XXXII.

Las fuerzas expedicionarias, ufanas con la esperanza que se inspira á sí

mismo un cuerpo disciplinado cuando cae sobre una provincia rebelde,

ocuparon la parte baja de la ciudad y tendieron su línea de operaciones

en las calles que la dividen de Oriente á Occidente, abriendo fosos y

alzando barricadas.

Al mismo tiempo sus enemigos encerrados en el inexpugnable convento de

Santo Domingo, con su fama de valientes y haciéndose la ilusión de

marchar en triunfo á la Capital, estaban resueltos á todo.

Las avanzadas se aproximaron al grado de poder insultarse arrojando

alaridos de fiera; las piezas de artillería se pusieron frente á frente

y empezó el combate de hermano contra hermano.

Un fuego nutrido de fusilería resonaba sin cesar por todas partes

infestando el aire, y los cañonazos disparados de Santo Domingo enviaban

muy lejos la destrucción y la muerte.

Al mismo tiempo el cólera continuaba diezmando la población.

El soldado que no rodaba al golpe de la metralla caía herido por la

peste.

La mujer hambrienta que se había salvado del cólera é iba buscando el

pan de sus hijos, debería morir atravesada por una bala fratricida.

Por un resto admirable de humanidad en ambos partidos, convinieron

aquellos asesinos disciplinados, en no hacer fuego sobre los indefensos

transeuntes que corrían buscando á los médicos; éstos, para

distinguirse, iban á caballo de día, y de noche portaban una linterna.

Sin embargo de aquellas precauciones, no faltaron víctimas del deber y

de la caridad; varias veces los cadáveres llevados al panteón recibieron

balazos á través de su féretro, como si no hubiera sido certero el golpe

que la muerte les había dado en el corazón.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 133 / 153 题