--Padre, hoy estamos de plácemes y yo me congratulo más, porque traigo
para Ud. una buena noticia.
--Ciertamente debemos felicitarnos porque ya cesó el derramamiento de
sangre y la peste va desapareciendo.
--Hay más todavía; el Señor Gobernador me manda participe á Ud., que
acaba de salir el decreto de expulsión para los súbditos españoles;
razones de alta política y necesidades de la situación han obligado á
dar este paso; pero dice Su Excelencia, que como Ud. es más mexicano que
español y por sus servicios hechos á la patria tiene títulos gloriosos y
derechos á la gratitud nacional, será Ud. una excepción, pudiendo
permanecer con nosotros.
--¿Y á qué otras personas exceptúa ese mandato?
--A ninguna, Padre, pero el Señor Gobernador quiere tener con Ud.
solamente, una distinción, una......
--Una tolerancia.
--Sí, Padre.
--Siendo así, puedes manifestar á Su Excelencia que mi alma le agradece
su bondadosa distinción; pero que con la mano en la conciencia rehuso
ese favor. Muy doloroso me será dejar este país, porque aquí he hallado
la paz del corazón y veo á todos ustedes como hermanos y como hijos,
respeto la razón de estado que haya tenido el Gobierno para dictar esa
determinación y tal vez los pequeños servicios que durante mi juventud
presté á la causa de la libertad pudieran clamar en mi favor; pero yo no
debo renegar de mi nacionalidad ni el decreto de que me hablas puede
hacer mención de mi persona. Tú sabes que los efectos de una ley sólo se
suspenden con otra; si yo aceptara esa tolerancia, comprometería
ciertamente la honra del jefe del Estado.
--El Gobernador puede......
--Los gobernantes no pueden lo que no deben hacer. Por otra parte, hay
en Oaxaca muchos españoles, que ajenos á la política, merecen toda
consideración y yo no debo anteponerme á esas honorabilísimas personas.
¿Qué dirían del Gobierno y de mí los que me vieran permanecer tranquilo
mientras mis hermanos caminaban al destierro? ¿Cómo vería correr las
lágrimas de la viuda y de los huérfanos, disfrutando yo las comodidades
del claustro?