XLVII

No he de dejar en el tintero mis buenas relaciones con un _clown_ inglés

que ha divertido a tres generaciones de argentinos. Ya se comprenderá

que trato de Frank Brown. Los que le conocen fuera de la pista saben que

ese payaso es un _gentleman_; y que un artista, o un hombre de letras,

tiene mucho que conversar con él. Sabe su Shakespeare mejor que muchos

hombres que escriben. Es grave y casi melancólico, como todos aquellos

que tienen por misión hacer reir. Hay que tener en cuenta que el arte

del _clown_ confina, en lo grotesco y en lo funambulesco, con lo trágico

del delirio, con el ensueño y con las vaguedades y explosiones

hilarantes de la alienación. Para manejar todo esto, se precisan una

fuerte salud física y una vigorosa resistencia moral. Con Frank Brown

hemos pasado repetidas horas, agradables y provechosas, y más de una vez

ha aparecido su nombre en mis prosas y versos. Por ejemplo, en aquellos

que empiezan:

«Frank Brown como los Hanlon Lee

sabe lo trágico de un paso

de payaso y es para mí

un buen jinete de Pegaso.

Salta del circo al cielo raso;

Banville le hubiera amado así;

Frank Brown, como los Hanlon Lee,

sabe lo trágico de un paso...»

O en la siguiente medalla:

Anverso.

«En el fondo de oro de la fiesta, en traje rojo u oro, oro o rojo

saeteado de estrellas, o recamado de una flora de seda, el rostro

inaudito, máscara de risa cuasi por lo fijo y violento dolorosa,

descendiente de los Hanlon Lee, alado, elástico, Frank Brown, _clown_,

aparece.

La contracción gelásmica se acompaña de súbitos gritos y gestos, siendo

el conjunto demostración de cómo la risa, en lo bufo inglés, como en las

marionetas macabras niponas, se constituyese rayana, en su fondo, en lo

trágico. El tono denota, en aflautados finales, o monólogo coloreado

fuertemente, de acentos de tirolesa, rayados de erres, mientras,

saltante, avanza, batracio o acracio, magistral en su arte extraño, la

figura que el ojo de Bebé agranda, principal, miliunanochesca,

deslumbrante, en única, múltiple empero, apoteósis.

Las palabras sálenle en hipos: acaso el esfuerzo verbal continuando

dolorosa meditación: Fuego de artificios cortado a veces de ausas,

_lazzi_ y gedeonería transcendente. Intimo con caballos, leones, perros,

monos, cebras, hércules, _ecuyères_ y _tonys_; Brown, con un gesto

dominador, explícito, rige.

_¡Music!_ ya se escucha: Tiempos de Buislay y Bell, ¡lejanos! Hoy,

tiempo de Footit, tiempo de Frank Brown. ¿Qué hace, risueño risible,

este _clown_, a las veces filosófico? Parodia a Shakespeare, Hamlet, no

risueño, risible: «doloroso».

Reverso.

«Este es el caballero Frank Brown», que tiene cara de Byron. Hombre

triste y serio, piensa. Su sonrisa, melancolía. (¿Acaso él no conoce a

Durero?) Y como su mano ha acariciado tanto los animales, y los ojos de

los seres inocentes y profundos le han contemplado tanto, su corazón se

ha llenado de íntima bondad.

Es un hombre natural; su imperio, la fuerza y la dignidad. Es inglés,

sabe de poetas.

Es inglés; tiene el culto del hogar, celoso de hembra y cachorro.

Obra con sana y firme voluntad. Su alma de payaso no se ha pintado nunca

la cara. Si queréis verle de cerca, si queréis conversar de Shakespeare

y de la bravura y de la vida justa y sencilla, de la naturaleza sagrada,

y de Dios y de los buenos hombres, id a casa de Luzio, después de la

función del «San Martín», y veréis junto a una mesa, rodeado de amigos,

al «hombre». Le reconoceréis por la cara de Byron.

Autobiografía Obras Completas Vol. XV · 第 48 / 123 题