En cuanto al colegio centro de estas escuelas, en mi concepto deberia

ser un establecimiento en el cual se enseñara la Filosofía tal como

previene el plan de estudios que rige en España, adoptando en él los

mismos métodos y obras, para que nada nuevo encontrara un estudiante al

llegar á la Península, y que se diera grande extension é importancia

á la agricultura, como primera fuente de la riqueza de la Isla, y

al estudio de idiomas, como tan necesario á los que se dedican al

Comercio, que es el que puede hacer valer los productos de ella.

Todo lo que sea pensar en las carreras facultativas, sin tener antes

buenos medios de instruir á los jóvenes en los ramos arriba espresados,

es querer llenar el país de medianías, que siempre son el descrédito de

las ciencias y las artes.

A primera vista parece irrealizable el establecimiento de un colegio,

y el hacer que todas las escuelas dependan de él; pero no hay cosa

mas fácil mientras se desee de todas veras; y no se piense que al

decir esto me refiero al Gobierno; no él, sino los padres de familia

deben tomar la iniciativa; el pedir que el Gobierno haya de pensar en

todo, sin que nada se le indique, saben muy bien todos los hombres de

medianas luces que es pedir un imposible.

No es por otra parte un milagro lo que yo ecsijo que hagan los padres

pudientes en mi país, porque es del todo igual á lo que pasa en España.

En esta los colegios mejor montados no son propiedad del Gobierno, sino

de particulares que adquieren con ellos gloria y bienes de fortuna,

proporcionando á muchos hombres de talento una subsistencia decorosa.

Toda la dificultad está en la buena administracion, y en que para

Director se elija un hombre de Genio, y al corriente de la marcha que

con el nuevo plan de estudios se sigue en dichos establecimientos.

En cuanto á la reunion de fondos suficientes no me seria difícil

proponer un medio de hacerlo si estuviese en mi país, teniendo datos

de que carezco á tan larga distancia; diré solamente que el Colegio

Seminario, y las clases de la Sociedad Económica son elementos muy

útiles para la reforma, que es indispensable se verifique si se quiere

que no estemos un siglo atrasados en la enseñanza.

Sin instruccion no puede haber adelantos en las artes y la industria

que tanto necesita el país; los estranjeros nos comprarán siempre

nuestros productos para elaborarlos, y hacer despues que los paguemos á

peso de oro; desvelémonos pues; y cuando todo esté allanado, reclamemos

la proteccion del Gobierno, que nunca se la niega á un pueblo que pide

medios de instruirse; venzamos todos los obstáculos, y digamos entonces

al Soberano: «Somos religiosos, somos leales, somos honrados, somos

hospitalarios; solo nos falta que nos permitais ser sabios.»

[Illustración]

[Illustración]

ESCENA IV.

UN CASAMIENTO GÍBARO.

[Illustración]

I.

Cantando estaba ey pitirre

En la copa de una seyba,

Cuando salen de una casa,

O mejoy, de ebajo de eya,

Jasta unas treinta presonas

A cuay mas toas compuestas.

Diban tóos á cabayo,

(Ey que menos diba en yegua)

Los hombres ensapataos

Y casi toos con chaqueta,

Yeban aygunos pañuelo

Amarrao en la cabesa,

Y sombrero e pelo negro,

Tejío entero, ó de empleyta,

Camisas aymionáas,

Y carsones e tapeta.

Las mujeres yeban gorras

De pelo con plumas negras,

Guantes de algoón tejíos.

Y argunas, sayas e séa;

Sapatos e marroquin

Y tumbagas muy sobelbias,

De aqueyas de pocos riales

Que briyan como las pieiras;

Pañuelos y pañuelones

De too grandol y manera,

Y argoyitas y sarsiyos,

Y junquiyos y caënas.

Toiticos á cuay mas

Muy bien ensiyáa su bestia;

Unos con bocao e plata,

Y e colores las riendas,

Otros con jáquimas, y otros

Con sus frenos e correa.

Las tajarrias, asericos,

Aparejos y aguaeras

Eran tóos nobesitos

Y jechos pa aqueya fiesta,

Que era la boa de Peiro

Hijo der Guajon Iglesias,

Con Gilia, la muy pulía,

Hija de Toño Ribera,

Y aquey dia se casaban

Con grandísima querensia.

La mosa e cuando en cuando

Bia ar nobio e manera,

Que bien clarito le isia:

Peiro, tuya es esta prenda.

Y er sortaba caa bufío

De gusto ar miral su jembra,

Que ni con er susuncoyda

Se cambiara aunque er quisiera.

Ey soy estaba una vara

Mas arriba de la tierra,

Cuando pol medio ey Barrero

Caminaban pa la Iglesia;

Habiéndose ya apeao

En caje de una parienta.

Yegan, y er cura, que estaba

Asperándose á la pueita,

Los espachó, y dijo misa

Toyto en un requimeternan;

Mas ar salil encontraron

Abieytas ya toas las tiendas

De pulpería y de ropa,

Bentorriyos y rancheras;

Y los mosos, jumaseros;

Los muchachos y las viejas.

Ey pueblo entero asperando

A que los novios salieran.

¡Bárgame Dios que sanfransia,

Luego que estuvieron fuera,

De matracas y fotutos,

Y con palos y con pieyras

Pegando en los mostraores

Y gorpeando las pueytas!

Er uno gritaba: _juse,

Carabuco bira y seja_;

Er otro: _mira; atarraya

Esa nobiya berrenda_.

Y así bastante ajoraos

Fueron á cojel las bestias,

Y salieron dey Barrero

Camino dey Aguabuena.

[Illustración]

II.

Ayí habia combiaos

Que pasaban e sesenta,

Y los músicos, que ay punto

Que yegó la gente nueba,

Sin aguayday que pasaran

Los cumplíos y etiquetas;

Cojiendo los estrumentos

Tocaron unas caenas,

Y er baile jasta er comey

Duró en caliente y e veras.

Los suegros y los pairinos

Con los nobios á la mesa

Se asentaron; los emas

Caa uno e su manera,

Ñangotaos, en las jamacas,

Paraos y en la escalera.

No faytó er arros con carne,

Con coco y con leche buena,

Ni los biñuelos de ñame,

Ni la naranja en conseyba,

Ni ey romo, ni ey anisao,

Ni ey vino, ni la giniebra.

Despues de yenal ey buche

Boybieron á andal las pieynas

Jasta la hora de senal;

Y así que pasó la sena

Con mas gana que ay prensipio

Too er mundo se menea.

Ey sor los jayó bailando

Sin que nayden se rindiera:

Entonces se espidieron,

Y aquí se acabó la fiesta.

De lo que pasó espues

Los nobios darán la cuenta.

[Illustración]

[Illustración]

ESCENA V.

BAILES

DE PUERTO-RICO.

[Illustración]

Antes de llegar al objeto principal de este artículo, diré cuatro

palabras sobre el orígen é historia del baile, tomadas de dos

publicaciones recientes, de Madrid la una, y la otra de Barcelona.

[Illustración]

El baile es tan antiguo como el hombre; puesto que en sí no es otra

cosa, que _un modo de espresar sensaciones por medio de variadas

actitudes y movimientos_: este es el baile en su orígen, que,

generalizándose despues, llegó hasta formar parte del culto religioso;

conociéndose con el nombre de danza sagrada la que en sus ceremonias

usaban los Judios, Egipcios, Griegos y Romanos; continuó siempre en

los regocijos públicos y de familia, de suerte que, por la suntuosidad

de ellos era fácil conocer el poderío y grandeza de una nacion, y la

opulencia de los particulares.

Los Atenienses introdujeron el baile en el teatro, apenas nacido este;

siendo en él, primero alegórico, despues histórico, y últimamente

tan variado como la trajedia y la comedia. En varias naciones, sobre

todo entre los Romanos, llegó á un grado tal de perfeccion que

parece fabuloso, no desdeñándose de bailar las personas mas graves y

de mas talento. A Socrates gustaba mucho bailar un baile llamado el

_Menfilico_; Platon fué agriamente censurado porque rehusó tomar parte

en uno que daba Dionisio de Siracusa, y Arístipo fué muy aplaudido

porque, hallándose presente, dejó su manto y danzó muy bien delante del

Rey. Caton el censor tomó un maestro á la edad de cincuenta y nueve

años para repasar los bailes que habia aprendido cuando jóven.

La invasion de los bárbaros destruyó el baile junto con las artes y

las ciencias, que reducidas á la nada hasta pasados algunos siglos,

renacieron otra vez, y con ellas el baile, para irse elevando hasta el

punto en que se halla hoy en los Teatros de las primeras capitales del

mundo civilizado.

Los bailes nacionales españoles se deben, segun el parecer de

Jovellanos, á los Sarracenos, y de algunos de ellos toman orígen una

parte de los de Puerto-Rico, como verémos mas adelante.

Todos los pueblos tienen bailes acomodados á su gusto, clima,

civilizacion y costumbres; distínguense los de los negros de Africa por

sus evoluciones guerreras, por su lubricidad, ó por sus movimientos

de dejadez y abandono; los de los Chinos por sus grupos difíciles,

de equilibrio y vistosos, y los de los salvajes de América por la

voluptuosidad, y por su variada espresion, que era tal, segun los

viajeros é historiadores, que cualquiera podia conocer fácilmente por

ella la pasion que la danza queria espresar.

Conquistada y poblada gran parte del Nuevo-Mundo por los Españoles, era

forzoso que adquiriese sus costumbres, y con ellas muchos de sus bailes

nacionales; guardando estos toda su pureza, ó adulterándose segun el

sitio en que habian de ser aclimatados.

En Puerto-Rico hay dos clases de bailes: unos de sociedad, que no son

otra cosa que el eco repetido allí de los de Europa; y otros, llamados

de _garabato_, que son propios del país, aunque dimanan á mi entender

de los nacionales españoles mezclados con los de los primitivos

habitantes; conócense además algunos de los de Africa, introducidos por

los negros de aquellas regiones, pero que nunca se han generalizado,

llamándoseles _bailes de bomba_, por el instrumento que sirve en ellos

de música.

Entre los bailes de sociedad son los mas usados la contradanza y

el walz; la primera es la contradanza española, conservada mucho

mejor que en España; sus figuras tienen la misma variedad que en su

orígen tuvo dicho baile, y sus pasos adquieren mayor encanto con la

gracia de las hijas del Trópico: es imposible seguir con la vista los

movimientos de una de aquellas morenitas de mirar lánguido, cintura

delgada y pie pequeño, sin que el corazon se dilate queriendo salir del

pecho. La contradanza americana es el baile mas espresivo que pueda

imaginarse, es un verdadero poema de fuego y de imágenes seductoras,

es en una palabra, la historia de un amor afortunado. Empieza la

danza.... La bella es solicitada por un amante, que, cualesquiera que

sean los obstáculos, halla siempre el medio de encontrarse con el

objeto de su cariño; las diferentes figuras representan muy al vivo

los inconvenientes de parte de unos, y la proteccion de otros: en el

principio, apenas se acercan, vuelven á separarse, cada vez se detienen

algo mas; las manos del jóven toman las de su querida, toca sus brazos,

su cintura, y por fin, unidos estrechamente, se entregan al placer en

medio de todos sus compañeros, que celebran con igual regocijo la union

de dos seres que se adoran. ¡Oh hijas de mi patria! nadie os iguala en

el baile, nadie derrama como vosotras ese raudal de fuego puro como

vuestras frentes, ni esa voluptuosidad encantadora que solo nace en

nuestro clima.

La música, que no contribuye poco á la ilusion, es un conjunto de

ecos, tan pronto melancólicos, plañideros y sentimentales, como

alegres, agudos y estrepitosos; es creacion del país, y á veces eligen

los compositores temas de una cancion popular, sirviendo no pocas

de pretesto algun suceso mas ó menos ruidoso para la composicion

de una danza que despues lleva su nombre. He oido á profesores

bastante acreditados de Europa, que no les gustaba dicha música; uno

de ellos tocó al piano delante de mí una contradanza muy bonita, y

no pude menos que pensar, que tal como él la tocaba era imposible

que gustase; ejecutóla despues una señorita de Cuba, que no poseia

mas que medianamente aquel instrumento; y apenas la hubimos oido,

cuando díjome el profesor: ¿Sabe V. porque he escuchado con placer á

esa señorita? Figúrese V. un estranjero que posea perfectamente el

castellano, y que estando en Madrid, por ejemplo, le diesen á leer una

de esas composiciones chistosísimas escritas en lenguaje andaluz por

Rubí ú otro de nuestros buenas poetas; seguro estoy de que le gustaria

muy poco el cambio, supresion y y adicion de letras, la novedad de

palabras, y otras cosas que en ella encontraria; pues bien, el mismo

estranjero, si le llevasen por la noche al teatro y viese representada

por buenos actores la misma pieza, se destornillaria de risa y

aplaudiria como un loco; á mí me ha sucedido otro tanto, era preciso

que oyera una contradanza tocada por uno de las Antillas para poder

apreciar ese género de composicion.

--¿Y ahora la tocaria V.?

--Si lo intentase, por mas reglas que yo sepa, y por mas ejecucion que

tenga, me hallaria en el caso del estranjero que he citado antes, si

pretendiera al otro dia imitar la ejecucion de la pieza andaluza.

El walz, igual al de todas partes, es en Puerto-Rico el compañero

inseparable de la contradanza, y se mira como su consecuencia

necesaria; la jóven que promete una contradanza sabe que tiene que

bailar el walz con el mismo sujeto.

El rigodon es tambien muy general: frio, pausado y aristocrático,

conserva las mismas cualidades bajo el sol de las Antillas que bajo los

hielos del polo.

Todos los demás bailes que recorren la Europa con alguna aceptacion,

llegan tambien á la Isla, y duran poco ó mucho segun el gusto con

que son recibidos; así hemos visto en unos cuantos años la Galop, la

Mazurka, el Britano, el Cotillon, la Polka, etc.

Los bailes de Sociedad son en Puerto-Rico casi iguales, en cuanto á

las reglas que en ellos se observan, á los que yo he visto en España,

aparte algunas modificaciones que no bastan á darles un carácter

particular. Hay entre ellas la que he dicho de tenerse el walz como

un apéndice de la contradanza, la cual ejerce sobre él el derecho de

señalarle las parejas. Esto tengo para mí que debió en otro tiempo ser

una prueba que mutuamente se daban los danzantes del placer que habian

tenido en la contradanza, que despues á fuerza de repetirse ha venido á

ser una ley sancionada por el uso, y como otras muchas leyes, no deja

de causar algunos sinsabores: y sino, figúrese el lector una jóven

hermosa y bien educada, á quien se le descuelga con la pretension de

bailar con ella un coreógrafo bisoño, sin pelo en el labio superior,

que se pone como una grana al dirigirle la palabra, y que al contacto

de su mano, y al observar las agitadas palpitaciones de su seno,

siente que le zumban los oidos, y no puede seguir el compás; preciso

es que la niña no le desaire, porque la ley de urbanidad es en este

punto inflecsible; y haria una ofensa que nunca perdona el que está en

la edad de las sensaciones nuevas y desconocidas. Suena la música, y

empieza entre los dos un movimiento igual al de dos manos de pilon que

dan alternativamente en el grano, subiendo la una cuando baja la otra y

vice-versa; de este modo, tropiezo aquí, pisada allá, apreton acullá, y

fastidio en todas partes, llegan al final, y cuando la señorita empieza

á reponerse de tanto percance, óyense de nuevo los instrumentos, y es

preciso volver al martirio.

No digo nada si es un jóven al que le toca por compañera una prima de

su adorado tormento, amiga de su hermanita, ó recomendada por su mamá ó

la señora de la casa, y que yo pudiera pintar muy bien; pero no quiero,

porque tengo en mucho el aprecio del bello secso (sin escluir aquella

parte de él á quien no cuadra el adjetivo), no me detengo mas en esto,

y vamos á otra cosa.

La colocación es tambien en lo que mas se repara: ninguno permite que

otro se le ponga primero en la contradanza, despues de haber ocupado

su lugar, sin que medien razones muy poderosas, lo cual me parece muy

en el órden, y es un modo de espresar que entre personas distinguidas

deben ser iguales y recíprocas las atenciones. Uno solo empieza á

bailar, que es el primero, y á medida que desciende hasta el otro

estremo de la sala, le siguen por órden rigoroso los que vienen despues

de él; al revés de lo que he visto en otras partes, donde, con motivo

de empezar todos á la vez, ningun lugar es preferente; mas resulta

una confusion que dura tanto como dura la música. Entre la variedad

de figuras que se usan, nadie puede variar tampoco la que puso el que

empezó, y solo puede hacerlo él mismo cuando vuelve á llegar á su lugar

primitivo.

He aquí lo único en que varian en aquella Isla los bailes de sociedad

ó de la clase mas acomodada; en cuanto á lo demás nada tienen que

envidiar á los mejores que se dan (no siendo en una corte) en cualquier

otro lugar, pues reunen las condiciones de cortesanía y elegancia en

los concurrentes, y riqueza y buen gusto en los adornos de trajes y

edificios: son notables los que dan las corporaciones, siempre que hay

un motivo digno de las grandes sumas que invierten en ellos, y muchas

veces hasta los particulares rivalizan en ofrecer con todo lujo esta

diversion, que es la primera en el país.

[Illustración]

Los bailes de _garabato_ son, como he dicho, varios, y traen su orígen

de los nacionales españoles y de los indígenas, de cuya mezcla ha

resultado un conjunto que revela claramente el gusto de unos y otros;

así en las _cadenas_ y en el _fandanguillo_ cualquiera reconoce una

degeneracion de las seguidillas y del fandango; al paso que en el

_sonduro_ tambien se ve algo del zapateado, junto con mucho de aquel

furioso vértigo, que parecia transformar en otros á los que pasaban

dias enteros sentados sobre sus tobillos.

Además del _fandanguillo_, _cadenas_ y _sonduro_ ó _matatoros_ hay el

_seis_ y el _caballo_, que completan el repertorio de los bailes de

_garabato_. El primero es el fandango español, aunque en obsequio de la

verdad tengo que confesar, que así como la contradanza ha ganado mucho,

este ha perdido y no poco; los pasos son ejecutados con mucha menos

soltura y gracia, los pies de los bailarines no se deslizan sobre el

suelo con la suavidad que fuera de desear, sus cuerpos conservan una

rigidez, que sobre parecer afectada, se aviene muy mal con el aire y

tono de la música y los brazos, que tanta gracia añaden á cualesquiera

posicion del cuerpo, son en algunos molestísimos apéndices que no

saben donde colocar; en una palabra, el fandanguillo es una planta mal

aclimatada.

Las _cadenas_, derivado de las seguidillas, pero no un engendro

contrahecho y raquítico, sino un renuevo vigoroso y lozano, que yo

comparo á una hermosa mestiza, son el baile mas animado y vistoso de

cuantos pertenecen á esta clase; toman parte en él uno ó varios grupos

de á cuatro parejas, las cuales hacen un número convenido de figuras

hermosísimas, y ejecutadas con tal precision y soltura que nadie

conoceria allí á los envarados y frios danzantes del fandanguillo;

crúzanse velozmente en variadas y opuestas direcciones, enlázanse

formando grupos siempre agradables, y mudan en un instante infinitas

veces de lugar, viniendo siempre al mismo de donde partieron. Nada

hay que pueda pintar el alegre regocijo de los campesinos como las

_cadenas_. La música es muy animada á la par que sencilla, el canto con

que la acompañan sumamente espresivo, y su letra, no puede hacerse

de ella mejor elogio que el decir que son seguidillas, muchas de las

cuales he oido en España; y que los _gíbaros_, sin saberlo, cantan á

veces versos de Iglesias, y de otros no menos célebres ingenios.

El _sonduro_ es una especie de zapateado, pero con tales arranques de

entusiasmo, que no solo baila la pareja única que está en el centro de

la sala, sino que hace mover á cuantos hay en ella; cruje la tablazon

del piso; y aquel estrepitoso repique de pies descalzos con un dedo de

suela natural, ó bien calzados con suelas llenas de clavos, se hace

oir en el silencio de la noche mas lejos que los instrumentos, que por

cierto no alborotan poco. Todo este ruido lo hacen un par de pies, que

son los del varon, pues que la hembra no tiene en él ninguna parte;

vanse relevando á medida que se cansan, y así no es estraño oir por

mucho tiempo un rumor que parece imposible que lo cause un solo hombre.

El seis, aunque en rigor deben bailarle seis parejas, yo he visto

muchas mas: colocánse las mujeres frente á los hombres en hilera, se

cruzan varias veces, zapatean un poco en ciertos compases marcados

por la música, y terminan valzando, lo mismo que en la contradanza.

Despues de las _cadenas_, el seis es de los bailes de garabato el que

mas gusta, porque no es atronador como el _sonduro_, ni frio como el

_fandanguillo_ y el _caballo_.

En este se colocan dos parejas de modo que estando la mujer frente á su

compañero, tenga á la izquierda al de la otra que esta delante de él:

toda la dificultad está en unos pasos muy sencillos y poco variados, y

en cruzarse y cambiar de pareja sin tocarse nunca las manos; para un

estraño es baile que tiene poca gracia.

Los instrumentos músicos son tambien dignos de que se hable de ellos:

forman una orquesta completa una _bordonúa_, un _tiple_, un _cuatro_,

un _carracho_ y una _maraca_. _La bordonúa_ es una gitarra de grandes

dimensiones, hecha toscamente, y á veces sin mas herramienta que un

cuchillo ó una daga; la madera es de varias calidades, escepto en su

tapa que siempre es de _yagruno_, una de las mas blancas y ligeras que

se conocen. El _tiple_ es en un todo igual á esta, sino en su tamaño,

que es mucho menor. El _cuatro_ es un término medio entre los dos, y

se distingue porque remata en dos ángulos su mitad cercana al brazo,

á diferencia de la otra que es redonda como en la _bordonúa_. El

_carracho_, _güiro_ ó _calabazo_, es una calabaza larga, bien madura

y seca, con surcos transversales algo profundos, sobre los cuales se

hace pasar con mas ó menos fuerza un palillo de madera muy fuerte; para

que el sonido sea mas intenso, tiene una abertura en la parte opuesta

á la de los surcos, y se toca sosteniéndole con la mano izquierda y

manejando con la derecha el palillo de que ya he hablado. La _maraca_

es una _jigüera_ atravesada con un palo, y que contiene en su interior

una porcion de granos duros y pequeños; agitándola con la mano derecha,

con la cual se tiene por el palo que la atraviesa y sirve de mango,

produce un sonido con que acompañan al de los demás instrumentos.

Los bailes de _garabato_ tienen sus reglas, que se observan con todo

rigor, y que nadie que toma parte en ellos está dispensado de guardar

estrictamente. Aunque, como he dicho, son propios de la gente de la

clase inferior y del campo, algunas veces he visto bailar en ellos á

personas muy distinguidas. Una pisada, un empujon, los zelos de un

enamorado, la sonrisa de un espectador, y otras cosas semejantes dan

lugar no pocas veces á que se concluyan á cuchilladas; al paso que

todos cuando no hay alguno de estos motivos se complacen y obsequian

mutuamente con la mayor franqueza, teniendo siempre la preferencia

los forasteros sobre los del lugar en que se da el baile; en una

palabra, aquellas buenas gentes guardan todas las atenciones y finura

compatibles con su clase, sus hábitos y educacion.

Tales son los bailes de garabato: los de los negros de Africa y los de

los criollos de Curazao no merecen incluirse bajo el título de esta

escena; pues aunque se ven en Puerto-Rico, nunca se han generalizado:

con todo, hago mencion de ellos porque siendo muchos, aumentan la

grande variedad de danzas que un estranjero puede ver en sola una Isla,

y hasta sin moverse de una poblacion.

Inútil seria entretenerme en probar que esta variedad depende de la

posicion geográfica que acumula allí individuos de tantas naciones,

cada una de las cuales introduce usos que se arraigan mas ó menos,

segun el influjo que ellas tienen en el país, y así concluyo

manifestando que, fuera de los bailes públicos y de grande espectáculo

de los teatros europeos, que no puede haberlos porque el teatro está

cerrado la mayor parte del año, y porque en la Isla no creo que haya

quien quiera arruinarse contratando compañías que hacen quebrar á los

mejores empresarios; en cuanto á bailes nada tenemos que envidiar á

ningun pueblo del mundo.

[Illustración]

[Illustración]

ESCENA VI.

EL BAILE DE GARABATO.

[Illustración]

El Gíbaro · 第 2 / 8 段