Pero para formar un Pintor perfecto de modo que llegue á merecer los
elogios que hemos referido, faltan aún varias cosas que decir, las
quales no debo omitir en ninguna manera, aunque seré lo mas breve que
me sea posible. El oficio del Pintor es dibuxar y dar el colorido á
qualquiera cosa que le presenten con lineas y colores en una superficie
plana, de modo que con un determinado intervalo, y cierta colocacion
del rayo céntrico parezcan las cosas pintadas como si fuesen corpóreas,
y totalmente semejantes á las verdaderas. El fin del Pintor debe ser
adquirir fama, gusto y crédito con sus obras, mas bien que riquezas;
lo qual lo conseguirá siempre que sus pinturas detengan y deleyten la
vista y el ánimo de los que las miren. El modo de llegar á alcanzar
esto ya se dixo, quando se trató de la composicion y del clarobscuro;
pero ademas de esto quisiera yo que el Pintor fuera hombre de bondad,
instruido en las ciencias para que pudiera mejor hacerse cargo de todo
lo que hemos dicho. La bondad y agrado tiene mas fuerza para captarse
la benevolencia general que lo marabilloso de la industria ó del arte.
Ademas es cosa sabida que la benevolencia coadyuva mucho para que
un artífice adquiera estimacion y bienes; pues de ésta benevolencia
se origina que los poderosos le dan que hacer, teniendo mucho mas
gusto en que se le proporcione una ganancia al que es modesto y de
suaves modales, que no al sobervio y altanero, aunque tal vez tenga
mas habilidad. Siendo esto asi deberá tener el Pintor sumo cuidado en
su modo de portarse y en sus modales, mostrando siempre afabilidad y
agrado, para que por estos medios pueda atraerse la benevolencia de
todos, único y fixo asilo contra la pobreza, y tambien la ganancia,
auxîlio excelente para la mayor perfeccion de una obra. He dicho
que quisiera estuviese el Pintor instruido en las ciencias; pero
principalmente la Geometría debe ser su mayor estudio. Muy bien decia
Pánfilo, antiquísimo y excelente Pintor, primer Maestro de jóvenes
nobles en ésta arte, quando decia que nadie podia ser buen Pintor sin
saber Geometría. Y en efecto los primeros rudimentos en que estriva
toda el arte de la Pintura los comprehende con facilidad el Geómetra;
mas el que no tiene alguna tintura de ésta ciencia no es posible que
se haga cargo de ellos bien, ni que llegue á entender ninguna de las
principales reglas de la Pintura. Asi, pues, es mi dictámen que el
Pintor no debe despreciar el estudio de la Geometría. Tambien debe leer
con atencion las obras de los Poetas y Retóricos, pues los ornatos
de ellas tienen mucha conexîon con los de la Pintura: ademas le dará
muchas luces, y le servirá de no poco auxîlio para inventar y componer
una historia la conversacion de los hombres literatos y abundantes
de noticias, pues es evidente que el principal mérito consiste en la
invencion, la qual tiene la virtud de agradar y deleytar por sí sola
sin el auxîlio de la Pintura. Deleyta el leer la descripcion de la
Calumnia que pintó Apeles, segun Luciano, y no creo que sea fuera de
propósito el referirla aqui para que aprendan los Pintores á inventar
y componer con novedad y sublimidad. Veíase en la tabla un hombre con
desmesuradas orejas, y á su lado dos mugeres que representaban la
ignorancia y la sospecha. En otra parte se veía la Calumnia en figura
de muger hermosa, pero demostrando en el semblante mucha malicia y
astucia, en la mano izquierda tenia una antorcha, y con la derecha
asía por los cabellos á un mancebo que levantaba las manos al cielo.
Al lado de éste habia un hombre pálido y seco, feo y de aspecto feroz,
como que estaba muy consumido y acabado por los trabajos de la guerra,
llamado con razon el encono. Acompañaban tambien á la Calumnia otras
dos mugeres, que eran la asechanza y la mentira, y la componian los
adornos. Despues se veía la penitencia ó arrepentimiento vestida
con una ropa obscura y sucia en acto de arañarse, con violentas
contorsiones, y detras de ella iba la vergonzosa y honesta verdad. Este
quadro, cuya sola descripcion deleyta el ánimo, ¡quánto gusto causaría
el verle pintado de mano de tal Maestro! ¡Qué dirémos de aquellas tres
hermanas doncellas, á quienes llama Hesíodo Egle, Eufrosine y Tália,
las quales las pintaron asidas de las manos, y vestidas de una ligera y
transparente gasa sin ceñir, y querian que significasen la liberalidad!
Porque la una da, la otra recibe, y la tercera vuelve el beneficio;
condiciones que precisamente se han de encontrar en la liberalidad
perfecta. ¡Quánta fama alcanzan los profesores con unas invenciones tan
ingeniosas! Por esto exôrto yo á los Pintores aplicados á que estudien
los Poetas y Retóricos, como tambien otros varios autores eruditos
hasta familiarizarse con ellos, pues de unos ingenios tan cultivados
podrán sacar muchas noticias provechosas, con las quales adornarán y
hermosearán sus composiciones, que es lo que mas acredita una obra
de Pintura. Fidias, Pintor excelente, confesaba que de Homero habia
aprendido á pintar la figura de Júpiter con magestad. A mí me parece
que nuestros Pintores, dándose á la lectura de los Poetas, podrán
adelantar mucho y fecundar su imaginacion, con tal que se apliquen mas
á estudiar que á ganar. Pero muchas veces sucede que no pocos jóvenes
deseosos de su adelantamiento y aplicados, se cansan á lo mejor, mas
porque no saben el método de aprender, que porque les incomode la
fatiga del estudio. Por ésta razon es preciso explicar el modo y el
método que se ha de observar para llegar á ser profesor excelente.
Principiemos, pues, asi: todos los grados de la enseñanza los debe
sacar de la naturaleza misma; y la regla de la perfeccion se ha
de conseguir á fuerza de diligencia, de estudio y de práctica. Yo
quisiera que los principiantes de Pintura hicieran lo que hacen los
Maestros de escribir, los quales enseñan primero á formar las letras
separadas, luego á juntar las sílabas, y últimamente las palabras. Lo
mismo se debe observar en la Pintura; lo primero se ha de enseñar á
hacer el contorno de las superficies, que son como el alfabeto de la
Pintura, despues se enseñará á unir estas superficies, y luego la forma
de todos los miembros de la figura con distincion y separadamente,
tomando de memoria todas las diferencias que puede haber en ellos, que
son muchas y muy notables. Hay muchas personas que tienen la nariz
encorvada, otras chata, torcida ó ancha; algunas tienen los labios tan
prominentes, que parece que se les cae la boca; y otras, cuyos labios
son tan sutiles, que las agracia infinito: y en fin todos los miembros
tienen un cierto punto de propiedad y proporcion, que á nada que se
altere causará extraña variacion en él. Los miembros de un niño son
redondos, de modo que parece están hechos á torno, segun lo lustrosos
que son, y luego que llegan á adultos ya se vuelven ásperos, y se
varían. Todo esto lo aprenderá el Pintor aplicado en la naturaleza
misma, y exâminará por sí propio con reflexîon las formas particulares
de cada cosa, considerándolas, y mirándolas con la mayor atencion y
cuidado. Considerará la actitud que guarda el que está sentado, y cómo
doblan las piernas en ella, y caen sin violencia alguna: considerará
la postura del que está de pie, y en fin, no debe haber parte en toda
la figura de que no tenga noticia, y de quien no sepa el oficio y la
proporcion, eligiendo siempre entre todas, no solo las mas propias y
semejantes, sino las mas bellas. El antiguo Pintor Demetrio se aplicó
mas á expresar los obgetos con la mayor propiedad que podia, que á
elegir lo mas bello y agraciado. Por ésta razon se han de escoger
entre todas las figuras aquellas partes mas bellas y proporcionadas,
poniendo todo el cuidado posible en saber en qué consiste la verdadera
belleza para executarla en todo. Esto es sin duda sumamente dificil,
porque nunca se encuentran en un solo sugeto todas las perfecciones
de la belleza, sino que están repartidas en todos; pero por lo mismo
es preciso estudiar con el mayor conato por aprenderlo, pues el que
sepa las cosas de mas sublimidad y se exercite en ellas, hallará
suma facilidad en las otras quando se le ofrezca practicarlas. No
hay cosa por dificil y abstracta que sea, que no se pueda alcanzar á
fuerza de estudio y práctica: pero para que el estudio no sea inútil
ó pernicioso, es menester huir de lo que hacen algunos, que buscan la
alabanza y el crédito trabajando guiados por su propia fantasía, sin
sujetarse á considerar y mirar el natural; pues estos no aprenden á
pintar bien, sino se sueltan la mano para desatinar. La idea de la
verdadera belleza no solo no se dexa descubrir por los ignorantes, sino
que aun los que saben la disciernen con dificultad. Zeuxîs, Pintor
famoso, y el mas sábio y de mayor destreza, quando tuvo que pintar la
tabla, que se habia de exponer al público en el templo de Diana, lexos
de fiarse de su propio ingenio, como hacen casi todos los Pintores de
estos tiempos, antes de ponerse á pintar de pura imaginacion, pensó que
para hacer una cosa totalmente bella, no solo no podia él idearla por
sí solo, sino que aun quando la quisiese tomar del natural, tampoco
hallaría en un solo sugeto todas las perfecciones que buscaba; y asi
eligió cinco doncellas entre todas las de la Ciudad las mas hermosas,
y de ellas tomó aquellas partes mas bellas y proporcionadas para
trasladarlas á la pintura. Obró en esto Zeuxîs como sábio; porque
quando los Pintores no ponen á la vista lo que quieren imitar, sino
que quieren hallar la belleza en sola su imaginacion, y adquirir fama
de éste modo; no solo no la adquieren con semejante trabajo, sino que
se acostumbran á una pésima manera de pintar, que despues no la pueden
dexar aun á costa de los mayores esfuerzos. Pero el que se acostumbre á
hacerlo todo por el natural, tendrá la mano tan hecha á lo bueno, que
todo lo que execute parecerá natural, que es lo único á que se anhela
en la Pintura. Pues si en un quadro hallamos la cabeza de un hombre que
conocemos, aunque al mismo tiempo haya en el lienzo mil primores del
arte, con todo nada atrae tanto la atencion como el retrato conocido.
¡Tanta fuerza y poder tienen en sí las cosas enteramente parecidas
al natural! Esto supuesto, todo lo que haya de hacer el Pintor debe
estudiarlo antes por el natural, y luego se elegirán de él las cosas
que parezcan mas bellas y mas apropósito. Pero es menester no hacer
lo que algunos que siempre pintan en tablas muy pequeñas; antes al
contrario, nunca se debe pintar sino en grande, de modo que las figuras
sean á lo menos casi del mismo tamaño que el natural. En las figuras
pequeñas se esconden muy bien aun los mayores defectos, pero en las
grandes aun los mínimos están patentes. Escribe Galeno que vió un
anillo en que estaba pintado Faetonte en su carro tirado de quatro
caballos, en donde se distinguian perfectamente los frenos, los pechos
y los pies. Dexen los Pintores éste primor á los artífices plateros,
y exercítense ellos en cosas mas grandiosas; pues el que sepa pintar
ó modelar una figura grande, podrá tal vez de un solo rasgo hacer una
pequeña con perfeccion: pero los que están acostumbrados y hechos á
trabajar cosas pequeñas, facilmente errarán en las grandes. Hay algunos
que copian las pinturas de otro, y adquieren reputacion en éste género
de trabajo, en el qual se exercitó Camálides, Escultor, quien hizo doce
vasos imitando el estilo de Zenodóro, de suerte que no se diferenciaban
en ninguna manera de las obras de éste. Mucho se engañan los Pintores
si piensan que los que han llegado á ser Maestros consumados en el arte
han hecho otra cosa, que procurar pintar los obgetos del mismo modo
que los pinta la naturaleza á nuestros ojos en la quadrícula ó velo.
El que se dedique á copiar las obras de otro, por ser mas facil, que
copiar del natural, respecto de que en la Pintura están los obgetos
firmes, mas bien quisiera yo que se exercitará en copiar obras de
Escultura, aunque fuesen medianas, que no pinturas, aunque fuesen
muy buenas[L]. Porque copiando un quadro, solo aprendemos á imitar y
sacar un traslado parecido; pero copiando del modelo, aprendemos á
imitar, y estudiamos al mismo tiempo el efecto de las luces, para lo
qual ayuda mucho el mirarlas con los ojos algo cerrados al través de
las pestañas, para que parezcan algo mas obscuras las luces. Tal vez
aprovechará mas el exercicio de modelar que la práctica del pincel,
porque la Escultura es arte mas facil que la Pintura. Nadie podrá
pintar bien una cosa sin que sepa perfectamente todos los relieves que
tiene, y esto se aprende mejor modelando que pintando. Es evidente
que en qualquiera edad ó época se pueden encontrar Escultores á lo
menos de mediano mérito; mas Pintores todos son á qual mas miserable é
ignorante[M]. Finalmente sea en la Pintura ó en la Escultura siempre
debemos tomar por modelo y direccion algun exemplar de los buenos para
imitarle y mirarle; y al tiempo de copiarle es menester que vaya unida
la diligencia con la presteza, de modo que el Pintor no levante nunca
el pincel ó lapicero de lo que trabaja sin haber resuelto y determinado
decididamente en la imaginacion lo que ha de hacer, y el modo con
que lo ha de perfeccionar; pues siempre es mas facil enmendar en la
fantasía, que borrar el error que ya executó la mano. Ademas de esto,
quando ya estemos acostumbrados á copiar qualquiera cosa del natural,
habrémos llegado á un grado mas eminente que Asclepiodóro, de quien
dicen que era el mas veloz que se conocia en pintar; porque en aquello
en que mas exercicio tenemos, está mas pronto el entendimiento, mas
apto y mas vivo, y la mano quando va guiada por regla mas cierta y
segura, trabaja con mas soltura. El haber muchos Pintores tardos es
porque tienen rezelo y miedo de emprender una cosa á la que no están
muy hechos y que no poséen en fuerza del estudio que hayan tenido. Y
mientras que andan por estas tinieblas de los errores, van tentando y
buscando el camino que han de seguir con el pincel, á manera de los
tímidos ciegos que van tocando con el palo la calle que no saben.
Nadie, pues, se ponga á trabajar sin haber reflexîonado antes lo que
va á hacer, y sin haberse exercitado en ello mucho de antemano. Y
siendo la principal obra de un Pintor la historia, en donde se ha de
encontrar la abundancia y la excelencia de todas las cosas, es preciso
absolutamente saber pintar con perfeccion de todo, en quanto alcance el
entendimiento, no solo la figura humana, sino la de todos los animales,
y demas obgetos que percibe la vista y son dignos de mirarse, para que
nadie eche menos en un quadro aquella variedad y abundancia, sin la
qual ninguna obra tiene estimacion. Es particularidad verdaderamente
grande y apenas concedida á los antiguos, el ser no solo excelente en
todas las cosas, sino ni aun mediano: pero es menester estudiar y poner
de nuestra parte el mayor cuidado y estudio en todo aquello que puede
acarrearnos mucho crédito, y mucho vituperio el no saberlo. Nicias,
Pintor Ateniense, pintó las mugeres bellísimamente; pero Zeuxîs le
aventajó, como á todos los demas en esto. Eráclides fue excelente para
pintar una nave. Serapion no supo pintar un hombre, y en todo lo demas
tenia habilidad. Alexandro, el que pintó la habitacion de Pompeyo, fue
sobresaliente en pintar todo género de quadrúpedos especialmente los
perros. Aurelio, como que siempre estaba enamorado, nunca pintaba otra
cosa que Diosas, poniéndolas el rostro de la dama que amaba. Fidias
gustaba especialmente de expresar en sus pinturas la magestad de los
Dioses mas que no la belleza de los hombres. La habilidad principal
de Eufranóro era pintar Héroes, poniéndolos tal ayre y dignidad, que
nadie le igualó en ello. Asi, pues, no todos supieron hacer bien
todas las cosas, sino que la naturaleza se dividió entre todos estos
ingenios, segun lo que mas le adaptaba á cada uno. No por esto hemos de
dexar nosotros de procurar instruirnos y exercitarnos en todo; antes
bien debemos perfeccionar con el estudio y aplicacion los dotes de la
naturaleza. Tampoco hemos de dexar por negligencia cosa alguna que
nos pueda servir de adquirir fama. Finalmente quando se nos ofrezca
pintar una historia, imaginarémos primero el modo y el órden con que
hemos de ajustar la composicion, á fin de que haga el mejor efecto
que sea posible; y tanteando los pensamientos que nos ocurran en el
papel, exâminarémos el todo y las partes despacio, oyendo el parecer
de nuestros amigos; y será nuestro mayor anhelo el pensar y meditar
cada cosa de por sí, de modo que no haya obgeto en toda la obra, cuyo
lugar y colocacion no la sepamos bien. Para que esto se haga con mas
exâctitud, se pondrá una quadrícula delante de los modelos que se hayan
hecho, para que al ir á unir y acordar la composicion, puedan colocarse
las figuras en su respectivo lugar. Para perfeccionar el trabajo
pondrémos la posible diligencia junto con aquella celeridad necesaria
para que no engendre tédio el acabarlo; pero no tanta que nos precipite
el deseo de concluirlo. De quando en quando es preciso dexar el
trabajo, y recrear y despejar el ánimo; y no hacer nunca lo que muchos,
que emprenden una obra y á la mitad la dexan para comenzar otra, sino
concluir enteramente lo que una vez se empezó. Enseñó á Apeles cierto
profesor un quadro, y le dixo: _en un instante lo he pintado_; á lo
que le respondió Apeles: _sin que tú lo dixeras lo he conocido; y lo
que extraño es que no hayas pintado infinitos de éste modo_. He visto
muchos Pintores y Escultores, y tambien muchos Poetas y Oradores (si
es que hay en estos tiempos quien merezca tal nombre) que emprendieron
con indecible ardor algunas obras, y habiéndose entibiado luego,
dexaron lo principiado sin concluirlo ni perfeccionarlo; y al mismo
tiempo solía venirles al pensamiento otro proyecto, y lo empezaban
con el mismo ahinco que el otro. De ningun modo apruebo yo éste modo
de pensar: porque todo aquel que quiera que sus obras agraden á la
posteridad, es preciso que las castigue bien primero, y las perfeccione
con gran cuidado, pues en muchos casos sirve tanto la diligencia como
el ingenio. Pero al mismo tiempo es menester huir de la supersticion,
digámoslo asi, de algunos, los quales con el deseo de que sus obras no
tengan defecto alguno, y estén con la posible perfeccion, consiguen
que las consuma el tiempo antes que lleguen á estar concluidas. Los
Pintores antiguos murmuraban de Protógenes, porque nunca sabía levantar
la mano de lo que pintaba; y tenian razon, porque lo que se ha de
procurar es poner en una cosa toda aquella diligencia de que es capaz
el ingenio; pero el querer mas de lo que las propias fuerzas alcanzan,
ó de aquello que conviene, mas propio es de un ánimo obstinado que
diligente. Es, pues, necesario poner en todas las cosas una diligencia
moderada, pedir consejo á los amigos aun al tiempo de emprender el
trabajo, y llamar para que vean la obra á algunos de quando en quando,
y de éste modo podrá llegar á agradar á todos. Podemos hacer caso muy
bien de las opiniones de la multitud siempre que no estemos presentes
á ellas. Apeles dicen que solía esconderse detras de la tabla que
presentaba al público para que habláran con mas libertad, y poder
escuchar con mas decencia los defectos que ponian á su obra. Con todo
yo quisiera que nuestros Pintores oyesen sin reparo ni reserva lo que
cada uno dixese francamente de las pinturas segun su parecer; porque
esto ayuda mucho para conocer la verdad de las cosas, y para hacerse
bien quistos. No hay nadie que no se precie de poder dar dictámen sobre
una obra de otro, y es menester hacerse cargo de que los dichos de los
envidiosos y maldicientes en nada pueden cercenar una justa alabanza.
Por esto el Pintor debe escuchar lo que diga cada uno; pero antes debe
juzgar por sí mismo su obra, y corregirla lo mas que pueda.
Esto es lo que me ha parecido apropósito decir en éste Tratado; lo
qual si puede de algun modo ser útil á los Pintores, espero por único
prémio de mi trabajo que me retraten en las pinturas que hagan[N],
para que de éste modo acrediten á los futuros el agradecimiento que
tuvieron al beneficio recibido, y manifiesten que yo he sido profesor
de ésta arte. Pero si no ha correspondido mi obra al concepto que
tenian formado de mí, á lo menos no me culparán de haberme creido yo
alguna vez capaz de ello: y si mi ingenio no ha podido acabar una cosa
que solo el intentarla es laudable, acuérdense que en las empresas de
mucha dificultad suele ser mérito el emprenderlas. Tal vez habrá quien
supla lo que á mí me ha faltado, y pueda dar mas luces y auxîlios á
los Pintores en ésta nobilísima arte, lo qual, si llega á suceder, le
suplico, quan encarecidamente puedo, que emprenda y tome á su cargo
tan honroso y útil trabajo con vigor y eficacia, para que lleve el
arte al último grado de perfeccion y excelencia. Sin embargo será
mucha complacencia siempre para mí el haber sido el primero que ha
escrito sobre tan ingeniosa arte, cuya dificil empresa, si no he podido
llevarla hasta aquel punto que aguardaban los lectores, échese la culpa
mas bien á la naturaleza, que á mí mismo, la qual parece ha impuesto la
ley de que todas las artes han de tener principio en cosas defectuosas,
puesto que, segun el comun axîoma, nada nace perfecto. Y los que
vengan despues de mí, si se hallan con mas capacidad y fuerzas, podrán
conducirlo al cúmulo de la posible perfeccion.