LIBRO SEGUNDO.

Como es natural que éste estudio parezca demasiado fatigoso á los

jóvenes, será oportuno manifestar aqui quan digna es el arte de la

Pintura de que empleemos en ella todo el cuidado y diligencia que sea

posible. Esta arte tiene en sí una fuerza tan divina, que no solo hace

lo que la amistad, la qual nos representa al vivo las personas que

están distantes, sino que nos pone delante de los ojos aun aquellos que

há mucho tiempo que murieron, causando su vista tanta complacencia al

Pintor, como marabilla á quien lo mira. Dice Plutarco que al considerar

Casandro, uno de los Capitanes de Alexandro, la estatua de éste Héroe;

contemplando en ella aquella magestad real que tenia quando vivo,

comenzó á temblar extraordinariamente. Cuentan tambien que Agesiláo,

como conocia la fealdad tan grande de su persona, no quiso que quedase

ningun retrato suyo para sus descendientes, por lo qual nunca permitió

retratarse ni en pintura ni en escultura; lo qual manifiesta que el

semblante de los muertos vive largamente con el auxîlio de la Pintura.

El haber ésta arte expresado materialmente los Dioses que veneraba

el Paganismo se debe considerar como un sublime dón concedido á los

mortales; pues la Pintura ha coadyuvado infinito á la piedad, por la

qual se unen los hombres á Dios, y á contener los ánimos con el freno

de la Religion. Es tradicion que Fidias hizo una estatua de Júpiter en

Elide, cuya belleza aumentó el culto ya establecido de la Religion.

Pero para saber quanto influye la Pintura en todos los placeres del

ánimo, y el ornato y hermosura que da á todas las cosas, no hay sino

ver como casi nunca se encontrará alhaja, por preciosa que sea, á la

que no añada mucho mas valor la forma que la da la Pintura, esto es, su

dibuxo. El marfil, los anillos y todas las cosas preciosas y estimables

se hacen aun mucho mas preciosas por la mano del Pintor. El oro que se

halle adornado por la Pintura tiene mas valor que el oro mismo; y aun

el plomo que es entre todos los metales el mas baxo, si tiene la forma

de una estatua que hubiese hecho Fidias ó Praxîteles valdria sin duda

mas que otro tanto oro ó plata sin labrar. El Pintor Zeuxîs regalaba

sus obras, porque decia que con ningun precio se podian pagar; pues en

su dictámen no podia haber en el mundo paga con que satisfacer al que

era como un Dios entre los mortales por la perfeccion con que pintaba

ó esculpia las producciones de la naturaleza. Es prerogativa de la

Pintura el que sus diestros profesores no solo sean alabados, sino

reputados como muy semejantes á los Dioses. ¿Pero no es la Pintura la

Maestra de todas las artes, ó por lo menos su principal ornamento? ¿De

quién tomó la Arquitectura los cimasios, los capiteles, las basas,

las columnas, las cornisas y todos los demas adornos que sirven para

hermosear un edificio, sino de la Pintura? ¿Quién dió reglas, ó quién

pudo enseñar el arte del Tallista, Carpintero, Evanista, Zapatero y

demas oficios mecánicos, sino la Pintura? De modo, que por baxo que sea

el arte ú oficio, ninguno se encontrará que no dependa de la Pintura;

por lo qual me atrevo á decir que ella es quien da el gusto y ornato

que se halla en qualquiera cosa. Entre los antiguos fue tan honrada

ésta arte, que siendo asi que á casi todos los artífices les llamaban

_Fabri_ en la lengua Latina, solo el Pintor tenia nombre diferente.

Por lo qual muchas veces he dicho en presencia de algunos amigos que

el inventor de la Pintura fue sin duda aquel jóven Narciso que fue

convertido en flor: porque siendo la Pintura como la flor de todas las

artes, parece se puede acomodar sin violencia la fábula de Narciso á

ella: porque ¿qué otra cosa es pintar que tomar con el auxîlio del arte

la superficie de la fuente? Pensó Quintiliano que los Pintores antiguos

pintaban las sombras de los cuerpos conforme las producia el sol, y

que despues se fue perfeccionando el arte poco á poco. Hay quien dice

que los inventores de la Pintura fueron un Egipcio, llamado Filocles

y Cleantes (de quien no tengo noticias). Los Egipcios dicen que en su

pais estaba en uso la Pintura seis mil años antes de que lleváran á

Grecia éste arte; y los Italianos dicen que empezó la Pintura en Italia

despues de las victorias de Marcelo en Sicilia. Pero nada importa

saber quiénes fueron los primeros Pintores ni los inventores del arte,

supuesto que nuestro intento no es escribir la historia de la Pintura,

como Plinio, sino tratar del arte de la Pintura, del qual no dexaron

los antiguos escrito alguno, á lo menos que yo haya visto; no obstante

que dicen que Eufranóro Istmio escribió un Tratado de las medidas y

de los colores; y Antígono y Zenócrates otro de la Pintura, en el

qual puso algunas cosas suyas relativas al asunto Apeles, y lo dedicó

á Perséo. Diógenes Laercio cuenta tambien que el Filósofo Demetrio

compuso unos comentarios sobre la Pintura. Fuera de esto yo creo que

habiendo nuestros mayores escrito acerca de las bellas artes, no parece

regular se hubiesen olvidado de la Pintura; pues en Italia florecieron

en tiempos muy remotos los Etruscos, los mas diestros artífices de

Pintura que se conocieron. Trimegisto antiquísimo escritor es de sentir

que la Pintura y la Escultura nacieron con la Religion, y asi lo dice á

Asclepio: _teniendo el género humano presente su naturaleza y origen,

figuró los Dioses con rostro semejante al suyo_. ¿Y quién ignora que

la Pintura ha obtenido siempre el lugar mas honorífico, ya en las

cosas públicas, ya en las privadas, ya en las religiosas y ya en las

profanas? Tanto que no se hallará entre los hombres ningun artificio

que merezca igual atencion y estima. Son increibles los precios con que

pagaban antiguamente las tablas pintadas. Arístides Tebano vendió una

sola pintura en cien talentos, que son sesenta mil florines[D]. Dice

tambien la historia que á la tabla de Protógenes debió Rodas el que

Demetrio no la abrasase, por no exponerse á que fuese pábulo de las

llamas una obra como aquella: de modo que se puede decir que Rodas se

rescató por un quadro. Otras muchas cosas á éste tenor se cuentan que

acreditan lo mucho que se ha honrado y elogiado á los célebres Pintores

en todas partes, puesto que los Ciudadanos mas nobles y esclarecidos,

los Filósofos y los mismos Reyes cifraban su mayor complacencia en las

pinturas, y aun se aplicaban á pintar. En Roma fueron Pintores Lucio

Manilio, Caballero Romano, y Fabio, que era de los mas distinguidos.

Turpilio, Caballero Romano, igualmente exerció la Pintura en Verona.

Pacubio, Poeta Trágico, nieto del Poeta Enio por parte de madre,

pintó en la plaza de Hércules. Sócrates, Platon, Metródoro y Pirro,

Filósofos todos, fueron muy instruidos en el arte de la Pintura.

Neron, Valentiniano y Alexandro Severo, Emperadores, fueron en extremo

aficionados á ella; y sería imposible referir los muchos Príncipes y

Reyes que tuvieron la misma inclinacion. Tampoco es del caso poner

aqui la infinita série de Pintores antiguos, cuyo número se puede

calcular por éste hecho, y es, que en poco mas de un año se hicieron

baxo la direccion de Demetrio Valerio, hijo de Fanóstrato, trescientas

y sesenta estatuas, unas eqüestres, otras pedestres y otras en carros.

Y si en aquella Ciudad habia tantos Escultores, ¿es de creer qué habria

menos Pintores? Son la Escultura y la Pintura dos artes hermanas,

producidas de un mismo ingenio; pero yo siempre daré la preferencia al

del Pintor, porque se exercita en una cosa mucho mas dificil[E]. Mas

volvamos al asunto. Era infinito, pues, el número de los Pintores y

Escultores que habia en aquel tiempo, pues entonces nobles y plebeyos,

doctos é ignorantes todos se aplicaban á la Pintura. Y como era la

costumbre exponer al público las pinturas y estatuas que se tomaban en

las presas y despojos de las conquistas, llegó á tanto esto, que Paulo

Emilio, y otros muchos Caballeros Romanos hicieron enseñar á sus hijos,

entre las demas artes liberales, la Pintura, como conducente para la

vida honesta y feliz. Esta costumbre tan laudable la tomaron de los

Griegos, entre los quales los jóvenes de ilustre nacimiento aprendian,

ademas de todo lo perteneciente á la literatura, la Geometría, la

Música y la Pintura. Para las mugeres fue tambien ésta arte muy

honrosa, como lo prueban los elogios que dan los autores á Marcia, hija

de Varron, porque sabía pintar: y estaba esto en tanta estima en la

Grecia, que se prohibió públicamente el que los esclavos aprendiesen

la Pintura, y no sin razon, pues tal arte solo es digna de un ánimo

noble y libre, siendo para mí la mejor señal de ingenio excelente la

aplicacion y la aficion al dibuxo. Solo ésta arte es la que igualmente

agrada á los ignorantes, como á los instruidos, lo que en ninguna otra

sucede, pues por lo regular lo que gusta á los inteligentes disgusta

á los que no saben. Tampoco se hallará una persona que no desée saber

pintar bien; y es evidente que la misma naturaleza tiene su delicia en

ello; pues vemos que en las manchas de los mármoles representa muchas

veces Centauros, y cabezas con barba larga[F]. Cuentan tambien que

en una joya que tenia Pirro habia representadas naturalmente y sin

artificio alguno las nueve Musas con sus atributos. Añádase á esto que

en ninguna de las artes, sino en ésta, trabajan con tanto gusto los que

saben y los que no saben, ya para aprenderla, ó ya para exercitarse en

ella: y si es lícito decir lo que yo experimento en mí particularmente,

puedo asegurar que quando me pongo á pintar solo por gusto, como muchas

veces me sucede, asi que me desocupo de otros negocios, me deleyto y

me enageno tanto en éste exercicio, que al cabo de tres ó quatro horas

me parece que apenas han pasado algunos minutos; con lo que puede

concluirse diciendo, que ésta arte causa gusto y delicia exercitándose

por aficion en ella, y en llegando á ser diestro Pintor, alabanza, fama

y riqueza. Siendo esto asi, puesto que la Pintura es el mejor y mas

antiguo ornamento de todas las cosas, digna solo de hombres libres, y

agradable á los instruidos y á los ignorantes, con toda la eficacia que

me es posible exôrto á los jóvenes á que se apliquen á ella con todo el

anhelo que puedan. A los que se hallan ya instruidos los anímo á que

estudien hasta llegar á la última perfeccion, sin perdonar fatiga ni

diligencia alguna. Tengan presente siempre los que procuran alcanzar

la excelencia del pincel, la fama y reputacion que consiguieron los

antiguos, y con esto verán al mismo tiempo lo enemiga que fue de la

virtud y la alabanza la avaricia, pues un ánimo que solo aspira al

interes, rara vez podrá llegar á la cumbre de la inmortalidad. He

conocido muchos que teniendo las mejores disposiciones y proporciones

para hacerse hombres grandes en la Pintura, se aplicaron solo á la

ganancia y se quedaron sin poder alcanzar bienes ni fama. Estos tales,

si á fuerza de estudio hubiesen cultivado su ingenio, facilmente se

hubieran hecho famosos, y por consiguiente hubieran conseguido riqueza

y gusto; pero basta ya de esto.

La Pintura la dividimos en tres partes, y ésta division la sacamos de

la misma naturaleza: pues siendo el fin de aquella representarnos las

cosas del modo que se ven, hemos reflexîonado las diferentes maneras

con que llegan á nuestra vista los obgetos. Primeramente quando

medimos una cosa, advertimos que aquello ocupa cierto espacio; el

Pintor circunscribirá el espacio éste, á lo qual llamará propiamente

_contorno_. En segundo lugar en la accion de ver consideramos el modo

con que se juntan las diversas superficies de la cosa vista unas con

otras; y dibuxando el Pintor ésta union de superficies cada una en su

lugar, podrá llamarlo _composicion_. Ultimamente al tiempo de mirar

discernimos con toda distincion todos los colores de las superficies; y

como la representacion de estos en la Pintura tiene tantas diferencias

por causa de la luz, por ésta razon llamarémos á esto _adumbracion_.[*]

De modo que la perfeccion de la Pintura consiste en el contorno, en la

composicion, y en la adumbracion ó clarobscuro.

[*] ó sea clarobscuro.

Ahora tratarémos de cada una de estas cosas, aunque con brevedad;

y empezando por el contorno, digo que éste consiste en la justa

colocacion de las lineas, á lo qual se llama hoy dibuxo. En ésta parte

fue muy sobresaliente Parrasio, aquel Pintor con quien introduce

Xenofonte á Sócrates en conversacion por la extremada delicadeza de sus

lineas. En mi sentir el dibuxo se debe hacer con lineas muy sutiles,

que apenas las distinga la vista, asi como hacia Apeles, que desafió á

Protógenes á tirar lineas casi imperceptibles. El dibuxo consiste en

señalar los contornos, lo qual si se executa con lineas muy gruesas,

en vez de parecer márgenes ó términos los de una superficie pintada,

parecerán hendeduras. Yo quisiera que en el dibuxo solo se buscase la

exâctitud del contorno, en lo qual es preciso exercitarse con infinita

diligencia y cuidado, pues nunca se podrá alabar una composicion ni

una buena inteligencia de las luces si falta el dibuxo. Al contrario,

muchas veces sucede que solo un buen dibuxo basca para agradar: por lo

qual el dibuxo es en lo que mas se ha de insistir, para cuyo estudio

creo que no puede haber cosa que mas ayude y aproveche que el velo, de

cuyo uso soy yo el primer inventor en ésta forma. Tómese un pedazo de

tela transparente, llamada comunmente velo, de qualquier color que sea:

estirada ésta en un bastidor, la divido con varios hilos en quadros

pequeños é iguales á discrecion: póngase despues entre la vista y el

obgeto que se ha de copiar, para que la pirámide visual penetre por la

transparencia del velo. Este velo tiene varias utilidades: primeramente

representa siempre las mismas superficies inmóviles, pues en señalando

los términos en él, al instante se encontrará el primer cúspide de

la pirámide con que se empezó; lo qual es muy dificil de hallar sin

éste auxîlio. Es absolutamente imposible que no se mude alguna cosa al

tiempo de pintar, porque el que pinta nunca mira precisamente desde

un mismo punto al obgeto; y de esto depende que la copia de una cosa

pintada es mucho mas parecida al original, que la que se hace de una

estatua. Ademas: el obgeto se altera considerablemente en quanto al

aspecto por la variacion del intervalo ó de la posicion del centro. Por

tanto el velo trae tambien la grande utilidad de que siempre representa

al obgeto de un mismo modo. En segundo lugar, con el velo se señalarán

todas las partes del dibuxo y todos los contornos con toda exâctitud;

porque viendo que en un quadrito está la frente, en el de abaxo la

nariz, en el del lado la mexilla, y en el otro mas abaxo la barba,

y de éste modo todas las demas partes colocadas en sus respectivos

lugares; se puede con toda facilidad trasladarlas á la tabla ó pared,

poniendo en ella igual division de quadros[G]. Ultimamente éste velo

sirve de mucha utilidad y auxîlio para dar perfeccion á la pintura:

porque con él parecen los obgetos no pintados, sino del todo relevados:

con lo qual la misma experiencia puede manifestar con el auxîlio de la

razon lo mucho que aprovechará para pintar bien y con perfeccion. No

soy del dictámen de algunos que dicen: no es bueno que los Pintores

se acostumbren al velo ó á la quadrícula; porque como esto facilita y

sirve tanto para hacer bien las cosas, sucede que despues no pueden

executar cosa alguna por sí solos sin éste auxîlio, sino á costa de

grandísimo trabajo. Es evidente que nosotros no indagamos el mucho ó

poco trabajo del Pintor, sino que alabamos aquella pintura que tiene

mucho relieve, y que es sumamente parecida á los cuerpos naturales

que representa. Esto no sé yo cómo lo podrá executar ninguno, ni

aun medianamente, sin el auxîlio del velo. Sírvanse, pues, de él

los que quieran aprovechar en el arte; y si algunos quieren sin él

hacer alarde de su saber, deben imaginar que le tienen delante, y

obrar como si realmente estuviera, para que con el auxîlio de una

quadrícula imaginaria puedan señalar con exâctitud los términos de la

pintura. Mas como muchas veces sucede á los que tienen poca práctica

que no distinguen con toda certeza los contornos y dintornos de las

superficies; por exemplo en un rostro, en donde apenas se conoce donde

rematan las sienes en la frente, es preciso darles una regla para que

puedan conocerlo y distinguirlo bien. La misma naturaleza lo enseña;

porque asi como las superficies planas parecen bien á nuestra vista

quando tienen ó luz ó sombra universal; asi tambien las superficies

esféricas las halla nuestra vista agradables quando tienen varias

manchas de claros y sombras, como si fuesen muchas superficies. Cada

parte de por sí que tenga diferente luz ó diferente sombra, se ha de

considerar como superficie separada; y si la sombra de una superficie

continúa por largo espacio debilitándose poco á poco hasta quedar en

claro, entonces se deben señalar con lineas los diferentes espacios de

sus grados, para que despues al tiempo de dar el colorido no haya duda

en la regla que se ha de seguir.

Todavia habia mucho que hablar del dibuxo, el qual tiene mucha conexîon

con la composicion; pero es menester saber qué cosa sea composicion.

La composicion en la Pintura es aquel modo ó regla de pintar, mediante

la qual se unen y arreglan entre sí todas las partes de una obra de

Pintura. La mayor obra de un Pintor es un quadro de historia: las

partes de ésta son las figuras, estas se dividen en miembros, y los

miembros en superficies. Y siendo el dibuxo aquella regla con la que

se señalan los contornos de cada superficie; y siendo estas unas veces

pequeñas, como en los animales, y otras sumamente grandes, como en

las figuras colosales y edificios; para dibuxar las primeras bastan

las reglas que hasta aqui se han dado, como el velo usado en la forma

explicada; pero para las segundas se necesitan otras.

Para esto es menester traer á la memoria todo quanto se ha dicho acerca

de las superficies, de los rayos, de la pirámide y de la seccion,

igualmente que de las lineas paralelas del espacio ó pavimento, del

punto céntrico, y de la linea céntrica. Dibuxado el pavimento con las

dichas paralelas, se han de levantar las paredes, y todo lo demas que

llamamos superficies rectas y verticales, en cuya operacion apuntaré

brevemente el método que yo sigo.

Empiezo primeramente por los fundamentos, y dibuxo en el pavimento la

extension y grueso de las paredes, en lo qual solo he tomado leccion

de la naturaleza, pues de una mirada nunca se pueden ver mas que dos

superficies rectas á la vez de un cuerpo que conste de ángulos rectos.

En el diseño del fundamento de las paredes solo tiro aquellos lados que

se presentan á la vista, y principio por los mas lexanos, determinando

despues por las paralelas señaladas en el pavimento lo largo y lo

ancho de las paredes. A cada paralela cuento una braza, y el medio

de cada una de aquellas lo tomo en la comun interseccion que hacen

sus diámetros. Con estas medidas señalo con exâctitud la anchura y

extension de las paredes que se levantan desde el pavimento. Por ellas

saco con facilidad la altura de las superficies, pues la medida que

hay entre la linea céntrica y el sitio del pavimento en donde empieza

á elevarse el edificio, ha de servir de regla y escala para todo él. Y

si se quiere que ésta elevacion sea quatro veces mas que la altura de

las figuras que se han de pintar dentro, estando la linea céntrica á la

altura de ellas, esto es, á tres brazas, no hay sino señalar tres veces

ésta distancia ácia arriba desde la tal linea: con lo qual se podrá

dibuxar, mediante estas reglas, qualquiera superficie angular. _Lámina

VI._ A B, pilastras ó paredes de diez brazas.

Ahora falta hablar del modo de dibuxar las superficies circulares.

Estas se originan de las angulares, y mi método es como se sigue. Hago

un quadrado, y dentro inscribo un círculo: luego divido los lados de

aquel en tantas partes iguales, como divisiones tiene la linea del

rectángulo que se hizo en el quadro; y tirando rectas desde todos los

puntos de la linea dicha á los otros, queda todo aquel espacio dividido

en quadrados pequeños. Despues formó un círculo con el diámetro que me

parece, de modo que corte mutuamente las paralelas, y noto los puntos

de las intersecciones, que despues paso á los respectivos lugares de

las paralelas del pavimento puesto en perspectiva. Pero como sería

indecible trabajo cortar todo el círculo con paralelas muy espesas,

hasta tanto que por medio de una infinita série de puntos se tirase la

linea de su circunferencia; por esto, lo que hago es señalar ocho ó mas

intersecciones, y despues tiro á pulso la circunferencia por los puntos

señalados. Mas facil sería hacer éste contorno en la sombra, con tal

que el cuerpo que la causase tuviese la luz arreglada, y estuviese en

el lugar que debia.

Habiéndose hablado ya del dibuxo de las superficies angulares y

circulares con el auxîlio de las paralelas, quando son de tamaño

grande; hablarémos ahora de la composicion. Esta es aquella regla

con la qual se unen y coordinan entre sí las partes que componen una

obra pictórica. La mayor obra de un Pintor no es hacer una figura

colosal, sino un quadro de historia; pues para esto se requiere

mucho mas ingenio que para lo otro. Las partes de la historia son

las figuras, las partes de estas son los miembros, y las de estos

son las superficies; porque de estas se hacen los miembros, de los

miembros las figuras, y de las figuras una historia que constituye la

última y mas excelente obra de un Pintor. De la union y compostura de

las superficies nace aquella gallardía y aquella gracia que llaman

belleza; porque si un rostro tiene unas superficies grandes y otras

chicas, en unas partes muy ácia fuera, y en otras muy ácia dentro,

como se advierte en el semblante de un anciano, será á la verdad cosa

feísima: pero quando las superficies de un rostro estén tan unidas

entre sí y compuestas, que vayan poco á poco obscureciéndose las luces,

y degenerando en sombras suaves sin que se noten ángulos, entonces

formarán un semblante bello y de la mayor hermosura. Esto supuesto,

es parte de la composicion buscar é imaginar la mayor gracia y belleza

que se pueda en las superficies ó formas. Para llegar á saber esto no

he encontrado regla mas cierta que la observacion de la naturaleza;

y asi el principal estudio debe ser considerar y reflexîonar con la

mayor atencion la forma que da el marabilloso artífice de todas las

cosas, que es la naturaleza, á los miembros del cuerpo humano, en cuya

imitacion es menester exercitarse con el mayor estudio, aprovechándose

para esto, como ya se ha dicho, del velo ó de la quadrícula. Y quando

se hayan tomado del natural las formas que parezcan mas bellas, al

tiempo de ponerlas en práctica, lo primero que se ha de mirar ha de ser

los términos, para tirar las lineas á los puntos precisos y con todo

arreglo.

Esto es en quanto á la composicion de las superficies; ahora hablarémos

de la de los miembros. La composicion de los miembros requiere

principalmente que todos ellos sean entre sí proporcionados. Llámanse

bien proporcionados quando todos corresponden con propiedad respecto al

tamaño y á su oficio, respecto á la especie y á los colores, y á las

demas cosas como á la belleza, á la magestad &c. Si en una figura se

pusiera una cabeza muy grande, el pecho muy pequeño, la mano disforme,

el pie lo mismo, y el cuerpo sumamente gordo, ésta composicion sería

horrible á la vista. Esto supuesto, es necesario tener una regla cierta

para el tamaño y medida; para lo qual aprovecha mucho observar, quando

se copia un animal, sus huesos principales, y considerar mentalmente

su grandeza, pues estos como nunca padecen alteracion, siempre ocupan

el mismo espacio. Despues es necesario colocar en sus propios parages

los nervios y músculos, y luego se visten de carne con su piel. Aqui

me dirán algunos tal vez que ¿cómo he dicho yo en otra parte que

al Pintor solo le incumbe lo que se ve, y no lo que está oculto? No

hay duda que es asi; pero asi como para hacer una figura vestida se

debe dibuxar primero el desnudo, y luego se van poniendo las ropas

arregladas á los miembros; asi tambien para pintar un desnudo es

preciso colocar en su debido lugar primero los huesos y músculos, y

luego irlos cubriendo de carne, de modo que siempre se conozca su

verdadero sitio. La misma naturaleza nos ha puesto delante de los

ojos todas las medidas del cuerpo humano; y asi el estudioso hallará

mucha utilidad en la investigacion de estas proporciones por si propio

en el natural, con lo qual el mismo trabajo le hará mantener firme

en la memoria todo lo que haya aprendido en ésta operacion acerca de

la proporcion de los miembros. Sirva de advertencia que para medir

qualquier animal se debe tomar uno de sus miembros por medida firme,

y por él se medirán los demas. El Arquitecto Vitruvio mide al hombre

por el pie; pero á mí me parece mas digno que todos sus miembros se

sujeten á la dimension de su cabeza, bien que, segun yo he observado,

en casi todos los hombres la longitud del pie es igual á la que hay

desde la barba hasta el vértice ó parte superior de la cabeza: por lo

qual es necesario medir todos los demas miembros por uno de estos dos,

de modo que en toda la figura no se halle miembro que no corresponda

á los demas en longitud y anchura. Ademas de esto es fuerza cuidar de

que todos los miembros tengan su respectivo oficio, para el que fueron

criados. El que corre mueve los brazos tanto como los pies; pero un

Filósofo, que está perorando, debe tener en todos sus miembros la

mayor compostura y modestia. Un Pintor llamado Demon pintó á Hoplícito

peleando de tal manera, que parecia vérsele el sudor; y á otro

descansando tendido sobre sus armas casi sin aliento. Hubo quien pintó

á Ulises de modo que todos conocian que se fingia loco, no siéndolo.

Muy alabado es de los Romanos aquel quadro en que conducen muerto á

Meleagro, en donde está vivamente expresado el sentimiento de los que

le llevan, y el movimiento que hacen con todo el cuerpo; y al contrario

en la figura del cadaver, que está verdaderamente muerta, cayéndose

cada miembro por su lado, como manos, dedos, cabeza, y en fin todo

concurre á expresar la muerte de aquel cuerpo que es lo mas dificil

que hay; pues el hacer que todos los miembros de un cuerpo estén

generalmente sin accion ni movimiento alguno es obra de un Maestro

consumado, asi como lo es tambien el darles viveza á todos. Asi, pues,

en todas las pinturas se ha de observar que cada miembro de por sí esté

en su movimiento propio, de modo que qualquiera arteria por mínima que

sea esté en accion, á fin de que la figura que se represente viva, lo

parezca en la realidad, y la muerta un difunto verdadero. Entonces se

dice que una figura está viva, quando parece que hace algun movimiento;

y muerta, quando los miembros no hacen nada, esto es, que ni se mueven

ni sienten. En cuya suposicion la figura que quiera el Pintor esté

viva, hará que todos sus miembros tengan movimiento y accion, siempre

guardando los límites de la gracia y la belleza, de lo qual abundan

mucho aquellos movimientos que siguen la misma direccion que el ayre,

y tienen tambien mucha viveza. Ademas de esto en la composicion de

los miembros se ha de atender á la especie, pues sería cosa muy

impropia que en la figura de una Elena ó de una Ifigenia se notasen

las manos de una vieja ó una labradora; ó si en la de un Nestor se

hiciese el pecho de un jóven, ó la cabeza muy delicada; ó si en la de

un Ganimedes se le pusiese la frente llena de arrugas, ó las piernas

tan nerviosas como las de un luchador; ó si en la de Milon, hombre

extremamente rubusto, se advirtiesen las caderas y vacíos muy flacos.

Igualmente la figura que tenga la cara llena y abultada, será muy

impropio que tenga los brazos delgados y consumidos; y al contrario,

el que pintase á Aqueménides con aquel semblante con que dice Virgilio

que le halló Eneas en la Isla, debe ponerle los demas miembros con la

misma extenuacion y debilidad, pues de otro modo sería muy ridículo[H].

Tambien ha de haber correspondencia entre los colores; pues la figura,

cuyo rostro sea sonrosado y con mucha frescura, no ha de tener el pecho

y brazos morenos, y de color desagradable. De éste modo tenemos ya

dicho lo bastante acerca de la composicion de los miembros, y lo que se

debe observar en quanto á su tamaño, su oficio, su especie y su color,

pues siempre es preciso que todas las cosas correspondan y convengan

entre sí con arreglo á la verdad: porque no se ha de hacer una Venus

ó una Minerva en trage de pobre mendigo, ni tampoco un Marte ó un

Júpiter con adornos mugeriles. Los Pintores antiguos tenian cuidado,

no obstante que ambos Dioses eran de un parto, de representar al uno

de ellos algo mas robusto, y al otro algo mas agil: tambien hacian que

á Vulcano se le conociese que era cojo, por detras de sus vestiduras:

¡tanto era el cuidado que tenian en dar á cada cosa su oficio, su

especie y su dignidad!

Ahora se sigue la composicion de las figuras, en la qual consiste toda

la ciencia y alabanza del Pintor. De esto se ha dicho ya algo en varios

lugares mas abaxo, hablando de la composicion de los miembros, pues es

evidente que todas las figuras de una historia han de tener conexîon

entre sí en quanto al oficio y tamaño. Porque si en un banquete se

pintara una porcion de Centauros en la mayor agitacion y desórden,

sería una locura poner enmedio de tan horrible bulla á alguna figura

durmiendo con los vapores del vino. Tambien sería gran defecto que en

una misma distancia hubiese figuras baxas y otras altas, ó que un perro

tuviese el mismo cuerpo que un caballo. Muy digno de vituperio es lo

que yo veo no pocas veces, pintar un edificio, y las figuras que están

dentro parece se hallan encerradas por fuerza en un calabozo por la

estrechez en que están, que apenas caben sentadas. Todas las figuras

deben tener suficiente espacio para el oficio á que se destinan y

segun su tamaño; y para que un quadro historiado sea digno de alabanza

y de la admiracion de quantos le miren, es menester que tenga tal

gracia y belleza, que complazca y deleyte los ojos y el ánimo de los

inteligentes, y de los que no lo entienden.

Lo primero que en un quadro llama la atencion es la abundancia y

variedad de obgetos; pues asi como en los manjares y en la Música

agrada la novedad, asi tambien se recrea y alegra el ánimo con la

multitud y variedad de las cosas que ve: y asi en la Pintura lo mas

agradable que hay es la diversidad de figuras y de colores. Será

abundante y agradable una historia quando en ella se vean mezclados en

sus lugares á propósito ancianos, jóvenes, matronas, doncellas, niños,

animales domésticos, como perrillos, páxaros, caballos y corderos,

edificios &c., y en fin siempre que la abundancia y diversidad de

obgetos sean apropiadas al asunto, será laudable; pues á los que

lo miran se les pasa el tiempo, considerando cada cosa de por sí,

embelesados con la gracia y la fecundidad de la idea del Pintor. Esta

abundancia debe ir, en mi dictámen, adornada y llena de variedad grave

y moderada, segun la dignidad ó lo reverente del asunto. Nunca alabaré

á aquellos Pintores, que para manifestar que no tienen escasez de

ideas, y para que en sus quadros no quede lugar vacío, no se quieren

limitar á una composicion arreglada, sino que van esparciendo por

todo el lienzo las figuras, sin órden y confusamente, y asi en vez de

representar la historia el asunto que se quiere, solo representa una

junta tumultuosa; pues tal vez requiere un asunto pocas figuras, y asi

como las pocas palabras, con tal que sean sentenciosas, dan magestad

á un Príncipe, asi tambien en una historia un razonable número de

figuras causa dignidad, y en su variedad puede haber gracia. No me

gusta de ningun modo la soledad en un quadro, pero tampoco me agrada

la multitud de figuras que le quitan la dignidad. Yo quisiera que en

un quadro se observase la práctica de los Poetas trágicos y cómicos,

que en sus composiciones solo introducen las personas necesarias; y asi

en mi dictámen ninguna historia ha de tener tanta multitud y variedad

de cosas, que no puedan todas expresarse debidamente con nueve ó diez

figuras; asi como Varron, que en sus convites, para evitar la bulla

y confusion, nunca juntaba mas de nueve personas. Siendo, pues, tan

agradable la variedad, hará éste efecto una pintura quando todas las

actitudes y posturas de las figuras sean diferentes. Unas se pondrán de

modo que se miren de frente con las manos levantadas, transparentándose

el resplandor de la luz por entre los dedos, y plantarán siempre sobre

el un pie: otras tendrán el rostro de perfil, y los brazos tendidos,

plantando sobre ambos pies, y cada una de por sí estará en actitud

diferente, y con distintos pliegues en las ropas. Habrá figuras

sentadas, otras de rodillas y otras casi tendidas en el suelo: otras

habrá desnudas, si no lo repugna el asunto, y otras medio vestidas y

medio desnudas, guardando siempre el decoro de la honestidad, pues

todo lo que ofende al pudor, y demas partes del cuerpo que no son

del todo agradables, deben ir cubiertas con paños, con hojas ó con

las manos. Apeles pintaba siempre á Antígono por el lado en que no

tenia el defecto del ojo; y Homero quando pinta á Ulises, que despues

del naufragio va corriendo por aquella selva tras de las voces de las

mugeres, por no hacerle ir desnudo, le hace que coja una rama de un

arbol, y se cubra su desnudez. Dicen que Pericles tenia la cabeza muy

larga y sumamente fea, por lo qual nunca le pintaron ni le esculpieron

con ella desnuda, como á los demas, sino siempre con morrion. Ademas

refiere Plutarco, que los Pintores antiguos quando tenian que pintar

un Rey, si éste tenia en su semblante algun defecto, le representaban

siempre con la mayor semejanza que podian, mas no ponian la deformidad,

sino que la enmendaban en lo posible. Esta modestia y decoro se debe

observar en un quadro de historia, descartando ó cohonestando todo lo

que sepa á obscenidad. Finalmente se ha de poner el mayor cuidado,

como ya tengo dicho, en no repetir ni el gesto, ni la actitud de una

figura en otra. Y para que los que miren el quadro estén con la mayor

atencion, es menester que las figuras inanimadas que contiene, parezca

que están vivas, expresando los afectos de sus ánimos; pues es la cosa

mas natural llorar con quien llora, reir con quien rie, y compadecerse

con quien se lamenta, por la fuerza tan grande que tiene para con

nosotros la semejanza. Estos movimientos del ánimo se conocen por los

del cuerpo, pues en los melancólicos vemos que por la tristeza de sus

pensamientos, y por la debilidad de la enfermedad están atenuados, y

casi sin fuerzas, pálidos, descaidos, y como muertos los miembros. Los

que se lamentan tienen el semblante caido, la cabeza sin firmeza, y

los demas miembros abandonados. Los furiosos, como están enardecidos

con el enojo, y se les hincha el rostro, y los ojos despiden fuego,

agitados de ésta manera, tienen muchísimo ímpetu y fiereza en sus

movimientos. Pero quando estamos alegres, entonces tomamos actitudes

agradables, y nos movemos con agilidad. Mereció Eufranóro un grande

elogio, porque en la figura de Alexandro representó el rostro de Páris

con tal expresion y tan al vivo, que al mirarle se le reconocia por

el Juez de las Diosas, por el amante de Elena y por el homicida de

Aquiles. Célebre fue tambien Demon, en cuyas obras inmediatamente se

conocia al iracundo, al injusto, al inconstante, al inexôrable, al

clemente, al piadoso, al vanaglorioso, al humilde, al feroz. Pero sobre

todos ponen á Arístides Tebano, émulo de Apeles, el qual expresó estos

afectos del ánimo con tal vehemencia, que no es posible lleguemos

nosotros á aquel punto de perfeccion, por mas estudio y diligencias

que hagamos. Debe saber el Pintor muy bien las varias actitudes y

movimientos del cuerpo humano, lo qual se ha de tomar en mi sentir

del mismo natural con mucho cuidado: la cosa es muy dificil, porque

los movimientos del ánimo son infinitos, y por estos se gobierna

el cuerpo. Ademas: ¿quién creerá, sino el que por sí mismo lo haya

experimentado, que es sumamente dificil el pintar un rostro riyendo,

y evitar el que parezca que llora? ¿Quién será tambien el que pueda,

no habiendo puesto en ello el mayor estudio, pintar bien una cabeza de

aquellas, cuya boca, barba, ojos, mexillas, y nariz se configuran de

la misma manera para la risa que para el llanto? Por esto es menester

estudiar continuamente el natural, y tomar siempre aquellos primeros

movimientos, y principalmente se han de pintar aquellas cosas que hacen

pensar mas, y no aquellas que inmediatamente se adivinan.

Pero me parece será del caso referir algunas obras de invencion

mia en quanto á las actitudes, y otras que tomé del mismo natural.

Primeramente yo juzgo que todas las figuras deben moverse en general

con cierta gracia ácia aquel obgeto que forma el principal asunto.

Ademas de esto me agrada que haya en un quadro alguna figura que llame

la atencion de los espectadores, y como que les haga señas con la mano

para que vean lo que alli hay; ó tambien que demuestre querer ocultar

la accion, y con semblante feroz y ojos espantosos amenaze al que

quiera acercarse á verla, ó como que le advierte que hay alli un gran

peligro ó una cosa portentosa; ó tambien que con sus gestos excite la

risa del que mira ó le mueva á llanto. Finalmente es necesario que todo

lo que hacen entre sí las figuras, ó entre ellas y los espectadores,

concurra á manifestar y declarar la historia. Mucho aplauso mereció

Timantes de Chipre con aquella tabla con que venció á Coloteyco; porque

habiendo representado la tristeza de Calcas, puso aun mas triste el

rostro de Ulises, y al ir á pintar á Meneláo, como ya habia apurado

todos los primores del arte en las otras expresiones, no encontró

que hacer para expresar el acerbo dolor de un padre, y asi le cubrió

la cabeza con un paño para dexar á la consideracion de los demas el

tormento que demostraria aquel semblante por la pena que le afligia. Es

célebre tambien la nave que se ve en Roma, pintada por Gioto Toscano,

en la que pintó á los once discípulos de Jesu-Christo tan pasmados y

atónitos por ver á su compañero caminar por las aguas, que cada uno de

por sí manifestaba la admiracion y asombro interior que tenia; pero

con tales actitudes, que en todos se veía obraba diferentemente aquel

afecto.

Pero es preciso abreviar todo éste Tratado de los movimientos; porque

entre ellos hay algunos que llaman los inteligentes _pasiones_, como la

ira, el dolor, la alegría, el temor, el deseo y otros asi. Hay tambien

movimientos únicamente del cuerpo; porque éste se mueve de muchos modos

diferentes, como quando crece, quando enflaquece, ó quando le asalta

una enfermedad estando sano, ó quando recobra la salud, ó finalmente

quando muda de lugar. Pero como nosotros los Pintores queremos expresar

por medio de los movimientos de los miembros los afectos del ánimo;

dexando á un lado las disputas, solo tratarémos del movimiento, que

digamos se ha hecho al mudar de sitio.

Todas las cosas para moverse de un puesto pueden hacer siete viages;

pues se pueden mover ácia arriba, ácia abaxo, á la derecha, á la

izquierda, apartándose, acercándose ó dando vueltas. Todos estos

movimientos quisiera yo que se vieran en una pintura; y asi debe haber

figuras que caminen al frente, otras que se retiren, otras que se

dirijan ácia la derecha y otras ácia la izquierda; unas estarán de

frente, otras de espaldas, unas baxándose y otras levantándose.

Pero como al dibuxar todas estas cosas se quebrantan algunas veces

las reglas y el órden que debe haber; me parece será oportuno referir

aqui algunas particularidades acerca del movimiento de los miembros y

de la posicion local que he sacado yo del natural, para que se vea la

moderacion con que es preciso valerse de ellos. El hombre, segun he

observado, en todas sus actitudes pone siempre el tronco del cuerpo

perpendicularmente debaxo de la cabeza, que es lo que pesa mas en

todo él. Siempre que un hombre planta sobre un pie solo, queda el

pie sirviendo de basa perpendicular á la cabeza, y casi siempre se

endereza el rostro ácia donde vuelve la punta del tal pie. En quanto

á los movimientos de la cabeza nunca son de modo que no tenga debaxo

de sí, vuélvase al lado que se vuelva, alguna parte del cuerpo que la

sostenga, á menos que no extienda el un brazo á la parte opuesta, para

que sirva de contrapeso. Vemos por experiencia que quando un hombre

con el brazo extendido sostiene en la mano algun peso, retira atras el

pie para que contrapese, y cayga sobre él todo el cuerpo para que no

falsée. Un hombre puesto de pie derecho no puede levantar la cabeza

mas que para mirar la mitad del cielo; ni puede volverse al un lado,

sino hasta tocar con la barba en el ombro. Tampoco podemos volvernos

por la cintura hasta que quede el ombro perpendicular con el ombligo,

sino algo menos. Los movimientos de las piernas y de los brazos son mas

libres, con tal que con su postura no ofendan al pudor: por lo regular

las manos nunca se levantan mas que la cabeza, ni el codo mas que los

ombros, ni el pie mas que la rodilla, ni tampoco se aparta del otro mas

distancia que su longitud. He observado que quando levantamos un brazo,

todas las partes del cuerpo de aquel lado siguen el mismo movimiento,

pues hasta el talon del pie correspondiente se levanta del suelo por

el movimiento del brazo. A éste tenor hay muchas cosas que deberá

advertir y notar el curioso y diligente; y recelo que las que hasta

aqui he apuntado sean tan manifiestas y claras, que parezca superflua

su noticia; pero no he querido dexar de ponerlas, porque á muchos he

visto que han errado en ellas.

Las actitudes y movimientos demasiado violentos hacen que en una sola

figura se vean al mismo tiempo el pecho y los riñones, lo qual siendo

imposible en la execucion, es tambien muy ingrato para la vista. Pero

hay algunos que piensan que quanto mas esforzada y violenta está

una figura en la posicion de sus miembros, tanto mas viva parece;

y asi olvidando la dignidad y decoro de una pintura, imitan los

movimientos y ademanes de los truanes; por lo que sus obras no solo

quedan destituidas de toda gracia y hermosura, sino que descubren el

inmoderado genio del autor. Deben, pues, las figuras de un quadro

tener movimientos moderados, agradables, y convenientes á lo que se

quiere representar; las doncellas con postura modesta y decorosa,

y con gallardía y sencillez en sus adornos propios de su edad; su

actitud ha de ser mas quieta y tranquila que agitada. Homero, á quien

siguió siempre Zeuxîs, fue de parecer que las mugeres se habian de

pintar siempre con la mayor hermosura; los mancebos con movimientos

ligeros y de regocijo, con muestras de ánimo varonil y esforzado;

los hombres manifestarán mas firmeza en sus movimientos, su actitud

debe ser bella y dispuesta para manejar con soltura los brazos; los

ancianos darán señales de lo pesado y tardo de sus cuerpos, la actitud

cansada, de modo que ademas de sostenerse igualmente sobre ambos pies,

se apoyen con las manos á otra cosa. Finalmente todos los movimientos

del cuerpo han de ser conexôs con aquellos afectos del ánimo que se

quieran representar, guardando siempre la dignidad que debe tener

cada figura. Tambien es necesario que los semblantes expresen con la

mayor vehemencia las pasiones fuertes del ánimo. Esta regla de los

movimientos y actitudes es muy comun en todo género de animales, pues

nunca se ha de pintar un Buey, que solo sirve para arar, del mismo modo

que un fogoso Caballo como el Bucéfalo; pero para representar la famosa

hija de Inaco convertida en Vaca, es menester figurarla en la accion de

correr con los brazos levantados, y la cola del mismo modo. Con esto

basta en quanto á los movimientos de los animales.

Como todos estos movimientos de que hemos hablado, son necesarios, me

parece será bien explicar de qué modo se les da tambien movimiento á

las cosas inanimadas en la Pintura; porque los cabellos, las ramas y

las hojas que parece se mueven en un quadro, causan muchísimo gusto.

Los cabellos, segun mi dictámen, deben moverse de siete modos, lo mismo

que las figuras; porque á la verdad ellos se enroscan y forman rizos,

se esparcen por el ayre como la llama, van ondeando unos sobre otros;

unas veces están ácia un lado, y otras ácia otro. Las ramas se doblan

formando arco ácia arriba, en parte ácia dentro, y otras se rodean

al tronco como una cuerda. Esto mismo sucede en los pliegues de los

paños, pues asi como de un tronco nacen muchas ramas, asi tambien de un

pliegue nacen otros muchos, y en ellos se ven todos estos movimientos

de modo que apenas habrá pliegue que no los tenga todos. Es menester

advertir que en todos los movimientos ha de haber facilidad y soltura

que manifiesten gracia, y no violencia y dureza. Pero como siempre

queremos que los paños sean apropiados á los movimientos, siendo por su

naturaleza graves, y por consiguiente inclinados á la tierra, con lo

que se deshacen pronto los pliegues, por eso será oportuno colocar en

un ángulo del quadro la cabeza del Zéfiro ó del Austro que sople entre

algunas nubes, y de éste modo levantará ácia una misma parte los paños.

Asi se conseguirá tambien que la parte de las figuras en donde bate

el ayre, quedará ceñida de la ropa, y se verá la gracia del desnudo

por detras de ella, y al otro lado las ropas ondeando en el viento con

variedad de pliegues. En esto se observará que no vaya el movimiento

de la ropa contra el viento, y que los pliegues no sean muy agudos ni

redondos.

Todo lo dicho acerca del movimiento de los animales, y de las cosas

inanimadas debe ocupar mucho la atencion de los Pintores al executar

lo que se ha explicado acerca de la composicion de las superficies,

de los miembros y de las figuras. Y puesto que ya se ha tratado de las

dos primeras partes de la Pintura, que son el dibuxo ó contorno, y la

composion, falta ahora hablar de la adumbracion ó del clarobscuro. Ya

se ha demostrado suficientemente la fuerza y virtud de la luz para

variar los colores, pues sin alterarse de ningun modo estos hemos

explicado de qué manera se manifiestan ó mas claros ó mas obscuros,

segun la mayor ó menor luz que reciban. Se ha dicho tambien como con el

blanco y el negro se expresan en la Pintura las luces y las sombras,

y que los demas colores vienen á ser la materia á que se agregan los

varios accidentes de la claridad ú obscuridad. Esto supuesto, dexando

aparte todo lo demas, debemos explicar ahora el modo de servirse el

Pintor del blanco y del negro. Mucha marabilla causó á los Pintores

antiguos el ver que Polignoto y Timantes no usaban mas que de quatro

colores, y Aglaofonte solo de uno; porque entre tanto número de

ellos como juzgaban que habia, les parecia que eran muy pocos los

que manejaban aquellos hombres tan célebres, y creian que un Pintor

sobresaliente debe usar muchísimos colores. Es verdad que la multitud

y variedad de colores da mucha gracia y hermosura á un quadro; pero

es menester que el buen Pintor ponga todo su estudio en saber usar

bien del blanco y del negro, empleando todo su cuidado y diligencia

posible en su buena y oportuna colocacion. Pues asi como las luces

y sombras manifiestan á la vista los parages en que se relevan las

superficies, y los en que se esconden ó se retiran, y quánto se dobla

ó declina cada parte; asi tambien la buena disposicion del blanco y

negro hace aquel efecto que tanto elogio acarreó á Nicias, Pintor

Ateniense, y que con tanto cuidado deben buscar todos los profesores,

que es el que la pintura tenga mucho relieve. Dicen que el célebre

Zeuxîs fue el primero que supo poner en práctica ésta regla del claro

y obscuro, y que ninguno de los otros Pintores antiguos sobresalió en

ésta circunstancia. En mi dictámen á nadie se le puede dar el título

ni aun de mediano Pintor, que no sepa á fondo la fuerza que tiene en

todas las superficies cada luz y cada sombra. Siempre alabaré aquella

cabeza, que agradando asi á inteligentes, como á ignorantes, tenga tal

relieve, que parezca que sale del quadro: y al contrario para mí ningun

mérito tendrá aquella en que solo se conozca el arte en el contorno. La

composicion debe ir bien dibuxada y con buen colorido; y asi para que

un Pintor llegue á merecer la deseada alabanza, debe ante todas cosas

señalar las luces y las sombras, considerando que en la superficie en

que hieren los rayos de luz debe estar el color muy claro y luminoso, y

despues debe ir apagándose poco á poco y obscureciéndose. Finalmente es

menester considerar cómo corresponden las sombras en la parte opuesta

de las luces, pues ninguna superficie de ningun cuerpo iluminado hay

en donde no se advierta una parte clara, y la opuesta obscura. Y como

esto pertenece al saber imitar las luces con el blanco, y las sombras

con el negro, por eso encargo se ponga el mayor estudio en conocer

qué partes van tocadas de luz, y quáles de sombra. Esto se aprende

por el mismo natural; y luego que se tiene un perfecto conocimiento

de ello, se aclarará el color en su correspondiente sitio con blanco,

lo menos que se pueda, y en la parte opuesta se le rebaxará con negro

siempre parcamente. De éste modo, con éste contrapeso, digámoslo asi,

del blanco y el negro aparecen las cosas con mayor relieve. Despues

se irán apretando estas plazas obscuras poco á poco, hasta que se

consiga el efecto que se busca; para lo qual no hay juez como el

espejo, en donde mirada una pintura bien hecha, adquiere otra tanta

mas gracia; y al contrario si está defectuosa, lo parece mucho mas en

él. Enmiéndense, pues, con el espejo las cosas copiadas del natural,

y permítaseme apuntar aqui algunas que yo he observado. He visto por

la experiencia que toda superficie plana conserva únicamente por todas

partes su color; pero las cóncavas y convexâs lo varían, pues por un

lado son claras, y por otro obscuras. Esta alteracion de color en una

superficie que no es plana aturde mucho á un Pintor perezoso; pero como

haya apuntado con exâctitud, segun se dixo, la masa de la luz y de la

sombra, no tendrá dificultad al tiempo de dar el colorido, pues lo que

hará será mezclar blanco ó negro en aquella superficie señalada sin

pasar de la division, con lo qual tendrá la primera mancha. Despues

seguirá apretando mas el obscuro, y aclarando el claro, y deshaciendo

cuidadosamente el uno con el otro en la division, de modo que se

interne el primero en el segundo como si fuese humo, sin que haya nada

de recortado. Téngase presente que nunca se ha de hacer una superficie

blanca enteramente; aun al pintar una vestidura blanca no se ha de

usar el color blanco puro, pues en la Pintura solo el blanco puro es

con lo que puede el Pintor representar la mayor fuerza de la luz, y

con el negro la mayor obscuridad y tinieblas de la noche. En las ropas

blancas se ha de usar uno de los quatro géneros de blanco[Y] que sea

bastante claro; y en los paños negros se ha de emplear el color mas

obscuro. Finalmente el blanco y el negro usados con destreza y arte

representan á los ojos superficies de oro y plata y de resplandeciente

cristal. Por esto son muy dignos de reprehension algunos Pintores que

indiscretamente usan el blanco y el negro, y sin miramiento alguno, de

modo que yo quisiera que el blanco costase mas caro que el color mas

exquisito; ó que solo se hiciese dicho color y el negro de aquellas

perlas de Cleopatra que ablandaba á fuerza de vinagre, para que no los

desperdiciasen tanto. De ésta suerte tendrian las pinturas mas gracia

y mas verdad; porque no es posible ponderar lo que aprovecha á una

obra que se use en ella con parsimonia el negro y el blanco. Zeuxîs

solía reprehender á los Pintores porque no sabian en qué consistia

la demasía; y en caso de disimular algun error, mas bien se puede

disculpar á los que gastan mucho negro, que á los que usan mucho

blanco. La práctica del pintar me ha hecho conocer que la naturaleza

misma aborrece la obscuridad, y apetece la claridad; y asi conforme

vamos adelantando, siempre nos inclinamos mas á la hermosura de las

luces, y todos amamos lo claro y alegre; por lo qual es menester poner

freno á la mayor inclinacion y propension que tenemos, porque alli es

mas facil el errar.

Esto baste en quanto al blanco y al negro: en quanto á los demas

colores es menester observar tambien cierta regla, de lo qual

hablarémos ahora brevemente. No dirémos en dónde se halla el buen

cinabrio ó bermellon, ó aquellos colores mas exquisitos, sino de qué

modo se han de mezclar entre sí los colores mas excelentes, y se han de

hacer las tintas necesarias para pintar. Dicen que Eufranóro, Pintor

antiguo, escribió un Tratado de esto; mas ya no exîste. Nosotros que

hemos sacado á la luz pública el arte de la Pintura, ya sea publicando

lo que los antiguos dixeron, ó ya poniendo en órden y método una cosa

enteramente original á fuerza de nuestro propio trabajo, seguirémos con

el mismo sistema que hasta aqui segun nos hemos propuesto. Todas las

tintas que pueden producir los géneros de colores que conocemos, deben

mirarse en el quadro con toda la gracia y belleza que sea posible.

La gracia resultará quando los colores se hallen distribuidos con

cierto cuidado y prolixidad: por exemplo, pintando á Diana guiando

las mudanzas de un bayle, sería muy conveniente para el fin propuesto

vestir á la Ninfa que estuviese á su lado con ropas verdes, la otra de

blanco, la siguiente de color de rosa, la de mas allá de amarillo &c.

Y ademas es preciso observar en ésta diversidad de colores que los mas

claros estén al lado de los mas obscuros, pero siempre diferentes, y de

éste modo la variedad de los colores causa mas gracia, y el contraste

de ellos mas belleza. Poniendo el color roxo entre el azul y el verde

hace resaltar á estos de un cierto modo magestuoso; el blanco al lado

de qualquier color le da claridad y viveza. Los colores obscuros dicen

muy bien entre los claros, y lo mismo estos entre aquellos. Esto

supuesto, el Pintor dispondrá la colocacion de sus colores para un

quadro segun el método referido. Hay algunos que emplean el oro sin

miramiento alguno, creyendo que la abundancia de él da magestad á la

pintura; nada de esto apruebo; antes bien si se me ofreciera pintar la

Dido de Virgilio que tenia el carcax de oro, y el cabello sujetado con

cintas de lo mismo, los ceñidores y guarniciones del vestido de oro,

los frenos de los caballos que tiraban de su carro de oro igualmente,

y en fin en todo resplandecia el oro, lo que haría sería imitar éste

metal con los colores, y no poner nada del verdadero, pues entonces

heriría en la vista de los que la mirasen la reverberacion de tanto

oro. Y siendo la principal destreza del Pintor el manejo científico

de los colores; puesto el oro en mucha cantidad en una tabla, se verá

cómo muchas de las superficies que debian ser claras, parecen obscuras,

y otras al contrario que debian estar obscuras, se muestran claras é

iluminadas. Los ornatos que se ponen á un quadro, como son columnas

y cornisas hechas de escultura pueden ser muy bien de oro ó plata, ó

doradas, pues todo esto sirve de decoro y magnificencia á un quadro

bien acabado[K].

Concluimos, pues, de hablar acerca de las tres partes de la Pintura.

Hemos tratado del diseño de las superficies pequeñas y grandes; de

la composicion de los miembros y figuras, y de lo concerniente á

los colores, en quanto al uso que debe hacer de ellos el Pintor. Y

finalmente hemos recapitulado todo el arte de la Pintura, incluyéndole

en estas tres partes, que son Dibuxo, Composicion y Clarobscuro.

El tratado de la pintura · 第 16 / 18 题