Perdona, hermana y esposa del grandioso JOVE, si no soy de tu
respetable opinión. Y tú, JÚPITER, visible tan sólo para los
inmortales, sé propicio á mis súplicas. Ruégote no permitas que al
cantor de mi hijo ENEAS le venza HOMERO. Acuérdate de la lira de
VIRGILIO, que cantó nuestras glorias y moduló las quejas del amor
desgraciado; sus dulcísimos y melancólicos versos conmueven el alma:
él alabó la piedad, encarnada en el hijo de ANCHISES: sus combates no
son menos bellos que los que se efectuaron á los pies de los muros
troyanos; ENEAS es más grande y piadoso que el iracundo AQUILES: en
fin, en mi sentir, VIRGILIO es muy superior al poeta de Chío. ¿No es
verdad que él llena todas las cualidades que tu sagrada mente ha
concebido?
(Dicho esto se acomoda graciosamente en su lecho, cual la graciosa
ONDINA que, medio reclinada en blanca espuma de las azules olas, forma
la joya más preciosa de un hermoso y poético lago.)