XXXV

Me embarqué para la capital argentina, llevando como «valet» a un

huesudo holandés que sin recomendación alguna se me presentó

ofreciéndome sus servicios.

Y héme aquí, por fin, en la ansiada ciudad de Buenos Aires, a donde

tanto había soñado llegar desde mi permanencia en Chile. Los diarios me

saludaron muy bondadosamente. _La Nación_ habló de su colaborador con

términos de afecto, de simpatía y de entusiasmo, en líneas confiadas al

talento de Julio Piquet. _La Prensa_ me dió la bienvenida, también en

frases finas y amables, con que me favoreciera la gentileza del ya

glorioso Joaquín V. González.

Fuí muy visitado en el hotel en donde me hospedaran. Uno de los primeros

que llegaron a saludarme fué un gran poeta a quien yo admiraba desde

mis años juveniles, muchos de cuyos versos se recitan en mi lejano país

original: Rafael Obligado. Otro fué D. Juan José García Velloso, aquel

maestro sapiente y sensible, que vino de España, y que cantó y enseñó

con inteligencia erudita y con cordial voluntad.

Presenté mi Carta Patente y fuí reconocido por el gobierno argentino

como Cónsul General de Colombia. Mi puesto no me dió ningún trabajo,

pues no había nada que hacer, según me lo manifestara mi antecesor, el

Sr. Samper, dado que no había casi colombianos en Buenos Aires y no

existían transacciones ni cambios comerciales entre Colombia y la

República Argentina.

Fuí invitado a las reuniones literarias que daba en su casa don Rafael

Obligado. Allí concurría lo más notable de la intelectualidad

bonaerense. Se leían prosas y versos. Después se hacían observaciones y

se discutía el valor de éstas. Allí me relacioné con el poeta y hombre

de letras doctor Calixto Oyuela, cuya fama había llegado hacía tiempo a

mis oídos. Conocía sus obras, muy celebradas en España. Talento de cepa

castiza, seguía la corriente de las tradiciones clásicas, y en todas sus

obras se encuentra la mayor corrección y el buen conocimiento del

idioma. Me relacioné también con Alberto del Solar, chileno radicado en

Buenos Aires, que se ha distinguido en la producción de novelas, obras

dramáticas, ensayos y aun poesías. Con Federico Gamboa, entonces

secretario de la Legación de México, que animaba la conversación con

oportunas anécdotas, con chispeantes arranques y con un buen humor

contagioso e inalterable, y que ha producido notables piezas teatrales,

novelas y otros libros amenos y llenos de interés. Con Domingo Martinto

y Francisco Soto y Calvo, ambos cuñados de Obligado, ambos poetas y

personas de distinción y afabilidad. Con el doctor Ernesto Quesada,

letrado erudito, escritor bien nutrido y abundante, de un saber

cosmopolita y políglota; y con otros más, pertenecientes al Buenos Aires

estudioso y literario. El dueño de casa nos regalaba con la lectura de

sus poesías, vibrantes de sentimiento o llameantes de patriotismo. Así

pasábamos momentos inolvidables que ha recordado Federico Gamboa, con su

estilo ágil y lleno de sinceridad, en las páginas de su «Diario».

Autobiografía Obras Completas Vol. XV · 第 36 / 123 题