(Desciende de su asiento, se coloca en medio del concurso, sosteniendo
su siempre imparciat balanza; mientras que MERCURIO coloca en los
platillos la ENEIDA y al QUIJOTE. Después de oscilar por mucho tiempo
la aguja marcará al fin el medio, declarando que eran iguales.
VENUS se asombra, pero calla.
MERCURIO quita del platillo la ENEIDA, substituyéndola con la ILIADA.
Una sonrisa se dibuja en los labios de JUNO, sonrisa que se disipa
rápidamente cuando vé subir y bajar á los dos platillos donde el
QUIJOTE y la ILIADA están.
Suspensos están los ánimos: ninguno habla, ninguno respira.
Se vé volar un CÉFIRO que inmediatamente se posa en la rama de un
árbol, para aguardar también la decisión del DESTINO.
Al fin ambos platillos se detienen á una misma altura, y allí
permanecen fijos).