CAPÍTULO VII.

Al terminar el invierno, Agesilao, para cumplir la promesa hecha a los

aqueos, preparó al principiar la primavera[165] una nueva expedición

contra los acarnanios. Habiéndolo sabido estos, consideran que a causa

de su situación en medio de la campiña, serán sitiadas sus ciudades

por un enemigo que destruirá sus mieses y por ejércitos que rodearán

sus muros, por lo cual envían diputados a Lacedemonia y firman la paz

con los aqueos y una alianza con los lacedemonios. Así terminaron los

asuntos de los acarnanios.

Entonces los lacedemonios, considerando peligroso el dirigirse contra

los atenienses o contra los beocios dejando detrás de ellos en las

fronteras de Laconia una ciudad enemiga tan poderosa como Argos,

declaran la guerra a esta república.

Luego que sabe Agesípolis[166] que debe mandar la expedición, y después

de celebrar los sacrificios de la marcha, dirígese a Olimpia para

consultar al oráculo, preguntando al dios[167] si podía sin impiedad

rehusar la tregua que puedan proponerle los argivos, pues tenían

costumbre de pretextar los meses sagrados[168], no cuando llegaba su

época, sino cuando los lacedemonios estaban a punto de invadir su

territorio. Contéstale el dios, que puede sin impiedad desechar una

tregua injustamente reclamada; y entonces, dirigiéndose a Delfos para

pedir a Apolo si tiene sobre esta tregua igual modo de sentir que su

padre, aquel dios le da una contestación exactamente igual. Encamínase

entonces a Fliunte para reunirse con su ejército, pues este era el

punto para el cual había citado a sus tropas mientras consultaba los

oráculos, e invade la Argólida por Nemea. Al ver los argivos que no

pueden resistir, envían, según su costumbre, dos heraldos coronados

de flores para pedir la tregua; pero Agesípolis, contestando que los

dioses han declarado la injusticia de su petición, no acepta la tregua,

e invade el país, causando gran terror así en los campos como en la

capital.

Mientras cenaba por primera vez en el territorio argivo, y cuando

terminaban de hacer las libaciones acostumbradas después de la comida,

el dios[169] conmovió la tierra. Siguiendo el ejemplo de los comensales

del rey, los lacedemonios entonan el peán en honor de Neptuno, creyendo

los soldados se va a ordenar la retirada, puesto que Agis había

abandonado Élide después de un temblor de tierra. Mas Agesípolis dice

que si el temblor se hubiese verificado en el momento de entrar en el

territorio enemigo, lo hubiera considerado como una prohibición, pero

habiendo acontecido después de su entrada, lo consideraba como signo

favorable; así es que al día siguiente, después de haber ofrecido los

sacrificios a Neptuno, prosigue su marcha, sin ir, sin embargo, muy

lejos. Teniendo ante su vista la reciente expedición de Agesilao contra

Argos, pide Agesípolis a sus soldados hasta qué distancia de los muros

llegó Agesilao y hasta dónde extendió sus devastaciones por el país,

como un pentatlo[170] que procura sobrepujar en todo a su rival.

Un día atraviesa dos veces los fosos excavados alrededor de los muros

de la ciudad, a pesar de los proyectiles que le arrojan desde lo alto

de las torres; otra vez, mientras la mayor parte de los argivos habían

ido a Laconia, se adelanta tan cerca de las puertas, que los argivos

que las guardaban no se atreven a abrirlas a la caballería beocia que

iba a entrar en la ciudad, por miedo de que los lacedemonios entren en

ella al mismo tiempo, de manera que tuvieron los caballos que pegarse

como murciélagos a los muros y a las barbacanas, y si los cretenses no

se hubiesen hallado en expedición contra Nauplia, hombres y caballos

hubieran perecido en gran número bajo sus flechas. Algún tiempo

después, mientras Agesípolis estaba acampado alrededor de los muros de

la ciudad, cayó un rayo en el campamento, pereciendo unos asfixiados y

otros de miedo. Más tarde, mientras ofrece un sacrificio para levantar

un fuerte en el paso de Celusa, las entrañas de las víctimas aparecen

incompletas; por todo lo cual se retira con su ejército, y le licencia,

después de haber hecho, sin embargo, mucho daño a los argivos al

atacarles tan de improviso.

Las Helénicas; ó, Historia griega desde el año 411 hasta el 362 antes de Jesucristo · 第 31 / 52 题