LXIII

En el cuerpo diplomático, no sabiendo jugar al _bridge_ y con el sueldo

que tiene un secretario de legación de cualquier país presentable, y con

lo de la literatura y los versos, hacía yo, entre los de la carrera, un

papel suficientemente medianejo... Entre los embajadores, disfruté la

grata cortesía del fastuoso britano Sir Maurice Bunsen, y la acogida

siempre simpática y afectuosa del Nuncio, monseñor Vico, hoy cardenal.

Mi único amigo verdadero era el embajador de Francia, porque era también

amigo de las musas; íntimo de Mistral, y autor de páginas muy

agradables, lo cual, señores positivos, no obsta para que actualmente

sea director de la Banque Otomane en Constantinopla.

A todo esto, el gobierno de Nicaragua, preocupado con sus políticas, se

acordaba tanto de su legación en España como un calamar de una máquina

de escribir... Y ahí mis apuros... No, no he de callar esto... Después

de haber agotado escasas remesas de mis escasos sueldos, que según me ha

dicho el general Zelaya, tuvo que poner de su propio peculio, y cuando

ya se me debía el pago de muchos meses, _La Nación_ de Buenos Aires, o

mejor dicho, mis pobres sesos, tuvieron que sostener, mala, pésimamente,

pero, en fin, sostener, la legación de mi patria nativa, la República de

Nicaragua, ante su Majestad el rey de España... En fin, para no tener

que hacer las de cierto ministro turco, a quien los acreedores sitiaban

en su casa de la Villa y Corte, trasladé mi residencia a París, en donde

ni tenía que aparentar, ni gastar nada, diplomáticamente.

Autobiografía Obras Completas Vol. XV · 第 64 / 123 题