Toiticos los que aquí estan,
Y jagamos una ruea,
Paque puean escuchal:
Ey suseso acontesió
En la semana pasaa,
Que es de aqueyos que encocoran
Y achongan jasta rabiay.
Muaba á canto e talao
A mi baca coloraa
Ey jueves á eso e la una,
Poquito menos ó mas;
Cuando yegó primo Sico,
Que me diba á combial
Pa un baile, que aqueya noche
Jasian en la besindá,
En caje de una comae
Que ey quería festejay,
Casaa con un primo suyo
Jasia tres meses no mas,
Y que era, asigun la fama
Y si bale isil veydá,
De chupe y dejeme ey cabo:
Y no repito lo emas
Que sus muchos amaores
De eya cuentan sin paral,
Polque ey cuento seria laygo
Y no hay quien no sepa ya
Que á enamoraos y á locos
Nayden les debe escuchay.
Espaché en un paire nuestro,
Luego me juy á refrescal
Ar rio, despues me puse
Los trapos e cristianay
Y, ey malambo ebajo er braso,
Dejando mi estansia atrás,
Apenas anochesio
Vide ey baile prensipial.
Era la casa e la fiesta
De yagua e sierra techaa,
Los setos y soberaos
De tablas solo aserraas,
Con bentanas correisas
Y soleras sin labral.
La sala onde se bailaba
La tenian alumbraa
Con cuatro belas e sebo
A los estantes pegaas,
Y otra sobre una tabliya
En que se via un San Blas,
Un ramo e parma bendita,
Tres mochos sin espigay,
Un tigüero, una baraja
Y una atarraya emplomaa.
A la erecha, junto ar seto,
Habia mujeres sentaas
Sobre una canoa grande,
Que ayi tenian arrimaa.
A mano suida lo mesmo,
Las habia arreyanaas
Ensima una costanera
Con dos trosos lebantaa.
Un ture, aygunas banquetas
Y un banco sin resparday,
Seybian de asiento á los músicos,
Cantores y á pocos mas.
Rompió ey baile primo Sico
Con su comae Treniá,
Con un sonduro que daba
Imbidia veyo bailal.
Requintaba la bigüela,
Ey güiro diba á jablay,
Y los tiples y maracas
No les diban muy atrás.
Los garrones e mi primo
Repicaban sin paral,
Y atajaba la pareja
Tan á tiempo y á compas,
Que hubo biejo que la baba
Le bino ay suelo á paray.
Bailóse espues un cabayo,
Unas caënas etrás,
Un fandanguiyo bombeao,
Y un seis se diba á tocay;
Cuando dentró esbanesío
En er baile un camaraa,
Con ey sombrero en la oreja
Y la daga esembainaa.
Parao en mitá e la sala
Dijo:--¿Quién es capatás
En este baile, señores,
Que habemos de platical?
--Yo soy, repuso mi primo,
Pa lo que guste manday.
--No mas queria, que un rato
Aquí me ejaran bailal,
Polque se lo he prometío
A una jembra que aquí está.
--Mucho jiso en prometeyo
Poyque puee que quede mal,
Manque benga acompañao
Con ey mesmo Barrabás.
--Jise bien; y si aigun guapo
Me lo quisiere pribay,
Le pelsinare la cara,
Y naide baylará mas.
--Eso agora lo beremos.
--Pues asina lo berá.
Dió un rempujon á mi primo,
Que ay punto se jiso atrás,
Y metió mano ay moruno
Rabiando pol peleay.
Toitos jisimos lo propio,
Y se puso caa cuar
En ey bando de uno ó de otro,
Confolme á su boluntá.
Las belas fueron ar suelo;
Queándonos por un iguar
Toos prietos, pues ni las manos
Nos podiamos miray.
¿Quién aqueya masamorra
Sera capás e contal?
Las jembras esperesías
Gritaban á no poel mas;
Unas en ey aposento
Se fueron á refugiay,
Otras ayá en la cosina,
Aygunas arrinconaas
En la sala, y jasta una
Se fué de mieo á sumbal
Poy la bentana mas arta,
Con su bojote cargaa.
En poquísimos menutos
Se dieron mas cuchiyaas,
Y repartieron mas palos,
Que letras tiene un misar:
Y no hubieran acabao
Ni con ey juicio finay,
Si no se mete pol medio
La mosa mas aqueyaa,
Que tiene ey barrio e Culebras
En toa su besindá;
La cuar en cuenta e correy,
Al iguar de las emás,
Agarró un cabo de bela
Y en un tison de capá,
Que sacó de los fogones,
Lo prendió á fuelsa é soplay.
Yegó á la sala y gritando:
¡Señores! que jaya pas,
Nos dijo: Atórense un poco
No se bayan á matal:
Yo que soy causa e la riña
Se lo bengo é suplicay.
Escúcheme, que ay momento
La buya se acabará.
En broma le ije á Cilirio
Que no seria capás
De esbaratal este baile,
Y er lo ha jecho de beydá.
Su intencion no era ofendel
A unas gentes tan honraas,
Sino dal á conocey
Que pol mí no teme á naa.
No queamos muy satisfechos;
Pero nos jiso queal
La risa de aygunos cuantos,
Que cada ves diba á mas.
Era ey caso que un mosito
Benío de la Suidá,
Muy agentao y muy tieso,
Asin que oyó ey juracan,
Se metió ebajo una mesa
A aprendel á gateay;
Y entonces me lo sacaban
Sin poel tabía jablal.
Cilirio le dió á mi primo
La mano, voivió á embaynay
La daga; y toos en un veibo
Se ofresieron su amistá;
Se acuairiyaron los músicos
Y mujeres, y á baylay
Otra bes, cuar si tay cosa,
Acabara é presensial
Se puso toita la jente
Con mucha tranquiliá;
Menos sinco ú seis jerios
Que se fueron á curay.
[Illustración]
[Illustración]
[Illustración]
ESCENA VII.
LA GALLERA.
[Illustración]
Puede pasar un pueblo de la Isla de Puerto-rico sin espectáculos
públicos de toda clase, y si fuera preciso sin alcalde, regidor ni
nadie que gobernase en él; pero jamás pasaria sin un _ranchon_ grande,
cubierto de _teja yagua ó paja_, en cuyo centro hay un círculo de
ocho á diez pasos de diámetro formado de tablas, con una gradería
al rededor, hecha de lo mismo: cuando se trata de fundar una nueva
poblacion no es estraño ver que aparece este edificio mucho antes que
la Iglesia, y en no pocos parajes en que el número de casas de campo es
crecido, estando á alguna distancia de los pueblos, se ve tambien que
le hay, si bien falta una ermita ó capilla. Esta entidad que preside
en todas partes, esta avanzada de la creacion de nuevas sociedades en
sitios hasta entonces inhabitados, este lugar al parecer de un culto
idólatra, es la _Gallera_. Examinarémos en esta escena su objeto é
influencia moral, y de aquí la necesidad de hablar primero de los
gallos, los _galleros_ y los jugadores, como actores principales, y
despues de las _peleas_, _desafíos_, etc.
El gallo, animal célebre desde la mas remota antigüedad, ídolo de
algunas religiones, y de cuyo canto se valió nuestro Redentor para
recordar á uno de sus discípulos su pecado, en ninguna parte es tan
querido como en las Antillas; hay una clase sobre todo, llamada gallo
inglés, que es el compañero inseparable del _gíbaro_.
Antes de salir del cascaron, ya se ha cuidado de legitimar su orígen,
poniendo á la madre en la imposibilidad de ser infiel: un platanal,
un bosque ú otro sitio apartado, es el teatro de los dichosos amores
del sultan, que despues de haber muerto en el combate á su terrible
adversario, viene cubierto de honrosas cicatrices á reinar en medio de
sus favoritas. De allí es trasladada la clueca, y su nido se coloca
en la casa en el sitio mas á propósito, cúidasela con mucho esmero, y
el dia en que sale rodeada de sus polluelos es un dia de gozo para
la familia. Empiezan entonces las discusiones sobre el secso, color
y demás cualidades; los amigos y conocidos averiguan los grados de
parentesco que tienen los recien nacidos con los gallos de mas nombre
de todos los pueblos cercanos, recorriendo las líneas colaterales,
con mas afan, que un hidalgo pobre que desea acercarse á un título de
Castilla.
Hechas de este modo las debidas averiguaciones, conserva el dueño en
su mente la ejecutoria, y los pollos van creciendo hasta dejar la
madre; entonces es el momento de separarlos dejando las hembras en
casa y poniendo los machos en otro sitio, lo cual no es de tan poca
importancia como pudiera parecer; los _gíbaros_ saben muy bien que
un terreno en que los animalitos puedan escarbar, fortalece mucho
sus patas y su pico; así como el criarse en el bosque les hace mas
vigorosos en el vuelo; circunstancias no despreciables, puesto que de
ellas depende mas adelante la probabilidad de la victoria.
Es tambien de notar el cuidado que tiene todo _criador_ inteligente
en impedir que se mezcle con los pollos, cuando son ya crecidos,
alguna gallina; porque reñirian hasta matarse; y si por una casualidad
no sucediera así, perderian mucha pujanza, siendo mas débiles en el
combate; cada dia les muda la comida y el agua, cuando no la hay en el
_criadero_, y se asegura muy á menudo del estado de la salud de los
futuros gladiadores.
Estos cuidados duran año y medio ó dos, hasta que entran en la escuela
práctica, bajo la direccion del _gallero_; este es un hombre blanco,
negro, ó mulato, gordo ó flaco, alto ó pequeño, por lo regular de
alguna edad, que es capaz, por su mucho conocimiento en la materia
y por su acrisolada paciencia, de instruir á un gallo, sacando todo
el partido posible de las disposiciones que presenta, desconocidas á
los profanos en el arte; mas que para él son el objeto de un estudio
continuo. Debe además ser _vir probus_ en toda la estension de la
palabra, pues á su rectitud se fian grandes sumas, como verémos despues.
Hacerse cargo de la completa filiacion de su pupilo es la primera
diligencia del _gallero_, que en dos minutos sabe si aquel es _rubio_,
_giro_, _pinto_, _cenizo_, _canaguey_, _gallina_, _ala de mosca_,
_jabao_, _blanco_, ó _negro_, si es _pava_, _roson_ ó _guineo_; si es
_pati-negro_, _pati-amarillo_ ó _pati-blanco_ si es _cinqueño_, _bajo ó
alto_ de espuelas, si tiene la _canilla_ larga ó corta, si es _largo_ ó
_ancho_ de cuerpo, si _aletea_ con fuerza, si tiene la pluma _madura_,
etc. no olvidándose nunca de oirlo cantar, para conocerlo despues por
la madrugada; y es tal la habilidad de aquellos hombres, que entre
centenares de gallos que cuidan y _acondicionan_, conocen á cada uno
por el canto, sin que se engañen jamás.
Desde este dia, hasta aquel en que está en disposicion de _jugarse_,
pasa el gallo por una serie de pruebas y ejercicios continuos, sujeto
siempre á un régimen severo, todo lo cual reunido forma lo que se
llama darle _condicion_; ó, lo que es lo mismo, ponerle en disposicion
de reñir con las mayores ventajas posibles de su parte. Córtale el
_gallero_ la cresta y las barbas, le pela con unas tijeras el pescuezo
y la parte posterior del cuerpo, le recorta la cola á unos cuatro
traveses de dedo de la rabadilla, y lo mismo hace con la punta de las
plumas del ala; le pone una _cabulla_ por sobre la espuela para que no
pueda soltarse, ni le oprima la pata; teniendo cuidado de mudarla de
una á otra, y le coloca en el lugar que debe ocupar en una casa grande,
alquilada espresamente, y que toda está llena de gallos atados, de modo
que no puedan alcanzarse, á un clavo fijo en las tablas del piso, ó
encerrados en jaulas grandes de madera, con su division para cada uno.
Al salir el sol los sacan al corral ó frente de la casa, atando á cada
uno en su estaca clavada en tierra, para que puedan escarbar; antes
de esto los _rosian_ con buches de agua y aguardiente, y los tienen
allí hasta las diez ó las once de la mañana. Por la tarde vuelven á
sacarlos, y al ponerse el sol les dan el maíz y el agua graduados segun
su peso, y el resultado de la última prueba.
Estas pruebas son las _botas_ y los _coleos_; las primeras consisten en
echar á reñir dos gallos de igual peso, con las espuelas _embotadas_, ó
envueltas en trapo ó papel de estraza, de suerte que no puedan dañarse:
el _gallero_ observa atentamente á cada uno, si _pelea alto_ ó _bajo_,
si _pica á la cabeza_, _al pescuezo al buche_, _á la cabeza del ala_
ó debajo de ella, si es de _carrera_, si _juega la cabeza_, si pelea
_de afuera_ ó _apechuga_, si _engrilla_ ó _voltea_, etc.; y segun lo
que nota, coge á uno de ellos en la mano y le maneja delante del otro
con tal habilidad, que, siguiendo este sus movimientos, se acostumbra
á pelear, corrigiendo sus defectos. Esto es lo que se llama _coleo_.
Si el gallo se cansa en estos ensayos por esceso de gordura, se le
rebaja la racion diaria, y si está débil, se le aumenta; habiendo tal
variedad, que unos pelean mejor estando gordos, y otros estando flacos;
de lo cual resulta su division en gallos _á la vista_, y gallos _de
saco_.
El gallo que pelea bien teniendo muchas carnes, bajo de patas, ancho
de cuerpo, y que puesto de pie no eleva mucho la cabeza, debe _jugarse
á la vista_; esto es, comparándole al descubierto con su adversario:
cuando el que pelea bien con pocas carnes es alto de patas, largo
de cuerpo y tiene la cabeza alta, debe _jugarse al saco_; esto es,
equilibrándole en una balanza con su competidor dentro de dos sacos que
pesen lo mismo.
Cuando el gallo está _acondicionado_, lo cual se conoce por las _botas_
y _coleos_ y por el hermoso color rojo de su cuello y de la parte
posterior del cuerpo, se lleva á la _gallera_ para _jugarlo_ con mas ó
menos dinero, segun las cualidades que ha manifestado: y aquí es muy
interesante el papel del _gallero_, que, durante la riña, se llama
_coleador_; _casa la pelea_ conforme á las reglas establecidas, salvas
algunas ligeras modificaciones, como el enseñar la cabeza del gallo,
para conocer por la cicatríz de la cresta si los dos son de una edad,
el medir las espuelas, el dar en el peso alguna media onza de ventaja,
etc.; y hecho esto,
_Los agusan los rusian
Y si ey dia es abansao
Les dan tres ó cuatro granos
De maís medio mascao._
Recortan además las alas, segun la estatura del contrario y el pelear
de su gallo, entrando ufanos en la valla ó _talanquera_: retírase la
gente que hay en ella, y puestos en el centro los acercan, teniéndolos
en las manos hasta que se pican, y separándolos despues los sueltan;
dejando á cada uno sobre una de las dos rayas paralelas hechas en
tierra con algunos palmos de intermedio. Empieza entonces la riña,
durante la cual los _coleadores_ estan fuera de la talanquera, ó
_ñangotaos_ junto á ella.
No hay palabras para pintar la fiereza de aquellos animales: al
principio no llegan á picarse, sino que se hieren al vuelo: á estos
primeros golpes es á los que llaman _tiros bolaos_; pero no tardan
en comenzar, y cada _picotazo_ va seguido de una _puñalada_, que el
contrario evita con destreza, ó recibe con heroico valor; sus cuerpos
se cubren de sangre y polvo, pierden la vista, y apenas pueden tenerse;
llegando muchas veces á quedar despues de algunas horas rendidos de
fatiga, sin que ninguno de los dos haya vencido: á esto se llama
_entablar la pelea_: otras huye uno, muere ó queda fuera de combate,
siendo el otro vencedor.
Hay gallos que tienen golpes favoritos; tales como picar _á la
cabeza del ala_, clavando la espuela debajo de ella, dar en el
_yunque_, que así llaman á la nuca, etc. La carrera es tambien
un grandísimo recurso; los hay que corren al rededor de la valla
delante del contrario, que si no tiene tambien esta cualidad se cansa
persiguiéndolos, y entonces es vencido fácilmente; llegando algunos á
tanto, que, si conocen desventaja por su parte, se detienen sin correr,
hasta que el otro vuelve á seguir riñendo.
El ojo de lince del _coleador_ sigue todos los movimientos de su
gallo, mientras que los espectadores de las gradas publican en alta
voz la cantidad que quieren apostar á su favor, y le animan con las
esclamaciones mas originales:
_Pica gayo y engriya jiro,
Mueide al ala renegao,
Juy que puñalon de baca, etc._
que se repiten á cada nuevo encuentro.
Cuando los combatientes dejan por un momento de lidiar se da un
_careo_, los cogen los _coleadores_, los limpian chupando la sangre
de todo el pescuezo, examinan sus miembros; y con estos cuidados les
vuelven á veces la vista y los reaniman para volver á la reyerta.
Un número determinado de careos sin que ninguno de los combatientes
embista al otro _entabla_ la pelea.
Con lo dicho se tendrá una idea del objeto de la gallera; pero no seria
muy completa, sin añadir algo que venga á confirmarlo establecido al
comenzar este artículo: bastará decir, que muy raro es el _gíbaro_ que
no cria gallos de buena casta, que muchos pasan todo el domingo en la
gallera, y que algunos vuelven á su casa por la noche, sin llevar la
carne que habian ido á comprar al pueblo para toda la semana siguiente,
porque les tentó algun _pati-amarillo_ ó _coli-blanco_; mas ¿á qué
detenernos en otras cosas, cuando una simple relacion de un _desafío_
basta y sobra á nuestro propósito?
Los desafíos, que no son mas que la reunion en un pueblo de los gallos
mas famosos de muchos de los circunvecinos, se anuncian con grande
anticipacion, y se verifican en dias señalados. Algunos antes empiezan
á llegar los campeones, conducidos con grandísimo cuidado: un hombre
lleva una vara al hombro, y de ella penden cuatro, seis ú ocho gallos,
en su saco cada uno; así son trasladados hasta á ocho y diez leguas de
distancia. Llega por fin el dia deseado: toda la poblacion se inunda de
gente, una gran parte de la cual no tiene otro objeto que ver _jugar_
un gallo conocido, y para esto ha hecho á pie muchas horas de camino.
En la _pelea_ se sigue las mismas reglas que en los casos ordinarios,
con la única diferencia que se atraviesan mayores cantidades, y que el
concurso es mucho mas numeroso.
Hemos llegado al punto en que el lector aguarda que le diga mi modo
de pensar acerca de la _gallera_: yo reconozco la oportunidad de su
deseo; pero no puedo complacerle cual quisiera, porque es cuestion
mas difícil de resolver de lo que al pronto parece. En efecto; ¿qué
puede contestarse á la pregunta de si el juego de gallos es útil ó no?
Dirémos, que como causa de la comunicacion de unos pueblos con otros,
como medio de que circule el dinero, y como mero pasatiempo en los
dias festivos, no hay duda que lo es; mas como ocupacion, como camino
que puede conducir á otros vicios, y como ocasion de perder el dinero
destinado al sustento de una familia, es altamente perjudicial. El
tiempo resolverá el problema, y yo me atrevo á esperar que cuando haya
otras diversiones públicas y á medida que adelantemos, se irá perdiendo
esta costumbre hasta desaparecer completamente.
[Illustración]
[Illustración]
ESCENA VIII.
UNA
PELEA DE GALLOS.
[Illustración]
Tribusio Lopes ey manco
Y Chano Peres ey tueyto,
Dambos á dos señalaos,
Y nenguno pol sey bueno;
Platicando diban juntos,
Y de siguro mintiendo.
Cuando e repente toparon
Con un compae dey primero,
Que, montao en una yegua,
A escape benia dey pueblo.
--Compae, le grito Tribusio,
Aonde se ba tan ligero
--Sujetó ey otro la bestia,
Y le ijo: --Boy ar infierno
A entregalme á Barrabás,
Que de rabial ya me quemo.
--Asosiéguese, compae;
Y si es que aygun majaero
Le ha jecho mala paltía,
O le ha tocao ni en un pelo,
En cuanto me iga quien es,
Con er naranjo que yebo,
Berá como boy ayá
Y le machuco los güesos.
--Grasias poy la boluntá,
Su mucho aquey le agraesco;
Pero ya too se acabó,
Y lo jecho ya está jecho.
--Pero ¿qué es lo que ha pasao?
Si es que aquí poamos sabeyo.
--Si siñol: lo contaré
A los dos toito en un creo.
Salí yo esta mardugaa
De mi casa muy contento,
Montao en mi yegua gacha,
Que se aguaytaba ey lusero.
Era espesa la ñublina,
Ey bientesito muy fresco,
Y menudeaban los gayos
Caa uno en su duymiero.
Mi poyo giro gayina,
Con su cantío, respondiendo
Les diba dende mi farda
Ar pasay á caa uno de eyos.
Yo traia en mi fardiquera,
Pa jugayo, cuatro pesos;
Y si la biera tenío,
A sus patas biera puesto
Cuarenta biajes mas plata
Que la que tiene un platero.
Yegué á este pueblo e Gurabo,
(Que mar rayo palta ey pueblo);
Ejé mi gayo y mi yegua,
Y me fuy á misa corriendo.
Salí que serian las once,
Menutos de mas ó menos,
Y ajilé pa la gayera
Pol bey como diba aqueyo.
Sinco ú seis peleas casaas
Tenian barios gayeros;
Que como era desafío
Los habia de muchos pueblos.
Me dieron en la primera,
Y gané, un beinte á dos pesos;
Y no quise apostay mas
Pa gualday suelte y dinero
Jasta que echara mi poyo:
Y ya me diba aburriendo,
Cuando jayé un tres y dos
Que en pata, cabesa y peso
Igualaba con er mio;
Er negocio queó jecho,
Y casamos la pelea
Con cuatro pesos y medio.
Ay fin yegó la ocasion
Que asperamos mucho tiempo:
Cojimos los dos los gayos,
Y metiéndonos con eyos
A entro de la talanquera
Los sortamos en ey medio.
Ey coleaol mi contrario
Era mas arto que un ceiro,
Carireondo, jipato,
Y bisco der ojo isquieydo.
Su gayo era canaguey,
Coliblanco y patinegro,
Y mas trabao que er mio;
Manque no era tan ligero.
Too ey mundo apostaba á ey
Polque era gayo dey pueblo;
Daban cresías gabelas
Gritando:--Bente á dos pesos.
--Sinco á cuatro.--Tres á dos.
Y asin diban repitiendo.
Yo aposté á mi poyo giro
Jasta er cobre mas secreto,
Sin reseybay ni los cuaytos
Que pa casne truje ay pueblo.
Pasaon los tiros bolaos,
Y los gritos antes que eyos,
Polque ey gayo canaguey
Peldió un ojo á los primeros.
Dambos á dos se moydian
Y barajaban tan resio,
Que mas de un biaje pensé
Que se abrian de medio á medio.
Ey mio, que era e carrera,
A poco salió corriendo;
Pero ey otro condenao
Se supo jasel ey sueco:
Aleteó, hechó un cantío,
Y á escalbay se puso luego;
Jasta que ey giro boybió,
Y se pegaron de nuebo:
Lo prebó dos ó tres beses,
Y siempre jiso lo mesmo.
Mi poyo le dió ay contrario
Cuatro ú sinco tiros buenos,
Otros tantos resebió
De aquey á cuenta de aqueyos,
Y no se pasó gran rato
Sin que los dos quearan siegos.
Entonses fue menestey
Que diéramos un careo;
Y bí que ar sortay los gayos,
En lugay de ejayo quieto,
Arrempujó contra er mio
Ar suyo ey bisco peybeyso.
--Camaráa, le ije ajorao,
Juégueme de bueno á bueno,
Y no me arrempuje ey gayo,
Que esa no es la ley dey juego.
--A osté lo arrempujaré
Si me bueybe á disil eso.
--Pues ni oste ni toa su casta
Son capases de jaseyo.
--Buélbame á isil lo de enantes
Y en siguía le prometo
Poneye la mano aonde
Su mae le puso los pechos.
Ar sentil mental mi mae
Peldí ey juisio poy completo,
Y oyviándome dey sitio,
De la gente y de mí mesmo,
Cogí ey gayo pol las patas
Y se lo espeté en los besos;
Nos agarramos, y muchos
Que se metieron pol medio
Nos lograron separay
Despues de luchal buen tiempo.
Ey siñol Tiniente á guerra
Nos queria metel presos;
Pero ay fin nos dejó libres,
Jasiéndome que primero
Pagara toitas las puestas
Que con barios habia jecho.
Las pagué, y me boy pa casa
Sin mi gayo, sin un medio,
Sin casne y sin mascaúra
De tabaco malo ó bueno.
Aquí arremató ey compae,
Se espidió, y se fué corriendo;
Y los otros dos dentraron
Cuar si tay cosa en ey pueblo.
[Illustración]
[Illustración]
ESCENA IX.
ESCRITORES PUERTO-RIQUEÑOS.
_D. Santiago Vidarte_.
[Illustración]
La literatura, ha dicho un escritor célebre de nuestra época, es la
espresion, el termómetro verdadero del estado de la civilizacion
de un pueblo: verdad innegable, que se ve confirmada en nuestra
Antilla. Pocos años hace que vió la luz en ella la primera publicacion
literaria, y pocos tambien que se nota un verdadero progreso: aquella
fué la señal de este, y los hijos de Puerto-Rico no aplaudimos entonces
desde Europa la aparicion de un libro nuevo, tanto como el felíz cambio
que simbolizaba.
Pero este cambio, como es natural, no pudo verificarse en un momento;
los demás ramos del saber humano se van estendiendo poco á poco, y la
literatura marcha sin avanzar mas de lo que permiten las circunstancias
del país: verdadera crisálida que acaba de romper su envoltorio, mas
bien camina que vuela, y no se aparta de una hoja sino pasando á otra
de la misma planta; pero si le falta vigor, si no tiene, como algunos
pretenden, una region en que volar, luce ya los vivísimos colores
en sus alas, el sol las dora, y no tardará en lanzarse al espacio,
posándose veleidosa sobre las flores que bordan la campiña.
Los escritores de Puerto-Rico, la mayor parte poetas, son casi
desconocidos fuera de aquella Isla; sus producciones respiran ingenio
y revelan imaginacion ardiente; el genio brilla en ellas, pero tímido
y saliendo apenas de la senda trazada por otros. ¿A qué se debe esto,
cuando el tender la vista al rededor y copiar, basta en las Antillas
para deslumbrar á los que miren despues el cuadro? Sin ofender á
talentos que reconozco muy superiores al mio, creo que es debido á que
ni el terreno está preparado, ni el grano bastante maduro. Cuba ha
dado un Heredia, un Valdés, un Caballero, un Saco y otros; pero no los
dió hasta llegar á un grado de adelanto que todavía no hemos alcanzado
nosotros.
Cuando nuestra enseñanza sea mas completa; cuando las artes y la
industria sean mas generalmente conocidas; cuando nuestra agricultura
acabe de salir de la antigua rutina; en una palabra, cuando podamos
compararnos sin desventaja con la Isla de Cuba, entonces estará el
terreno preparado. Cuando una juventud ávida de instruccion adquiera
en las escuelas del país la que ahora solo puede alcanzar un reducido
número de privilegiados; cuando esta juventud se dedique á profesiones
que en el dia se miran con desprecio, porque son casi ignoradas,
entonces estará el grano en sazon y brotará dando despues abundantísima
cosecha. Sembrar en un campo cubierto de malezas es perder el tiempo y
la semilla.
Los escritores de Puerto Rico deben demostrar la utilidad de una
instruccion artística é industrial, de que por desgracia carecemos, y
arrostrar si es preciso la peor de todas las críticas, la mordacidad
del ignorante; deben..... ¿y porqué me detengo en decirlo? debemos
estudiar, meditar y discurrir mucho, puesto que somos jóvenes, para
servir despues de ejemplo á los que nieguen el benéfico influjo del
saber. ¡Cuán dichoso el que llegue á ser citado por modelo! Vístase el
pensamiento con las formas que se quiera, pero que sea siempre uno;
siga cada cual su rumbo, pero vayamos todos al mismo término, evitando
que una enseñanza viciosa por lo incompleta reuna combustibles, que
puedan servir para la hoguera en que nos quemaria la barbarie. ¡Cuán
lamentable es la historia de Santo Domingo! Cuán arriesgado el crear
una universidad que llene de médicos y abogados un país en que las
artes y la industria no bastan á mantenerlos! Pero dejemos esto
para los que cuidan de nuestro porvenir, contentándonos con que las
anteriores líneas llamen su atencion sobre un punto que interesa hasta
lo sumo, y pasemos á ocuparnos del primero de nuestros jóvenes poetas.