D. Carlos colocó en el rostro de María su pañuelo mojado con lágrimas.

La tierra cubrió aquella fatal belleza; su amante cayó de rodillas

murmurando una oración y el Padre se retiró.

Al punto una fuerte ráfaga de viento entró por las vidrieras rotas y

apagó la lámpara del altar.

El desdichado joven, como si temiera que le robasen los despojos de su

amor que había ocultado en el secreto de la tumba, no quiso salir de la

capilla.

Detenido por una fuerza sobrenatural, permaneció allí veinticuatro horas

en vigilia solitaria y dolorosa.

Sus recuerdos y sus pensamientos chocaban y se confundían en aquella

tumba, como los restos del buque despedazado se adhieren á la roca donde

los lleva la tempestad.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 145 / 153 题