaron esta

rebelion, que se hará dudosa á los tiempos venideros, por el conjunto de

muertes, robos, sacrilegios, profanaciones y demas crueldades que se

egecutaron.

Obligados los milicianos, de las muchas súplicas y persuasiones que se

emplearon por varios sugetos, entraron en el cuartel, despues de la

oracion del citado dia 10 de Febrero, no para permanecer en él como

otras noches, sino solo para engañar á sus capitanes con aquella

aparente obediencia, y con la mira de que se les diese el prest que se

les tenia asignado. Mientras se les pagaba, se oyeron por las calles y

plazas, muchas voces y alaridos de muchachos y demas chusma, quienes

despidiendo piedras con las hondas, pusieron al pueblo en bastante

consternacion. A este tiempo tocaron entredicho con la campana de la

matriz, segun se habia prevenido, para que todos se juntasen al puesto

señalado. Practicáronlo así, pero sin poder averiguar quien hubiese

tocado, ni con que órden, lo que obligó al corregidor mandase apostar

una compañia en cada esquina de la plaza, por si hubiese algun inopinado

asalto. Cuando se estaban tomando estas y otras disposiciones para

precaverse, se oyó el sonido de diferentes cornetas, que de uno á otro

ó estremo se correspondian, para confirmar la entrada de los indios; por

lo que se dispuso que algunos saliesen para hacer un reconocimiento,

quienes volvieron con la noticia, de que no habia nadie en aquellas

inmediaciones, y averiguado el caso, se halló que los que tocaban las

cornetas, eran dos negros de D. Jacinto Rodriguez, D. Nicolas de

Herrera, é Isidoro Quevedo, para que reunidos con esta novedad los

europeos, les fuese mas fácil conseguir su desesperado intento.

Asegurados estos, que nada habia que recelar de parte de los indios, se

tranquilizaron algo, y entraron á cenar juntos en casa de Endeiza. Pero

al primer plato que se puso en la mesa, entró D. José Cayetano de Casas,

derramando mucha sangre, de una peligrosa estocada, que le habian dado

los criollos, por haber resistido que entrasen por la esquina de la

matriz, que estaba guardando con su compañia, y al tiempo que referia su

desgracia y aseguraba era cierta la conjuracion de los criollos contra

ellos, oyeron que despedian desde la plaza millares de piedras hácia la

casa y balcones, y determinados á defenderse hasta el último estremo,

tomaron las armas de fuego que tenian, para dispararlas contra los

amotinados, y resistir su insulto: pero detúvolos el mismo dueño, D.

José de Endeiza, sugeto de vida ejemplar, quien conociendo era

inevitable la muerte de todos, les hizo el siguiente razonamiento, lleno

del celo cristiano que le animaba. "Ea, amigos y compañeros, no hay

remedio, todos morimos, pues se ha verificado ser la sedicion contra

nosotros: no tenemos mas delito que el ser europeos, y haber juntado

nuestros caudales, para asegurarlos, á vista de los criollos. Cúmplase

en todo la voluntad de Dios, no nos falte la confianza de su

misericordia, y en ella esperemos el perdon de nuestras culpas: y pues

vamos á dar cuenta á tan justo tribunal, no hagamos ninguna muerte, ni

llevemos este delito á la presencia de Dios, y así procuren Uds.

disparar sus escopetas al aire, y sin pensar en herir á ninguno: quizá

conseguiremos con solo el estruendo atemorizarlos, y hacer que huyan."

De esta suerte con lágrimas en los ojos, tiraban de la conformidad

prevenida, lo que comprueba no haber herido á ninguno de los criollos

con mas 200 tiros que dispararon, y aunque despues se quizo asegurar lo

contrario, fué una invencion de los autores del motin.

Enfurecidos los tumultuantes, y llenos de rabiosa cólera, unos despedian

hondazos contra los balcones, y otros procuraban incendiar la casa. Las

mugeres se empleaban en acarrear piedras las mas sólidas y fuertes que

encontraban en las minas, cuidando no faltase á los hombres esta

provision. Pasaban ya de 4,000 los amotinados, crecia el peligro de los

europeos, encerrados en la casa de Endeiza, y se aguardaba por instantes

fuesen víctima del populacho. Para evitarlo, salió de la iglesia de la

Merced el Señor Sacramentado, cuya diligencia no sirvió de otra cosa

que á aumentar el delito de aquellos bárbaros con el mayor sacrilegio:

porque desprendidos de toda humanidad, faltaron tambien á la veneracion

y respeto debido al Dios de los cielos y tierra, pues no hicieron caso

de su presencia real, y continuaron el asalto de la casa. El corregidor,

antes que oyese tiro alguno, pasó á casa de D. Manuel de Herrera, y le

rogó encarecidamente saliese con él por las calles á apaciguar el

tumulto, para ver si con su respeto conseguia lo que no habia podido

lograr despues de haber empleado muchos medios; á que le respondió no

era ya tiempo, y siguió jugando tranquilamente con el cura de Sorasora,

D. Isidoro Velasco, y otros, á quienes interesaba poco la consternacion

en que estaba el pueblo. Viéndose el corregidor desengañado, y

cerciorado que procuraban quitarle la vida, se vió precisado á emprender

la fuga para salvarla, y desde la misma casa de Herrera salió al campo,

sin llevar prevencion alguna para el camino, y tomando el de Cochabamba,

logró asilarse en la villa, capital de aquella provincia.

Relación historica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el año de 1780 · 第 2 / 13 段