(_Enojado blande un rayo y grita_):
¡Á vuestros asientos, MINERVA, APOLO: y vosotros, MARTE y BELONA! ¡No
irritéis mi cólera celeste!
(Cual suelen las carniceras y terribles fieras, encerradas en jaula de
hierro, obedecer sumisas á la voz del esforzado domador, así aquellos
dioses ocupan respectivamente sus puestos, amedrentados por la amenaza
del hijo de CIBELES, quien, al ver su obediencia, más blandamente
añade):
Yo terminaré la contienda: la Justicia pesará los libros con su recta
imparcialidad, y lo que ella diga, se seguirá en el mundo, mientras
que vosotros acataréis su inmutable fallo.