XLIX.

El joven funcionario, conmovido ante la generosidad y el valor de

aquella noble alma, insistió y suplicó en vano, hasta que bajando la

frente con respeto, se despidió del religioso después de compararlo con

aquel filósofo de Atenas, que llenó de bendiciones y consuelos al

portador de la cicuta enviada por sus enemigos.

Era el 24 de Junio, hacía seis meses que el activo Guardián había

removido y aliñado el convento para recibir á D. Carlos Félix de

Miranda, y ese día, dijérase que hacía otro tanto para dejar los restos

de su amigo abandonados en un rincón de la iglesia.

Preparaba su marcha y la recepción del nuevo Guardián, adornando el

convento é inventariando libros, papeles, imágenes y vasos sagrados.

Concluido todo esto, se retiró á la casa que había servido á D. Carlos,

huyendo de la multitud de personas que iban á procurar impedir su viaje

ó á despedirse ofreciéndole ropas, monedas y lágrimas.

Antes de que amaneciera el día siguiente, tomó el bastón de peregrino

con que hacía veinte años había llegado al monasterio pidiendo asilo

como extranjero suplicante y entró á la iglesia llevando bajo el brazo

un pequeño bulto que contenía su breviario, su pasaporte y sus cilicios.

Allí encontró á Sebastián que había velado sobre la sepultura de D.

Carlos.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 151 / 153 题