XLVI

Como dejo escrito, con Lugones y Piñeiro Sorondo hablaba mucho sobre

ciencias ocultas. Me había dado desde hacía largo tiempo a esta clase de

estudios, y los abandoné a causa de mi extremada nerviosidad y por

consejo de médicos amigos. Yo había desde muy joven tenido ocasión, si

bien raras veces, de observar la presencia y la acción de las fuerzas

misteriosas y extrañas, que aun no han llegado al conocimiento y dominio

de la ciencia oficial. En _Caras y Caretas_ ha aparecido una página mía,

en que narro cómo en la plaza de la catedral de León, en Nicaragua, una

madrugada vi y toqué una larva, una horrible materialización sepulcral,

estando en mi sano y completo juicio. También en _La Nación_, de Buenos

Aires, he contado cómo en la ciudad de Guatemala tuve el anuncio

psico-físico del fallecimiento de mi amigo el diplomático costarriqueño

Jorge Castro Fernández, en los mismos momentos en que él moría en la

ciudad de Panamá; y la pavorosa visión nocturna que tuvimos en San

Salvador el escritor político Tranquilino Chacón, incrédulo y ateo;

visión que nos llenó más que de asombro de espanto.

He contado también los casos de ese género, acontecidos a gentes de mi

conocimiento. En París, con Leopoldo Lugones, hemos observado en el

doctor Encausse, esto es, el célebre _Papus_, cosas interesantísimas;

pero según lo dejo expresado, no he seguido en esa clase de

investigaciones por temor justo a alguna perturbación cerebral.

Autobiografía Obras Completas Vol. XV · 第 47 / 123 题