El venerable prelado calló unos instantes como reflexionando en lo que
iba á decir; luego añadió con noble dignidad:
--¿Los que nos llamamos liberales y tanto hemos defendido la igualdad
política del derecho hemos de practicar la desigualdad en los hechos?
Para la administración que acaba de constituirse á costa de tanta
sangre, no es decoroso barrenar las leyes el mismo día que las promulga.
Eso sería herir el derecho ajeno y entronizar el absolutismo bajo el
dosel de la república; yo creo que un gobierno prudente deberá estudiar
mucho sus determinaciones antes de sancionarlas, porque los excesos de
la libertad conducen al despotismo; pero en el ejercicio de su deber, le
es deshonroso inclinarse ante las consideraciones de amistad y los
respetos humanos.
--Sin embargo, Padre...... ¿Cómo podría Ud. caminar?...... Su salud y su
edad no se lo permitirán, y además, si va Ud. á España...... sábese allí
que combatió en las filas de la insurrección......
--No tengas cuidado, verdad es que ya me inclino al sepulcro; pero Dios
me dará fuerzas. No sé si el gobierno de mi patria me habrá borrado de
la lista de los proscritos; mas ahora pienso dirigirme á Guatemala,
donde tengo hermanos que me darán un rincón para clamar á Dios y servir
á los hombres; mañana partiré. No olvides manifestar al Señor Gobernador
mi agradecimiento. Tú, sigue siendo bueno y acuérdate de mí.